Compromiso por acuerdo
El fuego se extendía peligrosamente a medida que se prolongaba el combate, todo se había complicado de sobremanera y se le estaba escapando se las manos el control de la situación, si es que en algún momento lo tuvo. Hasta hacía unos minutos estaba segura de que ganaba con la abrasadora ventaja de su gran fuerza de levantamiento, sin embargo, ya estaba sin municiones, de alguna manera inmovilizada de la mitad derecha de su cuerpo, aturdida y cansada. El humo le impedía una visión clara aún considerando que ya estaba sacando los límites que conocía de sus poderes sobrehumanos.
Divisó la silueta del vampiro que le hacía frente desde su posición, se acercaba lentamente mostrando su puntiaguda sonrisa afilada y el destello desquiciado de sus ojos rojos, escuchó cómo cortaba cartucho con su arma, apenas pudiendo moverse para evadir el tiro; la bala rozó su pierna izquierda haciéndole caer de costado casi sin tiempo para poner las manos al frente. Intentó levantarse pero recién estaba de pie, cayó de bruces rodando por las escaleras que le quedaban cerca. Nuevamente quiso parase pero la pierna herida no le respondía, no podía creerlo, ni siquiera era una herida de impacto propiamente pues apenas la había tocado, su confusión aumentó, estaba perdiendo y no tenía ni idea de porqué.
Nuevamente aquel extraño se acercó. Con la pierna que aún tenía bien tomó impulso y saltó de nuevo a la planta alta donde estaba su Harkonnen, sin propósito real en ello ya que no le quedaban municiones y dudaba que alguien acudiera en su auxilio, lo que fuera a hacer debía hacerlo a la brevedad o la inmortalidad que le había ofrecido su maestro aquella noche ya tan lejana sería solo una buena broma. Más a rastras que de otra manera, se internó en el laberinto de habitaciones obligándose a pensar en algo, trataba de enfocarse y sacar el poder que en su primera batalla con transformación completada logró, pero estaba demasiado aturdida, tanto como no lo había estado nunca y quizás solo se podía comparar con el encuentro frente a la primera teniente Zorin Blitz; sentirse tan pequeña, tan sumisa e impotente…
Entró en una habitación que aún no estaba del todo consumida por las llamas sentándose en la orilla de la cama, tratando ridículamente de respirar cuando ya sabía perfectamente que no lo necesitaba ni le serviría para nada. Sus conocimientos sobre armas se limitaban a la capacitación que le habían dado cuando entró al cuerpo de policía y algunas cosas que había pillado de Walter.
El problema era especialmente porque aunque ya tenía bastante experiencia tirando con el cañón, realmente nunca había tenido que limpiarlo ni mucho menos repararle cuando se encasquillaba, pero sabía perfectamente que cada disparo dejaba un rastro de fulminato en el conducto, uno muy pequeño y sabía además, que el fulminato usado en Hellsing era sagrado en el más estricto sentido de la palabra, así que, con ese pequeño rastro en el punto indicado, debería tener una oportunidad con ese vampiro. Desarmó el Harkonnen, tomó únicamente la parte donde se encajaba el cañón que, para fortuna suya, no había sido limpiado desde que el anterior mayordomo había desertado. Escuchó cómo se acercaba el vampiro, solo había una oportunidad teniendo la ventaja de que él había cometido el error de ya dar por ganada la batalla, la perilla giró y entró calmado con el infierno ardiendo a su espalda. Aún con la pierna y el brazo inutilizados, Victoria se lanzó de frente con un potente impulso evadiendo los disparos como pudo, le alcanzó y clavó la pieza metálica en el pecho del vampiro para luego arrojarlo de lleno a otra habitación, completamente abrasada por las llamas, no esperó nada, tomó el arma de su atacante arrancándosela literalmente de las manos y con ella le disparó en el corazón alternando de momento con la cabeza, se detuvo justo antes de llegar a la última bala… debía llevarla a la mansión, no se trataban de simple metales consagrados, ella soportaba eso desde antes de completar su transformación, haber sobrevivido a las bayonetas del paladín Anderson era más que prueba de ello. Sin embargo, esa arma con un solo roce la había inmovilizado… no era normal, si Millennium estaba armándose con eso, fuera lo que fuera, quizás su maestro también tendría problemas.
