Habían pasado cuatro meses desde la última vez que había visto a su hermano. Luego de marcharse se había dedicado a recorrer el mundo, sin quedarse mucho tiempo en un mismo lugar y utilizando un nombre nuevo por cada pueblo o ciudad que visitaba por miedo a ser encontrado. Se había cuidado de no seguir patrones de movimiento y jamás tenía un destino específico en mente, así no sería fácil rastrearlo o predecir su siguiente movimiento, al menos hasta ese momento.

Llevaba caminando horas sin detenerse y se encontraba fatigado, le costaba enfocar la vista y el corazón le palpitaba a gran velocidad pero debía llegar a algún lugar seguro y el más cercano era Fortuna. No se había sentido bien desde hace un tiempo, cerca de 2 semanas, sentía el cuerpo débil y cansado, experimentaba extrañas náuseas, sus sentidos se agudizaban o debilitaban en intervalos impredecibles, el aroma de ciertas comidas le parecía más delicioso o desagradable que de costumbre y lo más extraño es que su poder se había vuelto inestable. En otras palabras estaba indefenso si alguno de los esbirros de Mundus le encontraba.

Ya estaba cerca, Fortuna era uno de los lugares con las mejores protecciones contra demonios y además uno de los pocos lugares que aún recordaban e incluso adoraban a su padre por lo que no debería tener problemas para entrar. Podía ver a lo lejos las puertas de su destino. No faltaba mucho, solo unos metros más y podría descansar tranquilo, pero su cuerpo estaba en su límite y antes que pudiera dar otro paso su vista se oscureció y cayó al suelo inconsciente.

Abrió lentamente sus ojos, dándoles tiempo para que pudieran acostumbrarse a la luz. Sentía la resequedad de su garganta, que ya se había hecho costumbre, y el dolor en sus músculos por el cansancio. No sabía cuánto tiempo había estado inconsciente, solo esperaba no haber sido encontrado. Una vez pudo enfocar claramente y sin riesgo de sufrir mareos se sentó lentamente y notó que estaba acostado en una cama pequeña en una habitación que parecía ser la de un niño pequeño debido a los juguetes esparcidos en una esquina de la habitación y los libros para colorear en la mesita de noche.

-¡ah! Ya despertaste...- escucho decir y al observar la puerta vio a una mujer entrar al cuarto. Ella tenía el cabello marrón oscuro y ojos castaños, llevaba un bolso café cruzado al hombro y un vestido blanco que la hacía parecer delicada y frágil aún si su postura hablaba de confianza y autoridad, su vientre estaba abultado por lo que sospechaba que la mujer estaba en cinta, su voz era dulce y calmada y en su rostro se mostraba una expresión de amabilidad - me preocupaba que estuvieras inconsciente más tiempo, estás muy deshidratado- dijo mientras sacaba de su bolso una botella grande de agua y se la entregaba para luego sacar varias frutas y dejarlas en la mesita de noche. Vergil tomo la botella y casi con desesperación se bebió la mitad del contenido antes de preguntar

-¿Porque me trajiste aquí?- había cierta

Reticencia en su voz pero la mujer pareció no notarlo, o decidió dejarlo pasar.

-bueno, no podía dejarte tirado en las afueras de fortuna sabiendo que necesitabas ayuda. Así no funcionan las cosas por aquí, aún si tienes sangre demoniaca- la expresión en rostro en ese momento era una mezcla entre sorpresa y preocupación. ¿Qué sucedería ahora que ellos sabían que era un mestizo? El albino había esperado mezclarse con los humanos y no llamar la atención. Al ver su rostro la mujer esbozo una sonrisa cálida, como las que su madre solía dirigirle cuando le encontraba llorando por romper algo por accidente mientras jugaba - no te preocupes, aquí viven muchos otros como tú. Pero si te sirve de algo, soy la única que lo sabe por el momento-

-gracias - respondió más calmado y para luego beberse el resto del agua, esta vez más calmadamente - le prometo que no seré una molestia por mucho, me iré en cuanto pueda - lo último que necesitaba era arriesgarse a ser encontrado y poner en peligro a quienes le ayudarán.

