Hola de nuevo Mundo Fanfiction, aquí les dejo el segundo capitulo, espero que les guste, y gracias a todos los lectores :)

Disclaimer: The Maze Runner no me pertenece. (Estoy tan acostumbrada a escribir de Inazuma Eleven que se me olvida que es The Maze Runner al momento de dar el Disclaimer :p).


-¿Puedes creer lo que ese garlopo me dijo? Estar aquí encerrado seguramente lo está dejando loco- sentencio, dándole un golpe a la mesa con el puño distraídamente –Lo que pasa es que ese shank tiene miedo, lo que quiere es que todos nos hagamos ovillos aquí en el Área- termino su frase y ataco sin medidas el enorme filete que descansaba en el plato frente a él.

-Si lo puedo creer, y realmente no sé qué pensar. Pero no te preocupes, pude persuadirlo lo suficiente para que no detenga el trabajo de los Corredores, aunque, bueno- se detuvo y se estiro para palmearle el hombro –Lamento no haber podido salvar tu shuck trasero de estar aplastadote aquí tres días.

-Plopus…- murmuro, pasándose el pedazo de carne con un largo trago de agua.

-Anímate, gozaras de los privilegios compartidos que tenemos en el Área como Encargados, en mi defecto; Segundo al Mando- sonrió altanero para después soltar una carcajada que llevaba guardada desde el momento que lo miro desparramado en la cama.

Minho sabía que debía haber un lado bueno en la situación donde se encontraba, pero en esos momentos nada lograba asimilar su cabeza más que las siniestras, que trataban de sonar amistosas, palabras del líder Nick.

-¿Durante qué miertero momento vote para que ese larcho infeliz se proclamara líder?- Alby solo se subió de hombros, restándole importancia –Shuck…

-Olvídalo ya, luego la bilis se te va a correr y no tengo ganas de aguantar a un garlopo como tú de malas tres días. Te la vas a pasar bien, hombre; mira, puedes recolectar tomatitos frescos de la huerta como bien lo hizo nuestra rubia adorada; a él le funciona para quien sabe que, chance y a ti también- Minho frunció el ceño extrañado.

-Hablando de rubias despampanantes, ¿Y Newt?- Alby se volvió a subir de hombros.

-No lo sé, no lo he visto desde que Nick nos echó de la habitación.

-No me recuerdes a ese tipo, me dan escalofríos de recordar que estuvimos solos- se froto los antebrazos y miro en todas direcciones. Alby no le prestó atención, y empezó a comer.

La cena era lo que más le gustaba preparar a Sartén, le encantaba deleitar a sus comensales con delicias recién hechas, después de un duro día trabajando; su gratificación era ver las grandes sonrisas plantadas en los rostros de cada Habitante del Área, pero faltaba uno que guardaba su lugar al lado de Minho y Alby; permanecía vacío y con un plato frio.

-¡Que desperdicio!- se oyó quejarse de pronto a Sartén, acercándose para sentarse en el lugar vacío –Mira que dejar un buen plato de cena recién hechecita no tiene justificación alguna, ¿Dónde está ese larcho mal agradecido? ¡Sabe muy bien a qué hora es la cena!

-Es lo mismo que me pregunto- respondió ausentemente Minho.

-Ya, cálmate, que le toque recalentado por olvidadizo, no sé qué les pasa a todos ustedes que de buenas a primeras se ponen a lloriquear amargados, ¡como si la vida en el Área no fuera maravillosa!- recargo los codos en la mesa y se inclinó al frente, apuntando con el tenedor a la cara de Sartén –Tu trabajo es hacer comida, no andar con niñerías- dijo Alby; en un movimiento veloz, Sartén le quito el tenedor y lo clavo en la mesa, frente al plato de Minho.

-Tal vez, pero se hacer otras cosas- soltó con una sonrisa de medio lado.

-Whoa, andan bravos, hombres- declaro Minho con sorpresa, levantándose de golpe por el repentino giro de los acontecimientos -¿Seguras que no andan en sus días, nenas? Porque yo recuerdo, que al que se le iba a correr la bilis del coraje iba a ser a mí, no a Mr. Gourmet o al Mayor Alby- no recibió respuesta, y ambos chicos se sostuvieron una mirada profunda por unos segundos, para después desviarla a otro lado.

