Chapter 2 El otro lado de la moneda
"Obligada a Amar"
La obra Crepúsculo le pertenece a Meyer.
Hola, bienvenidas.
Espero que les guste.
Capitulo beteado por :
Zaida Gutiérrez Verdad Betas FFAD www. Facebook groups / betasffaddiction
EL OTRO LADO DE LA MONEDA
—Edward Cullen: ¿Aceptas como esposa a Isabella Swan para amarla, respetarla y venerarla por el resto de tu vida? —preguntó el sacerdote.
Lo miré con súplica, esto no era lo que yo quería y tenía fe en que reaccionara y dijera No acepto, que me dejara libre y no me atara a él por obligación.
—Acepto —dijo con una sonrisa.
Esas palabras fueron suficientes para saber que él no se detendría pero yo me encargaría de hacer su vida miserable.
—Y tu Isabella Swan: ¿Aceptas como esposo a Edward Cullen para amarlo, respetarlo y venerarlo por el resto de tu vida?
Me quedé en blanco, una parte de mí me decía que gritara a los cuatro vientos que este hombre me estaba obligando a casarme con él, que yo no lo amaba ni lo haría nunca, sólo causaba en mí repulsión, asco y odio... Un profundo odio que se ganó a pulso.
—¿Isabella? —repitió el sacerdote, Edward me lanzó una mirada de advertencia y apretó mi mano.
Sabía que ninguna súplica lo haría detenerse, dejé escapar un par de lágrimas y me armé de valor.
—Acepto —dije agachando mi rostro enrojecido por la rabia que sentía en ese momento.
—Por el poder de la Santa Iglesia los declaro marido y mujer, puede besar a la novia
Se acercó a mí y lo vi con asco y odio pero no le importó.
—Más te vale fingir que eres feliz si no quieres que tu papito pague las consecuencias —dijo atrayéndome a él y aplastando sus labios contra los míos.
—Te odio Edward Cullen —dije cerrando los ojos y esperando que dejara de besarme.
No tenía ganas de resistirme a aquel beso fiero, ya no tenía sentido, por su parte fue un beso demandante pero por la mía solo le dejé saber que ante los demás le pertenecía pero entre ambos jamás.
Sería solamente un títere…. Una muñeca sin vida.
~Un Año Atrás~
Mis mejores amigas y yo habíamos decidido ir a un bar para festejar mi cumpleaños número 18 y también mi despedida ya que Edgard y yo nos iríamos juntos a la universidad, allí nos casaríamos y tendríamos una gran familia feliz.
Extrañaría mucho a Ángela y Jessica, las conozco desde siempre, son las mejores personas del mundo y más que mis amigas son mis hermanas, con unas cuantas lágrimas derramadas y palabras dulces nos despedimos prometiendo escribirnos diario. Salí del bar esperando encontrarme otra vez con Edward, él era socio de mi padre, era guapo y adinerado pero era un anciano. La primera vez que lo vi su belleza me impactó, era un adonis pero era socio de mi padre.
Estábamos Festejando la unión de la empresa de Charlie con la de él y por ello estábamos agradecidos, aún no lo conocía, estaba con mi hermano platicando en mi habitación cuando mi padre nos pidió que bajáramos porque él había llegado.
Con un vestido negro ceñido al cuerpo bajé las escaleras del brazo de Seth, me acerque a papá y le dije que se veía hermoso, luego me perdí en la multitud antes de ir al jardín para ver las rosas, vi a un hombre de cabellos cobrizos venir hacia mí y unas cuántas mujeres susurraron "Edward Cullen".
Lo vi esconderse detrás de unos arbustos pero lo ignoré y seguí mirando la hermosura de la noche, deseaba estar con Edgard pero no pudo asistir ya que su madre enfermó.