-¿estás loco? Entiendo que debes sanar más rápido de lo normal pero aun así...- la mujer se acercó a la cama y le ayudo a recostarse nuevamente, la preocupación en su rostro era genuina y eso le traía recuerdos de cuando era un niño y su madre se preocupaba de cuidarlos a él y a su hermano - estuviste inconsciente dos días. Además de la deshidratación y la desnutrición tuviste una fiebre muy alta, vómitos y te quejabas de dolor si te tocaban- era increíble como una completa extraña se encontraba al borde de las lágrimas mientras recordaba la condición en que se encontraba- no sé qué te impulsa a huir pero, demonio o no, eres demasiado joven para enfrentar todo tu solo ¿Qué edad tienes? ¿15? ¿16?-

-tengo 18- dijo con ligera molestia, le molestaba que le creyeran más joven de lo que era pues, para él, cada año en su vida estaba lleno de experiencias importantes.

-Demasiado joven. Quédate, recupérate y luego puedes decidir qué hacer- dijo sería mientras tomaba la botella vacía y la guardaba en el bolso - ahora descansa. Llamaré a un médico de confianza para que venga a revisarte- y con eso abandonó la habitación cerrando la puerta tras de sí. Apenas se cerró la puerta Vergil comenzó a devorar las frutas que le había llevado la mujer, pues su último bocado había sido unos dos días antes. Una vez terminadas las frutas y con nada más que hacer Vergil decidió obedecer a la mujer y dormir un poco más. Su cuerpo aún sentía el esfuerzo que significó llegar a fortuna, de otro modo habría protestado la idea de llamar a alguien más por ayuda. En los momentos antes de caer en los dominios de Morfeo el albino noto que habían olvidado las presentaciones.

La siguiente vez que despertó notó de inmediato que había alguien más en la habitación. Un niño de no más de 4 años de edad, cabello y ojos castaños, una playera simple de color blanco y shorts negros se encontraba sentado en el piso, en el rincón donde anteriormente habían estado desperdigados los juguetes, coloreando en completo silencio. Supuso que el niño debía ser el dueño de la habitación y por consiguiente familia de la mujer de antes por lo que decidió ser, al menos, cordial. Él híbrido se sentó en la cama con un poco de esfuerzo, aunque no tanto como antes, y dirigió su mirada al pequeño que para entonces ya se había dado cuenta que su huésped se encontraba despierto - ¿Cómo te llamas?- decidió comenzar por el nombre del chico y luego preguntar por el paradero de la mujer.

-soy Credo - respondió simple. Se notaba que el niño no era de hablar mucho

-Vergil, ¿Dónde está la mujer?- siempre había sido directo y esta vez no sería la excepción. Credo pareció no entender la pregunta al principio pero luego sus ojos se iluminaron y respondió

-mi mami está con la doctora mientras yo lo cuido - dijo y al oír el suave "ya veo" del hombre en la cama se sintió orgulloso de sí mismo por responder satisfactoriamente la pregunta - tengo que decirle que despertó- dijo como si acabara de recordar que tenía que hacerlo, y tomando en cuenta lo pequeño que era lo más probable es que si lo hubiera olvidado.

-entonces ve - dijo amablemente y al ver que el pequeño castaño dudaba añadió - seguiré aquí cuando vuelvas- algo más convencido Credo salió en busca de su madre. Una vez solo Vergil comenzó a cuestionarse lo que haría ahora que había llegado a su destino. La idea original era la de usar su parentesco con Sparda para entrar en la ciudad pero viendo que ya no era necesario lo mejor era mantenerlo en secreto, por su bien y el de todos. Una vez estuviera mejor y pudiera irse de allí, probablemente saldría del país y buscaría refugio en zonas poco habitadas pero por ahora debía preocuparse de sanar completamente de lo que fuera que tuviera y para eso tendría que quedarse en la ciudad. No es que fuese un problema para él pero mientras más estuviera en ese lugar más cerca estaría Mundus de encontrarlo y más peligro corría la gente de fortuna.

