Ya volví! La verdad es que tenía este capítulo a medio armar así que salió sencillo.
Gracias por los reviews, los favs y follows. Espero que les guste este segundo capítulo.
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Los fines de semana, Mikasa usualmente saldría a almorzar con sus padres, por la tarde vería a Eren y Armin, irían al cine o a tomar helado. El domingo estudiaría lo de la semana por la mañana, almorzarían en casa de sus abuelos y pasarían la tarde con ellos, tocaría el piano con su abuela y su abuelo alabaría su interpretación. Por la noche revisaría nuevamente sus apuntes, prepararía su bolso y ropa para el día siguiente.
Pero este fin de semana no estaban ni Eren ni Armin. Decidió hacer una tarde de series, vería la última temporada de Once Upon a Time. Quizás eso la ayudaría a distraerse de sus pensamientos autodestructivos de solo imaginar qué estaría haciendo Eren en compañía de Annie, Berthold y Reiner, sus amigotes.
Del otro lado de la calle, en el límite del acomodado suburbio residían los Ackerman, Jean Kirstein salía a trabajar siendo las 8.30 de la mañana del sábado. Siendo hijo de una madre viuda con un trabajo que rentaba poco, no tenía más opción.
Luego de recoger el desastre de la semana, tirar la ropa sucia a la lavadora junto con la ropa de cama, lavar los platos de toda la semana y terminar de limpiar el baño, salió del pequeño apartamento que arrendaba.
El café en el que trabajaba solo quedaba a unos veinte minutos caminando, por lo que prefería hacer el trayecto a pie y ahorrar la gasolina para ir a clases. Además aprovecharía de fumar un cigarrillo, algo que no podía hacer hasta que terminara su turno a eso de las cuatro de la tarde.
Luego de estar encerrado en la cocina lavando platos y trapeando el piso, podría dedicarle el resto de la tarde a sus estudios. Quizás más tarde vería a Connie, Marco y Franz, generalmente en el apartamento de Connie, el que compartía con Sasha aprovechando que ella no estaría en la ciudad. Fumarían un par de porros en la pipa, jugarían video juegos y se reirían de cosas idiotas. Franz cocinaría esos horribles fideos para el bajón y se quedarían a dormir en los sillones. Seguramente Marco llevaría su guitarra y terminarían cantando canciones de iglesia, que era lo que solían hacer cuando ya estuvieran bien borrados.
El domingo tendría turno de tarde entrando a las 4 hasta la medianoche. Sacaría la ropa de las cuerdas y la dejaría sobre un sillón, donde estaría el resto de la semana.
Dos vidas diferentes, dos historias distintas. Una chica que parecía tener una vida perfecta y un muchacho que parecía echar a perder lo poco que tenía.
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Eran las ocho de la noche del día domingo y Mikasa regresaba de casa de sus abuelos. Había sido una tarde usual y agradable, eso hasta que su móvil recibió un mensaje de whatsapp.
Armin: Mikasa
Armin: Eren tuvo un accidente esquiando
Armin: Pero está bien, no perdió el conocimiento ni nada.
Armin: Está en la Clínica María
Mikasa ni siquiera pensó en responder, solo bajó acelerada las escaleras y pidió a su madre que le prestara el auto. Maika, preocupada por el evidente estado descompuesto y ansioso de su hija frente a la noticia, decidió llevarla ella misma.
-¿Tenías que ir a esquiar? -preguntó Mikasa tratando de contener su molestia, y a la vez preocupada por lo mucho que Eren siempre se exponía en diversas situaciones -Pudo pasarte algo grave.
Eren le sonrió inocente desde la cama y Mikasa soltó un bufido.
La enfermera que terminaba de revisar los signos del muchacho se retiró en completa discreción, cerrando la puerta de habitación del hospital. Mikasa tomó asiento finalmente junto a la cama en la que su amigo descansaba con la pierna derecha en alto. Un par de magullones en su cara, seguramente por el azote contra alguna piedra cuando perdió el control de su bajada por la pista de alta complejidad.
