¡Muchas gracias a todas aquellas personas que dejaron review y mandaron su ficha para participar! Lo cierto es que pensaba que esta historia no iba tener mucho éxito y me ha sorprendido la buena acogida que ha tenido; de verdad, mil gracias a todas.

Las ganadoras, en este caso, han sido:

Lilibeth Evangeline Sena(TheKouSisters)

Joyce Rosalie Bonnot(MegLovannia)

Oriane Blackwood(Minnisa Targana)

Lilibeth Mélite(SereneideLys02)

Áurila Bastet Eigner(alexaher084)

Todos personajes maravillosos a los que seguro les habéis dedicado mucho esfuerzo (muchos me han sorprendido y bastante).

Pero bueno, dejo ya de dar la lata para dar paso al Capítulo 1 de Summer '73 (¡Por fin!)

Espero que os guste.


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Capítulo 1

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La campana que indicaba el final de aquel curso todavía no había resonado por los pasillos de la escuela Sweet Amoris. Un gran edificio de ladrillo—teñido de blanco—cerca del río que atravesaba la ciudad (un río sin nombre y en el que un mendigo había encontrado oro durante la época colonial), pero los niños de octavo curso ya no podían cesar la charla alegre e impaciente que siempre les había entrado cuando las vacaciones se acercaban (claro que, eran niños y nadie podía culparlos de ello); haciendo que la Directora Shermansky—que por falta de personal había tenido que regresar a sus años como maestra de Historia dentro de aquella clase—perdiera la calma con más facilidad que de costumbre.

—Malditos gamberros-murmuró por lo bajo como un toro furioso, con la vena de la frente a punto de estallarle y, conjunto a su rostro enrojecido, adoptando el semblante de un tomate maduro de lo más divertido.

Aun así, no decía ni pío respecto a los casi ladridos de sus alumnos. Manteniéndose firme e histérica en su silla mientras de vez en cuando echaba una ojeada a las notas finales que debería ir entregando una vez terminaran por completo las clases. Quizá demasiado vieja para lanzar cuatro gritos seguidos (alguna que otra vez le había ocurrido en medio de una explicación en la que no paraba de escuchar murmullos en la fila central; cerca de Iris Belle y Peggy Gerald), o, tal vez, porqué sabía que por más que alzara la voz habría sido imposible acallar a tantos personajes hablando (e ignorándola); mucho menos a aquella hora y siendo el día tan importante que era (o al menos para todos y cada uno de los infantes ingresados en la escuela).

De reojo, la mujer echó un ligero vistazo al reloj, resoplando de exasperación al comprobar que, efectivamente, aún quedaban diez minutos vacíos de algo que no fuera aquel barullo en su aula. Así que, cansada de esperar, respiró hondo varias veces para desquitarse la mala uva que había adquirido, y alzó en alto las calificaciones de todos los presentes; provocando que la mayoría atendiesen de inmediato—aun con balbuceos entre ellos—con excitación y asombro: la directora Shermansky tenía una sonrisa de oreja a oreja, rozando una amabilidad que no habían visto más que con algunos profesores y padres. Y aquello, se quisiera o no, era bastante impactante después de haber visto a la anciana estar en completa ira por más de un trimestre entero.

—Niños-comenzó con voz dulce, pero siempre rezumando esa severidad innata que solo los niños podían sentir-, prestadme un momento de atención.

—Oh, dios, que nervios-susurró sonriendo Lynn Darcy hacia Lilibeth Sena, ambas sentadas al lado de la otra en la segunda fila junto a dos alumnos afroamericanos y Ken (la víctima de la clase)-. ¡Espero haber aprobado todo!

—Yo también-Beth le devolvió la sonrisa de forma brillante, como si nunca hubiera tenido en su faz una mueca seria de la que solo Ken—su vecino de pupitre—se daba cuenta; completamente embobado en su dirección y, para su suerte, pasando desapercibido para Charlotte y Ámber, unas de las muchas personas que se metían con él si tenían la oportunidad (no tenían por qué tener un motivo aparente para ello, pero si lo había casi siempre era mucho peor que si no lo había) y, aunque sentadas en la penúltima fila, con los peores ojos de halcón que el muchacho había podido conocer en su corta vida de estudiante.

