Capitulo 1
Esta historia y personajes son de Richelle Mead, no es la primera vez que me he leído los libros y las diferentes versiones que han presentado y cada vez que los leo me pregunto como seria si los papeles cambiaran si nuestra querida Rosemarie Hathaway fuera Rosemarie Belikov y nuestro dios Dimitri Belikov fuera Dimitri Hathaway que dicen. este es mi primer fanfic me gustaría saber sus opiniones sobre este capítulo espero que lo disfruten
Punto De Vista De Dimitri
Sentí su miedo antes de escuchar sus gritos. Su pesadilla golpeó, sacándome de mis propios sueños, que habían tenido algo que ver con una playa y una chica sexi aplicándome crema bronceadora. Imágenes –suyas, no mías – se precipitaron a través de mi mente: fuego y sangre, el olor del humo, el metal retorcido de un coche.
Las imágenes me envolvieron, asfixiándome, hasta que alguna parte racional de mi cerebro me recordó que ése no era mi sueño. Me desperté, con los mechones de mi oscuro cabello, pegados en mi frente. Iván estaba acostado en su cama, retorciéndose y gritando. Salté de la mía y,
rápidamente, crucé los pocos metros que nos separaban. "Iván," dije, sacudiéndolo. "Iván, despierta"
Sus gritos disminuyeron, siendo sustituidos por suaves quejidos.
-"André," gimió el. "Oh Dios" Le ayudé a sentarse. "Iván, ya no estás allí, despierta"
Después de algún tiempo, sus ojos comenzaron a abrirse y, en la débil luz, pude ver un parpadeo de consciencia que comenzaba a despertarse. Su frenética respiración disminuyó, y él se inclinó hacia atrás, descansando su cabeza en la baranda de su cama. "Está bien" le dije con cuidado. "Está todo bien". "Tuve ese sueño" "Sí, lo sé"
Permanecimos sentados durante varios minutos, sin decir nada más. Cuando sentí que se había calmado, me incliné sobre la mesa que estaba entre nuestras camas y encendí la lámpara. Brilló débilmente, pero ninguno de nosotros necesitaba mucho para ver. Atraído por la luz, nuestro compañero felino, Oscar, se posó en la ventana abierta. Se mantuvo a una distancia segura de mí – por alguna razón, a los animales no les gustan los Dhampirs – pero saltó sobre la cama y frotó su cabeza contra ivan, ronroneando suavemente. Los animales no tenían problemas con los Moroi,
Sonriendo, el rascó su barbilla y sentí que se calmaba aún más. "¿Cuándo fue la última vez que te alimentaste?" Pregunté estudiando su rostro. Su piel estaba más pálida que de costumbre. Tenía unas enormes ojeras, y tenía un aire de debilidad. ¿hace como... dos días, ¿verdad? ¿Tres? ¿Por qué no dijiste nada?" Él se encogió intentando no mirarme a los ojos. "Estabas ocupado. No quise—" "¡A la porra con eso!" Dije, cambiando a una posición mejor. No me extrañó que pareciera tan débil. Oscar, no queriéndome más cerca, se bajó de la cama y volvió a la ventana donde podría mirarnos desde una distancia segura.
"Vamos. Hagámoslo"
"Dimitri –"
"Vamos. Te hará sentir mejor"
Haciéndome una coleta incliné la cabeza hacia atrás, dejando mi cuello al descubierto.
Lo vi vacilar, pero la vista de mi cuello y lo que éste ofrecía resultó ser demasiado tentador. Una expresión hambrienta cruzó su rostro, su boca se abrió ligeramente, exponiendo los colmillos que el mantenía ocultos al estar viviendo entre la gente. Aquellos colmillos contrastaban de una manera extraña con el resto de sus rasgos. Cuando sus dientes se acercaron a mi piel, sentí mi corazón latir aceleradamente con una mezcla de miedo y anticipación. Siempre odiaba el sentimiento que venía después, pero no había nada que pudiese hacer, era una debilidad de la que no podía librarme.
Sus colmillos me mordieron, con fuerza, y gemí en la breve explosión de dolor.
Entonces desapareció, sustituyéndose por un maravilloso y excelente placer que se extendió por mi cuerpo. Era mejor que cualquiera de las veces que me había emborrachado. Mejor que el sexo – o eso es lo que me imaginé, ya que nunca lo había hecho. Era una manta de puro y refinado placer, que me envolví y me prometía que todo iría bien en el mundo. Las sustancias químicas en su saliva provocaron una descarga de endorfina, y perdí la noción del mundo, perdí la noción de quien yo era. Entonces, lamentablemente, todo terminó. Ocurrió en menos de un minuto. Él se apartó, limpiándose la boca con el dorso de la mano mientras me observaba.
"¿Estás bien?"
"Yo... Sí." Me acosté en la cama, mareado por la pérdida de sangre. "Sólo necesito dormir un poco. Estoy bien." Sus ojos, de un color verde pálido, me miraron con preocupación. Entonces se puso de pie. "Voy a buscarte algo de comer" Mis protestas salieron tarde de mi boca, él ya se había marchado antes de decir algo. El zumbido que provocaba el mordisco disminuyó en cuanto el rompió la conexión, pero aún quedaba una pequeña presencia en mis venas y sentí que una tonta sonrisilla me cruzaba los labios. Giré la cabeza y miré a Óscar que permanecía sentado en la ventana.
"No sabes lo que te estás perdiendo" Le dije. Su atención se centraba en algo que había fuera. Estaba agazapado y erizó su pelo negro. Su cola se movía nerviosamente. Mi sonrisa se desvaneció y me obligué a levantarme. El mundo dio un giro y decidí esperar a que se pusiera derecho antes de intentar levantarme. Cuando lo logré, el mareo regresó y esta vez se negó a desaparecer. Aun así me sentí lo suficientemente bien como para dar un traspié hasta la ventana y mirar fuera junto a Óscar. Él me lanzó una mirada cautelosa, que apenas duró unos segundos, y luego volvió a centrarse en aquello que había llamado su atención.
La calle estaba oscura y tranquila. Eran las tres de la mañana, la única hora en la cual el campus universitario se tranquilizaba, al menos un poco. La casa en la que habíamos alquilado una habitación durante los últimos ocho meses estaba situada en una calle residencial junto a otras viejas casas con las que no armonizaban. Al otro lado de la carretera, una farola parpadeaba, casi a punto de apagarse, pero aún emitía suficiente luz como para dejarme ver las formas de coches y de los edificios. Podía distinguir la silueta de los árboles, arbustos de nuestro viejo patio.
Y… a una mujer mirándome.
