HOOOOOOOOOOOOLA!
(No me maten por favor! )
Vuelvo más feliz que nunca, no actualicé en todo este tiempo porque había empezado la universidad y estaba muriendome de la presión. Ahora con toda la alegría les cuento que terminé el cursillo (curso introductorio o como quieran llamarlo) y me saqué siete! Las que sean de Argentina supongo que van a entender la alegría de haber obtenido la promoción y no tener que rendir finales en la facultad, las que no sean de acá, solo les digo que de 154 inscriptos solo 6 sacamos más de siete 3 .
Así que... estoy de fiesta. Les prometo tantas actualizaciones como pueda, gracias como siempre por la paciencia, los comentarios y espero que sigan teniendo ganas de saber qué va a pasar con esta historia. (No se preocupen, también voy a actualizar las otras ;) )
De nuevo, gracias gracias gracias por los comentarios y especialmente gracias a Noe (AngelitoDELENA) y Blue Shadow que me acompañaron en estas semanas de locura que fueron el principio de mi carrera en la universidad.
WORD COUNT: Cap1: 3215 Cap2: 3508
Capítulo 2: Gone and Found
My whole life's turned around
For this thing you keep chasing
You were right all along
It's me who's got to change
1997
En el asiento trasero del descapotable de Klaus Mikaelson, Elena intentaba concentrarse en recordar la letra de una canción que le agradaba para aguantarse el ataque que le había dado a sus amigos por pegarse a la bocina como si se estuviera acabando el mundo.
-Ya basta, Nik -bufó molesta por el ruido y los gritos de sus compañeros.
-Ese par de perdedores no pueden hacer funcionar el cacharro de coche que tienen, no es mi culpa, Lena -soltó Klaus despectivo sin quitar la mano de la bocina.
-Kol, dile que pare -intentó esta vez Elena, pero el más pequeño de los Mikaelson no hizo más que arrodillarse sobre el asiento para gritar que avanzaran sumándose al escándalo.
Detrás de ellos, Marcel y el resto de idiotas a los que Klaus no consideraba suficientemente buenos como para llevarlos en su propio auto coreaban el escándalo con bocinazos y gritos desde el jeep de Marcel.
-Quizás tengan un problema -trató de volver a intervenir la castaña y esta vez fue el turno de Rebekah de contestar.
-El único problema que tienen esos dos es lo idiotas que son. No pueden hacer arrancar un estúpido auto y planean críar un niño -se burló- Ya me imagino cómo saldrá eso.
-No hace falta que seas tan cruel, Rebekah -soltó Elena más que molesta.
-¿Adónde vas, Lena? -preguntó Klaus sin dejar de tontear con la bocina.
-A ver si necesitan ayuda allá -dijo dando un salto para salir del coche sin esperar a que los Mikaelson le abríeran.
-Ten cuidado, Elena. Quizás te contagian y en un par de meses apareces con una bola en el estómago -se burló Kol.
-¡Idiotas! -les gritó la chica sin voltear, alzando su mano con el dedo de enmedio perfectamente erguido ante ellos.
Dejando atrás el desastre de bocinas y gritos de sus amigos, Elena avanzó por la pequeña fila de autos a un trote ligero, agitando la brillante cola de caballo en la que solía llevar sujeta su melena chocolate. Cinco autos más adelante, en un pequeño auto color verde chillón en el que probablemente no entrarían más que dos personas muy muy pequeñas una joven pelirroja lloraba encogida en el asiento del acompañante.
-Hey… ¿Necesitas ayuda? -preguntó preocupada.
-Estoy bien -tartamudeo la chica sin quitarse las manos del rostro- Vete.
-No luces muy bien, amiga -insistió Elena agachándose frente a la puerta- ¿Qué sucede?
-Es este estúpido auto, no quiere arrancar -sollozó frustrada dándole un golpe al volante y cuando descubrió su rostro a Elena no le costó darse cuenta que esa chica era la misma que había estado observando hacía rato en la mesa de ese tal Damon Salvatore.
-¿Estás sola?
-No, mi novio fue a buscar ayuda. No tardan en llegar -murmuró secándose un poco las lágrimas- Son estas estúpidas hormonas -se quejó mirando hacia abajo, donde un casi imperceptible bulto comenzaba a dar señales de su embarazo- Y todos esos idiotas que no dejan de gritar cosas horribles…
-Lamento lo de mis amigos -se disculpó la castaña sinceramente aunque tuvo que alzar la voz para hacerse oír por sobre las bocinas- Klaus puede ser bastante voluble y todos tienden a hacer lo que él quiere… Son algo infantiles.