En eso, un muchacho bajito de cabello rojizo se le acerco a Minho.

-Si buscas a Newt, lo mire sentado en una banca de Las Lapidas. A lo mejor sigue allí.

-Gracias, larcho- respondió con un tono irónico en la voz y se alejó moviéndose torpemente con las muletas que le habían conseguido.


El bosque, mejor conocido como Las Lapidas, en las noches se transformaba en un lugar lúgubre y tenebroso, a casi nadie le gustaba acercarse a ese lugar, pero en esa ocasión, Newt lo había adoptado como su sitio para la meditación.

Tras la orden de Nick de dejarlo solo con Minho después de su incidente en el Laberinto, se fue y se sentó en una banca que descansaba a la orilla, unos metros de La Caja. Ahí permaneció el resto de la tarde, tratando de tranquilizarse y analizar todo lo que estaba ocurriendo; el inesperado encuentro de Minho con un Penitente, su herida y los sentimientos que lo embargaron en esos momentos.

Subió los pies a la banca y abrazo sus piernas, recargando la barbilla en las rodillas. Sabía exactamente porque se hallaba de esa forma; como un miserable cachorrito asustado: tuvo miedo de que algo peor le hubiese ocurrido a Minho. El Laberinto le comenzó a aterrar hace mucho tiempo, y cada mañana que despedía al Corredor, solo podía pensar en que regresara con bien.

Obviamente no podía hablar de lo que sentía, contárselo a alguien del Área seria su fin; las burlas no se harían de esperar, y pronto acusaciones de que pertenece a otro tipo de bando saldrían a la luz. Pero, ¿Qué importaba, que tan cierto era?

Miro a un lado, como Minho se le acercaba caminando despacio con dos muletas, esas muletas que hacía tiempo uso por su desagradable accidente haya afuera. Un nuevo sentimiento lo abrumo de sobre manera; pánico. Apretó los dientes y trato de respirar con calma.

-Hey, shank, haya el cocinero y nuestro Mayorcito Segundo al Mando se andan peleando por saber dónde plopus estas. ¿Qué haces aquí?- no recibió respuesta. Minho no sabía desde cuando se cansaba tanto al caminar, con un suspiro de agotamiento se desplomo en la banca –Oye…

-¿Qué quieres?- dijo secamente, con la mirada perdida en un punto invisible en la nada.

-¿Qué te pasa, por qué tanta agresividad en tus palabras? Yo solo vine de gato a darte las novedades del Área… creo que ese tendrá que ser mi oficio por un tiempo…- termino murmurando, bajo la cabeza y miro sus pies.

-Tú no sabes nada, pero crees saberlo todo.

-¿A qué viene esa filosofía deprimente? Desde la tarde estas así, dime que te sucede.

-No lo entiendes- comenzó hablar, su voz tenía un ligero tono quebrado. Se levantó de la banca y camino en círculos frente a este –Tú piensas que nada malo te va a pasar, pero mírate ahora, estas hecho plopus…

-¡Oye!- frunció el ceño.

-Ya, déjalo, soy yo, lo siento…- silencio. Minho estuvo a punto de responder, pero Newt continuo –Lo que necesito es descansar, suficientes impresiones para mí en un día- coloco ambas manos en su cabeza y se alboroto el cabello. Posterior a eso, se marchó a pasos lentos, dejando a un Minho totalmente confundido.


Esta vez, Minho había quitado la alarma de su reloj de muñeca, ahora sí podría quedarse a dormir todo lo que quisiera, lo suficiente para compensar las madrugadas anteriores. Por desgracia, el sueño se le fue justamente a las cinco cuarenta, y removerse en la cama no daba frutos para conciliarlo nuevamente.

Se dio vuelta y abrazo la almohada. Gruño. Escucho como todos sus demás compañeros se levantaban al nuevo día y a los gallos cantar en los corrales. Gruño de nuevo. Trato de buscar una buena posición para acomodarse y poder descansar, pero los rayos del oculto sol se colaron fuertemente por la ventana, que alguien había abierto de improviso.

