NdA: Como si se tratara del propio juego, seguiremos únicamente las andanzas del equipo en el que está Squall. Los otros dos equipos asumiremos que están holgazaneando; esa es la única explicación para que nunca ganen experiencia.
El entrecomillado en cursiva son los pensamientos de Squall. Cosas que seguramente nunca se atrevería a decir en voz alta.
-Hay que reconocer que es un paisaje muy bonito. –suspiró Rinoa caminando cerca del límite que marcaba el agua en su flujo y reflujo.
Squall emitió un gruñido que esperaba que no sonara ni afirmativo ni negativo, mientras se preguntaba por dónde se las estaba arreglando la arena para entrar en sus botas de combate. Irvine y Rinoa no parecían tener ese problema.
-Una temperatura perfecta –asintió el francotirador a las palabras de Rinoa-, una playa idílica con aguas claras y cristalinas, la brisa marina, fresca y sugerente... aaah, este lugar es una maravilla.
"Me estoy asando dentro de la cazadora pero sé que en el segundo en que me la quite un arqueosaurio vendrá a mascarme el brazo, me ha parecido ver una medusa supervenenosa en esa agua tan clara y la maldita brisa marina me está llenando los ojos de arena" la mente de Squall era tan negativa que podría utilizarse para polarizar todo un planeta, pero sus corolarios eran lógicos e incontestables: "Hay una razón por la cual son necesarios protocolos de supervivencia en lugares tan paradisíacos como estos."
-Rinoa, camina más lejos del agua antes de que una orca asesina confunda esos ruidos tuyos con los de una foca y tú, Irvine, pon la espalda derecha –acabó gruñendo Squall.
-¡Estaba cantando nuestra canción! –protestó Rinoa.
-¡Voy derecho, tío!
"Esta gente decididamente tiene un problema para comprender una pirámide de mando" refunfuñó Squall para sus adentros.
-Sea como sea, haced el favor de...
Súbitamente algo golpeó su pie derecho con fuerza y le hizo perder el equilibrio y caer de cara contra la arena. Girando en el momento en que tocó tierra Squall vio pasar a su lado a toda velocidad una aleta roja y amarilla que cortaba la arena justo en el lugar en el que había caído. Oh, cómo odiaba los focarroles.
-¡Focarr...! –comenzó a gritar a modo de advertencia.
El ruido de una detonación le enmudeció y un súbito calor pasó silbando cerca de su cara y abrió un cráter en la arena al lado de su mano izquierda. La aleta del focarrol saltó por los aires y cayó en su regazo. Los dos compañeros del bicho abatido salieron de la arena del susto. Uno de ellos recibió un golpe directo del chakram de Rinoa y el otro el segundo disparo de Irvine.
Squall se incorporó lentamente y se sacudió la arena de encima mientras Irvine y Rinoa chocaban las manos para celebrar su fácil victoria.
Con voz engañosamente suave Squall se dirigió a Irvine.
-Es impresionante ese rifle tuyo, Irvine. Más que un rifle parece un cañón de artillería portátil. Estaría más tranquilo si te guardaras la munición explosiva para monstruos de tamaño sensiblemente superior al agujero que tus balas producen.
-Ya lo sé, Squall. Es algo básico, pero mira, Selphie estuvo personalizando mis cartuchos –le enseñó un puñado de ellos de distintos y alegres colores-, y ella misma se olvidó de lo que significaban los colores. No te preocupes que a partir de ahora ya sé que los amarillos son "uy, uy, uy".
"Ay, ay, ay serán para ti la próxima vez que dispares conmigo en tu línea de tiro"
-Regresemos ya –indicó Squall señalando hacia atrás-. Creo que ya hemos visto más que suficiente. No hay hexadragones ni molboles, luego no es como la "Isla más cerca del infierno", no hay civilización a la vista y con un poco de suerte Seifer y Quistis no se habrán encontrado con un laboratorio subterráneo lleno de monstruos en su viaje al interior.
