Hola a todos!
Muchas gracias por leerme, hasta el momento han hecho algunas preguntas, y bueno, para dejar claro, si este es un Sesshomaru x Kagome.
Yo también pienso que Kagome será una gran reina! Obviamente se interesará más por ayudar al pueblo que su hermana.
La historia de Sesshomaru e Inuyasha, posiblemente se explique con mayor claridad en un futuro, pero en resumen es: Ellos eran herederos al trono de, Reino del Oeste, o Westfield, como gusten llamarlo, pero hace unos años, les arrebataron el trono, por su propio tío, un golpe de estado, su padre murió durante este periodo y ellos lograron salir con vida, hacía el Reino de Astria, que es el origen de la madre de Sesshomaru, quien formaba parte de la aristocracia. Esa es la razón por la cual Sesshomaru es duque.
Otra de las aclaraciones es que aquí la palabra mayordomo, no se refiere a ser un sirviente, es más como un asistente personal. La reina, la madre de Kagome tiene a Myoga, y Kagome bueno, ya lo verán.
Finalmente aquí esta la primera aparición de Sesshomaru, y prometo que el próximo capítulo será el primer encuentro entre nuestra pareja favorita.
¡Disfruten!
Había recibido una llamada inesperada. Como duque de Richmond recibía llamadas todo el tiempo, tenía múltiples obligaciones, aunque generalmente eran sus asistentes quienes atendían las llamadas, y en pocas ocasiones él respondía, en situaciones especiales, como esta.
Era el mayordomo de la reina Sakura, de Astria. Lo cual ya podía considerarse raro.
Al contestar y escuchar la razón de la llamada, solo su férrea disciplina le permitió no mostrar sentimiento alguno, sin embargo podía sentir esa sensación de inmenso calor que usualmente acompañaba a la furia. Durante años había estado trabajando para recuperar el reino del oeste, les había sido arrebatado, pero confiaba en que algún día podría tenerlo de vuelta. El relacionar a Inuyasha con alguna princesa era de vital importancia, pero ahora, el error de su hermano le había costado mucho.
Kykio era princesa, si, pero perdería el trono debido a su situación.
El negar que Inuyasha se casaría con la princesa solo dañaría el honor familiar, por lo que no podría negarse.
Sabía de la estúpida obsesión de Inuyasha por la princesa. Estaba seguro que Kykio solo había estado jugando con su hermano, y aún así ahí estaba el resultado. Un embarazo, una abdicación al trono y planes frustrados.
Se llevó las manos a la frente en afán de disminuir el dolor de cabeza que sabía era inminente.
Necesitaba ejercitarse.
-¡Jaken! – llamó a su mayordomo, quien se acerco con premura.
-Si, su excelencia
-Llama a Jean Pierre, necesito ejercitarme – le dijo Sesshomaru.
-Pero acaba de ejercitarse hoy en la…- comenzó a decir el mayordomo cuando recibió una mirada gélida del duque - ¡Por supuesto!, de inmediato.
Tendría que acudir personalmente al palacio a hablar con la reina para arreglar los desperfectos de su hermano.
Si lo pensaba suficiente quizás podría encontrar algún beneficio a la situación, solo esperaba que fuera así, de lo contrario Inuyasha pagaría muy caro el haber dañado los planes a futuro.
…
Inuyasha se había marchado después de múltiples gritos y una promesa vacía de descansar y verlo al día siguiente.
Daba gracias a que había aceptado el hecho sin dudas. Inuyasha siempre fue confiable, por eso lo mantenía cerca todo el tiempo, sin embargo era un asunto diferente el mantenerlo cerca a casarse con él.
¡Ella tendría que ser reina!, había sido criada para ese papel, simplemente no permitiría que le arrebataran lo que le correspondería.
Afortunadamente ya había contactado al verdadero padre del bebé. Era un hombre poderoso, y le había ofrecido ayuda para deshacerse de él, como ella lo esperaba.
Su madre se arrepentiría de tan siquiera mencionar la palabra abdicar. Ella sería la reina, su hermana no tenía material de reina, no dejaría que se quedará con el trono.
Había revisado todo el personal y el palacio, justo en cinco minutos se haría el cambio de guardia, y entonces podría huir.
Dejaría celular, y todo en la habitación, no dudaba que su madre las tuviera rastreadas, pero ella era mas inteligente.
Correría, huiría y se desharía del problema antes que Kagome pudiera anunciar la noticia. Para ese entonces estaría ya de vuelta, sin bebe, sin compromisos y lista para tomar el trono.
Vio a los guardias moverse de su lugar y aprovecho para echar a correr a los arbustos mas cercanos, donde un hombre la esperaba con un coche encendido.
