Ya volvieron el par de tercos :v

Capítulo 2

Error

-¿Shaina?, tanteó,-levantándose despacio. La joven retrocedió conforme lo veía avanzar hasta pegar con la pared.- ¿Sucede algo?

-No, yo...yo...,-su garganta seguía negándose a pronunciar más que monosílabos mientras veía acercarse al santo dorado, como una inofensiva serpiente de jardín frente a un gran escorpión.-No, yo...lo siento. No puedo...,-se escurrió de entre sus brazos y salió corriendo. Los puños de Milo se estrellaron contra la pared, mientras bufaba. ¿Por qué no se habría hecho el dormido? Se puso los pantalones apresuradamente y salió corriendo detrás de ella.

-¡Shaina, espera! ¡Shaina!, la llamó. Al llegar a la entrada del templo se detuvo. No había ni rastro de la italiana. Teniendo una repentina intuición, torció hasta la fuente, rápido como el relámpago. Bajó las escaleras y se dirigió hacia ése pequeño bosque, con el corazón latiéndole desordenadamente contra las costillas. Al llegar, todavía no había ni rastro de Shaina. Se apoyó contra un árbol, jadeando con pesadez y cerró los ojos para tranquilizarse. ¿Qué significaba aquello? ¿Por qué lo había ido a ver? ¿Y por qué había huido?

Escuchó el susurro de los árboles y se escondió más detrás del tronco. A continuación vio aparecer a la joven. Se le enredó el pie en una raíz que sobresalía y cayó aparatosamente en el suelo. Se sentó en el suelo y empezó a sorber dramáticamente.

-¡Estúpida!,-se quejó.- ¡Estúpida Shaina!,-cerró los puños con fuerza contra la tierra.

El santo dorado se asomó con cautela detrás del árbol. Su pie pisó una rama, produciendo un crujido

El santo femenino levantó la cabeza con brusquedad. Se incorporó con agilidad.

-¿Quién está ahí?,-demandó saber.

-Creo que lo sabes,-expresó él, apareciendo detrás del olivo.

-¡Vete, Milo!, le exigió.- ¡No quiero hablarte!

-No sin una respuesta, le dijo con calma.- ¿Qué estabas buscando en mi templo?

-Podría hacerte la misma pregunta,-contraatacó ella.- ¿Por qué andabas rondando mi casa y te metías en mi habitación?

Él frunció las cejas rubias sobre los ojos.

-Eso no te interesa,-se justificó.

-Pues entonces a tí tampoco te importa lo que hacía yo en tu templo.

El griego rechinó los dientes.

-Yo merezco una respuesta porque soy tu superior, escupió, levantando el mentón con altanería.- ¡Contesta!

Ella se envaró.

-¿En serio vas a jugar esa carta, Milo? No necesito contarte mis cosas privadas.

-¡Sabes que debes contestarme! O yo puedo denunciarte ante el maestro.

Ella se irguió. ¿Conque el escorpión empezaba a mostrar su aguijón? Bien. Dos podían jugar a éste juego.

-Y yo puedo decirle que te metiste en mi cabaña y lo único que quería era una respuesta. Sabes que están prohibidos ese tipo de cosas, por nuestra propia seguridad. Podrían castigarte severamente y lo sabes. Pero si me dices el motivo lo dejaremos simplemente así.

-No necesito decírtelo,-gruñó-Tengo mis motivos.

-Y yo los míos. Marin me sugirió devolverte la travesura, pero no lo hubiera hecho si hubiera sabido que te ibas a poner tan desagradable.

Él sacudió la cabeza.

-¿La idea fue de Marin?

-Sí, ella fue la que me dijo que te pagara con la misma moneda, a ver si te gusta despertarte con el cosmos de alguien en tu casa, ¡y no sabes porqué!,-chilló.

La cólera hizo que el ácido le subiera por el estómago como fuego. Una parte de él quería decirle lo mucho que la amaba, pero la otra, la más orgullosa, seguía en sus trece.

Avanzó hacia ella, con la firme intención de agarrarla por los hombros y zarandearla hasta arrancarle una respuesta, pero le interceptó las manos y se las desvió.

-¡Mucho cuidado con lo que haces, Milo!

-¡Eres una...,!

Interceptó la mano de Shaina, que se hubiera impactado en su rostro. Rechinó las muelas tan fuerte que casi se rompió la dentadura.

-¡Te atreves!,-murmuró en una perplejidad furiosa.

-¡Me ibas a pegar tú!,-se justificó.- ¿Crees que te voy a dejar?

Él volvió a levantar el mentón con arrogancia, pero por dentro estaba muerto de miedo. Quería dejar de comportarse como un patán, pero una parte suya muy adentro, insistía en no ablandarse, casi como un mecanismo de defensa. La desesperación empezaba a enseñorearse de su persona, al ver que no era capaz de comunicar lo que quería satisfactoriamente.