-Esquío desde los diez y es la primera vez que me ocurre algo en todo este tiempo -exclamó Eren indicando a su pierna en alto -El doctor dice que luego de la cirugía…
-¿¡Cirugía!? -exclamó Mikasa.
Mikasa siempre era algo escandalosa cuando se trataba de su seguridad. Era parte intrínseca de ella, tal como su timidez y su perfeccionismo.
Desde que había conocido a Mikasa, luego que su familia se trasladara desde Japón, que ella se le había aferrado con intensidad. Quizás fue su timidez o su miedo a enfrentarse a un país, idioma y personas nuevas, lo que hizo que Mikasa se volcara a Eren, quien le brindó su apoyo y amistad desde el primer momento.
Mikasa se convirtió en una figura constante en su vida, una especie de hermana mayor en cuanto a su preocupación por él, pero a veces era demasiado intensa para el gusto de Eren.
-¿Quieres calmarte? Dentro de seis meses estaré como nuevo y de regreso a las pistas -dijo despreocupado, al ver el rostro descompuesto de su amiga bajo el tono -Sé lo importante que es la competencia interuniversitaria para ti…
Cursaron los últimos años de la primaria y toda la secundaria juntos. La presencia de Mikasa era inamovible de su lado, fue así como conoció a Armin, el mejor amigo de Eren, como también a Reiner y Berthold, sus compañeros del equipo de futbol. Mikasa siempre estaba a su lado, excepto cuando iba a sus clases de danza.
Desde los cuatro años que comenzó con ballet. Con la rigurosidad de su crianza japonesa materna se entregaba a ella disciplinadamente. Pero había una pasión en ella que desbordaba en cada perfecto movimiento. Continuó con ello durante la primaria. Ya en la secundaria probó otros estilos, danza moderna, salón, latinos. El asunto era bailar… y hubiera querido hacerlo de manera profesional, pero sus padres no querían ver que sus calificaciones se perdieran en una carrera no tradicional.
Nunca supo muy bien cómo decidió Mikasa estudiar fisioterapia, pero supuso que tenía algo que ver con eso que rehabilitaba lesiones, entre otras cosas que Mikasa solía mencionarle, pero olvidaba.
Cuando la universidad los alejó y él comenzó a salir con Annie, sentía que le debía a Mikasa la cercanía que estaban perdiendo mientras sus caminos se definían. Por lo mismo, cuando Mikasa le mencionó con entusiasmo que ingresaría al taller de baile de la universidad, decidió que era una buena oportunidad de compartir con ella algo que le gustaba.
-Es la primera vez que calificamos para las nacionales… -murmuró Mikasa con pesar.
-Clasificaremos para el año siguiente, tranquila -la consoló, pero en realidad no le importaba tanto.
Lo hacía más por ella, aunque fuese bastante bueno en ello y eso atrajera la atención de las chicas en fiestas corrientes. Eso era cuando asistía sin Mikasa, de otro modo ella lo acaparaba solo para ella.
-El próximo año tengo mi internado profesional -comentó Mikasa con voz apagada -Todos dicen que la dedicación es del cien por ciento.
-Seguro encontramos tiempo -respondió el despreocupado.
Mikasa asintió lentamente.
-Solo… cuídate, ¿sí? -dijo ella con el mismo tono de voz suave y plano.
-Tranquila -insistió Eren -Estaré bien.
La puerta de la habitación del hospital se abrió, dejando ingresar a la madre del joven. La conversación cambió de rumbo mientras Mikasa dejaba atrás su sueño de participar por primera y última vez en los nacionales de baile interuniversitarios.
Bajó desde el tercer piso donde se encontraba Eren para ir por su madre, quien tomaba un café en la cafetería justo junto a la Clínica. Los precios en este lugar son un robo, había dicho.
