Disclaimer: Los personajes de este fic no son propiedad mía, sino de JK Rowling. La trama sin embargo, es de mi completa propiedad.


Capítulo I

Despierta.



No sabía donde se encontraba. Su cerebro le trataba de dar una información en base de sus sentidos que intentaban trabajar completamente.

Sabía que no estaba en la calle, porque debajo de su cuerpo había una suavidad acogedora y tibia. Tampoco había lluvia, no la sentía caer enfurecida contra su piel, empapándola y golpeándola con brutalidad, al contrario, su cuerpo emanaba mucha temperatura, se sentía bien, con algo de escalofríos, aún así bien.

Pero por alguna extraña razón, se sentía pesada. No podía abrir sus párpados para reconocer a dónde se encontraba. Quizás, fue solo un sueño… el de haber escapado de su hogar, un sueño que sus padres se iban a divorciar y ella quedaría a la deriva de todo. Quizás fue un juego de su memoria soñadora, tan creativa de ideas y todo se lo imaginó. Que no hubo un florero roto con agua esparcido en el suelo, que no amenazó con llamar a la policía, que no se auto-atacó rompiendo la delicada piel de sus muñecas…

Hizo un nuevo intento por abrir sus castaños ojos, pero lo único que hacía era tiritar sus pestañas producto de la leve fuerza que ejercía hacia sus pupilas. Trató de mover sus manos y sintió un ardor que, si hubiera contado con la capacidad, habría gritado.

No había sido un sueño. No se encontraba en su casa, el dolor de sus manos era verdadero ¿Dónde se encontraba entonces? Se preguntaba en su inconsciente que trataba de recordar algo más después de azotar contra el piso de la vereda; sucio, con agua, frío.

Tal vez, alguien la trajo a un hospital, pensaron que era una vaga… pero apenas formulaba esa suposición se retractaba. El lugar a donde yacía no tenía ese aroma característico a limpieza que le aterra, sino más bien, era un olor tranquilizante, le propinaba paz en aquel instante. A penas podía decir de qué se formulaba aquel suave aroma, sus sentidos no estaban cien por ciento disponibles para su trabajólica mente.

Un último esfuerzo, y lo único que pudo percibir su vista borrosa, fue la luz de una mañana entrando por una ventana.

Aquel mínimo esfuerzo la hizo caer nuevamente en los brazos de Morfeo.

*

-No tienes muy buena cara hermano ¿Cómo no descansas? –Aludió la pelirroja al ver entrar a su mayor en la cocina- Te prepararé un café y unas tostadas.

-Estoy bien, hay noches en que no duermo por la universidad, te acepto el desayuno encantado, Ginny –Le respondió pasando cerca de ella, para tocarle el hombro en señal de buenos días.

Se sentó en la mesita para no más de cuatro personas, ubicada al centro de la cuadrática cocina. A los pocos minutos el olor del café inundó la pequeña estancia, acompañado con el olor del pan tostado. Dejó el periódico que había comenzado a leer para ayudar a su hermana poniendo las tazas –una rosada pálida de Ginny y una azul, como sus ojos- en la mesa, acomodando el azucarero y sacando del pequeño refrigerador el pote que guardaba la mantequilla.

Volvió a su sitio, mientras su hermana llenaba el tazón con el humeante café y le repartía la mitad de panes que había quemado momentos antes. Ella se sentó he hizo lo mismo para sí.

-¿Crees que haya despertado? –Le preguntaba.

-No lo sé, yo estuve velándola toda la noche, tuvo muchos pesadillas–

-Se llama Hermione Granger, tiene dieciocho años, estudiante de primero, bueno, ahora segundo año de literatura, va a la misma universidad que vas tú, y yo este año-

-¿Y cómo sabes eso?-

-Revisé su bolso, tratando de encontrar algo de información respecto a ella –Hizo una pausa para beber un sorbo de su café- Además, tenía ropa en éste, dinero mojado, un notebook… si dejaba todo tal cual, se podría echar a perder y la ropa tendría mal olor-

-Tienes razón-

-Creo que huyó de su hogar-

El joven terminó de beber lo que le quedaba de líquido en su taza y miró a su hermana -¿Por qué crees eso?–

-¿No te das cuenta? Exceso de ropa en un bolso, donde iba un notebook, mucho dinero como para un día, además de otras cosas personales que uno no andaría trayendo así como así-

-Tal vez regresaba de un viaje Ginny, estaba cansada y por eso se desmayó-

-Cuando uno va de viaje, siempre hay alguien que te espera. Si te vas, alguien te va a dejar a un terminal, y si llegas, alguien te va a buscar-

-No todo el mundo es como nuestra familia, Ginny-

Ella bufó y terminó su media tostada. –De seguro tendrá mucha hambre cuando despierte-

-Te preocupas mucho por ella, ni siquiera sabemos si es una buena o mala persona, capacito que sea una prófuga de la justicia-

-Yo no fui la que ofreció su cuarto para que ella descansara, y tampoco me quedé en vela toda la noche para cuidarla –Le guiñó su ojo derecho, sonriéndole.

