¡Hola a todos! Gracias a cada persona que leyó esta historia y que se dio el tiempo de comentar en review o twitter. Quiero aclarar desde ya que esto partió como un oneshot, pero con Ana (la que idea todo esto) se nos ocurrió unirlo a otras ideas que teníamos en mente y lo haremos una historia completa; además, no cuento con mucho tiempo y privacidad para escribir, por lo que me disculpo desde ya si tardo demasiado en actualizar, hay fallas o en el futuro los capítulos son cortos. Sin quitarles más tiempo, les dejo el segundo capítulo, ¡disfruten!
Y esa era una de las más puras verdades que en mi vida he dicho: yo solo quería verla feliz, aun si era con alguien más y me mataba a diario.
No podía soportar la mirada apenada de Snow ante mis palabras, solté un suspiro y me levanté de golpe, la morena me detuvo justo antes de salir y me giré a ella con el ceño fruncido, pero mis ojos fueron a parar sobre su hombro, donde aquella rubia de mis sueños me saludaba con la mano y su sonrisa tan característica. Tragué saliva al sentir una fuerte puntada en el pecho, miré rápido a Snow y luego al suelo, respirando con dificultad.
—¿Puedes pasar a dejar luego a Henry?—ella asintió con su típica sonrisa comprensiva y quise que me tragara la tierra, en mi vida imaginé que la que fue mi pesadilla se convertiría en mi confidente... de nuevo. Incliné la cabeza en señal de agradecimiento y salí apresurada del restaurante. Al llegar a la calle, tomé una bocanada de aire que sentí necesaria y miré alrededor por si alguien veía la primera lágrima salir.
Caminar era para mí de esas actividades que te despejan cuando te sientes abrumada por absolutamente todo. La noche estaba idealmente estrellada para meditar lo ocurrido en Granny's, caminé con las manos dentro del abrigo mientras las lágrimas caían sin cesar por mis mejillas, nadie me veía, no me importaba derramarlas porque de hecho necesitaba hacerlo.
Llegué a la entrada de la mansión y como nunca antes me pareció vacía, miré con nostalgia el lugar exacto donde conocí a Emma y me metí a mi hogar antes de que una nueva crisis de angustia sucediera. Dejé el abrigo en el perchero, las llaves en su respectivo colgador y los tacones junto a la escalera. Los subo después, pensé caminando a la cocina. Me serví un vaso de agua y lo tomé de un tirón, lo dejé en el fregadero y me afirmé de la encimera. ¿En qué momento llegué a este extremo? Unas nuevas lágrimas cayeron, mas un estruendo y posterior llanto me asustaron. Puse mis manos en guardia, lista para atacar, y fui hasta el living, escuchaba susurros provenientes de ahí y, considerando el pueblo donde vivo, cualquier cosa puede pasar. Mayor fue mi sorpresa cuando lo que vi fue a mi hermana con la pequeña Robin en sus brazos.
—Wow Regina, ¿qué le pasó a tu cara?
—¿Y tú que haces aquí?—evadí la pregunta porque sabía que seguramente mi cara era un desastre y puse mis manos en mi cintura, tratando de parecer firme— ¿Acaso no sabes tocar la puerta como la gente civilizada?
—Vine a ver a mi querida hermanita, ¿ahora debo agendar un día para visitarte? —embozó su característica sonrisa y bufé resignada, sabía que no se iría de mi casa tan fácil.
Rodé los ojos y volví a la cocina con ella siguiéndome, sus tacones retumbaban fuerte contra el piso y me impedían tener esa paz que tanto anhelaba. Me giré a recriminarla pero lo que vi me dejó sin palabras: Zelena miraba a su hija a los ojos con una tranquila sonrisa y su mirada transmitía demasiado amor por la pequeña. ¿Quién pensaría que aquella malévola bruja verde sentiría tanto cariño por alguien alguna vez?
Una sonrisa se escapó de mis labios al verla e inevitablemente recordé cuando yo misma estaba así con Henry... Hasta que llegó ese tornado rubio con su chaqueta roja y su escarabajo amarillo a poner nuestras vidas patas arriba. Bajé la mirada y sequé una fugaz lágrima que cayó ante el recuerdo de Emma, pero Zelena era observadora y lo notó al instante.
—Si tienes hambre, siéntete libre de abrir la nevera —no me atreví a mirarla y fui a servirme una copa de sidra de manzana... Y ahí estaba de nuevo, su recuerdo llegaba de lleno a mi mente: la segunda cosa que hice al conocer a Emma fue ofrecerle un vaso de mi famoso brebaje. Miré el líquido ambarino en la copa y lo bebí de golpe. Rellené el vaso y lo bebí de nuevo, rellené y bebí hasta que ya me costaba ver con total claridad y el mareo hacía girar la habitación. Tomé una botella de whisky que tenía reservada, la destapé y bebí directo de la boquilla, esta vez un "wow" se escapó de mi boca, estaba considerablemente más fuerte y quemó mi esófago a su paso.
