Heya, estamos de vuelta, con un muy, muuuuuuuuuuuuuy largo capítulo, les sorprendería saber lo que se puede exprimir de un guion bien hecho, pero eso no importa, pasemos a lo importante, capítulo nuevo


El imperturbable firmamento nocturno adornaba el profundo color negro del cielo en el anochecer, aquella oscuridad tan pura, únicamente mancillada por el fulgor de la ciudad bajo ella, luces de edificios, calles, autos, casas, incluso portadas por los animales habitantes de Zootopia, andando por las aceras, con un teléfono en sus manos, en pocas ocasiones poniendo atención al camino frente a ellos, de vez en cuando chocando contra otros animales o simplemente contra un poste, otros individuos que no cometían ese error, preferían mantener la vista al frente, únicamente advirtiendo su objetivo, luego estaban quienes, aunque con la vista al frente, su mente estaba dispersa, divagante, enfocada en otros asuntos completamente ajenos a lo que pasaba en ese momento, animales cuyos pensamientos estaban tan alejados de la realidad que parecía ser que ésta no existía, a simple vista era lo más normal del mundo, sobre todo a esa hora, había cientos de animales que solamente deseaban llegar a casa y descansar, el camino lo ocupaban para pensar en su día, o lo que harían mañana, o esa misma noche al término de su jornada diaria, luego, luego estaba Nick. Caminaba por la acera, una pequeña figura grisácea le hacía compañía, manteniéndose a su paso, aunque no prestando atención en el camino al frente, Judy lo miraba, de manera discreta, pero depositaba toda su atención en él, preguntándose ¿Qué estaba pasando por su mente? No era algo muy difícil de descifrar, después de todo, había sido la noticia más relevante de todo el día.

Nick se repetía una y otra vez lo que Bogo había dicho, irónicamente la voz del búfalo era la misma que rondaba sus pensamientos una, y otra, y otra, y otra vez, cual disco rayado. Pero eso no era lo que lo mantenía en ese estado, Nick estaba fuera de sí, cualquiera que hubiese convivido con él al menos una vez sabría eso, su actitud era lo que lo caracterizaba por encima de todo lo que él representaba, si eso, era como estar en presencia de un animal completamente diferente, ajeno a quien Judy amaba. La madre de Nick había muerto, la misma a quien se negó a ver desde que abandonó su hogar, después de que huyó de él, ella ya no estaba; Nick trataba de entenderlo, se esmeraba en buscar una explicación lógica, pero por más que lo intentaba, simplemente le era imposible sacar las cuentas correctas, ella era prácticamente joven, no tendría más de 48, nadie muere de senectud a esa edad. Había releído la carta varias veces, pero no había ninguna especificación de su muerte, en la carta se expresaba que fue encontrada así sin más, claro que había algo raro detrás de eso, no hacía falta ser un genio para saberlo, pero por alguna razón, Nick ponía todos sus esfuerzos en ignorarlo. La solicitud de asistencia al funeral iba dentro del sobre, el zorro no se negó en aceptar, el permiso ya había sido concedido por Bogo de igual manera, éste se extendió para Judy también, a petición de Nick claro está; el jefe, aunque no lo mostrara muy seguido, tenía corazón, y bien sabía que lo peor que podría hacer en ese momento, era dejar a Nick solo. Ese día había sido el más abrumador y extenuante de la semana, tenía lógica, era Lunes después de todo; empezando nada menos que con la pérfida pesadilla de Judy, seguida por la funesta situación de la huérfana, y para el gran final el deceso de la madre de Nick, el día se había afanado en ser estresante, además de deprimente.

Judy lo observaba, contemplaba cómo aquél optimista, irreverente y a veces fastidioso zorro había perdido toda gracia, toda cosa que le daba significado a su persona, se había esfumado en tan solo unos segundos, en el momento en el que Bogo le dio la noticia, pareció haber matado a Nick, más allá de eso, la coneja se sentía mal por él, en todo el tiempo que habían pasado juntos, incluso antes de entablar una relación, jamás lo había visto de esa manera, tan, tan frío. Era frustrante, era doloroso, más aun ya que ella no podía entender dicho dolor, ella jamás había tenido que pasar por la muerte de un familiar así de cercano, era una hermosa suerte, o una cruel apatía, esa era la desdicha de Judy en esos momentos, lo más tortuoso era no saber cómo aliviarlo, cómo traer de vuelta a Nicholas Wilde, se maldecía a sí misma, puesto que el zorro, sin importar lo mal que pintase la situación, lograba animarla cuando algo iba mal, cuando el cielo era gris y la desgracia enmudecía su sufrimiento, él estaba ahí, ese pequeño rayo de luz anaranjado siempre la animaba, siempre encontraba la forma, ¿Por qué le era tan difícil hacer lo mismo por él?