Aquel joven se tensó, y con su mirada recorrió todo su alrededor, el umbral sin puerta de la cocina, la cual era de un amarillo sin brillo, como crema, con todos los muebles alineadas al borde de las cuatro paredes. El mini refrigerador, un microondas al lado de éste, la cocina con el tostador encima, unos cuantos muebles que guardaban los alimentos no perecibles…

-Me voy al trabajo –Proliferó parándose, recogiendo los implementos utilizados en el desayuno y dirigiéndose al lavaplatos para quitarle toda suciedad.

-Deja ahí, llama a tu trabajo y di que surgió un problema y no vallas, tienes un rostro horrible-

-Es mi deber Ginny-

-¡Quítate ese complejo de macho que tienes! Yo llamaré entonces-

Palabras dichas, su hermana salió de la cocina atravesando el pasillo que conectaba a un pequeño salón, el cual aguardaba un juego de sillones de madera, con cojines salmones para alivianar el peso del cuerpo cuando uno descansaba en ellos, una pequeña televisión, con un retrato de una numerosa familia pelirroja sonriente, otra mesa donde alojaban unas tres columnas de libros de todos los tamaños, colores y formas y por último, el teléfono, en una mesita al lado de un macetero con una planta artificial.

-¡Ginny no lo hagas! –Pero el estar descalzo y correr por el piso de madera le jugó una mala pasada provocándole un mal equilibro azotándose con el suelo.

Eso le dio más tiempo a su hermana para marcar el número de la librería en donde trabajaba Ron y disculpar su ausencia. -¿Aló, señor Krum? Sí, buenos días, yo también, muchas gracias, no, él no está tan bien, más por eso le llamaba, le cuento …-

Ginny entablaba una amena conversación con el jefe de Ron, el señor Krum, y aquel joven no podía hacer nada, tirado ahí en el piso, atinó a gritar solamente.

-¡Ginny!-

-¿Lo oye? está desesperado y me necesita –Escuchaba a su hermana responderle a su jefe. Ella puso el altavoz del teléfono y Ron escuchó.

-De verdad está pésimo, dile que se tome el día completo, y si no se recupera hasta la noche, me lo haces saber, para que mañana tampoco venga, cuídate Ginny-

Ginny colgó el teléfono y fue a donde estaba su hermano, ayudándole a reincorporándose tardíamente.

-Ahora sube a mi cuarto –Al ver que su hermano hacía una morisqueta con su nariz le alzó su dedo índice para que le dejara terminar de hablar-, y no digas que no irás porque huele a flores o está apestado de fotos mías con Harry-

Él Iba a recriminar algo, pero su hermana lo notó y lo hizo callar nuevamente, empezando a empujarlo hacia las escaleras.

-No quiero tener a un hermano con cara de poto, así que sin objeciones, te metes a mi cama. Yo hago el almuerzo, como de costumbre, y despiertas cuando tengas ganas de comer… ¡Ah! Y si te preocupas por nuestra extraña invitada, yo asumo su cuidado en el día, llamo a Harry y él me hace compañía, además de cooperarme, me ayuda con las compras de la casa-

El joven subió, y antes de entrar en el cuarto de su hermana, pasó por el suyo para sacar una nueva muda de ropa y ver a la inconsciente chica.

Abrió lentamente la puerta, tratando que la vieja madera de su temporal hogar no crujiera como de costumbre, notó que ella seguía durmiendo y una de sus manos colgaba fuera de la cama.

-A lo mejor despertó, tuvo sed y trató de alcanzar el vaso con agua –Conversaba consigo mismo, al ver que el vaso con dicho líquido estaba en la orilla del velador, amenazando con caerse en cualquier momento. Pudo notar el sangramiento de la muñeca que yacía afuera de su cama, por lo que pensó que hizo mucha fuerza, y las heridas de aquella joven nacían nuevamente.