Me giré para ver si seguía ahí oculto pero ya no estaba, mi hermano me dijo que durante toda la fiesta Edward Cullen no dejaba de mirarme, eso me emocionó pero luego supe que tenía 29 años. Además quise golpearme, yo tenía novio y por supuesto le conté a Edgard que Edward me había llamado la atención pero no se molestó, más bien me comprendió y me dijo que me amaba.
Lo vi justo antes de cruzar la calle, así que me volteé y me metí en un callejón, tardó un poco pero igual venía detrás de mí, cuando estuvo más cerca me escondí en una pequeña pared saliente a esperar que apareciera, tomé el atomizador de pimienta y cuando lo vi me tiré sobre él haciendo que ambos cayésemos. Trató de empujarme un poco pero sólo me aferré más a él, me fijé en que quería golpearme hasta que se dio cuenta que era yo, estaba asustada por su mirada penetrante y furiosa por lo que le apunte con el atomizador.
—¿Quieres hacer el maldito favor de dejar de seguirme? —le grité mirándolo fijamente pero no respondió y seguía observándome—¡Já!, ok ¿me sigues y ahora eres mudo? —dije exasperada poniéndome dé pie y temerosa me pegué a la sucia pared, sin bajar el atomizador.
—Yo... Yo me llamo, Yo soy... Edward... Edward Cullen—dijo tartamudeando. Se levantó y ofreció su mano, a lo que sólo respondí alzando mi ceja, cuando se dio cuenta de que no la estrecharía la bajó y se la frotó en la solapa de su traje.
—A ver Edward Cullen dime ¿qué demonios quieres? —pregunté.
—Sólo... Sólo yo, quería preguntarte si... Si Te gusta Forks —¿eso era todo? Dese hace varios meses ha estado siguiéndome ¿sólo para eso?
—No, no me gusta Forks. No me gusta lo frío, lo verde ni lo húmedo ¿ok? —dije incrédula —¿algo más?
—Eh... Sí yo… ¿te gustaría ir a tomar un café conmigo? —preguntó
—Lo siento cariño pero no saldría con alguien que me ha estado siguiendo por varios meses, además tengo planes. MI NOVIO y yo vamos a salir; Ya sabes novio, mi pareja, con quien tengo sexo todos los días —dije burlona.
Salí de ese callejón corriendo y lanzando unas cuantas carcajadas, ni Edgard ni nadie me habían tocado íntimamente, soy de las que creen en el matrimonio. Unos cuantos meses después Edgard me llamó y me dijo que le habían quitado la beca de Harvard, le supliqué a mi padre que hiciera algo, pero estábamos pasando por una crisis económica.
Le dije a Edgard que no importaba, que iríamos a una universidad cualquiera pero juntos. Ambos estábamos más que felices, teníamos una cita en Port Ángeles, quedamos en encontrarnos allí, ya que sus amigos le habían hecho una reunión a manera de despedida.
Una hora después me llamaron del hospital para decirme que su auto había chocado y él había muerto, desde ese maldito día mi vida terminó, Edgard era todo lo que yo quería y amaba, pero se fue. Pasé mucho tiempo con depresión, mi familia estuvo a mi lado apoyándome y Seth me dijo que debía seguir estudiando porque era lo que a él le gustaría.
Sabía que tenía razón así que mis padres me organizaron una cena por mi despedida, mi madre y yo estábamos acabando de hacer las maletas cuando oímos que mi padre llamó.
—Ve mi vida, yo termino de arreglar tu equipaje —me dijo así que bajé las escaleras corriendo y me lancé a los brazos de mi papá.
—¡Papi! —grité riendo mientras Charlie me hacía girar por los aires como cuando era niña.
—Hola mi amor —dijo separándonos y entregándome una caja de terciopelo negro.
—Gracias papi es… ¿Qué hace él aquí? —dije apenas me fije que Edward estaba allí.
—Hija él es…—decía Charlie pero lo interrumpí de manera abrupta.
—Yo sé quién es, Charlie, pero ¿qué hace aquí? —cuestioné
—Es mi socio Bella y vino...
