Disclaimer: Todos los personajes de Black Jack, del Manga y Anime homónimos, así como todas sus situaciones, son propiedad de Osamu Tezuka.

"En Tus Manos"

Capitulo 2: Ráfagas y Brisa

Un fic de Black Jack y Pinoko

por

Miriam Puente (Esplandian)

Para Wato, había algo de romántico en las mañanas después de la lluvia. Se debía quizás a que las flores y los arboles parecían más vivos que antes, y a que las suaves aglomeraciones de cumulonimbos daban la sensación de que el cielo era aun más claro e interminable.

Abrió la ventana. Todo rebosaba en vitalidad bajo el roció matutino, y en el aroma de tierra mojada mezclado con la usual esencia portuaria. Dejó que el denso aire marino llenara sus pulmones, mientras pasaba sus dedos entre los cortos mechones castaños claro.

Amaba el sabor de la sal en su boca, como la promesa de un beso, de un beso robado pero secretamente correspondido, cómo la calma en los labios después de una tormenta de negativas; igual que la penumbra nocturna que precede al día y su claridad.

Dejó caer sus parpados. En su imaginación juvenil lo vislumbró a "Él," porque días como estos eran heraldos de su recuerdo. Porque los ojos, dos o tres, o aun mas, no bastan al ser llenados con la visión de la persona amada.

Era inusual verla en este trance, recargando sus brazos en el marco de la ventana. Tales pensamientos no iban bien con ella, mucho menos considerando el ultimo encuentro con "Él". Sacudió su cabeza y retomo un semblante decidido. Practicaría kendo para librarse de la "debilidad" que se había permitido.

Con reverencia, tomó la magnífica espada "shintai" que adornaba la pared de tapizado claro. La inspeccionó detenidamente, cerciorándose de que no hubiera ninguna astilla suelta. Sus ojos miel centellearon, y sus facciones delicadas se tornaron duras.

Letal a sus escasos años, arte—marcialista por gusto y vocación, siempre había tenido el corazón de un guardián. Amaba a los que protegía con celo y pasión, y haría todo por sus amigos sin importar en el peligro que se encontraran. Había hecho de la protección de Sharaku Hosuke su cruzada personal. Cualquiera que aterrizara un dedo sobre el probaría la furia de su espada. Si no era así, dejaría de llamarse Wato Chiyoko.

Su nombre real y legal seguía siendo Wato Chiyoko. Su padre, un sacerdote Budista, decidió que lo mejor para ella era mudarse con el Sr. Kenmochi y Sharaku. Tendría mejores oportunidades educativas de esa manera. Ella y su padre nunca habían sido particularmente cercanos, recibía más amor de otros que de su propia familia consanguínea. Su nueva familia la conformaban ella, Sharaku, el Profesor Kenmochi, el Doctor Subuta, Kumiko Honma, y Tetsu. De alguna manera, también habían terminado por adoptar a Pinoko.

Por suerte que el señor Tetsu (a quien llamaban cariñosamente "Higeoyaji" o "Master") siempre cuidaba por todos ellos, y hasta había cambiado su prolífica tienda de tallarines por el modesto café "TOM" solamente para estar a su lado. Por mucho que lo negara, sabía que esa era la verdad.

Tetsu era el único nexo que tenia con la vieja vida que había llevado. Recordó como aquel hombre de mediana edad, llenito, amable, y de poblado bigote al que tanto querían resoplar "El cambio de aires, como el cambio de negocio, hace bien al bolsillo y al corazón."

De vez en cuando extrañaba a sus viejos compañeros de secundaria y a otros variopintos personajes que le rodearon en su pueblo natal: al nervioso Osamu; al manso Takashi; al fortísimo Bankara; al vándalo de Toka; al entrometido policía Unmei; y a Moa, la exótica ave mascota de Sharaku. Parecía que habían pasado siglos desde entonces.

Bien, no era tiempo de perder la concentración. La muchacha parecía etérea, una translucida hada de delgadísimas y largas piernas. Tenía un cierto aire andrógino gracias a su cortísimo cabello y a las ropas holgadas que gustaba usar durante el fin de semana. Su actitud confiada, casi desafiante, constituía una curiosa paradoja a su delicada hermosura.