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El auto con las insignias de Hellsing retornaba de la reunión, se detuvo frente a la mansión, la heredera bajó sin esperar a que Jerime le abriera la puerta, pero apenas quería cruzar el patio de acceso varios soldados de los Wild Geese equipados con el armamento pesado pasaron a su lado directo a abordar una camioneta de asalto. Uno de ellos se disculpó diciendo que su jefa los necesitaba con urgencia. Integra abrió los ojos sin disimular su sorpresa, ¿Victoria en problemas? Eso le resultaba imposible considerando su nueva situación como verdadero vampiro y la actitud valerosa que recientemente había remplazado a la inseguridad con la que llegó ¿Tan mal estaban ya las cosas? La camioneta arrancó y pisando fondo al acelerador salió del terreno de la casa.
— ¿Sir Integra? — preguntó Jerime para captar la atención de la mujer, ella recobró su estado neutral al momento, cerró los ojos levantando el rostro hacia la luna, trataba de llamar a Alucard no podía ubicarlo desde hacía un tiempo. Pero, aunque esto le irritaba, ella misma le había encomendado la tarea por la que se había ausentado… nuevamente sin respuesta, frunció el ceño e indico al mayordomo que la siguiera al interior.
Ya se había cambiado de ropa, volvía a usar el uniforme militar y retornaba a su rutina en medio de la infinidad de papeles con reportes de todos tipos frente al monitor que seguía descargando información de contactos especializados, con un cigarro encendido que empezaba a llenar la habitación de humo arranciando el aire entre los labios y un vaso de brandy en la mano izquierda. Pero por más que quería no podía concentrarse realmente, los mercenarios habían partido hacía ya varias horas y no tenía gente para enviar a constatar lo que fuera que había sucedido, maldijo por lo bajo solo de escuchar los estruendos metálicos de los dirigibles surcando el cielo, la puerta del infierno se había abierto frente a sus narices y poco podía hacer al respecto. Un toque en la puerta llamó su atención, de inmediato permitió el paso, se trataba de Jerime, el hombre se mostraba preocupado y el hecho de que le dijera que debía ver a Seras urgentemente no tranquilizaba sus nervios.
Bajó de inmediato al sótano, fue a la habitación de la vampiresa y entró sin llamar, dos de los soldados que habían ido a buscarla se encontraban como custodios uno a cada lado del féretro dentro del cual se hallaba Victoria con los ojos apenas abiertos, los labios secos como si no se hubiera alimentado en días. Jerime le entregó el arma que la chica había traído.
—Dice que esto fue lo que la hirió. — comentó. Integra la tomo y examinó, a primera vista no tenía nada de especial, se acercó al ataúd y buscó las heridas.
—Apenas me tocaron… tienen algo especial…— dijo Victoria con mucha dificultad.
Integra se levantó sin decir nada, aún con la semiautomática fuertemente aprisionada en mano y salió ordenándole al nuevo mayordomo que la contactara con el Duque Quatermain en calidad de urgencia. Odiaba tener que depender de la ayuda de alguien, pero sus posibilidades reales de conseguir algo por sus propios y reducidos medios eran bastantes ridículas si las meditaba en serio, eso como buen líder, tenía que reconocerlo.
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El amanecer se acercaba, el frío de la madrugada corroboraba la transición que la luna hacía al sol. Frente a la chimenea de una casona lejana a la mansión Hellsing, se encontraba sentado en un viejo sillón rojo con molduras de madera en el acabado del respaldo y coderas, un hombre ya entrado en los cuarenta años de la vida, cabello corto en la parte baja, ligeramente largo hacia el fleco cuyas las canas ya pintaban bastante dejando solo una ligeras señales que insinuaban que alguna vez fue castaño claro. Las facciones endurecidas por los años, pero sin revelar desgaste que insinuara mala vida, se tensaban con una respiración pesada inducida por la lectura de los reportes de daños en menos de cuarentaiocho horas, el compendio de hojas lo sostenía en la mano derecha mientras que la izquierda servía de sostén para su mentón. Las cosas no pintaban nada bien, y al demonio con el secreto de los no vivos, esconder el asunto a los civiles era ya insultar su inteligencia.
