Cap. 2: No ocurre nada

Comenzaba una nueva mañana en el Mckinley para Quinn Fabray, capitana de las Cheerios, la cual caminaba con liderazgo junto a sus compañeras y amigas, Santana posicionada en su lado derecho y Brittany de su lado izquierdo.

Aquella mañana tranquila escuchaba las locuras de Brittany sobre su gato adicto a los cigarrillos y las respuestas sin sentido de Santana al entrar al mundo de la rubia de ojos azules pero de pronto ya nos las escucho, no le interesaba el tema, ni siquiera podía pensar en un gato tratando de fumar y su atención recayó en Rachel Berry, no deseaba mirarla pero ahí estaba de nuevo observándola a lo lejos antes de que llegara a su lado y su amiga se encargara de arruinarle un poco el día.

Estaba en su locker guardando su libreta rosa que Santana había escondido en el auditorio y sonrió al verla tan feliz, sabía que la morena amaba el instituto, pero lo que más amaba era tener un rutina algo que hacer porque para quienes no lo saben Rachel Berry era una de las personas más hiperactivas de aquel instituto, incluso del estado.

Santana sin perder el tiempo se acerco a la morena solo para molestarla.

-Hola Man-hands ¿Cómo te va?-saludo Santana con una sonrisa divertida mientras Rachel cerraba el locker y la enfrentaba con una sonrisa para saludarla amablemente, acción que causo una pequeña risa en Quinn y una mirada fulminante en Santana.

-No me interesa, fenómeno- contesto enojada mientras Brittany la arrastraba a clases dejando a su amiga con el fenómeno como la llamaba Santana

-¿Tú no tienes nada para agregar?-cuestiono con algo de miedo en su voz, Quinn solo hizo lo mejor que pudo y la ignoro por completo caminando al salón donde le esperaba una clase de Español. Rachel por su parte se sintió algo culpable por haberla cuestionado, pareciera que buscaba aquellas palabras hirientes que salían de los labios de Quinn y supo que tendría que pedirle disculpas.

William Schuester como profesor de español era algo tedioso, él solo comprendía lo que escribía en el pizarrón y él solo hablaba para que dos alumnos repitieran a coro sus palabras u oraciones pero a pesar de todo eso la clase de español era una de las favoritas de Quinn, le gustaba el aprender un nuevo idioma y le encantaba las diferencias fonéticas entre su idioma y el español.

La rubia siempre se sentaba en las primeras filas con su compañero de banco designado Peter Aird que nunca ponía atención alguna a la clase y durante toda la hora sintió la mirada de la morena que estaba de su lado derecho una fila más atrás, no podía concentrarse, por primera vez el español ya no le pareció divertido, quería escapar de la clase pero no podía salir por la puerta sin dar una explicación al profesor entonces sin previo aviso se enfrento a los ojos marrones que la vigilaban desde el principio de la clase, no supo que mirada le dio a Rachel pero de alguna manera dejo de observarla para ponerse a revisar los apuntes que escribía en un pequeño cuaderno rojo y el timbre resonó para dar por finalizada la clase.

Rachel guardo con sumo cuidado sus útiles mientras veía como la rubia escapaba del salón, se detuvo al querer seguirla y pedirle disculpas, luego de la mirada fría que le había regalado era mejor no acercarse.

-Hola, hermosa ¿Cómo te va?-saludo Puck con una sonrisa brillante apoyándose sobre el locker para poder ver a una Quinn algo molesta guardando sus libros.

-No estoy de humor Puckerman. ¿Qué quieres?-contesto cerrando la puerta de su locker con mucha fuerza dejando que se escuchara el estruendo en el pasillo

-Vale, lo siento ¿Qué te ocurre? Solo quería saludarte ya que somos amigos desde el verano ¿recuerdas?

El chico le recordó aquella charla en la madrugada de algún día muy caluroso donde Puck invito a todos a la piscina de una de sus vecinas que le dejaba las llaves para que le cuidara de la casa.

Aquel día fue uno de los peores para la rubia, fue a la fiesta con muchas ganas, incluso llevaba su traje de baño favorito y sus amigas la pasaron a buscar, pero al llegar y ver a Finn sentado en la orilla de la piscina mojándose los pies mientras miraba a Rachel que dentro del agua reía sin control seguramente escuchando alguna de las anécdotas de Finn sobre él metido en una piscina le causaba más que un dolor en su pecho.

Quinn conocía todo sobre Finn el chico era tan predecible y Rachel le celebraba todo, estaban destinados a estar juntos pero era fácil pensarlo o incluso decirlo en voz alta cuando su corazón no pensaba de la misma manera.

Quinn se quedo sentada en una de las reposeras, quieta mientras tomaba a sorbos una botella de cerveza que Puck le había traído muy amablemente, a pesar de todo lo que había pasado el año anterior ellos estaban más unidos que nunca, Beth los había unido por alguna razón.

Estuvo allí hasta que los invitados se fueron cada uno a sus respectivas casas y supo que Puck le iba a preguntar por Finn y su rostro tan triste, no contesto porque no podía formar una oración que dijera lo que sentía, porque estaba confundida, luego de tener a Beth los llantos a la medianoche o los pensamientos sin sentido salían a flote y tal vez se le pasaría luego de las vacaciones. Pero de algo estaba segura aquella noche, no quería ser Rachel, no quería escuchar las anécdotas de Finn, no quería su amor, ella quería ser quien le diera la atención absoluta a Rachel Berry y por eso no hablo, por eso callo aquellos pensamientos que se la pasarían luego de las vacaciones.

