02. Nadie hace llorar a mi futura esposa

La furia de Lily Evans se percibe desde todos los puntos de Hogwarts, los alumnos con los que se cruza por los pasillos se quedan mirándola, apartándose a su paso, no sea que su ira reprimida estalle sobre ellos.

Tiene los puños apretados, la mandíbula en tensión, la vista fija en el retrato de la Señora Gorda.

- Llanto de hipogrifo – escupe de mala gana.

La Sala Común deja sus quehaceres para quedarse mirándola, ella, ignorante de este hecho, pasa de largo y se dirige a los dormitorios de los chicos.

- Lily, no puedes entrar ahí… - trata de impedir Parker en cuanto adivina sus intenciones.

Pero enmudece, porque la mirada de odio de Lily Evans es suficiente para detener un tren, suficiente para intimidar a cualquier persona. Más tarde se disculpará, sólo porque es su amiga.

- ¡Potter! – grita abriendo la puerta con un sonoro estruendo.

La visión de Sirius con el torso desnudo no frena su frustración, sus ganas de descargar sobre James-arrogante Potter.

- Lil, ¿qué estás haciendo aquí? – pregunta Canuto mientras se cubre con la toalla que ha estado utilizando para el pelo – Es el dormitorio de los Merodeadores, no puedes…

Pero en cuanto Lily deja de fulminar el dormitorio con su mirada y la dirige hacia Sirius, éste enmudece. Tal vez en otra ocasión, Lily se encontraría cohibida, avergonzada de semejante intrusión en un cuarto que no es el suyo, que es de chicos. Pero está lo suficientemente enfadada como para enfrentarse a cualquiera que se interponga entre ella y su víctima, Potter.

- ¿Dónde? – pregunta secamente.

Sirius señala obediente hacia un rincón de la habitación, concretamente hacia los baños. Aunque, por supuesto, Lily no es consciente de este último dato, de modo que, con pasos agigantados, se dirige al cuarto de baño. Abre la puerta con violencia, provocando que golpeé la pared.

Por un instante, se queda prendada de una visión de James cubierto únicamente por una toalla atada a su cintura. Pero agita la cabeza con intención de concentrarse y logra volver a sentir toda la frustración de antaño.

- James Potter – gruñe aún sin atreverse a cruzar la puerta.

Cornamenta sonríe y se coloca bien las gafas.

- Sabía que no tardarías en venir, el encanto Potter es irresistible.

Lily gruñe y se adentra en el interior del cuarto de baño, coge a James por una oreja y lo dirige al exterior.

- Oye, no hay por qué ser tan brusca – se queja mientras es arrastrado por la furia de Lily, sonríe -. Sé lo mucho que me deseas, y si quieres algo de sado, lo tendremos, pero es demasiado pronto…

- Cállate, Potter – silencia con severidad -. Eres un iluso si crees que me siento atraída por ti, y un insensato si crees que me acostaría contigo, ¡ni aunque fueras el último hombre del planeta!

- Bueno, podría intentar acabar con el planeta entonces – murmura aún siendo estirado por la oreja.

Lily continua arrastrándolo por la habitación, mientras éste envía miradas y sonrisas lo conseguí a Sirius, que se encoge de hombros ante la incomprensible situación. Lily lo detiene frente a la ventana de la Sala Común, ante la atenta mirada de los integrantes de la sala.

- ¿Qué coño es eso, Potter? – pregunta soltándole la oreja, mirándolo con seriedad, tratando de no bajar la vista y fijarse en ese abdomen bien formado.

James sonríe de forma inocente, le gustan este tipo de situaciones.

- No sé a qué te refieres.

- Ahí, Potter – se impacienta Lily, sujetándole por las mejillas, haciendo que mire por la ventana, concretamente a la alta valla que separa la clase de Herbología del Bosque Prohibido.

James aspira el aroma propio de Lily y sonríe por tanta cercanía.

- Yo diría, que es una valla – juega inocente, tratando de permanecer en contacto con ella sólo un poco más.

- ¡Bien, cinco puntos para Gryffindor por la perfecta visión de Potter! – exclama sarcástica - ¿Y qué hay sobre la valla, Potter? – pregunta como si se tratara de un niño pequeño.

- Mmm. Pueden ser… ¿Unos calzoncillos?

- ¡Bingo! – Lily se aparta de James y lo empuña por los hombros, tratando de pasar por alto el escalofrío que ha sentido al entrar en contacto con su torso desnudo - ¿Y sabes de quién son?

- Por lo horteras que son… Yo diría que… ¿de Snape?

- ¡Tenías que ser tú! ¡Sabía que eras tú! ¿Cómo puedes ser tan rastrero y sucio?

- Sucio él, Lily. Mis calzoncillos están bien limpitos y ordenados en mi baúl, son los de Snape los que andan por ahí…

- ¡No tiene gracia, Potter!

- Yo creo que sí – señala alrededor, donde la Sala Común estalla en carcajadas al observar a Snape junto a Dumbledore señalando lo alto de la valla.

- ¡Eres odioso! – exclama Lily antes de darse media vuelta y marcharse.

- Hey – llama agarrándola del brazo -. ¿No vas a darme ni un besito de despedida después de tanta acción y sadomasoquismo?

James sonríe cuando siente la bofetada de Lily en el rostro, es tan predecible… Lo que él no sabe es que, en cuanto se da media vuelta, sonríe, porque en realidad la broma de James le ha gustado, aunque, por supuesto, no piensa reconocérselo. Y sí, es cierto, Severus es su amigo, pero en esta ocasión, se merece ser producto de las bromas del Merodeador.

- ¡Cuando quieras lo repetimos! – grita James mientras ella se aleja – ¡Yo también te quiero, cariño!

Y aún con una pícara sonrisa, sube a su dormitorio dejando que los alumnos de Gryffindor se rían a gusto del imbécil de Snape. Sirius ríe a carcajadas mirando por la ventana, se acerca a James y le da unos golpecitos en la espalda.

- Es genial, Cornamenta. Ha sido mejor que cuando le pusiste bombas fétidas en la mochila… ¿Qué ha hecho esta vez?

- Nadie hace llorar a mi futura esposa, Canuto, y menos Snape.


James baboseando por Lily y ella amándole en silencio (:

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