Capítulo 1: La excepción a las reglas

Caminan por los pasillos y aun sus risas llenan las paredes y cada rincón que atraviesan a paso lento y sin apuro que dan.Están tranquilos porque saben que no los inspeccionarán hasta el día siguiente, conformes porque ni aunque inspeccionen sus varitas encontrarán el más mínimo rastro de culpabilidad. Remus se abraza de James y Peter, mientras con una mano, que alarga sin demasiados problemas, le da una calvada a Sirius. La broma ha estado genial y aunque debe fingir acatarse a los reglamentos y ser una figura ejemplar entre los menores, Remus es tan merodeador como cualquiera de ellos y sabe disfrutar de una buena gastada. No debería, se dice muchas veces, pero de nada sirve, pues tampoco debería ser licántropo y estar encubierto en Hogwarts y, mucho menos, tener semejantes amigos. ¿Pero quién dice qué debe ser y qué no? Al diablo con todo, él puede demostrar que siendo licántropo puede ser tan animal y humanoa la vez como ninguno, de la misma forma, que un merodeador puede ser un prefecto mejor que cualquier otro. No importa que sus amigos, incluso él mismo, piensen que los prefectos son unos ñoños, chupa medias de los profesores y peor aún, unos chivatos de primera. Él, Remus John Lupin, sería la excepción a la regla, como el mandato merodeador establecía. Y así, con unos comentarios semejantes con uno y otros conocidos que se sorprendían también de haber sido elegidos prefectos; con unas cuantas conversaciones con las personas adecuadas en las reuniones que acaecían regularmente entre los prefectos consumados y otros un tanto desacatados, formaron un subgrupo dentro del amplio espectro de mandatarios. Con reuniones clandestinas, con un grupo de lo más selecto y minorista, conformaron una logia de prefectos en pos de la ayuda y el beneficio de sus pares y no en contra. Con mayoría de Gryffindor y Ravenclaw trataban de negociar con los Hufflepuff que habían demostrado ser un poco más reticente en cuanto a romper las reglas se trataba; simplemente el mandato de ser prefectos se les había subido a la cabeza dándose cuenta que por una vez podían servir para algo. Con ayuda mutua, con puntos para dar y regalar a consciencia mientras se diagramaba todo un sistema para también quitar y compensar rellenando pozos, con favores y asistencia que prestar a cambio de otros favores, se movían entre la ilegalidad bajo un manto de seriedad y ocultismo. Confabulando unos con otros, montando guardias fuera del circuito de las rondas oficiales y defendiendo sus intereses sin responder siquiera a la casa a la que pertenecían sino a la prefectura concedida ilusamente por el director.

Varios alumnos, que los interceptan en las escaleras o en un corredor, le felicitan en su día y recuerdan la gran fiesta que será esa noche. Timothy Burrow, prefecto de Ravenclaw y dos años mayores que el presente grupo, se detiene para felicitarle y entre el comedido deja escapar unas frases sobre el sistema de protección que diseñaron sus compinches para que la fiesta de esa noche se llevara a cabo con éxito. Se separan rápidamente porque Remus ese día es objeto de todas las atenciones y durante todo el trayecto no deja de recibir felicitaciones y uno que otro mensaje subliminal sobre el accionar de sus compañeros de la mafia prefecta. Una fiesta les aguarda y promete ser una de las buenas, una de esas que se comentará por semanas. Remus no cabe en sí de tanta felicidad cuando sus amigos, ya entrando en la habitación, pelean por cuál de ellos se le ocurrió la mejor parte del plan. Se empujan, tontean y Remus disfruta de aquello porque en cualquier momento terminaran a los abrazos. Y sí, así es, la pelea termina para dar lugar a elogios y flores por ser tan grandiosos, "porque fue idea de todos, somos geniales". Se ríen, con esas risas contagiosas que sólo puedes unírteles hasta que te duela la cara y el estómago. Peter en cualquier momento va a mearse encima. Sirius se abraza de James, con un brazo alrededor de su cuello que lo presiona firmemente. Les brilla la mirada y se ríen sin sentido ya. Canuto lo lleva más hacia sí y lo besa en los labios. Un beso corto, fraternal. Labios sobre labios. Ese ímpetu loco por manifestar su cariño, su éxtasis merodeador de alegría triunfante. Remus los mira y admira un poco esa manera de tratarse tan cercana, tan íntima que sólo esos dos tienen. Comienza a descalzarse y buscar alguna camisa en el armario, que seguramente está vacío y deberá buscar por toda la habitación. Sirius se mete al cuarto de baño dejando tras sí, una habitación más silenciosa puesto que Peter ya ha parado de reírse.

El éxtasis de estado puro merodeador, se agita como las burbujas de un champagne antes de ser descorchado. Pero aun tienen toda una noche por delante para explotar. El ambiente previo a una fiesta es tan palpable, como cuando Gryffindor gana un partido o Peter aprueba un examen con un Extraordinario. Como cuando Sirius contiene esa energía de tormenta eléctrica en su interior y la libera llenando cada partícula del ambiente de magia, pequeñas vibraciones que llegan ondulantes y causan cosquillas en la piel. Como cuando James se posesa y canta compenetrado una canción, cual estrella de rock en concierto, y lo único que puedes hacer es unírtele y rockear. Como cuando Peter salta de la emoción y no puede contenerse por efectuar una broma y deseas complacerlo porque su emoción es tan genuina e infantil que contagia.

— Esta noche voy a estar con Lily otra vez. – Manifiesta James mientras se mira al espejo y se revuelve el cabellobuscando diferentes ángulos de su rostro. Sirius, queya se ha aseado y recién comienza a cambiarse, le pega con la toallahúmeda con la que acaba de secarse y le echa una de esas miradas incrédulas y burlonas. – Es cierto, imbécil. En la cename puso una de esas miradas… hasta Peter la vio. – Colagusano que está indeciso entre un pantalón de color azul chillón y uno gris a cuadros, asiente mecánicamente con la cabeza.

— Lo que tú digas, perono te ilusiones que después lloras como una nena cuando se va con su noviecito – Opina Sirius porque siempre tiene que meter bocado en ese asunto.

