Advertencia: Escena pequeña de UKxUS apta para Elizabeta.
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Tres días caminaron con rumbo a una taberna, necesitaban descansar, comer comida de verdad, que de verdad es poco, y no estar cansados. Además, Gilbert requería urgente de una helada cerveza, moría de sed a pesar de haber agua por donde caminaran, pero para él era diferente, ¡la cerveza es bendecida por los Dioses!
Al menos conversaron en este viaje algo de sus gustos y disgustos. Elizabeta presentía que él le ocultaba detalles de la vida, pero no le interesaba, es normal en gente que no se tienen confianza y apenas se conocen, sólo son compañeros de viaje. En realidad es negocio sucio.
Al entrar a la taberna, lo es primero comer y beber, Elizabeta dudando si será bueno beber cerveza, nunca la ha probado, en los bailes y en su primer baile en su reino, sólo había champagne y vinos de calidad provenientes de otro reino que los comercializa, pero nunca cerveza. Y si mira a su alrededor, todos beben cerveza, quizás no sea de gran calidad… Es tan amarillo, ya comienza a incomodarse por su imaginación al mezclarla con orina de quién sabe de quién.
Gilbert le incentiva a beber, le dice que le gustará, que es muy buena. Elizabeta le mira fijamente, ambos sentados frente a frente.
― ¿A qué sabe la cerveza? ―pregunta, su jarro de cerveza llega con la de él a la mesa. Muy amarilla…, ¿no es pipí, cierto?
―A cerveza ―responde―. Te gustará, lo sé porque soy asombroso.
Si él lo dice… Da el primer sorbo al mismo tiempo que Gilbert, el de ella es más extenso botando una exhalación, dejando la mitad de cerveza en el jarro. Gilbert se sorprende.
― ¡Es deliciosa! ―sonríe abiertamente, continuando a beber sin pausa a lo que Gilbert no bebe para mirarla desconcertado, ¡ninguna mujer bebé así!, a excepción de la señora gorda y barbuda que vende zanahorias― ¡Quiero dos más! ―¿qué? ¿Es primeriza y ya quiere dos más? A este paso él terminará cargándola.
―Oye…con calma o…
―No digas lo que no tengo que hacer. ―amenaza siniestramente.
―Bien. ―no reconocerá que se siente medio intimidado… ¡allá ella si quiere beber hasta el amanecer transformándose en una señora gorda y barbuda que vende zanahorias!
― ¡Tres más!
Oh no… ¡incluso ya está ebria! Sus ganas de beber se le quitaron dándole náuseas, sólo espera no quedar en vergüenza, ¡es demasiado asombroso para eso! De repente una silla voladora pasa cerca del rostro de Elizabeta, chocando con la pared.
― ¡¿Quién fue el idiota que lanzó la silla?! ―Elizabeta se pone de pie golpeando la mesa con las manos, sacando de la nada una sartén― Aprenderán a conocer una sartén, ¡no sólo hace buenos omelette! ―justo cuando se va a lanzar a golpear a todos los presentes que hacen desorden, Gilbert la sostiene recibiendo insultos y araños y una mordida en la mano, ¡ni siquiera parece una princesa! ¡Es una marimacha!
― ¡Quédate tranquila! ―grita sin soltarla a lo que la fémina jovencita educada mueve la sartén para darle en la cabeza, pero él tiene asombros reflejos que la evade― ¡Jajajaja, fallaste! ¡Auch! ―a la segunda le da, pero Gilbert resiste el dolor asombrosamente hasta que alguien de buen corazón la noquea―… Gracias…
― ¿Primeriza? ―es una de las señoras meseras, un poco gorda pero no barbuda que vende zanahorias.
―Primeriza. ―asiente, cargando el cuerpo de la princesa sobre uno de sus hombros. Le pregunta a la señora si tienen una habitación para quedarse, le pagará la estadía, no puede viajar con Elizabeta en ese estado…
Hay habitación con dos camas y Gilbert agradece, guiado al lugar, recostando a la señorita durmiente en una de las camas. Hace una mueca observándola. Si fuera por él, el señorito podrido no lo dejaría despertar. Podría planear extender el viaje durante dos meses para que él muera, sin embargo hizo una propuesta a Elizabeta, son negocios, y él no rompe los negocios.
Tira su capucha a su asombrosa cama y luego es su asombroso turno. A la mañana siguiente, la educada princesa pregunta qué ocurrió anoche ya que le duele tanto la cabeza como si se hubiera dado contra la pared toda la tarde. Gilbert no tuvo pelos en la lengua, contándole todo lo que la avergonzó. Desde hoy ella tomará más moderada, aunque no estuvo tan mal.
Descansan una vez que han avanzado en el camino, ya queda poco para llegar a Bretan, pasarán una noche más en medio del bosque. Alistan todo una vez que el sol va bajando, Elizabeta ya conoce un poco más a Gilbert, él no siempre fue un vándalo, vivía en una pequeña aldea aislada de todos, sus padres murieron cuando tenía once años, y la vida lo obligó a sobrevivir solo, de esta manera. Ella le ofreció trabajo en el castillo, él se rehusó, no por orgullo, sino porque después de toda esta misión tendrá su paga y no la quiere ver más. Y le gusta estar solo. Elizabeta no insistió.
―Iré por leña. ―anuncia Gilbert, mientras ella se queda confeccionando algo raro con las flores. Se adentra al camino de los árboles, recogiendo varas sueltas, hierbas secas, todo lo necesario para una fogata. Casi terminando de recoger, una brisa choca con sus hebras grisáceas y frente a sus ojos carmesí con tintes azules, una línea fina de humo rosado pasa, guiándolo. No debe alejarse tanto… La curiosidad es más fuerte y al parecer ese humo lo llama.