-Yo diría que son unos cerdos idiotas -soltó molesta y Elena rió.
-Puedo hacerte compañía mientras llega tu novio -ofreció entusiasmada porque al parecer la chica ya no lloraba- Soy Elena.
-Sage.
Pero no tuvieron mucho tiempo para ir más allá de las presentaciones porque antes de poder intercambiar más palabras, un par de chicos llegó corriendo a donde ellas esperaban.
-Voy a golpear a esos idiotas tan pronto como te haya sacado de aquí, bebé -dijo uno al ver a la chica llorar.
-Tu rol de héroe puede esperar, Romeo -interrumpió el otro chico que aún conservaba las gafas de sol- Súbete al maldito cacharro y ponlo en punto muerto, yo empujo así lo sacamos de aquí.
-Gracias, hermano -aceptó el chico asintiendo.
Elena, acostumbrada a tener la atención de todo el mundo allí donde fuera, sintió una extraña molestia al ser completamente ignorada por los dos jóvenes que rápidamente se pusieron en movimiento para sacar el pequeño auto del medio de la calle, donde obstruía el paso de una fila de autos más grandes.
-Un poco de ayuda podría serme útil aquí -comentó Damon comenzando a hacer fuerza para intentar mover el vehículo.
Perdida como estaba, a Elena le llevó dos segundos entender que esas palabras iban dirigidas hacia ella.
-¿Me hablas a mí? -se señaló algo confundida.
-No lo sé ¿Empujar un auto es muy duro para la princesita? -ironizó mientras el auto empezaba a moverse.
Elena frunció el ceño sin saber exactamente si tomarse lo que le había dicho como un insulto o no pero la decisión pasó a un segundo plano cuando vio que el auto comenzaba a alejarse y tuvo que correr un par de pasos para unirse a Damon empujando la parte trasera del auto. Él no le dijo nada y simplemente la dejó ayudar aunque seguía haciendo él mismo la mayor parte de la fuerza.
-Llévalo a la vuelta de la esquina, Enzo -indicó Damon asomándose para que su amigo lo escuchara.
-Entendido, hermano.
Con la fuerza de los dos, el pequeño auto de Enzo pronto llegó a destino con Damon y Elena cansados y corriendo detrás para moverlo. Una vez que pararon, la chica se apartó jadeante y Damon la miró por sobre el hombro conteniendo la risa mientras abría la tapa del motor para ver qué iba mal con ese cacharro.
-Al parecer sí que era demasiado ¿Eh princesita? -rió señalando sus incómodas sandalias de taco alto.
-¿Esa es la mejor manera de agradecer mi ayuda? -inquirió ella alzando una ceja, haciendo el mejor intento por parecer seria cuando su respiración, agitada por el esfuerzo, hacia que su pecho subiera y bajara incontrolablemente.
-Oh, lo siento -dijo teatralmente, dejándose caer de rodillas frente al motor para ver si podía solucionar algo- No quería herir los sentimientos de su majestad.
-Mierda -soltó Elena por lo bajo cuando bajó la vista hacia sus nuevas sandalias- Tienes que estar bromeando -susurró para sí misma.
Elena soltó un bufido de frustración cuando se dio cuenta de que el tacón de su pie izquierdo se había partido por el esfuerzo y tuvo que apoyarse en el auto para descalzarse.
-Adivino -dijo Damon ante el sonido de sus quejas, dándole la espalda al estar revisando el motor- ¿Se te rompió el zapatito de cristal, Cenicienta?
-¿Puedes parar? -soltó molesta arrojando los zapatos a un lado de la calle- Para tu información, tengo un nombre.
-¿En serio? Habría jurado que te llamabas Cenicienta. Ya sabes, por el vestido celeste, el zapato roto ¿O era perdido?
-Elena -dijo algo sorprendida porque hubiera notado el tono de su vestido cuando no había posado sus ojos en ella por más que dos segundos- Mi nombre es Elena.
-Es bueno saberlo -sonrió el chico mientras se quitaba las gafas y la camisa a cuadros en un fluido movimiento, dejando a Elena boquiabierta a sus espaldas observando como una ajustada camiseta interior blanca hacía maravillas en los músculos de su espalda.
Elena frunció el ceño incómoda al ver que él no iba a decirle su nombre y se cruzó de brazos impaciente. Adelante, Enzo anunció con un grito que él y Sage iban a comprar una botella de agua porque la embarazada tenía sed y, aburrida y curiosa como solo podía serlo Elena Gilbert, se acercó a mirar por encima del hombro lo que Damon hacía.