— Yo no ando mariconeandocomo cada vez que Lockhart te gana una chica… y además si a ella no le importa demasiado Diggory, a mi menos. – Afirma Cornamenta aún buscando perfiles favorables ante el espejo. Sirius simplemente bufa por lo bajo y emite un "como si eso fuera posible" Entonces algo cambia en la expresión de James y su semblante se ensombrece y se arruga ligeramente. – Ey, Lunático, ¿crees que Lily deje a Diggory pronto?... ¿Cuánto tiempo salió contigo, dos meses, tres…?

Remus piensa que no es necesario que le recuerde eso cada vez que hablan de Lily, han tocado el tema por lo menos cinco veces y Remus se cansa de decirle lo mismo, pero James no solo es miope, es torpe, es sumamente testarudo. A veces piensa que supera a Sirius, pero solo cuando tratan temas tan molestos e insignificantes.

— Ya olvídate de eso, James… en serio que no duró tanto y no fue tan significativo. – Cortó Remus el asunto. Cuando había salido con ella, su amigo no aseguraba estar perdidamente enamorado como ahora. En realidad en unprincipio James se había sentido algo ofendido, sin embargo terminó por ceder ya que losverdaderos amigos no se peleanpor mujeres. Pero cuando la relación se dio por terminada, James no se contuvo y le preguntó todo, absolutamente todo, sobre Lily Evans. Ahora Remus deseaba que sea un tema olvidado y esperaba que James lo olvidara también. Al menos así lo habían decretado ellos cuando los nombraron prefectos y debieron ser colegas.

— Estoy con la pelirroja, es lo único que importa – Aseveraba James no del todo convencido pero algo en su interior le hace confiar y dejarse llevar. Vuelve a sonreírse en el espejo y observa a Canuto que se refleja en él.

Sirius tarda en vestirse, se demora en ropa interior porque le encanta estar desnudo y le encanta que le miren, sea quien sea. Examinaba unos jeans algo apretados, mientras hacía más grande el agujero que había abierto en la tela, justo en la parte de las rodillas. Su opinión sobre Lily Evans era bastante ambigua. Creía que era una de esas chicas inteligentes y estudiosas que no se metía en problemas, pero que sabía cómo llevar su fiesta privada y no ser una santa aburrida.Estaba bastante buena, debía concordar con varios, pero aunque aplaudiera su liberalismo en cuanto a relaciones, tenía que admitir que no soportaba que se metiese y usara a James, su hermano del alma. Estaba muy bien que Jimmy disfrutara de su cortesía, y se alegraba en parte por verlo así, como cuando había vuelto esa noche de haber estado con ella sin poderlo creer, sonriendo, perdido completamente. Y no, tampoco debía confundirse, Sirius Black era egoísta y no le gustaba que los demás disfrutaran a expensas de él. Pero luego James se llenaba de amargura cuando durante el día, Evans fingía no conocerlo y hacer caso omiso de su presencia. Odiaba eso. Odiaba a Evans por presumida e interesada y mucho más a Diggory por imbécil, un Hufflepuff bueno para nada y por si fuera poco prefecto acatado a su mandato. Estúpido cerdo abusador de poder.

Pero ahí estaba otra vez, lidiandocon elposibleatentado de que Lily Evans podía secuestrar a James, meterlo en un armario de escobas y darle la mejor noche de su vida. ¡Vaya suerte! Resopló audiblemente y se ganó una de esas miradas levemente acusadoras de Remus. Se puso de pie y caminando hacia James, tomó con una mano su cara haciendo que sus labios se juntaran, ciñendo fuertemente su mandíbula: "Vamos tontito de Evans, que la fiesta no es fiesta sin mi... y Remus, claro" James se zafó de su agarre pero en vez de cabrearse, le dedicó una de esas sonrisas amplias y sinceras. Sirius la recibió conforme y anunció, con su mejor sonrisa ladeada, que estaba listo para que la fiesta viniera hacia él.

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Pequeñas y grandes burbujas levitaban ondulantemente en la torre de Gryffindor, que estallaban al dar contra alguna superficie o mano que intentara agarrarlas. Luces de colores que por momentos hacía que todo se tornara rojo o azul. Música disco chispeante y contagiosa, que te hacía chasquear los dedos y mover los pies en el lugar. Las chicas presentes visten vestidos cortos y acampanados de flores y colores vivos, lo que está de moda en esa temporada de primavera y verano del año '76.

La fiesta empieza cuando los merodeadores hacen acto de presencia. Principalmenteporque todos esperan la llegada del festejante para abrir la noche cantándole el feliz cumpleaños, y en otro porque en Gryffindor se han mal acostumbrado que las fiestas no son fiestas si no intervienen ellos con algunas de las suyas.

Están los cuatro juntos saludando gente y reconociendo el perímetro, viendo a las chicas bailar − aunque no se concentran justamente en sus pasos − y las bebidas pasar de un lado a otro. Es la fiesta de cumpleaños más rimbombante después del día de los enamorados. "Pueden prescindir de Remus, pero no del gran Sirius Black". "Sí, claro porque es tu cumpleaños, ¿no?" Remus le mira con sorna. Sirius sonríe como si así lo fuera y desaparece con Peter para adueñarse de la fiesta, no sin antes dejarle unas fraternales palmadas en la espalda. Pero Canuto es un charlatán de primera, porque Lunático es realmente el centro de atención de la fiesta pese a que todo fluye como siempre. Los más grandes queriendo ligarse a cuanta menor pase por su lado, los menores robando bebidas que están prohibidas y escapando del alcance de los prefectos. Hechizos por acá y por allá, haciendo volcar bebidas, tropezar bailando y arruinando momentos potenciales que podían haber llevado a un beso con una chica. Peter es bastante pequeño de estatura, así que nunca tuvo dificultades a la hora de escabullirse entre las personas, cuando algún grandulón furioso ha sido saboteado. Pero Sirius le dice que esa noche nada de chiquilinadas, ya están grandes para juegos de niños, más ahora que Remus ya tenía dieciséis. Peter asiente obediente pero sabe que en cuanto su amigo se dé vuelta, hará alguna inocente travesura.