No era del tipo atlético, pero logró correr los metros que separaban al palacio en poco tiempo.
En cuanto vio al hombre sonrió, una reina tenía que hacer lo necesario para servir al país, y ella lo haría.
-¿Y bien? – preguntó el hombre en cuanto ella subió al coche.
-Nadie me vio – dijo Kykio sonriendo – Vamos.
El auto arrancó y Kykio pudo ver como se alejaba del palacio por primera vez sin guardias, sin ningún protocolo, y encontró que la experiencia tenía una sensación liberadora.
Después del viaje de una hora llegaron a una parte de la ciudad la cual ciertamente no había visitado nunca.
Las calles estaban desiertas, los edificios parecían viejos y sin vida, apenas había alumbrado en las banquetas, todo parecía sucio.
Volteo a ver al hombre que la acompañaba y este percibió su descontento al instante.
-Tu madre tiene contactos en todo el país, esta es la única clínica que acepto hacer el procedimiento sin decir una palabra.
Kykio sabía que era cierto, sin embargo al ver el edificio que en algún punto había sido blanco sintió escalofríos.
-No voy a entrar –dijo segura. No podría.
-¿Quieres ser reina? – preguntó el hombre.
-Por supuesto – dijo Kykio en tono ofendido.
-¿Entonces la frase "haré lo necesario por el país" solo son palabras vacías? – preguntó el hombre - ¿Todo se acaba cuando ves dificultades? Miles de mujeres se realizan abortos en clínicas como estas todos los días, ¿crees que todos tienen el dinero para pagar las clínicas a las que la realeza va? No seas ridícula.
Había jurado hacer lo necesario, era verdad. Nadie más le haría el procedimiento, y sin no lo hacía esa noche el embarazo continuaría y después sería muy tarde.
-¿Dejarás que Kagome se quede con el trono? – preguntó el hombre – Tu y yo tenemos muchos planes querida, no podemos dejar que nos arrebaten lo que nos pertenece.
Era cierto, una vez fuera reina podrían casarse, no habría nadie que se lo impidiera, había estado esperando por el momento, y si Kagome subía al trono nunca podrían estar juntos.
-Lo haré – dijo al mismo tiempo que se bajaba del coche.
-Esa es la decisión correcta querida – dijo el hombre dulcemente – Vamos, me quedaré a tu lado todo el proceso.
Kykio tomo la mano del hombre al que amaba y entró a la clínica.
…
Aún parecía como si todo fuera un sueño, se despertó por la mañana creyendo que lo que había sucedido el día anterior. Sin embargo cuando entró su doncella, Sango, le entregó un vestuario un poco más formal que lo usual, su instructor le esperaba.
Se llevó las manos a la cabeza, cerró los ojos esperando que todo desapareciera, sin embargo sabía que no sería así, las palabras de su madre resonaron en su cabeza toda la noche, y le hizo ver lo malcriada y egoísta que había sido.
El problema era que toda su vida había creído que sería libre, nunca pensó en lo que tenía que cargar Kykio, o en las responsabilidades que tenía.
La noche anterior lloró, se permitió llorar por la pérdida de su libertad. En cambio hoy tendría que dar lo mejor.
-¿Podrías decirle al personal de cocina que me tenga preparado el desayuno en 30 minutos? – preguntó Kagome al levantarse – No podemos hacer esperar a mi instructor.
-Como usted diga su alteza – dijo Sango con una leve inclinación.
-Y Sango…no quiero que cambie nuestra forma de tratarnos cuando estemos solas, somos amigas, ¿no? – preguntó Kagome sonriendo.
Sango sonrió y asintió.
-De acuerdo Kagome.
El tutor designado por su madre resulto ser un mujeriego de primera, o esa era su primera impresión, al verla llegar, hizo una inclinación perfecta, para después arruinarlo todo con un beso en la mano y una frase muy cursi.
Pensó que no serviría de nada aprender de alguien así, pero al final, Miroku, sabía cosas que ningún otro instructor, por lo que muy a su pesar descubrió que las clases con él serían sumamente útiles.
-Su majestad – dijo Miroku extendiéndole un libro – Debe leer esto para mañana de ser posible, tenemos poco tiempo y aunque nos enfocaremos en lo primordial para la ceremonia, es poco el tiempo.
-Supongo que mi hermana ya se sabía todo esto de memoria – dijo Kagome viendo el libro.
-Tengo entendido que su alteza aprendió el discurso de aceptación y coronación desde la tierna edad de 8 años – dijo el instructor sonriendo.
-Maravilloso – masculló Kagome.