-¿Quieres jugar conmigo, Milo?-le preguntó ella, cogiéndole el mentón para que le prestara atención.- ¿Crees que soy como las tontas con las que coqueteas a veces? ¿Qué me voy a dejar tranquilamente a que hagas tu voluntad? Ellas te dejan hacer porque le tienen miedo a tu rango. Pero yo no. Así que no pretendas abusar de tu autoridad. No conmigo. ¿Entendiste?

Él la miró con algo de cólera todavía brillándole en los ojos, pero admirado de que fuera capaz de plantársele de esa manera, como un áspid irguiéndose amenazadoramente frente al enemigo, enseñándole los colmillos llenos de veneno.

Shaina por otro lado, lo miraba con una incrédula rabia. Si era cierto que realmente la amaba, ¿por qué se ponía tan a la defensiva? ¿O acaso ella, en su enamoramiento, estaba confundiendo los signos de una simple calentura sexual con amor? En el fondo sabía que sería capaz de humillarse y entregarse a él si él lo quería así solo para tenerlo contento, pero Milo también parecía estar escondiendo algo que no quería que ella supiera...a toda costa.

Estuvieron un tiempo así, en una guerra de miradas determinadas y venenosas, sin que ninguno cediera. Los minutos pasaban mientras examinaban el rostro del contrario con desafío hasta la más mínima imperfección como queriendo grabárselo a fuego en el cerebro. Por fin el viento helado de la madrugada decidió por ellos, soplando con brío. Milo sintió que se le ponía todo el vello de punta por causa del frío. Shaina se cubrió el pecho con los brazos.

-Espera, Shaina,-déjame acompañarte. Así no sentirás frío,-las palabras salieron de su boca, sin siquiera pensarlo.

Ella levantó la barbilla con coquetería y le pellizcó el pecho desnudo.

-Piérdete, Milo.

Él frunció el ceño mientras sonreía con resignación. Había perdido la oportunidad.

Pero aquella mujer se le había enfrentado como no lo había hecho ninguna nunca. Y aquellos ojos lo habían visto sin miedo, hasta con un poco de arrogancia y segura de sí misma, determinada a no dejar que él hiciera lo que le placiera con ella. Y ciertamente, lo que quería era tenerla a su lado como su compañera, porque ya no quería hacer lo que quisiera con las mujeres. Quería que una mujer hiciera con él lo que quisiera. Y eso solo se lo permitiría a una de sus compañeras de lucha.

Se dio la vuelta de regreso a su templo, sintiendo el familiar ardor debilitar su cuerpo. Al pasar por el límite del territorio de los santos femeninos, no pude evitar la tentación de ir a verla, por última vez. Esto porque estaba seguro que no iba a tolerar nada más si se encontraba algo así de nuevo. Y antes que provocarla, prefería darle un respiro. Esta vez, simplemente se asomó a la ventana de su habitación y le tiró un beso desde ahí.

-Perdona por ser tan patán,-susurró, muy bajito.-Te amo.

Se retiró a su refugio y se tendió en la cama preparándose mentalmente para el insomnio que le deparaba lo que quedaba de la madrugada.

A la mañana siguiente, Shaina se despertó y se quedó un rato en la cama, mirando al cielo raso. Recordó la discusión que había tenido con el santo de Escorpio y frunció el ceño con molestia.

-Pero qué terco es Milo,-se quejó, dándose la vuelta.-Solo tenía que decirme qué hacía, tampoco debía soltarme toda la sopa y proponerme matrimonio o algo así. ¿Por qué se habrá puesto tan a la defensiva? Se quedó un rato en la cama hasta que unos golpes en la puerta la sacaron de su ensimismamiento.

-Adelante,-murmuró con desgana, tapándose hasta sobre la cabeza con las cobijas.

-Buenos días, dormilona,-oyó a Marin.

-...días,-contestó.

-¿Te fue mal ayer?, adivinó la japonesa.- ¿O me equivoco?

La otra se quitó las cobijas de encima y se sentó en la cama.

-Recuérdame lo que le vi al imbécil de Milo,-le pidió.

-¿Por qué?,-se inquietó la otra.- ¿Acaso te rechazó?

Shaina negó con la cabeza.

-No, pero no es capaz de admitir lo que siente por mí, sea lo que sea. Sé que hay algo ahí. Subí y lo encontré llamándome en sueños. Creí que me iba a decir algo, pero cuando le pregunté, se puso a la defensiva.

-¿Cómo que a la defensiva?-, se sorprendió Marin.

-Sí...le pregunté qué porqué andaba rondando la casa y le sentó mal. Se negó a decirme, dijo que tenía "sus motivos" y por si fuera poco, trató de apelar a su rango para obligarme a decirle porqué estaba en su templo y amenazó acusarme con el maestro si no lo hacía.