James, luego de unas copas, ya ha contactado a Lily, que baila con un prefecto de sexto. Debe llamar su atención sin que los otros se den cuenta, de lo contrariolo arruinará. Ya ella le advirtió que deje de acosarla en público o todo terminaba. Pero no es el recuerdo de Lily y su impaciencia la que lo frenanen su impulso de estamparla contra la pared y matarla a besos, no, es Sirius que le pone una mano en el hombro y lo retiene.

— Un poco de dignidad, Jimmy que recién empieza la fiesta – Le dice al oído para hacerse escuchar, sorprendiéndolo. Entonces James asiente con la cabeza y se relaja un poco, Canuto sabe sobre el tema. Vuelve a su oído y a respirarle cerca del cuello y se da cuenta que sigue tenso – Busquemos unas chicas para hacerte notar — Y antes de terminar e irse por ahí, muerde el lóbulo de su oreja y pone esa expresión de fiera furiosa, lista para el acecho. James se ríe y se limpia allí donde su amigo, descaradamente, le ha mordido.

— Sí, claro… vamos antes de que Gilderoy Lockhart te gane la mejor chica de la noche — Dice James empujándolo.

Ser merodeador tenía sus ventajas y sin duda también sus complicaciones, aunque eran las menos, o las más divertidas. Había quien los detestaba y quien los amaba pero definitivamente nadie les podía ser indiferente. Sus lealtades muchas veces se basaban en el lado de la broma en el que estaban. Pero más allá de diversas cuestiones, lo que era claro es que se habían ganado el respeto de sus mayores y el odio de los prefectos, aquellos que no eran confabuladores junto con Remus, que los acusaban por los cuantiosos puntos que perdían a diario. Claro que también estaban aquellos que admiraban los hechizos que inventaban, su valentía al enfrentarse con los de Slytherin y consejo para ligar con las chicas. Es que los merodeadores no eran solo populares y conocidos, más bien eran un negocio dentro del colegio. Capaces de hacer los más grandes favores como traer algo ilegal de Hogsmeade o hacerle una broma a alguien en particular, o ayudar a saltearse alguna clase y, como si fuera poco, aseguraban que no serían descubiertos, por lo cual eran un sistema perfecto para la ayuda a esos prefectos desacatados de las reglas. Había quienes los odiaban a los cuatro por igual, pero también había cuestiones personales. Como ese tal Lokhart y su competencia en tema de mujeres contra Sirius Black. No es que fueran capaces de medirse con una misma vara, porque sus personalidades eran completamente opuestas. Incluso sus artes a la hora de conquistar diferían demasiado; Sirius era un sinvergüenza con pinta de peligroso, campera de cuero y montando una motocicleta temeraria. Gilderoy era un príncipe azul que creía estar montado sobre un corcel blanco a toda hora del día, dispuesto a rescatar damiselas en apuro. Mientras Sirius afrontaba todos los riesgos y se metía en los mil problemas, Gilderoy recitaba poemas y desplegaba toda la amabilidad de un caballero consagrado. Se hacía muy difícil tratar con oponentes de ese calibre, pues a algunas chicas realmente les gustaba toda esa habladuría barata de versos adueñados, toda esa tierna amabilidad que distaba muy lejos de la comprensión de Canuto. Sirius nunca lo admitirá, a veces James se fijará en el detalle, con frecuencia Remus se cansará de repetirlo y Peter cree que una vez se dio cuenta, lo cierto es que por muchas diferencias, Gilderoy y Sirius, por mucho que les pese a ambos, compartían varias cualidades. Aunque la técnica fuera diferente, la mentira y la trampa eran las mismas; el ego desbordado, el narcisismo inconciente, la búsqueda constante de la aprobación ajena eran puntos de contacto, eran choques directos, era – si se quiere analizar – una causa cantada del origen de la competencia.

La competencia podría ser injusta, podría Sirius robar por lejos, podría tener el honorable titulo de Casanova y a nadie le sorprendería; Sirius viene de un linaje sanguíneo antiquísimo, los genes de Sirius están manipulados con magia negra desde que sus antepasados fueron catalogados como Black. Sirius es rico, es endemoniadamente bello, tiene contactos, es un merodeador y como si fuera poco también es rebelde. Y aún así no corre con tanta ventaja como uno imaginaría. Lockhart juega sucio, peor que él, eso seguro. Porque quizá no tuviera ni un cuarto de lo que Sirius Black tenía, pero el hecho de ser dos años mayor sumaba favorablemente, el hecho de moverse en ambientes tan opuestos, le hacía ganarse sus seguidores. Sirius jamás aceptaría esos círculos, vomitaría antes, le saldrían cinco hernias antes de poder participar en esas estúpidas competiciones por la Sonrisa Perfecta roba suspiros. Las mujeres eran realmente fáciles de persuadir o muy predecibles. Y aunque las chicas que conquistaba Gilderoy eran más del tipo soñadora, tonta y aburrida, Sirius no podía evitar ganárselas pese a no interesarles.

James sabe cómo es pasar una fiesta con Canuto, sabe que al día siguiente no se acordará nada con exactitud y también sabe que tiene tantas chances de recibir un beso como una bofetada. No está seguro porqué pero generalmente a Sirius le va mejor en los porcentajes. Están en el clímax de la fiesta, es sin dudas la mejor parte de todas. Las bebidas ya han ido y venido de mano en mano, de boca en boca. Las chicas pasaron de pareja de baile, de conversaciones superficiales a coqueteos o invitaciones más interesantes. Los menores ya se han ido a dormir y toda la sala se sume en una calma aparente. La música ya suena hasta en la piel y las ganas de bailar hacen mella allí donde todos se aglomeran. Es el punto donde muchas cosas dejan de importar y es ahí, justo ahí, cuando la fiesta alcanza su máxima expresión. James lo sabe y sabe que es ahora o nunca. Peter está vigilando a Lockhart por orden de Sirius, perdido entre la gente, lo ha visto ir y venir desternillándose de la risa. Remus conversa alejado de la pista de baile con unas chicas que parecen querer darle toda la membrecía de agasajado y aunque la idea le resulta tentadora, su visión viaja del escote de una de ellas a la pista de baile, donde una morocha baila con un chico mucho mayor que él, prácticamente veterano en cualquier asunto incluso el baile. Si será condenada, tenía que buscarse todos aquellos que parecían mucho mayores, experimentados, inteligentes y maduros. James sabe que está monitoreando los pasos de esa prefecta de Ravenclaw, esa tal Zamira Applebee y compañera de oficio, sabe que le es imposible apartar la vista de su cuerpo cuando está cerca pese a que ella ni repare en su presencia o quizá sí pero no le importe demasiado. Sirius baila con una chica y a juzgar por la sonrisa que le regala, debe habérsela ganada a Lockhart. Sí, es el momento justo de atacar y proclamar lo que es suyo.