Escuchó la puerta del cuarto abrirse sacándolo de sus pensamientos y vio entrar a la mujer castaña y a otra mujer que cargaba un bolso de mano negro que aparentaba al menos 35 años, de cabello corto y negro, ojos verdes y ropa similar a la de la castaña que asumía debía ser la doctora. Detrás de ambas féminas se asomaba unos pequeños ojos cafés llenos de curiosidad.

-qué bueno que despertaste. Y justo a tiempo, ella es Ermine y va a atenderte mientras estés aquí - la doctora se acercó a la cama y se sentó en un borde de esta mientras decía

-mucho gusto, Beatriz ya me ha comentado tu situación y quiero que sepas que tu secreto está a salvo- Ermine era una mujer de contextura atlética y personalidad seria, pero que tenía un aura que hacía que la gente a su alrededor se relajara en su presencia - dicho esto. Por desgracia Bea olvido decirme tu nombre y sospecho que no te lo ha preguntado- terminó con una mirada en dirección a la mencionada, quien solo se sonrojo y rio nerviosa - así que ¿Cómo te llamas?-

-mi nombre es Vergil- dijo y en ese momento sintió su estómago revolverse, aún si no había comido nada en días, y supo que sucedería. Afortunadamente la doctora también lo notó.

-Bea dame el cubo de basura ¡Rápido!- y en un abrir y cerrar de ojos el albino se encontraba vomitando lo que fuera que aún quedará dentro de su estómago en el basurero. Una vez terminado su suplicio volvió a recostarse en la cama.

-¿hace cuánto que tienes estás náuseas repentinas? - directo al grano, si algo había aprendido con los años de servicio es que no hay tiempo que perder con conversaciones inútiles.

-dos semanas aproximadamente- fue la corta y precisa respuesta que recibió

-¿tienes algún otro síntoma?-

-si, en ocasiones mis sentidos se agudizaban o debilitaban de forma impredecible, el aroma de la comida me causa reacciones mucho más fuertes que antes, sufro mareos y mi poder se ha vuelto inestable- la peli-negra escribía todo en un pequeño diario de cuero negro que había sacado de su bolso. Ya tenía una idea de que podía ser lo que aquejaba a este niño, porque a sus ojos Vergil no era más que un niño, pero no podía estar segura todavía.

-¿experimentas cansancio más rápido de lo habitual?-

-si-

-¿sufres antojos de comidas extrañas a veces a deshoras?-

-...si?- para entonces Beatriz también había hecho la conexión y no pudo más que cubrir su boca con una mano mientras empuñaba la otra en su pecho encima de su corazón ¿cómo era posible?, además… Era tan joven, definitivamente necesitaría a alguien para ayudarlo y con esto en mente tomo a su hijo de la mano para luego dirigirse a preparar un cuarto más permanente para su nuevo inquilino. Vergil por su parte, se sentía confundido e incómodo con las preguntas que le hacia la doctora.

-última pregunta. ¿Cuándo fue tu última relación sexual con un hombre?- Ante esto el de ojos azules no pudo evitar el sonrojo que apareció en sus mejillas al contestar

-cu... Cuatro meses aproximadamente- el rostro de la doctora cambio de uno neutral a uno completamente serio y el albino comenzó a preocuparse - ¿Qué es lo que tengo?-

-es mejor que lo veas por ti mismo. ¿Puedes levantarte solo?- Su respuesta fue un resoplido y, aunque con un poco de esfuerzo, un paciente en pie. Ermine tomo el brazo del joven híbrido para evitar cualquier accidente, su condición era delicada después de todo, y lo llevo por un pasillo suficientemente ancho para que dos personas caminarán una al lado de otra hasta una pequeña sala con un sofá para dos personas, dos sofás individuales, una mesa de centro y una estantería llena de libros. Encima de la mesa había una máquina parecida a un computador portátil con un objeto en forma de "T" plástico unido a la máquina por un cable colgado a un lado.