Se levantó para poder retirarse cuando entró Myoga, el mayordomo de su madre.
-¡Su majestad! – dijo con voz entrecortada – Algo terrible ha pasado.
-¿Qué sucede Myoga? – preguntó Kagome preocupada.
-Su hermana, ha huido – respondió el anciano con voz entrecortada – Dejó una nota en su habitación.
Kagome olvidó el decoro y los buenos modales y salió de prisa de la habitación, recorrió el gran salón a paso demasiado veloz para considerarse de buen gusto y al llegar a las escaleras las subió corriendo.
Al llegar a la habitación de su hermana la abrió de par en par, encontrándose con los sirvientes buscando pistas entre sus cosas.
Tomó la carta que el anciano Myoga le indicaba y la leyó con temor.
Cuando encuentren esta nota ya estaré lo suficientemente lejos del palacio, buscarme será inútil, me he asegurado de no ser encontrada hasta que sea inminente mi regreso, les aseguro que mi partida es en pos de servir mejor a la corona, por lo que les sugiero no hacer el anuncio de mi abdicación al trono, regresaré a tomar mi lugar.
Tuvo que leerla otras dos veces para creer lo que su hermana acababa de hacer. No podía creer que acabara de huir.
-¿La reina ya lo sabe? – preguntó Kagome preocupada.
-Su majestad acudió a una junta con la Cámara, regresará por la tarde – dijo Myoga - ¿Mando por ella?
-No – dijo Kagome – Nadie puede saber de esto, tendremos que esperar a que regrese, manda buscar a Lord Inuyasha, y que un grupo de hombres busquen en los alrededores.
-Por supuesto su majestad – dijo el anciano partiendo para realizar sus tareas.
-Kagome – dijo alguien desde la entrada.
Kagome volteo, y se encontró a Kouga en la puerta. Suspiro aliviada y dejó que este se acercara. Podía ver en su rostro la preocupación que sentía por ella. Seguramente su olfato ya le había dicho que ella estaba bajo contante estrés, así que no hacía falta que le dijera que estaba al punto del colapso nervioso.
-Escuché lo de su majestad – dijo Kouga con preocupación – Me tomé la libertad de enviar a alguno de mis hombres a buscarla.
-Muchas gracias Kouga – dijo Kagome con gratitud – Cuando mi madre vuelva le va a dar algo.
-No, su alteza es mucho mas fuerte que cualquiera de los que esta aquí – dijo Kouga confiado.
-Lo sé – dijo Kagome.
-No te preocupes, la encontraremos – dijo Kouga seguro.
-No sé, es muy obstinada – dijo Kagome.
-Si pero no conoce el mundo real – dijo Kouga – Tu tampoco lo conoces a decir verdad.
-No, pero para eso te tengo a ti ¿cierto? – preguntó Kagome sonriendo muy a su pesar.
-Por supuesto – dijo Kouga carraspeando algo sonrojado – De hecho, estaba por pedirle algo a la reina, pero supongo que dentro de poco tu serás a la que tenga que pedirle algo.
-¿De que hablas? – le preguntó Kagome.
-Quiero presentar mi solicitud para ser el asistente a la heredera del trono – dijo Kouga – En cuanto la reina decida ceder el trono, Myoga se retirará como su mayordomo y asistente, en su lugar quiero ser yo quien este cubriéndote la espalda.
Kagome le vio sorprendida. Kouga amaba la vida militar, entrenar, ayudar a sus hombres, aspiraba a ser general dentro de unos años, y estaba por renunciar a todo eso, por ella.
-Kouga, no, tu…
-No, escúchame – dijo Kouga – La seguridad de la futura reina es mas importante que mi carrera militar, ya lo decidí, hablaré con tu madre cuando pueda.
Kagome reconocía esa mirada en su amigo. Era la mirada que había tenido cuando saltó al río en pleno invierno como un reto, era la mirada que le dio cuando le declaró su amor, era la clase de mirada que hacía de las intenciones de su amigo irrevocables.
-Bien, si eso es lo que quieres, te estaré agradecida de contar contigo – dijo Kagome asintiendo.
Kouga asintió satisfecho, para después besarle la mano en señal de despedida, se dio la media vuelta y desapareció del salón.
Kagome sabía que sería un día difícil, dio la instrucción de seguir buscando, podría regresar a sus clases, pero ahora estaba demasiado nerviosa como para poner atención.
…
Inuyasha le había llamado frenético, era media noche cuando su celular había sonado, lo cual ya era raro, pocas personas tenían su número y cuando vio el nombre en la pantalla se le ocurrió una pésima hora para pedir disculpas por su estúpido error, pero después de contestar se dio cuenta que no solo no se disculpo, si no que le pedía su apoyo, al parecer la princesa no era tan inteligente como parecía, y había huido del palacio.