Da unos pasos, esquiva a unas chicas, palmea a un chico que pasa por su lado y sigue caminando a paso ligero. Se detiene justo ahí, a su lado, mientras finge que su interés es servirse otro vaso de lo que sea que encuentre por ahí. No la mira, simplemente busca entre las botellas, fingiendo indecisión. Entonces le habla, un poco en voz alta por la música pero lo suficientemente baja para que sólo ella lo escuche.

— ¿Divirtiéndote Evans? – Ella ahora sí lo mira, porque antes había fingido que no existía a su lado, porque a los ojos de todos realmente ellos no existían como tal.

— Sí, un poco – Contesta mirando a otro lado, como si no hablara con él ni con nadie. Ajena e indiferente. Inalcanzable como siempre.

— Podrías divertirte mucho más. – Ahí está, tratando de encauzarla por los confines de James Potter merodeador a sus servicios. Una invitación. Una duda echada al viento que pretende arraigarse en la tierra y germinar ilusiones de las más alucinadas y voladas más allá de este mundo.

James es tierno, Lily lo sabe, atrás de esos anteojos y esa pinta de merodeador, en la intimidad, es tierno. Al menos lo descubrió ese día cuando se besaron por primera vez casi por accidente. Ese estúpido merodeador sin cerebro más que para él mismo y sus amigos, realmente tenía un lado tierno. Y caliente. Porque ahora le habla con esa voz. Sugerente e invitadora. Esa voz nueva que no coincide con sus quince años ni tiene nada de inocente como cuando lo escuchaba hablar en los primeros años. La invita a divertirse más y ella sabe qué significa. Lo mira fijamente mientras él se sirve ron de grosellas, da un largo trago y entonces le regala una sonrisa, de esas que arrancan suspiros y hasta pareciera que iluminan. Lily le mira a los ojos que brillan tras sus lentes. Es uno de esos momentos en que se roba el tiempo y no importa quién los mire. Es la adrenalina, esa que le hace burbujear la sangre en las venas, esa que tiene un poco de sabor a gamberreada merodeadora y que sabe diferente a la que probó de Lupin, otra textura, otro sabor. No, es tan parecido a ella, tan señor correcto, libros bajo un árbol en otoño, olor a pergamino y tinta. Seguramente Lily nunca había probado su sabor en estado puro lobuno. No, seguramente que no. Nada de lobo, nada de luna pronto a llenarse.

James se toma su tiempo esperando una respuesta, sin embargo pronto se va de su lado dejándola sola, sin posibilidad a réplica, sin una defensa porque sabe que en público no puede hacer mucho y ruega por dentro que lo siga. No es ella la que lo guía por senderos sombríos hacia un rincón, hacia un momento fugaz para erizar la piel y dejar huellas de besos desperdigados sin sentido. Esta vez es él y se ríe sola, ahí parada viendo su espalda alejarse. James Potter aprende rápido y se muerde los labios para evitar sonreírse a pesar de que él no está viéndola.

La gente comienza a taparle la vista y se aleja con cada paso pero en cuanto se va más allá de los límites de la fiesta, lo alcanza. No le dice nada, quizá porque sabe que él ha ganado el primer paso y quiera dejarle en claro que si está ahí es por ella, que él no la convenció de nada. Aunque realmente la persuadió de todo. Ella invade su espacio personal y se le acerca tentadoramente. A James esa ganas de tirarla contra la pared y romperla de un beso, comienzan a fugarse lentamente. Porque si lo mira así y si se acerca así, duda mucho que pueda siquiera moverse de donde está. Lily le parece una palabra nueva, Lily le sabe tan bien que pierde la cabeza y no escucha razones. James quiere estar con ella y punto. Es lo que su cuerpo le pide, es lo que su mente le pide y jamás pensó que la pelirroja lo fuera a cautivar así; al fin y al cabo siempre fue pelirroja, siempre tuvo esa nariz fina y esos labios morados. Sin embargo, no sabe en qué punto exacto de esos últimos meses, Lily Evans cambió bajo la percepción de su óptica miope, difusa y mejorada por sus gafas. Pero cambió y ahora se ve mucho mejor.

— A ver Potter, ¿cómo crees que puedo divertirme más? – Suena a desafío y atemoriza sin dudas, pero si no fuera por el fulgor de deseo que emiten sus ojos, ese brillo verdoso que implora por algo diferente, por algo excitante; como un paseo en escoba que te acelere el pulso y te deje con esa sensación de haber estado flotando demasiado tiempo. Inestable y tembloroso. Lily le da un beso tentativo, así como si probara que entendió lo que le estaba pidiendo sin pedir. James entiende mucho más de lo que aparenta, más cuando el lenguaje que se habla es tan sensitivo y corporal. Es el beso que le hace reaccionar y se mueve empujándola por el lugar, alejándola más. Una mordida suave y todo se despierta. Es la fiesta latiendo en su cerebro, bombeando sangre con ritmo, haciendo que todo se mueva por dentro. Son sus manos, las de ambos, que tironean deseosas de acaparar mucho más de lo que pueden.

