Traducción autorizada por la autoral original inkystars
N/T: Estoy triste, Glee ya acabo ;( odio los hiatus y extraño a mis pastelitos ;n;…
Anyway, mientras esperamos que empiece la quinta temporada, aquí les dejó la actualización y un (pedazo de) link de youtube de un video lindo que me encantó y quiero compartir con ustedes /watch?v=k8_25CkomPw
En fin, ¡gracias por los comentarios!… ¡Disfruten la lectura!
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La cena fue tortuosa; formal y al mismo tiempo demasiado personal para el gusto de Kurt.
Él y su abuela estaban sentados en extremos opuestos de la mesa, en un comedor que podría ser fácilmente para dieciséis personas. La comida consistió en una especie de ensalada de espinacas con peras, pasas y un extraño queso cremoso y crujiente junto con un pequeño cuenco de toronja y un vaso de Perrier. Todo debido a la salud de su abuela, la cual estaba fallando debido a su avanzada edad.
"Esta es la dieta apropiada para alguien con un mal estado de salud" dijo ella, sin alterar su voz al otro extremo de la mesa, y Kurt supo que era un comentario mordaz con doble significado. Ella nunca aprobó que su padre se casara con su hija y ahora el único con vida para oírla hablar de ello era Kurt. A quien además podía regañar por la mala salud de su padre, como si a ella realmente le importara.
La voz de su abuela se escuchaba alegre de fondo y Kurt la eclipsó, comiendo metódicamente bocado tras bocado de ensalada. Su estómago gruñó con hambre pero no le importó. Después que terminó se excusó y volvió a subir a su habitación.
No había fotografías adornando las paredes de su habitación. Ni posters o accesorios. O alguna personalización de algún tipo. La única adicción que él había hecho era una foto de él y sus padres en el parque cuando él tenía cuatro, que residía en su mesita de noche.
Se desvistió, se quitó sus zapatos Oxford, y se puso su pijama, apagando la lámpara mientras se metía a la cama a las ocho de la noche y miraba la nieve descender lentamente afuera.
Oscuridad.
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Los chicos de Massachussets no eran muy diferentes a los de Ohio, excepto con la adición de las clases sociales. Había pensado que eso era cosa de la época pasada, pero aparentemente los de esa clase estaban todavía vivitos y coleando en Nueva Inglaterra, evidenciado por los murmullos que recibió de otros chicos en los pasillos. De acuerdo a los rumores, su madre había causado un gran revuelo en Provincetown al fugarse con un mecánico del medio oeste de Estados Unidos.
El uniforme de la escuela era horrible también, pero eso era de esperar en un instituto sólo para varones.
De alguna forma Kurt imaginó que la forma en que sería tratado aquí sería diferente de Lima…
"¡Hummel!"
Kurt gimió contra su taquilla, cerrándolo con firmeza. Sólo quería que esta primera semana terminara. Se dio vuelta, colocando su bolso sobre su hombro. "Harrington."
Scott Harrington era uno de los mejores estudiantes de St. Andrew, venia de la prestigiosa familia Harrington de la que Kurt no sabía nada, pero aparentemente todos en la Costa Este sí, y era él capitán del equipo de hockey de campo.
(Kurt todavía estaba totalmente desinformado acerca del hockey, pero supuso que se trataba básicamente de lacrosse en el suelo con palos raros.)
Scott se inclinó contra la taquilla a un lado de Kurt, alborotando su rubio cabello hacia atrás y jugando con su palo de hockey de forma ociosa con los dedos. "¿A dónde vas con tanta prisa?"
"A casa" dijo Kurt secamente.
Scott hizo un mohín exagerado. "¿No puedes quedarte?"
"Tengo una abuela enferma."