—Nick yo, lo siento mucho.— Musitó Judy con la mirada baja, finalmente prestando algo de atención en el camino, aunque fuera solo la acera sobre la que caminaba.

–Ya lo dijiste, de hecho, lo has dicho todo el día.— Respondió Nick.

—Lo siento.—

—Y una vez más.—

—Lo…— Estaba por decirlo nuevamente, pero a ese punto, era incluso estúpido lanzar otra disculpa por algo que ella ni siquiera había ocasionado, no era su culpa que la madre del animal que más amaba en el mundo hubiese muerto, pero sentía como si lo fuera. Suspiró antes de continuar. —Escucha, no puedo y no voy a fingir que sé cómo te sientes, no tengo recuerdos de haber experimentado algo como esto, pero sabes que estoy aquí contigo, y que sin importar qué, jamás voy a dejarte.— Dijo la coneja extendiendo la mano con suma delicadeza hacia él.

Estaba asustada, no lograba explicarse el por qué, pero no podía dejar de temblar, sentía que la respuesta de Nick no sería la de siempre, temía ser rechazada por él. Su mano permaneció en el aire por apenas dos segundos, para ella había sido como toda una vida, hasta que sintió el cálido tacto de las almohadillas de las manos del zorro, sostenía su mano con firmeza, aunque también con cariño, deposito un pequeño beso y de nueva cuenta la miró a los ojos.

—Ya sé todo eso, Zanahorias, no tenías por qué decirlo.— Declaró Nick esbozando su sonrisa característica, una pequeña aunque clara señal de que el verdadero Nicholas Wilde seguía con vida.

–Creí que sería mejor que decir "Lo siento" otra vez.— Rió Judy con una sonrisa penosa.

Ninguno logró darse cuenta de en qué momento se detuvieron en plena calle, tampoco se habían percatado que no había nadie transitando la vía pública, ni autos, ni animales, ¿A qué se debía tal tranquilidad? A ninguno le importaba. Nick se arrodilló lentamente, así podría estar a la altura de Judy, él no soportaría ni un momento más sin su coneja, sin suave pelaje gris, sin sus hipnóticos ojos color violeta, sin esas enormes y de alguna manera graciosas orejas gigantes, todo en ella era perfecto para él, sentía que no necesitaba nada más, si estaba con ella, el resto del mundo no importaba. La tomó de la cintura, atrayéndola lo más que pudo a su cuerpo, ella se estremeció, por escasos segundos trató de apartarse, pero su cuerpo se rindió instantáneamente. Estaba nerviosa, era un público después de todo, aunque estaban solos, quien sabe, el destino podría jugarles un broma de muy mal gusto, alguien podría doblar en la esquina y verlos, un malentendido podría ser suficiente para arruinarles la vida. Judy miraba alrededor de forma sutil, tampoco buscaba ofender a Nick, y aunque éste se había percatado del miedo de la coneja hacía ya buen tiempo, no le estaba dando importancia alguna. Judy, aunque asustada, aguardaba impaciente por un contacto familiar con sus labios, en lugar de ello, sintió la cabeza de su compañero hundiéndose en sus pequeños hombros, no, el zorro no estaba llorando, él jamás se permitiría algo así frente a Judy, de hecho, no se lo permitiría frente a nadie, eso era algo que había dejado muy en claro en tiempos pasados, y Judy lo sabía bien, dejando de lado eso, Nick necesitaba consuelo, necesitaba saber que podía aferrarse a algo que jamás lo dejaría, necesitaba sentirse a salvo, aunque fuera solo por un momento. Muy corto fue el lapso de tiempo, tal vez apenas un par de minutos, pero fue tan longevo como horas para los dos, Nick se aferraba con fuerza a la cintura de la coneja, parecía ser que no la volvería a ver nunca más, Judy solo estaba ahí, quieta, acariciando las orejas de Nick una y otra vez, lo hacía con delicadeza, a cada movimiento de su mano sobre la cabeza del zorro, sentía todos sus miedos anteriores volviéndose cada vez más tenues, hasta desaparecer, ahora bien podía llegar la prensa a interrogarlos y le daría exactamente lo mismo. Era uno de los pequeños y perfectos momentos que solo se comparten con la persona que más amas, con quien sabes que nunca va a dejarte y por tanto, es la única persona que puede consolarte, convirtiéndose contra tu voluntad en una necesidad. Y ese momento fue quebrantado sin aviso.