—Hola pequeña, lamento haberte asustado —dijo tomando mi mano y besándome la mejilla —. Compórtate —susurró en mi oído por lo que me separé ceñuda de él y me metí en la cocina. ¿Quién se creía para darme órdenes?
Para calmarme tomé un vaso con agua y me lo iba a beber.
—Hola —susurró esa maldita voz haciéndome sobresaltar
—Mierda —grité asustada y molesta, quería meterle un buen puñetazo pero éste no dejó que me moviera, sólo pude hacerlo un poco y luego sentí algo duro en mi espalda y un gemido por su parte.
—¡Pervertido! ¡Suélteme! —grité tratando de zafarme pero sólo hacía que eso rozara más mi espalda
—Hey fierecilla, tranquila —me dijo volteándome. —Sabes, sería una gran pena que tu papito perdiera su empresa. ¿No crees? —preguntó acariciando mi mejilla, me estremecí de miedo.
—¿Qué? —Le pregunté perpleja.
—Ya sabes que su empresa está pasando por un mal momento y sería una lástima que yo no aportara nada para salvarla, imagínate el dolor que eso le causaría al pobre... Pobre Charlie —dijo tomando un mechón de mi cabello.
Me quedé quieta analizando su amenaza, pero con brusquedad me solté y salí de ahí.
—Si no inviertes tú, alguien más lo hará —le avisé.
—¿De verdad crees que alguien invertirá en una empresa que está prácticamente en la quiebra? —preguntó haciendo que me detuviera justo en el marco de la puerta.
—¿Qué es lo que quieres? —pregunté volteándome.
—Simple, te quiero a ti —dijo como si nada.
—¿Qué? —pregunté incrédula.
—Lo que oíste, si quieres que invierta con tu padre debes estar conmigo —me explicó como si fuera algo simple y fácil de entender.
—¡No soy una puta! —grité furiosa.
—Nadie ha dicho que lo fueras —espetó calmado.
—No voy a acostarme contigo, ni hoy ni nunca —le advertí, jamás dejaría que él me tocase.
—La verdad Isabella, no es que quiera acostarme contigo, te quiero a ti…
—Hija, eh... Ah ¡Hola Edward! —dijo mamá entrando a la cocina y lo saludó con un beso en la mejilla —. Cariño ¿qué tienes?, estás pálida —me preguntó tocándome la frente, él me miró con advertencia así que agaché la cabeza.
—Estoy bien mami, sólo... Debe ser que los extrañaré mucho cuando vaya a la universidad.
—¡Ay cariño! No te preocupes, nos comunicaremos siempre princesa
—¡Señora!— gritó la empleada de la casa—. ¡Señora! ¡Venga pronto!
Los tres salimos deprisa de la cocina al oír los gritos de Sue, pero lo más sorpresivo fue ver a papá agarrándose el pecho y tirado en el suelo.
—Llamen a una ambulancia —dijo Edward siendo el primero en reaccionar y correr hacia Charlie —¡ahora! Espacio —Le gritó a la empleada.
—Papá —grité llorando mientras trataba de abrazarlo—.No me dejes tú también —susurré en su oído mientras besaba todo su rostro.
Nos encontrábamos en el hospital, esperando recibir noticas de la salud de mi padre, mamá estaba dormida y yo sollozaba en silencio en una de las bancas de espera.
—¿Sabes que fue lo que le causó a Charlie el pre-infarto? —me susurró al oído Edward haciéndome sobresaltar.
—Déjame en paz —le ordené.
—Lo que le causó un pre-infarto a Charlie fue saber que su empresa está más hundida de lo que él pensaba. Es una lástima que la vaya a perder, eso sí lo mataría —dijo con malicia. Me estremecí del miedo pensando que algo le pasara a mi padre.
—No... Edward no, por favor no puedes, eres su amigo —rogué volviendo a llorar.
—¿Familiares del paciente Charlie Swan? —Intervino el doctor.
