Una de las primeras cosas que pensó sobre su otra mitad como Sabo era cómo había soportado a sus dos hermanos que eran un tornado individual—dejando de lado la Voluntad de D y las tormentas que causarían en el mundo—, cada uno era un manojo de problemas. Ace buscando pelea en cada esquina y Luffy en peligro de ser devorado por cualquier bestia que se encontrara.

Sinceramente respetaba a Sabo por eso, de corazón. Ni siquiera él hubiera tenido la paciencia para tratar con esos ataques cardiacos andantes (sobretodo Luffy). Aunque debía decir que tenía cierta experiencia con gente problemática. En su primera vida había tenido algo parecido, un par de amigos-hermanos con los que creció hasta—bueno, su final.

Aru y Eri eran un par de gemelos que eran más problemas que soluciones, pero los amaba. Eran huérfanos de madre y su padre trabajaba todo el día, por lo que habían sido dejados a cuidado de su abuelo y de alguna manera se convirtieron en 'familia'. Aru era esa hermana pequeña que tenía que proteger, sobre todo cuando entraron a la preparatoria y de alguna manera aquella niña que jugaba con insectos y le pateaba el trasero a los matones que molestaban a su hermano se convirtió en una belleza extraordinaria. Tenía que estar en vigilancia 24/7 para que ningún imbécil quisiera pasarse de la raya. Y Eri era ese hermano pequeño que lo seguía como un pollito, lloriqueando siempre que un niño mayor que él le robaba sus juguetes… o eso era hasta que igual que su hermana creció y cambio por completo. Dio lo que se le llama el 'estirón' y era más alto que él, incluso atractivo. Malditos genes

De alguna manera se alegraba de haberse ido cuando ellos ya no lo necesitarían tanto, Aru salía con un chico que parecía ser un buen tipo y tal vez se casarían dentro de unos años y Eri estaba a punto de cumplir su sueño de volverse escritor. Estaban haciendo su propio camino en la vida y él estaba feliz por ello.

Suspiró de manera nostálgica e intentó que la tristeza no lo invadiera, después de todos estos años todavía no se acostumbraba a su nueva vida. Todas las historias que leyó donde el protagonista era reencarnado o transportado a un nuevo mundo no te ayudaban realmente, aquellos protagonistas aceptaban su realidad demasiado fácil, pero no era así.

Y de nuevo estaba siendo embargado de sentimientos negativos.

Respiró y exhaló.

Todo era culpa de una sola cosa, su tal vez próximo encuentro con su hermano pequeño, Luffy.

Estaba nervioso, asustado, emocionado, de nuevo nervioso, asustado y emocionado. Era un círculo vicioso, así que trataba de pensar en otra cosa pero esa otra cosa también hacia un lío con su cabeza.

Básicamente ya sabía qué tipo de reacción tendría Luffy, el Arco de Dressrosa se lo había mostrado, pero al ser él quien iba a experimentar todo en carne propia era un poco difícil calmarse.

¿Y si las cosas no iban bien como esperaba?

Sus manos comenzaron a sudar e intentó calmarse, o iba a sufrir un ataque de pánico.

Observó las olas chocando contra el barco, contando del 1 al 10, respirando profundamente y exhalando todo el aire, cualquier cosa que calmara su corazón que latía a toda velocidad en su pecho.


Sabía que la mejor forma de encontrar a Luffy era ir al lugar con más escándalo.

El cielo comenzaba a llenarse de nubes grises de tormenta y eso solo significaba una cosa, y sabía qué era.

Corrió entre los callejones, oculto bajo una capa, hasta encontrar su destino. Una plaza llena de civiles y piratas observando la plataforma de ejecución.

Llegó por una de las calles junto al edificio detrás de la plataforma, Buggy tenía ya a Luffy atrapado.

— ¡Por el crimen de hacerme enojar, yo te sentencio, Monkey D. Luffy a una ejecución llamativa! –Buggy grito mientras reía. — ¡Vamos a causar un espectacular desastre, chicos!

Los piratas de Buggy comenzaron a disparar y gritar.

— ¡Solo quédate allí y mira!

Sabo miró la plataforma y Luffy parecía decir algo con tranquilidad, seguido Buggy y él comenzaron a gritarse. No pudo evitar soltar una risa débil, de alguna manera recordaba el dialogo de esa parte, Luffy diciendo algo sobre que era su primera vez viendo una ejecución y Buggy recordándole que él iba a ser el ejecutado.

— ¡Ahora procederemos con la ejecución llamativa para todo el público! –Gritó Buggy, levantando una espada en la mano.

— ¡Nooo! –gritó Luffy.

Las nubes comenzaban a juntarse cada vez más. Luffy parecía decir algo de nuevo y no parecía para nada sincero.

— ¡Como si te dejara ir, idiota!