Como jefe de la familia Taisho no podía ignorar el caso, tendría que mandar a buscarla, sin embargo, si no aparecía favorecería a la familia.
Una deuda de honor era grande, y la reina tendría una con ellos, si su hija no aparecía, por lo que la buscaría rogando no encontrarla.
Inuyasha se escuchaba desesperado, y él le ordeno calmarse y esperar a que él llegara. Después de haber recibido la noticia mandó investigar a la princesa, y en pocas horas tuvo resultados no muy favorecedores para la corona.
Al parecer la princesa había tenido un romance con alguien más a parte de Inuyasha. El nombre del hombre estaba pendiente pero las pruebas que le habían dado así como las fotos eran irrefutables.
Kykio parecía estar facilitándole el zafarse del compromiso. Una prueba de ADN sería suficiente para ver si el hijo sería un Taisho o no, eso durante el embarazo, y si le era negada, de todos modos al nacer el olfato de Inuyasha sería la prueba definitiva, por lo que había grandes posibilidades para ellos.
Al parecer el destino les sonreía. Por la mañana la reina seguramente quería verlo, y él se aprovecharía de restablecer el honor familiar y crear una deuda de honor con la corona.
…
Había sido la noche mas larga de su vida, no había podido dormir después de todo el alboroto. Cuando su madre llegó por la tarde y recibió la noticia de su propia boca, Kagome no pudo mas que admirar el temple de su madre.
Notó que se puso mas pálida de lo normal, y su boca se frunció ligeramente, pero fuera de eso no mostró nada más. No enfrente de la gente del servicio.
Solo cuando estuvieran a solas, se permitió gritar y preguntar acaloradamente el que se había hecho, y como es que su hermana pudo haber sido tan estúpida.
Tuvieron que crear un plan de emergencia, si la prensa notaba la ausencia de Kykio tendrían que notificar que se encontraba enferma y ella tendría que acudir a los eventos reales.
La abdicación tendría que esperar, y su madre dijo categóricamente que aunque su hermana regresara sin embarazo, la abdicación tomaría lugar. Una mujer que tomaba decisiones egoístas e irracionales como esa no podría ser soberana de Astria, jamás.
Se le notificó a Miroku, que tenían un plazo extendido para sus clases, lo cual les daba un mayor rango de cosas que aprender.
No había podido leer más de 10 páginas del libro que se le había dado, y estaba segura que eso le traería problemas.
Aún así, cuando su madre le dio las buenas noches antes de retirarse a su dormitorio le pidió que durmiera un poco más, y Kagome lo agradeció. El estrés le había hecho mella y aunque no pudo dormir, agradeció las horas extras dentro de su dormitorio.
Sango, su doncella entró en su habitación a las 10 de la mañana y abrió las cortinas.
-Buenos días Kagome – le saludó. Inmediatamente otra doncella dejó una bandeja de comida en su mesita. – Te traje el desayuno, su majestad ordeno que te vistieras para la visita del duque de Richmond, está a punto de llegar, y después de tener una audiencia con su majestad, tendrás que reunirte con ellos.
Kagome gruño un poco. Esas reuniones eran tediosas, y lo peor es que dentro de un tiempo ella no podría negarse a asistir. Se levantó y se dirigió a su mesita, mientras que Sango sacaba un vestido verde de gaza y mangas largas que nunca usaba por su odiosa formalidad.
-Vendré dentro de 30 minutos para ayudarte con el peinado y maquillaje.
-Gracias Sango – le dijo Kagome suspirando.
Deseaba que su hermana apareciera y por lo menos una parte del estrés desapareciera.
Sango abrió la puerta para salir cuando Kagome escuchó una voz conocida afuera de su habitación. Escuchó a su doncella y amiga negarle la entrada pero ella sabía que si no le dejaban pasar entraría por la ventana del balcón.
-Déjale pasar Sango, si no lo haces seguro entra por otro lado – dijo Kagome alisando su cabello y revisando que su pijama de algodón no revelara demasiado.
De inmediato, Inuyasha pasó a su habitación.
Al verlo Kagome sintió como su corazón se estrujaba, lucía cansado, desganado, desesperado por encontrar a su hermana.
-Kagome – dijo Inuyasha. Y solo eso tuvo que decir para que ella le abrazara y olvidara su pijama y todo lo demás.
Sintió los brazos de Inuyasha rodearla, y por un instante saboreo el estar en los brazos del hanyou, sabiendo que tenía pocas oportunidades. Unos segundos después la culpa le llenó por estar pensando en eso cuando su hermana estaba desaparecida.