"¿Por qué tiene espinas la rosa?"

En un golpe que hubiera derribado a cualquiera, con una agilidad inigualable, propino con la punta de la espada de bambú un corte limpio y certero. El muñeco de práctica había visto mejores días.

Con la destreza y la fuerza que la convertía en capitán del equipo de kendo de su preparatoria, embistió de nuevo.

"Para proteger su belleza"

La fricción del impacto hubiera causado una herida grave, de no ser porque el objetivo no era un ser humano sino un objeto inanimado.

Reconoció el sonido de la porcelana al romperse. Notablemente resignada, Wato volvió a colgar su espada, e inmediatamente se precipito escaleras abajo.

En la cocina, un muchachito calvo, con una edad que parecía rondar los doce, trataba en vano de recolectar rápidamente los fragmentos de porcelana que poblaban el piso.

— ¿Sharaku, que crees que estás haciendo? — La joven de cabello castaño era particularmente intimidante cada vez que posaba los brazos sobre sus caderas. Para cualquier persona adulta, ella era una preciosa y temperamental chica adolescente; pero para su actual interlocutor, Wato era la mismísima encarnación de la furia.

—Ummm… nada. – contesto el chico dócilmente recogiendo los restos de la taza que acababa de romper. La bandita en forma de equis, que llevaba justo en la frente, era un testimonio claro de su torpeza.

— ¿Con que nada, ummmm? Yo diría que es una pieza más para tu contador. A este paso nos quedaremos sin vajilla—ya podía imaginarse la cara del Señor Kenmochi a su regreso y futura inspección de la alacena.

—Ya sabes que la alacena está un poco alta, y mi estatura no me ayuda—, un ligero rubor cruzo sus mejillas mientras se rascaba la nuca—, perdona que…

— ¿Perdona? ¿Cuándo empezaras a actuar como un hombre? No puedes seguir comportándote así toda la vida, pudiste haberme dicho que…— Wato capto una cacofonía proveniente del cuarto de televisión. Apretó los dientes tratando de contenerse. — ¿Cuántas veces te he dicho que apagues el televisor cuando no lo estés viendo?

Bajando la cabeza sumisamente, Sharaku volvió su atención al piso.

—Disculpa…— susurró cerrando sus manos con los guijarros entre sus palmas.

Ella ya empezaba a preparar una vehemente perorata, cuando observó un par de gotas de sangre deslizarse desde el dedo índice de Sharaku. Instintivamente, el chico se llevo la herida a la boca.

Si había algo con lo que la impetuosa joven no podía era con la simpatía que le causaba cualquier clase de dolor ajeno. Respiro hondo y relajo su cuerpo. "Paciencia, Wato, paciencia".

—Espera, no hagas eso—. Ella le tomó la mano, y abriendo el grifo de la cocina le indicó que se lavara la cortada con abundante jabón. Buscó en el botiquín de primeros auxilios lo necesario, mientras que con la mano restante, alcanzó una toalla limpia. — A ver, sécate las manos.

Le lanzo la toalla con tal vehemencia que Sharaku casi se trastabilló.

Acto seguido, Wato humedeció un algodón con unas gotas de desinfectante. El chico miro horrorizado la etiqueta del frasco.

— ¡Eso me va a doler!

— ¡Te va a doler mucho más si se infecta!—hábilmente, ella lo capturó por la cintura— Deja de moverte.

La lucha duro unos cuantos segundos, y culminó con Sharaku portando una segunda bandita sobre su, correctamente desinfectado, dedo índice.

—Listo — sonrió Wato con su mejor talante. Nada como una buena lucha para animarle—. Ahora, a apagar ese televisor— .Vertió el contenido de una jarra en dos vasos que había depositado previamente en una charola.

—Espera, van a pasar una película sobre extraterrestres que esta increíble. ¿No quisieras verla conmigo?

