La casa era antigua con un estilo muy diferente al que habían tenido sus antiguas moradas; no había grandes paneles de cristal, ni tecnología de punta a la vista, obviamente se encargó personalmente de la seguridad (la cual si era de última generación) pero en lo superficial su nuevo hogar era como cualquiera. En el pasado Tony podría haberlo considerado aburrido y plano, con los tonos claros de las paredes de piedra y los muebles sencillos pero lo rodeaba un sentimiento cálido de amor cada vez que pasaba la puerta, Marlene intentaba agregar siempre un toque de él en el asunto, una mesa de acero pintado en rojo brillante, las mascaras de bronce pulido como el oro, la nueva cafetera de última generación y el cuadro de un antiguo Iron Man mirándolo en uno de los pasillos y él se encargaba de poner los toques de ella; conchas de mar, un pecera larga de agua clara, plantas de vivos colores que subían desde el jardín hasta su ventana y todos los vestidos blancos que pudiera crear el hombre. Después de tres meses agotadores de mudanzas secretas, mensajes de sus antiguos compañeros de equipo; algunos alentándolo otros rogándole que se quedara y un pacifico Peter que quería saber cuál era el mejor restaurante para cenar en Nueva York AKA "voy a tener un cita y estoy teniendo un ataque de pánico" y no solo eso, después de años de angustia reprimida, ansiedad, depresión y estrés, llegar a su casa sabiendo que no habría nada que pudiera perturbar la paz que impregnaba su nueva vida era el regalo más grande.

Marlene también estaba tranquila, tenía un lindo trabajo en una pastelería de la ciudad mientras él se encargaba de reparar lo que sus vecinos necesitaran, no lo necesitaban; el dinero que obtenían pero levantaba menos sospechas y cuando el taller de Anton (por que usar su nombre verdadero sería riesgoso incluso en un pueblo pequeño como este) abrió sus puertas cerca de la plaza principal las personas de Grosseto estaban acostumbradas a ellos.

Eso no quería decir que la vida fuera fácil, aún tenía pesadillas, algunos tics del pasado que lo perseguían y las constantes llamadas del nuevo S.H.I.E.L.D para asegurarse que todo estuviera tranquila, ellos piensan que Tony no se da cuenta de sus agentes pero cualquiera en la ciudad distingue a un forastero y ni siquiera los turistas se detienen en un taller para reparar licuadoras tantas veces, y esta le peligro claro. No porque el mundo se hubiera enterado de su retiro significa que todos lo aceptaron de buenas a primeras, seguía teniendo enemigos y tenía que estar en constante apuro; rastreándolos, interceptándolos y enviando su información a las dos agencias que se encargaban de cubrir sus espaldas pero los casos eran aislados y sus días deliciosamente lentos. Despertaba cada mañana con el cuerpo de Marlene a su lado, con sus caricias, sus besos y una exquisita taza de café, algunas veces se dedicaba a viejos proyectos por el simple placer de poder hacer y en la noche ambos disfrutaban de un maravilloso momento a solas. A veces cuando lo piensa y todos los años se le vienen encima se siente un poco culpable, el sentimiento no dura mucho (Gracias a Odín) y Tony no sabe si eso se debe a su carácter relajado o al hecho de que el sexo sea tan malditamente bueno.

Lo más importante es que el tiempo pasa, las visitas de los falsos turistas, las llamadas y las amenazas se vuelven menos hasta que pueden pasar días sin que nada se interponga en su camino.

Es en una de esas semanas cuando Marlene cae enferma por primera vez.