-Yo no me acercaría mucho más si fuera tú -indicó el chico mientras hacía un esfuerzo por contener una desagradable fuga de aceite con la camisa que acababa de sacarse, sin hacerle caso, la chica se inclinó más, apoyando la mano en su hombro desnudo para poder asomarse a mirar mejor- Aunque pensándolo mejor… -bajó la vista sin disimulo a donde la pequeña mano hacía contacto con su piel- Puedes acercarte todo lo que quieras -incitó sugerente.
-¿Siempre eres tan idiota? -rebatió la chica alejándose con las mejillas encendidas como dos faroles de navidad.
-La mayoría del tiempo -le guiñó un ojo volteando a verla por un segundo y en el instante en el que Elena captó un vistazo de sus ojos azules se sintió hipnotizada por su intensidad ¿Es que acaso era naturalmente posible tener unos ojos como esos?
Una enorme y brillante sonrisa se abrió paso entre los labios de Elena cuando Damon le sostuvo la mirada por un segundo más largo de lo necesario y se podría haber quedado observándolo por un buen rato de no ser por la maldición que soltó de repente, cuando notó que un chorro de aceite del auto lo salpicaba hasta mojarle el pecho, extendiéndose rápidamente por la camiseta.
Incapaz de quedarse quieta, como siempre, Elena corrió hasta él y no tuvo mejor idea que poner ciegamente las manos encima de la manguera de donde el aceite brotaba a borbotones.
A partir de allí, el desastre no tardó mucho en desatarse. El esfuerzo de Elena por parar el aceite en realidad hizo que el líquido brotara aún con más presión salpicando no solo su inmaculado vestido celeste sino también a Damon.
-¡Mierda! Quita la mano de ahí -la empujó el chico, con tanta mala suerte que su mano fue a parar a la única parte del motor que se mantenía caliente.
-¡Ay! -gritó llevándose la mano al pecho y sosteniendola con la otra- ¡Me quemé! -se quejó apretándose la mano con fuerza sin darse cuenta que estaba extendiendo aún más la mancha.
-Maldita sea, princesa ¿Qué tocaste? -se molestó el chico al darse cuenta de que la fuga era mayor que la última vez.
-¡Yo que sé! -gritó frustrada mientras intentaba soplarse la mano para aliviar el ardor de la quemadura.
-Creo que lo tengo -anunció el chico cuando encontró una pieza que se había soltado perdida entre los tubos y mangueras y tuvo que someterse a una nueva lluvia de aceite de motor para poder ponerla en su lugar.
-¿Ahora lo tienes, genio? ¿No podrías haberlo solucionado dos minutos antes? ¿Antes de que me rostizara los dedos? -dijo Elena más que molesta, mirando su vestido casi completamente manchado de aceite mientras agitaba la mano en un inútil intento por aliviar el dolor.
-Nadie te dijo que metieras los dedos a donde no debías, princesita.
-¡Tú me empujaste! -se indignó.
-Si ese es un patético intento de hacerme sentir culpable, no lo intentes -él se incorporó con su camisa a cuadros manchada en una mano- Déjame ver.
-¿Qué? ¿Además de mecánico también eres médico? Porque déjame decirte que si eres tan buen médico como mecánico prefiero que se me infecte la mano…
-¿Alguna vez cierras la boca? -preguntó retóricamente mientras le limpiaba el aceite de la piel con la parte limpia de su camisa.
-¿Tú qué crees?
-No llegó a traspasar la piel -anunció Damon analizando la quemadura a la luz del sol y su mirada seria no tardó en volver a cautivar a la chica- No es tan grave princesita.
Él la sorprendió al llevar la mano herida hasta su propio cabello negro para frotarla allí, aliviando sorprendentemente el ardor y, antes de que Elena dijera nada, cortó un pedazo limpio de su camisa para atarlo alrededor de la palma de su mano en un intento de evitar que el aceite que la había manchado por completo volviera a entrar en contacto con la sensible piel quemada.
-Gracias, supongo… -murmuró Elena conteniendo la risa al ver cómo su brazo había dejado una mancha negra en la mejilla del chico- Tienes… -rió- Nada, olvídalo.
-¿Acaso te has visto? -se burló él señalando su vestido al darse cuenta de que seguramente se estaba riendo de su rostro manchado.
