Bueno, antes de nada, disculpad por la tardanza en actualizar, pero… la verdad es que he estado bastante liada con exámenes y no he sido libre hasta ahora. Espero que os guste este capítulo.
Capitulo 2: Reconstruyendo una vida
'…si domino la varita, dominaré a Potter.
Esa voz, esa voz aguda y cruel ha estado dictando las normas de mi vida desde mi adolescencia. Pero nunca más. Pretende matarme, por algo que ni siquiera ha entendido bien. Pero no se lo debo impedir. Debo proteger a mi ahijado, debo proteger a…
Potter… todavía no sabe toda la historia… debería saberlo… debo sobrevivir para contarselo, debo…
'Mata'
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!
El dolor es insoportable… siento como el veneno se abre paso por mi sangre. Es mucho más fuerte de lo que pensaba. Pero aún así ha sido una suerte que eligiese matarme con la serpiente en lugar de usar su propia varita. Al menos las pociones que he tomado podrán contrarrestar el veneno de Nagini. Lo peor es la herida. Debo encontrar una manera de cerrarla, y rápido, o me desangraré aquí…
'Lo lamento'
Eso no lo crees ni tú. Pero no importa. Siempre me has infravalorado, siempre has olvidado que soy un Maestro en Pociones, que estudié esa especialidad porque te encantan los venenos y querías un Maestro. Para cada veneno con el que me pudieses amenazar tenía un antídoto, y tu asquerosa serpiente no es una excepción. No debo morir todavía, Potter tiene que saberlo, tiene que saber la verdad. Noto como el antídoto lucha en mi interior contra el veneno. Tardaré bastante en recuperarme, no podré unirme a la batalla… si pudiese encontrar a Potter…
'Harry…'
Esa voz… Mi imaginación me juega malas pasadas… ella no puede estar aquí… no puede verme así. Pero por otra banda… si ella está aquí, Potter también… ha dicho su nombre. Él está aquí… Concéntrate Severus, debes mostrarselo todo…
Todo no. Ella es para mi. Mi pequeña aprendiz es mía. Solo mía. En mis recuerdos al menos. Será lo único que me quede. Quédate a tu madre, Potter, ella ya me ha atormentado bastante. No me quedaré a morir con vosotros, tengo mis propios sueños. Y desde luego no me quedaré a observar como de nuevo la mujer a la que amo elige al Gryffindor que la infravalora y desprecia. No de nuevo.
Pero lo demás te lo regalo. Con suerte ella te ayudará a entenderlo, porque tu eres tan ignorante como tu padre, si no hubiese sido por ella habrías muerto hace tiempo. Lo demás tómalo… tómalo…
'Tómalo… tómalo….'
Esto es más difícil de lo que pensaba… separar mis recuerdos sobre la lucha de mis recuerdos de ella es extremadamente difícil. Potter no debe verlo, debo protegerla…
Y ella es mía. Solo mía.
Mientras Potter recoge mis recuerdos, Hermione agita su varita imperceptiblemente. Sin querer desvío la mirada a ella. Está llorando. Noto como mi garganta se cierra. Chica lista. Sabe que no puede salvarme, pero que las memorias se estropean si se mezclan con la sangre. Lo que no sabe es que de hecho me ha salvado con ese simple hechizo. El único que yo no puedo hacer en este momento. De nuevo te debo algo, mi pequeña, mi Hermione. Pero nunca lo sabrás.
No puedo permitir que vea la desesperación en mis ojos… Potter… me está librando del peso de mis memorias. Adiós Lily Evans. Adiós.
'Mírame…'
Esos ojos verdes me han atormentado durante toda mi existencia. El cansancio me vence, cierro los ojos, y se que cuando los vuelva a abrir, esa sombra de mi pasado ya nunca enturbiará mi futuro.
Todo está silencioso. La espalda me duele terriblemente, el suelo está frío y húmedo. Debo levantarme… no… antes debo abrir los ojos…debo…
'¡¡Severuuuuuuuuussssssssssssss!!'