Lo sigue con cautela sin soltar la recolección, se detiene cuando el humo se posa sobre una roca y forma una figura. No entiende nada.
―Tipo, buenas noches ―saluda, Gilbert se fija que ya es de noche, ¿y quién es ese que está vestido tan estrafalario?―. Me presento, soy la Reina Rosada.
― ¿La Reina Rosada? ―¿acaso es mujer?, ¿es su hada madrina?, él tan asombroso que no necesita de una hada madrina.
―Tipo, ósea, ¿cómo no lo sabes? ―alza una ceja, viendo al de cabellos albinos encogerse de hombros― De seguro que Eli te contó sobre mí. ―entonces se presenta, su nombre es Feliks. Y Gilbert procede a unir cierta información.
― ¿Eres la reina bruja malvada que hechizó al señorito? ―pregunta, Feliks confirma causando una sonrisa en él― Wow, ¡eso es fantástico!
No tiene que agradecerle, él es totalmente súper genial, ¿espera qué? , ¿lo felicita por hechizar al prometido de Elizabeta? Uhm, un segundo, conoce a ese sujeto de cabello nevado, sí, lo conoce bien. Su cara le es familiar, sobre todo la mirada.
―Tú…, te conozco de algún lugar tipo ―menciona percibiendo los nervios en Gilbert. ¡Ya sabe quién es! Gilbert reza que no lo sepa― ¿No eres uno de los que pedí ver su pene?
Gilbert por poco se cae, se llevó un gran susto, negando haber pasado por algo parecido a una fiesta de despedida de soltera y sobre todo con ese tipo que usa vestido. Bueno Francis es una excepción, siempre le pide ese favor de desnudarse y todo eso… ¡Eso no importa!
¿Dónde iba? Claro, Feliks sabe quién es él aparte de ser asombroso, y le hace recordar que la familia real Edelstein le arruinó la vida. Inhala la rabia de Gilbert y sus ganas infinitas de vengarse de toda esa familia. Puede regresarle todo lo que ha perdido.
― ¿Ah sí, cómo? ―Gilbert se cruza de brazos, atento.
―Magia ―Feliks mueve una mano y aparece una pequeña llama rosada, tentándolo ante la muestra de poder conseguir lo que le han robado―. Lo quieres. ―surca los labios. Pues claro que lo quiere, lo desea, pero antes tiene que saber algo más.
―Primero responde a esto, ¿por qué hechizar al señorito podrido?
―No quise hacerlo, ósea, era para ella ―desvía la verde mirada. Concuerda con la historia de Elizabeta, aun así, ¿por qué para ella?, ¿qué cosa tan terrible pudo haberle hecho a ese brujo o bruja o lo que sea?― ¡Porque me quitó el trono de la belleza! ―exclama. Gilbert no comprende. ¿Acaso hubo un concurso de belleza sin avisarle?, ¡el asombroso él debió haber participado, hubiera ganado con toda la gloria del universo!
No es un concurso de belleza.
―Tipo, como en todos los meses le pregunté a mi poni mágico, él siempre me dice que soy la más hermosa, ¡pero este año esa princesa es más bonita que yo! ―se señala así mismo y mueve las caderas, cambiando el semblante a molesto― ¡Liet, tráeme galletas, ósea esto me puso de mal humor y no es súper genial!
Gilbert lo mira más confundido que antes, ¿a quién le habla, a la nada? Pues se oye un "¡Como usted mande!", apareciendo un chico dentro de un humo rosado, sosteniendo una bandeja de plata con muchas galletas rosadas y muy afeminadamente decoradas. Fuera de toda esa mariconada rosada y volviendo al tema central… ¿cómo es posible que Eli sea más bonita que Feliks si él es un…?
― ¡No! ―el tal Liet detiene su pregunta, acercándose rápidamente a susurrarle en voz baja medio nervioso― Por favor, señor, nunca le diga a Feliks que es un hombre. Le gusta vestirse de mujer y sentir que es una, incluso de depila con cera caliente.
― ¿Tiene problemas de identidad sexual? ―susurra también al notar que es mejor no hablar en alto― ¿Cómo es posible que se enoje por algo tan básico?
―Pues, él es así. ―medio surca los labios y se encoge de hombros, recibiendo otra sorpresiva pregunta de Gilbert, ¿cera caliente, depila hasta ahí? Sí, hasta ahí. Acto seguido, Toris regresa al lado de la 'Malvada Reina Bruja', quien procede a hablar.
― ¿Y sabes qué es lo peor de todo? ―al decir, Gilbert niega con no saberlo― ¡No soporto que haya una chica más linda que yo, y no usa rosado, tampoco a la moda, ósea!
Vaya…que terrible, ¿qué será del mundo ahora sin que Eli no esté a la moda?
―Entonces se me ocurrió esta cool idea de hacerla dormir. ―sonríe súper top.
― ¿Pero fallaste, no? ―alza una ceja con todo el sentido de burla. Feliks frunce el ceño y carraspea la garganta, explicando que si no fuera por ese príncipe de anteojos, su plan sería perfecto. Por ende, necesita ayuda de Gilbert, le dará un buen pago de agradecimiento― ¿Y qué quieres del asombroso yo? No te mostraré mi pene, tenlo claro.
―Tipo, es totalmente súper fácil ―peina su melena rubia contra la brisa―. Dale un viaje largo a la princesa para que Roderich muera, tendrás tu venganza realizada, pero no es todo.
― ¿Qué quieres exactamente? ―ya comienza a incomodarse pero de alguna manera le agrada tener que negociar una vez más, sin importar qué.
―Te devolveré todo lo que has perdido y tendrás mucho más, incluso a West. ―al principio, a Gilbert le era suficiente, mas al escuchar el apodo que le ha dado a su hermano menor le sorprende, le desconcierta, le desordena. ¿Qué sabe de su hermano?
