Summary: ...Y de esa traumática forma James Potter se enteró de la relación que dos de sus mejores amigos mantenían...

Disclaimer: Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son completamente de J.K. Rowling.

Advertencia: Slash. Relación homosexual. Rating "M" por intento de Limme. Falta de lógica e incoherencias, lo habitual. Yo ya avise~

Personajes: [Sirius B. Remus L.] James P.

Rating/Status: M/Completo


¡Merlín, Mis Ojos! ¡Mis Bellos Ojos!

...

James Potter se paseaba por los pasillos del viejo castillo acompañado por un castaño de ojos azules, y sí, para quién le mirará era fácil detectar lo feliz que estaba el Gryffindor de quinto año, y...¿Cómo no estarlo? El pelinegro podía decir que ese había sido un buen día, a molestado junto con Colagusano a Snivellus, captando su atención, de la cual aparentemente el pálido mago pensaba no era merecedor, y esa alegría ni siquiera McDonagall y su castigo -que sí, era compartido con la serpiente- podían arrebatársela, además, ¿Quién en su santa juicio no estaría feliz de estar en Viernes? El último día de la semana que lo separaba de su amado Sábado y, eventualmente, de su salida a Hogsmade con los demás Merodeadores y Lily, claro, también estaba el que se haya sacado una buena nota en su último trabajo de Transformaciones. Suspirando, emprende el camino hacía su Casa, con una sonrisa de oreja a oreja, pensando que en cuanto ya estuviera en su Sala Común, les contaría a sus otros dos castaños amigos teniendo cuidado que Lily no los escuchara.

Sí, sin lugar a dudas había sido un buen día y nada se lo arruinaría...

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Por mientras en una de las habitaciones de Gryffindor se encontraban dos chicos uno más alto y otro más bajo, ambos castaños, comiéndose a besos entre ellos. El más bajo de los dos se encontraba sentando en una cómoda silla que el mismo había transformado, con el libro de texto que anteriormente había estado leyendo tirado a sus pies, mientras que el castaño oscuro estaba notablemente encorvado, teniendo sus manos una sobre la mejilla de Moony y la otra en la cintura de este, entreabriendo los ojos de vez en cuando y sonriendo de tanto en tanto entre besos y pequeños gemidos y jadeos, disfrutando de estar así con su novio, observando con satisfacción el carmín brillante que adornaba el rostro ajeno.

—E...Espera...mm...Sirius, esper...¡Ah!—gimió bajito el Lupin cuando su pareja mordió sorpresivamente una parte sensible de su cuello.

Sonriendo, Canuto ignoró lo dicho por el licántropo, siguiendo con su tarea de besar, lamer, chupar y morder toda la piel expuesta que tenía a su alcance, al mismo tiempo que sacaba aquella estorbosa camisa de entre los pantalones del chico de ojos verdes, para meter una de sus manos abajo de la blanca tela comenzando a acariciar -de una forma un tanto limitada-la piel del contrario, entreteniéndose con una de las rozadas tetillas. Su sonrisa se ensancho cuando los ruiditos que hacía Remus aumentaron y su pequeño momento de resistencia aparentemente desapareció una vez que se había desecho de la túnica, la camisa y la corbata que el otro león llevaba, siguiendo con sus besos y caricias, dejando marcas sobre el tembloroso cuerpo debajo suyo.

Al mismo tiempo el licántropo estaba dividido entre dos cosas mientras intentaba gemir lo más bajito que podía, ¡Y dioses! Que eso si costaba horrores. Jadeando, mordiéndose con algo de fuerza el labio inferior, el chico de suaves ojos verdes intentaba decidirse entre dejar al mago seguir con lo que tenía en mente, o detenerlo y dejar esas actividades tan placenteras para después, cuando la posibilidad de que alguien entrase y los agarrara in fraganti no fuera tan...fresca. El más bajo dejó escapar un gemido -que más que gemido había sonado como gruñido- al sentir como el dueño de las orbes grises lentamente abandonaba su cuello, mordisqueando sus clavículas, para luego entretenerse un rato más con sus tetillas, atendiendo una con sus labios y lengua, y la otra con los dedos de su mano derecha, para después seguir bajando por su abdomen repartiendo besos por aquí y por allá, haciendo dibujos imaginarios con su lengua, hasta que finalmente llegó a su vientre para volver a subir, haciendo aquel recorrido -que ambos se les antojaba perfecto- nuevamente, al tiempo que una traviesa mano se metía entre los pantalones de la Criatura Mágica.

—Demonios.—mascullo Padfoot algo irritado.

El primogénito de los Black dejó de lado lo que estaba haciendo, quitando sus manos de donde antes habían estado provocando que el joven hombre lobo soltara un claro gruñido de insatisfacción, dejando salir eventualmente un pequeño gritillo -no muy varonil que digamos- cuando, sin previo aviso, el castaño oscuro lo agarró de la cintura, levándolo de su silla y llevándolo a su propia cama -que convenientemente era una de las que estaba frente a la puerta del cuarto.

—Así está mejor.—susurró el animago con una sonrisa teniendo los ojos oscurecidos por el deseo.