No, no, por favor, que no sea ella…
'¡Snape! ¡Tu también no! Por favor… tenemos que ayudar al Señor Oscuro… ¡Potter! Ese crío asqueroso está vivo… yo no puedo… la zorra de la Weasley me ha herido… pero tu… tu eres fuerte Severus…. Tu puedes vencerles a todos, por favor, Snape, ponte en pie, por favor…'
Con esfuerzo abro los ojos. Bellatrix tiene un aspecto horrible. Las lágrimas y la sangre se entremezclan en su rostro, y veo como sus ojos se iluminan al verme incorporarme.
'¿Qué ha pasado, Bella?'
'¡La batalla! Estamos perdiendo… muchos han muerto… Malfoy me dijo que te había visto venir hacia aquí antes de la batalla… pero ellos no quieren luchar, dicen que tienen miedo por su hijo… cobardes, traidores, el Lord Oscuro les hará pagar… levántate, Severus, debemos ayudarle, debemos…'
'Estás herida, Bella, no podrás luchar. Déjame tu varita, intentaré curarte.'
'Gracias, gracias Severus. Sé que lo harás, juntos recuperaremos al Señor Oscuro, sé que eres mi amigo, confío en ti…'
Bella siempre ha sido muy hermosa, y veo como su cara se ilumina con ese rayito de esperanza. Al menos morirá con una sonrisa y no con el gesto de locura que siempre la había acompañado. No la culpo. Pocas personas, pocos mortífagos han sufrido lo que ella. Lamento profundamente lo que tengo que hacer, y a mi memoria acuden miles de recuerdos de nuestra infancia en Slytherin. Ella era mas joven que yo, y me perseguía a todas partes, la joven e inocente Bella… ojala nunca hubieses conocido a Lestrange… ojala nunca hubieses conocido a Voldemort… ojala…
Con lágrimas en los ojos me inclino y le beso la frente. Ella me abraza fuerte, con el brazo izquierdo, pues el derecho lo tiene destrozado, tiene que estar sufriendo muchísimo. Me mira a los ojos, y por un segundo, comprende la realidad, la ve en mi mirada. Sabe lo que voy a hacer.
'Avada Kedavra'
Es casi un susurro, pero en su frágil estado es más que suficiente. Bellatrix Black se desploma sobre mí. Y en el último segundo intuyo en su rostro una sonrisa de agradecimiento, como si por un instante de cordura su alma comprendiese mi sacrificio, lo que estoy dispuesto a hacer por ella. Por la única persona que me amó cuando aún era un niño. Ojala yo también la hubiese amado.
No puedo evitar rozar sus labios con el dedo. Siempre ha sido muy hermosa. Incluso muerta muestra esa belleza. Parece que duerme. Me concentro en el hechizo que me servirá de coartada. Lamento que tu cuerpo estará enterrado bajo otro nombre, mi pequeña Bella, pero con un poco de suerte estarás enterrada entre los héroes, y no entre los animales que te convirtieron en lo que eres. Ojala algún día, cuando nos encontremos de nuevo, pueda mirarte a los ojos y mostrarte lo importante que fue tu cariño para mi. Ojala ese día pueda devolverte todo lo que me has dado.
Oigo pasos. Alguien se acerca. Debo esconderme. No. Debo huir. Si me encuentran aquí se acabó todo. Sea quien sea atacará primero y preguntará después. En mi estado cualquier hechizo podría matarme. Debo desaparecer. Adiós Bella. Adiós Hermione. Adiós, Hogwarts.
Hermione Granger estaba, como siempre, en el cementerio de Hogwarts. Solamente sentada al pie de la lápida que rezaba 'Severus Snape' encontraba la paz necesaria para concentrarse en sus estudios.
Varios frascos con una pequeña llama azul la rodeaban, iluminando su trabajo mejor que la escasa luz del atardecer.