Sus hormonas están en auge, su experiencia pide crecer a pasos agigantados, solo existe el ahora, el ya, el momento y disfrutar. Porque tienen quince años y parece que el mundo va a terminar. Cuentan con puntos extras, James es el mejor amigo de Sirius, y uno aprende del maestro. Lily siempre fue más grande de lo que aparentó, Lily razonó antes que sus compañeros, Lily fue la primera en realizar hechizos de segundo nivel con la varita, Lily tiene un novio más grande que ella y eso suma. Todo suma.

Los besos que le da en el cuello suman, como succiona su piel y James posee una imaginación muy amplia y se pregunta cómo sería que alguien le succione así en otra parte, si ese alguien fuera Lily.

— Subamos a mi habitación – Suena casi como una imploración, un deseo ferviente o un sueño irrealizable. Lily no le contesta, se desprende de su cuello y se muerde los labios; lo toma de las manos llevándolo a un rincón inhóspito y oscuro de la Sala Común y James cree que quizá es un poco temprano para que acceda a ir a su habitación, quizá es demasiado vergonzosa o simplemente esa todavía no es su noche.

Pierde la noción de tiempo y cada tanto abre los ojos para asegurarse que aún es de noche y le quedan largas horas para seguir besándola. Tiene que admitir que no desea ser sorprendido por Diggory en esa situación, tampoco por ninguno de sus amigos. Sin embargo ella está ahí sentada a su lado, en ese rincón oscuro dejándolo perderse en su boca y haciendo que los caminos de sus labios sean laberintos difíciles de escapar. No hay una salida de Lily Evans. Tampoco sabe si quiere encontrarla. Sólo besarla hasta que amanezca y hacer que sus propios labios adquieran memoria porque no quiere olvidarse nunca de cómo besa. Lily y sus labios que no conocen la palabra misericordia. Lily y sus rulos pelirrojos que se mecen entre sus dedos. No entiende por qué ella le permite que toque su cabello, que efectivamente como en sus sueños es suave y parece hecho en el cielo. No es que ahora pueda pensar en ello, porque realmente ahora no cabe pensamiento para nada más. Nada más que su boca y sus exigencias. Nada más para poner su mano en alguna parte de su piel denudada de ropa. Su cuello. Sus manos. Su rostro. Lily Evans y hasta tocar su ropa suena bien. Mientras ella lo bese así como lo besa. Con besos cortos como si no dejara de probarlo en cada bocado. Labios contra labios, entreabriéndolos un poco, chocándolos con más intensidad, a veces por más tiempo. Un poco de lengua eventualmente cuando entreabre sus labios y entonces todo se acelera adentro suyo. Es la humedad de su boca y esas ganas de nunca abandonarla. James se hunde más buscando las profundidades de un secreto que pareciera nunca develarse. Está besando a Lily, es lo único que su cerebro le repite.

Esa noche comenzó caliente, ahora se encuentra enamorado; enamorado y borracho y caliente. Porque no sabe cual es el motivo, pero una noche con Lily Evans significa una semana de enamoramiento y al menos un mes de calentura. Esta vez suena diferente, probablemente porque nunca antes había sido tan suave con él, ni lo había dejado serlo tampoco, después de esta noche las proporciones se invertirán. Ella se deja besar y también marca cierto ritmo y sus manos se aferran más a él. Su pelo arremolinado y desparejo, es más dócil de lo que aparenta. Su espalda y sus hombros son más fuertes y extensos de lo que se ven a simple vista. Lily deja que sus manos encuentren su camino, el camino que recorra a James Potter que más le guste. Son sus manos que le empujan desde la nunca, las manos más suaves que conocerá jamás. Es Lily Evans, la mejor alumna, prefecta derecha, de ojos verdes incautos y melena colorada. Todo eso y fuego en sus besos. Lily es legal para todo lo demás, pero ahí en la oscuridad de esa fiesta es clandestinidad pura. Es tan ilegal que James no puede evitarlo, es tan tentador y quiere tanto tentarse y probarla, que no importa nada más. Si ella acepta besarlo, él lo acepta también. Aunque mañana se cuestione que debería hacer algo más para que sea realmente toda suya. Que no exista nadie más entre ellos. Pero no puede evitarlo, mañana cuando lo recuerde sabrá que es un merodeador y tampoco puede dejar de serlo. Quizá un día Lily lo acepte así, como es. Hoy y ahora, sólo quiere besarla y un poco más.

James pone una mano en su rodilla y la entretiene con el recorrido de su lengua que contornea subidas y bajas abruptas en su cuello. Vértigo puro y esa sensación de estar cayendo sin nunca tocar fondo. Es su mano que avanza lento, disfrutando el contacto de su piel pero incapaz de conformarse. Un poco más. Sólo un poco más. Pero no le deja. Hasta ahí llega pero necesita más porque va a explotar de simple ganas porque hasta los pantalones que lleva puesto le resultan asfixiantes, censuradores. Pero reconoce los límites con ella, porque aunque quiera convencerla de lo contrario, no va a lograrlo. No importa, busca su boca para demostrarle que vale la pena y la lleva más cerca de él porque eso no va alcanzarle pero quiere que lo sienta de la misma forma que él la siente a ella. Tan cerca que no quede dudas de quién es él y lo que siente. Tan adentro y tan profundo de su boca que ella tampoco recuerde cómo salir de él, de ese callejón sin salida.

No sabe cuánto tiempo más tiene de Lily Evans toda para él. Desearía que dure mucho más esa sensación. Pero como todo arrebato de sensaciones demasiado vertiginosas duran poco, aquello, demasiado bueno como para ser cierto, tiene que terminar en algún momento.

Lily se va de su lado presurosa y sonrojada, prácticamente sin escuchar lo hermosa que está, lo bien que la pasó a su lado y las ganas de volver a verla pronto. James se queda ahí parado, caliente y con ganas de haber dado otra vuelta en la montaña rusa pero ésta vez con algún pase especial. Sabe que mañana la volverá a ver, tomada de la mano de Diggory, sabe que él es demasiado desprolijo como para ella, que ella tiene un prestigio que mantener y agregar a un merodeador en su vida, sería arruinar todo.