Ingresó en el lugar para ver a su madre sentada junto a la ventana mirando su móvil, seguro avanzando algo del trabajo. Pasó a sentarse junto a ella.
-¿Cómo está Eren? -preguntó la madre sacando la vista del móvil y dejándolo sobre la mesa -¿Quieres algo?
-Un té estaría bien.
Maika levantó la mano y pronto el mesero estuvo tomando el pedido de Mikasa: té verde con una rodaja de limón y una de jengibre.
-¿Y bien? -insistió Maika -¿Qué sucedió?
Mikasa soltó un suspiro y bajó la vista a su recién llegado té.
-Se lanzó por la pista de alta complejidad y perdió el equilibrio -respondió la muchacha -Se quebró el fémur en tres partes. Lo operarán dentro de una hora.
-¡Oh, por Dios! ¡Eso es terrible! -exclamó la madre -¿Cómo está Carla? -preguntó con la madre del accidentado muchacho.
-Tranquila, dice el doctor Jaeger que Eren está en las manos de los mejores traumatólogos y cirujanos de Shinganshina -comentó con resquemor -Pero estará en rehabilitación por seis meses.
-¿Seis meses? -exclamó la madre otra vez -Pero el campeonato interuniversitario…
Mikasa negó apesadumbrada.
-Lo lamento tanto, cariño -retomó Maika tomando una de las manos de su hija entre las suyas -Pero por algo pasan las cosas. Prepararse para un campeonato requiere mucho tiempo y dedicación. Tiempo que es mejor que dediques a tus estudios. ¿Verdad que sí?
Mikasa asintió silenciosa. Su madre tenía razón, siempre la tenía. Pero esa competencia era su sueño. Sería la primera vez que podría demostrar que todos los años de estudio de danza tenían frutos. Además, en esas competencias siempre había jueces de alto nivel. Y quizás si la veían bailar… ¡pero qué ideas!
Tomó la taza, pero el temblor en sus manos era tal que la llevó a dejarla nuevamente en el platillo. Se sentía tan enfadada y frustrada. Pero no debía enfadarse, Eren lo había hecho sin querer, los accidentes ocurrían, no era su culpa. No la era…
Tomó nuevamente la taza y bebió un sorbo, pero al intentar dejarla sobre el platillo resbaló entre sus dedos y cayó al piso quebrándose y derramando todo su contenido.
El mesero se volteó y la chica murmuró un 'lo siento'. El hombre se perdió tras la mampara que daba a la cocina.
-Eh, Kirstein -llamó al chico quien estaba secando unas tazas -Una pija derramó su té en el suelo.
El muchacho dejó a un lado el paño y fue por la mopa.
-Ah, y quebró la taza, ten cuidado con cortarte, no vaya a ser que debas darte de baja por accidente laboral -bromeó saliendo de la cocina.
Jean se puso unos guantes y una bolsa que enganchó en el mango de la mopa. Salió de la cocina y buscó la mesa que su colega indicó con el dedo. Al notar quienes estaban sentadas en el lugar se devolvió nuevamente a la cocina ocultándose tras la mampara.
-¿Y a ti que te pasa? -preguntó el mesero -Ve y haz tu trabajo.
-Hazlo t-tú -respondió Jean acelerado.
-¿Qué? Claro que no, soy mesero no el chico de la mopa -bromeó.
-Por favor, Eld, no seas así. Verás…
Pero antes que pudiera seguir su explicación, o más bien, petición, fue jalado de un brazo fuera y empujado fuera del mostrador.
Tomando fuerzas de flaquezas y tragándose su orgullo, fue hasta la mesa y se agachó rápido antes que Mikasa siquiera lo reconociera. Recogió los trozos de la loza y los metió en la bolsa. Se puso de pie para pasar la mopa mirando siempre al piso.
-Lo lamento -dijo Mikasa alzando la mirada.
