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La sacerdotisa de fuego
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Habían transcurrido tres meses desde que Darién recordara todo su pasado, tres meses en los que se habían vuelto a conocer. Y aunque en esos tres meses no se habían presentado enemigos ni ataques a la ciudad, habían llegado a la conclusión de que lo correcto era despertar a las demás.
Habían estado por más de una semana decidiendo por quien irían primero, y al final decidieron ir por Mars.
—No estoy totalmente segura de esto—Serena miraba las escaleras que ascendían hasta llegar al Templo Hikawa.
—Lo prometiste Serena—Darién puso una mano sobre su hombro—Es lo mejor.
—Pero no ha habido ataques desde lo ocurrido en el muelle—Se quejó Serena—Tal vez deberíamos esperar para ver si los necesitamos—Intento escapar de la situación—Además yo logre despertar un nuevo poder—Sonrió—Aunque aún no sé cómo volver a invocarlo—Se pasó una mano por la nuca.
—Lo sé, y lo entiendo—La voz de Darién era muy suave—Pero ellos tienen derecho a saber quiénes son, y cuál es su pasado y su destino.
—Está bien—Suspiro con resignación, y comenzó a subir las escaleras. Miro entre sus manos la pluma roja con el símbolo de Marte.
¿Cómo sería Reí ahora? ¿Sería correcto aparecer de la nada y pedirles que vuelvan a la batalla contra el mal? Las extrañaba, claro que lo hacía, esos cuatros años en soledad habían sido los más difíciles, sin él, sin ellas. Pero valía la pena si podía ofrecerles la oportunidad de una vida normal, una vida que siempre soñó para ella misma.
Sin darse cuenta llego hasta la cima de las escaleras y pronto se encontró en la explanada del Templo. Nada había cambiado, aquel lugar a un tenía ese aire místico y lleno de paz. Tenía un leve olor a incienso y flores. Recordó la primera vez que había ido a ese lugar en búsqueda de un amuleto para la suerte en el amor. Era tan joven en ese tiempo.
Recordó la primera vez que vio a Reí, una chica tan hermosa y misteriosa, con ese aire tan elegante digno de una sacerdotisa. Jamás se imaginó que ella fuera una Senshi; Sailor Mars, la guerrera del fuego y la pasión. Reí se había convertido en una verdadera amiga para ella, una chica de carácter fuerte y pasional, y aunque la mayor parte del tiempo se la pasaba molestándola, eran buenas amigas. Siempre la había protegido, siempre hasta el final…
Llego hasta la habitación del fuego sagrado. El fuego de Marte. Avanzo hasta quedar delante del fuego, y sintió la calidez que le daba la bienvenida. Por un momento se quedó hipnotizada viendo las llamas danzantes.
—Fuego Sagrado—Suspiro—Me pregunto si estaré haciendo lo correcto—Realmente no esperaba una respuesta. El fuego de Marte, nunca había respondido a la familia de la Luna.
De repente el fuego creció en tamaño y la rubia se vio un poco destanteada cayendo de frente al fuego. De inmediato alzo sus manos al frente para protegerse, pero el dolor nunca llego. El fuego sagrado no la dañaba. Solo sentía la calidez de Marte.
"¿Por qué has venido?"
La voz del fuego fue escuchada en su mente.
Serena se quedó sorprendida ante todo aquello y lentamente se puso de pie. Ahora todas sus dudas estaban despejadas.
—Ya la necesito, necesito a tu sacerdotisa… necesito a mi amiga.
"Ella espera por ti, ha esperado por mucho tiempo"
Serena sonrió, ahora estaba más confiada en su decisión. Se giró para buscar a su amiga, pero al darse vuelta se topó con un par de ojos color amatista.
—Reí…
La mujer de largos cabellos color ébano se encontraba preparando un poco de té. De repente sintió un extraño presentimiento, una presencia estaba en el Templo. La energía que emanaba aquella persona lograba desconcertarle, era bastante diferente al resto, pero al mismo tiempo era muy familiar y cálida, llena de luz.
Lentamente coloco la taza de té en la mesa, y se encamino rumbo a la habitación del fuego sagrado. Ella era la responsable del templo, lo había sido desde que su abuelo muriera hace un par de años. Su abuelo, a veces aun dolía recordarlo. Además de Nicholas, su abuelo era todo lo que ella tenía. Nunca había sido una chica sociable, al contrario, era demasiado introvertida. Aunque las personas la respetaban como la sacerdotisa del Templo, le temían como persona. Aveces los escuchaba susurrando sobre lo rara que era.