Luego de varios tragos, fui con un caminar torpe hasta la cocina y alcé el whisky frente a Zelena, me indicó que me mantuviera callada y asentí con la peor sonrisa, el alcohol estaba haciendo mella en mí. Fue a dejar a Robin dormida sobre uno de los sillones, rodeada de mantas y cojines contra el frío y las posibles caídas. Volvió a la cocina y alcé nuevamente la botella.
—No voy a beber Regina, te recuerdo que doy de comer a una bebé—me quitó bruscamente mi bebida y yo traté de arrebatársela, pero mis reflejos no eran los mejores en ese momento y ella era rápida—. ¿Quieres morir de un coma etílico o qué?—me encogí de hombros y la miré desafiante— ¿Qué más bebiste?
—Sidra de manzana, mucha sidra—relamí mis labios para eliminar el resabio del whisky, algunas imágenes borrosas de Emma iban y venían a mi mente y las lágrimas comenzaron a caer.
— ¿Sidra de manzana? ¿Cuánto tomaste para quedar así?
—Toda la que tenía, que era bastante a decir verdad—la segunda sonrisa, medio ebria medio triste, fue aun peor que la primera—. ¿Sabes qué es gracioso? Me rechazó igual que aquella copa de sidra que le ofrecí y por la misma razón: quería algo más fuerte.
— ¿Rechazar? ¿De qué estás hablando?—sentí un escalofrío por culpa de esos claros y penetrantes ojos que buscaban a través de los míos alguna respuesta, mas yo solo sabía llorar y llorar sin consuelo. Basta, nadie más puede enterarse. Lo estoy estropeando todo.
Necesitaba irme rápido de ahí, no podía soportar su mirada cuestionándome y menos me permití mostrar mi lado débil ante ella. Guié mis pies hasta el living pero me obedecían con torpeza y todo a mi alrededor giraba, me afirmé de la pared, tomé unas bocanadas de aire y miré el sofá para concentrarme en llegar a él. Retomé los pasos y mis pies se enredaron al tratar de avanzar, la estrepitosa caída hizo reír a mi hermana que estaba a mis espaldas y afirmé mis manos en el piso para levantarme, negando con una sonrisa en los labios.
—Vaya, vaya, hermanita... Te daré alcohol más seguido si sigues dándome espectáculos así.
Traté de pararme pero fue en vano, mis extremidades flaqueaban y el esfuerzo era inútil. Se paró frente a mí, aún con su sonrisa de suficiencia, y estiró su mano hacia mí. La miré algo desconfiada y acepté su ayuda, arreglé mi ropa al estar de pie y me senté en el extremo del sofá mirando al suelo mientras jugaba con mis dedos.
—Así que...—dijo Zelena tratando de rellenar el silencio incómodo que se hizo entre nosotras, donde solo se escuchaban las respiraciones pausadas de Robin— ¿Qué tal la cena de hoy? — ¿En serio Zelena? No podías preguntar algo peor. Hundí mi cara entre mis manos y sollocé sin remedio, sentí su mano subir y bajar por mi espalda tratando de calmar mi llanto y fue peor, fueron tantas las noches que pasé llorando por Emma que era extraño sentir consuelo. Me atrajo hacia ella, rodeó mi tembloroso cuerpo con sus brazos y yo apoyé mi cabeza en su pecho, dejando que las lágrimas cayeran y los espasmos me invadieran. No me importó el hecho de debilitarme frente a alguien, las caricias me reconfortaban más de lo que esperaba y al cabo de largos minutos logré calmarme.
— ¿Sabes algo? Nuestra madre, Cora, tenía un lema: "el amor es debilidad". Ahora me doy cuenta de cuánta razón tenía, por más que traté alguna vez de no creerlo y tener esperanza—solté mientras secaba mi cara, Zelena me pasó un pañuelo de su bolsillo y limpié mi nariz que se congestionó.
—No te estoy entendiendo, Regina, ¿a qué te refieres?
—Estoy enamorada —dije con rapidez y cerré mis ojos, tapé mi cara un momento y luego miré su reacción entre mis dedos.
—Si es de quien creo que...
—Te pido que no empieces por nombrar a Robin. Él realmente me amó, ¿y cómo concluyó todo? Murió por mí. Solo existo para causar daño a los demás.
—Regina, detente un momento. No entiendo a qué quieres llegar.
—Yo nunca amé a Robin, por más que traté, no pude. Lo quería, ¿pero amar? Jamás pude corresponderle —miré al suelo totalmente avergonzada y suspiré, humedeciendo mis labios deshidratados—. Mi vida es una burla. Pasé años persiguiendo a Snow, hasta lancé una maldición e incluso así sigo enlazada de alguna forma a ella.
