01.- Tácticas Slytherin


Minerva McGonagall nunca se veía a sí misma como alguien "joven", aunque apenas tenía 35 y casi iba a cumplir los 36. Había tomado un trabajo como maestra en Hogwarts hace unos años, justo de su especialidad, Transformaciones. Albus Dumbledore, actual director de Hogwarts, le había ofrecido el puesto de jefa de la casa Gryffindor además de ser la subdirectora.

—No puedo pensar en nadie mejor para esos puestos Minerva—Le había dicho el mago a quien admiraba desde hace años.

Este era su primer año como subdirectora y una de las tareas más importantes que tenía era enviar las cartas de aceptación a los nuevos estudiantes, y para aquellos que eran los primeros en su familia en tener magia, debía enviar a alguien a explicarles la situación a sus familiares o ir ella misma.

Tenía en sus manos un expediente particular en ese momento, Lilian Evans. Varias explosiones de magia accidental, pero al parecer había un control bastante bueno de su magia para alguien que no conocía la magia. Estaba intrigada por la jovencita y decidió atender personalmente esta entrevista.


La jovencita era una dulzura... todo lo contrario a su hermana muggle. La hermana paso toda la tarde espiando la reunión desde el dintel de la puerta y soltando bufidos, murmurando algo de que ahora el "niño horrible" iba a estar insoportable por tener razón. ¿Niño horrible? Si era alguien que sabía de magia, quizás había otro niño mago cerca de ahí, pero ella misma había revisado los registros de los nacidos muggles, los mestizos y sangrepura les explicaban a sus hijos sobre el mundo mágico.

Y ahora que lo pensaba, la pequeña no parecía asombrada sino satisfecha, como cuando uno comprueba algo con sus propios ojos.

Una vez que se despidió de los Evans y luego de darles la lista de útiles y el boleto para el expreso de Hogwarts, Minerva McGonagall caminaba hacia un lugar donde desaparecerse con propiedad. La casa de los Evans quedaba cerca de una zona de bosque, y un parque de juegos. Así que camino por el vecindario hasta que dio con el parque de juegos. Estaba al lado de esa zona de bosque que le había comentado la niña.

Unos ojos oscuros muy familiares se encontraron con los de ella, un niño flacucho y de pelo largo la veía con interés antes de moverse hacia dentro del bosquecillo. Minerva jamás supo que la movió a seguir al niño. Pero lo hizo. Solo que no lo siguió en su forma humana. Minerva era una animaga que se transformaba en gato, así que había un gato gris atigrado que seguía a un niño flacucho.

El pequeño usaba ropa de segunda mano y muy mal combinada, un error común en los magos cuando intentaban pasar por muggles, no era de su incumbencia, pero esos ojos le recordaban fuertemente a alguien, pero no lograba identificar a quien.

Cuando el pequeño entró a su casa, pudo ver lo horrible que era la vivienda, "vivienda" era una palabra muy amable para describirla, había magos mestizos y sangrepura pobres, pero esto rayaba en la absoluta miseria. No fue sino hasta que escuchó una voz apagada que sintió que el alma se le iba al suelo.

Con un salto, el "gato" se subió al alféizar de una ventana y pudo ver a la bruja que recibía a su hijo con temor.

—Sabes que no debes irte lejos—.

—Solo quería ver si Lily ya había recibido su carta—.

—Aún no sé cómo se lo vamos a explicar a tu padre—.

—No le digas... dile que me caí aun barranco y me morí—.

—¿Y qué le diré cuando regreses en navidad, o en el verano? —.

—Nada porque te habrás ido, buscamos algo en el mundo mágico y no lo vuelves a ver—.

Eileen Prince, una bruja brillante en pociones. Minerva la había conocido brevemente y alguna vez pensó en convertirse en su amiga, pero Eileen iba algunos años delante de ella y jamás se dio la oportunidad. Lo principal que había notado en ella, además de su pericia en pociones eran sus ojos, negros, no solo negros, completamente negros, no había una distinción clara entre el iris y la pupila.

Si Eileen hubiera vivido en la época de la inquisición la hubieran quemado por bruja, no por su magia, solo por el color tan inusual de sus ojos.

Minerva estaba algo sumergida en sus pensamientos, ya que no noto cuando un muggle que tenía la misma nariz aguileña del pequeño entro a la casa y vio la carta del pequeño, y al hacerlo estalló en cólera.

El hombre empezó a golpear a Eileen y el pequeño trataba desesperadamente de separarlo de su madre, Minerva iba a entrar, pero algo la detuvo. El pequeño tuvo una explosión de magia y el cuerpo del hombre salió disparado hacia una pared y quedó inconsciente.