Corre hacia Feliks totalmente impulsivo, agarrándolo de las solapas.
― ¡¿Dónde está West?! ¡¿Lo tienes tú?!
― ¡Toris, ayuda! ―se remueve, logra liberarse y se esconde detrás de Toris, quien sigue sosteniendo la bandeja de plata con las galletas mariconadamente decoradas, la cual tiemblan por la actitud de Gilbert. Feliks le pide que se calme o si no, no le dirá acerca de su hermano menor.
Gilbert a regañadientes intenta relajarse, claro que es imposible al tratarse de su hermano menor perdido, robado, engañado… Mira severamente al travesti a que continúe. Feliks se endereza y procede.
―Como dije, tendrás todo si me haces el favor del plan B―menciona, Gilbert no entiende bien lo del plan A. Feliks le explica que el plan B es el viaje largo de que hablaron recién, si no resulta el plan A, habrá que utilizar el B.
¿Qué le parece el plana A? Sabe que resultará si tiene a Gilbert a su lado. ¿Trato hecho?
Si bien el plan A no es complicado para el asombroso Gilbert, sólo recuperará lo que ha perdido y se vengará. Claro que acepta.
―Trato hecho. ―una vez terminado y ver ese humo rosado tan gay desvanecer, regresa con Elizabeta con la recolección de la fogata. ¿Por qué ese sujeto se hace llamar la Reina Rosada?, ¿por qué reina?, ¿acaso es reina de algo? Eso no le preguntó. Y… ¿acaso esa marimacha es tan bonita como para querer hechizarla? Quizás el poni de ese Feliks estaba defectuoso.
Elizabeta se pone de pie al observar que Gilbert al fin aparece, ¿por qué la demora?, ¿tan lejos se fue para buscar toda esas varas y hierba seca? Él surca un poco los labios argumentando que se perdió y no fue grandioso. Encienden la fogata, la luz ayuda a iluminar los alrededores, comiendo las frutas que encontraron mientras caminaban, en eso Elizabeta oye ruidos desde el bolso de Gilbert, le pregunta qué tiene allá dentro que se remueve tanto, ¿qué esconde? El albino sentado en una roca, gira sobre su eje a mirar su bolso. Estira los labios y deja salir una pequeña ave amarilla.
¿Es su mascota?, ¿la robo para la cena?
―No es la cena, es mi mascota, mi amigo ―Gilbert coge al ave entre sus manos y la posa en su hombro izquierdo―. Se llama Gilbird, ¿no te parece grandiosamente lindo? ―sonríe.
La chica parpadea, es decir…, Gilbert es un vándalo, tiene una mascota muy tierna y linda, incluso se muestra ese lado escondido de él, es como si fuera otra persona más allá de ser alguien narcisista. Duda mucho que algún día llegue a conocer perfectamente la clase de persona que es. No puede ser narcisista en todo, ¿verdad?
Su rictus se estira y saluda a Gilbird, acercando su mano a acariciarlo, mimándolo. Es tan linda esta ave~.
―Es él, no ella.
―Oh, perdón. ―se disculpa más hacia Gilbird que hacia el dueño, remediándolo en admitir que es muy lindo y muy bonito y redondito. Gilbert agradece los halagos, Elizabeta le aclara que es para Gilbird, Gilbert le dice que todos los halagos hacia su preciada mascota, son para él también. Son uno sólo.
Ella pensaba que al vándalo le gustaba estar solo.
―Es así, pero no es malo tener una mascota de acompañante, además es mi amigo. ―cierra los ojos y sonríe hacia Gilbird. La fémina lo observa detenidamente, ¿qué sabe del albino?, que sus padres murieron cuando era un niño, tuvo que sobrevivir por sí sólo, proviene de una pequeña aldea, es narcisista y tiene una mascota que revela su lado agradable. Siente interés de saber más, tampoco ella le ha contado toda su vida. ¿Qué puede saber más?
― ¿Tienes pareja? ―desconcierta con la pregunta, tal vez él es casado, está comprometido o nada.
― ¿Pareja? ―no entiende a qué vino eso. Elizabeta cruza las piernas y se muerde el labio.
― ¿Una mujer?
― ¿Mujer?
― ¿O un hombre?
― ¿Un hombre? ―lo último lo desconcierta más, ¿y así quiere que esa reina del rosado comience con el plan?― ¿Me ves cara de marica?
― ¿Quieres la verdad?
―…No, gracias.
―Y sólo pregunto, no te enfades ―se encoge de hombros. Bien, Gilbert responde, al único que tiene a su lado es su avecilla, nadie más―. ¿Acaso no ha aparecido la persona correcta?
―El asombroso yo no necesita a la persona correcta, soy tan asombroso que no necesito de personas correctas ―responde haciendo que Elizabeta haga una mueca con la boca, pues ha vuelto ese narcisista―. ¿Por qué esa pregunta?, ¿estás interesada en el asombroso yo? ―sonríe y alza una ceja, coqueto.
La joven muestra su cara de aburrida iluminada con las llamas de la fogata.
―No sabes cuánto me interesas, Gilbert, incluso desorienta la gravedad de la tierra ―el sarcasmo cambia el humor de nombrado, entrecerrando la mirada. ¿No pudo haber dicho simplemente que no?, los sarcasmos le recuerdan a un idiota cejudo―. Tan sólo pregunto para conocerte, ¿tú no tienes intenciones de conocerme?
―Con saber que eres una princesa marimacha que golpea a la gente con una sartén, me es suficiente.
―Sólo te golpeé con mi sartén porque era necesario.
―No me digas.
―Sí te digo. Oh y podríamos ser buenos amigos.
