An addiction for a escort.
Summary: Bella Swan había tenido un pésimo día y tenía que buscar un reemplazante que cumpliese con el perfil de Gigoló, nada fácil. Todo se complica cuando encuentra al candidato indicado y no sólo para ese trabajo.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pues fueron creados por Stephenie Meyer. Y mi inspiración para esta trama fue extraída de la novela méxicana Las Aparicio, en especial de Alma Aparicio, aún así la narración es mía por lo que queda estrictamente prohibida la copia parcial o total del texto sin mi autorización.
Capitulo II
Huyendo de un Escort.
Regalito para mi queridisima AnneHilldweller, perdoname por el horrendo atraso. Te quiero mucho.
El fin de semana no fue para nada fácil. Pensar en la noche del viernes era como respirar. Así de gravemente estúpida estás, Bella Swan.
En las últimas horas había revivido mi encuentro con Edward una y otra vez, intentando rememorar su piel, su aroma y la suavidad de sus labios. Es que sin duda todo esto había sido más que una prueba, él... él tenía el condimento perfecto para que mis hormonas se revolucionasen.
Lo complicado de mi vida en estos momentos se resumía a mis dos probabilidades. La primera, que Edward decidiese no aparecer más y que su respuesta esa noche fuese simplemente para no defraudarme en aquel instante, la segunda era que aceptase y firmase ese contrato que sellaría lo que ocurrió y pasaría a ser historia.
Profesionalismo, Bella, Profesionalismo.
Me lo exigí una y otra vez, lo repetí como un mantra y nada, seguía pensando en el perfecto cuerpo de Edward y en sus suaves manos recorriendo cada curva de mi cuerpo, cada pliegue que había sido besado por él.
Lunes por la mañana y ya me había convencido que no llegaría, así que me dediqué a ordenar los papeles de mi oficina y revisar los casos que tendría que atender.
—Bella —sonrió Alice, mi socia y amiga.
—Alice, cariño ¿Cómo estás? —le sonreí mientras guardaba algunos papeles en carpeta.
—Bien, bastante bien, pero necesito una cita esta noche, ya no doy más y me llevas prometiendo una desde que iniciaste el negocio y te recuerdo que eso ya fue hace años —reclamó mi amiga y confidente, una de las pocas que sabía mi secreta empresa.
—¿Ocurrió algo? ¿Discutiste con Alec? —dije mientras le hice una seña para que se sentara.
Alice y Alec llevaban una relación bastante extraña, terminaban y volvían por lo menos unas diez veces a la semana, pero se veía que se querían a pesar de todo.
—Entonces ¿Me darás una cita? —sonrió con esa carita de niña a la que no le podías negar nada.
Si antes le negaba una cita aplazándola para después era sólo porque sabía que volvería con Alec en el mismo instante en que dejase mi oficina, pero esta vez las cosas parecían irreconciliables y él ya se había tomado el primer vuelo hacía Canadá.
—Está bien, esta noche a las 22:30, aquí tienes la dirección y el chico se llama Jasper —le extendí el papel con la información, ella me sonrió al recibirlo —. Alice, escucha, el Escort no debe saber que somos amigas, no le des detalles de tu vida personal y no olvides: Si lo ves en la calle él no te saludará porque está prohibido tener contacto con las clientas en otro ambiente que no sea de negocio.
No quería perder a Jasper así como perdí a Jacob. No andaría noche tras noche buscando nuevos Escort que entrenar para ser el hombre perfecto. No era fácil y lo peor era que cuando ya estaban bien entrenados otras mujeres se los llevaban como si estuviesen en precio oferta. Bueno, a decir verdad, si los vendía, pero el propósito era en el fondo bueno: demostrarle a la mujer que los liberalismos y la igualdad de género va más allá simplemente que escoger un buen empleo y que el salario sea el mismo que un hombre, esto también demostraba que somos libres sexualmente y que somos autosuficientes.
Alice se fue muy feliz y agradecida con la cita, como tantas otras mujeres que llamaban a diario para tener una cita con alguno de mis Escort.
Un torbellino de papeles y de cosas por hacer estaba sobre mi escritorio. Estando allí parecía que me presionaban a ordenarlos y revisarlos. El teléfono no paró de sonar, por lo menos hablé con siete clientas que querían cita con Jacob, contarle a cada una la situación era exasperante, pero estaba dentro de mi trabajo.
—¿Ocupada? —dijo Rose a mis espaldas cuando revisaba el caso de violación de una menor.
—Más o menos, ya es lunes y exijo que sea viernes —sonreí.
—Dímelo a mí, pero vengo a contarte algo magnifico —sonrió sentándose frente a mi.
—¿Qué es? —dije realmente curiosa.
