Cap. 2 CAMBIO DE ÉPOCA

Inuyasha alcanzó el pueblo al poco tiempo de ir saltando por los árboles. Solo quería alejarse de Kykio. Estaba perdido, no sabía que le estaba pasando. Siempre había querido a Kykio y justo cuando ella se rendía a sus pies, algo en su interior le dice que eso no es lo que él quiere en realidad. ¿Qué quería? Él lo sabía pero no quería darse cuenta de ello.

Llegó a la aldea. Miroku y Sango le estaban esperando con cara impaciente y justo cuando estaba solo al estar a cinco metros de ellos, Sango le gritó:

-¿¡Se puede saber dónde te habías metido!

Sango parecía realmente enfadada y a conjunto con su humor, Miroku añadió:

-Pensábamos que te habías ido sin nosotros, y sobre todo sin Kagome.

Al medio demonio le extrañó mucho que su amigo el monje pensara que se pudiera ir sin ellos. ¿Es que a caso no le conocían lo suficiente como para saberlo?

-¿Por qué tendría que marcharme sin Kagome? Quiero decir, que sin ella es imposible encontrar los fragmentos.

El chico miró hacia otro lado. No quería que sus amigos le vieran ruborizado al pensar en Kagome.

Entonces, cuando Sango oyó ese comentario, se molestó un poco pero a la vez se calmó.

-Bien, porque no sé si le hubiera gustado mucho a ella regresar y ver que te habías marchado.

Terminó la charla. Cada uno se fue a hacer sus propias cosas y Inuyasha se quedó allí en medio, solo, sin hacer nada.

Pasaban los días y Kagome aún no había vuelto. Inuyasha se pasaba todo el tiempo entrenando con la Tessayga, para olvidar sus preocupaciones, bueno más bien en singular, preocupación y esa era Kagome.

No quería que sus amigos se dieran cuenta de ello, por eso no preguntaba mucho pero no se desinteresaba del todo.

Pasó otra semana, pronto haría dos meses que Kagome se había ido. A Inuyasha las horas se le hacían eternas. Cada segundo le parecía un minuto, cada minuto una hora y así sucesivamente. Pero él no se quería mostrar preocupado. Sango, ya empezaba a impacientarse, pero no demasiado, y Miroku parecía que no le importaba quedarse en la aldea, ya que estaba todo el día rodeado de jovencitas. A Sango le fastidiaba, por eso de vez en cuando Miroku se llevaba una bofetada de la caza demonios. Al menos a ellos el tiempo se les pasa más rápido, pensaba Inuyasha.

Llegó cierto momento en que el medio demonio se pasaba el día sentado en el borde del pozo esperando ver por casualidad si Kagome salía de él pero nunca pasaba. Estaba absorto, no hablaba con nadie, hasta parecía que estaba enfermo. Kykio, por otra parte se pasaba el día espiándolo, la rabia que le producía que él la rechazara le corroía por dentro y a su vez iba odiando más y más a Kagome.

Uno de esos interminables días, Inuyasha tomó una decisión, iría a buscar a Kagome, se había dado cuenta de que la echaba mucho de menos y además que estaba muy preocupado por saber que les estaba pasando. Así que fue en busca de Sango y Miroku, que para variar ya se estaban discutiendo y les anunció su marcha.

-Sango, Miroku me voy a buscar a Kagome.

-¿Deberás?- Sango estaba sorprendida.

-Ah, semental ¿no te puedes estar sin tu "costillita" verdad?

Inuyasha le echó una mirada asesina a Miroku.

-¡¿Se puede saber que dices, pervertido?

Inuyasha le dio un sopapo a Miroku así mostrándole lo que pensaba de lo que acababa de decir. Sango empezó a discutir con Miroku por estar pensando siempre en las mismas cosas. Inuyasha se rindió y se fue hacía el pozo para ir a buscar a Kagome.