Hola! habeis tardado en tener noticias mias!
Me explico y disculpo; no me convencía de como me estaba quedando el fic, de modo que me puse a reescribirlo y ahora recuelgo todo lo que ya tenía hecho corregído. Espero que os gusten los cambios^^
Un beso a todas.
Adrenalina.
Aquel desierto de Iowa y el coche rojo brillante yéndose despeñadero abajo mientras él luchaba por no seguir el mismo destino. Ni siquiera sabía que era en lo que estaba pensando en aquel momento de explosión y rabia.
Habían pasado ¿Cuánto? Tantos años; demasiados años...y sin embargo todo seguía siendo tan real que creía que, de abrir la boca se ahogaría con la tierra parduzca.
Una mirada al reloj con gesto ausente; ya eran más de las tres de la mañana, pero sabía que no lograría volver a dormir.
Bones le había insinuado ya varias veces que tras los acontecimientos ocurridos hacía apenas dos semanas su nivel de stress se había derramado como un bol de agua. Pero no era así. Sin duda estaba equivocado.
Solo eran sueños…recuerdos…
" …¡Maldito hijo de puta, si vuelves a tocarla te mato!...
ven aquí Jim…aquí, con mamá…
Si vuelves a tocarla…"
Tanteó las sábanas en la penumbra. Todo aquello, las voces, lo gritos...todo quedaba ya atrás; muy, muy atrás; en el desierto de Iowa, en la Tierra…una Tierra que se perdía en la inmensa oscuridad del espacio. Su madre, su padrastro y la arena ocre…los bares, las peleas, las noches al raso evitando llegar a casa, mirando arriba, muy arriba; perdiendo los ojos en el cielo, deseando estar lejos de allí.
Y ahora ya lo estaba. Desde que hacía dos semanas había reemplazado a Pike y la Enterprise era su nuevo hogar.
Y él ya no era un niño asustado, ya no era un adolescente con el insano deseo de ser liquidado en la primera pelea de bar. Era un oficial condecorado. Un militar, un guerrero. Un hombre.
Pero entonces, ¿Por qué el miedo seguía ahí?
¿Por qué la figura de su padrastro seguía pareciéndole tan grande y negra y el recuerdo de aquellos días de lluvia se cernía inmensamente nítido y cruel?
Lluvia, horas perdidas en las que debían quedarse todos en casa.
Su madre, alguna vez una mujer guapa cantaba canciones antiguas, que el rubio solo había oído en su voz mientras en la habitación el plic plic de las gotas recogidas por cacerolas la acompañaba…unas goteras que su padrastro jamás arregló. Aquel hombre gris que pasaba las horas muertas maldiciendo, como si Dios pudiera oírle a través de la ventana del comedor.
Cada vez que llovía su padrastro maldecía.
Maldecía por el coche, que no arrancaría y por una mujer vieja y cansada, enamorada de un héroe muerto.
Por unos hijos que no eran suyos.
Por un trabajo que jamás llegaba.
Lo insultó en voz alta, como tantas otras veces, por poseer aún ese control sobre él. Por hacer que, pese habiendo dejado atrás los 20 hacía tiempo, siguiera sintiéndose como un adolescente impotente ante su solo nombre.
Apartó el pelo hacia atrás, apretando la cabeza entre las manos un instante.
-Si vuelves a tocarla…te mataré- repitió a media voz.
Y después el silencio se hizo demasiado denso. Tanto que sentía que hubiese podido cortarlo con un cuchillo. Por eso le gustaban los bares, el bullicio, la gente, el ruido.
Sumergirse en ruido, ahogarse en ruido.
Para no saber, no sentir…para no oír aquella voz que llenaba su cabeza gritando que era un inútil. Que no pudo salvar a su madre de su propio error. Que había decidido huir de la Tierra y no mirar atrás.
Se levantó de la cama con gesto pesado tanteando la idea de que tal vez podría comer algo, o ir a la sala de entrenamiento, o despertar a Bones. Se sonrió ante la opción de molestar a su amigo, pero no; la última guardia del médico había durado casi 34 horas.
Merecía aquel descanso más que nadie.
Salió al pasillo, mirando a derecha e izquierda antes de dirigir sus pasos al comedor.
¿Y si en su vida, las cosas hubieran sido distintas?
El viejo Spock le había hablado de otra realidad. Una realidad en la que su padre le sonreía el día de su ascenso, en la que su madre vivía feliz y en donde él no se debatía herido por los fantasmas acumulados a lo largo de su vida.
Al llegar se sentó en la mesa a prestarle una atención a la nada que tal vez esta no mereciese.
-Capitán- una voz le sacó de sus pensamientos a los pocos instantes. No se giró porque conocía perfectamente a quien se encontraba tras él -¿le interrumpo?
-De ningún modo -el vulcano avanzó hasta quedar justo detrás de él -¿no duerme?
-Ya he dormido-hizo un gesto con la mano, invitándolo a sentarse, algo que sabía que por su prudencia no haría por si solo-¿Qué hay de usted?
Kirk suspiró con cierto cansancio antes de dar un trago de la copa situada frente a él. No le contestó y dudaba que su primer oficial esperase que lo hiciera.
-Spock…¿cree que en la Tierra está lloviendo? -fijó los ojos en el líquido rosado.
-Teniendo en cuenta su densidad, capitán, lo más probable es que esté haciéndolo en más de la mitad del planeta-respondió fríamente mientras le miraba, claramente deseando decir aquello de "esa pregunta no tiene lógica", pero por alguna razón que Kirk no llegó a entender no lo dijo.
Eso le hizo sonreír con cansancio.
Pese a que en el espacio no llovía, para él era como si siempre lo hiciera.
Como si aquella casa de Iowa se dibujase frente a su rostro cada vez que sus orbes se perdían en la inmensidad de lo oscuro.
-Ojalá no lloviera-murmuró.