Realmente su vida se había vuelto solitaria. Después de que su abuelo muriera, Nicholas también se había marchado. El joven castaño se había ido buscando un sueño lleno de fama y fortuna. Y Reí, no lo culpaba ni lo recriminaba, pero no lo había perdonado por que la dejara cuando ella más lo necesitaba. Si bien era cierto que ella jamás le había dado una oportunidad real al joven, en el fondo sentía algo muy fuerte por él.
Sus pensamientos la habían llevado hasta la habitación del fuego sagrado. La persona con esa presencia tan singular estaba dentro. Abrió lentamente la puerta corrediza y miro a una mujer de largos cabellos dorados.
—Fuego Sagrado. Me pregunto si estaré haciendo lo correcto.
Reí escucho la suave voz de la chica en un susurro. De repente la chica callo al frente sobre el fuego, y el corazón de Reí salto en su pecho de la preocupación. Pero la chica no resultó dañada, el fuego no la hería. Lentamente mujer se puso de pie.
—Ya la necesito, necesito a tu sacerdotisa… necesito a mi amiga.
La mujer se giró y la miro sorprendida con sus grandes ojos azules.
—Reí…
¿Por qué esa mujer sabia su nombre? ¿Quién era ella realmente y por qué irradiaba esa energía? Estaba por decir algo, cuando algo en la mirada azul de la mujer le pareció terriblemente familiar.
— ¿Nos conocemos? —Pregunto dudosa.
La mujer de largos cabellos dorados sujetos en un par de coletas la miro llena de melancolía. Sus ojos azules amenazaban con derramar el llanto, lentamente dio un paso hacia ella.
—Reí…—Comenzó—Hace mucho tiempo, en otras vidas, nosotras éramos amigas, compañeras—Suspiro, no sabía bien como decir todo aquello—Pero algo malo sucedió y nos vimos forzadas a separarnos—La miro fijamente—¿Me preguntaba si…si querrías ser mi amiga de nuevo?
La mujer de cabellos negros y mirada amatista la miro sin atender exactamente a qué se refería, pero algo dentro de su corazón le indicaba que debía estar cerca de aquella que estaba frente a ella. Algo le decía que ella era la familia y la compañía que necesitaba.
—Yo no comprendo—Dijo dudosa— ¿Qué sucedió? Yo no recuerdo haberte conocido—Respondio con cautela.
—Sé que todo esto parece una locura—Se acercó y tomo su manos poniendo un objeto en ellas—Pero de verdad te necesito.
Reí bajo la mirada y observo la extraña pluma roja con detalles en dorado. En la punta tenía un círculo dorado con un símbolo rojo. El símbolo de Marte. Un dejo de melancolía la recorrió al tener ese objeto entre sus manos.
— ¿Qué es? —Dijo sin dejar de mirar el objeto.
—Son las todas las respuestas que necesitas, son todos los recuerdos de otras vidas—Respondio—Si aceptas tu destino, solo utilízala. Pero si lo haces, debes saber que esos recuerdos, no solo son felices y dichosos, también hay algunos sumamente dolorosos. Si decides seguir con la vida de una persona normal, yo no volveré a molestarte—Serena se giró y se alejó del lugar lentamente.
— ¿Quién eres tú? —Pregunto Reí.
—Solo soy una chica que desea estar de nuevo con sus amigas—Sonrió con tristeza.
La rubia salió del templo y camino lentamente por las escaleras. Su novio la esperaba en la parte inferior.
— ¿Cómo fue todo? —Pregunto tomándola en sus brazos.
—Esto es más difícil de lo que imagine—Se acurruco en su pecho—Volver a ver a Reí, me hizo recordar muchos momentos, y no solo los felices, también cuando tuve que perderla, al igual que a las demás chicas. Ellas no se merecen pasar por todo esto de nuevo.
—Sé que quieres protegerlas—Dijo en un susurro—Pero ellas nacieron para ser las protectoras del Sistema Solar.
— ¿Crees que invocara el poder de la pluma? —Pregunto dudosa—Sé que nuestro destino es proteger este mundo de los males, pero debe haber más que solo lucha y muerte, y luego más luchas y más muerte—Dejo que algunas lágrimas corrieran por su mejillas.