-Afortunadamente sólo hay una Ultima Weapon en el mundo –asintió Irvine.
"Y si hubiera otra no sabrías con qué dispararle".
-¡Alegra esa cara, Squall! –Rinoa trotó a su lado con una amplia sonrisa-. Piensa en esto como en unas emocionantes vacaciones inesperadas. ¡No durarán tanto como quisiéramos! En un plis plas Zell y Selphie arreglarán el Lagunamov y tendremos que irnos, así que, ¿por qué no hacemos nuestra estancia aquí digna de recordar?
-Siniestro total, macho. Tenías razón cuando dijiste que el Lagunamov había muerto.
Sí, iba a ser una estancia memorable, Squall empezaba a estar seguro de ello. Y larga.
-Defíneme un poco eso de siniestro total, Zell –pidió-. Desde aquí se ve bastante entero, excepto el cacho que ese estúpido arqu...
-Mofletes –le interrumpió Seifer.
La mano de Squall fue automáticamente a la empuñadura de su sable pistola. Si a Seifer se le ocurría ponerle otro estúpido mote...
-El arqueosaurio –explicó el antiguo caballero de la bruja con la nariz muy alta, sin darse cuenta de que sus palabras menoscababan su dignidad, al menos desde el punto de vista de Squall-. Se llama Mofletes.
-¿Te lo dijo él? –preguntó Selphie con los ojos muy abiertos.
¿Qué conjunción de estrellas, cometas y constelaciones era necesaria para crear algo como Selphie?, se preguntó Seifer mirándola de arriba abajo. ¿Y cuántas carambolas del destino hacían falta para que alcanzara la edad reproductora y encontrara a alguien lo suficientemente estúpido como para que encontrara sus excentricidades adorables?
-Me gusta ponerles nombre a los bichos que se cruzan en mi camino –le dijo y luego se volvió a Squall como desafiándole a contradecirlo-. Y ese arqueosaurio, que a propósito debe ser el único por aquí, se llama Mofletes.
"Ni aún intoxicado hasta arriba con gas de la risa conseguirás que use ese estúpido nombre".
Squall se volvió hacia Zell con profunda apatía, tratando de borrar de su mente lo más rápido posible lo que había oído en los últimos dos minutos.
-Zell.
-Pues eso, Squall. El único daño que ha recibido la nave durante el accidente fue precisamente en el sistema de navegación. Son circuitos de alta precisión, tío. No creo que podamos arreglarlo.
-¿Y el sistema de comunicación? –continuó preguntando mientras apartaba de un manotazo la mano de Rinoa, que trataba de meter en el bolsillo de su pantalón una concha bonita que había encontrado.
-Ah, ¿no lo nombré cuando hablé de los daños? También está chafado, macho. Alguien con un culo definitivamente gordo cayó sobre el panel de mandos, aunque con un poco de suerte, eso sí que podremos arreglarlo.
Al fin una buena noticia.
-Bien. Prestad atención. Zell se encargará de reparar la radio del Lagunamov. Irvine y Seifer se ocuparán de establecer un perímetro de seguridad alrededor de la zona donde nos estrellamos. Los demás sacaremos de la nave todo lo que pueda sernos de utilidad para hacer más cómoda nuestra estancia aquí, que espero que sea lo más corta posible –viendo que todos abrían la boca para opinar, o más bien objetar, se apresuró a añadir-. ¿Algún voluntario para cavar una letrina?
Todas las bocas se cerraron de golpe. Squall se felicitó internamente por sus reflejos y su inventiva.
-Bien, supongo que por ahora hay arbustos de sobra.
Les hizo un gesto para que se dispersaran y por una vez fue obedecido a la primera. Si esa fuera la tónica habitual en lugar de la excepción a la regla, Squall casi podría sentirse cómodo en su papel de comandante y eeh... rey de la isla.