—¿Esta muerto? —Eileen preguntó temerosa.

—No tendremos tanta suerte mamá, solo esta inconsciente—El pequeño estaba tratando de recomponerse de la explosión de magia.

—Vete Severus, escóndete, no quiero que te encuentre cuando despierte—.

—Pero mamá...—.

—Nada de "pero mamá", obedece Severus. —Eileen intentaba que su hijo se fuera de la casa mientras lo empezaba a abrigar y le daba un pan de la cocina apresuradamente. Viendo la reticencia de su hijo a irse, Eileen suspiro—Cariño, sé que es difícil para ti de entender, pero solo quiero que estés a salvo—.

—Podemos estar los dos a salvo, vámonos mamá. Deja a Tobías—.

—Es tu padre...—.

—Ese hombre no es mi padre, un padre no le pega a su hijo solo por ser diferente, ni a su madre por ser diferente. Mamá, él no nos ama, solo te detiene tu miedo. Por favor. — Severus estaba al borde del llanto.

—Hijo, por favor. No quiero tener la misma discusión contigo. Solo, vete, ve con tu amiga, mañana estará más calmado—.

—Después de golpearte...—.

—Severus, por favor—.

Severus ya no necesito más aliciente, salió dando un portazo y corrió hacia la zona de bosque, atravesándola y dirigiendo sus pasos hacia la casa de los Evans. Minerva se debatió apenas un segundo entre ayudar a Eileen o proteger a Severus, escogió a Severus. Aún convertida en gato, persiguió al muchacho y vio cuando se detuvo apenas a unos metros de la casa de los Evans.

Por la ventana, se veía a una feliz Lily que era abrazada y felicitada por sus padres. Severus veía la escena con algo de envidia, y se fue de ahí, sin atreverse a cruzar la calle y llamar a la puerta de su amiga.

Dirigió sus pasos hacia una cueva que estaba cerca de la zona de bosque, y ahí dentro había una "casi habitación". El pequeño había traído de alguna forma un colchón el cual estaba sobre varios ladrillos que parecían haber sido "tomados en préstamo" de alguna construcción. Había varios libros escolares que evidentemente habían sido de Eileen incluyendo una varita que parecía haberse roto, parecía porque el núcleo estaba intacto y Severus había pegado la madera de alguna forma.

Había otros artículos como un espejo roto y puesto sobre una saliente en la pared de la cueva, algunas prendas de ropa, un par de cobertores, algunas golosinas empaquetadas y varios dibujos donde había una niña pelirroja, un niño pelinegro y una mujer de pelo negro, las esperanzas y sueños de Severus de apenas unos años atrás. La cueva era su refugio del mundo.

Severus se tumbó en el colchón y dejo que las lágrimas escaparan libres mientras aferraba su carta de Hogwarts, mirándola con adoración. Su escape de su desgraciada vida, faltaban menos días y él solo tenía que aguantar ese tiempo sin querer matar a Tobías. Si no fuera porque su madre amaba a ese desgraciado, ya le hubiera clavado un cuchillo en su pecho sin corazón, al menos tenía ese órgano que bombeaba sangre, porque corazón, ese que hace que ames, y quieras proteger a los tuyos, ese, no lo tenía Tobías.

Minerva estaba al borde del colapso. ¡En el nombre de Merlín! ¿Cómo aquella chica tan brillante había acabado casada con ese bruto? Minerva aun recordaba a aquel pretendiente muggle al que rechazo cuando imagino su vida a su lado. Su madre se había casado con un muggle y fue obligada a guardar el secreto mágico hasta que ella nació. A su padre no le hizo gracia siendo un ministro presbiteriano, la idea de que su mujer hiciera magia, contravenía sus creencias y su madre, en un arranque de amor, prometió jamás usar su magia.

Cuando ella fue a Hogwarts, pudo ver en los ojos de su madre, algo que jamás creyó ver... envidia. Su madre estaba envidiosa de su propia hija, solo porque ella podría hacer magia libremente. Por eso cuando aquel muggle la cortejo, enamoró y le pidió matrimonio, ella aceptó, pero esa misma noche, pensó mejor las cosas. Tenía un trabajo en el ministerio y si se casaba con él, estaría en el mismo rol que su madre, obligada a encerrar su varita, renunciar a su trabajo en los de proteger el secreto y decidió que ella no viviría bajo ese yugo.