-recuéstate en el sofá y descubre tu vientre por favor- pidió la doctora y espero a que sus órdenes fueran cumplidas- esto se sentirá frio- advirtió antes de aplicar un extraño gel en su estómago y esparcirlo. Se sentía extraño y, como había advertido la mujer, muy frío pero con el paso del tiempo se acostumbró. Sintió que la mujer pasaba por su vientre el objeto conectado a la computadora y vio que la máquina proyectaba una imagen extraña de la que Ermine no despegaba la mirada - supongo que debería explicar que estoy haciendo. Esta máquina es un ecógrafo portátil, en palabras muy simples me permite recibir una imagen del interior de tu cuerpo para buscar... ¡Aquí está! Hum, todo parece en orden- en la pantalla se veía un pequeño bulto conformado por una parte redondeada y otra parte que parecía terminar en una cola, la primera más ancha que la segunda.

-¿qué es eso? - era extraño, había algo dentro de su cuerpo que por lo que él sabía podía ser incluso un tumor pero por alguna razón se sentía calmado al observar la imagen.

-ese es tu bebé- respondió ignorando la sorpresa en el rostro del joven, que había dirigido su mirada a ella. Su tono de voz no demostraba sorpresa o conmoción, como si la idea de un hombre embarazado fuera cosa de todos los días.

-¿Qué? Eso es imposible, yo soy...-

-un híbrido- interrumpió Ermine - no conozco las razones de que esto sea posible pero si he sabido de otro caso similar, él hombre tenía 1/4 de sangre demoniaca-

-esto es increíble...- su tono de voz era incrédulo pero a la vez tenía un dejó de maravilla. Luego de esa explicación los ojos de Vergil volvieron a posarse en la pantalla, de donde no se despegaron en ningún momento, ni siquiera cuando sintió las manos de la doctora posarse en sus hombros con delicadeza.

-Sé que es difícil de creer pero ese pequeño bulto es tu bebé, creciendo dentro de ti - Ermine esperaba que el chiquillo estuviera conmocionado, entrará en pánico, como le había sucedido antes con sus pacientes pero lo que obtuvo fue muy diferente

-¿Está segura que está bien?- el albino estaba sonriendo suavemente y una de sus manos se había posado en su vientre, cuidando de no interponerse en la exploración de la doctora, más su expresión ostentaba claramente un dejó de ansiedad. La mente de Vergil era una tormenta, pensaba en lo descuidado que había sido con su salud los últimos meses, en los recuerdos de su niñez que llegaba a su cabeza, en lo incierto que se había vuelto su futuro pues ¿Que haría ahora? con Mundus pisándole los talones y un bebé en camino. Ya era difícil mantenerse a sí mismo con vida con los demonios buscando derramar su sangre ¿Sería capaz de hacer lo mismo con su hijo a cuestas?... Su hijo, esas palabras le hacían sentir una alegría inmensa y se preguntó si su madre habría sentido lo mismo al enterarse de la existencia de Dante y suya.

