Si daño lo que amo
Voy perdiendo
Saludos queridos lectores, en este capítulo hablaremos más sobre la infancia de Levi y su relación con papa Kenny.
El titan se ha detenido, ya no escucho sus pasos. Intento nuevamente levantarme, pero un gran dolor recorre mi cuerpo.
-Levántate maldita sea, levántate y pelea -me digo a mí mismo para animarme a hacerlo, era lo que Kenny siempre me decía cuando me quedaba tumbado en el suelo.
Pero por más que me lo repito en la cabeza una y otra vez no puedo hacerlo, sé que debo lograrlo, ponerme de pie y matar al maldito de Zeke, se lo prometí a Erwin, sé que debo de hacerlo, pero al cabo de un rato hago lo que jamás creí llegar a hacer, me quedo tumbado al borde de la rendición mientras gotas de lluvia caen sobre mi cuerpo.
Las cosas se complicaron cuando madame murió, muchos decían que fue por la bebida, otros por enfermedad, fuera como fuera al burdel llego su remplazo, era un hombre despreciable y daba asco de solo verlo, gozaba golpeando a las chicas y las mantenía encerradas en sus cuartos como si fueran prisioneras, lo cual indirectamente así era.
Para entonces mi madre también había enfermado, no podía levantarse de la cama ni probar bocado, poco a poco perdía musculo en su cuerpo y sus ojos estaban marcados por unas ojeras terribles. Muchos pensaron que podía estar enferma por la nueva epidemia que había iniciado en la ciudad y por miedo se mantuvieron alejados de nosotros, al menos eso era bueno, aquel hombre no podía maltratar a mi madre o molestarla. Algunas chicas recordaban como mi madre había sido buena y generosa con ellas así que de vez en cuando me dejaban comida en la puerta.
Escuche unos golpecitos en la puerta y después una voz.
-Kuchel, te he traído pan -dijo la voz femenina del otro lado de la puerta-. Uno de mis clientes resulta es panadero y al parecer creyó que regalándome pan recién horneado le haría un descuento o un favorcito gratuito. -Después de decir esto escuché como colocaban algo frente a la puerta y luego se retiraban, fue cuando abrí y metí la canasta.
En otras ocasiones también recibí comida de otras chicas, pero supongo que después el remplazo de madame se dio cuenta porque los regalos dejaron de llegar.
Su fiebre había aumentado y yo hacía lo que podía para mantenerla cómoda, éramos pobres y no teníamos para pagar a un doctor, mucho menos para medicinas.
-Levi -me hablo tomando mi mano-., prométeme que serás valiente -me dijo y yo asentí.
Unos días después mi madre murió quedándome completamente solo y lo único que pude hacer fue quedarme al otro extremo de la habitación, llorar y continuar llorando, era muy patético en ese entonces.
No sé cuánto tiempo pase contemplando a mi madre muerta. A medida que su rostro se ponía huesudo y perdía todo su encanto, mi cuerpo también enflacaba y pronto estuve tan débil que no pude ni siquiera ponerme de pie. En esa época pensé que no tardaría en morir y para mí era lo mejor pues así estaría nuevamente con mi madre. Entonces Kenny entro usando sombrero y gabardina.
En esa época yo no lo conocía, solo era un desconocido y por ende amenaza. Él camino hasta la cama de mi madre y luego hablo.
-Oye, adelgazaste mucho Kuchel -dijo mientras la veía, por lo visto no había notado mi presencia hasta que hable.
-Está muerta -dije. Ni siquiera recuerdo cómo es posible que lograra hablar de lo débil que estaba.
-Y tu ¿estas vivo?
Levante el rostro y lo mire fijamente, quizás si seguía viéndolo con desprecio se largaria.
-Ya basta ¿me oyes? -dijo serio, al parecer mi mirada le molestaba, pero no tanto como para largarse-. ¿Cómo te llamas?
-Levi, solo Levi -conteste.
-Claro Kuchel -dijo soltando su maletín y recargándose en la pared-. No vale la pena usar el apellido -dijo y bajo la cabeza mientras su sombrero cubría su rostro y se deslizo hasta estar sentado en el suelo-. Yo soy Kenny, solo Kenny -se presentó-. Conocía a Kuchel.
Tras estar unos minutos en silencio Kenny se levantó, pensé se iría finalmente y me dejaría tranquilo en mi miseria, pero en lugar de encaminarse a la puerta camino en mi dirección y me cargo como si fuera un bulto.
-¡Déjame! -le gritaba y pataleaba, pero él no hacía caso. Yo no quería irme, quería quedarme al lado de mi madre y morir junto con ella.
Camino rumbo la entrada hasta que ese sujeto encargado del lugar le llamo.
-¡Hey ese mocoso es mi propiedad! -grito.
Kenny se giró y le lanzo una mirada fría poniendo al hombre nervioso, incluso retrocedió unos pasos, yo que había estado pataleando y gritando me quede callado, quería ver lo que sucedía, todos alrededor pensaban se desataría una gran pelea, pero no fue así, en su lugar Kenny sonrió y se su bolsillo saco un saquito de piel y lo dejo sobre la mesa haciendo sonar unas monedas que estaban en su interior.
-Creo que esto resolverá el problema -dijo y luego se retiro conmigo cargado sobre el hombro.
El hombre que había permanecido quieto por el miedo al parecer encontró valor y más ahora rodeado por sus amigos, ellos eran como siete y alcanzaron a Kenny afuera del establecimiento.