La música sigue sonando y ya unos pocos se divierten bailando, al resto les duelen los pies o están demasiado mareados para dar más giros. Da un último vistazo a la Sala Común para hacer un registro de sus amigos y al no verlos por ningún lado, decide retirarse a su habitación sabiendo que ha sido una gran noche.

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Cuando ingresa a la habitación sólo se oye la respiración profunda de Peter que duerme con un brazo saliéndose de entre los doseles cerrados. Es tarde para ser noche, demasiado temprano para ser madrugada. La fiesta terminó hace rato y aunque aún no amanece no debe faltar mucho para que así suceda.

Fue una gran fiesta, sin dudas. Ha bebido mucho y ha descargado energía bailando, desafiando a Lockhart, fingiendo ponerles atención a las chicas, energía desperdiciada por acá y por allá, y aún así no siente nada de sueño. Demasiado sobrexcitado como para meterse en su cama fría, quieta y aburrida. A veces mira su cama y simplemente no tiene ganas de ella. Quiere otra. De sábanas lisas, como la de Remus. Oscura y hermética, como la de Peter. Calentita y suave, como la de James. ¿Quién dijo que cada uno tenía que dormir siempre en la misma? No. Si hay algo que Sirius detesta es la rutina, es la posesión de algo que diga para siempre. Eso. Así de simple. Y no toma un no como respuesta. Es su voluntad y punto final.

Se sienta en el borde de su cama y se quita las zapatillas sin siquiera desanudarlas. Se quita la remera que tiene olor alcohol porque seguro que le volcaron encima aunque no lo recuerda. Observa las camas de sus amigos. James duerme de lado, dejando un espacio totalmente desperdiciado de la cama. Ni lo piensa dos veces. Así, con los jeans desgastados y rotos, con el torso desnudo y sin nada de sueño, se mete en la cama que eligió.

Le observa dormir por un rato. Podría taparle la nariz para ahogarlo, podría gritarle al oído, podría con un hechizo mojarle la cara. Podría, tantas cosas, pero no hace ninguna de ellas. Le mira dormir y seguro está soñando, puede darse cuenta de ello. Quizá es sólo él que siente otro perfume mezclado en su piel que le hacen pensar cosas. Sirius es un perro muy astuto y no deja pasar esos detalles por alto. Porque huele a James, sí, pero también huele a fiesta y no es sólo eso, huele a alguien más.

James está mal tapado y como sus piernas se enroscan en las sábanas, Sirius no tiene posibilidad de taparse con nada. Tampoco tiene intenciones de dormirse y se mueve encontrando una posición más cómoda mientras intenta despertar a James que respira sobre su hombro. "Hey Jimmy, despierta" Lo mueve un poco pero no hay caso. "Jimmy tengo tres chicas en bolas dispuestas a todo" Menos, aunque con el zamarreo emite un "mmm". Abre un ojo pero enseguida lo cierra y sigue durmiendo. Está soñando, debe ser el sueño. Ni siquiera entiende qué hace Canuto ahí, ni qué quiere. "Vamos James, quiero que me cuentes cómo te fue". No hay caso, cuando Sirius quiere algo, hasta no obtenerlo no va a parar. Le encantaría hacer como en otras circunstancias en que no le presta atención y lo deja ladrar hasta que se le pase. Pero ahora no puede porque sólo quiere dormir y va a conseguir que se desvele. Y lo consigue, como siempre.

— Mañana te cuento – Dice con voz ronca y ahogada contra la almohada.

— Ya es mañana, dale – Sirius le empuja haciendo que vuelva abrir sus ojos. Quiere que le entretenga, quiere divertirse con el relato de su noche o seguramente tendrá algo excitante que contarle.

— Eres insoportable – Dice James encontrándose ya despierto mientras se despereza estirando los brazos.

— Irresistible es la palabra, Jimmy – Dice Sirius sonriéndole ahí pegado a su cara, usurpando su almohada, estirándose sobre su cama y ahora tomando sus sábanas mientras tironea de ellas desenredándolas de sus piernas. – Bueno, ya quiero detalles.

— Te dije que iba a estar con Lily ésta noche y estuve — James se movía a su lado para estar más cómodo, tratando de caber, acostándose completamente de espaldas a la cama. Sus palabras son arrastradas y siempre parecen estar a punto de ser interrumpidas por un bostezo.

— Detalles, Potter, detalles… — James se pasa una mano por la cara, refregándose los ojos. Emite un largo bostezo y le mira a su lado. Debería echarlo de su cama, luego se le hace costumbre eso de adueñarse de camas ajenas. Por alguna razón no lo hace.

— ¿Dónde quedaron los modales, Sir Black? Qué poca educación, ¿no te enseñaron que no hay que difamar a una chica? — Sirius resopla a su lado y se acomoda bajo el brazo de James mientras le habla con expresión aburrida.

— Eso significa que no pasó nada. — Sirius saca una mano bajo las sábanas y le da unas palmaditas algo toscas que pretenden darse en el hombro pero alcanzan más su cuello y cara — Seguí participando, Jimmy, ¿Quién te dice? en una de esas sacas la lotería. – Sirius se ganó una patada bajo las sábanas mientras se reía quedamente.

— Claro que pasó algo – James se dedicó a contarle cómo es que había conseguido que Lily lo siguiera y cómo la había llevado hasta el sillón más alejado y oscuro de la sala. Exageró un poco su relato, adornándolo con situaciones que le favorecían, haciéndole quedar como si realmente la pelirroja lo hubiera ganado a él y no al revés. Le contó lo bien que besa y cómo le gusta besarla en el cuello, lo suave que es su pelo… —Hey Canuto, mierda Canuto ahora no te duermas —Una sacudida y Sirius abre los ojos con lentitud. —Me despertaste para que te cuente y ahora me vas a escuchar.

— Aburres más que Peter contando sus vacaciones – Sirius sonríe somnoliento y James no piensa ser derrotado y rendirse a seguir durmiendo. No. Porque si él se pone pesado y se hace lo que él quiere, James también puede y de hecho lo hace.