-Levántate, lagarto. ¡Es un nuevo y grandioso día!- tomo la manta y se la quito de golpe, dejando a un Minho encogido sobre la cama.

-¿Qué diablos quieres, shank?

-¡Ajá! ¿Creíste que te dejaría dormir después de tu mal día de ayer? Ni de broma, aquí los larchos somos productivos estemos como estemos- con una enorme sonrisa, le arrebato la almohada.

-¡Demonios!- grito Minho, rindiéndose por fin a abrir los ojos, viendo la burlona cara de Newt a su lado, vestido y listo para el trabajo –Ve nada más, ¿ahora si estas de humor, querida?

-Te dije que lo que necesitaba era descanso. El descanso que te debo quitar ahora- su sonrisa de oreja a oreja le parecía rara, hace mucho tiempo que no lo veía tan alegre como aquella mañana, y trataba de conectar sus recuerdos para saber cuándo había sido la última vez que miro esos dientes asomarse en una mueca de felicidad –Levántate, pichoncito, es día de lavado.

-Odio el día de lavado- contesto y se recostó de nuevo en la cama.

-Sí, muchos larchos lo odian, en especial los Fregones, pero pues ¿Qué se le va hacer? Por algo los Creadores nos enviaron una adorable lavadora y secadora. Pienso que no nos quieren sucios.

-Sí, sí, si, como sea- a regañadientes se levantó, haciendo equilibrio con su pie izquierdo, Newt le pasó las muletas y recogió las sabanas de su cama. Minho se lo pensó por unos instantes, hasta que se decidió por preguntar -¿Me pondrás hacer algo?

-Mmm… no lo había pensado, seguramente si, supongo- dejo las sabanas en una canasta y suspiro, volteando a verlo –Mañana llega un nuevo Novato, y Nick decidió que se haría cargo de él hasta que se pudiera acomodar con un Encargado- suspiro de nuevo y se rasco la nuca, desesperando al Corredor, que no sabía porque tanto misterio –Según declaro que Alby se quedaría como líder hasta nuevo aviso, y pues… yo sería Segundo al Mando.

-¡Shuck! Las cosas no se podrían poner mejor.

-Cuidado con lo que deseas, supongo que debías saberlo ¿no?

-Sí, supongo- lanzo un bufido y se sentó en la cama, viendo al suelo con evidente molestia –Estos shank se estas saliendo de control, hacen lo que se les viene en gana.

-Ya lo sé- bajo la cabeza y se quedaron en silencio un rato –Bueno- comenzó diciendo –No nos podemos quedar toda la mañana aquí votados hablando de la mala coordinación que tenemos en el Área. Creo que te pondré con los Fregones a lavar la ropa.

-¡¿Qué?! Estas de broma.

-No, como al principio con los Novatos, te probare para ver en que eres bueno.

-Soy bueno corriendo, uno de los mejores, sin sonar arrogante- se levantó de la cama, mirándolo con el ceño fruncido.

-Tranquilo, después te pongo hacer algo más, ya veraz que no es nada malo- término, soltando un resoplido, y se agachó para recoger la canasta.

Minho se quedó pensativo.

-¿Tu qué hiciste los días después de tu accidente?- se atrevió a preguntar, deteniendo el paso de Newt frente a la puerta. Se negó a voltear y Minho continuo –Que yo recuerde, te sentabas frente a la Puerta del Oeste todo el día. Nadie te dijo que hacer, ¿o sí?

-Cállate…- la voz de Newt tomo un tono apagado, sus brazos comenzaron a temblar, bajo la cabeza.

-Sí, me acuerdo muy bien. Te miraba sentado cada día que salía y volvía. Y en las noches, llorabas como un bebé; te rasguñabas el pecho y gritabas.

-¡Cállate Minho!- alzo la voz, harto, pero no pareció importarle al otro, que no guardó silencio.

-¿Por qué mierda me pondrás hacer a mi algo que tú no hiciste? ¡Todos te dejaron comportarte como una maldita princesa durante días! Alby se la pasaba defendiéndote y acusando con que habías quedado con un daño psicológico, ¡puras garlopas!