Elena puso los ojos en blanco y cerró la tapa del motor dando un saltito para sentarse encima. Definitivamente estaba hecha un desastre.
-No me imaginaba que una de las mejores amigas de Klaus Mikaelson estuviera dispuesta a empujar un auto y empaparse de aceite para ayudar a alguien como Sage -dijo Damon uniéndose a ella en el capó del auto ya que sus amigos aún no regresaban.
-Digamos que la parte del aceite no estaba en mis planes -confesó riendo- Pero no por juntarme con los Mikaelson tengo que ser una estúpida niña rica sin sentimientos -sonrió- Aunque admito que interiormente quiero llorar por haber arruinado el vestido y los zapatos -teatralizó colocándose un mechón de cabello detrás de la oreja, lo que no hizo más que esparcir aún más aceite en su cabello.
-Me agradas… -dijo el chico analizando cada uno de sus movimientos y, a través de las manchas negras, fue capaz de distinguir un intenso sonrojo- Por cierto, soy Damon.
Actualidad
Tan solo unas horas después de haber recibido aquella noticia, el sonido de los neumáticos sobre la grava quebró el silencio de la antigua propiedad Forbes. Regresar después de tanto tiempo se sentía como un sueño.
Damon solo tuvo que bajarse del auto para que el aroma de las flores del jardín inundara sus sentidos con una ola de recuerdos. Todo seguía exactamente como lo recordaba, era como si los últimos dieciocho años no hubieran pasado, como si jamás se hubiera ido. Se sentía casi como si pudiera ver la fina silueta de una joven balanceándose en el columpio bajo el viejo sauce frente a la propiedad, como si en cualquier momento, Liz fuera a aparecer cargando una cesta de naranjas recién cortadas del árbol.
Pero la vida había pasado, él la había dejado pasar. Y aún después de casi dos décadas, seguía siendo el mismo cobarde. La llave de repuesto que él mismo había escondido seguía debajo de una maceta con jazmines en una esquina del porche y las tablas crujieron exactamente como solían hacerlo cuando él se inclinó para buscarla, la cerradura se resistió un momento en la segunda vuelta y luego se abrió con un familiar click. Eran esas cosas simples, el sonido de la puerta, el aroma del jardín, lo que hacía que se sintiera como si por un momento, el tiempo no hubiera pasado.
Pero lo había hecho. La casa vacía y un oscuro abismo en su corazón lo confirmaban con dolorosa claridad.
En la cocina, una taza que todavía contenía restos de café era el único testimonio que quedaba de las últimas horas de Liz con vida, un reluciente album de fotos de cuero rojo descansaba junto a la taza de café y Damon se dejó caer en una silla, atraído hacia los recuerdos como una polilla a la luz. Sus dedos acariciaron la suave textura de las tapas como si alguna parte en su interior reconociera el secreto que guardaban aquellas páginas y finalmente lo abrió para encontrarse con las imágenes de la primera página.
No había visto su rostro desde aquella última vez, no había querido llevarse sus fotografías, así que la belleza en el rostro de Elena lo sorprendió aún cuando se había pasado los últimos dieciocho años dándole vueltas a su recuerdo.
En la primera página, Elena y Liz estaban recostadas en la hierba, los cabellos de la castaña brillaban con los destellos de la luz que se filtraba a través de las hojas del sauce y Liz le sonreía mientras Elena leía uno de sus cuadernos. Él recordaba haber tomado esa fotografía mientras Elena les leía un fragmento de aquellas historias que escribía a sus espaldas y jamás le había permitido leer a nadie. Debajo de esa imagen, Damon sonreía en otra foto, abrazando a Liz con las manos llenas de barro, recordaba que esa tarde se la habían pasado arreglando las flores del jardín los tres juntos.
Gracias por un viaje maravilloso, se leía debajo de ambas imágenes. La inconfundible caligrafía de Liz le provocó un nudo en la garganta antes de poder pensarlo.
-¿Aún no aprendiste a no tocar lo que no es tuyo, Salvatore?
Por un momento sintió que no era real.
Después de años separados, el tiempo le había robado el precioso recuerdo de su voz, ya no era capaz de reproducir ese dulce sonido en sus pensamientos, pero cuando escuchó aquellas palabras, su cerebro identificó a su dueña aún antes de poder verla.
Dentro de todas las posibilidades que Elena había barajado antes de subirse al auto rumbo a Mystic Falls, encontrarse con él era la menos probable. Por años había pensado en aquel momento, el día en que finalmente se encontraran de nuevo, lo había anhelado tanto que finalmente había llegado a dejar de esperarlo.