Un disparo.

Las orejas de ambos se alzaron al instante, se separaron y miraron a su alrededor, mientras se revisaban a sí mismos, no había sangre, no había dolor, ni siquiera había gritos, aun. Judy hacia girar sus orejas en todas direcciones, trataba de ubicar el sonido, tenía la esperanza de escucharlo una vez más, Nick trataba de hacer lo mismo, su postura era firme, ya no estaba arrodillado en el suelo; su mano estaba preparada sobre su "arma" él se mantenía delante de Judy, un gesto protector, lo hacía de manera inconsciente, sea como fuere, el sonido de un arma real, era conocido, pero no era común, en la ciudad era muy raro que alguien tuviera balas de plomo, más aun armas capaces de dispararlas, solo los criminales más peligroso las portaban; asesinos, secuestradores, narcotraficantes, entre otros. Por escasos segundos parecía ser que la tranquilidad había vuelto, tal vez se había tratado únicamente del escape de un auto en la oscuridad, el silencio se había manifestado nuevamente, Judy bajó sus orejas, Nick relajó sus sentidos, aparto su mano de su arma, Judy enfundó la suya, ni siquiera se había dado cuenta de en qué momento la retiró de su cinturón, examinaron sus alrededores una vez más, luego intercambiaron miradas, una sonrisa nerviosa adornó el rostro de ambos, Nick estaba dispuesto a decir algo para romper la tensión, la coordinación fue perfecta.

Otro disparo.

Este último resonó en un callejón aledaño, carente de toda luz, vaya suerte.

Quedó más que en claro que no había sido una alucinación, tampoco el sonido de un auto. Ambos desenfundaron sus armas, aproximándose al oscuro pasillo que se encontraba frente a ellos; Judy a penas y lograba ver algo, únicamente la luz de la luna y las estrellas lograba iluminar tenuemente el penumbroso corredor, Nick en cambio, podía ver claramente, ventajas de ser un zorro, pero aun con su formidable visión nocturna, no veía a nadie dentro.

—¿Ves algo?— Preguntó Judy en voz baja.

—No hay nadie ahí.—

—¿Estás seguro?— Inquirió tratando de reconocer algo entre las sombras.

—¿Quién de los dos tiene visión nocturna aquí?— Respondió Nick, dirigiendo una mirada soberbia hacia la coneja, la cual fue reemplazada rápidamente por confusión. –Aun así, escucho gruñidos, quédate aquí Hopps.–

El zorro se alejó de la escena, no sabía a lo que se estaban enfrentando, era mejor contar con algún apoyo. Judy aun dudaba, y de igual manera lograba escuchar gruñidos al fondo del oscuro pasillo, pero no podía ver nada. Mientras que Nick trataba de hacer contacto con la estación mediante su radio, Judy forzó su vista lo más que pudo, trató de ver más allá de lo que la densa oscuridad le permitía; escuchaba los gruñidos haciéndose más fuertes, más violentos, entonces escuchó algo más, un grito, y ahí logro ver algo, justo al fondo del callejón, apareciendo de la nada un animal de estatura pequeña, lentamente estaba siendo acorralado por uno mucho más grande, a juzgar por los gruñidos, era más que claro que no había buenas intenciones detrás de todo eso. Judy debía reaccionar, y debía hacerlo rápido, cuando Nick giró su cabeza hacia ella, solo alcanzó a ver su rabo de algodón entrando en el callejón. La pequeña víctima no podía hacer nada para defenderse, era una sentencia a muerte, Judy no podía permitirlo; guiándose únicamente por sus oídos logró separar al agresor de la víctima, no había claridad respecto a contra qué estaba peleando, pero le bastaba contar con su ubicación.

