INSPECCIÓN

By: Lavi*


Después de un siglo, el segundo capítulo. Gracias por tomarse el tiempo en leer mis delirios. Espero les ayude a pasar el rato agradablemente. Por otro lado, les invito -a quienes no lo hayan hecho- a que se den una vuelta por mis demás historias. Sus comentarios me inspiran y ayudan a trabajar mejor y más rápido. Y por cierto, Dotachin-san, descuida, no descuidaré a EEF aunque me tarde decadas en actualizar, la terminaré para vosotros que se han tomado el tiempo de leerme y seguirme. De verdad, aprecio que les guste mi trabajo. ¡Nos estamos leyendo!

KHR es propiedad de Amano, y yo sólo deliro con sus personajes sin fin de lucro.


Capítulo 2. La casa del Trueno.

Daban aproximadamente las doce del día cuando un golpe en la puerta principal se dejó escuchar por toda la mansión. Allí, en el recibidor, se encontraba el mismísimo capo junto a su guardián. El niño vaca miraba enfadado hacía la puerta mientras mantenía los brazos cruzados.

_Que injusto_ Repitió, por sexta vez.

_No te quejes Lambo, yo tampoco sabía nada de esto hasta hoy mismo_ Tsuna le sonrió como disculpa y aunque el de cabello negro desvió la mirada, ya no se quejó mas.

Lambo caminó hasta la puerta, abriéndola. Un hombre de aproximadamente cuarenta años se hallaba de pie en el umbral. Portaba un traje color caqui y una camisa blanca. Usaba anteojos cuadrados de armazón, a simple vista, fino.

_Muy buena tarde tenga usted, Décimo Vongola_ Dijo en cuanto vio al castaño y se le fue autorizada la entrada a la mansión.

_Lo mismo para usted…_ Hizo un ademán de duda al extenderle la mano.

_Dominic_ Dijo el hombre _Llámeme Dominic_

_Dominic-san_ Estrechó su mano en saludo _Un placer_

El hombre dio una evaluadora mirada al lugar y luego volvió a posar sus ojos en el japonés. Lambo permanecía a un lado, con la mirada fija en el invitado. Reborn no se encontraba presente, y el capo no pudo evitar preguntarse donde rayos estaría.

_Supongo que ya está enterado del motivo de mi visita_ Dijo el hombre _Se me ha asignado como misión evaluar la forma de vida que llevan sus guardianes y usted mismo, meros formalismos de rutina_

_Sí, bueno, fue toda una sorpresa_ Se rascó la nuca nervioso _Nunca me habían hablado de esto así que fue un poco impactante_

_Entiendo_

_Tsuna_ Llamó Lambo y ambos hombres le miraron.

El niño tenía ahora doce años, pero su estatura seguía siendo baja.

_Tu debes ser el mayordomo_ Dijo el hombre _¿No crees que es muy irrespetuoso dirigirte así a tu amo?_

Tsuna soltó un gritillo. Y se precipito a un lado del Bovino para evitar que incinerara a base de rayos al hombre.

_Es mi Guardián del Trueno, su nombre es Lambo_ Se apresuró a explicar.

_Oh_ Fue toda exclamación.

_Encima de que me obligan a venir aquí en lugar de ir al parque de diversiones a divertirme con I-pin y Fuuta, tengo que escuchar a este viejo chocho insultarme_ Lambo se giró indignado _Me debes una grande Tsuna idiota_

El aludido rio nervioso, ahorrándose el regaño que sabía era inútil. Miró a su invitado esperando que no se hubiese ofendido. El mismo se encontraba anotando algo en un libretita mientras un brillo algo diabólico refulgía en el cristal de sus lentes.

_Muy bien, Décimo_ Dijo luego de guardar su cuadernillo _Si este…joven, es su Guardián y se encuentra aquí, deduzco entonces que vive en la mansión_

_Eh, sí_ Respondió _De hecho, es el único_

_¿El único que vive aquí?_

_¡No!_ Suspiró intentando relajarse y dándole un leve apretón en el hombro al Bovino cuando comenzó a reírse entre dientes _Quería decir que es el único Guardián que vive en la Mansión conmigo y Reborn_

_Así que el único Guardián_ Volvió a anotar en el cuadernillo antes de comenzar a dar de pasos alrededor de la habitación _Eso complicará las cosas pues tendré que ir a visitar a cada uno_ Tsuna sudó frio al pensar en que haría cuando fuera el turno de la Nube o la Niebla _Sin mencionar que es la primera vez, desde la segunda generación Vongola, que un Jefe no vive con sus Guardianes_ Una fugaz y petulante mirada fue lazada en su dirección.

_Bueno, el Primero tampoco vivía con ellos así que no estoy rompiendo ninguna regla o tradición fundada de origen_ Opinó el capo pensando que el tono de voz de Dominic era hasta cierto punto irritante.

El hombre le lanzó ahora una mirada reprobatoria, pero se abstuvo de opinar absolutamente nada, al parecer recordando que quien tenía al frente le podía quitar su puesto con solo una nota de tres renglones.