—Tal vez en algún momento, tú lo puedas lograr—Le dio un beso en la frente—Lograr llevar este mundo a una era utópica llena de paz.
Avanzó tranquilamente a través del amplio pasillo de piedra. El pasillo era ancho, de piedra oscura, rodeado por altas columnas a izquierda y derecha. Concluía en una enorme puerta doble de ébano, con manijas y bisagras de oro. El hombre de cortos cabellos de un rojo intenso y mirada del mismo tono, abrió la puerta de par en par, adentrándose en la habitación del otro lado. Se trataba de una gran recámara de forma circular, con amplios ventanales ubicados a los lados, todo trabajado en la misma piedra negra y pulida. La recámara se encontraba rodeada de columnas entre ventanal y ventanal, y conducía a un segundo pasillo sumido en las sombras.
El hombre atravesó a paso lento la recámara, con una sonrisa astuta en los labios. Era un hombre de no más de veinticinco años de edad, alto y corpulento, de musculatura bien definida. Tenía la piel levemente bronceada. Vestía un chaleco negro y pantalón verdoso estilo militar, acompañado de un par de botas negras.
— ¡Mis estimados amigos!—exclamó de repente, deteniéndose en medio de la recámara— ¿En qué puedo ayudarlos?
Durante unos segundos, el silencio fue la única respuesta que obtuvo. El hombre esperó pacientemente con una sonrisa, observando de una a otra a las dos sombras ocultas tras las columnas.
— ¿Has lanzado ya algún ataque en contra de esa guerrera de la Luna?—preguntó una voz solemne.
El hombre clavó sus ojos rojos en la delgada silueta a su derecha, la cual salió desde detrás de uno de los pilares.
—El último ataque de Sailor Moon, mermo nuestras filas de youmas, pero ya nos hemos preparado, muy pronto volveremos al ataque—Amplió su desagradable sonrisa, observando de reojo al joven. Era un sujeto alto y delgado pero de marcada musculatura. Vestía una túnica blanca al antiguo estilo griego, larga hasta la rodilla. Su rostro era pálido de facciones finas. Sus ojos eran de un dorado profundo, y la espesa cabellera de un color blanco azulado.
—Sailor Moon sigue creciendo en fuerza, mientras nosotros nos escondemos aquí como ratas.
— ¿Acaso deberíamos preocuparnos por eso? Ningún guerrero de la Luna, es rival para nosotros—sonrió fríamente, cruzando ambos brazos sobre el pecho—Debemos tener paciencia, muy pronto el Cristal Umbrío despertara con todo su poder.
—El Cristal Umbrío…—Dijo la tercera persona en la habitación, era la voz de una mujer—A diferencia de sus compañeros, vestía una larga túnica negra, ceñida a las formas de su cuerpo y rozaba el suelo al caminar. Era una mujer delgada, pero esbelta, con una piel blanca e inmaculada hasta el extremo. Sus ojos de rubí carecían de cualquier tipo de brillo, lo cual le daba un aspecto extraño a su rostro afilado. Sus cabellos eran de un rosa oscuro y caían sueltos rozándole la cintura.
—Muy pronto llegara el momento de derrotar a los herederos de la Luna—El hombre sonrió de un modo repulsivo, mostrando unos dientes blancos y perfectos—Muy pronto…—Sus ojos rojos brillaron como dos brasas encendidas en la oscuridad de la habitación.
La mujer de cabellos negros se encontraba meditando en la habitación del fuego sagrado, la visita de la rubia la había dejado un poco inquieta, y estaba tratando de encontrar algo de tranquilidad. Sus ojos amatista se enfocaron en la extraña pluma roja que aun sostenía en sus manos.
— ¿De verdad este objeto puede tener todas las respuestas? —Se preguntó— ¿Y sobre todo, yo quiero saber esas respuestas?
Había intentado utilizar la pluma, pero algo la detenía. La mujer le había dicho que había muerto en otras vidas. Eso realmente sonaba absurdo, ya que no podía recordar nada de esas otras vidas. Pero había algo en la rubia que le provocaba una sensación de familiaridad.
El sonido del teléfono la saco de sus pensamientos. Lentamente se puso de pie y camino hasta el lugar donde se encontraba el aparato.
— ¿Hola? —Respondio.