'Esta runa significa libertad… pero combinada con la runa de la lucha, significa sumisión… eso quiere decir que la lucha por la libertad a veces nos lleva a la sumisión de nuestras ideas…'
Pensativamente se rozaba la barbilla con la punta de su pluma. Los exámenes finales estaban muy cerca, y a su alrededor había un estallido de flores de colores, no solo por la deslumbrante explosión de la primavera, sino porque un par de días atrás había sido el primer aniversario de la última batalla, la batalla de Hogwarts. Todas las tumbas estaban engalanadas con miles de flores de diferentes colores, y las diferentes fragancias jugaban con los sentidos de la estudiante. La tumba en la que ella se apoyaba, en cambio, no lucía ninguna exageración de luz o color.
Un sencillo ramo de azahares, como el que ella misma había colocado día tras día, era el único adorno de la tumba del maestro que siempre había preferido el sabor del limón al sabor de la menta. El maestro por el que las pociones curativas de la enfermería sabían a limón en lugar de la menta habitual de las pociones farmacéuticas.
Era un detalle sobre él que poca gente sabía. Claro que poca gente sabía que esas pociones las había hecho siempre él. Y prácticamente nadie sabía que los caramelos que Dumbledore ofrecía, los hacía el propio Severus, Navidad tras Navidad, cumpleaños tras cumpleaños.
La propia Hermione le había ayudado a envolverlos, uno a uno, en el último cumpleaños del anciano, y él había felicitado efusivamente a la joven por su esmerado trabajo.
Pero ninguno de esos pensamientos estaba ahora en la mente de Hermione. Mientras estudiaba, no permitía que nada de eso asaltase su bien amurallada mente. Solo runas y sus cambiantes significados ocupaban en esos momentos la mente de la joven, y así sería durante algunos minutos más. Hasta que el cansancio la venciese y la obligase a irse a la cama, para otra noche de insomnio y desesperación.
Sin embargo, esa noche en concreto no sería como las demás. Alguien la observaba.
Sentado sobre la tumba de su hermano Fred, Ronald Weasley jugaba con los pétalos de una de las rosas que su madre había depositado sobre el mármol dos días atrás. Su mirada estaba fija sobre las letras que indicaban el nombre de su hermano, su fecha de nacimiento y muerte. Su título de héroe.
Con paso firme el muchacho pelirrojo se puso en pie y caminó hacia la chica sentada en el suelo.
'Hermione'
Sobresaltada, la jovencita alzó la vista y compuso una sonrisa que no alcanzaba a sus ojos. Ron se dejó caer pesadamente a su lado, y cerrando los ojos apoyó la cabeza sobre el mármol de la tumba. Hermione de nuevo dirigió su mirada hacia sus apuntes.
'¿Hay algo que te preocupe, Ron?'
Ron abrió los ojos y apoyó la cabeza sobre una mano, jugando con la incipiente perilla que siempre estaba ahí, por más que él luchase contra ella. Tal vez, simplemente debería dejarla crecer.
'Hum…'
Hermione alzó la vista.
'¿Porqué no estás con Luna? Antes vi que Ginny y Harry se dirigían al lago, pensé que los cuatro hacíais juntos esos paseos'
'Ya no.' Fue la simple respuesta del muchacho. Hermione cerró sus libros y concentró su atención en su amigo. Hoy no podría estudiar más, estaba claro.
'¿Por qué no?'
'La he dejado'
'¿Otra vez?' Hermione suspiró y puso una mano sobre su hombro. 'Ron sabes que ella te qui…'
'¡SI! ¡Ella me quiere!' gritó el chico, poniéndose en pie 'pero yo te quiero a ti…' susurró.
Hermione frunció el ceño y de nuevo abrió sus libros, negándose a mirar a su amigo o a contestar a su afirmación. Ron se dejó caer de rodillas a su lado y puso sus manos sobre las de Hermione, bloqueando su visión sobre las runas.
