Recuerdos de un encuentro casual
Era una noche fría de invierno en la ciudad de Ooo, que a pesar de ser una ciudad movida y convulsionada, sus calles se encontraban algo desiertas, quizás más de lo habitual, ya sea por las bajas temperaturas o por el hecho de que era un jueves en la noche, donde la mayoría de las personas estarían durmiendo en sus hogares preparándose para el siguiente día de trabajo. Todos excepto un hombre de cabello rubio y ojos azules como el mar, que se encontraba sentado en la barra de un bar con una cara de pocos amigos y un desconsuelo que se notaba en el brillo opaco de su mirada, con un pequeño vaso de whisky a medio beber y vestido como si recién hubiera salido de su trabajo, ya que llevaba puesto un pantalón de vestir gris, una camisa celeste que tenía dos botones del cuello desabotonado, una corbata blanca con tonos grises desajustada, un saco colgado en el respaldo de la silla del mismo color que el pantalón y unos zapatos de vestir negro; por su apariencia se podía decir que gozaba de un buen trabajo y así era, pertenecía a una de las empresas de indumentaria deportiva más conocidas en todo el país, era un hecho de que tenía un buen trabajo pero también tenía una buena relación amorosa…o eso creía. Estaba comprometido con la chica que conoció en su adolescencia de la que creía estar completamente enamorado, su nombre era Estela Flare, hija de una de las familias más influyentes de la ciudad, hermosa a la vista, con su cabello peli rojo, que parecía fuego al mecerse con el viento, ojos color miel, una esbelta figura y una sonrisa "inocente" y atrayente, con un carácter por demás fuerte, algo inestable y explosivo, perfecto para alguien que se dedicara a los negocios trabajando para importantes firmas comerciales; parecía que en su vida no tenía nada de que quejarse, un buen trabajo, gente que lo quería y una bella novia con la que estaba comprometido hace un poco más de un año, pero no todo era un lecho de rosas como pensaba…ya hace un tiempo que había notado a su prometida comportarse de manera extraña para con él, era distante y fría con este, atrás había quedado ese cariño y calidez que tenía, además siempre que quería hacer algo lindo por ella o preguntarle el porqué de su comportamiento siempre terminaban discutiendo; el creía que toda esta rara actitud de la chica era algo pasajero debido a su reciente compromiso…pero que equivocado estaba, debido a que había noches en que venía exageradamente tarde de su trabajo, con una peculiar fragancia de perfume para hombre que no era el suyo y teniendo repentinas salidas sin ningún sentido aparente, además de que podía jurar haber visto marcas de besos y mordidas en su cuello, eso no era una buena señal, nada de lo que sucedía era una buena señal, y todas esas pistas solo podían llevar a una respuesta por demás obvia…le estaba siendo infiel con alguien más, alguien que sabía perfectamente quien era…se trataba de ni más ni menos que de su compañero de trabajo y "amigo" de la chica, Damián Felts, que en más de una vez se percató de las miradas lujuriosas hacia su novia, sin mencionar los cariñosos detalles que tenía para con ella
Era increíble , había sido un completo tonto, un estúpido que permitió que se burlaran en su cara si poder hacer nada, y eso le molestaba demasiado, tanto que si llegaba a ver a ese maldito desgraciado con quien "su prometida" lo engañaba, darle una paliza seria poco a lo que podría ser capaz de hacer.
Se encontraba con la mirada perdida en algún punto del bar, que extrañamente se encontraba con más clientes de lo que pensaba en un día de semana, al parecer una cantante y compositora algo conocida en el lugar se presentaba esta noche, además por el hecho de que se encontraba un pequeño escenario preparado en el centro del lugar; pero todo eso no era de importancia para el hombre, de nombre Finn Murtons, ya que estaba muy ocupado mascullando alguna que otra maldición y suspirando con decepción, dándole un trago a su bebida en un intento de olvidar toda su frustración.
Paso así por media hora más hasta que ya entrada la media noche, se escuchó la voz de un presentador, tal vez el dueño del local, anunciar a esa cantante que se hacía presente en el escenario, vestida con unos pantalones negros ajustados, una blusa mangas largas roja con un escote que dejaba ver un poco su busto y unas botas largas también rojas pero en un tono más oscuro. Esa mujer tenía un aire de misterio que podía causar curiosidad en cualquiera y una belleza que podía atrapar a quien sea, con su largo cabello negro como la noche, de ojos verdes profundos y una piel blanca que se veía suave al tacto, estaba de más decir que era hermosa y atrayente.
El rubio, igual que los demás que se encontraban en el local, vio como en el escenario hacia su aparición esa mujer misteriosa, con un curioso bajo en forma de hacha, color rojo cereza, acompañada de algunos músicos. Al llegar al centro del escenario, preparado para la ocasión, se sentó en una banqueta negra de madera, mientras los músicos se posicionaban cerca de ella, que tomo el micrófono que tenía en frente para dirigirse al público.
¿?: Hola me presento, mi nombre es Marceline Abaader, gracias a todos por venir hoy…y la canción que escucharan la compuse recientemente y se titula "luna" espero que sea de su agrado – dijo con voz firme y pacífica, para luego acomodarse en su lugar empezando a tocar la melodía, que era suave y tranquilizadora, al momento que se preparaba para cantar.