Rose era la encargada de litigar casos mayores, el carácter que poseía era ideal para los casos de corrupción y estafas. Se desenvolvía estupendamente en esa área y daba gusto ver que era exitosa en la mayoría de sus casos.
—Estoy saliendo con un chico, desde el sábado en la noche —rió nerviosa —. Lo conocí en un bar, al parecer lo dejaron plantado y estaba allí como si nada —sonrió.
—¿Si? Vaya, quien como tú que conoce a un chico el sábado en la noche, y ya está saliendo con él ¿Qué tal? Has superado mi record —reí mientras dejé caer mí peso en el respaldo de la silla.
—Bueno es que tuve una buena profesora, aún recuerdo las tonterías que hacías en la universidad… El pobre profesor de Derecho Romano ya no sabía que hacer contigo —recordó.
—Cierto, pero él era un viejo pervertido y yo una muchacha astuta, se merecía quedar en vergüenza ¡¿Cuántas chicas se habrán entregado para pasar los exámenes con él? Eso no correspondía y merecía esa redada, pero ese no es el tema ¿Tiene nombre tu cita? —sonreí.
—Daniel, se llama Daniel y tiene los ojos más hermosos que he visto jamás, sin contar que su cuerpo es perfecto, una espalda mujer, una espalda de esas que…—soltó un suspiro —. Y que quieres que te diga en cuanto al sexo, jamás un hombre había dominado tan bien ese campo como él.
¡Vaya por lo menos no era la única que encontraba un buen chico para tener sexo! Si, Bella, sólo sexo.
Tocaron la puerta, era Lucy mi secretaria.
—Abogada, un joven la busca, dice que tiene cita con usted.
Rosalie sonrió mientras me alzaba una ceja, la reprobé con la mirada.
—¿Se identificó?
—Cullen, señora, Edward Cullen —añadió Lucy.
—Hazle pasar —dije sin pensar en nada.
Mi mente se encontraba en blanco, tendría a este hombre frente a mí evidentemente, dispuesto a firmar aquel contrato que lo convertiría en mi sensual Escort, uno que poco tendría que enseñarle, quizá lo divertido sería que él me enseñase a mí…
Detuve mis pensamientos ahí, Rosalie recorría a Edward con la mirada, parecía estar satisfecha, al salir alzó los pulgares en señal de aprobación, aunque lo que Rose no sabía era para qué Edward estaba citado aquí.
Mi querida amiga estaba en pleno conocimiento de mis negocios, aunque no conocía más que la idea y no quería vincularse más allá.
Edward aclaró su garganta para hablarme, pero obviamente no dejaría que él tuviese ese placer.
—Te dignaste a venir, pensé que serías… Hum… como decirlo: uno más del tropel. Si, esa frase es digna —dije intentando darle menos importancia de la que realmente estaba teniendo.
—¿Qué quieres decir con eso? —demostró sentirse confuso y ofendido.
—Ya sabes, no eres el primero que pasa por una prueba así, realmente y siendo sincera fue una noche larga de búsqueda, eres uno de los varios citados —mentí, evidentemente él no tenía por qué saber que había sido el único.
—Ya veo… ¿Cubriste el cupo? —dijo pasando su mano por el cabello cobrizo.
—Supongo que vienes a eso ¿No? —dije manteniendo la conexión de nuestros ojos.
Debilidad, una palabra que no conocía, eso era lo que él buscaba en mí, eso era lo que quería sacar de mi interior, podía notarlo en su mirada intimidante, buscaba demostrarme que en realidad era débil, pero sin duda él no tiene idea que por mi vida han pasado demasiados hombres de ese mismo estilo y todos han salido con la cola entre las piernas, esta sin duda no sería la diferencia, por más buen sexo que el chico diese.
—La verdad es que si, no sé como supiste que estaba sin trabajo, esa misma noche me habían despedido de la bolsa, así que no tengo ni donde caer muerto —me explicó.
—Perfecto —dije buscando en mi cajón el contrato —. Esto es muy simple, léelo, tienes tres horas, vuelves aquí y me das tu respuesta.
—Nos vemos entonces en tres horas —dijo sin más y se retiró.
Tensión, una tensión inmensa se apoderó de mí mientras hablaba con él, era como si cada músculo de mi cuerpo se hubiese petrificado ante la presencia de Edward.
Me sentí extraña, como una adolescente desesperada por sexo, escondiendo todas sus hormonas y todas sus sensaciones al ver aquel perfecto espécimen masculino, pero sin duda esto era retroceder… Isabella Swan no retrocede jamás, no ante un hombre como Edward, sabía perfectamente como era y no caería en su trampa.
Me levanté de mi silla y salí de mi oficina, necesitaba un café, un maldito café que me hiciese sentar cabeza, aunque si no fuese está hora… ¡Al carajo la hora!