― ¿Estás de broma?, ¿qué bicho te picó, o fumas alguna hierba alucinógena? ―se lo toma con humor, poniéndose de pie― Con dos amigos me bastan.
Ella quiso preguntar más, sin embargo Gilbert da la orden de dormir, interrumpiendo antes acerca de sus prendas de vestir, ¿acaso no tiene más?
Se mira así misma, explicando que sus prendas se las prestó su amiga Emma, cada una es de sus dos hermanos.
¿Así que ropa de hombres? Gilbert suelta una risilla, con mayor razón se ve tan marimacha.
―Cuando estemos en Bretan, le pediré a un amigo que te dé ropa más femenina para el viaje, así te verás más bonita. ―dicho esto, se acuesta en el suelo cubriéndose con una manta.
Deja a la heredera del reino Hungriranto helada, desconcertada y ruborizada. Los labios entreabren pero no dicen nada, los cierra y los presiona. Intenta aparentar que no escuchó nada para poder apagar la fogata con tierra y acostarse.
Se verá más bonita con telas más femeninas. No puede viajar con un vestido…, lo más probable que al amigo de Gilbert tenga de este mismo estilo que lleva puesto pero más entallado a su cuerpo. Aunque tampoco le agrada vestirse tan masculina.
¿Por qué sus mejillas siguen ardiendo? Si sigue así sus mejillas se usaran para alumbrar a un pueblo entero.
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En el trayecto hacia Bretan no hablaron mucho, una hormiga podría hablar que esos dos. Todavía Elizabeta no se sacaba la idea de verse linda con algo más apropiado…, y sobretodo que esas palabras provengan de otra persona que no sea el señor Roderich. El señor Roderich es muy caballero, encantador, atento, amable y educado, sólo con él debe sentirse halagada y media tímida, no con alguien que se dedica al vandalismo, que se cree superior a los demás, que sea burlesco, que sea idiota y que sea enviado de Dios. Termina de pensar en todo eso al llegar a las puertas vigiladas del reino Bretan, no hay inconvenientes al entrar. Va mirando la gente comprar en tiendas y en mercados, paseando en familia y algunas obras de teatro al aire libre, también hay obras infantiles con títeres. Mientras va pisando los talones a Gilbert, una voz aparece desde atrás, deteniéndolos.
―Señor Gilbert, no tiene permitido entrar al reino Bretan.
― ¿Y-Y eso por qué? ―pregunta algo tartamudo sin voltear, a lo que ella no se mueve― No he hecho nada, enserio, vengo en son de paz.
―Lo sé, pero debes avisar que vienes, estúpido. ―dice la misma voz que ahora es más amigable. Elizabeta no entiende, sólo mira a Gilbert girar y sonreír, decidiendo copiar a mirar a la persona que yace detrás de su espalda.
Gilbert suelta una risa corta y abraza al joven de cabello rubio quien sólo le permite un segundo que lo abrace para alejarlo enseguida, comenzando a intercambiar palabras. Elizabeta mantiene los ojos en ellos dos, que maleducado es Gilbert, ni siquiera la presenta. Suspira, capturando la atención de los dos.
Gilbert surca los labios, argumentando que olvidó presentarla, mas en eso ella se le adelanta, no puede dejar que diga que es la princesa de Hungriranto, sus padres la están buscando, de seguro avisaron a todos los reinos de su escapatoria de "son problemas de adolescentes". No quiere volver a su palacio, no quiere abandonar al señor Roderich.
―Mi nombre es Eli, encantada. ―hace una reverencia.
―Rey Arthur de Bretan, a su servicio.
― ¿Ah…rey? ―se le va el aliento, mirando alternadamente de Gilbert a Arthur, y al final a Gilbert― ¿Tú…? ―¿el amigo del que hablaba se trataba del rey? ¿Es rey tan joven? Nunca conoció a un rey tan joven, con suerte el señor Roderich es príncipe aún. Está asombrada.
Gilbert muestra una sonrisa preguntándole si está sorprendida. Pues claro que lo está, no es para menos, pero le parece raro y desconcertante.
Luego de la breve aclaración de Arthur de su relación con Gilbert que, sólo le ayuda a liberarlo cuando es capturado por otros reinos, solucionándole problemas a cambio de un día de trabajo, nada es gratis. Entonces, Arthur los invita a su palacio, ellos dos deben tener hambre gracias al viaje. Les indica el carruaje en donde viaja, acaba de venir de otro reino. Gilbert interrumpe entre burlas mientras caminan al carruaje.
― ¿Francis con problemas financieros?
―Con la corona, se quiere casar con todo el mundo. ―responde abriendo la puerta del carruaje.
―Él es así. ―Gilbert da un paso dentro, en tanto la joven aristócrata espera, ¿no se supone que la mujer es primera? En eso, Arthur jala al albino, dando espacio a Elizabeta para que suba primero, ayudándole con una mano a subir, regresando a la conversación antes de que Gilbert suba.
―Hablo enserio, su padre le dio un tirón de orejas. ―cuando el albino sube, le sigue tomando asiento frente a él, quien yace al lado de Elizabeta. Explica además que Francis debe casarse para obtener la corona, al padre de éste no le interesa con quién se case, sólo que se case con lo que sea, ya tiene suficiente con él con besar a quien se le cruce por delante y propagar la poligamia sobrepoblando el planeta, aunque Francis le llama "amour".
― ¿Y él no está comprometido? ―pregunta Elizabeta. Arthur niega con la cabeza, la verdad Francis lo estuvo hace un corto tiempo, no funcionó.
―Sólo sé que él tiene planeado ser rey si no esposa a alguien pronto, e incluye chantajearme para que me case con ese bastardo del vino.
― ¿Y qué plan? ―turno de Gilbert.