El hombre de ojos azules la mire por un momento, no solo por su belleza si no por algo más que le causaba curiosidad, y era el pequeño dejo de tristeza que se veían en sus ojos, pero aun así permaneció indiferente ante la presencia de la morena. Y mientras miraba a cualquier lugar, dándole otro sorbo a su trago, la dulce y hechizante voz de la misteriosa mujer se escuchaba en todo el salón:
Entiendo que no puedo suplicarle una vez más Luna Y cuando te me acercas Dame solo un beso que me alcance hasta morir como un vicio que me duele Luna
Pero nada se detiene
Solo vivo para ti
Dame solo un beso que me alcance hasta morir
Como un vicio que me duele
Quiero mirarte a los ojos
No me abandones más
Que tiendo a recuperarme
En la cuna de tus cráteres
Silencio
Se abre la tierra
Y se alzan los mares
Al compás del volcán
Se acelera mi motor
Me das fiebre
Me hago fuego y me vuelvo a consumir
Quiero mirarte a los ojos
No me abandones más
Que tiendo a recuperarme
En la cuna de tus cráteres
Silencio
Se abre la tierra
Y se alzan los mares
Al compás del volcán
Y al terminar la canción, se escuchaban los aplausos eufóricos del público presente, entre esos el reconocimiento del rubio por lo que acababa de escuchar, ya que a pesar de su amargura debía admitir que esas letras adornadas por la melodiosa y hermosa voz de la mujer de ojos verdes, era un placer y un gusto al odio de cualquiera; y mientras los aplausos iban terminando, sus miradas se cruzaron fugazmente pero también de manera penetrante e intensa, a tal punto que el joven hombre tuvo que desviar la mirada de los ojos de esta. Estaba algo avergonzado por la forma en que la morena lo había mirado, era extraño y confuso a la vez, como si intentaba decir algo con esa mirada tan llena de misterio y sentimiento, pero no quiso darle mucha importancia al asunto porque no estaba de humor para aventuras y amoríos sin sentido.
Luego de que la cantante y los músicos bajaran del escenario, pasaron quince minutos, en los que el rubio seguía absorto en sus pensamientos, pero percatándose también del tiempo se dio cuenta de que ya era tarde y aunque no quisiera debía volver a casa. Y cuando estaba por pagarle al cantinero, escucho una vez más esa encantadora voz cerca de él:
Marceline: valla parece que alguien tuvo un mal día – dijo esta con cierta burla y con una expresión tranquila, al momento que le ordenaba algo de beber al encargado.
Finn: no creo que haya sido un mal día…si no un mal amor – le respondió indiferente y algo desganado, luego de haberse recompuesto de la sorpresivas palabras que la mujer – pero creo que eso a ti no te importaría el hecho de que un desconocido te hable de sus problemas – pronuncio esas palabras intentando evitar la conversación.
Marceline: a veces es bueno desahogarse con un extraño…además nunca dije que no me importara lo que estabas diciéndome – dijo esta de forma alegre, permaneciendo impasible ante el austero comportamiento del hombre, mientras tomaba un sorbo de su bebida y luego agregar amistosamente – pero si quieres podemos dejar de ser desconocidos, mi nombre es Marceline, aunque creo que ya lo escuchaste…y el tuyo ¿es?
Al principio la miro algo desconfiado, además no tenía ganas de recordar esta decepcionante situación, pero por alguna extraña razón sintió que podía confiar y descargar sus penas con ella, tal vez por la amable sonrisa que le dedicaba o quizás por su mirada dulce y misteriosa.
Finn: finn Murtons, es un placer conocerte – le dijo extendiéndole la mano, para luego acomodarse de vuelta en su lugar.
Marceline: el gusto es mío Finn – respondió esta de manera cordial, dándole luego otro sorbo al líquido de la copa, al momento que iniciaba la conversación – y bueno ¿qué es lo que te tiene con la cara larga y amargada chico lindo? – al momento que le dedicaba una mirada sensual y atrevida
El rubio se incomodó ante el cometario y los ojos de la peli negra, que lo miraban profundamente, pero no se quedó callado:
Finn: b-bueno veras… - empezó a hablar el rubio con cierto sonrojo en sus mejillas, que fue desapareciendo mientras avanzaba la conversación.
Ya luego de media hora de chala, ambos se percataron de la hora que era y al ver que era tarde la primera en despedirse fue la curiosa mujer:
Marceline: bueno Finn fue entretenido hablar contigo – le dijo esta, levantándose de su lugar y poniéndose su abrigo negro para soportar las bajas temperaturas de la intemperie, agregando antes de despedirse – y sabes yo no creo que seas un estúpido…creo que eres demasiado lindo y tierno – pronuncio esas palabras con un tinte de ternura y cariño en su voz, al momento de acercarse a su rostro y rozar suave y levemente los labios de este, impregnados del sabor al whisky que había bebido.
Luego de esa inesperada y atrevida acción se despidió del rubio diciendo:
Marceline: hasta luego…ojala nos veamos de nuevo – termino de hablar, para luego dirigirse a la salida del local, con su bajo, guardado en una funda negar, colgando de su hombro.
El hombre se quedó perplejo ante la sorpresiva acción de la morena, estaba sonrojado y por algún inexplicable motivo sintió su corazón latir con fuerza por la cercanía de esta y por el leve roce de sus labios con los de ella… ¿será que se había enamorado de esa extraña mujer? , no lo creía , aún era muy pronto, pero no podía negar que le interesaba y que también esperaba volver a verla, lo deseaba y tal vez ese deseo se volvería una realidad…quizás esa noche con ese encuentro y conversación casual, sería el comienzo de una nueva relación o una nueva aventura.
Hola otra vez! Jeje aquí les traigo el segundo capítulo de este fic, espero que sea de su agrado y comentar que la historia constara de cuatros capítulos respectivamente, también agregar que la letra de la canción que canta Marceline se llama "luna" y pertenece al grupo Zoe ( je me gustó mucho esa canción xD) otra aclaración, la persona con la quien engaña Estela (princesa flama) a finn es el realidad el príncipe flama ( Damián Felts)
Así que bueno eso es todo por ahora….les dejo el título del próximo cap. que se titulara "amantes de soledad y dolor"
Nos vemos luego.