Entonces fue que ella realmente vio a quien estaba arreglando su desastre. Jean apenas la miró.
-No hay problema -murmuró con voz grave.
Terminó de secar mientras Mikasa fingía no conocerlo más que al chico que acababa de limpiar. Se alejó de regreso al mostrador cuando Eld llevaba otra taza. Le dio un último vistazo, totalmente avergonzado. Su imagen de chico cool acababa de terminar por el piso, justamente absorbida por la mopa.
-Ese chico te está mirando -comentó Maika risueña justo cuando el mesero se alejaba nuevamente tras llevar otro té a Mikasa -El que limpió el suelo.
-¿Ah, si? -preguntó Mikasa haciéndose la desentendida.
-Tan preciosa que es mi chiquita que roba miradas en todas partes -bromeó -Es guapo.
-Ay, mamá -exclamó la chica -Ni siquiera lo vi.
Maika se sonrió, pero vio como Mikasa desviaba la mirada hacia la puerta de la cocina por donde se había perdido el chico de la mopa.
-Bueno, supongo que mañana vendrás a ver a Eren para ver como salió su cirugía -continuó la madre -Le hará bien tener tu compañía.
-Sí -sonrió algo ida -Seguro que sí.
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Lunes, 8.30 am. Al salón donde se dictaba Ergonomía y Salud Laboral ingresaban los estudiantes, entre ellos Mikasa y Sasha quienes tomaron asiento en primera fila como era la usanza… cuando llegaban con tiempo de tomar esos sitios.
-¿Cómo sigue Eren? -preguntó Sasha -Me dejaste preocupada con tu mensaje… y luego no me respondiste más.
-Van a tener que operarlo -respondió Mikasa soltando un suspiro.
Sasha hizo un gesto bien feo.
-¿Y los nacionales? -preguntó leyendo en el rostro de su amiga la respuesta -No, Mikasa -negó con firmeza -Tienes que conseguirte una pareja. Es tu último año en el grupo.
-¿Y que quieres que haga? ¿Que haga magia negra?
-Pensaba que tus años de wicca habían pasado al salir de la secundaria -exclamó Sasha -¿Lo harías? -Mikasa enarcó una ceja -De acuerdo, pasado oscuro -alzó ambas manos en son de paz.
-No iré… sencillo -fue la respuesta de la muchacha.
Sasha ladeó la cabeza.
-Esto pasa de lo personal, Mika -dijo Sasha seria -Ya nos comprometimos con cierto número de parejas. No podemos presentarnos con menos. No calificamos según los requisitos.
-¿Sí? Pues búscame una pareja -bufó Mikasa. Sasha sonrió maliciosa -¡Oh, no! ¡Olvídalo!
Sasha se alzó de hombros. El profesor ingresaba a la sala. La cátedra comenzaba. El profesor hablaba y hablaba frente a la diapositiva. Ella tomaba apuntes, tal y como sus compañeros. El profesor preguntó algo, como siempre todos callaron, temerosos de dar una respuesta equívoca. Mikasa alzó la mano, pero otra persona dio la respuesta… Sí, el insufrible de Kirstein.
-¿Sabes, Mika? -susurró Sasha -Es algo utilitario. Además, Jean no se negaría. Piénsalo -insistió.
Mikasa detuvo sus notas y miró a su amiga, severa.
-Primero, él no es parte del equipo -masculló de malas pulgas.
-Eso puede arreglarse -rebatió Sasha.
-Segundo, lo detesto.
-Lo detestas porque te acostaste con él de despechada. No es culpa de Jean. Además ustedes eran amigos -refutó y Mikasa la miró con furia -¿Recuerdas lo felices que éramos los tres por el campus? Yo probando todos los sabores de las donas de la cafetería, tu siendo perfecta y Jean tratando de impresionarte. Éramos la pareja perfecta -suspiró ensoñada.