Cambié mi rumbo y me dirigí hacia mi cajón con llave, lo abrí y saqué una botella de vodka, me serví un vaso y sin pensarlo lo bebí por completo en un segundo.
Listo. Nada había pasado, simplemente es un Escort y sería sólo eso luego de que esa maldita firma estuviese en ese maldito papel. Maldito Jacob por dejar el negocio.
—¿Pasa algo Bella? —era Rose a mis espaldas.
—Si, pasa que mis putas hormonas están moviéndose más de lo que deberían así que imagínate, me siento una pendeja de quince emocionada por un par de músculos bien puestos y no tan de quince al decirte que el sexo mejor de mi vida viene en un paquete de hombre que esta que arde y estoy que lo odio ¿Qué tal? —dije más de lo que debía y sin duda eran los rápidos efectos del vodka un lunes por la mañana.
—A ver, calma no entendí ni media palabra ¿Qué está que arde, pero que odias?
Comencé a caminar como gato enjaulado, de un lado a otro, esto era patético, pero real y eso me enfermaba.
Profesionalismo, Bella, ¿Dónde dejaste el jodido profesionalismo?
—No lo odio, pero me descoloca con tan solo una noche de sexo, eso es todo, no tengo dominio de mi cuerpo cuando él está cerca ¿Contenta? —dije alterada.
—¡Vaya! Esto es grave ¿No? —dijo riendo.
—Nada de gracioso también.
—Yo no lo veo complicado ¿Qué más da si te lo quieres seguir probando?
Miré a Rose dándole a entender la respuesta, sin necesidad de decirla en voz alta, aunque al parecer no captó el mensaje.
—¿Qué? —arqueó una ceja.
—¡Está aquí por contrato! Rose —dije furiosa.
En ese mismo instante entra Edward a mi oficina y se queda de pie en el umbral.
—Perdón, lamento interrumpir algo, volveré más tarde.
—¿Qué no sabes que se golpea antes de entrar? —dije aún gritando.
—Realmente lo siento, mejor vuelvo más tarde —hizo un ademán de marcharse.
No pensaba detenerlo, claro que no. No tenía por qué andar pendiente de él, más bien él era quien cometió el error.
—No te molestes —añadió Rose —. Yo me voy, quédate, esto ya terminaba —dijo arrastrando la última palabra y cerrando la puerta tras de ella.
—Isabella, perdóname, no quería…
—Déjalo ya, lo que fuese quedó en el pasado —eso era más respuesta para mí que para él.
Le invité a sentarse frente a mí y el accedió amablemente a hacerlo.
Vestía agradablemente, una camisa azul profundo manga larga, unos pantalones de tela y unos zapatos bastante bonitos que tenían detalles en la punta.
—Bien, ya leí todo el contrato —dijo volviendo al tema —. Y creo que aceptaré.
—Me parece, leíste todo ¿No? —insistí.
—Si, todo.
—Entonces, no falta más, firma acá y estás contratado comenzarás desde mañana —expliqué.
Edward me entregó una sonrisa de satisfacción, mientras que intenté que mi rostro no expresase nada de lo que en mi interior existía, no debía ni quería así que él no tenía por qué darse cuenta, claro que no.
Mientras firmaba Edward miré su cabello cobrizo, con ese sutil despeinado que me recordaba cuando mis manos se entrelazaron en aquellos exquisitos hilos cobrizos mientras mi cuerpo se derramaba de placer, las imágenes mentales de aquel fogoso momento me hacían sentir un calor de pie a cabeza, tenerlo tan cerca y a la vez tan distanciado me hacía sentir necesitada, me hacía sentir incomoda. Una vez más tuve que fingir seguridad y frialdad en el asunto.
Recibí el papel de sus propias manos, el roce calido de sus dedos habría hecho estremecer a cualquier mujer, menos a mi, menos ahora, fruncí los labios fingiendo molestia y comencé a leer un poco el contrato para hacer tiempo.
—¿Qué no te lo sabes de memoria? —interrumpió.
—Reviso que sea el que te entregué y que no haya ninguna laguna legal —respondí.
—¿Laguna legal? —añadió confuso.
—Término jurídico, se refiere a que no hayan vacíos que podrían hacer que este contrato sea usado en mi contra —respondí.
El silencio se volvió a adueñar de mi oficina y no hice nada por romperlo, me dediqué a revisar el contrato.
De vez en cuando observé a Edward, estaba mirando descaradamente mi escote, no era tan pronunciado, una blusa roja a medio abotonar que sólo dejaba entrever la fina línea de unión de mis pechos.
—¿Qué mira Sr. Cullen? —dije sin alzar la mirada e intentando demostrar que a penas firmase aquel papel sería su jefa.