-¡Oye, tendrás que pagar más! -grito el hombre y Kenny me dejo caer sobre un charco de lodo.
-No te daré más, si continúas insistiendo tú y tus amiguitos recibirán una paliza -dijo Kenny.
Aquellos hombres ahora en bola no parecían temerosos y no dudaron en lanzarse contra Kenny. Él soltó unos cuantos golpes, era asombroso como se movía tan rápido. Al final solo quedo de pie el líder quien miraba perplejo y temblaba, Kenny camino hacia su sombrero el cual en medio de la pelea se le había caído, lo tomo y sacudió el polvo, luego se lo coloco nuevamente y miro a aquel hombre quien salió corriendo a la seguridad de su establecimiento, entonces centro su mirada en mí.
-¿Quieres morir? adelante ve y muere como una miserable rata -me dijo-. Pero tu madre decidió traerte al mundo ¿así le pagaras? -Kenny se apartó su gabardina y llevo su mano a la cadera donde colgaba una funda, saco un cuchillo y lo tiro a mi lado-. Aprende a usarlo, aprende a sobrevivir y entonces la deuda que tienes con ella estará saldada o muere, tú decides, úsalo para terminar tu vida o para volverte fuerte.
A veces en la vida haces elecciones y otras veces esas elecciones te hacen a ti. Pude haber decidido acabar con mi miseria pues pensaba que la vida era una gran mierda, pero en su lugar decidí tomar el cuchillo y guardarlo, Kenny asintió y comenzó su caminata, yo me puse de pie y lo seguir, esa elección me hizo ser quien soy ahora.
Por aquel entones Kenny no me agradaba, pero en algo tenía razón, yo tenía una deuda con mi madre, ella muchas veces dejo de comer para que yo lo hiciera, ya sin mencionar que trabajaba en demasía con tal de tener un poco de dinero extra y poderme mantener vivo. Los sacrificios de mi madre fueron los que me mantuvieron motivado durante mi infancia para superarme, decidí que sería el más fuerte de toda la ciudad subterránea.
Aquel hombre miserable a pesar de que intento escapar no lo logro y recibió una paliza, aunque menos drástica que la de sus compañeros y luego Kenny lo arrastro a una cantina donde tuvo que pagar la cuenta más excesiva que cualquiera hubiera podido ver.
-Ves Levi, tienes que aprender a saludar adecuadamente a tus vecinos y a emplear tu labia -dijo alegre mientras continuaba bebiendo y abrazando al encargado del burdel.
Kenny me llevo a una posada, rento un cuarto y luego me alimento, estaba tan muerto de hambre que en cuanto colocaron el plato frente a mi comí tan rápido que incluso me ensucie, pero no me importo, después de todo ya estaba demasiado sucio, pero al parecer a Kenny si le importo.
Él era como madame, si quería vivir con él tenía que seguir sus simples reglas.
-Regla número uno, no pienses que cuidare tu espalda, en esta vida cada quien se rasca solo -dijo mientras tallaba mi cabeza y el jabón hacia burbujas-. Regla numero dos mantente limpio, así como el lugar donde vives, no querrás enfermar y tampoco querrás parecer una rata callejera, así nadie te dará respeto -continúo diciendo y me tiro encima una jarra de agua para quitarme el jabón.
Yo asentía mientras escuchaba y trataba de memorizar lo que decía, limpieza y presencia era igual a respeto.
Cuando terminé mi baño me puse la ropa nueva que Kenny me había comprado, usualmente usaba una camiseta grande y holgada como única prenda, usar nueva ropa me hacía sentir diferente. Kenny me corto el cabello y cuando estuve aseado me miré al espejo, era una persona completamente diferente.
-Una última regla -me dijo agachándose para verme directamente a los ojos, fue cuando lo note Kenny también los tenia grises-. Nunca olvides de dónde vienes, el pasado forma parte de ti, la forma en la que lidias con él es la persona en la que te conviertes -dicho esto me entrego un trozo de tela y vi que tenía grabado las siglas K.A.-. Perteneció a tu madre, ella me lo dio la última vez que la vi y ahora te lo entrego a ti, has lo que quieras con este trapo viejo -dijo y luego se levantó para alejarse de mí.
Haci era Kenny, cuando sentía que quería formar un vínculo conmigo simplemente se alejaba. Ahora entiendo que lo hacía porque no quería encariñarse con un mocoso, después de todo no era tan cruel como para dejarme morir, pero tampoco era tan bueno como para tomar el papel de padre.
Resulto que mi entrenamiento no sería tan fácil como pensé, lo primero que me enseño fue a sujetar un cuchillo apropiadamente, después técnicas de defensa personal. Había veces que no quería salir de la cama debido a los moretones en todo el cuerpo y también existían otras ocasiones en las que no tenía fuerzas para levantarme.
-¡Levántate maldita sea! ¡levántate y pelea! -me gritaba Kenny y de algún modo yo lo hacía.
Pero esta vez quizás no pueda ponerme de pie, ahora la lluvia ha incrementado su intensidad.
Ahora unos datos sobre el contenido de este capítulo.
Viendo la narración de Kenny en el anime me di cuenta de que el fulano del prostíbulo es el mismo al que Kenny abraza mientras se emborracha y también es al que está golpeando mientras que de fondo se ven un montón de hombres tirados inconscientes.
La parte del pañuelo que Levi siempre lleva en su cuello es pura invención.
Por último, no se desesperen, pronto tendremos LeviHan, todo a su tiempo.