El podía ser un examinador de élite enviado por los altos mandos, pero finalmente el japonés era el Décimo Vongola.

_Tsuna, ¿que se supone que hay que hacer?_ Le preguntó Lambo en voz baja en cuanto Dominic se alejó unos cuantos metros de ellos haciendo anotaciones.

_No tengo idea, pero por favor, compórtate lo mejor que puedas_ Suplicó en el mismo tono de voz, pero con una nota imperativa en la oración _Te regalaré algo en cuanto esto termine, ¿de acuerdo?_

El niño asintió y volvió a su anterior tarea de vigilar a su invitado.

Transcurrieron un par de minutos antes de que el mismo se volviera de nuevo a mirarlos y caminara hacia ellos. Ambos se mantuvieron firmes y en silencio.

_Muy bien, Lambo_ Dijo _Llévame a tu habitación_ Ordenó.

El aludido frunció el ceño y miró al castaño, quien le asintió sonriente. Entonces emprendieron la marcha al segundo piso, hacia las habitaciones del niño.

El cuarto Tsuna lo había visitado pocas veces. En primer lugar por que eran los terrenos de Lambo y uno nunca sabía lo que podía encontrarse en ese lugar. En segundo por que no le gustaba invadir la privacidad de los demás, pues ya se la habían reclamado en diferentes formas. Y en tercer lugar porque no acostumbraba pasear por la mansión registrando habitaciones.

La recámara, como imagino, se encontraba llena de artefactos decorativos en blanco y negro, enterrados bajo montañas de juguetes. En algunas partes se podían distinguir dulces a medio comer y alguna que otra chatarrería que daba la apariencia de querer cobrar vida y perseguirlos en cualquier momento. En la pared del fondo, contrastando con la infantil apariencia, se encontraba una pared cubierta de armamento de todo tipo.

Tsuna soltó un enorme suspiro de alivio cuando alcanzó a distinguir la bazooka de los diez años en lo alto de un pedestal, cuidadosamente –y afortunadamente- lejos de ellos y de inoportunos y poco saludable accidentes.

La cama se encontraba hecha, seguramente gracias a las mucamas, pero todo lo demás debía conservarse regado debido a órdenes del niño. Miró cuidadosamente de reojo a su examinador, suponiendo que recibirían una crítica desagradable por la apariencia del lugar. Poco digno de un Guardián de la Familia Vongola. Familia de excelente historia, antiguas e impecables tradiciones, posición social por encima de las nubes y la demás basura que escuchaba siempre que el consejo estaba involucrado.

Empero, la llamada de atención nunca llegó. Al contrario de ello, Sawada estuvo seguro de que en los ojos del tal Dominic se atravesó –por un segundo- una señal aprobatoria. Sorprendido ante su descubrimiento, decidió hacer como que no había notado nada y dio un par de pasos al frente.

_Entonces me supongo que es debido a su habilidad el porque es el único Guardián con usted ¿Me equivoco?_ Los avellanados ojos del capo viajaron del hombre –con absoluta incredulidad- hasta el niño vaca que, indecentemente, en ese momento se rascaba el trasero mientras le devolvía una curiosa mirada.

_Bueno…_ Removió las manos nervioso _No exactamente…_

_¿Con que regularidad es enviado en misiones o como asistente a las reuniones?_ Interrumpió.

_Yo nunca voy a esas aburridas juntas de viejos ebrios, prefiero jugar al corre y pilla con I-pin_ Aseguró Lambo, al parecer creyendo que daba buena impresión hurgar en su nariz mientras hablaba _Y además, siempre que salgo es para ir de paseo, nada de misiones, soy tan poderoso que Tsuna-idiota teme a mi poder_ Rio a carcajadas.

El capo no sabía donde esconder la cabeza y estaba seguro que sus orejas estaba rosas ¿O tal vez alcanzando ya un punto cereza?

_Ya veo_ Respondió Dominic, contrario a lo que esperaba el capo, con aprobación en su tono de voz.

Tsunayoshi se preguntó que clase de enfermos conceptos de "correcto" tenían los altos mandos. O, en todo caso, se preocupó por si el hombre estaba realmente sano de sus facultades mentales.

Sin embargo decidió dejar de casi morderse las uñas, respirando tranquilamente. Si la actitud de Lambo no había alertado al inspector y hecho que corriera de inmediato a desacreditar sus méritos –ganados gracias al arcobaleno, por cierto- ante los líderes del Consejo Vongola, entonces podía estar seguro que nada malo pasaría con sus demás guardianes.

O tal vez no, le gritó su mente traicionera.

_¿Podría entonces darme una demostración de lo que hace en sus ratos libres?_

Y ante esto Tsuna decidió que morderse las uñas era lo más correcto. Soltó un agudo Hiii digno de sus años mozos –porque últimamente había sido cambiado por los más comunes (e indignos) Kyaa- y se precipitó sobre el niño, quien ante tan irresistible invitación había comenzado a extraer las rosadas granadas de cualquier parte de su anatomía.

Tsuna no supo si lamentarse por que el obligado corte de cabello hecho al Bovino no había servido para nada o porque seguramente Reborn lo apalearía por entregar un examinador muerto en lugar de un reporte de inspección a los altos mandos.