Se acercó lentamente, y tomando aquel brazo, como si fuera la pieza más delicada del hogar, lo dobló y acomodó encima de las tapas que cubrían el cuerpo de la dormida. Sintió el leve respirar de la chica. Aún tenía una palidez en su piel, y una lágrima traviesa le atravesaba parte de su rostro derecho. Por inercia, acercó sus dedos para quitarle aquel hilo de líquido y percibió el suave tacto de su piel contra la suya. Se quedó por un momento tieso, no sabiendo por qué una electricidad viajó en todo su cuerpo, desde la punta de sus dedos, hasta la punta de sus pies.

Era demasiado hermoso el momento, pero extraño a su vez. Salió de su trance y se dirigió al cuarto de su hermana.

Entró en aquella habitación sintiéndose raro. El color rosa pálido de la madera, y la excesiva decoración con fotografías, además del perfume a rosas que ocupa su hermana le inundó sus pulmones. Se cambió de ropa, y se tiró a la cama, llena de cojines en todas las tonalidades de rosados posibles.

Morfeo hizo su aparición antes que el pelirrojo rellenara su mente con cualquier idea vaga o análisis de lo ocurrido hace tan solo unas horas. Realmente se encontraba exhausto.


-¿Ron no despierta?-

-No, estaba cansadísimo, le hubieras visto su cara hoy en la mañana-

-Debe de verdad estar fatigado, porque se ha saltado la hora del almuerzo. Cuando despierte, estará hambriento-

-Lo has aprendido a conocer tanto Harry-

-Claro que sí, es el hermano de mi novia, además, a pasado a ser mi mejor amigo –Respondía un joven de cabello azabache, algo desordenado, pero cautivador, por hacerse merecedor de dos esmeraldas por ojos, aunque cubiertas por unas gafas redondas.

-Gracias por acudir a mi llamado ayer, no sabíamos que hacer con Ron. Nos preocupó mucho Hermione-

-¿Ya despertó que conoces su nombre?-

-No, aún no despierta. Pero saqué sus cosas del bolso que llevaba consigo. Necesitaba ventilar sus pertenencias, y ahí vi sus documentos-

-Es un nombre extraño, ¿es de aquí?-

-Estudia en la misma universidad, pero escasamente la podríamos ver, ella es de la facultad de literatura. Ésta se encuentra muy apartada del área de salud, y de la ingeniería-

-¿Tu hermano la había visto antes?-

-Ninguno de los dos la conoce. La verdad es que me da mucha pena la chica. Al parecer se intentó suicidar, por sus marcas en las muñecas, o tal vez planeaba fugarse. Quiero que despierte, me tiene con muchas dudas-

-No seas impaciente Ginny. Ayer le di unos calmantes mientras le atendía, eso le debe de tener su cuerpo pesado. Necesita descansar, perdió mucha sangre a costo de sus heridas. Más el frío de anoche, la lluvia y la angustia…-

-¡Pero ya son más de las 17.00! de veritas que me tiene asustada… ¿No estará muerta, cierto? –Preguntó asustada, exaltándose demasiado, al punto de botar la silla que la mantenía cómodamente.

-Las cosas que dices amor –Le respondía su novio, atrayéndola a su cuerpo para abrazarla-. Ella está descansando, puede que despierte en la noche-

-¿Qué es ese alboroto?… Ah, siento interrumpir –Ron entraba al comedor, rascándose la cabeza y bostezando.

-Tu hermana que cree tonteras-

-Ginny, me sirves mucho almuerzo ¿Por favor?-

-De seguro que te comes todo lo que queda en la olla –La pelirroja se desenrolló del abrazo de su novio y fue a calentarle la comida a su hermano.

Y Ginny conoce tan bien a éste que no se equivocaba al escatimar en cuanto comería Ron. si hubiera sido posible, se hubiera comido la olla misma.

La tarde restante se la pasaron viendo una película. Harry la había arrendado para disfrutarla con sus amigos. Escasamente prendían la televisión, porque no tenían programación extra, solo los canales nacionales. En marzo se cumpliría el primer año de arrendar aquella casa. En un principio el único que vivía ahí era Ron. Sus padres buscaron una casa cerca de la universidad para que así, el menor de sus hijos varones pudiese estar más cómodo en su periodo de estudios universitarios. Y así dieron con las típicas "casitas compartidas" las cuales tienen todo lo necesario para un hogar, pero, la comparten distintas personas. Sus hermanos gemelos, para la navidad anterior le obsequiaron un modesto pero acogedor automóvil. Con este medio de transporte viajaba una vez al mes a ver a su familia, la cual vivía en La Madriguera, un dulce hogar a unas tres horas de donde se encontraba en la actualidad.