-Lo siento Puck, estoy un tanto malhumorada. Dime-contesto con una media sonrisa

-¿Estás bien? El chico nuevo te anda molestando o es que tienes el periodo. Si es eso no quiero hablarlo de verdad-manifestó con cierto desagrado en su rostro

-No es nada, nadie me molesta. Solo quiero estar sola y pensar. Solo eso.

-¿Segura?

-Muy segura-respondió para dejarlo un beso en la mejilla-Gracias por preocuparte-se despidió caminando a la práctica de las Cheerios donde sus amigas ya se encontraban esperándola.

Rachel por su parte vio a Puck algo confuso desde el casillero que pertenecía a Quinn.

-Hola cariño-la tomo desde atrás Finn para dejarle un beso en la mejilla asustando a la morena que dio un respingo en los brazos de su novio-¿Qué ocurre?

-Nada-contesto rápidamente quedando frente a él para regalarle un beso en los labios

-Te has cansado del instituto ¿verdad?

-No, no es eso. Solo estaba pensando-la campana la salvo antes de que Finn preguntara en qué pensaba.

El día en el instituto se termino y los alumnos agradecidos salieron por la puerta un tanto apresurados sin embargo Quinn se tomo un tiempo mientras se duchaba en el gimnasio luego del ajetreado día con las Cheerios, al salir vio a Puck en la pequeña fuente que adornaba el exterior del Mckinley High.

-Pensé que acompañarte a tu casa era lo mejor, ya tuviste tu día para ti sola, para pensar o lo que sea.

-Está bien-sonrió con más ganas, estaba agradecida de tener a alguien que se preocupara por su estado de ánimo, alguien con quien podía compartir sus dudas excepto aquella que no la dejaba dormir en las noches.

-¿Puedo preguntarte que te pasaba hoy? Y no contestes nada-le advirtió con una sonrisa divertida

-Nada. Solo no estaba de humor, desde que tuve a Beth mis emociones son algo drásticas, debe de ser la depresión pos parto-le explico no muy convencida de su excusa

-Quinn-se detuvo para mirarla detenidamente-sea lo que sea yo siempre voy a estar para escucharte e incluso ayudarte, lo sabes ¿verdad?

-Lo sé, y te lo agradezco Noah-contesto seria mientras seguían su camino. Luego de unos minutos aun con aquellas palabras de su amigo resonando en su cabeza llegaron a la casa de la rubia.

-Te veo mañana-el chico se iba a despedir pero Quinn lo interrumpió

-¿Puedo preguntarte algo?

-Lo que sea

-Alguna vez, tu nunca has pensado-Quinn temblaba de tan solo preguntar- lo que quiero decir es simple pero no puedo-sonó nerviosa jugando con sus manos nerviosa

-Tranquila, solo pregunta.

-¿Has tenido un amor imposible?

-Ya entiendo, te gusta Sam y resulta que es gay por eso tu mal humor, aunque yo lo había descartado ya que con Rachel coincidimos en que te ha mirado mucha más que a cualquiera en el salón ¿es eso?

Quinn solo empezó reírse por las ideas de su amigo y en su mente el nombre de Rachel era una pizca de esperanza, la morena aun le ponía suma atención y no era solo en las clases de español.

-Sabes deberías de ser escritor, pero no me gusta nadie y esa no era la respuesta que esperaba-contesto recuperándose de la carcajada

-Bueno contestando a tu pregunta, tú fuiste mi primer amor imposible, incluso tuve que emborracharte para poder estar contigo y te pido perdón por haberlo hecho

-Noah ya te he perdonado, eso fue algo que hicimos los dos, tu nunca me forzaste, yo quería hacerlo a pesar de que no pensaba con mucha claridad, pero no hay un culpable.

-Vale, pues ¿Por qué quieres saber sobre amores imposibles?

-Nada importante, nos vemos mañana-lo saludo con una abrazo algo que sorprendió al chico, no estaba acostumbrado a las muestras de cariño por parte de Quinn

-Esto no me lo esperaba-comento riendo para separarse de su amiga que lo miraba un tanto seria

-Es un abrazo, soy de dar abrazos-le aclaro

-¿En serio? Creí que solo ignorabas a la gente porque es algo del gen Fabray

-Tú eres mi amigo, no voy a ir abrazando a cada alumno que se me cruce en el instituto

-Deberías, tal vez mejoran sus notas y no quieren faltar-bromeo generando una sonrisa en la rubia

-Tal vez mañana empiece-siguió bromeando

-Sería muy divertido verte abrazando a cualquier alumno incluso a Rachel-le comento para ver como Quinn se ponía nerviosa sin razón alguna.

-¿Qué?

-Rachel Berry tu enemiga numero uno-se lo aclaro viendo como su amiga jugaba con la tira de su bolso

-Ella no es… Nos vemos mañana Puck-lo saludo para caminar la puerta de su casa

-Quinn, espera.

-Dime.

-Tengo ganas de apostar algo

-No creo que debas apostar a esta edad

-Pues esto es simple, solo tienes que evitar ignorar a Rachel todo el día de mañana.

-Estarás bromeando, yo no voy a caer en tus apuestas.

-Vamos, será divertido.

-¿Qué gano yo?

-Ese es el espíritu Fabray, saber que vas a ganar. Pues si llegarás a ganar voy a ser tu esclavo por toda una semana.

-Siempre gano Noah-le sonrió para entrar a su casa y cerrar la puerta detrás de ella apoyando su espalda en la fría madera, maldiciendo en voz baja por tener que caer en los juegos de Noah Puckerman.

NI GLEE NI LOS PERSONAJES ME PERTENECEN