Seguimos pues. Por su puesto q será Rizzles, el caso contrario no tendría sentido, ya está la serie para eso.
Un poquito de drama habrá, pero solo un poquito.
Ahí os lo dejo.
CAPÍTULO 2
Maura abrió la puerta de casa, no sabía ni la hora que era, pero por el silencio que invadía Beverly Hills pudo suponer que era muy tarde. Estaba agotada, lo único que deseaba en ese momento era quitarse los tacones y echarse a dormir durante un año.
Caminó a oscuras hasta llegar a su cuarto, encendió la luz y estuvo a punto de gritar al ver a Marcus sentado en la butaca junto a la ventana. Tenía la mirada perdida, ni se había inmutado con la presencia de su mujer.
- Marcus, ¿qué haces? Se acercó a él y con suavidad colocó la mano en su barbilla y la levantó.
- No puedo, Maura. No puedo. De verdad que lo intento, pero... Y rompió a llorar.
Maura le sujeto el brazo y tiró hacia ella hasta conseguir que se pusiera de pie, dio un paso al frente y se abrazaron.
- Lo sé, Marcus, lo sé. ¿Piensas que para mí es fácil?
El hombre se separó de un modo algo brusco.
- Pues parece que sí. No lo entiendo, Maura. ¿Cómo puedes estar tan entera?Además, que fue culpa tuya, ¿cómo puedes vivir con eso?
- ¿Culpa mía? ¿Por qué eres tan injusto? La pelirroja oculto su rostro con ambas manos e intentó serenarse. Todo empeoraría si explotaba, no valdría de nada, él estaba mal.
- Porque es la verdad, fue tu culpa.
-¿Cómo puedes decirme eso? Eres muy cruel. La voz de Maura empezaba a subir de tono. ¿Crees q estoy bien? Agarró el bolso y le dio la vuelta encima de la cama, a parte de llaves, cartera, neceser y demás, cayeron varios frascos de pastillas. ¿Esto es estar bien? dijo señalando la medicación. Han pasado tres años, Marcus.
- ¿Y ese es el tiempo que has necesitado para olvidar a nuestro hijo?
En esos momentos el rostro de Maura cambió a un rojo chillón, de rabia, lo golpearía hasta cansarse.
- Nunca me olvidaré de él. Dijo entre lágrimas. ¿Lo entiendes? Jamás. ¿Crees que por ir por ahí dando pena y vergüenza significa que lo extrañas más? ¿Qué lo querías más? Estás muy equivocado. La diferencia entre tú y yo es que yo he pedido ayuda, ayuda profesional y lo voy sobrellevando, pero no estoy bien, joder... no estoy nada bien.
Marcus en ese momento se quedó sin palabras.
- Quiero que te marches.
- ¡Claro que me voy! ¡No te soporto más, doña perfecta!
Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta.
- Una última cosa, Maura. ¿Alguna vez has estado enamorado de mí? O mejor aún, ¿alguna vez te has enamorado de alguién?
No hubo respuesta.
Jane llevaba más de una hora despierta, estaba lista para salir. Casey estaba atendiendo una llamada y en cuanto colgó se dirigió hacia ella.
- Cariño, no lo he podido evitar. En media hora tengo una videoconferencia. Sé que prometimos hacer un paréntesis y dejar el trabajo fuera de aquí, pero...
Jane no le dejó terminar.
- No te preocupes, voy a hacer unas compras. Luego me llamas. Le dió un beso en la mejilla y salió.
Jane quería mucho a Casey, pero se había acostumbrado a vivir sin él, necesitaba sus momentos de soledad. A pesar de que ella no lo quería reconocer, en ciertos momentos, le estorbaba. Alguna ocasión en la que le ampliaban el permiso y podían pasar algún día más juntos, Jane no sentía alegría precisamente.
Se acercó hasta el centro, hizo algunas compras, regalos para familia y amigos y un par de vestidos para la playa.
Después de una hora, Casey aún no había llamado, así que continuó el paseo, sin rumbo. Cuando se quiso dar cuenta, estaba plantada delante de la comisaría de policía.
Allí estaba, mirando hacia la puerta. Como en una visión apareció el recuerdo de aquella mujer.
- ¿Qué demonios?
Giro sobre sus talones, para salir de allí, con tal impulso que no se percartó de que venía alguien, y ese alguien traía un café en la mano.
El choque fue tal, que el vaso de café se aplastó totalmente y todo el líquido cayó sobre su portadora y algo por el brazo de Jane.
- ¡Por Dios! Hay que andar con más cui... Eres tú, dijo en un susurro.
La morena, que estaba recogiendo las bolsas que le habían caído, levantó la vista. Se quedó petrificada. Maura extendió la mano y sonrió. Pero Jane no era capaz ni de articular palabra. Solo pudo darle la mano a la pelirroja. Así en silencio se quedaron, mirándose y estrechándo sus manos, cada vez más lentamente.
- Me llamo Maura Isles.
Pero Jane seguía sin habla. Hizo el intento de emitir algún sonido.
- Am... yo... um.
Maura rió. - Es un placer volver a verte, chica desconocida.