'Hermione… no puedes seguir así… a penas te vemos. Estás siempre encerrada en tu cuarto, incluso haces que te lleven la comida allí. Solo sales para ir a clase, o para sentarte aquí, estudiando al lado de la tumba de Snape. Siempre estás aquí… Hermione… no soy el único que se preocupa. Harry y Ginny no se atreven a decirte nada, pero ellos…'
'Quizá tú tampoco deberías decirme nada, Ron.' Siseó Hermione con malicia.
Los ojos de Ron se llenaron de lágrimas, y Hermione se arrepintió al momento de lo que había dicho.
'Lo siento… lo siento Ron, pero… yo ya te he explicado que no puedo quererte… yo.'
'Si, si… ya lo sé… estás enamorada de Snape.' Gimió el chico, poniéndose en pie. Al oír el nombre las lágrimas empezaron a caer involuntariamente de los ojos de Hermione. 'Pero él está muerto, Hermione, y tu estás aquí, viva, con nosotros. Estaría dispuesto a dar la vida por ti si hiciese falta, y lo sabes. ¿Porqué me desprecias? ¿Porqué me rechazas?'
'Porque yo no te quiero, Ron. No me malinterpretes, eres mi hermano, del mismo modo que lo es Harry, yo también daría la vida por ti, pero no me pidas que te quiera de ningún otro modo. No puedo. Mi corazón es de Severus, y aunque esté muerto… es demasiado pronto… no me presiones, por favor… quizá algún día lo supere… quizá algún día pueda verte de otro modo. Pero no me esperes… por favor, acepta el amor de Luna, porque ella puede quererte como yo no puedo. Por favor, entiéndelo.'
'No puedo, Hermione… no puedo entenderlo.'
Sin una sola palabra más el chico se dio la vuelta y se dirigió al castillo, Hermione sabía que iría a la sala común de Ravenclaw, donde una rubia estaría llorando amargamente hasta que su pelirrojo fuese a reconciliarse con ella. Siempre era así, siempre igual desde el verano pasado. Hermione se preguntaba porque Ron se empeñaba en torturarse tanto a sí mismo y a los demás, si cuando estaba con Luna se le veía tan extremadamente feliz. Porque simplemente no dirigía ese amor que el proclamaba por ella hacia la rubia. ¿Acaso no era consciente de que estaba destruyendo su amistad? Cada vez que peleaban, cada vez que le recordaba a Severus, el corazón de Hermione se rompía un poquito más.
Con un llanto desesperado se desplomó sobre la tumba de mármol, aplastando con su peso los azahares que tan cuidadosamente había colocado esa mañana.
'¡¿Porqué Severus?! ¡¿Porqué tuviste que dejarme!? Yo quería aprender contigo… yo quería vivir contigo… ahora solo quiero morir… quisiera morir…'
Unos brazos fuertes la cogieron en brazos y ella se encogió instintivamente.
'Harry… Harry… le echo tanto de menos…'
Harry acunó a su amiga en su regazo durante un rato, hasta que ella se tranquilizó y se quedó dormida. Con paso firme comenzó a caminar hacia el castillo, con la chica en brazos, mientras Ginny recogía los libros que habían quedado atrás.
'Bueno, Severus… eso puede hacerse, pero la verdad es que es muy poco habitual. ¿Podría preguntarte a qué se debe?'
Severus Snape sonrió. Le caía bien el rector de la universidad de Oxford, por eso le daría una explicación. Por eso y porque su varita estaba en su casa, olvidada en el fondo de un baúl, y por lo tanto no podría hacerle un Imperio y un Obliviatte. Pero desde luego no le contaría la verdad.