—Reí, que alegría escucharte—Una voz masculina sonó al otro lado de la línea.
—Nicholas...
—Me alegra saber que aún me recuerdas—Su voz sonaba feliz.
—Como podría olvidarte—Respondio con un suspiro—Eres un cantante muy famoso. Simplemente el día de hoy escuche tu nombre de tres jovencitas.
— ¿Acaso estas celosa? —Pregunto en tono juguetón.
— ¿Celosa yo? —Respondio con el mismo tono— ¿Acaso la fama te ha vuelto loco?
—Eres la única mujer que me gusta, y lo sabes.
—Eres un mentiroso Nicholas, debes tener cientos de fans.
—Deberías ser más amable conmigo—Respondio con un puchero—O de lo contrario no te daré un boleto para mi concierto en Tokio.
— ¿Incluirá un pase a los camerinos?
— ¡Claro! —Sonrió el hombre.
—Está bien, lo acepto—Sonrió—Tal vez me agradas un poco.
— ¡Lo sabía! —Respondio—Te enviare el boleto mañana al Templo, ahora tengo que irme—Su voz se volvió un susurro—Te he extrañado mucho…
—Yo también Nicholas…Yo también—Respondio Reí.
La mujer colgó el teléfono, pero la sonrisa en sus labios no desaparecía. Ese tonto siempre lograba ponerla de buen humor, aunque solo hablaran unos minutos, eso era suficiente. Realmente estaba feliz por Nicholas, porque todos sus sueños se volvieran realidad. Ella también era feliz, estaba logrando llevar al Templo a una etapa de prosperidad, y sabía que eso era lo que más anhelaba su difunto abuelo. Aunque debía admitirlo, se sentía sola.
Se encamino a la cocina dispuesta a prepararse un té. La pluma roja yacía olvidada momentáneamente sobre la mesa del teléfono.
Una semana paso volando desde la llamada de Nicholas, y Reí se preparaba para ir al concierto. Había adquirido un hermoso vestido escarlata especial para aquella ocasión. Estaba dispuesta a impresionar a Nicholas
Se pudo delante del espejo y admiro su delgada y elegante figura en el vestido rojo. Las curvas se cuerpo se delineaban perfectamente debajo de la tela, mostrando el cuerpo adulto de una hermosa mujer. Su largo cabello negro caía suelto adornado por un pequeño broche rojo. Añadió un toque coqueto con un lápiz labial de mismo tono.
—Nada mal para un sacerdotisa—Dijo mirando su reflejo.
La noche había pasado tranquila, y el concierto de Nicholas fue todo un éxito. Pasados unos minutos después de que terminara el espectáculo, la morena se encamino hacia los camerinos. Aunque no lo admitiera sentía un poco de nervios. Dio un par de golpes a la puerta y una voz respondió desde el interior. Abrió la puerta y vio al chico castaño sentado en unos de los sillones.
— ¡Luces espectacular!—Dijo el hombre impresionado por la belleza de la mujer.
—Basta Nicholas.
Nicholas se puso de pie y la atrapo en un fuerte abrazo.
—Es un gusto verte de nuevo.
Hablaron un rato sobre lo acontecido en sus vidas durante los últimos meses. El hombre platicaba sobre sus giras y conciertos, y Reí lo escuchaba atenta, le gustaba escucharlo hablar con tanta animosidad. Después de un rato se volvió hacia ella.
— ¿Y qué hay de nuevo contigo?
—No mucho, ya sabes me mantengo ocupada con las cosas del Templo.
—Deberías tener un poco más de vida social.
—La tengo—Respondio la mujer.
— ¿Cuándo fue la última vez que saliste?
—Estoy fuera esta noche—Respondio con una sonrisa.
—Aparte de esta noche—Continuo insistente.
—He estado ocupada—Respondio bajando la voz.
El joven se puso de rodillas delante de ella y sujeto sus manos entre las suyas.
—Sabes todo lo que yo siento por ti—Dijo mirándola a los ojos—Desde que tu abuelo murió te has vuelto muy solitaria, estoy preocupado por ti.
—Estoy bien Nicholas—Contesto ella.
El hombre se acercó aún más provocando un sonrojo en las mejillas de Reí. Sin que esta lo esperaba le dio un beso en la frente, y luego puso su barbilla en su cabeza.