-¡Mídete!- grito Newt, soltando la canasta y volteando de golpe, encarándolo con el rostro rojo de furia, sus ojos estaban sombríos y húmedos, pero Minho no miraba nada más haya humano, eran huecos azules, vacíos. Se inclinó hacia atrás, poniéndose a la defensiva -¡¿Por qué miertera razón nunca te mides al hablar?! ¿Sabes lo que estás diciendo, te das cuenta, piensas antes de decir estupideces? No lo creo.

-Se exactamente lo que digo- contesto secamente, entrecerrando los ojos, de manera retadora. Newt apretó los labios y asintió, dejando escapar una solitaria lágrima que se resbalo por su mejilla.

-Bien… haz lo que quieras…- susurro. Limpio su cara con la manga y recogió la canasta, saliendo enseguida.


Minho tenía un especial don de arruinar las cosas; primero el buen humor con el que había amanecido Newt, después los deprimentes ánimos de los Fregones, a quienes visito por unos minutos para echarles en cara lo pésimo de su trabajo, rematando con Sartén; haciendo que se le quemara el pan del desayuno.

Alby se hartó de escuchar tantas quejas de todos, y finalmente hablo con él y lo mando a revisar los Mapas, encerrado en la Sala de Mapas; ahí no le haría daño a nadie. Y no era como que Minho fuera un maldito insensible que gozaba del sufrimiento ajeno, pero aquella desafortunada conversación con Newt en la mañana, que él básicamente había arruinado con o sin propósito, no solo había dejado al rubio molesto, sino también a este lo afecto.

Daba un suspiro tras otro, bajo llave en aquel cuarto minimalista, rodeado de Mapas que comparaba, unos con otros. Jeff se había ofrecido a llevarle comida, puesto que no deseaba salir al caos que provoco, y dudaba que alguien quisiera verlo.

Pregunto por Newt; Jeff le dijo que después de dejar la ropa sucia a los Fregones, se fue a quitar maleza en los Jardines, a lo visto, enojado. Y que de ahí no salió hasta la tarde, cuando se fue a tumbar frente a un árbol de Las Lapidas: tampoco se reunió con los otros a comer.

Minho le agradeció la información y la comida, se despidieron y volvió a cerrar la puerta con llave.


Su estómago gruñía, pidiendo por ser alimentado. Después de reunirse con los Corredores, salió cojeando del edificio, las muletas lo cansaron, y la rodilla había mejorado muy poco, pero prefería renguear a cargar su peso con dos pedazos de madera.

A la hora de la cena se sentó como de costumbre con Alby, lanzándole una mirada aburrida. Ambos comieron en silencio, y de nueva cuenta el lugar de Newt estaba vacío; Sartén no se molestó en colocar comida, pues se dio cuenta del mal genio que acarreo todo el día, así que le dijo a un pequeño muchacho que le llevara la cena, a su sitio preferido en Las Lapidas, donde paso toda la tarde.

Minho no sabía si sentirse mal, culpable, molesto u orgulloso, pero una extraña combinación de sentimientos se mezclaban en su cabeza, todos con la imagen de Newt como portada. El hambre se le quito.


Subió con dificultad los escalones de la Finca, tratando de ser silencio, lo cual no funciono por el chirrido constante de la madera a cada paso lento que daba. Llevaba un día en el Área, un día prácticamente desperdiciado en nada, y ya estaba fastidiado; quería salir a correr cuanto antes.

Entro en la habitación; estaba a oscuras, pero miraba claramente las siluetas de sus compañeros recostados en sus respectivas camas durmiendo. Luego de la cena salió a pasear por los Jardines; algo raro en él, pero se quedó mirando por un par de horas los árboles y cultivos.

"Mañana visitare el Matadero, sí, eso hare" pensó burlándose de sí mismo, de la patética y ridícula actitud que había tomado.

Compartía cuarto con Alby, Nick y Newt, en el segundo piso de la Finca. Las camas estaban distribuidas de forma equitativa; dos pegadas a la pared de la ventana y las otras dos del lado de la puerta. Su cama se pegaba a la pared de la puerta, y tenía a Alby de frente en la otra pared, a su lado estaba Newt, y enfrente Nick.