Ken estaba apasionadamente enamorado de Lilibeth Sena. Y daba gracias a Dios porque ninguno de sus matones habituales lo supiera y, mucho menos, la propia Lilibeth, a la que veía inalcanzable desde que la vio caminando de la mano de Dakota Marlow (un muchacho mayor y australiano que había venido a pasar las vacaciones con su tío, por lo que más tarde le explicó su madre durante la cena del 4 de Julio) el verano pasado. Justo cuando había cogido el valor necesario para declarársele después de que, en el último día de clase (como hoy), esta se hubiese despedido amablemente de él (como con el resto de sus compañeros de aula), deseándole unas buenas y felices vacaciones con la misma sonrisa que había mostrado a Lynn Darcy.

Aquello fue amor a primera vista, sin duda. Amor que no se había desvanecido ni un poquito desde entonces.

—Muy bien-la directora Shermasky continuó-. Ahora os iré nombrando uno a uno para que os acerquéis y cojáis vuestras notas-de nuevo volvió a fruncir el ceño, como a modo de advertencia-. Pero recordad que aún quedan cinco minutos de clase, por lo que mantened la calma y volved a vuestros pupitres hasta que suene la campana, ¿de acuerdo?

—¡Sí, Sra. Shermansky!-asintieron varios alumnos tal y como la mujer les había dicho que debía hacerse en su presencia, entre ellos Kentin que, alarmado por tener tan poco tiempo para observar a su amada hasta el próximo Septiembre (del que ni siquiera podía estar seguro que volvieran a verse las caras pues las clases a veces variaban a lo largo de los años), se limitó a dejar (o más bien olvidar) la presencia de los matones para ajustar completamente sus ojos de forma disimulada hacia la figura de Lilibeth que, con pose perfecta y vestido de flores, esperaba su turno para recoger sus calificaciones personales sin prestar atención ni a su acosador, ni a la gente a su alrededor. Tan solo teniendo en mente una sola cosa: que, si sacaba menos de lo acordado, su padre iba a volver a mirarla de aquella forma, diciéndole sin hablar lo fracasada que era.

—Elizabeth Cavanno… Eric Daniels… Lynn Darcy… Mike Dodgers… Peggy Gerald… Leila Hanscom… Armin Horrell … Alexy Horrell… Octavius Lawrence…

A medida que la directora Shermansky pronunciaba los nombres por cada sobre que niño llamado recogía religiosamente para volver a sentarse, la aguja del reloj parecía acelerar su paso por la hora, acercándose el momento culmine que todos allí estaban esperando. Y que Kentin empezaba a temer, todavía sin apartar los ojos grandes y verdes que poseía de la chica de sus sueños; analizando cada mínimo detalle para seguir recordándola por más años que pasasen sin verse.

—… Rita Martin… Frank Mate… … … Marcia Paddock… … John Phillips…

Al igual que la lista, la aguja mayor (del reloj) volvió a correr otro poco, angustiando al muchacho que repasaba con esmero el como era Lilibeth Sena: pelo rubio, largo y rizado, tez nívea, ojos color zafiro y esos deslumbrantes vestidos y trajes de flores que solían indicar el como de rica podía llegar a ser.

Ken pensó que, de seguro, más de una niña de la clase desearía tener esos vestidos en su armario (incluido él mismo).

—Kentin Rolfe-dijo de pronto la directora al aire, alzando las notas del muchacho para que este mismo las recogiera sin problemas. Pero Kentin, demasiado embelesado con Lilibeth Sena, ni siquiera escuchó el llamado, provocando que sus compañeros comenzaran a reírse-. Kentin Rolfe-repitió de mala gana la anciana, frunciendo el ceño en su dirección.

De nuevo, ningún movimiento por parte del chico.

—Kentin-la mujer se le acercó, quedando frente a él que seguía sin apartar los ojos de la treceañera-. Kentin Rolfe… ¡Kentin!-impaciente, arremetió un golpe contra la mesa del muchacho, haciéndole saltar hacia atrás del susto-¿Me está escuchando ahora, jovencito?