—Ven conmigo—Dijo sin mirarla—No quiero que estés sola…
—Nicholas…—Respondio ella sintiendo como su corazón latía fuertemente y sus mejillas ardían—Yo…yo, no puedo. Mi lugar está aquí, en el Templo de mi abuelo.
Después de aquello ambos se habían mantenido en silencio, Nicholas con su barbilla sobre la frente de la chica, sintiéndose como un tonto por ser rechazado de nuevo. Y Reí recargada en el pecho de aquel hombre que le provocaba tantas sensaciones.
Un rato había pasado y después de despedirse, Reí se dirigió de nuevo a su hogar. En su mente aun rondaban las palabas de Nicholas, además de las que había dicho la mujer rubia.
—Solo soy una chica que desea estar de nuevo con sus amigas—Sonrió con tristeza.
Entro en soledad del Templo y vio la pluma roja en la mesa del teléfono. Aunque nunca lo admitiera se sentía sola. Su sueño era tener una familia, amigos, estar rodeada de personas.
—Yo también deseo tener amigos…—Tomo la pluma e invoco la magia dentro de ella.
Su mente se nublo, y se vio rodeada por las llamas. Las llamas eran los destellos de su pasado. Su vida como Rei Hino princesa heredera de Marte. Su vida como Lady Mars guerrera en la Luna. Y su última vida como Sailor Mars, guardiana de la princesa de la Luna. Toda la felicidad, todo ese dolor, todo llego a ella de golpe. Los ojos azules que irradiaban tanto amor, de aquel hombre de cortos cabellos rubios, luego los mismos ojos ahora con frialdad. Sus últimos momentos en la batalla con el Negaverso…
Tres de sus amigas y compañeras ya había perecido ante el poder de la oscuridad, y ahora solo quedaba ella para proteger a la princesa de la Luna.
—Sailor Moon, aunque siempre nos la pasamos peleando, fue lindo—Dijo tratando de sonar tranquila.
— ¿De qué hablas Sailor Mars? —Respondió Sailor Moon.
—Solo quería que lo supieras por si me pasa algo—Su voz estaba llena de melancolía.
— ¡Prometimos que no pensaríamos en…!—Respondio Sailor Moon desesperada.
Delante de ellas aparecieron las últimas dos malignas del Negaverso. Sailor Mars dio unos paso delante, lista para enfrentarlas. De inmediato Sailor Moon corrió para detenerla.
— ¡Espera! —Suplico—No te preocupes me ocupare de ellas yo misma, acabare con ellas y también con la reina Beryl—Su voz estaba desesperada—Y nos iremos a casa—La tomo por los hombros—Sailor Mars adelántate, y espérame allá—Comenzó a llorar—Prométeme que nunca morirás.
—Tendrás que pelear en el último momento, tendrás que ahorrar toda tu energía—Sonrió con valentía—No te pongas así Sailor Moon—Trato de calmar a su amiga— ¡Además nunca se sabe, tal vez no me pase nada y sobreviva! —Bromeo— ¡Ahora voy a pelear contra las malignas, nos vemos!—Se alejó para enfrentar a las enemigas.
Sailor Moon se quedó inmóvil viendo como Mars, se alejaba lista para la batalla. Las dos malignas se arrojaron sobre la morena, pero ella estaba preparada.
— ¡Fuego de Marte!—Las malignas esquivaron el ataque hundiéndose en el suelo rocoso—No funciono…
De repente la tierra se abrió lanzando a Mars y atrapándola en su interior.
— ¡Sailor Mars!—Gritos Sailor Moon, al ver como su amiga era atrapada por las frías rocas. Luego se quedó inmóvil viendo la tumba de rocas—Reí…
Detrás de ella apareció la maligna de piel verdosa y lanzo un ataque.
— ¡Vas a morir!
Pero de la montaña de rocas salió disparara un poderosa ráfaga de fuego incinerando a la maligna.
—Sailor Mars—Dijo Sailor Moon, esperanzada de que amiga estuviera viva.
La explosión de fuego revelo a la última de las malignas, sujetando a la Senshi de fuego para después arrojarla contra las rocas.
—Con que ahora solo queda la princesa.
— ¡Sailor Mars!—Grito la rubia viendo a su amiga en el suelo.
—Mejor prepárate—Grito la maligna, pero se vio sujeta por la mano de Sailor Mars— ¡¿Queee?!—Grito mirando hacia abajo— ¡Nooo!