Rechazo al muggle al día siguiente y jamás miró atrás. A veces, se arrepentía de su decisión, pero solo bastaba lanzar un Lumos para recordarse a sí misma porque no había aceptado casarse, ella era una bruja, y no iba a renunciar al precioso don de la magia por seguir una fantasía. Si un hombre no podía aceptar que su esposa tuviera magia, no era alguien que la mereciera. Punto final.

Siempre pensó que las brujas como Eileen, quienes provenían de familias sangrepura, tendrían vidas diferentes. No podía imaginar que vio Eileen Prince en aquel muggle que a todas luces era un bruto celoso de los poderes de su mujer e hijo. Y la cobardía de la bruja, eso era lo que más le crispaba los nervios. ¿Cómo podía dejar que el hombre la maltratara? Ya no digamos que le prohibiera hacer magia o algo así, sino que no era esa la manera de tratar a ningún ser humano, y ella lo permitía. Y permitía que le pasara a su hijo.

No podía hacer nada, al menos no hasta tener al muchacho bajo resguardo en Hogwarts, quizás su madre fuera más "capaz" de huir de aquel muggle si tenía alguna opción. Minerva aun como gato, se fue hacia el parque de juegos que ahora estaba vacío, se transformó de vuelta en humano y desapareció de ahí, sintiendo su corazón excesivamente pesado.


—Snape, Severus—La voz de la profesora McGonagall llamaba a aquel niño de ojos negros que estaba cabizbajo, él sabía que su lugar sería con las serpientes, y dentro de él, sabía que su amiga era una leona, pero había guardado tantas esperanzas de que quedaran juntos. El sombrero toco su cabeza y su destino fue sellado. Ahora era una serpiente.

Suspirando, se fue a sentar con su mesa, siendo recibido por un risueño Lucius Malfoy. Minerva apretó los labios. Conocía a Lucius y no le agradaba nada que se acercara a aquel pequeño.

Terminando la selección y mientras cenaba, Minerva McGonagall empezó a planear. Iba a hacer algo muy Slytherin, pero no iba a permitir que un jovencito se perdiera en la oscuridad por causa de las malas decisiones de otros, si, aun así, Severus caía en la oscuridad, al menos no tendría de pretexto su "triste vida familiar".


Minerva se ausento a la hora de la comida, excusándose de que se sentía un poco indispuesta y que tomaría una poción y una siesta para poder atender sus clases de la tarde. Albus Dumbledore, el director, se preocupó por su amiga y se ofreció a tomar sus clases mientras ella se reponía. Minerva se lo agradeció profusamente y le dijo que estaría mejor al día siguiente.

Había hablado con Poppy Pomfrey, la enfermera de la escuela, quien rivalizaba con Minerva McGonagall sobre la protección a los estudiantes, decir que Poppy enfureció era quedarse corto, no sabía qué le enfada más, el muggle o la propia Eileen. Había que hacer algo, y Minerva le contó de su plan, Poppy aceptó de inmediato y juntas empezaron a organizar todo mucho antes de que hubieran llegado los estudiantes en el expreso. Esa reunión entre las brujas había sido hace dos semanas y el lugar estaba listo.

Minerva se había estado escapando y siguió cada movimiento de Eileen y Tobías, sabía qué hacía cada uno, y pensó en la mejor forma de que la bruja entrara en razón. Había visto las debilidades de Tobías Snape y supo que hacer cuando lo vio en aquella cantina.

Una vez que puso un pie en la enfermería, le dijo a Poppy que el plan entraba en acción y la enfermera entendió lo que significaba y fue a preparar todo para cuando la profesora regresara.

Ajena a las maquinaciones de las dos brujas, Eileen Prince estaba haciendo la comida de ese día cuando fue impactada por un Stupefy bastante fuerte. No alcanzo a tocar el suelo, ya que Minerva, quien la había dejado inconsciente, la levito hasta que ella estuvo cerca y tomando a Eileen de la túnica, las desapareció a ambas de la casa.

Tobías Snape jamás volvería a ver a su mujer, pero si sabría de ella unos meses después.


Eileen Snape abrió los ojos parpadeando. Sabía que alguien la había noqueado, conocía la sensación de la magia, aunque hace años no la practicara. Estaba en una cama, una de enfermería, pero no era posible, reconocería ese lugar con los ojos cerrados.

Estaba en Hogwarts. Mas precisamente en la enfermería, en uno de los pocos cuartos privados que tenía la enfermería. No eran muy conocidos, ya que Madame Pomfrey los usaba solo en las cuarentenas y estaban en desuso desde que ella estudiaba en Hogwarts. ¿Qué hacía ahí y quien la había traído?

Las respuestas llegaron en forma de una muy enojada profesora Minerva McGonagall.

—Hola Eileen, diría que es un placer verte, pero estaría mintiendo—.