—Somos nosotros —avisé poniéndome de pie —soy su hija. —Debo informarle que el señor Swan está fuera de peligro pero habrá que mantenerlo aún en observación, mañana ya podrá llevárselo, y también deben tratar de no sobrecargarlo de noticias fuertes o desagradables ya que esta vez tuvo suerte de vivir y no puedo asegurarle que si volviese a ocurrir su padre lo soportaría.
Luna de Miel
Después de la "fiesta" de matrimonio que Edward había organizado junto con mis amigas, quienes creían que estaba locamente enamorada de éste despreciable hombre me la pasé llorando y maldiciéndolo, a tal grado que sólo recuerdo haber subido al avión y de ahí supongo que me dormí.
—Ya llegamos amor —dijo moviendo mi hombro para despertarme.
—Bella —susurró posando sus asquerosos labios en los míos.
—Déjame —le grité apartándome de él. Me levanté y salimos del avión.
Me obligó a subir a una estúpida lancha y en un intento de provocar su rabia le dije
—Ojalá esta mierda explotara y nos matara a ambos.
—Si eso pasara yo buscaría la forma de salvarte mi amor —contestó como si nada, y luego sentí su palma agarrarme una nalga por lo que me sobresalté furiosa.
—No finjas como si fuésemos una pareja feliz porque no lo somos y lo sabes —le grité furiosa mientras me sentaba. Llegamos a una isla muy hermosa, era enorme, me dijo que se llamaba isla Esme y era un regalo de Carlisle, su padre hacia Esme, su madre. Cuando entramos a la enorme y única casa que había en toda la isla, me pidió que habláramos, me dijo que me amaba más que nada en el mundo y que olvidáramos el pasado y construyéramos nuestro futuro, me besó de una forma extraña como si quisiera poseerme, se aferraba a mí como si temiese que fuese a desaparecer
—¡Suéltame! —grité cuando me cargó y bruscamente me colocó en el colchón mientras besaba mi cuello —Edward ya basta —grité poniendo mis manos en forma de puño en su pecho pero no le importó, me tomó de una forma ruda y violenta, por más que le supliqué que me soltara y que no lo hiciera, él no me hizo caso y me hizo suya.
Lo hizo varias veces, cuando acababa gritaba que me amaba, pero después de su segundo orgasmo dejé de gritarle que me soltara porque era más que obvio que no lo haría.
Dos meses después
Nuestra "relación" iba de mal en peor, me encantaba provocarlo para que me golpeara, me insultara o gritara.
Disfrutaba cada vez que veía su rostro con un gesto de dolor al oír que lo odiaba y que jamás llegaría a amarlo, aunque el tratara de ser atento y tierno yo siempre lo ignoraba. Por las noches siempre iba a mi habitación —ya que nunca dejé que me volviese a tocar desde que regresamos de la "luna de miel" — y lloraba mientras me acariciaba el rostro o besaba mi cabello y repetía mil "perdóname" o cientos de "te amo".
Pero jamás le perdonaría que me forzara a tener relaciones con él, toda mujer merece una primera vez hermosa y feliz, pero él hizo que perdiera mi virginidad de la forma más desastrosa y asquerosa.
Cuando entró en mí por primera vez no pude evitar gritar y llorar, sentía como si me hubiese partido en dos, me besó el rostro pero yo intenté quitarlo de encima de mí y le dije que lo odiaba, eso lo enfureció y embestía cada vez más fuerte.
Desde hace varias semanas había estado con náuseas y mareos, por lo que me vi obligada a ir a una farmacia en donde compré más de cinco pruebas de embarazo y todas salieron positivas, por lo que decidí que era hora de poner punto final a este infierno de matrimonio.
Llamé a Alec Vulturi para que preparara la demanda de divorcio, no tardó mucho en dármela, así que cuando Edward se fue a la oficina yo ya tenía mis maletas hechas, tomé los papeles y se los dejé en su habitación, luego pedí un taxi y le dije que me llevara a Phoenix con mi padre quien estaba dirigiendo la empresa desde allí junto con toda mi familia.