Poco a poco empezó a hacerse camino entre la multitud, su cuerpo moviéndose de manera automática, hasta que comenzó a escuchar parte de la conversación de Buggy con su hermano.

—…Tengas o no últimas palabras, no es como si a alguien le importara lo que tienes que—

Luffy respiró todo el aire que sus pulmones aguantaron y entonces gritó.

— ¡YO SOY EL HOMBRE… QUE SE CONVERTIRÁ EN EL REY DE LOS PIRATAS! –declaró, y Sabo sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Recordó la primera vez que escuchó a Luffy decir eso cuando niño, y las siguientes, pero esta vez se sentía tan real, era como si dijera algo que ya era un hecho y no un sueño.

La multitud comenzó a murmurar, algunos incrédulos, otros sorprendidos, diferentes emociones por las simples palabras de un chico.

Buggy levantó su espada con el fin de decapitar a su hermano, sus pies comenzaron a moverse de nuevo, pero—

— ¡Espera! –llamaron un par de voces y Buggy se detuvo. Eran los Nakamas de su hermanito.

— ¡Sanij! ¡Zoro! ¡Ayúdenme!

— ¿Así que has venido, Zoro? ¡Pero parece que es muy tarde! –el payaso reanudo su ataque y Sabo no pudo evitar el pánico creciente en su pecho. ¿Por qué no ocurría eso ya?

Sanji y Zoro arremetieron contra la multitud y los piratas rivales hicieron lo mismo, todo era un caos.

— ¡Gyahahaha! ¡Solo miren cuidadosamente desde allí! ¡Sean testigos del último momento de su capitán! –la espada en sus manos llego al punto máximo y empezó a bajar, casi en cámara lenta ante sus ojos.

— ¡Zoro! ¡Sanji! ¡Usopp! ¡Nami! Lo siento, pero parece que estoy muerto –dijo Luffy con una calma inusual mientras sonreía ampliamente.

Recordó a Ace y sus últimos momentos. Su sonrisa. Morir en los brazos de Luffy.

Crack

Algo se rompió dentro de Sabo.

Ya no importaba nada, ni siquiera el hecho de que no debería usar el Ryuusouken en ese lugar. Su mano se ennegreció con Haki y corrió a la plataforma, golpeando y derribando a los piratas que iban hacia él con facilidad.

— ¡Luffy…! –gritó, pero su voz fue opacada por los ruidos de batalla.

Y entonces, como un milagro (aunque sabía que no lo era, pero estaba aliviado por ello) un rayo golpeo la plataforma.

Se detuvo al igual que todos, la plataforma comenzó a quemarse y la lluvia a caer, nadie hizo ni un sonido y de lo alto un sombrero de paja comenzó a caer son suavidad hasta golpear el suelo con un golpe sordo.

Una mano se acercó para levantar el sombrero y colocarlo sobre su cabeza.

— ¡Shishishi! ¡Parece que sobreviví! ¡Qué suerte! –dijo Luffy, parado sobre los escombros con un Buggy completamente calcinado a sus pies. La multitud seguía en shock y Luffy aprovecho para caminar hacia sus Nakamas.

Empezaron a hablar con tranquilidad, pero los marines hicieron su aparición y comenzaron a huir. Sabo se quedó allí, mirando a su hermano correr así que hizo lo mismo, no quería ser atrapado por aquellas personas—aunque era poco probable que lo hicieran.

Pensó un poco aquello y después de unos momentos se sonrojo levemente, eso había sido un poco narcisista de su parte. ¿Cuándo se había convertido así?


Cuando llegó a la escena el espadachín—Roronoa Zoro—ya había derrotado a la sargento, así que corrió por los tejados hasta donde se encontraba su hermano y Smoker.

Sanji había sido lanzado contra una pared, y Smoker sometía a su hermano contra el suelo, el Capitán estaba a punto de tomar su Jitte cuando una mano se lo impidió. Smoker volteó confundido y su rostro se contorsionó en sorpresa cuando vio al dueño de ese agarre.

— ¡Tú eres…!

Luffy se movía bajo el agarre del marine, intentando ver quien estaba allí.

Dragon soltó el agarre y una ráfaga de viento apareció de la nada llevándose con ella a varios marines, a Smoker y a Luffy. Zoro apareció y comenzó a gritar que corrieran, los tres chicos salieron huyendo sin mirar atrás. Dragon los miró irse y sonrió.

—Haha… ve entonces, ¡Si ese es tu deseo!

Smoker se levantó y encaró a Dragon.

— ¡¿Por qué lo ayudaste a escapar?! ¡Dragon! –exigió el Capitán.

— ¿Qué razón tiene para prevenir a un hombre de zarpar? –preguntó Dragon con una sonrisa mientras la lluvia se hacía más fuerte.

Smoker tomó su arma y se puso en guardia, sin embargo Dragon no se movió.