Se hizo de buenos compañeros de curso, estudiar ingeniería civil fue su sueño echo realidad, y a pesar de que le costaba un poco, con el paso de las primeras semanas se acostumbró al ritmo universitario. Pero sentía que no encontraba un amigo. Fue así que un día cualquiera, a fines de marzo, estando en la fila para poder cancelar unas guías que tuvo que ir a fotocopiar, y dándose cuenta que le faltaba alrededor de $200 para hacer efectivo el vale, se le acercó un joven de lentes y cabello desordenado, quien le tendió ayuda. Desde aquel día, Harry y Ron fueron amigos inseparables, a pesar que el dueño de ojos verdes es un estudiante de medicina. Sus facultades quedan apartadas, pero eso no les impedía almorzar juntos, o llevar a Harry hasta el paradero.

Por los exámenes, Ron no pudo visitar a sus familiares en la semana larga por el feriado del día del trabajador. Ginny acudió a verlo, ella cursaba el último año de su enseñanza media, y era la que más extrañaba a su hermano. En aquel tiempo no tenía muchos exámenes y no dudó en quedarse aquellos días haciéndole compañía a Ron. Harry, que tiene tan solo a unos tíos como parientes y lo tratan pésimo, fue invitado por Ron a pasar aquellos días en su casa.

Esos fueron los días en que Ginny y Harry se conocieron, y fue amor a primera vista. De esos amores que sabes, durarán por siempre. Dicen que, "El amor es un sentimiento que se siente sin hablar" y así fue como nació el amor de la pelirroja y el azabache. Fue tanto la química, que mi hermana esperó la finalización del primer semestre en el colegio, y sin importarle el haber estado desde los cinco años en el mismo establecimiento, se mudó a la casa alquilada, y comenzó sus estudios de segundo semestre en un colegio a unas dos cuadras del sector. Todo para tener a Harry más cerca. Los gastos crecieron, y entre tener Internet a televisión por cable, decidimos lo primero. Y era obvio mantener una cuenta con el teléfono. Su madre les llama todos los días.

Aprendieron a convivir tan bien ambos hermanos, que, estando en enero, aprovecharon sus trabajos de medio tiempo, para ahorrar un poco más y mantener la casita que compartían. Sus padres no eran de una situación económica excelente, pero digamos que el amor Weasley es tan grande que no importa cuanto dinero necesites, todos se cooperan y hacen lo posible para mantenerse los unos a los otros. Ginny este año comienza a estudiar Enfermería y no es una carrera muy económica, por lo que decidieron arriesgar sus vacaciones familiares y esforzarse el máximo estas semanas trabajando.

La casita donde vivían tenía cuatro dormitorios, dos de los cuales eran ocupados por los pelirrojos. Las habitaciones restantes la ocupaba una chica llamada Lavender Brown, la cual hizo desalojo del lugar al recibir una mejor oferta en agosto pasado. El otro chico, llamado Viktor Krum se fue en octubre. Sus familiares abrieron una cadena nacional de librerías, y este es un negocio redondo sobretodo en sectores universitarios. Sus padres le compraron un departamento a pasos de la universidad. Es un buen chico, le ofreció trabajo a Ron y su familia es muy amorosa, en especial su padre.

Desde octubre la casita era cien por ciento Weasley, y esperaban que los nuevos arrendatarios –si llegaban- fueran igual de simpáticos que los anteriores.

Entre recuerdos y conversaciones, se dieron las 20.00hrs, Ginny al estar toda la tarde con Harry, olvidó hacer las compras, por lo que le pidió a él que la acompañase antes de que cerrara el supermercado.

El silencio rondaba en aquel hogar de madera, y olvidándose que había alguien durmiendo aún en su cuarto, el joven de rojos cabellos entró, al mismo tiempo que se sacaba su polera, quería darse un baño en el transcurso de las compras de su hermana. Una voz aguda, temblorosa y nerviosa le sacó de sus cavilaciones.

-¿Quién… eres… tú? –La chica de enmarañados cabellos se encontraba sentada en la cama, respirando agitadamente. Miraba al joven que tenía al frente de manera asustadiza.

-¡Despertaste, por fin!-

Ella no articulaba habla alguno, su expresión aterrorizada le seguía firme.