-estoy segura. Normalmente este sería un embarazo riesgoso, debido a la falta de cuidado, pero la ecografía mostró que todo está en orden- al menos una buena noticia podía darle al chico. Ermine no tenía claro los detalles pero Bea creía que el de ojos azules huía de alguien... O algo y no sería fácil si decidiese irse, pero por la cara de su amiga, y paciente, cuando le comento el plan la probabilidad de que el mocoso intentara irse él se quedaría. De una forma u otra en Fortuna por un largo tiempo, Bea no solo tenía un corazón de oro sino una determinación como ninguna - Posiblemente debido a que el cuerpo de los híbridos funciona de forma distinta al del ser humano. Sea la razón que sea tu bebé aparenta dos meses de gestación completamente normales y sanos- prosiguió y se sintió satisfecha al ver al albino relajarse ante su último estamento hasta que una expresión de confusión se reflejó en su rostro

-¿dos meses? - el híbrido se encontraba perplejo - ¡pero es imposible! Solo he tenido sexo con un hombre-

- Te creo. El doctor que asistió al hombre del que te hablé me explicó que el tiempo de gestación del feto era diferente. El caso fue descubierto en un chequeo médico rutinario el primer mes de embarazo y a pesar de que todo lucía en orden los siguientes dos meses no hubo ningún cambio aparente- la mujer enredo sus dedos en su negro cabello mientras recordaba lo que su profesor le había contado hace años sobre esa experiencia. Había sido un caso muy complejo... y trágico- pero el cuarto mes volvió a desarrollarse con normalidad. Juntos llegamos a la teoría de que por ser parte demonio, aún si era un ínfima parte, el no nato debía acumular energía para desarrollar sus facciones demoníacas junto a las humanas. Pero hay algo que debes saber antes de decidir si quieres llevar a término tu embarazo - poso sus verdes ojos en su paciente, que lucía inseguro y algo temeroso, antes de comenzar a pasearse por la habitación, nerviosa, como si no quisiera seguir la historia - Él dijo que durante esos dos meses el paciente había experimentado repentinas explosiones de poder, estos no eran seguidos ni muy poderosos y por tanto no representaban un peligro para el paciente y desaparecieron por un tiempo pero entonces, el séptimo mes, volvieron y a estos se sumó cansancio extremo lo que complicó las cosas. Cuando llegó la hora del parto las explosiones de poder, que eran más fuertes que antes, junto al cansancio terminaron por debilitar demasiado al hombre. Él murió- la sala se llenó de Silencio. Ermine sabía que la revelación no sería fácil de asimilar y mucho menos sería bien recibida pero era su deber como médico informarle aquello y, según fuera el caso, interrumpir el embarazo.

Vergil estaba en shock. No quería morir, ni a manos de Mundus ni de ninguna otra forma, al menos no tan pronto ¡solo tenía 18 años!. Pero la opción tampoco le era agradable y, aún si solo había sabido de su existencia pocos minutos antes, ese bebé ya se había hecho un lugar en su corazón. Pero si seguía con el embarazo y moría ¿Quién cuidaría de su bebe? podía pedirle ayuda al padre pero sabía que sería contraproducente, había una razón por la cual se había marchado en primer lugar y esa regla aplicaba para la criatura que llevaba consigo también pues no dudaba que llevaría el aroma propio de los seres demoníacos. Definitivamente el destino o Dios o quien fuera debía odiarlo. Hace solo unos momentos estaba más feliz de lo que había estado en mucho tiempo y ahora debía elegir si arriesgarse a dar a luz aún con la posibilidad de morir durante el parto o de abortar al pequeño ser que crecía en su interior... Esa criatura que era mitad suya y mitad de... Y supo que no podía. Su mente conjuro ojos azules llenos de inocencia, cabello blanco como la nieve más pura y una voz infantil y llena de alegría llamándole "Papá" y supo que no podría abortar a su bebe ni aunque eso significase su muerte. No, algo como cansancio no sería suficiente para matarlo. Él era hijo de Esparza y Eva, viviría para cuidar de su hijo y en caso de que sucediera lo peor se aseguraría de que su pequeño quedará en buenas manos. Todo estaría bien - quiero tenerlo, quiero continuar- dijo con un tono seguro y mirando directamente a los ojos de la mujer.