-No puedo encontrarla – dijo Inuyasha desesperado – Ya la buscamos, y no hay rastro, es como si se hubiera desaparecido, no hay rastro de aroma más allá del palacio, tu hermana no sabía ocultar su aroma, ¿ o si?
-No, nunca le interesó aprender – dijo Kagome. Ella había aprendido, pero solo por diversión. Solían jugar a las escondidas, Kouga, ella e Inuyasha y tenía que ocultar su aroma para no perder.
-¿Tienes alguna idea de a donde pudo haber ido? , ¿algo?
-No, lo siento, sabes que no hablamos mucho – dijo Kagome lamentando todo – Desearía haber hablado más con ella, quizás así me hubiera contado todo.
-Quizás – dijo Inuyasha aunque sabía que Kykio era difícil – Voy a seguir buscando, en cuanto sepa algo, te llamó.
Kagome asintió y dejo que Inuyasha se fuera, si el seguiría buscando ella pondría todo su empeño para ayudar como pudiera.
…
No podía negar que la sala azul estaba exquisitamente decorada, la reina Higurashi era conocida por su buen gusto, por lo que no le sorprendió encontrar todo perfecto hasta el mínimo detalle.
El te que le sirvieron estaba perfecto, y la reina al entrar lucía serena, lo cual le sorprendió tomando en cuenta la situación en la que se encontraba siendo madre.
El se levantó y le beso la mano.
-Su majestad – le dijo Sesshomaru.
-Lamento haberle llamado en estas circunstancias – dijo la reina – Pero ya sabrá la situación.
-Mi hermano me puso al tanto- dijo Sesshomaru – Y lamento informarle que el honor de los Taisho se ha visto afectado.
-Confiamos encontrar a Kykio antes que haga una tontería – dijo la reina
-Me he enterado que la princesa, ha mantenido una aventura a parte de la que tenía con mi hermano – dijo Sesshomaru mostrándole las fotos a la reina.
En ellas se mostraba a Kykio besando a un hombre desconocido, un hombre con el cabello castaño. Había varias de esas fotos en diferentes días y lugares.
Sesshomaru esperó ver alguna reacción por parte de la reina, pero le admitió ver que después de ver las fotos, levantó la vista y dejó las fotos en la mesita que tenía de un lado.
-Comprendo – dijo la mujer bebiendo un sorbo de su té – Si estamos siendo francos, puedo decirle que se de sus actividades…extras.
Sesshomaru ocultó su sorpresa, nadie sabía de las reuniones o de las pláticas que había tenido con miembros del parlamento. Muchos ofrecían su apoyo, pero siempre pedían algo a cambio, y por el momento no tenía mucho que dar.
Comprendió entonces que la lealtad que mostraban muchos de los miembros del parlamento seguramente no era debido a fe ciega en su soberana, si no a su astucia e información que tenía.
-Ya veo – dijo Sesshomaru. No tenía punto el negarlo.
-Por lo que comprenderá estamos en un punto muerto, sin embargo estoy dispuesta a negociar, verá Lord Taisho, mi hija acaba de cometer un error que le puede costar mucho a la corona, tenemos poco tiempo para remediar todo esto.
-¿Y como lo propone usted?
-El matrimonio entre Inuyasha y Kykio no podrá ser, pero eso no significa el que no haya una boda real pronto.
Una boda. La reina estaba proponiendo un enlace matrimonial entre él y la otra princesa, Kagome. Un enlace matrimonial beneficioso para él más que para la reina. Por supuesto que con esto podrán manejar mejor la situación, se podría encontrar la manera de manipular la información y ganarían tiempo desviando la atención del pueblo hacía otra noticia de mayor importancia.
Sin embargo, no podría ser ese el único motivo por el cual la reina perdería la mano de su hija. Tendría que haber otro, quizás algo relacionado con el reino del oeste.
Estaba seguro que la mujer no le diría sus verdaderos motivos.
-Comprenderá que al casarse con mi hija obtendrá el apoyo total de la corona cuando la familia Taisho retome el poder en su país.
Una boda, finalmente había sucedido, como duque sabía que su tiempo soltero no duraría mucho más, sin embargo, esperaba el elegir a la mujer que considerara mas apta, y aquí estaba, sin salida alguna y con una posible prometida muy lejos de lo que el consideraba la mujer ideal para esposa de un duque. Una mujer que estaba destinada a ser reina.
-Bien, me encargaré de arreglar todo – dijo Sesshomaru.
-Perfecto, tenemos un trato Lord Taisho.