Por su parte el joven Lupin observó a su novio fijamente, mientras este se arrodillaba en la cama, acomodándose entre sus piernas, y su sonrojo subió a un nuevo nivel cuando, sin querer, le dio un vistazo a cierta parte de la anatomía ajena. Respirando pesadamente, el castaño desvió la mirada, teniendo de vuelta un poco de su cordura con él.

—D...dejémoslo hasta aquí.—balbuceó el licántropo.—Nos pueden atrapar, no hemos puesto los hechizos para que nadie sospeche...—añadió al volver a mirar al mago.

—Vamos, Moony.—rogó el otro.

—Además, en cualquier momento pueden venir James, Peter o Lil...

Y no logró terminar gracias a que el más alto lo interrumpió, robándole un beso francés al cual honestamente no puso mucha resistencia.

—Relájate...—dijo entre jadeos, intentando recuperar el aire perdido.

Luego de eso y par de besos apasionados, ambos muchachos se encontraban de vuelta dentro de su burbuja, estando perdidos entre besos, gemidos, mordidas, jadeos, gruñidos, caricias, lamidas, y gritos.

—Sirius...—gimió bajito Lunático en cuanto el castaño oscuro volvió a aprestarle atención al bulto que se sentía apretado entre sus pantalones.

El susodicho sonrió, satisfecho, agarrando una de las manos de su amado, guiándola hacia sus propios pantalones lo cuales también sentía bastante...estrechos en esos momentos; se lamió los labios al notar aquel brillo oscurecido en los ojos verdes, para robarle un beso al más bajo, haciendo que se terminara de acostar sobre el colchón -ya que hasta el momento se había mantenido semi sentado-, comenzando a bajar lentamente lo que le quedaba de ropa al hombro lobo. Finalmente estaban llegando a la parte más placentera de toda aquella actividad, o era así hasta qué...

—¡Morgana!—escucharon decir a alguien a sus espaldas.

Y con un rápido movimiento Remus -total y completamente avergonzado- se subió los pantalones, mientras Sirius se abrochaba los suyos. Cuando ambos castaños se dignaron a mirar a la persona que los había agarrado in fraganti, se encontraron con su pelinegro amigo, completamente rojo y tapándose los ojos con una de sus manos.

¡Ay, Merlín santísimo! Esto a la larga les iba a salir caro...

—¡Merlín, mis ojos!—exclamó James.—¡Mis bellos ojos! Con esto quedaré traumatizado de por vida.—añadió mentalmente, dramatizando un poquito.

—Cornamenta...—comenzó un, mínimamente, apenado Canuto.

El mago de orbes castañas quitó su mano de encima de sus ojos, mirando atentamente el techo, posiblemente allí se encontraban escondidos los secretos del universo o mejor, tal vez allí dijera como convertirse en el preferido de Minerva McDonagall, su estricta profesora de Transformaciones.

—Sólo vine a contarles la broma que Colagusano y yo hicimos.—comenzó sin despegar su vista del techo.—No preguntaré qué estaban haciendo porque eso es obvio, si les preguntaré por qué no me dijeron antes y esperaré que me den una explicación cuando salgan de acá.—reclamó con el ceño levemente fruncido.

La Criatura Mágica sintió como la culpa le picaba en la consciencia.—James...—intentó avergonzado.

—Pero para la próxima.—irrumpió animadamente, con picardía.—Sirius, compañero, por lo menos corre las cortinas de la cama qué para algo están.—dijo al guiñarles un ojo a sus amigos.

Y antes de que sus amigo pudiesen reprocharles algo el joven mago salió de la habitación como alma que lleva el diablo no sin antes hacer un movimiento de varita y murmurar un par de hechizos para que cualquier ruido no se escuchara del otro lado de la puerta y que la puerta se cerrara de tal forma que no pudiera ser abierta desde afuera ni con simple Alohomora o algo más fuerte, y sólo pudiera ser abierta desde adentro.

Y de esa traumática forma James Potter se enteró de la relación que dos de sus mejores amigos mantenían.

—James, ¿Y Sirius y Remus?—cuestionó el castaño una vez que el Potter estuvo en la Sala Común.

El chico de las gafas sonrió de lado divertido y aún un poco ruborizado, fijó su vista en dirección a las escaleras para luego mirar a su amigo -al cual le llevaba unos cuantos centímetros- con cierta culpa.

—Canuto y Moony están ocupados y bajaran en un rato, Colagusano.—dijo al sentarse en uno de los cómodos sillones cerca de la chimenea.

—¿Con qué?—preguntó inocentemente el dueño de las orbes azules.

—Oh, ya lo sabrás, no te preocupes.—dijo al reír de la nada.


¡Y aquí es cuando lloro como...posesa! (?) ¡Ok no! Hahaha xD

Aquí esta el segundo OS de la noche (Como va Siremus para la pareja? XD) y esta vez SiriusxRemus ¡Oh, Marshall! Al fin...bien ahí arriba esta mi intento de Limme aceptable luego veremos si sucedió el milagro y esto si es Limme (?) -ni yo se que digo -

Bueno no hay mucho por decir espero les guste y que me perdonen si hubo algún error.

Ya saben comentarios, consejos, críticas y demás [Mientras sean de buena manera] Bienvenidos sean!

Por cierto, Hime-chan, amiga, ¿Alcance el objetivo? :3

¡Sayonara minna-san! ^^