"La cual probablemente está dirigiéndose a Providence para la Fiesta Anual Ivy Manor Garden de mañana temprano, para la cual ha conseguido asistir con todas nuestras abuelas en la última década a pesar de la enfermedad." Scott empujó la taquilla para pararse frente a Kurt. A Kurt no le gustaba la diferencia de estatura. Con Finn había estado bien porque él había sido un gran tontuelo del cual Kurt había estado enamorado. Pero con Scott y los otros seis jugadores de hockey que acababan de aparecer de la nada, era en cierto modo escalofriante.
"Veras," continuó Scott, sin darse cuenta del malestar de Kurt. "Tenemos practica en media hora. Deberías venir y ayudarnos con los ejercicios de calentamiento."
"No gracias" dijo Kurt firmemente, sus nudillos sujetando su bolso tornándose blancos. "Esa es la dirección opuesta hacia donde voy."
"Oh, pero no vamos a ir al campo," sonrió Scott cordialmente. "Veras, tenemos esta tradición con los estudiantes de primero."
"Soy de tercer año."
"Eres nuevo" se encogió de hombros Scott. "Así que…" dejó de girar su bastón y se lo llevó hasta las manos con firmeza, como un garrote. "¿Vas a ayudarnos a practicar?"
Kurt echó a correr, huyó disparado por el pasillo y salió por la puerta. Patinó con el hielo de afuera pero se las arregló para mantenerse en pie y correr a través del campus, jadeando mientras sus ojos avistaban el autobús que esperaba fuera de las rejas del Instituto. Su respiración se volvió errática mientras sus piernas corrían lo más rápido posible, haciendo caso omiso de sonido de las puertas de la escuela abriéndose detrás de él mientras empujaba las rejas, abriéndolas y cerrándolas de un portazo muy rápido mientras corría al autobús.
Metió el valor de dos dólares en monedas en la ranura de pago y por suerte el autobús salió de la parada, al mismo tiempo que el equipo de hockey atravesaba las rejas de la escuela.
Kurt soltó un suspiro de alivio y se sentó, apoyado contra la ventana helada y respirando con dificultad. No era el autobús que le llevaba a casa, pero por lo menos lo llevaría a una milla de la casa de su abuela.
Una hora pasó y los parpados de Kurt revolotearon, abriéndose. Se estaba acercando a su parada. Se enderezó en el asiento y dobló el cuello, mirando por la ventana. Su sangre se congeló.
Ahí estaba Scott Harrington, mirándolo desde la ventana del asiento trasero de un costoso coche negro con otros dos compañeros junto a él.
Kurt se levantó bruscamente, moviéndose al lado izquierdo del autobús y sentándose. Pero afuera, en ese lado de la ventana, había otro coche negro transportando más jugadores de hockey.
No iban a dejarlo escapar.
Kurt cerró sus manos con fuerza, buscando algo a su alrededor frenéticamente, cualquier cosa que pudiera ayudarle. Ellos podían seguirlo a cualquier lugar si tenían autos… a menos… a menos que…
Miró por la ventana hacia la costa a la cual se aproximaban. Oyó el sonido de una pequeña campana detrás de él. Alguien solicitó una parada.
Sentándose muy quieto, Kurt esperó que el autobús se detuviera. Tres personas bajaron. Kurt miró detrás de él. El coche de Scott se había detenido y los tres jugadores de hockey caminaban hacia el autobús, con intenciones de abordarlo.
Kurt echó a correr, saliendo disparado del autobús hacia los arbustos junto a la acera, que conducía directamente a la arena de la playa. Escuchó gritos a su espalda y otro carro deteniéndose, pero continúo corriendo hasta que estuvo en la arena, con el mar a su izquierda.
"¡Hummel!"
Kurt solo continúo corriendo, respirando con dificultad mientras sus piernas se movían frenéticamente, evitando las afiladas rocas que habían empezado a sobresalir por el oleaje. Las rocas aumentaron en cantidad y se vio forzado a alejarse de la playa, hacia el bosque. Pronto, la playa entera se convirtió en una trampa de rocas traicioneras que llevaba a un pequeño acantilado, así que se orientó al bosque, consciente de las fuertes pisadas que no cesaban tras de él.