La puerta a sus espaldas se abrió, por ella entró una sirvienta y dando una disculpa por la intromisión avisó de una llamada urgente tomada en el despacho. El hombre se levantó dejando relucir su notable estatura y porte, depuso el expediente sobre el sillón y salió a paso apresurado sin correr propiamente. Alcanzó la puerta de la habitación indicada en un par de zancadas, entró pidiendo a la mujer que se retirara, tomó el auricular e indico que ya estaba al habla.
—Sir Integra desea hablar con usted, lo comunico con ella. — dijeron del otro lado, casi al momento pudo percibir la tensión, algo no andaba bien.
—Duque Quatermain, uno de mis agentes ha sido herido. Por la naturaleza del herido no debería representar ningún problema, sin embargo, los efectos han sido devastadores para su salud. Como sabrá, la condición de la institución Hellsing es crítica y no tenemos los recursos ni el personal para investigar sobre esta potencial amenaza, así que, debido a nuestra situación, me tomo el atrevimiento de pedirle, analice el arma para despejar dudas sobre sus verdaderas capacidades. De cualquier forma, los resultados serían benéficos para ambos.
—Buenas noches, Sir Integra, no tengo ningún inconveniente en hacer lo que me pide, después de todo, esa precisamente es una de las ventajas que ofrece nuestro acuerdo, enviaré inmediatamente a uno de mis hombres a recogerla.
—Le agradezco, espero no tarde, la situación de mi agente se complica.
—A propósito de eso, enviaré también un médico especialista para que le revise, Hellsing no está en posición de seguir perdiendo hombres.
—No es necesario Duque Quatermain, un médico no puede ocuparse del asunto.
— ¡Oh! Entiendo, se trata de uno de sus vampiros… en ese caso tendremos que darnos prisa, si Millennium a descubierto como deshacerse de verdaderos Nosferatu, su carta maestra perderá eficacia.
—Comprendo perfectamente. — objetó la mujer tajantemente al señalársele lo obvio; —Por eso solicito su ayuda y la agradezco de antemano… estaremos en contacto.
—Así será, solo una cosa…
—Diga.
—Como usted misma dijo, "en vista de nuestra situación", considero más apropiado que solo se refiera a mí por mi nombre de pila.
Integra cortó la llamada con una clara intención de no traer el tema del compromiso a conversación, el Duque devolvió el aparato a su lugar y suspiró con resignación, vivir con esa mujer iba a ser difícil. Tomó de nuevo el teléfono e hizo una rápida marcación, respondió un chico más dormido que despierto:
—Departamento de balística sección cuatro, Kenny Johan al habla.
—Manda a Chris a la mansión Hellsing, que espere a un miembro del equipo médico en la puerta de la estación dos, en diez minutos.
— ¡Duque! Sí, yo lo contacto, sí señor, yo lo hago, yo…
—Kenny, cállate y escucha.
—Sí señor.
—Va a recoger un arma, dile que es necesario que analice todo lo referente a su composición y funcionamiento, y quiero los resultados tan pronto como pueda.
Esta vez fue él quien colgó, volvió a marcar otro número.
—Coordinación de equipo médico, Dorothy Carter al habla.
—Manda a Harrington a la estación dos, situación ocho "B" rojo.
—Va para allá, señor.
Nuevamente colgó, marcó un tercer número.
—Estación de aparcamiento de unidades terrestres dos, William Hayes al habla.
—Prepara una unidad blindada, parten en diez minutos dos oficiales, de balística y atención médica, su destino es la mansión Hellsing, balística solo recoge un paquete, el médico se queda hasta nuevo aviso.
—Entendido.
Terminó la llamada dirigiendo la vista a la ventana, el sol ya rayaba el cielo, el día apenas comenzaba, y valla forma de hacerlo.
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