―No tengo idea. ―y tampoco le interesa, allá Francis con su vida.
―Bueno, hace tres meses que no lo visito. ―suspira y ladea la cabeza, observando la sonrisa divertida de Arthur.
―Mejor que no lo hagas, tu cabeza es recompensa ―eso no suena nada de bien para Gilbert, haciendo recuento de todo lo que ha robado y estafado, ¡pero aun así son amigos! Francis no puede ser tan cruel para poner recompensa a su grandiosa cabeza. Realmente ese Francis no tiene nada qué hacer con su vida―. Y usted ―esta vez se dirige a Elizabeta― debería tener cuidado, no vaya a meterse en problemas por este idiota.
Mueve los ojos verdes a Gilbert y a Gilbird que está sobre la cabeza de él. Se refiere a Gilbert. Surca los labios.
―Gracias, lo mantendré en cuenta.
A la llegada del palacio de Bretan, Gilbert apresura en decirle a Arthur que si tiene ropa para la invitada, ya sabe, si la mira bien, viste de hombre. Ella interrumpe añadiendo que no es necesario molestarse, está cómoda así…
Arthur llama a una de sus sirvientas, indicando que vistan a la señorita para la hora del té, pronto serán las cinco de la tarde. La verdad Elizabeta no quiere vestir grandes vestidos, sólo algo casual que pase desapercibido. Al fin y al cabo es guiada por la sirvienta a la segunda planta, dentro de una habitación.
Mientras tanto, Arthur invita a Gilbert al salón principal, preguntándole directo las intenciones de su visita y más con una chica. Espera que no sea invitaciones de matrimonio.
Gilbert es bastante breve ocultando detalles del señorito durmiente. La señorita Eli necesita de un guía a un lugar peligroso, hicieron un trato de negocios, así que él no se rehusó.
―Un viaje, eh. ¿Y le has contado de ti?, ya sabes a lo que me refiero. ―dice, Gilbert niega con la cabeza, respondiendo que no es bueno que lo sepa, en secreto para no interrumpir el plan de ese estrafalario del rosa. Ni siquiera ese sucio negocio le cuenta a Arthur.
En eso, un joven de cabello rubio y de gafas avisa a Arthur que la mesa está servida para la hora del té y justo Elizabeta baja por las escaleras, pisando los talones de la sirvienta que la vistió. Gilbert hace una rápida observación, no está mal, al menos lo marimacha lo oculta bien y no parece princesita. El vestido no es grande ni tan brillante, bastante sencillo que no sorprende de sobremanera. Posteriormente van a la mesa del otro salón, toman asiento, Arthur a la cabecera y los dos que restan a cada esquina de la mesa cerca de él. Hay muchas cosas para comer, galletas, bollos, frutas y queque. Su hora del té es muy abundante, pero no ve a nadie más que al rey, quizás viva solo.
Alguien otro joven rubio de gafas -¿no era el mismo de hace un momento?- se le acerca a Elizabeta, sirviendo el té con cuidado en la taza. Da las gracias, siendo el turno de Gilbert y enseguida Arthur.
―Gracias, Alfred ―surca una sonrisa a lo que se detiene recordando―. Por cierto, ¿no hay mermelada de rosas?
― ¡Sabía que algo se me olvidaba! ―prácticamente no demora nada en regresar con lo pedido, dando pasos atrás, quedándose quieto, bueno no tan quieto, necesita moverse un poco mientras el otro que es igualito a él lo mira de reojo. Éste le pide que se comporte, hay visitas, no es como todos los días donde pueden hacer lo que quieran sin que Arthur los regañe, a Alfred más que nada.
Elizabeta se queda pegada mirando a ellos dos del servicio.
―Hermanos. ―le responde el rey ante las dudas internas.
Ahora es su oportunidad en sacarse su otra duda, la edad de su majestad presente, es muy joven para ser rey y por lo que ve no está casado, no hay retratos de una mujer que sea su esposa, tan sólo de quien es su progenitora. Con mucho respeto le pregunta, resultando una sonrisa. Arthur le cuenta que sus padres fallecieron, estaban bastante ancianos y enfermos, primero fue su padre hace tres años atrás, y el año pasado fue el turno de su madre. Ambos le cedieron el puesto de rey a pesar de las negaciones de sus cuatro hermanos mayores, no obstante a ellos también les tocó algunas tierras conquistadas por su padre en el sur. Cada uno tiene sus tierras, la cual siguen siendo parte de Bretan, pueden hacer lo que quieran con ellas, pero deben gobernar a la perfección, y si quieren hacer un gran cambio, deben preguntarle a Arthur. Esa es la historia. Le falta un detalle, son seis hermanos, uno que es el menor de todos se encuentra de viaje para ser educado…y un poco de vacaciones. Peter sólo tiene diez años.
Luego es turno de Arthur en preguntar, si están en un viaje, si necesitan algo más…
―Ah pues, sí, un viaje bastante largo ―menciona ella, dando un sorbo a su té. Gilbert le cuenta que ya le contó un poco a Arthur del viaje largo y peligroso donde negociaron, así que sabe―. La verdad, necesitamos monturas y provisiones.
―Y estadía ―agrega Gilbert. Arthur suspira, ese idiota siempre con sus estadías―. Tenemos que cruzar el mar. Te pago si nos llevas.
―Sólo lo haré por la señorita.
―Pero yo soy asombroso y hermoso ―con esto, el rey rueda los ojos disponiéndose a terminar de comer. Ofrece ayudarlos con monturas y todo lo que necesiten, y mañana en la mañana después del desayuno partirán en un barco a dejarlos en tierra al otro lado.