Claro que había renegado cuando distribuyeron las habitaciones y le toco con el siniestro líder, pero sus otros compañeros lograron persuadirlo, y así tuvo que aceptar quedarse allí.

Suspiro y se sentó al borde de su cama, inconscientemente dirigió la vista hasta la esquina, donde Newt dormía de espaldas a los demás, viendo la pared; todo su cuerpo se movía al compás de su respiración, y por ese momento, deseo no haberle dicho lo que dijo. Paso saliva y se froto el rostro, no tenía sueño, no estaba cansado, ¿Cómo diantres te cansarías de hacer nada?

Sabía que solo perdía el tiempo dando vueltas en la cama.

Se levantó con cuidado y salió.


La estancia de la Finca era pobre y patética, un espacio muy mal construido pero resistente; se abría de lado izquierdo a las escaleras, y tenía una enorme ventana cubierta con cortinas viejas. Había un sillón destartalado y una mecedora hecha por ellos mismos. En la esquina estaba el intento de chimenea, que solo consiguió ser un agujero en la pared.

Sonrió de medio lado, él había ayudado a construirlo, como un buen primer Habitante del Área, la mayoría de la Finca la hicieron con sus manos. Los constructores apenas ayudaron retocando cuartos, pero el consuelo del pésimo trabajo hecho era para ellos.

Maldijo por lo bajo. Una punzada de dolor en la rodilla lo acogió, y se tumbó en la mecedora. Había escuchado a muchos chicos proponer que los Creadores les mandaran libros, o algo en que entretenerse, para ocasiones de ese tipo; no pudiendo dormir o sintiéndose como mierda.

-Un televisor estaría muy bien…- susurro al vacío de la oscuridad. Se quedó ahí botado, pensando en el penoso primer día que paso, y eso no le agradaba para nada.


-¡Oye Newt!- grito un chico a lo lejos, acercándose corriendo.

-¿Qué pasa?- pregunto, bajando el machete que llevaba en mano, limpiando el sudor de su frente.

-Es la alarma del Novato.

-Sí, ya lo sé- dijo simplemente y volvió al trabajo de cortar ramas.

-¿No iras a ver? Digo, eres uno al mando.

-Aja- se detuvo nuevamente y miro a los Habitantes aglomerarse alrededor de La Caja, entrecerró los ojos y torció el gesto -¿Para qué me quieren a mí? Haya tienen a Nick y Alby, no creo que necesiten a otro shank creyéndose grande- apunto hacia el sitio –Mejor ve y luego me dices como le va al pobrecillo- el chico asintió y se fue.


Las puertas de La Caja se abrieron, todos alrededor observaron con asombro a un nuevo chico, a diferencia de ellos, era mucho más joven, tal vez el más pequeño de todos. Nick lo recibió con los brazos abiertos y le dio la bienvenida; a Minho le dio asco ver tanta hipocresía y teatro: se alejó, encerrándose en la Sala de Mapas nuevamente.

Alby paso su mano por el cabello, algo le decía que la estrategia de Nick no resultaría del todo agradable. El muchacho estaba asustado, completamente aterrorizado viendo las caras de todos los Habitantes; las lágrimas no tardaron en surcar sus ojos, y a gritos preguntaba sin calla.

-¡¿Dónde estoy, quienes son ustedes, que está pasando?!- Alby no sabía cuánto aguantaría el pobre antes de desmayarse o hacerse en los pantalones, sintió lastima.

-Tranquilízate, no te haremos daño, ahora, este es tu nuevo hogar- dijo Nick. Y esa última palabra le erizo la piel al moreno; detestaba cuando Nick hablaba con un tono compareciente, él mejor que nadie entendía que este lugar no se le podía llamar hogar –Primero, ¿recuerdas algo? ¿No? Bueno, al menos tu nombre si- el pequeño dudo, mirando en todas direcciones, finalmente se calmó un poco y con voz quebrada le contesto.

-Me… me llamo… Chuck…