Sí, había olvidado mencionar ese detalle. Corría el primer semestre, primer laboratorio. Así había nacido la amistad entre ambas chicas, siendo asignadas juntas como grupo de trabajo. Pero como el trabajo era entre tres, otro compañero era parte de ese grupo, Jean.
Se formó entonces un grupo extraño: la chica volátil, la chica perfecta y el tipo al que parecía todo importarle un huevo. Y eran un buen equipo, se llevaban bien, incluso pasaban tiempo -poco- fuera de la universidad. Fue con ellos con quienes bebió su primera cerveza, de muchas. Su primera borrachera en la fiesta de bienvenida, y sus primeras 'travesuras' universitarias.
Hasta que, cierto día, accedió a que Jean la llevara a casa. Ella quiso ser amable, y lo invitó a pasar. Fue entonces que su padre, una vez que su compañero se hubo retirado, le dio la charla. Era solo sana preocupación de padre al ver involucrada a su hija con ese muchacho con pinta de matón.
'Dime con quien andas y te diré quien eres' había dicho 'No es el tipo de sujeto con el que quiero ver a mi hija. Aunque sea solo un amigo'.
Y así, la incipiente amistad con Jean se deshizo. De eso tanto tiempo que ya le restaba toda importancia.
Sasha y él seguían hablando y a veces salían en grupo con otros de sus compañeros. Pero Mikasa no, ella se apartó completamente de todo lo que significara la mínima presencia de Jean. No era el tipo de sujeto con el que debía ser relacionada.
El profesor daba por terminada la clase. Mikasa recogió sus útiles y los guardó en la mochila haciendo caso omiso al parloteo de Sasha.
-Mika, solo… -la castaña puso una mano en el hombro de su amiga -Piensa en ti. No puedes dejar que Eren siga condicionando tu vida. Si le pides a Jean… él va a estar encantado de ayudarte.
-No, Sasha, no -negó rotundamente. Los alumnos comenzaban a abandonar el aula -Cualquiera menos ese equinoide. Kirstein es el ser más despreciable sobre la tierra.
-Gracias, princesa, también te adoro -escuchó a un lado.
Mikasa sintió ese escalofrío nuevamente. Se volteó para ver a su compañero con su clásica postura arrogante y odiosa. Tenía tanta ira dentro de ella, tanta frustración con Eren, con lo de la competencia, con la insistencia de Sasha que…
-Métete la mopa por el culo, Kirstein, y que te quede tan limpio como el piso, chico del aseo.
Sasha se quedó de piedra mirando a Mikasa. Al contrario de su amiga, ella sí sabía en que trabajaba Jean y con el esfuerzo que lo hacía. El trabajo dignifica, o eso decía su padre. Ella misma trabajó limpiando en un bar los primeros años para solventar fotocopias y materiales.
Jean no respondió y eso que era rápido con las palabras, aun cuando siempre se tomaba con humor las pesadeces de Mikasa. Pero esta vez, solo se marchó sacando un cigarrillo de dentro de la chaqueta.
-Muy lindo, Mikasa -aplaudió sarcástica -Muy lindo.
-¿Qué? -exclamó -Él se lo buscó.
-No, Mikasa. Eso estuvo feo.
Mikasa se alzó de hombros restándole importancia, pero dentro de ella sabía que había obrado mal. Debería disculparse luego.
Su móvil pitó y lo revisó.
-Eren salió de cirugía -dijo con una sonrisa amplia.
Sasha hizo una mueca de burla y dándole la espalda salió del salón. Mikasa también lo hizo, pero para abandonar la facultad e ir a ver a Eren. Quería estar allí para cuando despertara.
Esperó en el pasillo del tercer piso toda la mañana y media tarde. A eso de las seis, Eren fue trasladado desde recuperaciones hasta su habitación. Se quedó junto a él, mientras él decía que ahora era un androide con aquellos fierros en la pierna. Vieron una serie mala en la televisión, Eren tomó su cena y Mikasa ya sentía su estómago tronar de hambre. Fue cuando decidió ir por algo de comer, que otra chica ingresó en la habitación.