Una vez que terminan, Gilbert se toma el día para recorrer, en tanto Elizabeta, Arthur y un par de sirvientas, le ayudan a encontrar prendas para vestir durante el viaje, que le acomode, quizás similar a lo que usaba antes pero de mujer. Arthur le muestra algunos pantalones de su madre que utilizaba cuando joven en días de guerras, botas, accesorios, corset…
Supone que todo eso le servirá. Ya en la noche y antes de la cena, Elizabeta se encuentra en el hermoso y colorido jardín, deleitándose con mucha calma. El aire es limpio para sus pulmones, pensando, ¿qué estará haciendo Emma en estos momentos?, tal vez buscando prometido a vista y paciencia de sus hermanos. Ella no es princesa, pertenece a la alta aristocracia y son muy buenas amigas desde niñas. Ruega a que no la acusen por ayudar en el escape. De seguro Emma está mirando la luna.
―Hermosa noche ―Arthur aparece a su lado, resguardando las manos detrás de la espalda. Elizabeta corresponde a las palabras, es una noche muy linda―. Desde el otro lado del mar, se encuentra el reino de Franceburgo, es peligroso si ven a Gilbert.
Lo mira de reojo haciendo memoria cuando subieron al carruaje. Gilbert y él hablaron de Francis, que éste puso precio por la cabeza de su compañero de viaje. Si ese es el consejo del rey de Bretan, no le sorprende y le toma la palabra.
― ¿Debo actuar como si no lo conociera? ―sonríe, pues es similar a las palabras de Gilbert que le dijo al principio, aunque sólo era correr.
―Si quiere seguir viviendo para su misión, sí ―¿misión?, ¿qué misión, cómo él sabe? Nunca lo contó, ni la hora del té ni en la cena. ¿Acaso Gilbert habló de más?―. No tiene por qué sentir nervios, si quiere saber si Gilbert me dijo, pues no es así. No le haré un interrogatorio, pero sé que usted es la princesa de Hungriranto ―la toma por sorpresa―. Sus padres se comunicaron conmigo, no diré nada. ―promete guardar el secreto de su visita y se encargará de que nadie se informe de esto. Ella estará a salvo para rescatar al príncipe de Austrialank, su prometido, su amor verdadero.
Sólo recordar la situación en la que está, se le forma un nudo en la garganta. Su señor Roderich…
―El beso de amor verdadero rompe todo hechizo, inclusive el más poderoso. ―da luz de esperanza a Elizabeta, pero ella lo sabe. Tiene que llegar al castillo de la reina malvada y besar los labios del señor Roderich. Se ve tan simple…
Justo al instante de volver a dentro y cenar, Arthur la detiene con el habla para darle el último consejo respecto a Gilbert. Pueda que él sea un idiota y no piense todo con el corazón, pero es una buena persona, sólo que le cuesta admitirlo mientras no se trate de alguien que quiera y ame de verdad. Es muy necio y sólo se halaga por necesidad, porque realmente ha hecho cosas buenas.
Elizabeta no entiende por qué le dice todo eso, Gilbert no le interesa.
―A veces hay situaciones que lo ciegan, sólo ten cuidado aunque no te hará daño. ―diciendo esto, se dispone a entrar a cenar abandonando las interrogantes en la mente de la chica. ¿Acaso Gilbert le hará daño?, ¿la secuestrará para pedir recompensa? Es lo único que puede pensar.
Ya en la hora de dormir, se levanta en la madrugada saliendo de la habitación de huésped. Gilbert duerme en la de al lado. Baja a la cocina buscando algo para conciliar el sueño, lo que encuentra es leche fresca. Se sirve en un vaso y de la nada oye un gemido y un silencio que lo corta. No está loca, sabe lo que escuchó, intrigándola a averiguar la proveniencia. Sigue con instinto alejándose de la cocina, yendo por un corredor que es similar a su palacio, si mal lo sabe, esta dirección va hacia la servidumbre. Cada vez que se acerca a pasos sigilosos, sus oídos prestan a atención a ruidos bajos que van cambiando el ritmo. ¿Qué está pasando, están peleando? Sus preguntas son resueltas al llegar frente a la puerta, posando una oreja para oír con claridad.
Jadeos, respiración rápida y susurros. Oye voces masculinas…dos masculinas… ¿ah?
Decide abrir un poco la puerta, sólo su ojo derecho tiene que observar…, ruborizándose al máximo, pero no deja de ser espectadora de la pasión en la cama, claro que lo más sorprenderte es la persona que es causante de los gemidos del otro, que se le vuelve a escapar, oprimiendo los labios.
―Recuerda que tenemos visitas…, no subas la voz… ―éste es el rey Arthur, aferrado a sujetar las caderas de Alfred para un mayor contacto profundo, inclinándose adelante, juntando su torso con la espalda de él, teniendo en una posición de… En resumen, Alfred se encuentra en cuatro y Arthur entra y sale con calma.
Elizabeta no puede creer lo que ve…es…es… ¡hermoso! Dos hombres se aman mutuamente. Sí~, quiere más, más, más, más~.
―Mi rey… ―susurra Alfred.
―Te amo… ―suelta Arthur, provocando fuegos artificiales en Elizabeta. ¡Esto es maravilloso! ¡Tiene que inmortalizarlo!
Así que se apresura en regresar a su habitación sin hacer mayor ruido, sacando lápiz y papel para retratar lo acontecido. Nunca pensó que tal escena le gustaría tanto, ¡pero es una muestra de amor sin fronteras!, ¡un rey con un sirviente! ¡Oh por todos los cielos!
Vuelve al lugar, abre un poco la puerta y procede a dibujar a toda velocidad entrando en calor. Sus mejillas están tan rojas que cualquiera la confundiría con unos fuegos artificiales que salan en las ferias. Tiene que terminar esto luego o sí será utilizada como fuegos artificiales. Una vez inmortalizado el paisaje erótico, cierra la puerta, regresando a la cocina con todo el silencio para que nadie la escuche ni la atrape. No quiere tener problemas con su majestad.