—Minerva—Eileen conocía a Minerva McGonagall, aunque era menor que ella, sus habilidades en Transformaciones habían llegado en forma de rumor hasta las chicas de su año. Alguna vez se encontraron y saludaron en los pasillos de la escuela, pero hasta ahí—¿Por qué me has secuestrado? —.

—Prefiero pensar en que te rescate de ese... hombre. ¿En serio Eileen? ¿Aguantar a un bruto como ese? Siempre pensé que alguien como tu era más juiciosa, ¿Por qué? —.

—¿Por qué no me defiendo? Por qué lo amo. No espero que lo entiendas, pero él me ama a su manera. Me aceptó con todo cuando mis padres me desheredaron—.

—¿Y Severus? —.

—Es su hijo, solo lo está disciplinando—.

Minerva supo que era un caso perdido, al menos hasta que viera con sus propios ojos la realidad acerca del hombre con el que vivía. Porque eso no podía ser llamado matrimonio de ninguna manera.

—Entonces deberás quedarte aquí hasta que te recuperes, he puesto hechizos que no pueden ser rotos más que por mí. Se te alimentará y Poppy vendrá a verte cada cierto tiempo para ver tu salud y reparar tus heridas—.

—Minerva, ¿Por qué lo haces? —.

Minerva suspiró, ella misma se lo había preguntado y solo había una respuesta... porque era lo correcto, aunque en ese momento no lo pareciera. Algo debía cambiar en esas malditas leyes, pero no ese día. Ese día tenía que salvar dos vidas, la de una bruja que se estaba perdiendo incluso de sí misma y la de su hijo que estaba bordeando la oscuridad gracias a la negligencia de su madre.

—Por qué es lo correcto Eileen, buenas noches— Y salió de ahí sin mirar atrás.

Minerva McGonagall, jefa de la casa Gryffindor, subdirectora de Hogwarts, y amiga personal del mago más grande de todos los tiempos, Albus Dumbledore, una fuerza imparable de la luz, acababa de secuestrar a una mujer de su hogar. Pero con la mejor de las intenciones.


Habían pasado cerca de dos meses desde que Minerva sustrajera a Eileen de su hogar. En ese tiempo, se le envió a Eileen varios libros de todo tipo de magia, transformaciones, encantamientos, pociones, runas antiguas, etc. Poppy Pomfrey le llevaba pociones para ayudarle a recuperarse y podría decirse que Eileen estaba de vuelta, si no fuera porque seguía empecinada en ver a su marido.

Minerva calculo que, de hecho, era la hora de enfrentar a Eileen a la realidad de las cosas. Así que cuando fue a la enfermería a ver a Eileen no le sorprendió ver a la mujer rogando por ver a su "amado esposo".

—¿Estas segura de que ese amor es reciproco, Eileen? —.

—Claro que si Minerva, él me ama—.

—Bien, entonces supongo que aquí acaba mi intervención. Sígueme, te llevare con tu esposo—.

Eileen no estaba segura de que Minerva cumpliera su palabra, pero anhelaba ver a su esposo más que nada y no podría llegar nunca hasta su hogar sola, hace tiempo que no se aparecia y no quería escindirse.

Minerva salió con Eileen directo a los jardines, era de noche y la mayoría de los estudiantes ya se encontraba en su sala común, así que nadie vio a la bruja que acompañaba a la subdirectora.

Lo primero que notó Eileen es que no estaban frente a su casa, sino frente a una cantina. Eileen sabía que ahí estaba su esposo, y estuvo a punto de entrar hasta que oyó la voz de su esposo hablar de forma melosa. El mundo se quebró ante sus ojos, la voz de su esposo fue contestada por una voz femenina.

Minerva toco con su varita a Eileen y la bruja supo que le había puesto un hechizo desilusionador para que pudiera acercarse y mirar por la ventana. Ahí en una mesa estaba su marido, con una chica bastante joven en sus piernas. Las palabras de amor que le dedicaba su esposo, como a ella cuando se conocieron fue demasiado para Eileen.

Ella estaba tan segura de que su esposo la amaba, aún a pesar del maltrato. Pero el hombre que estaba ahí dentro era el mismo Tobías que ella conoció años atrás, el Tobías que hace años se había ido convirtiendo en el hombre violento que era ahora.

¿Cuál era el verdadero Tobías? ¿El que llegaba a golpearla solo por ser bruja? ¿O el que estaba meloso con aquella joven?

—No quería hacerte esto Eileen, pero has dejado que tu necesidad de amor opaque el amor que debería estar recibiendo tu hijo. Sabes que hay una guerra empezando y el Lord está buscando reclutas, jóvenes olvidados, con problemas, dejados de lado. ¿Eso quieres para tu hijo? —.