—Fuego de Marte—Susurro la morena.
La poderosa llamarada quemo por completo a la última de las malignas. La explosión destruyó el cumulo de rocas dejando a una agonizante Mars sobre una montaña de hielo.
—Creo que Sailor Moon tenía razón—Dijo en un hilo de voz—Si debí haber besado a Nicholas. Era tan simpático, agradable—Su voz se apagó.
Todos los recuerdos vinieron a ella.
—Serena amiga—Susurro Reí.
Un nuevo ataque se había suscitado en la cuidad y la rubia corría dispuesta a hacerle frente. Si el enemigo había vuelto estaba segura que lo haría con más fuerza. Se concentró tratando de invocar todo su poder, sujeto el boche redondo entre sus manos.
—Por favor, dame ese nuevo poder para enfrentar al enemigo—El broche en sus manos brillo y comenzó a cambiar. Se tornó de un color plata con detalles en dorado. Su forma cambio a un corazón alado con una luna en su interior, rodeado de gemas de diferentes colores.
— ¡Infinity Sailor Moon, Transformación!
Una nueva transformación llego a ella, el uniforme plateado con detalles en blanco y dorado la cubrió por completo, en su mano derecha sostenía el báculo lunar.
Corrió hasta el lugar de la batalla y pudo apreciar un grupo de youmas, pero estos eran diferentes, eran youmas de sombras. Una presencia llamo su atención, cuando se giró para mirarla, se quedó sorprendida de verla en ese lugar.
—Reí…—Dijo en un susurro.
—Esperabas a alguien más Serena tonta—Sonrió la melancolía de aquellos días—Parece que tenemos trabajo por hacer—Levanto en alto la pluma roja, esta comenzó a brillar y cambio para convertirse en un broche rojo en forma de estrella con el símbolo de marte en su interior, rodeado de pequeñas gemas moradas.
— ¡Infinity Sailor Mars, Transformación!
El cuerpo de Reí, se vio rodeado de llamas y fuego. Sus ropas fueron sustituidas por un uniforme de Senshi rojo. El cuello, la falda, el adorno de los guantes y el listón de la espalda mantuvieron su color rojo, mientras el del pecho era de un morado intenso con el broche en el centro. En su cintura apareció un adorno dorado y rojo, y en sus piernas dos botas altas de un rojo intenso adornadas con dos pequeños rubís. En su frente brillaba el símbolo de Marte, que la distinguía como princesa y guerrera de dicho planeta.
— ¡Onda Ígnea de Marte!—Levanto sus manos y lanzo una corriente de fuego hacia todos lados destruyendo a varios de los youmas.
— ¡Réquiem Plateado de la Luna! —La rubia lanzo el ataque con su báculo acabando con el resto de los enemigos.
Sailor Mars se acercó hasta su amiga.
—Decidiste volver—Dijo Sailor Moon.
—Tardaste demasiado en buscarme—Respondio Mars, y ambas se abrazaron.
—Sailor Mars ha despertado—declaró el hombre de ojos rojos—No podemos permanecer de brazos cruzados.
El joven de ojos dorados permaneció imperturbable.
—Debemos absorber la mayor cantidad de energía—continuó el hombre de cabellos rojos—Es nuestro deber despertar el poder del Cristal Umbrío.
—Ese es tu deber, recolectar energía—Dijo el joven de cabellos blancos—Nosotros preparemos el Cristal para recibir la energía.
—Espero que tengan todo listo para cuando llegue el momento—Sin decir nada más se giró y salió de la habitación.
—Él es muy impetuoso—Dijo la chica.
—Lo sé—Contesto el joven—Pero aun lo necesitamos, él debe recolectar la mayor cantidad de energía.
La chica se acercó hasta quedar delante del joven, paso sus delicadas manos alrededor de su cuello, y lo beso suavemente en los labios.
—Mientras estemos juntos, todo estará bien, mi amor—La chica se acurruco en los brazos del joven de cabellos blancos y mirada dorada—El trono de Tokio de Cristal será mío, tal cual debió ser siempre.
Segundo capitulo...
Espero que sea de su agrado. Como regalito dejo a Infinity Mars. Como no me permiten subir imágenes. Busquen en mi Perfil mi cuenta de Facebook donde encontraran el álbum del precio de la paz.