Después de todo, se lo debía a Sharaku. Tenía la impresión de estar siendo demasiado dura con el últimamente. Había tenido demasiada presión en el club de Kendo, y con su vida en general.

Media hora de botargas que hacían de alienígenas, malos efectos especiales, y sombras proyectadas por camarógrafos inexpertos no era precisamente lo que Wato esperaba. Claro estaba que el concepto de "increíble" que Sharaku tenía no era del todo compartible con el suyo.

Era imposible creer que ambos tenían casi la misma edad, y que habían estado en el mismo grado de secundaria; eso, entre otras muchas cosas que, de contarse, dejarían a muchos sumidos en la incredulidad…

Para motivos prácticos y legales Sharaku y Wato eran hermanos. Aunque eso no era del todo cierto tampoco era una completa mentira. Generalmente ella tenía que actuar como su guardián o su madre.

"Hermanito," de alguna manera esa palabra sonaba falsa, incorrecta. Ella la uso cuando Sharaku se encontraba en peligro de muerte, y al enfrentar al Doctor Black Jack. Curioso que de allí empezaran nuevas aventuras junto con el prominente "sensei" y su autonombrada esposa. ¿Pero y las suyas propias? ¿Donde habían quedado?

Ahora la vida era más que pacifica en este nuevo pueblo, con el Señor Kenmochi constantemente de viaje y con Sharaku desenvolviéndose mejor cada día. Varios de sus problemas se habían esfumado, justo como "Él" se había esfumado su vida.

Una silueta envuelta en humo aparecía en la pantalla. Supuso que debía ser el "malo" con ese usual "MUAJAJA". Ella no entendía cómo es que "eso" podía gustarle a Sharaku, que temblando, le daba un sorbo a su jugo de naranja. El ser supra humano sostenía en su mano derecha una especie de tridente rojo y luminoso, y en la frente un amuleto resplandecía. Pese a lo bizarro, aquella imagen le recordó algo, a alguien…

"Ahora ya lo sabe, señorita Chiyoko. No se puede confiar en él plenamente, él no es humano. Es mejor que lo olvide. "

No era que ella le hubiera olvidado a "él", porque bien sabía que no era así. Admitía que lo imaginaba en el viento, en la lluvia, en los atardeceres fugaces de naranja y albatros. Estaba totalmente consciente de ser la eterna esclava de su oscuro carisma, y era por eso que no había querido verle en casi un año. La vida era segura así. De todas formas, ¿Qué le diría? ¿Volvería a caer presa de su maliciosa sonrisa? ¿Y "él" le invitaría a acompañarle en alguna de sus "búsquedas"? ¿Cómo explicaría "su larga ausencia"?

Era tonto que una película cómo aquella le hiciera sentir ese vacio en el estomago, y una carencia de ese otro tipo de afecto que no admitiría abiertamente. Recargó su nuca en el sillón, y giró su cabeza. Por un momento pensó que si Sharaku tuviera más confianza en si mismo, si su actitud fuera diferente, tal vez…

A su lado, el muchacho abrazaba a Pogo, su vieja y querida muñeca marrón como si esta fuera a protegerle del villano. Cada vez que Wato expresaba desagrado por su actitud de apego infantil hacia el objeto en cuestión, él siempre insistía que era "una figura de acción". La falda y la flor que hacían de accesorios negaban por completo esta última afirmación. La verdad era que ella profesaba una antipatía natural hacia el "monigote", y por mucho que lo negara, la hacía sentir celosa. Tontamente celosa.

"Es por el bien de todos, Wato-san"

Cerró los ojos con fuerza. Ansiaba tanto verlo de nuevo, pero tenía miedo de lo que pudiera pasar, especialmente desde aquella ultima vez…

Egoísta como siempre, ansiaba también la emoción y los viajes, con todo y sus peligros. Las ruinas, tumbas, reliquias, y misterios de una civilización perdida cautivaron su imaginación y su corazón una vez. Claro que las prohibiciones del Profesor Kenmochi le habían puesto fin a todo aquello.