-¿pensaste en todos los riesgos que ello conllevaría? Podrías morir- aunque podía notar la convicción del muchacho Ermine tenía un deber como doctora y debía asegurarse de que estuviera completamente consiente de los riesgos al tomar su decisión

-no me importa, quiero tenerlo- estaba decidido y no había nada que pudiera hacerle cambiar de opinión

-muy bien, estoy segura que Bea no te dejara marchar hasta mucho después del parto así que te atenderé junto a ella- dijo a mujer seriamente -seguirás la misma dieta y rutina. Traeré todos los complementos que necesites en tu próximo chequeo dentro de dos semanas. Hasta entonces debes cuidarte mucho-

-lo entiendo- respondió el albino sonriendo y al ver que la de ojos verdes se marchaba volvió a hablar casi en un susurro - Gracias- ella se volteó y correspondiendo la sonrisa le dijo

-llámame Ermine- y se marcho


Con Tony.

Cuatro Meses, cuatro malditos meses y no había tenido noticia alguna de Gil. Lo había buscado por todos lados pero no había encontrado una sola pista que le pudiera guiar al idiota momificado. Estaba comenzando a perder la esperanza de volver a verlo algún día.

Tony se hallaba actualmente sentado en la barra del mismo bar en el que había conocido al cazador misterioso, talvez por una absurda esperanza de volverlo a ver al otro lado del bar. Podía imaginárselo sentado de forma elegante y con una copa de vino, tal y como aquella vez, pero al levantar la mirada en lugar de un hombre completamente vendado había una rubia voluptuosa en un vestido rojo que parecía pintado en su cuerpo.

La mujer en cuestión pareció notar la atención pues volteó en la dirección del albino y, decidiendo que le gustaba lo que veía, se excusó de la pelirroja con la que hasta hace poco mantenía una conversación antes de dirigirse hasta el asiento desocupado a un lado del cazador.

-¡hey! No creo haberte visto antes por aquí, Mi nombre es Laura ¿y tú eres?...- dijo coqueta mientras enredaba uno de sus dedos en su largo cabello.

-Puedes llamarme Tony- respondió el de ojos azules. Desde Gilver había perdido el interés en las relaciones pero al notar los ojos de la mujer pudo ver, aún si fue solo por un segundo, los ojos que añoraba desde hace cuatro meses. Por un momento casi pudo convencerse de que el espadachín estaba de vuelta pero tan rápido como llegó la aparición se desvaneció dejando nuevamente en su lugar a una rubia deseosa.

-y dime ¿Que hace una chica como tú en un lugar como este?- decidió responder en el mismo tono de la mujer. Si bien era cierto que no buscaba, ni deseaba, una relación a largo plazo no tenía por qué dejar de divertirse. Además, si se concentraba solo en los ojos quizás...

-¿te ha funcionado alguna vez esa línea?- dijo la rubia obviamente interesada si la forma en que se mordía ligeramente el labio inferior mientras aún jugaba con su cabello eran de confiar.

-tu qué me dices ¿Ha funcionado?- pregunto sabiendo ya la respuesta, pero no contento con eso decidió darle una sonrisa que enseñaba sus perfectos, y algo intimidantes, dientes mientras sus ojos adquirieron un brillo intenso y hambriento que lo hacía parecer un depredador a punto de saltarle encima a su presa lo que provocó un visible escalofrío en la mujer.

-¿qué tal si llevamos esto a un lugar más...privado?


Les advertí del M-preg y del OoC.

Dejando eso de lado ¿qué tal? Dante volvió a ser un mujeriego XP

La razón de que Vergil este "cómodo" con la presencia de Bea, Credo y Ermine es porque en el tiempo que estuvo con Dante se acostumbró en cierta forma a cortas interacciones con humanos, además no lo atacaron y lo ayudaron, eso suma puntos.

Como sea en esta historia Vergil no siente un profundo odio hacia los humanos, solo es muy desconfiado y tiende a preferir estar solo.