Y en medio de ambos pensamientos incluyó la desgraciada verdad de que nuevamente no pudo hacer nada más que toser el humo provocado por la explosión.

_¡Lambo!_ Rugió completamente indignado y herido en su precario sentido de la autoridad.

Una carcajada le fue devuelta y el horror pintó el rostro del japonés cuando alcanzó a distinguir el brillo de un rifle entre las manos del niño. ¿Desde cuando Lambo tenía armas como esa? ¡Y dentro de la mansión!

Tsuna estaba acostumbrado a las bombas, la bazooka, los misiles e incluso las granadas en las manos del niño vaca, pero no a los fusiles -él tenía un horrible trauma con las armas de cuyo cañón salían balas- así que no sabía como lidiar con eso, particularmente.

Buscó con la mirada al desafortunado hombre, blanco de la ira de un niño vetado de ir al parque de diversiones, y encontró aliviado que aún estaba vivo, aturdido horrores, pero vivo. Corrió en su auxilio agradeciendo más que nunca la mala puntería del Trueno.

Pero justo cuando estaba a un par de pasos del desmadejado cuerpo en el suelo una lluvia de balas cayó sobre él. Se vio obligado a bailar una pobre imitación de folklor mientras retrocedía dando brinquitos.

_¡Lambo!_ Chilló de nuevo, tratando de alzar la voz entre el estruendo de los disparos _¡Ya basta!_

Y su respuesta fue una rosada granada rebotando graciosamente en el suelo para caer a un lado de sus pies. El azul bañó su rostro y saltó sobre el arma a tiempo para arrastrar al inconsciente examinador a cubierto tras la cama.

Los pocos cristales que se mantenían en su marco salieron disparados en pedazos al exterior con potencia debido a la segunda onda expansiva de explosión. Tsunayoshi maldijo su suerte por millonésima vez en su vida y rebuscó sus fiables X-gloves entre sus bolsillos. No estaban.

Apretó los ojos con fuerza, tratando de pensar por una solución sin tener que recurrir a Gokudera y un suave tintineo le obligó a desistir haciéndole abrirlos de nuevo. Horrorizado descubrió cinco nuevas granadas posicionadas cerca de ellos.

Se preparó para una dolorosa muerte, jurándose que no intervendría por Lambo en el cielo y anhelando que Gokudera le diera un duro y tormentoso castigo. Sin embargo la muerte pareció no quererlo a su lado –de nuevo- y Reborn hizo su espectacular aparición a tiempo de –sólo él sabrá como- devolver todas las granas al Bovino.

Un nueva explosión cimbró los cimientos de la mansión, alertando –sólo un poco- al personal de limpieza y seguridad apostado en los terrenos. Quienes por cierto no armaron mayor revuelo dado que estaban acostumbrados.

Lambo salió disparado por la ventana en dirección a un árbol, cuyas ramas atajaron su caída. Tsuna no se preocupó en absoluto por él. Si alguien tenía muy –pero muy- pocas probabilidades de morir entre sus conocidos, ése era Lambo.

Una dolorosa patada cayó sobre su nuca y su rostro se estrelló contra el suelo.

_¿Qué estabas haciendo ahí sentado, Tsuna-idiota?_ Regañó el tutor con León fielmente transformado en arma apuntando entre sus cejas en cuanto giró a verlo –he ahí el porque de sus traumas-.

_¡No fue culpa mía!_ Se defendió, sabiendo que de nada serviría, de todas formas. Y luego miró preocupado al hombre que resguardara segundos antes.

Ajeno al último alboroto, permanecía en el maravilloso mundo del todo bien, nada pasa al que te trasladaba la inconsciencia. Y celosamente se preguntó ¿Por qué el nunca podía disfrutar de ese placer?

La habitación pasó de ser un paraíso de niños a ser una deforme mancha negruzca con irreconocibles formas embarradas en las paredes. Ni hablar del hermoso agujero en el suelo que ahora servía de tragaluz para las cocinas. Suspiró abatido, deseando haber podido comerse su cereal en la mañana y no sentir esa estrujadera de tripas en el estomago.

_¿Y de todas formas, donde estabas?_ Recriminó frunciendo el ceño mientras un puchero se formaba en sus labios.

_Eso no te importa_ Contestó dejando tomar a León su camaleónica forma de nuevo mientras se daba la vuelta y entre ingeniosos saltos llegaba a la puerta que colgaba precariamente desde se marco _Y apúrate a sacarlo de aquí_ Señaló al hombre _No querrás que admire el panorama y lo anote en su cuaderno ¿o sí?_

Inmediatamente se levantó, arrastrando dificultosamente entre los escombros al examinador mientras se preguntaba como haría para explicarle lo sucedido cuando éste despertara.

La primera parte de la inspección había sido un completo desastre.


Continúa...


O eso espero. Gracias a quienes se han aventurado a leer. Como veran tardo mucho en actualizar, eso se debe a que estoy escribiendo aún la historia. Espero no les moleste, de todas formas, y bueno, en verdad gracias por darse la vuelta por aquí.