'Bueno, John… la verdad es que estos años he estado trabajando en una empresa química muy importante, pero que lleva a cabo un trabajo muy arriesgado. Precisamente por eso las patentes y las firmas de contratos son muy vinculantes. Legalmente soy libre de unirme a cualquier otra institución si así lo deseo, pero la… compañía para la que trabajé no apreciaría que sus secretos fuesen divulgados ni investigados por otra empresa, por eso no se lo pensarían dos veces a la hora de… tomar medidas…'
John Jackson miró fijamente a su viejo compañero de estudios. No le sorprendía en absoluto lo que le estaba diciendo. Snape era brillante, era un genio. Podía conseguir casi cualquier cosa como por arte de magia. Asi que no era tan raro que cualquier compañía estuviese dispuesto a matarle antes de permitir que otra sociedad explotase su genialidad. Si su única condición era que su contrato estuviese firmado bajo su viejo pseudónimo y que su nombre real fuese ocultado, Oxford no se podía permitir dejarle escapar por esos tecnicismos.
'De acuerdo, Severus. Yo seré el único que sepa quien eres en realidad. Serás presentado ante la comunidad científica como Stephen Stepford. Tienes suerte de haber publicado todos esos libros y de haberte formado ya un renombre. Sino no podría proporcionarte el puesto que he pensado para ti…'
'¿En que estabas pensando, John? No me encerrarás en un aula ocho horas al día con un montón de críos ignorantes, ¿no?' gruñó Severus, frunciendo el ceño.
'¡Desde luego que no! Habría que ser muy estúpido para derrochar así tu talento…' se rió John. 'No, no… serás el jefe de investigación de uno de los mayores campos de investigación que está llevando a cabo la universidad de Oxford… de hecho estoy seguro de que te entusiasmará la idea, porque roza tu vieja pasión, Severus… la alquimia…'
Severus sonrió, los muggles tenían una cierta tendencia a llamar alquimia a cualquier cosa, pero la universidad de Oxford no se tomaba esos temas tan a la ligera. Estaba deseoso de descrubrir qué era lo que le harían investigar. ¿Quizá habian descubierto por fin esa enzima que bloqueaba el envejecimiento de las células? Los magos hacía tiempo que la utilizaban con buenos resultados, pero los muggles solían ir retrasados en ese sentido. Por eso era tan fácil para los magos crearse una cierta fama entre los muggles.
'…pero también tendrás que dedicar unas horas a la docencia…'
'¿¡QUÉ!? ¡Me niego! John, no quiero dar clases a un montón de cabezas huecas…' gritó Severus, poniéndose en pie.
'Tranquilo Severus… solo serán cinco horas a la semana, y sólo con los diez alumnos más aventajados del quinto curso… desde luego ni siquiera tú podrás llamar cabezas huecas a esos chicos. Sabes lo difícil que es alcanzar esa posición…'
Severus se sentó de nuevo. Eso cambiaba las cosas. Podría utilizar a esos chicos como asistentes. Y desde luego, no serían cabezas huecas si habían llegado hasta lo más alto de una de las carreras más duras que se impartían en la universidad de Oxford. Merecían ese aprendizaje.
'Entonces ya solo queda una cosa por aclarar, John, amigo mío…'sonrió Severus.
'¿Tu sueldo?' inquirió el jovencísimo rector.
'No, sabes que eso me da igual…' John compuso un gesto que dejaba bien claro lo que estaba pensando "prepotente" 'debemos dejar bien claro que debes acostumbrarte a llamarme Stephen…'
John se echó a reir aliviado.
'¡Eso será facilísimo… Steve! ¡Con tu nuevo aspecto lo difícil es llamarte Severus!'
Ahí estaba. De nuevo el joven del 3º izquierda. Marie, la portera del edificio lo siguió con sus ojillos azules y mirada esperanzada. Steve Stepford era el soltero de oro del edificio. De toda la calle, si le preguntaban a Marie.
'¡Buenas tardes, Stevie!' Saludó cordialmente Marie. Stephen se detuvo en seco y se giró, con una sonrisa plantada en el rostro.
'Oh, Marie, disculpe, no la había visto. Buenas tardes'
'No seas tan formal, Stevie, apenas si tendré cinco años más que tu, ¡puedes tutearme!'