Lo sacude un poco y algún empujón se va de las manos transformándose en un golpe bien dirigido y Sirius ya no puede simplemente protegerse tiene que atacar. Y sin más están luchando por la autonomía de la cama, por el monopolio de la almohada, por el dominio de la sábana. Por quien manda. El que cae de la cama pierde. Pero cuando James está por tirar a Canuto al suelo, éste lo arrastra con él y terminan ambos ahí tirados, despatarrados y más despiertos que en un partido de Quidditch. Se ríen en silencio y Sirius se saca a James de encima porque le pesa demasiado.

Ya debe haber amanecido y probablemente en unas horas se servirá el desayuno en el Gran Salón, que yacerá vacío y tranquilo de alumnos debido a la trasnoche. James se pone de pie y se coloca las gafas que ha dejado en su mesa de noche.

— Vamos a nadar al lago, perro, haber si se te quitan las malas pulgas de la mañana. – James le extiende la mano a Sirius que aún está tendido en el suelo y le mira divertido desde abajo.

—Ya no me llamas gata, ¿eh? Veo que sigo teniendo el control. — Sirius sonríe con su rostro perruno y en ese ángulo los caninos se acentúan y realmente parece tener rasgos de animal.

— Lo pensé bien y si te trato con tanto cariño los demás van a pensar que tenemos algo. —Le saca la lengua, totalmente despierto, casi insomne, y estira más la mano que le ofrece para que su hermano se levante del suelo—Vamos que el lago espera.

— Te encanta que te gane— Canuto acepta su mano y se pone en pie a su lado. Se le acerca a la cara, a escasos centímetros de su boca. Le mira evaluándolo, midiendo el grado de competencia que se asoma en la invitación. La actitud de Canuto se vuelve lujuriosa, llena de éxtasis competitivo. Quiere ir a nadar, quiere competir, quiere ganar, quiere todo. — ¿Verdad, Jim?

Mira su boca, esperando una respuesta por parte de su amigo. ¿Quieres perder? ¿Quieres que te gane? Entonces James se aproxima más, no se queda atrás. Porque ninguno quiere perder, ninguno va a permitirlo. Pero por regla alguien deberá ceder. No hay empate posible, ni siquiera se le considera una posibilidad. Perder no tiene nada de malo, sólo si estás del lado correcto. Aun espera una respuesta. Ambos esperan una.

El ambiente comienza a sentirse cada vez más denso, de magia que se concentra en el aire y electrifica los sentidos. Si alguien los viera ahí parados en el medio de la habitación, semidesnudos y tan próximos entre sí, pensarían que están a punto de besarse. Que en vez de retarse a nadar, esta desafiándose uno al otro, a ver quién liga a quién. Pensaría que están esperando el segundo justo, el instante apropiado para tocarse, para que sus cuerpos colapsen y sus manos se atesten de llagas por tanto acariciarse. Y nadie podría juzgar de ingenuo al que se los imagine revolcándose entre las camas, desnudándose mutuamente, lamiéndose donde solo se lame para cambiar el nombre de la acción y llamarlo sexo. Porque es lo que todo el tiempo hacen, es lo que siempre parecen estar a punto de hacer; y sin embargo, en un parpadeo la situación es otra y toda esa carga eléctrica cambia de vibra, cambia de frecuencia y da otra cosa a qué pensar.

— Más demostraciones y menos charla. — James quiere decirle algo más pero no sabe qué es.

El embrujo que se suspendía en el aire se rompe cuando James da media vuelta y, tomando su ropa del suelo, se dirige a la puerta para mantenerla abierta y esperar que su amigo pase por ella. Ninguno de los dos es inmune a las provocaciones, a los retos, a una buena y nada sana competencia.

Es marzo y la mañana es clara como el incipiente rocío, que enfría la cara al primer contacto mientras caminan por los jardines. Extensas montañas verdes recortan el paisaje. El horizonte se une con el agua del Lago Negro que pareciera infinito por allá, por donde sale el sol, dónde pareciera no acabar nunca. Es una mañana despejada y el sol brilla inerte en el cielo, recién estrenado. Falta aun para que el buen tiempo, el aire cálido, contagie a Escocia y el lago se llene de huéspedes.

James se quita la ropa, despacio, aun acostumbrándose al frío matinal. Sirius se frota las manos y expide el aire de sus pulmones dejando una estela de vaho que se pierde con el ambiente. El agua del lago yace calma y probablemente demasiado fría aún para dos cuerpos tan jóvenes. Nada que unos hechizos térmicos no puedan solucionar.

Hace tiempo que han adquirido la buena costumbre de nadar en el lago, ocasionalmente acompañados por Peter, mientras Remus lee algún libro cerca de la orilla con demasiado ropa puesta. Han escogido ese lugar porque es el más apartado de donde la mayoría de los alumnos suelen estar. Ellos prefieren esa orilla, la que linda con el bosque prohibido, justo ahí. Tranquila y desierta. Un lugar privilegiado, sin dudas. De día todo el sol sobre el agua y por la tarde la sombra de los frondosos árboles del bosque, ideal para largas siestas sobre el césped. Fue idea de Peter colocar una soga en una de las salientes ramas de un árbol y fue idea de James hacer hábito esas competencias a nado, nada mejor para mantenerse en forma y alimentar el ego competitivo.

Sirius se ha quitado la ropa de un tirón, sacándose todo junto y tirando los pantalones y las zapatillas a un lado. Va a tirarse al agua de una buena vez, cuanto antes mejor, pero se detiene viendo a su amigo. James se quita las gafas y afirma que está listo pero Sirius le sigue mirando con esa expresión que sólo puede significar una cosa. "¿Y ahora qué?" Es una pregunta muda, totalmente innecesaria de formular.

—James, en serio, ya estás grande para que tu madre te compre los calzones. — Lo mira completamente serio, con los brazos cruzados sobre el pecho pero con la sonrisa asomándose.

— ¿Qué tienen? Son sólo snitches. Ni que fueran mariposas.