-Lo siento, tenía un certamen -se disculpó Annie, la novia de Eren, caminando hasta su cama -¿Cómo estás?
-Soy un androide, Annie -bromeó y la chica sonrió amplio.
La rubia intercambió un frío saludo a la mejor amiga de su novio. Por supuesto que la encontraría allí, Mikasa no dejaba a Eren ni a sol ni a sombra. Casi todas sus discusiones con Eren eran porque él no sabía ponerle límites. Pero esta vez, Mikasa pudo notar que sobraba.
-Iré por algo de comer -dijo tomando su bolso, tampoco dispuesta a contemplar meloserías.
-Sí, es tarde, deberías ir a casa.
No fue Annie, fue Eren.
-Gracias por acompañarme, Mikasa -continuó -Eres una buena amiga.
La muchacha asintió y salió de la habitación sintiéndose humillada y desplazada. Nuevamente era Annie quien tomaba su lugar… Annie siempre tenía prioridad cuando ese puesto le era propio por derecho, por antigüedad.
Sin saber cómo, sus pasos la dirigieron a aquella cafetería junto al hospital. Se sentó en la misma ubicación del día anterior y pidió lo mismo.
-No vayas a romper nada esta vez -bromeó el mesero con una sonrisa.
-Descuida, no pasará.
Perdió la vista en su móvil y comenzó a charlar con Sasha, o más bien un monólogo, porque su amiga no respondía más que monosílabos. Prefirió, entonces, abrir un chat con Armin. En eso estaba cuando escuchó una voz familiar.
-Nos vemos mañana, Eld.
Jean salía de tras el mostrador, dando un vistazo al lugar. Al ver a Mikasa se detuvo un segundo, ella lo observaba en silencio dejando el móvil sobre la mesa. Jean le hizo un ligero gesto con la mano a modo de despedida o saludo, lo que fuera.
Aun cuando ella lo insultaba, aun cuando lo humillara... sin duda le estaba dando una lección de buenas maneras. Lo vio salir de la cafetería finalmente. Mikasa buscó un par de billetes de dentro de su bolso y sin siquiera esperar que trajeran su cambio salió del lugar atropelladamente.
-Kirstein -lo llamó justo cuando él caminaba ya calle abajo.
El muchacho se detuvo, Mikasa lo alcanzó.
-Lamento lo de hoy -se disculpó acelerada -No… no era para ti -continuó -O sea, sí, pero… No era contigo con quien estaba enfadada. Me pasé, y lo lamento.
Jean asintió.
-Disculpas aceptadas, princesa -dijo con su habitual buen humor -¿Qué haces aquí? ¿Te gustó la atención? Soy el mejor trapeando el piso -le guiñó un ojo.
-No bromees con eso -bufó Mikasa avergonzada -Ya te dije que lo siento. Eres insufrible, pero no lo merecías -suspiró -Es Eren… tuvo un accidente.
Jean conocía a Eren, alguna vez se lo topó cuando iba por Mikasa a la facultad.
-¿Grave? -preguntó.
-Se fracturó la pierna, tiene varios fierros en diferentes partes…
-Suena bien feo -comentó ariscando la nariz -¿Por qué no estás acompañándolo?
-Llegó su novia…
Jean vio el rostro descompuesto de Mikasa.
-¿Quieres que te acompañe a tu casa? -preguntó dubitativo.
Mikasa negó.
-Solo vine a disculparme -aclaró ella algo severa -Esto no es un son de paz entre nosotros. Mientras más lejos, mejor.
Jean asintió lento.
-Bueno, al menos lo intenté -comentó medio en broma -Nos vemos mañana, muñeca. Y, por si te interesa, yo no te cambiaría por una rubia narigona.
Mikasa se sonrió con disimulo.
-No estoy interesada -respondió de buen humor.