Fingiéndose interesada en la programación—que en ese momento consistía de un gigantesco autómata metálico tratando de apoderarse de una ciudad—, Wato le dirigió una mirada de reojo a Sharaku. El chico estaba completamente absorto, tanto que hasta Pogo había resbalado de sus manos para caer directo al piso. En su frente, la banda en forma de cruz era una tentación imposible de ignorar. A la chica le brillaron los ojos.

Un grupo de científicos discutían, y parecía que finalmente habían encontrado un artefacto capaz de controlar al desaforado gigante (que de alguna forma, también era un artefacto extraterrestre).

Y en su cabeza, repleta de sed de aventura y de deseos adolescente, surgió la macabra idea, casi perversa de…

La tentación era grande. Wato alargo la mano dispuesta a remover la famosa "equis", aprovechando que la concentración del muchacho estaba en alguno de los planetas ficticios que mencionaban en el televisor.

No esperaba que el chico tímido y bajito la evadiera con tanta rapidez.

—Ey, Wato… ya sabes lo que dice mi papá sobre esto… que por ningún motivo debo de quitarme la bandita.

—Lo sé, pero él no está aquí ¿O sí?— remarcó en tono juguetón.

Sharaku sabía perfectamente que en esta clase de juegos ella siempre terminaba por ganarle. Ya bastante tenía con que Kong y sus amigotes lo acosaran en la escuela, como para que encima Wato hiciera lo mismo en casa. Por alguna razón esto no le daba buena espina, ella nunca había hecho algo así antes.

—Este… voy a salir a jugar un rato…— decidió aventurarse. Estiró el brazo para alcanzar la perilla de la puerta. Una mano de aspecto delicado, pero firme, se aseguro de que no consumara sus planes de escapatoria. Ella era lo suficientemente fuerte para evitar que la puerta se abriera.

— Ah, pero sino has terminado tu tarea—la adolescente lo tenía acorralado, y sonreía tranquila en anticipación de su asegurada victoria.

—La termine ayer, por eso no te preocupes—. Si tan sólo encontrara una forma de escapar…

Un tarareo agudo y rítmico proveniente del exterior fue la respuesta a sus plegarias: Era Pinoko que pasaba frente a la acera, desplazándose alegremente con dos bolsas de comestibles. Más que caminar, perecía rebotar. Ella era su única oportunidad… no, ¡Ella era su salvación!

Wato se abalanzó sobre Sharaku, tropezando con la aborrecida "Pogo" y llevándose junto con ella los vasos de inacabado jugo de naranja.

Lo vio saltar por la ventana como una ráfaga.

—Demonios—la muchacha bufó en notable frustración, separando sus cabellos bañados en el líquido anaranjado. Sharaku ya no era tan torpe como antes, y se había vuelto lo suficientemente rápido como para escabullírsele.

Cruzó sus brazos y se asomó por la ventana. El muchacho calvo ya le había dado alcance a la adorable pelirroja y, cómo el caballero que era, se ofreció de voluntario para cargar el mandado que ella llevaba.

Wato no pudo evitar sonreír mientras exprimía el borde de su camiseta. Pinoko era siempre tan oportuna, y parecía que los entrenamientos en defensa personal que impartía eran considerablemente efectivos. De todas formas, Sharaku volvería antes del anochecer: Justo a tiempo para una revancha.

Notas de Autor:

No sé si ya habrán adivinado de quien está enamorada Wato, pero puede que se lleven una sorpresa.

Disculpen la tardanza en esta segunda entrega, pero me parecía que el segundo capítulo original nos adentraba demasiado pronto a un mundo oscuro; todo sin reparar o introducir a varios de los personajes que participaran. Decidí reescribir la historia por completo, para poder ofrecerles algo con ese aire de frescura que tiene la serie de anime.

El mundo de BJ que se presenta en este fic tiene algunas ligeras modificaciones, y es una combinación entre el manga, las tétricas OVAs de los 90s, y la más reciente adaptación al anime (que, en mi opinión, es bastante acaramelada). Además, presentará un ligero X-Over en ciertos personajes secundarios.

Gracias por sus comentarios y lecturas.