Ron se percató de su escasa vestimenta, se sonrojó al mostrarse sin polera ante la chica. Abrió estrepitosamente su ropero, sacando la primera prenda que encontró. No le importó ponérsela al revés. Luego de sentirse presentable, se acercó lentamente a la cama.

-Tranquila, no debes temer, mi nombre es Ron, Ron Weasley-

La muchacha se observó, y notó que no llevaba su ropa, al contrario, llevaba una polera -al parecer del chico que le hablaba, porque le quedaba como vestido- y abrió mucho más sus ojos

-Tú… tú me cambiaste… ¿La ropa? ¡Mierda!-

-¡No! –Gritaba él en el mismo tono agudo que ella. Ambos se miraban sonrojados.

-Necesito que te calmes, para poder hablar contigo, ¿si? –Pidió humildemente.

Ella que se había escondido bajo las sábanas, asomó su vista entre sus enredados cabellos castaños.

-Estás en mi casa, pero no vivo solo, aquí también está mi hermana, Ginny, tiene un año menos que yo –Trató de observar algún cambio en su rostro, pero la chica parecía tímida-. Ella y yo… te encontramos ayer, desmayada… en… la vereda –Hizo una pausa, no quería ser muy duro con ella, puede que ni recuerde los últimos momentos de conciencia que tuvo.

La joven se tocó su cabeza con sus muñecas, un dolor punzante la hizo gemir suavemente. Se miró sus manos, y supo el por qué de su dolor.

-Tus heridas… las curó Harry, el novio de mi hermana. Él estudia medicina, digamos que no es un experto, pero sabe un poquito más que nosotros-

-¡Ron, llegamos! ¿Dónde estás? –Se escuchaba en el primer piso, acompañando la voz de Ginny unas estruendosas bolsas plásticas que producían aquel sonido al tener contacto con el piso de madera-. ¡Ron!

-Iré a buscar a mi hermana, para que te sientas más cómoda, puede que halla venido con Harry, mi amigo –Aquel joven dijo toda la frase de manera nerviosa, mientras se iba acercando a la salida de la habitación.

-Ginny, la chica ha despertado- habló de manera baja inclinándose en el barandal de la escalera.

-¿Harry escuchaste? ¡Deja las bolsas ahí, subamos! –Más sonidos de bolsas y pasos en la casa se sintieron con el correr de los segundos.

Hermione que aún no comprendía que sucedía alrededor suyo se arropaba con las frazadas que cubrían su débil cuerpo. Para ella en este tipo de situación –donde no sabía cómo había llegado ahí y tantas dudas que tenía ahora en su cabeza- le era difícil hcer maquinar su cerebral capacidad para analizar cuanto problema o situación se le viene encima. De a poco comenzaba a recordar los sucesos del 3 de Enero.

-¡Hola! ¿Cómo te sientes? –Ginny entraba a la habitación con una calurosa sonrisa, sin importarle el rostro ido de quien era la receptora de su saludo, se acercó y la estrechó en un abrazo-. De seguro que no tienes idea de lo que ha sido de ti este último tiempo, pero no te preocupes, yo te contaré todo.

-Gra…Gracias- respondía mirándose las muñecas Hermione.

-¡Ron! anda a bañarte, Harry, prepara algo ligero para que cenemos los cuatro, mientras yo converso con Herms-

-¿Herms? –Tanto el pelirrojo, como el azabache y la castaña repitieron aquel "apodo".

-Síp, tu nombre es Hermione, ¿cierto? –La chica asintió, iba a preguntar cómo era que lo sabía, pero la pelirroja se apresuró-, ya te lo contaré todo tranquilamente, veo que empiezas a tener curiosidad –Se reía de las expresiones de los demás habitantes del cuarto-, ¿Qué esperan? ¡Fuera!

Y como un rayo, ambos jóvenes desalojaron el cuarto, no sin ir reclamándole al aire por las órdenes de la menor de la casa.

-Mi nombre es Ginny Weasley, y este año ingresaré a la universidad a estudiar psicología, el chico de mismas características físicas a diferencia de los ojos, el cerebro matemático y la timidez, es mi hermano Ron, un año mayor que yo y estudia ingeniería civil. El otro guapetón es Harry, su mejor amigo y mi novio. Ron y yo vivimos en esta casa durante el periodo de los estudios universitarios, pero al ser muchos hermanos más, y al no contar con la situación económica adecuada, decidimos trabajar el verano para apalear gastos. Lo que no suponíamos era que lloviese tanto aquí, sin importar la estación del año-

Hermione ya no estaba tensa, el tener contacto con una chica, de su casi misma edad la tranquilizaba enormemente, recordó que la chica la llamó por su nombre, incluso, ya le tenía un apodo.