—No miro nada —respondió secamente.
—Claro, mire señor Cullen, cuando la tinta quede fijada a este papel, usted y yo tendremos una relación plenamente laboral, supongo que leyó claramente ¿no es así? —dije fríamente.
—Por supuesto, espero que usted también sea capaz de diferenciar nuestra relación laboral, porque no entiendo su manera de actuar ¿Qué estaba mirando según usted?
—Su atención no estaba precisamente en el bordado de mi blusa ¿No es así? —añadí sin alzar la mirada.
—Si está insinuando que mis ojos estaban clavados en la comisura de sus senos, entonces déjeme decirle que eso ya no es mi culpa ya que usted debería venir vestida apropiadamente a trabajar y no con una blusa que deja a vista y paciencia parte de su anatomía —respondió casi con insolencia.
Mi ira recorría todo mi cuerpo, tuve que ordenarle mil veces a mi mano que se mantuviese firme a ese lápiz, aunque mis ansias de golpearle eran imperantes.
Alcé la mirada, que de seguro intimidaba lo suficiente, pero Edward simplemente mantuvo la suya casi de la misma manera que la mía.
—Mire señor Cullen, si no esta dispuesto a aceptar este trabajo y a cuestionar mi manera de vestir, la puerta usted la conoce y sabe perfectamente como mover su culito de bebé hacia su departamento —dije molesta.
Edward congelo su gestualidad y la molestia se hizo evidente al ver que su rostro se volvía progresivamente carmín.
El silencio nuevamente se instauró. Quizá ambos estábamos planeando respuestas para la agresión del otro.
Me levanté de mi silla, sin aún firmar el contrato y quizá sin ánimos de firmarlo, ya que si tenía que soportar la insolencia de este tipo, sin duda no merecía el puesto y no me arriesgaría a fracasar con él, porque eso implicaba buscar nuevamente un Escort y comenzar de cero.
—Mire Edward Cullen, la situación es simple. ¿Se atendrá a las cláusulas del contrato si o no? —dije inclinándome a él intimidándolo.
Edward volvió a mirar mis senos, volví a sentirme extraña, entre molesta y deseosa que este fuese otro lugar, que fuese otra la situación, sin duda deseaba que todo fuese distinto.
Él se puso de pie y nuestros rostros quedaron a una corta distancia, ambos molestos, de hecho podía sentir el calor que emanaba su cara.
—¿Firmará si o no? No tengo tiempo de sobra —grité.
Los músculos de la cara de Edward se relajaron, una sonrisa con notoria sátira salió de sus labios, la incertidumbre se adueñó de mi, sus labios estaban tan cerca de los míos y mi seguridad se iba cada vez que recordaba su perfecto cuerpo.
—Creo que sus senos se veían mejor mientras estaba sentado, ese ángulo era perfecto —rió.
Mi mano no se contuvo, ya no podía soportar más, esta tensión entre que si y que no, esa estúpida química, estás estúpidas hormonas. El golpe fue seco, la cachetada fue bien puesta y el rostro de Edward quedó inclinado.
Alzó su mirada, sin rabia, sin rencor, extrañamente con una sonrisa, tomó mi mano y me hizo coger el lápiz, entonces puso la punta de él sobre el área que debía firmar.
—Hazlo ya —sonrió.
—No pienso contratarte, ya no deseo que trabajes para mí —sentencié —. Tu manera de actuar no favorecerá mi negocio.
—Aún no soy tú Escort, aún soy el tipo con el que te acostaste el viernes, tan simple como eso y si no firmas pronto no me pidas que contenga las ganas que tiene mi cuerpo de estar sobre el tuyo —dijo acercándose cada vez más a mis labios, de una manera peligrosa, de una exquisita forma que me tentaba a acercarme a él y olvidar el estúpido papel.
Sin pensarlo más, deslicé el lápiz por el papel y dejé mi firma en él.
—Está usted contratado Sr. Edward Cullen —sentencié.
El rostro de sorpresa de Edward era magnifico, sin duda no se esperaba aquello. Había sido un golpe bajo para su orgullo masculino. Isabella Swan 1. Edward Cullen 0, aunque siendo sincera con el sexo del viernes el marcador estaba más arriba de lo imaginable.
Hola mundo, sin tiempo de actualizar nada, menos de escribir, hoy ha sido una tremenda excepción en mi apretado horario.
Si, prometí subir la secuela de Paper Love pero la universidad me colapsa y ahora comienzo con las prácticas asi que les pido una paciencia gigante.
Espero que este capitulo les haya gustado.
Cariños a todas y gracias por su enorme paciencia y sus hermosos reviews.
Las quiero.
Manne