A través de más de quince años, ambos habían inventado en sus pensamientos miles de escenarios y posibles diálogos para ese momento que podrían haber asegurado que nunca llegaría. Ninguno de ellos cobró vida.
Elena no se acercó a él para dejarse caer en sus brazos, para golpearlo ni para besarlo hasta quedarse sin aliento. Se acercó conducida por un solo pensamiento: necesitaba alejar esas fotografías de las manos de Damon. Y así lo hizo, quitándole el álbum de las manos para abrazarlo celosamente contra su pecho antes de que él pudiera reaccionar a su presencia.
Solo cuando tuvo la seguridad de que el álbum estaba completamente fuera de su alcance, se permitió mirarlo. Lucía tan parecido a aquel joven que ya no existía más allá de los confines sus recuerdos y a la vez tan diferente a él… Ver a Damon por primera vez después de todo ese tiempo era como ver realizados todos sus sueños y cada una de sus pesadillas en el más retorcido de los giros del destino.
-¿Elena? -preguntó incrédulo.
Y realmente tenía que preguntar. La mujer frente a sus ojos lucía tan diferente a la dulce Elena que él había aprendido a amar tantos años atrás…
-¿Qué estás haciendo aquí, Damon? -el dolor era evidente en su tono de voz, en sus ojos rojos por el llanto y en la evidente debilidad con la que se sostenía sobre sus pies.
-¿Creías que no me iban a avisar? Liz era…
-Sé lo que Liz era para ti -interrumpió la chica sin querer escuchar más- Simplemente creí que no ibas a dejar tu perfecta vida en Washington para venir aquí.
-Vamos, Elena… Ha pasado tiempo pero ni siquiera eso puede cambiar tanto a una persona.
-Veinte años -susurró la castaña bajando la mirada.
-Se cumplirán dieciocho en tres meses pero ¿Quién mantiene la cuenta?
Sus ojos hicieron contacto por un segundo antes de que Elena apartara la mirada.
Sin decir nada, dio un par de pasos hasta la puerta de la cocina para guardar el álbum de fotos dentro de su maleta.
-¿Por qué…
-Porque es mío -volvió a interrumpirle con la voz temblorosa y cerró la maleta antes de que él pudiera cuestionarle nada.
En silencio, Elena se dirigió a la mesa y se quedó parada allí por un momento con la mano flotando sobre la taza vacía de café. Una lágrima se deslizó por su mejilla antes de que pudiera tomar la fuerza necesaria para levantarla y llevársela consigo para lavarla sabiendo que al hacerlo borraba lentamente la presencia de las últimas horas de Liz en la casa.
Damon observó cada uno de sus movimientos con un anhelo que le recordaba a otras épocas y una pena que nunca había sentido. No pensaba volver a ver a Elena en su vida, pero menos aún pensaba verla en una situación como aquella.
-¿Eso es todo? -preguntó Damon después de un par de tensos minutos de silencio- ¿Después de todo lo que pasamos juntos esto es lo único que vas a decirme?
Después de un largo suspiro, Elena se sacudió las manos para quitarse el agua antes de responderle.
-No puedes ni siquiera llegar a imaginar la cantidad de veces que quise hacerte la misma pregunta -susurró con la voz quebrada- Pero no me diste la oportunidad.
-Si quieres hacerme pagar este no es el momento, Elena.
-¿Hablas en serio? -bufó con un nudo en la garganta y Damon sintió que todo el mundo que con tanta seguridad había construído comenzaba a quebrarse cuando vio un par de lágrimas corriendo por las mejillas de Elena- No -susurró levantando una mano para impedir que él se acercara.
-Elena…
-No -repitió esta vez con más fuerza- Tuviste años para buscarme y no lo hiciste… no se trata de nosotros dos ahora. Liz murió, Damon.
-Pero…
-Tomaste tu decisión hace una eternidad, Doctor Salvatore -sonrió ella tristemente y Damon fue testigo en ese momento de cómo ella reunía frente a sus ojos cada pedazo roto de su alma para enfrentarlo con entereza- Tomaré la habitación de invitados del segundo piso -informó con la voz quebrada y de escabulló de la cocina casi corriendo antes de que ninguno de los dos pudiera reaccionar, dejando a Damon con la mano alzada en el aire en un intento de tocarla solo para comprobar que fuera real.
That's it ;)
Espero que les haya gustado, prometo volver pronto! Ya quiero saber qué piensan!