Después de pasar un gran árbol de roble que estaba torcido, se dio cuenta que se encontraba cerca de la casa de su abuela y que conocía el camino desde este punto. Pero... ellos dijeron que su abuela estaba fuera de la ciudad y probablemente había llevado a Edmund con ella… lo que significaba que el equipo de hockey tendría el fin de semana para tratar de entrar a buscarlo en la casa de su abuela y él no conocía donde se encontraban todas las puertas así que no podía garantizar su seguridad…
Giró a la izquierda en lugar de seguir adelante por la derecha, con la esperanza de perderlos en la maleza para así poder volver sobre sus pasos y regresar a casa.
"¡No puedes correr para siempre Hummel!"
Kurt hizo caso omiso al grito y siguió caminando entre los árboles, empujando a las plantas de musgo en su camino.
"¡Cuando te canses, te encontraremos! ¡Solo seguiremos tus pisadas!"
Kurt bajó la mirada a la nieve y maldijo. Así que no podía tener la esperanza de esconderse detrás de un gran árbol o algo así. Necesitaba refugiarse―
Casi de inmediato tropezó con un claro. Estaba en la playa de nuevo.
Un viejo faro se cernía sobre él.
Un dejavu lo golpeo con fuerza y exhaló fuertemente, retrocediendo.
"¡Hummel!"
Kurt miró tras de sí, al bosque donde había movimiento evidente. Apretando los dientes, corrió hacia el faro, sus dedos tirando de la cerradura oxidada y abriendo la puerta de un tirón, cerrándola con un firme portazo detrás de él. Estaba completamente oscuro.
Respirando con dificultad, pasó sus dedos por la puerta fría, sorprendido de encontrar madera de ese lado en lugar de metal. Buscó y buscó, pero el temor poco a poco empezó a inundarlo.
No había cerradura dentro. No tenía manera de mantenerlos fuera.
Caminando con torpeza en la oscuridad, extendió sus manos hasta que choco con el frió metal de la barandilla. Tratando de equilibrarse, subió a toda prisa las escaleras de caracol, hacia arriba, arriba, arriba, arriba hasta la cima. La luz del faro era grande e inmóvil, la estructura probablemente no había sido usada en años. Había una amplia zona alrededor de ella, cubierta de polvo, luego una pequeña puerta colocada con una larga vista en una ventana panorámica de vidrio que llevaba a un pequeño balcón de metal que envolvía toda la estructura.
Kurt se sentó en el suelo polvoriento pesadamente, sujetando su bolso con fuerza. Si iban a venir a buscarlo, iba a empujarlos uno a uno por las escaleras.
Pero pasó una hora.
Y luego otra.
Nadie vino.
La luz en el cielo se difuminaba lentamente y Kurt se sentó en el suelo sin hacer ruido. Tal vez se las había arreglado para perderlos después de todo. Acechó por la ventana de vidrio y se congeló.
Había una oscura figura de pie, abajo, en la nieve, mirándolo fijamente a los ojos.
Un escalofrió recorrió a Kurt mientras miraba abajo. Estaba oscureciendo, pero podía discernir que no era Scott. O nadie del equipo de hockey o la escuela. Todos ellos llevaban chaquetas color borgoña, pantalones caqui, camisas blancas y corbatas negras.
No, esta persona estaba vestida completamente de negro y miraba directamente al lugar en donde Kurt se encontraba.
Kurt se sentó rápidamente, agachando la cabeza por debajo del vidrio. Así que el equipo de hockey había dejado a alguien para vigilarle mientras que ellos iban a sus casas con presunción y dormían en sus camas.
Sus mejillas se sintieron calientes y se dio cuenta que estaba llorando.
Quitando un poco el polvo, se acurrucó hecho un ovillo sobre el suelo y dejó que el sueño se lo llevara, sin darse cuenta de las profundas marcas de rasguños en la madera que había desempolvado debido a la oscuridad total.
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