Tanto calor que tiene que bebe un vaso de agua y gira para marcharse a su habitación, mas en eso Gilbert la saluda dándole un susto. Elizabeta, rápidamente esconde su papel y lápiz detrás de la espalda.
―Sé que soy asombroso en todo, ¿pero es para asustarse? ―pregunta sonriente, ella no dice nada― ¿Qué haces a estas horas levantada?
―Lo mismo que tú, beber agua, ¿no? ―arquea una ceja, Gilbert se encoge de hombros. Como no hay nada más que decir y que ella corra a la habitación sin que descubra lo que acaba de dibujar, decide irse.
―Oye ―sin embargo él la detiene con la voz―, mañana partiremos, así que ten esto en claro. Cualquier cosa que suceda en mi contra, te quedas atrás y corre.
―Ah…claro. ―no le toma tanta importancia, pero si hace conexión con la conversación con Arthur, es de tomarla enserio. Parece cierto que Gilbert tiene problemas al otro lado del mar. Tomará sus palabras y se marcha.
Gilbert suspira, esto es tan difícil…, todo por el plan.
En la mañana, la mesa está lista para recibir a los invitados y al anfitrión a desayunar, no obstante falta el último, no ha llegado, debe seguir durmiendo. Y si se da cuenta recorriendo la sala, tampoco está Alfred, sólo está su hermano Matthew. Elizabeta sonríe y se cubre con la mano, ella sabe por qué no ha despertado~.
― ¿Por qué estás sonrojada? ―Gilbert se da cuenta del color en su cara, Elizabeta le dice que no es nada, continuando con el desayuno.
― ¡¿Por qué no me despertarte más temprano, bloody hell?!
― ¡Perdón, es que te veías muy tranquilo y si te despertaba, te enojarías conmigo!
― ¡Idiota, ahora estoy enojado! ―los gritos provinieron de allá dentro, pasando por el corredor, lugar donde Elizabeta conoció muy bien. El último en gritar fue Arthur, entrando a la cocina mientras se abrocha los botones de la camisa… Se da cuenta que ya están desayunando y sus pómulos arden de rojo, más de lo que Matthew tiene a causa de él y su hermano mayor.
¡Ellos dos escucharon la conversación con Alfred! ¡Y su cabello está desordenado!
Gilbert queda mirando perplejo, tiene preguntas, muchas preguntas del por qué viene desde…
― ¡Buenos días! ―por supuesto, la señorita presente que sabe todo intenta cambiar el ambiente y que Gilbert no pregunte nada― ¿Se quedó dormido en el jardín? ―es posible que lo último no ayude demasiado.
―Ah…em… ―Arthur no sabe qué decir a pesar de la…ayuda…y su vergüenza. Matthew no aporta nada aparte de su sonrojo y una seria conversación con Alfred en estos instantes.
―Puedes haber tenido un poco más de respeto, ¡el asombroso yo está presente! ―exclama el albino, siéndole confuso para la señorita presente, ¿es que él sabe ya?―, y Eli, apenas tiene diecisiete años. No la traumes con tu mariconada compartida con el niñato de tu novio, y menos delante de ese otro niñato que no recuerdo el nombre.
―Matthew.
― ¡Eso, Matilde!
―Que soy Matthew.
― ¿O era Martes?
―Es Matthew.
― ¿No será Queso?
―Queso no es un nombre, Matthew es un nombre.
― ¿Quién?
― ¿Y tú quieres eres? ―detrás de las piernas del de melena rubia larga y de lentes, aparece un pequeño oso polar blanco.
―Soy Matthew.
― ¿Alguien habló? ―Gilbert mira para todas partes, ¡acaba de escuchar una voz de la nada!
― ¡Acaba de decir que se llama Matthew y no Queso! ―exaspera Elizabeta defendiendo al muchacho que nadie le presta atención. ¡Gracias al cielo que la señorita presente lo vea!, poca gente se percata.
― ¿Quién diablos es Matthew? ¿Quién demonios se puede llamar Queso? ¡Deberías preocuparte de no olvidar mi asombroso nombre! ¡Gilbert, Gilbert, Gilbert!
― ¡Yo soy el héroe!
― ¡Y soy asombroso!
― ¡Gilbert, Alfred, cállense ya! ―Arthur no da más con esa tonta plática con el hermano de Alfred, sobre todo cuando sus mejillas abundan más el color tomate, frunciendo el entrecejo. Pide disculpas a Elizabeta, tomando asiento para desayunar, pero a ella le resta importancia, sincerándose en saber todo sobre ese amor entre dos hombres― ¿C-Cómo lo sabe, de-desde cuándo?
Es imposible decir toda la verdad de que los espió, ¡iría al calabozo! Una mentira piadosa para salvar su vida no es malo.
―Desde el principio, tengo un sexto sentido que logra sentir el verdadero amor entre dos parejas ―surca una amable sonrisa. Gilbert rueda los ojos―. No tiene de qué avergonzarse.
―Gracias. ―no está del todo agradecido, es que no es tan fácil llevar el tema de tener una relación con su mayordomo. Él es el rey, de la realeza…
Continúa desayunando sin volver a tocar el tema para enseguida darse un baño y preparar el barco para zarpar. Y Alfred regresa agotado con una sonrisa risueña, recibiendo la conversación de hermanos.
Elizabeta prepara todas sus pertenencias, su traje nuevo para el viaje, otras prendas, monedas, oh y las monturas. De esto último se encarga Gilbert en el establo del palacio.