-Parece que alguien no quiere que sepas lo que siente en realidad.

-Milo siempre ha sido un altanero, Marin. No sé por qué creí que había madurado en estos años. Pero no parece ser así. Sigue tratando de hacer menos a los que están debajo de él en jerarquía. Y se ha creído que puede tratarme de menos, como las putas con las que se revuelca. Yo no le tengo miedo,-Levantó la barbilla con orgullo.

El santo femenino de Águila se mordió el labio.

-No seas tan dura con él. Sabes tan bien como yo que Milo ya no se comporta así. Tal vez fue un mecanismo de defensa.

-¿Comportarse como un patán? Lo dudo.

-Shaina...dale otra oportunidad.

-Que me lo diga él.

Marin suspiró. Se quejaba de que Milo era terco, pero por lo visto se olvidaba de que ella también podía serlo. Y cómo.

-Por cierto, ¿qué pasó con tu gran confesión?, preguntó.- ¿Por qué no le dijiste nada?

Apartó la mirada, molesta. A su mente vino el recuerdo de aquellos ojos turquesas, desafiantes, e hipnóticos. Aún llenos de sueño eran sobrecogedores. Y luego, brillantes de rabia, paralizantes... Intimidantes.

-Yo...no pude,-admitió a regañadientes.-Tuve miedo.

-Entonces no seas tonta, y no te enojes con él. Sabes que odia que lo despierten sin motivo. Era obvio que sacara su aguijón. Más si no querías decirle el porqué. Y no te preocupes...no le ha coqueteado a ninguna mujer en mucho tiempo.

El corazón de Shaina dio un poderoso salto. Se mareó.

-¿Él...no ha...coqueteado con otras?,-preguntó con un hilo de voz.

-Así es. Parece que ya no le gusta la idea.

-¿Así, tan de repente?

La otra asintió.

-Últimamente se ve algo enfermo.

"Enfermo de amor", pensó

-¿En…enfermo?

-Si...parece que por lo mismo es que no sale del templo. Camus me ha dicho cosas al respecto,-informó Marin.

-¿Camus?

-Sí. ¿Quién más?

-Creí que tu novio...

-Aiolia es cercano a Milo, pero tienen muchos piques. Camus lo entiende más. Y parece sinceramente preocupado por él. De lo contrario, no lograría hacerlo hablar tanto. Ya sabes cómo es Camus.

-Sí,-susurró, distraída.-Sé cómo es.

-Anda habla con él. No pierdes nada, y seguro que se disculpa si de verdad se portó tan patán.

-Qué venga él,-se empecinó.

Marin volvió a suspirar.

-Está bien, haz como quieras, hermosa. Total el problema es tuyo.

En otro lado, Camus miraba el templo de Escorpio con perplejidad.

-Eh, Milo...,-se atrevió a susurrar.- ¿Cómo pasaste la noche?

-¡Lárgate, Camus!,-oyó desde adentro.

El santo de Acuario se inclinó para examinar los muebles, que estaban volcados. Muchos tenían marcas como de picaduras. El patrón se repetía en las paredes. Sabiendo cómo se las gastaba su amigo cuando estaba enojado, decidió pasar. Tocó la puerta con cuidado.

-¡Te dije que te largaras, Camus!

-Milo...

-¡LARGO!, aulló.

Haciendo caso omiso, empujó la puerta.

La habitación estaba en un estropicio similar. Los muebles estaban volcados y la cabecera de la cama estaba rota. La colcha estaba hecha jirones entre las manos del santo de Escorpio. Camus percibió el cosmos acumulado en los dedos del escorpión. Se quedó mirándolo con sorpresa. El rostro de Milo estaba rojo y respiraba con pesadez.

-¿Cuántas tandas has disparado?,-le preguntó, sin alterarse.

-Perdí la cuenta,-gruñó.-Estoy agotado.

-Por supuesto que estás agotado. Con cada tanda gastabas cosmos. ¿Qué le hiciste a Shaina?

El escorpión le volvió la espalda. Su mano siguió arañando la cama casi como un reflejo.

-Lo he echado todo a perder. Me comporté como un patán y ella se enojó conmigo. Apuesto a que ahora me odia.

-¿No le dijiste nada, cierto?,-atajó el francés.

-No pude. Mi orgullo se interpuso.

-Mon dieu,-repuso muy bajito. Y luego más alto:-De acuerdo, eres terco. ¿Y por qué has hecho este desorden? No parece una situación como para semejante berrinche.

-Estaba furioso conmigo mismo por ser tan idiota. Y además no me siento bien. Creo que el mal dormir me ha nublado el juicio. Necesitaba desahogarme.

-Ahora entiendo por qué Aiolos me advirtió sobre el escándalo. Eres un bestia, Milo.