—Definitivamente me perdí, no logro comprender lo que...
—Su hija, esa idiota infantil, de ella estoy enamorada, Zelena —alcé la vista algo temerosa por su reacción y ella se limitó a levantar su ceja, sus ojos transmitían confusión y de la nada soltó una carcajada.
—Se te pasaron las copas, no puedes estar hablando en serio, ¿tú enamorada de Emma? —cada palabra salía con una risa de burla y mi rostro se tornó serio, con esa compostura que usaba cuando debía ser la alcaldesa o reina.
—Zelena, escúchame bien porque esto lo diré una sola vez, no pienso repetirlo—la tomé por los hombros, inhalé hondo y clavé mis ojos en los suyos—: estoy completa, estúpida y perdidamente enamorada de Emma Swan.
Esperé nerviosa alguna reacción por parte de mi hermana, pero se limitó a escudriñar mi rostro en busca de hasta el más mínimo rastro de mentira o indicio de broma. Nos interrumpió el pitido de mi celular avisando un nuevo mensaje, traté mi levantarme del sillón y Zelena impidió la que sería una segunda vergonzosa caída.
—Quiero mi teléfono, debe ser Henry.
—Ni loca te dejo ir por él, el piso es tu peor enemigo ahora mismo. ¿Dónde está?
—En el bolsillo de mi abrigo, en el perchero junto a la puerta de entrada.
Dejó dos golpes cariñosos sobre mi rodilla y se levantó a buscarlo, seguí con mis ojos su coqueto caminar y la perdí por unos segundos. Al volver, su mirada estaba fija en la pantalla y trataba de contener una risa. Lanzó el celular sobre mi regazo y se sentó a mi lado, la miré extrañada y me hizo un ademán para que lo revisara. Tomé temblorosa el aparato, lo desbloqueé y mi cara palideció al ver el mensaje emergente: "Gina, cena mañana, Granny's, 8 pm.".
— ¿Emma y un corazón junto a su nombre? —tragué saliva y mordí mi labio inferior— ¿La temible Reina Malvada guarda a su amada Salvadora con un corazón? —soltó por fin la carcajada que estaba atascada en su garganta y me sonrojé de sobremanera, suficiente tenía ya con confesar mis sentimientos por culpa del alcohol y el apoyo que me brindó.
Releí el mensaje varias veces y no tenía idea qué quería Emma. Decenas de posibles escenarios se me vinieron a la mente y todos terminaban en desastre, mi cuerpo tembló producto de los nervios y sentí que mi corazón se saldría de latir tan fuerte.
—¿Entonces...?—la miré alzando mi ceja y moví mis manos para que hablara, pero nada—¡Vamos! No me dejes con la incertidumbre.
—¿Quieres la verdad?
—¡Por supuesto!
—¿No hay corazones lindos junto a mi nombre?—hizo un fingido puchero y la golpeé en el brazo, se sobó entre risas y no pude más que negar con una expresión seria.
—Puedes quedarte en la habitación de invitados. Me voy a dormir —intenté levantarme y nuevamente me detuvo, esta vez su rostro estaba sereno y tomó mi mano dando suaves caricias sobre el dorso de esta con mi pulgar.
—Tranquila, hey... No era mi intención reírme de ti, solo quería que lo tomaras con humor, ¿sí? —asentí soltando un suspiro y fruncí mis labios— Sé que llevamos poco en esto de tratar de ser una familia, pero cuentas con mi apoyo hermanita—ambas sonreímos y apoyé mi cabeza en su hombro—. Ahora que sé esto, entiendo mucho más esas miradas que mandabas y por qué la proteges todo el tiempo.
—Eso lo haría por cualquiera...
—Claro, y yo odio el color verde—rodé los ojos y tomé aire antes de levantarme, Zelena le dio una mirada a Robin que aun dormía, me acompañó escaleras arriba y me dejó junto a la puerta de mi habitación—. Descansa, que mañana tienes una cita y debemos ver qué te pondrás.
—¿Debemos?
—¿Crees que no te ayudaré? ¡Estás loca! —movió exageradamente sus manos y bajó a buscar a Robin.
Me metí en mi habitación soltando un pesado suspiro, fui directo al baño a lavarme la cara y lavé mis dientes para eliminar el sabor a alcohol de mi boca. Me puse un cómodo pijama luego de cepillar mi cabello y me metí a la cama, apagué la luz de la pequeña lámpara de mesa y miré la ventana un momento. No sé cuánto tiempo pasé pensando en el caótico e inesperado día, cuando un nuevo mensaje iluminó la oscura habitación. Tomé el celular y sonreí de forma tonta al leerlo: "Es para algo importante, por favor no faltes. Descansa :)".
Si tan solo supieras, Emma Swan, que desde ya cuento los minutos para verte...