—S-sí… Lo… Lo siento-al comprender lo que había sucedido, Ken enrojeció de los pies a la cabeza, rodeado de las risas de sus compañeros.

—Perdónele, Sra. Shermansky-Ámber habló, profiriendo una mueca más que desagradable hacia la espalda del chico-. Ken estaba tan EMBOOOBAAAADO-enfatizó con un exagerado pestañeo-con su compañera de pupitre que ni siquiera le ha prestado la atención que se merece.

La directora ignoró el comentario y volvió al frente, a dictar los últimos nombres con desgana latente. Por otro lado, Ken regresó la vista—esta vez con mucha menos determinación—hacia Lilibeth, temeroso de que hubiese descubierto sus sentimientos amorosos y que estuviese riéndose de la misma forma que sus compañeros lo hacían. Pero no fue el caso. Lilibeth ni siquiera parecía estar en este mundo, atenta a cada nombre que dictaba la fémina de arrugas y mal humor, esperando su turno como hacía dos minutos.

Kentin suspiró aliviado. Al menos hasta que un silbido seductor de Ámber en su dirección le hizo encogerse otra vez.

"Estoy perdido", pensó, enganchando la barbilla en su pecho al tiempo que se mentalizaba para salir corriendo en cuanto la campana resonase de pared en pared por la escuela secundaria. "Estoy totalmente perdido". Ahora todo el mundo sabría que Lilibeth Sena era su amor secreto. Y estaba más que seguro de que la propia Lilibeth se reiría en su cara al enterarse… Con esos pensamientos en mente, y entregando (al fin) la directora Shermansky los últimos sobres, la campana de la libertad sonó sin previo aviso para Ken y sus compañeros de clase, haciendo que estos dieran un brinco de alegría indescriptible desde sus asientos.

De forma oficial, había llegado el verano.


Oriane Blackwood paseaba por los pasillos con sus calificaciones en la mano, como todos los alumnos del Sweet Amoris que la rodeaban y a los que debía esquivar en más de una ocasión para no acabar arrollada en el suelo (ya que la euforia se había disparado con aquella última campanada del curso). Con la única diferencia de que junto a las suyas, también se encontraban las de Blue Rain, su compañera de clase, repetidora, y una mala hierba según el profesorado; la mayoría completamente indignados de que se saltara sus clases para esconderse a fumar en el baño de chicas (a veces incluso, en el de chicos), o eso había oído la muchacha que transportaba sus notas por orden del Sr. Boris, profesor de sexto grado, con la excusa de que esto ayudara a la joven—un año mayor que Oriane y el resto de sus compañeros—a entablar amistad con alguien. Pero justo le había enviado a la única hija de los Blackwood, tímida e insegura por igual y que con cualquier grito por parte de alguien ajeno a ella echaba a llorar, siendo demasiado temerosa como para enfrentarse a su agresor (verbal, en este caso) de otro modo.

—¡Apártate!-le chistó de golpe Castiel, más enfadado de lo habitual y prácticamente empujándola contra el casillero (sin quererlo realmente) y la multitud, al rozarse esta—completamente centrada y distraída en su objetivo— con su hombro.

Por una vez, Lysandro no estaba con él, pero la voz de Evan si que se escuchó a lo lejos (habiendo entrado sin permiso a un edificio que no le correspondía junto al resto de sus amigos), apoyado en Debrah, su novia (intermitente) desde los quince años.

—¡Eso! ¡Corre, bebé cuentista!-dijo, haciendo que Castiel pateara a alguien más en su ajetreado camino hasta desaparecer entre los niños, que lo miraban asombrados o, simplemente, quejándose de su actitud tan poco agradable hacia el público.

—¡Eso!-Magnus Bonnot, el hermano de una de sus compañeras de clase y amigo de Evan, también se dignó a dar voto hacia la burla del pequeño, antes de que todos también desaparecieran con la risa en los labios.