Al subir a la nave, guardan sus bolsos en la habitación que les asignó Arthur; camas separadas. Al principio Gilbert se quejó porque él era demasiado asombroso como para dormir con alguien en la misma habitación. Arthur le respondió que las demás habitaciones están sucias, esta era la única decente y limpia, y no reclame más. Elizabeta no tuvo problemas, bueno, hay dos camas, es lo mínimo.
Zarpan bajo el brillo del sol y sobre el mar azul, navegando. No es muy lejos la distancia de aquí al otro reino, cinco horas de viaje máximo. Elizabeta va a relajarse a la proa, donde también está Arthur. Ella le mira de reojo y sonríe, mencionando el hermoso día que hay hoy, a lo que el rubio afirma. Es un bonito día, respirando el aire del mar.
Luego de un silencio momentáneo, Arthur pide disculpas por lo de la mañana, interrumpir el desayuno sin todas sus prendas cerradas…, no fue su intención, él es educado y… Elizabeta lo detiene con su voz suave y calmada, entiende que se haya sentido avergonzado, sobre todo por la invitada que es ella, pues a Gilbert ya lo conoce y tal parece a toda claridad que conoce la relación del rey con el mayordomo. Arthur se sonroja, pues su relación con Alfred es…un tanto especial… ¡es complicado! Él es el rey de Bretan, ¿cómo podría casarse con alguien del servicio?
― ¿Le importa tanto lo que opine la gente? ―interroga Elizabeta, cerrando los labios del rey. Éste duda en negar― Usted es el rey, ¿verdad? Puede casarse con quien quiera, nadie le da órdenes. Además, creo que la gente de su reino se lo tomaría raro pero le agradará que se case con alguien que no sea de la realeza, lo sentirán más cercano.
―Tiene razón ―desvía la mirada y la regresa a los ojos de la chica―. He estado con Alfred desde hace dos años, siempre en secreto, en realidad no tanto.
―Dudo que las sirvientas no lo sepan ―ella no es tonta, se da cuenta que todas las sirvientas hacen lo mismo que ella, espiar detrás de la puerta. Arthur la mira desconcertando ante la sonrisa, la pequeña risa y el color rojo de las mejillas, ¿está bien?―. Sí, sí, estoy muy bien, jajajaja…
Arthur no le toma atención… A continuación, la princesa de Hungriranto da más consejos de parejas a pesar de tratarse de dos hombres, lo único que debe hacer Arthur es ser feliz con la persona que ama, es todo, y no ocultarlo más. ¿Cómo cree que se siente Alfred siendo escondido por él? Sólo debe tomar la iniciativa y ya, serán felices para siempre. Con estos consejos, Elizabeta regresa a la habitación, encontrándose con Gilbert. Él no es el problema en sí, es él mostrando su boceto de esa noche mágica.
¡¿De dónde lo sacó?!
―Me sorprende ese lado tuyo, pornográfico ―surca los labios, totalmente burlón y divertido ante el sonrojo de la de ojos verdes, que más allá de vergüenza, es enojo por invadir su privacidad―. ¿Desde cuándo la princesa de Hungriranto dibuja pornografía marica?
― ¡No es pornografía! ¡Y devuélveme eso! ―corre a alcanzar su papel hermoso, pero Gilbert extiende el brazo hacia arriba para que ella no alcance― ¡No es divertido, devuélvemelo!
― ¡Keseseseses, claro que lo es! ―ríe, viendo a la chica tratar de alcanzar incluso con saltos― ¡Ven, salta, salta, que el asombroso yo quiere jugar! ¡Keseseseseses!
¡Él es insoportable! ¿Cómo puede Gilbird estar tan tranquilo en esa cabeza blanca sin nada de cerebro?
¡Si tan sólo tuviera su sartén!
― ¡Es mío, Gilbert, no tienes por qué revolver mis cosas personales!
― ¿Revolver? ¡Estaba sobre ese cajón! ¡Tú tienes que ser más responsable, marimacha!
― ¡Eres un idiota insoportable! ―si tiene que golpearlo para recuperar lo que es suyo, lo hará. Justo al pensar en eso, Gilbird vuela de la cabeza de Gilbert, fue un aviso de que el barco hace un movimiento brusco, haciendo a los dos caer al suelo.
Gilbert se golpea la espalda contra la pared, cayendo sentado, mientras Elizabeta se inclina hacia adelante, cayendo sentada frente a él. Al principio las posiciones no la toman en cuenta, sólo se quejan de ese brusco movimiento de la nave sin que el albino suelte el arte de Elizabeta. Ésta al fin hace el primer movimiento alejándose un poco de Gilbert y alzando la mirada. Hay un contacto visual que le hace tensar los músculos y nacer el color en sus pómulos. Sólo mira los ojos de Gilbert, nada más.
Gilbert presiona los labios, mostrando su cara de nerviosismo ante la posición. No obstante, reacciona al notar en qué posición están, divisando lo aturdida que se encuentra su compañera de viaje, como…absorta. Bueno, es normal que las personas le miren de ese modo, él es asombroso…, es más que eso.
Afloja los labios y posa una palma tocando un lado del rostro de Elizabeta. De repente algo se dispara dentro de ella, electricidad estática.
…
N/A: Colocar a Feliks de "Reina Malvada", no fue fácil(?). Ya enserio, no sabía a quién colocar y quería humor, así que pensé en él como la "Reina Rosada", me pareció muy simpático xD
Pero no será el único antagonista, ya verán, ¡muajajajajajaja!
Y sé que la participación de los tres rubios fue poca, en otros capítulos habrá más de ellos, tengan calma.
¿Quién quiere ver el boceto artístico de Elizabeta? Lástima que no hay aparatos tecnológicos en su mundo xD
Ya sabemos le plan B, ¿de qué va el plan A? ¿alguien sabe? :3
¡Saludos!
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