—Sabo –lo llamó y él saltó desde el techo de donde estaban. —Ve –le ordenó y Sabo no hizo más que obedecer.

Sacó su tubería y arremetió contra el hombre de humo quien se defendió de su ataque con una mueca. Sabo empujó de nuevo haciéndolo retroceder y él mismo se apartó para atacar de nuevo desde otra dirección, el Capitán logró bloquearlo pero no podía hacer nada más que eso.

— ¿Eso es todo? –preguntó Sabo con un tono de burla y Smoker apretó los dientes. Sostuvo su Jitte con una mano y la otra comenzó a volverse humo, lista para atacarlo, pero Sabo hizo lo mismo, tomando el puño del contrario en un firme agarre.

—Qué… –Smoker parecía perplejo y Sabo aprovecho la situación, soltó su arma y se impulsó con una pierna y con la otra cubierta de Haki pateó al hombre con fuerza haciéndolo atravesar una pared de un edificio cercano y siendo enterrado bajo escombros.

Dragon comenzó a caminar y supuso que la batalla había terminado, tomó su tubería y siguió al hombre.

— ¿Estás seguro de que no iras tras de él? –preguntó con voz tranquila mientras la lluvia se volvía tormenta.

—Sí… No creo estar listo todavía, además, pronto entrara en Grand Line así que tendré más oportunidades para hacerlo –y de alguna manera se sentía aliviado. Tal vez debería comenzar practicar cómo saludar a sus hermanos.


—Entonces… ¿Por qué estás tan decidido a que Luffy sea el primero en contactar? Desde que zarpo, Ace estuvo en Grand Line por lo menos un año y los siguientes en Nuevo Mundo, has tenido más que suficientes oportunidades con él –preguntó Koala mientras se sentaba frente a Sabo y lo miraba comer—o devorar—su almuerzo.

La cafetería de los cuarteles estaba casi vacía, la hora del almuerzo había terminado hace un rato pero Sabo prefería comer solo y en paz—aunque Koala no parecía compartir esa idea.

La chica apoyó su barbilla sobre sus manos sin despegar la mirada, esperando por su respuesta. Sabo suspiró derrotado.

—Es más fácil tratar con Luffy que con Ace –fue toda su respuesta y esperaba que fuera suficiente.

—Ajá…

No lo fue.

—Llevamos conociéndonos, qué, ¿7 años? Sé que hay algo más y no puedes mentirme. Ahora, habla.

Sabo bajo sus cubiertos y se rasco la parte posterior de la cabeza. No podía ganar contra su mejor amiga.

—La cosa es… –comenzó con una mueca, no muy seguro de qué decir o cómo explicarlo. —Es que yo… estoy asustado –admitió, bajando la mirada hacia su comida, de repente ya no se sentía tan hambriento.

— ¿Asustado? ¿De qué?

—De Ace. De ambos, en realidad. De cómo puedan reaccionar. He estado fuera de sus vidas por 10 años completos y no tengo excusa, no tengo perdón por abandonarlos. Antes zarpar por mi cuenta les envíe una carta, pero no creo que eso haya sido suficiente para expresar cuán importantes eran—son para mí.

Sentía la mirada de Koala sobre él, pero no dijo nada, ambos se mantuvieron en silencio solo llenado por el movimiento de los cocineros y algunas otras personas comiendo. Pasaron los segundos hasta que Koala soltó un suspiro.

—Eres un idiota –declaró sin más haciendo que levantara la cabeza.

—Qué—

—Sabo, eres un idiota –repitió con una expresión demasiado seria —, puede que seas una de las personas más inteligentes que he conocido pero sigues siendo un idiota. ¡Estás pensando esto demasiado! Es casi como si quisieras que el peor escenario ocurriera solo para que puedas decir 'te lo dije'.

Sabo abrió la boca para decir algo, pero Koala no lo dejo.

—Desde que te conozco has ido por la vida planeando cada paso que das, cada evento y lo que pueda causar en el futuro, tienes miedo de que algo inesperado suceda y no puedas controlarlo. Y eso es una estupidez. No puedes planear una vida por completo. No estás viviendo. Entiendo que tengas miedo, de verdad, pero las cosas se volverán peor cada vez más si sigues esperando por la situación perfecta. ¡Deja de hacerlo! ¡La valentía no es la ausencia del miedo, sino la fortaleza de seguir adelante[1]! ¡Estaré a tu lado si hace falta!

Sabo bajó el rostro de nuevo, pero esta vez era para ocultar una sonrisa de felicidad. Koala realmente era asombrosa, había despejado sus nublosos pensamientos solo con palabras y actitud. Aun así, no quería darle la satisfacción del logro.