'No creo que seas mayor que yo, Marie, tienes todo el aspecto de una jovencita de 25 años.' Marie se echó a reir con toda su corpulencia. La mujer tenía 43 años, y por lo tanto sí era mayor que Stephen, además tenía dos hijos tan rechonchos como ella, pero detrás de toda su corpulencia Stephen intuía una belleza adolescente que se había apagado con los años y el trabajo. Stephen se echó a reir con la mujer.
'Pero qué mentiroso eres, Stevie… aunque adoro tus mentiras.' Añadió con un guiño.
'¿Y como están tus hijos, Marie?'
'¡Los angelitos! Están pasando una semana con su padre. Ese desgraciado… Pero en fin… mejor, asi tengo toda la casa para mí solita. ¿Te gustaría venir a cenar esta noche?'
'¡Oh! Muchas gracias por la invitación, Marie, seguro que cocinas muy bien, pero la verdad es que he quedado para celebrar mi nuevo empleo…'
'¡Lo había olvidado! Hoy tenías una entrevista… entonces… ¿ya eres catedrático de Oxford?'
Stephen se echó a reir.
'No exactamente catedrático, pero sí, el trabajo es mío.'
'¡Pues felicidades! Seguro que lo celebrarás con alguna chica encantadora…' La mirada de Marie se entristeció un poco, tratando de sacar algo más de información. Stephen pensó unos segundos, y cuando habló lo hizo apoyando una mano sobre el robusto hombro de la mujer.
'Pues… que no salga de aquí, Marie, pero así es. He quedado con una vieja colega de la Universidad… y espero que pase algo más. Ahora que tengo un buen trabajo me gustaría recuperar el tiempo perdido con alguna buena mujer.'
Emociones enfrentadas se manifestaron en el rostro de Marie, por un lado había tachado a su querido Steve de la lista de solteros disponibles, pero por otro tenía un cotilleo estupendo para compartir con la vieja viuda del primero derecha y las amas de casa del segundo piso.
Sabiendo eso, Stephen sonrió y se despidió de la mujer con un guiño de ojo. Y subió las escaleras. Marie, se quedó mirando para el trasero del joven vecino, que se marcaba con los vaqueros, y lanzó un suspiro.
'Siempre por las escaleras… no me extraña que esté tan fibroso… tan musculado… una pena lo de esa cicatriz de su cuello…algún día le preguntaré por ella.' Murmuró para si misma.
Stephen cerró la puerta de su apartamento tras de sí. Desde luego lo que le había dicho a Marie era mentira. Solo había quedado con John, pero no quería crearle falsas esperanzas a la mujer, asique era mejor que pensase que tenía una novia.
Se apoyó contra la puerta e instintivamente se llevó la mano al cuello. Tenía un espejo enfrente a su puerta. Probablemente para no olvidarse de quien era. Apenas llevaba una semana en el edificio, pero el papel de vecino atento y amable que había escogido, a veces le resultaba tan agradable que se olvidaba de que él no es Stephen Stepford, sino Severus Snape.
Si algunos de sus viejos colegas puediesen verle en esos momentos podrían caerse de la impresión.
Todavía con la mano en el cuello observó su reflejo en el espejo, donde solamente él podía intuir al viejo Severus en su ceño fruncido y su rictus serio. Llevaba el cabello más corto de lo que le gustaba, y solo algunos mechones caían sobre su frente, sin llegar a taparle los ojos. Llevaba unas gafas que no necesitaba, que ocultaban una buena parte de sus rasgos, y la cirugía dental a la que se había sometido no solo había dejado su dentadura perfecta y blanca, sino que la nueva posición de su mandíbula había torneado sus labios dándoles más volumen. Severus no estaba demasiado orgulloso de su aspecto, pero el resto del planeta parecía estar más que satisfecho.