-¿Cómo es que sabes mi nombre? Es la primera vez que hablamos, si no mal recuerdo-

-Verás… no sé si recuerdes por qué llevabas un bolso y vagabas en las calles, pero ayer te encontramos desmayada en medio de la vereda, y decidimos traerte a nuestra casa, estaba más cerca y al contar con la ayuda de Harry la atención que te daríamos no sería tan negligente. Y tu bolso estuvo expuesto a la lluvia quizás por cuánto tiempo. Espero que no te haya molestado el que lo abriera, saqué toda la ropa que llevabas dentro, la volví a lavar y a colgar en la mañana porque estaba asomagada. Entre esas cosas estaba tu billetera, tiene todo tal cual, pero no pude dejar de ver tu cédula de identidad, además estaba la credencial de la universidad y así supe la carrera que estudias, tu edad y nombre-

-No… no hay problema, muchísimas gracias por tus atenciones –Hermione le dedicaba la primera sonrisa no nerviosa de la noche, pero recordó su vestimenta y sus ojos volvieron a desorbitarse-. Tú… me mudaste de ropa… ¿Verdad?-

-Claro que sí, si te dejaba con lo puesto te podría dar una hipotermia, tiritabas y tenías mucha fiebre. Ambas tenemos un cuerpo similar, te podría haber prestado ropa mía, pero justo ayer lavé mi ropa y se mojó por la lluvia. Para que estuvieras cómoda le pedí a mi hermano su polera más grande y holgada. La ropa interior es mía-

La castaña se sonrojó notablemente. Ella era muy pudorosa en cuanto a su cuerpo. Nunca antes la había visto desnuda. Obviamente que su madre lo hizo cuando ella era una bebé, pero de ese tipo de contacto ya habían pasado unos buenos años.

-Nadie más me vio hacer eso, no te urjas Herms, mi hermano estuvo contactándose con Harry mientras te trataba de limpiar un poco y te dejaba lista para que Harry revisara tus heridas de la muñeca, ¿quién te lastimó así? Tienes otras heridas y moretones en tu cuerpo-

-Los moretones no tienen importancia, las heridas de las muñecas me las hice yo misma, intenté suicidarme-

Ginny por primera vez en el transcurso de la conversación que tenía con la chica palideció. Algo en su corazón le decía intensamente que Herms necesitaba ayuda, y que mejor ella, Harry y su propio hermano para ayudarla.

No lo dudó, y volvió a abrazar a la chica que había quedado enmudecida ante su confesión y se dedicaba a ver sus heridas.

-Ginny… -Murmuró la abrazada ante su asombro.

-Debes de haber pasado algo horrible para haber querido acabar contigo. Eso si que no lo perdono. Encuentro muy débil y tonta a la gente que toma la determinación de dañarse así misma. Tienes una vida por delante, y no permitiré que vuelvas a hacer tal estupidez, ¿comprendes?-

La pelirroja no tuvo una respuesta hablada, sintió como su polera se mojaba por un líquido transparente, eran lágrimas que salían de unos castaños ojos.

-Tranquila Herms, ya todo estará bien -Le hacía cariños en la enmarañada cabellera-, De seguro que Ron ya desocupó el baño, ¿cómo no tomas una ducha? Hoy te compré un pijama, ¡de seguro te encantará! Te lo pones y bajas a comer algo, no has alimentado tu cuerpo-

Hermione se pasó la punta de sus dedos para borrar el camino de sus lágrimas y decidió hacerle caso a Ginny. Ésta fue a buscar la ropa, subió nuevamente a su compañía para indicarle el camino hacia el baño.

-Te esperaremos para cenar, Herms –Declaró Ginny al dejar a la castaña en las cuatro paredes de tonalidad verde lima y cerámicas de la misma tonalidad.

Ella abrió la llave de la ducha, se despojó de la única prenda que le cubría ahora su cuerpo, una camisa de un naranja chillón. Se hundió en el agua cuando la sintió tibia y no pudo evitar el no llorar al pensar qué sería de su vida de ahora en adelante.


Nota de la autora: Me faltaba terminar el capítulo por eso no lo había podido subir antes, igual es más extenso. Espero que sea de su agrado. Ya tengo imaginada la trama en mi mente, pero al tener gran parte de hechos verídicos, tengo que irla acoplando a base de ellos. Gracias a quienes comentaron ^^ a quienes la ponen en alerta o en sus favoritos.