—Eso de ahí, debe ser un error... eso debe ser, seguro piensa que me estoy haciendo la difícil... eso debe ser... —.

Minerva no podía creer el nivel de negación de algunas personas, así que arrastro a Eileen y las apareció a ambas en la casa donde vivía con Tobías. Encendió las luces y dejo que Eileen viera lo que había sucedido con sus cosas y las de su hijo... pero no las encontró.

—¿Ves ahora lo que ha pasado o necesitas más pruebas? —.

—Nuestras cosas... no están. No están nuestras fotos, ni el baúl de ropa de Severus... ¿Qué está pasando Minerva? —.

—Puedes revisar toda tu casa, pero no encontraras nada de ustedes. Tu marido las saco un par de semanas luego de tu desaparición. Ni siquiera has sido reportada como desaparecida. El simplemente te saco de su vida, a ti y a tu hijo. ¿Acaso ves cosas de Severus? Puedes quedarte con el hombre si quieres, tú puedes negarte todo lo que quieras a ver, pero Severus no es ciego, él se dará cuenta de que su propio padre no lo ama, ¿Qué crees que pasará en un futuro? Incluso si el Lord no lo recluta en un futuro, seguramente será una persona infeliz—.

Eileen se sentía desfallecer, se negaba a creerlo, pero las pruebas estaban frente a ella, su esposo ni siquiera hizo un intento de localizarla, solo saco sus cosas y las de su hijo. Si de verdad hubiera muerto, Severus habría vuelto a su hogar solo para ser sacado de ahí. Minerva había salido de la casa y al parecer estaba esperando a Eileen.

Las lágrimas querían salir de los ojos de Eileen, pero esta vez no dejo que fluyeran. Se las secó con su mano y dejo libre su magia. La onda de magia destruyó la casa hasta sus cimientos, dejando a una asombrada Minerva y a una casi llorosa Eileen.

—Si yo no tengo casa, él tampoco la tendrá—Sonrió tristemente Eileen, Minerva le regreso la sonrisa—¿Tienes un lugar donde quedarme? Creo que debo ver donde conseguir una varita y luego buscar un trabajo—.

—Ven, Hogwarts siempre acude a los que solicitan ayuda—.

Las dos brujas se desaparecieron de ahí, rumbo al castillo donde Poppy Pomfrey arreglaba de vuelta el cuarto de cuarentena, pero ahora como una habitación para Eileen, al día siguiente llevarían a Eileen a solicitar el divorcio de Tobías y jamás en la vida volvería a ese pueblo.

Un confundido pero feliz Severus Snape recibió la noticia de que su madre había destruido la casa de la Hilandera y abandonado a su padre definitivamente, de boca de su propia madre, un par de días después. Albus no hizo muchas preguntas a Minerva sobre qué hacía en el castillo Eileen Snape, próxima a ser Prince nuevamente, Albus mismo era bastante metiche en las vidas ajenas y comprendía mejor que nadie, que a veces, uno simplemente tiene que hacer ciertas cosas, aunque eso sea algo tan... Slytherin.


Nota al margen: en Tumblr luego he visto unos headcanons y plot bunnies muy raros, pero hace semanas vi uno que pensé que era un perfecto plot bunny. Sugiere que Minerva adoptará a Severus cuando era un niño, y dije ¿Por qué no?, leí una vez una premisa de que Minerva podía haber criado a Harry y este hubiera eliminado a Voldy desde el primer año (y justa antes de la hora del té), además de tener modales impecables y eso.

Así que aquí esta este fic, va a ser eventualmente snarry. Yuri definitivamente no. Minerva solo va a ser la amiga que no puede ver como alguien se consume sin meter mano y Poppy va a ser la cómplice. Si alguien vio "Tomates Verdes Fritos", tiene la idea general de la línea del fic.

PD: si alguien se pregunta porque estoy publicando tantos fics, esta es la razón... tengo muchas ideas en la cabeza. Se que algunos ponen un archivo con futuros proyectos, pero he visto que ha mi no me funciona, así que prefiero escribir el primer capítulo y dejar que la musa (o muso, ya ni se que tengo) haga su trabajo como quiera. Me ha funcionado mejor. Así que no desesperen si ven que un fic lleva una o dos semanas (o un poco más de eso) sin publicar nuevos capítulos, quienes me siguen pueden dar fe de que yo no dejo WIPs ni fics en Hiatus indefinidos o pausados o abandonados. Escribo un fic y seguro termino ese fic.