El lóbulo derecho de su oreja estaba adornado por un pequeño aro, un pequeño recuerdo de alguien a quien amaba con locura. Alguien que se lo había dejado olvidado tiempo atrás en su laboratorio.
Steve cerró los ojos con fuerza. Para su cirugía había escogido la clínica Granger, y los meses de tratamiento habían sido una tortura. Su padre no se le parecía demasiado, pero la madre era Hermione en cada uno de sus movimientos. Era ella la que no paraba de hablar de su preciosa, inteligente hija, la que le explicó que la jovencita estaba terminando sus estudios en una prestigiosa escuela privada.
Escuchandola hablar, Steve comprendió porqué Granger había enviado a sus padres a Autralia. Eran demasiado muggles, demasiado peligrosos. Pero trabajaban muy bien. Y cuando su trabajo hubo terminado, Steve parecía otra persona.
El aro de su oreja era de Hermione. Le había dicho mil veces que no podía llevar joyas al laboratorio. Pero ella siempre se olvidaba de quitarse los pendientes que su abuela le había regalado y se los quitaba a toda prisa cuando estaba en el laboratorio.
Un día ella se los dejó atrás al marchar, y él nunca admitió que estaban en su posesión.
Con un suspiro, Steve retiró la mano de su cuello para examinar la horrible cicatriz que lo recorría. Podría quitársela como se había quitado la marca oscura, con magia o con cirugía muggle, pero no quería hacerlo. Era su ultimo vínculo a ese pasado que le había entregado a Potter. Solo le quedaban su cicatriz y los recuerdos de Hermione.
Hermione…
Estaban en verano, ella ya habría terminado su último año en Hogwarts. ¿Qué habría decidido estudiar?
Continuará.
Soy consciente de que muchos de vosotros estareis decepcionados con el cambio de look de Sevi, pero considero que era necesario, y eso, además contesta algunas preguntas sobre como Hermione no le reconoció, ¿no?
Ahora sobre los reviews. Sabeis que son el unico pago que los autores de fanfiction recibimos por nuestro trabajo, muchos de los que leeis esto tambien sois autores, y por lo tanto sabeis a qué me refiero. No es por el reconocimiento que acompaña a los reviews, sino que ese contacto con los lectores es el mejor modo que tiene un autor de madurar, de explorar sus capacidades. Por eso os agradezco a todos, muy siceramente vuestras opiniones, y espero ansiosa a oir lo que opinais sobre esto. A continuación contestaré algunas de las dudas que me planteabais.
Alguien decía que le daba pena que muriese Lavander… bueno, en realidad ella muere en el libro… quiero decir, en Deathly Hallows, asique no es realmente mi culpa. Creo que además universalmente se acepta que Molly mató a Bellatrix en la batalla, pero eso evidentemente chafa mi historia, asique, aprovechandome de que no se dice 'Y Bellatrix cayó muerta' (aunque se dice algo muy, muy parecido, ellos tienen razón y yo me equivoco) yo la he dejado viva… al menos durante un rato. Ella también tiene una historia que contar aquí. Como casi todos los personajes.
Alguien se me lamentaba de que Sevi hubiese muerto. Bien, como ves, para mi no está muerto. Un maestro de pociones no puede morir de un modo tan estúpido, lo tengo claro. Espero que te haya gustado mi manera de 'resucitarlo' La verdad es que no creo que a Rowling le queden ni la mitad de sus fans, después de Deathly Hallows
Otra persona me decía, muy acertadamente que Harry explica la historia de Severus durante la última batalla… he releído esa parte y tiene razón. Había tenido la sensación de que era una coversación privada entre Voldemort y Harry, pero realmente el chaval la grita a los cuatro vientos, asique McGonagall ya debería saber la historia. Glups! Error de mi parte, sorry.
Bueno, creo que eso es todo. Si tenéis alguna otra duda, planteadmela, estaré encantada de rectificar mi error (porque seguro que es mi error xD)
Bicos!