— Lo que tú digas, miss varonil… — Canuto va a ganarse un pase directo al agua por lo que dijo, pero antes de que su amigo tome represalias, toma carrera, se cuelga de la soga y se sumerge en el lago, más allá de la orilla.

El agua se siente fría y eso aniquila toda idea somnolienta y todo resto de resaca por la fiesta. Siente cómo se hunde y cómo se agita todo el espacio por su impacto invasivo. Burbujas de aire ascienden a la superficie y Sirius siente cómo pasan rozándole la piel, causándole cosquillas. La trasparencia del lago permite ver las rocas y algunos de sus habitantes que se dejan ver en zonas tan playas. Más allá donde las profundidades adquieren dimensiones considerables, el lago es tan oscuro que realmente pareciera negro.

A Sirius le encanta el agua y se mantiene bajo ella cuánto le es posible. James cae a su lado y las burbujas de oxígeno vuelven a esparcirse a su alrededor. Son esos escasos segundos de la primera zambullida que le causan esa sensación electrificante. La piel erizada y esa sensación de flotar, de sentirse sumergido y absorbido por el impacto y el mismo fondo del lago que pareciera succionarlo.

—Canuto, si no dejas de prestar tanta atención a mi ropa interior, voy a tener que pensar mal sobre tus intenciones.—James flota de espalda dando vueltas alrededor de Sirius—A demás, hay un montón de cosas más importante que pensar sobre mí, dejando de lado mis calzones.

— ¿Ah sí? ¿Y qué es, tu pijama de leoncitos?

—No idiota—Lo insulta sin verdadero desprecio—Mi cumpleaños, por si no lo recuerdas.

Sirius se sumerge en el agua, dejando a James solo en la llana superficie y cuando vuelve a salir sacude su pelo sobre la parte del cuerpo casi seca de su amigo. No es necesario decirle que sí lo recuerda, que es imposible olvidar el cumpleaños del Cuatrojos. Siempre después del cumpleaños de Remus, los días parecieran acelerarse hasta el final del mes y llegar a la fiesta de James. Sí, Marzo es un gran mes. Olvida por completo el final del trimestre donde los exámenes se asoman amenazadores. Pero no, porque en la primera semana de Abril, justo después de rendir, vendrán las vacaciones de Pascuas y todo se mide en grandes festejos y no en tiempos de estudio.

El sol brilla causando un espejismo cegador, que se interrumpe con el movimiento que causan mientras se ponen en posición para competir. Se toman su tiempo, se hunden, se salpican, se empujan. Entran en calor para que los músculos se extiendan, para evitar calambres. Pero no, es más bien el simple disfrute de molestarse mutuamente. James se apoya con ambas manos en los hombros de Sirius, hundiéndolo, mientras Canuto logra zafarse y en el ínterin toma agua para escupírsela en la cara. Los juegos de siempre. Hasta que sin previo aviso, estando ambos en la línea que se supone que es la establecida legalmente por el consejo merodeador, uno de los dos comienza la competencia casi sin avisarle al otro, robándose escasos y valiosos segundos. Es James quien sale con la primera brazada y Sirius, que fue tramposamente distraído, sale detrás. Es hipnótico ver cómo se hunden y salen a la superficie espalda y brazos a la vez. Rítmico, coordinado. Las piernas muy juntas y una patada casi por debajo de la superficie. Brazadas amplias y movimientos de hombros circulares.

El ruido del agua, las respiraciones que explotan cuando salen a la superficie, los pájaros que sondan la zona, alguna criatura acuática que los siguen debajo de sus cuerpos, es ya parte familiar de esas mañanas de nado. Nadan estilo mariposa, mas esos cuerpos de músculos tan figurados, de movimientos contorsionados son demasiado varoniles, nada que ver con la estética femenina de una mariposa. Tendrán quince años pero son hombres con todas las letras, y eso nadie en Hogwarts se atreve a negar.

James le ha ganado por muy poco, aunque ese poco se magnificará a lo largo del día, hasta la siguiente mañana en que vuelvan a competir. Será motivo suficiente para picarlo a Sirius hasta que proponga una revancha. Pelearán en la mesa, se tiraran comida, se empujarán en los pasillos, se sabotearán en las clases, alguna broma pesada antes de dormirse. Harán lo de siempre. Serán como siempre.

Sirius sacude su cabeza esparciendo gotas de agua que salpican a James. Se visten lentamente, no hay apuro en ir a desayunar. Empiezan a caminar de vuelta al castillo dónde el Gran Salón les espera casi vacío. James pasa un brazo por sus hombros, caminan juntos, tontean de cualquier cosa hasta que saca a relucir su reciente triunfo. Amenazas, insultos, improperios y juramentos. Mano por acá y mano por allá, un golpe, más amenazas, varita en mano y empiezan a correr.

—Más vale que mi regalo sea tan bueno como el de Lupin.

La voz de james se la lleva una suave brisa que se ha levantado y, aunque es claramente audible, Sirius no emite respuesta. Siguen caminando, recién bañados, libres de resaca. Como nuevos, como adolescentes desvergonzados. Como en la más dulce etapa de merodeador.

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Buenas tardes! Buen domingo! ¿Cómo van queridisimos? Nosotras realmente felices de por fin poner en marcha el último tramo de este gran proyecto que comenzó hace com años atrás. Es casi increíble pensarlo.

Para los que todavía no lo saben, la historia está prácticamente terminada, solo es cuestión de seguir subiendo los capítulos cada domingo a las 5 de la tarde. Para los que sospechan pero no están seguros, esta historia es SLASH! ¿Y qué otra cosa se puede esperar de nosotras?

Qué más podemos decir… Queríamos merodeadores embadurnados de pies a cabeza de su esencia más pura. Sí, se sale un poco del canon con esa logia corrupta de prefectos y con esa Lily media perra media tradicional. De cualquier manera todo es posible en éste fandom y más aún con estos personajes extremófilos.

Solo queda por decir que esperamos con ansias sus rr, den por hecho que serán respondidos, esta vez por la buena chefi.

Los queremos muuucho! Gracias por leer y nos vemos el domingo que viene a las 17 hs Arg. Con el capítulo 2!