Las primeras horas fueron desastrosas, nuestra clausula lo decía muy claro Quien inicie la demanda… se quedará sin nada.
—Bella, ¿qué tienes? —pregunto Seth entrando a mi habitación y viéndome llorar.
Le platiqué todo lo que Edward me había hecho, el me abrazó y juró que tomaría venganza pero le supliqué que no lo hiciera por mi bebé, mayor fue mi sorpresa al ver a mi madre y padre en el marco de la puerta sollozando.
Esa fue la última vez que Charles Swan fue visto con vida, yo provoqué que tuviera un infarto.
Me culpé por ello.
Un día llegaron los papeles de divorcio, Emmet me los envió, me sentí aliviada cuando me dijo que Edward había firmado sin tener ningún problema, cuando ambos nos reunimos para firmar los papeles del divorcio le dije que estaba embarazada, su rostro se llenó de lágrimas y me suplicó que lo intentáramos de nuevo dijo que me amaba, me ofreció las empresas, autos, casas... Dinero, pero le dije que no.
Mi corazón se llenó de odio.
Edward Cullen había sido el culpable de todas mis desgracias y juré vengarme por ello pero para conseguirlo debía tenerlo nuevamente en la palma de mi mano, hace ya cuatro años que nos divorciamos y jamás le he dejado saber de mi paradero, Emmet mi ex cuñado era el encargado de llevar a mi hijo a ver al idiota de Edward.
Siempre me decía que él estaba destrozado y que le diera una oportunidad, él era el único que sabía lo que Edward hizo conmigo.
Pero hoy era el día de mi venganza.
Mi hijo y yo viajamos a Forks y después de rogarle a la secretaria de Edward entré en su oficina.
Senté a Anthony en el sillón de cuero negro y lo volteé de modo que él no lo viera cuando entrara.
Le di el dibujo que hizo hace un tiempo pero que le prohibí que le diera y hoy le entregaría. Me escondí detrás de una pared.
Él no tardó mucho en aparecer.
Lo vi de espaldas, estaba más delgado y su cabello ya no era tan abultado como antes, tenía los hombros bajos y caminaba como un zombi.
—Anthony —gritó al descubrir a mi hijo sentado en su sofá, se arrodilló y lo abrazó —hijo, estás enorme —gritó besando su rostro.
—Hola papito... Mia te taje un egalo, lo hice yo mimo—dijo extendiéndole el dibujo.
—Feliz Cupleaños —le dijo mi pequeño dándole un beso en la mejilla.
—Gracias mi amor, te he echado mucho de menos —respondió y supe que era el momento de mi venganza.
—Yo también papi —dijo abrazándolo.
—¿Y a mí nadie me ha echado de menos? —pregunté saliendo de mi escondite y fingiendo estar emocionada.
—Bella —gritó antes de darme un asfixiante abrazo, besó mi rostro con devoción y pequeñas lágrimas salían de sus ojos.
—Hey, cuidado que me quiebras —dije tragándome el nudo que tenía en la garganta y sonriendo —Feliz Cumpleaños Ed —le entregué una bolsita la cual abrió y vio los dos portarretratos, uno contenía la fotografía de él y de Anthony y la otra era del día de nuestra boda.
—Gracias —dijo dándome un beso.
Traté de no hacer ningún gesto de asco pero al ver la mirada de mi hijo quién estaba más que feliz y aplaudiendo no puede evitar sonrojarme.
—Lo... lo siento Bella yo... —tartamudeó.
—Cállate Cullen, ven acá —dije besándolo nuevamente.
Y así fue cómo años después conseguí quitarle la empresa, los autos y varias casas que él poseía.
Es así como Cullen Corp. pasó a ser propiedad de los Swan y es así como Edward Cullen ahora no es más que un recuerdo.
¿QUE LES PARECIÓ ESTE BPV?
¿REVIEWS?