-Esa es mi chica. Nos vemos mañana.
Mikasa lo siguió con la vista hasta que se perdió doblando el final de la calle. El móvil pitó en su bolso logrando que dejara de ver hacia donde había partido su compañero.
Sasha: ¿Dónde estás? ¿Quieres que vaya por ti y hablemos mal de esa zorra con una enorme pizza doble queso?
Mikasa: Me encantaría, estoy en la Clínica María.
Sasha: Vale, le pediré el carro a Connie. Salgo en dos minutos.
Mikasa se sentó en la acera, respondiendo los mensajes que Armin le había enviado, aprovechando de enviar otro a casa.
"Llegaré tarde, saldré a cenar con Sasha"
Mamá: "No llegues después de las once, mañana tienes clases. Te amo."
Mikasa: "También te amo, mamá".
Mientras Mikasa esperaba que Sasha fuese por ella, Jean llegaba a su apartamento. Abrió las tres cerraduras y la última que siempre daba problemas. Apenas ingresó, dejó su bolso en el suelo, se quitó las zapatillas y se tendió cual largo era sobre el sillón, no sin antes correr despreocupadamente la ropa limpia.
Su móvil sonó con una canción de The Offspring y respondió.
-Hola, mamá.
-¿Cómo estás, cariño? -preguntó la madre con voz llena de afecto -¿Saliste del trabajo?
-Llegué recién -respondió colocando el altavoz y encendiendo un cigarrillo -¿Tú qué tal?
-Trabajando como china -bromeó -Acabo de terminar el turno. ¿Cómo estuvo la universidad hoy?
-Lo normal -fue la respuesta del muchacho.
-¿Y el trabajo? -insistió la madre.
-Lo normal.
La madre suspiró del otro lado de la línea.
-¿Estás comiendo bien?
-Lo normal.
-¿Qué pasa? Eres normalmente poco comunicativo, pero hoy es más. ¿Tuviste algún problema? ¿Estás cansado?
-Hmm, lo normal -esta vez fue con malicia y se rió al escuchar a su madre reprenderlo por la línea -Ya, vieja. Está todo bien, nada fuera de lo común. No tienes que llamarme todos los días, no me das tiempo de juntarte historias que contar -dio una calada a su cigarrillo -A ver, ¿qué te cuento? Hoy me gané unas décimas para el certamen de Ergonomía por responder bien a una interrogación -dijo con el tono de un niño que se ganara una estrellita dorada en el kinder.
-Ese es mi pimpollo, tan inteligente como su papá -comentó de buen humor -Estaría orgulloso de ti.
-Pobre viejo, no pongas palabras en su boca. Te aseguro que me daría con la correa -bromeó y escuchó a su madre reír del otro lado.
Así se pasó la tarde noche, charlando con su madre mientras ambos tomaban la cena, cada uno del otro lado. Ella viviendo a cuatro horas de él, pero como si estuviesen uno junto al otro.
Su madre siempre había sido muy abnegada y entregada a su único hijo. Su padre trabajaba hasta altas horas para darle educación y hacer de él un hombre de bien. Eso hasta que el cáncer se lo comió de un minuto a otro, dejando a su familia con una enorme deuda y sin el sostén económico. Su madre tuvo que salir a buscar empleo, dejando al muchacho de ese entonces doce años a cargo de la casa. Fueron tiempos difíciles. De tener todo a tener nada… o casi nada material, porque se tenían el uno a la otra. Y eso era suficiente.
A pesar de todo, su vida era perfecta tal y como estaba.
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Ténganle paciencia a Mikasa, porque sé que actúa como una tonta. Pronto verán que ella no es nada de lo que aparenta y es una bomba a punto de estallar. Porque no hay nada más agotador que fingir ser alguien que no se es y dejar su vida en manos de alguien más.
Esperen el próximo capítulo, porque se viene… intenso.
Nos leemos!