—Es un buen discurso, digno de una Revolucionaria, sería incluso más asombroso si no estuvieras arriba de la mesa –señalo, y en efecto, la chica estaba de rodillas sobre la mesa, casi con el rostro pegado con el suyo, había llegado a esa posición al estar tan ensimismada en su sermón.

Koala soltó un grito agudo que le hizo llevarse las manos a los oídos. Intentó hacer algo, pero lo único que logro fue gritar también al sentir el puño de Koala contra su rostro. Después de eso todo a su alrededor se desvaneció.


Tenían algunos asuntos cerca de las primeras islas de Red Line, en Paraíso, y Sabo se sentía nervioso, sabía que Luffy y su tripulación estarían por lo menos en camino a Little Garden así que no se encontrarían por un tiempo.

Las palabras de Koala le habían llenado de valor por lo que si se encontraba con su hermano pequeño de casualidad estaría preparado…

O eso pensaba.

Porque allí, en una isla insignificante, en un pueblo sin importancia, en un restaurante de los pocos que había, tuvo que encontrarse a quien menos esperaba.

En la barra, completamente dormido sobre su comida y luciendo con orgullo cierto tatuaje difícil de no reconocer en su espalda estaba el Segundo Comandante de Barbablanca. Portgas D. Ace. Su hermano.

Sintió que su aliento lo abandonaba, al igual que su alma y todo pensamiento.

—Creo que está muerto –murmuró una voz preocupada y otros murmullos le siguieron.

—Creo que alguien enveneno su comida, dicen que es una venganza –dijo alguien ya esparciendo chismes sin sentido.

—Es uno de los piratas de Barbablanca, mira su tatuaje, seguro que alguien tenía su cabeza en la mira.

De repente, Ace levantó su cabeza y todos se callaron, miró a los lados buscando con que limpiarse, sin encontrar nada llevó la mano a su rostro y quitó los restos de comida.

—Ugh, me quede dormido… Hey, ¿Qué pasa viejo? –le preguntó al dueño que lo veía con asombro y temor. — ¿Acaso hay un show?

— ¡¿Se quedó dormido?! –gritaron los demás de manera molesta e incrédula y Sabo sintió un déjà vu—aunque no era realmente uno si esa situación no había pasado todavía. Pero sospechaba que Ace solía hacer eso con regularidad.

—Pe-Pensamos que había muerto, señor… –dijo el dueño todavía sin reponerse.

— ¿Eh? ¿Por qué pensarían eso?

—Usted de pronto cayó…

—Qué dices –Ace metió comida en su boca sin tomar importancia de las excentricidades de los demás comensales y el personal. —Por cierto, viejo –dijo mientras buscaba entre sus pertenencias y sacaba un cartel de recompensa. — ¿Ha venido este chico a la ciudad? –preguntó mostrándoselo.

— ¿Huh? No, jamás lo he visto por aquí –respondió y dejó solo al chico con su comida.

Ace miró pensativamente el cartel, comiendo lentamente. Luffy no estaba por este rumbo, era una lástima.

Sabo continuó mirando la espalda de Ace, sin moverse hasta que sintió una mano en su espalda. Era Koala quien intentaba mostrarle su apoyo. Tragó en seco y dio unos pasos hacia delante. Era hora de la verdad, no podía hacerse para atrás como con Luffy en Loguetown.

—Portgas D. Ace, necesito hablar contigo –dijo, tal vez demasiado alto, llamando la atención de todos y por último la del nombrado.

Lentamente Ace se dio la vuelta para encarar a quien lo había llamado. Tal vez era un caza recompensas o un pirata rival, de cualquier manera era un idiota con agallas o solo un idiota. Sus ojos recorrieron de abajo hacia arriba lentamente. Era un hombre con un pantalón ancho de color azul metido de unas botas negras; un chaleco abotonado de un azul más fuerte con un cinturón negó, tenía puesta una gabardina larga. Un atuendo raro. ¿Quién se creía ese idiota presuntuoso? Y por fin llego al rostro.

Todo signo de burla o arrogancia abandono el rostro de Ace al encontrarse con la cara del otro hombre. Estaba diferente a lo que recordaba, se veía más maduro y tenía el cabello más largo, y una horrible cicatriz decoraba su ojo izquierdo. Tan diferente a ese niño que conoció y a la ve tan igual.

Se levantó por instinto, casi derribando el banco donde había estado sentado.

—Sabo… –susurró sin pensar.


[1] Es una de mis frases favoritas de Paulo Coelho, no pude evitarlo.


Sí, lo sé, soy una mierda por dejarlo hasta aquí pero no se puede evitar el suspenso—hehe. Sinceramente no pensé que este capítulo saliera tan pronto, por lo general tardo eones para actualizar mis historias, esta sale con naturalidad.

Como sea, ¿Qué les pareció? Espero que les haya gustado. ¡Gracias por leer!

Siguiente capítulo: Una paliza es lo menos que me debes.

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