Oriane, aunque impactada, siguió su camino hacia los cubículos femeninos (dónde esperaba encontrar a Blue, si no se había marchado ya), mirando al suelo con timidez que ya de por sí resaltaba su frágil figura.

No tardó ni dos pasos en encontrarse frente a la gran puerta azul con el símbolo femenino estampado. Al contrario que otros lugares de la secundaria, con un enorme hueco vacío a su alrededor que hizo sospechar a Oriane sobre la fiabilidad de entrar. No sería la primera vez que dentro de este se hicieran practicas poco legales dentro del lugar: desde tener sexo hasta pegar a alguien de la forma más macabra que pudieras imaginarte; o eso tenía entendido. Hasta ella misma había sido encerrada por horas en el interior del sitio… Aún todo esto, sabía que tenía que coger valor y entrar. Las calificaciones de Blue (aunque ella creía que poco le importaría recibirlas o no) seguían en su mano y no podía desobedecer a un adulto, mucho menos a un profesor tan bueno y alegre (aunque algo excéntrico) como el Señor Boris.

Respiró hondo una, dos, tres veces seguidas hasta que su cara adquirió un tono rosado. Pero justo cuando se dispuso a entrar, la puerta se abalanzó contra sí provocando que retrocediera lo justo para ver de reojo a una chica de su clase sujetar el pomo.

—Oh, lo siento. No te he visto-se disculpó, aunque Oriane no dijo nada, esperando que aquella enorme pesadilla que estaba siendo la multitud terminara tan pronto como fuese posible; tenía que encontrar a Blue lo más rápido que pudiera-… Por cierto-continuó (extrañamente para Oriane) la chica, como advirtiéndole-, será mejor que no entres ahí. Menos tú…-la joven la miró de arriba abajo, siendo totalmente despectiva y haciendo que la chica pecosa se encogiera aún más.

Oriane fue a preguntar "¿Por qué?", pero tanto su timidez, como el agudo grito que alguien emitió desde el interior del baño le dieron su respuesta: efectivamente, estaban pegando a una chica allí dentro.

—Yo te he avisado. Además, no importa demasiado, es Joyce Bonnot-y con eso, la muchacha se marchó entre la gente, dejando a Oriane algo desconcertada y temerosa de su próximo movimiento; arrugando sin querer ambas calificaciones.

Todo el mundo conocía a Joyce Bonnot en Sweet Amoris: guapa (muy guapa, al punto de resultar irreal), de actitud dulce y optimista, alguien encantador con los demás… Pero según muchas personas de la escuela (a las que Oriane había oído hablar de paso), una auténtica zorra.

Oriane no sabía mucho más al respecto, ni siquiera conocía realmente a Joyce Bonnot, pero sí sabía que, si entraba en ese baño, ella pasaría la misma tortura pues, al igual que Joyce, ella también era la víctima de su clase.

Miró las notas de Blue nuevamente. Tenía que dárselas, se lo decía el corazón.

Un nuevo chillido—como ahogado en burbujas—volvió a sonar con menos fuerza que antes, estremeciendo a su dichoso corazón que, ahora, solo tenía una orden para ella: "Vete. Ya se las darás... Tendrás más problemas si entras...".

Oriane dudó unos instantes, pero al ver que su valor ya no era capaz de regresar de las entrañas del miedo, decidió dar dos pasos atrás y desaparecer (como Castiel, Evan, Magnus Bonnot, Debrah y aquella chica de su clase) entre la multitud. Dejando atrás los gritos de Joyce Bonnot mientras se preguntaba si, algún día, conseguiría ser tan valiente como Scarlett O'Hara.


¡Y hasta aquí! Sé que no han salido todas las OC'S ni se ha explicado nada de la cultura de los '70, pero… ¡a su tiempo! Todavía quedan más capítulos que escribir.

En fin, si os ha gustado, si no, si os ha parecido MUUUUUUY(?) aburrido, ya sabéis, ¡dejad review! Qué siempre animan a seguir y mejorar :)

PD: Quería publicar esta historia antes, pero la falta de fichas no me lo ha permitido hasta hoy. Espero que sepáis entenderlo.

Gracias por las molestias de leer hasta aquí.