-Una bestia enamorada,-susurró por lo bajo.

-Bueno, Bestia. ¿Qué planeas hacer ahora? ¿Le vas a ir a pedir disculpas o te vas a quedar aquí encerrado?,-le preguntó.-Y no me digas que no sabes,-le advirtió,

-No lo sé,-admitió, sintiéndose embotado. Camus rodó los ojos.-Supongo que trataré de descansar un poco y luego iré a buscarla para pedirle disculpas. No me siento bien,-repitió, cerrando los ojos.

El acuariano rodeó la cama y le puso una mano sobre la frente. No le sorprendió encontrarla ardiendo. Por acto reflejo, su mano emitió un poco de aire helado. Milo gimió, algo aliviado y abrió los ojos, que brillaban febriles.

-Parece que el mal dormir te ha dejado algo más que mal juicio. Estás ardiendo, mon ami.- ¿Desde hace cuánto te sientes así?

-Anoche cuando me acosté, ya me sentía algo mal. Supongo que durante la noche, la fiebre se terminó de instaurar en mi cuerpo.

"Y aún así tuvo la fuerza necesaria para disparar unas cuantas tandas de la Scarlet Needle. Milo me sorprende", pensó.

-Descansa, Milo. Mientras, iré a buscar a alguien para que te atienda.

-No, Camus, espera...,-se levantó, tratando de retenerlo. Un intenso mareo se apoderó de su persona y soltó un fuerte gruñido, mientras se dejaba caer de nuevo sobre las almohadas, jadeando.

El santo de Acuario bajó las escaleras como una exhalación. Se topó con Marin y Shaina, que caminaban de prisa en la dirección contraria. La italiana se cohibió al verlo.

-Marin, ¿no sabes dónde están las doncellas? No me he topado con ninguna.

-Hoy era día de limpieza en el comedor. Supongo que la mayoría estarán ahí, ¿por qué?

-Milo está enfermo. Supuse que necesitaría de alguien que lo cuidara. Aunque conociendo como es el bicho de terco, no va a querer que lo ayuden.

-¿Milo está enfermo?, se sobresaltó Shaina.- ¿Qué tiene?

-Fiebre,-resumió.-Parece que todo se le ha juntado y le ha pasado la factura,-insinuó.

-¿Tiene muchos grados por encima de la normal?,-se informó Marin.

-No lo sé con exactitud. Pero arde como una tea. Y la magnífica exhibición de anoche puede haber acelerado el proceso.

-¿Exhibición? ¿Qué exhibición?,-preguntó Shaina, temblando por dentro.

-Aiolos me contó que hoy en la madrugada, se enojó por algo y se puso a disparar la Scarlet Needle. Es posible que el gasto de cosmos lo afectara. Llevaba días mal durmiendo y mal comiendo. Un gasto tan significativo de cosmos puede haberlo afectado.

-¿Y no dijo por qué se enfadó?

-Aiolos mencionó algo sobre una discusión y que dijo que era un idiota. Ignoro sobre qué se tratará. El templo es un desastre.

El santo femenino de Ofiuco echó a correr, sin esperar segundas razones.

-¡Espera, Shaina! ¿Pero qué...?

-Vamos detrás de ella. Quién sabe lo que le estará pasando por la cabeza ahora mismo,-se preocupó Marin

Subió las escaleras como un bólido. Se detuvo en la puerta, respirando con agitación. Sus ojos se abrieron como platos cuando vieron el desorden imperante. Sin perder tiempo, esquivó los muebles y se fue directo hasta la habitación del griego. Empujó la puerta con cuidado y entró. Palideció al ver el estado en el que estaba el joven. Se subió a la cama sin dilación y se pegó al costado del santo de Escorpio. Levantó una mano y le quitó los mechones sudados de la frente.

-Milo...,-sollozó muy bajito.-Por mi culpa estás así.

Él gimió y abrió los ojos, pero no pudo distinguirla bien ya que tenía la mirada borrosa. Se sumió de nuevo en una sobresaltada inconsciencia. Shaina siguió acariciándole la sudorosa frente con cariño. Ni siquiera se dio cuenta de que Camus y Marin llegaban detrás de ella.

-¿Has visto?,-se burló la japonesa.-es nada más que pura terquedad. Lo quiere como a nada.

-Puede que la enfermedad de Milo no sea tan mala como pareciera. Al parecer ayudó en algo. Iré a buscar a los chicos para que me ayuden con esto.

-¿Y Milo?

-No te preocupes. Tiene la mejor enfermera que podría desear.

Cositas :3 Tercos, tercos :v

A ver cuándo van a ceder :3

Bueh…creo que no hay mucho que agregar esta vez, así que así queda.

¡Gracias por los comentarios!

¡Un beso grande!