Con una agilidad impresionante, Judy rodó hasta terminar en una posición beneficiosa para ella, apunto hacia donde sus orejas le indicaban, los gruñidos se intensificaron, podía adivinar que esa cosa, sea lo que fuere, ahora la estaba mirando, pero ella no titubeo, había una ventaja al no poder ver al animal frente a ella, no podía intimidarla con su apariencia. Sin perder un segundo más, Judy disparó, pero aun lograba escuchar quejidos provenientes del agresor, rápidamente recargó su arma y disparó nuevamente, no logró ver donde habían acertado los dardos, pero estaba claro que había salvado la vida de la víctima.

Judy se relajó, suspiro aliviada y se reincorporó, abrió uno de los bolsillos en su cinturón topándose con una pequeña lámpara, la luz ilumino al instante la zona frente a ella, vio lo que había hecho, era una gran pantera la que estaba en el suelo, completamente sedada, los dardos habían acertado en su cuello y en su pecho; la coneja se estremeció al pensar lo que le pudo haber pasado si no hubiese acertado los dos disparos, afortunadamente el mamífero era lo suficientemente grande como para no fallar, una vez más suspiró aliviada, una tranquilidad que no duró mucho tiempo; escuchó un pequeño quejido cerca de la escena, rápidamente oriento la luz de la linterna hacia el origen del sonido, había olvidado a la víctima.

Ahí estaba, recargado contra la pared, tratando de normalizar su pulso, inhalando y exhalando una y otra vez, Judy abrió los ojos por completo, era otro conejo, pelaje gris casi igual al de ella, con franjas negras adornando algunas partes de su cuerpo, vistiendo una camisa naranja desgarrada por la parte inferior y un pantalón de mezclilla bañado en sangre, la pata derecha contaba con zarpazos aparentemente profundos, la sangre era abundante, y mucho. Judy corrió a socorrerlo, colocó la lámpara en su boca, dejando así sus manos libres, una vez más abrió un bolsillo de su cinturón, esta vez mostrando unas pequeñas tijeras, de las cuales Nick se había burlado en innumerables ocasiones, ahora estaba siendo de gran ayuda. Judy cortó una parte de su uniforme y la usó para cubrir la herida del conejo frente a ella, éste no pudo evitar gritar al sentir la presión sobre su pierna, pero al menos la sangre dejó de brotar.

—Esa estuvo cerca.— Dijo con la voz cortada, tratando de aliviar el dolor.

—Demasiado, mi compañero y yo pasábamos por aquí, estarías muerto ahora, ¿Qué fue lo que pasó?– Preguntó Judy al terminar de vendar la pierna del pequeño mamífero.

—Yo, caminaba por aquí, de la nada escuché dos disparos y él apareció, rasguño mi pierna y solo pude arrastrarme hasta que me acorraló en este lugar—Explicó desviando la mirada. Muy en el fondo, Judy agradecía enormemente que la pantera lo hubiese atacado, pues de no ser así posiblemente los habría visto.

—¿Solo así? ¿Sin más?— Inquirió sorprendida, ayudando al conejo a levantarse del suelo.

—Así es, estoy seguro de no haber hecho nada malo.—

—Está bien, es solo que, cosas así no pasan muy seguido en esta ciudad, lamento que haya tenido que pasar por eso señor…—

—Black, Joe Black, abogado.—

—Oficial Judy Hopps, mucho gusto, es muy raro ver otros conejos aquí en la ciudad.—Dijo Judy mientras caminaba hacia la salida del callejón sosteniendo al conejo.

—Bueno, estoy aquí por negocios.—Explicó. Éste avanzaba dando pequeños saltos al no poder apoyar su pierna en el suelo.

—Descuide, mi compañero seguramente ya llamó a la estación, no tardarán en venir, estarás bien.— Aseguró dejando descansar a su acompañante en la pared a lado de ellos. La mente de Judy estaba tan ocupada pensando en lo que había pasado con aquella pantera, trataba de razonar aquellos gruñidos, no se había percatado hasta ese momento, pero el depredador ni había dicho ni una sola palabra, simplemente aquellos sonidos bestiales escapando de sus fauces en la oscuridad.

Algo de pronto saltó a su mente, aunque era imposible, habían descartado toda posibilidad desde hacía tres años. ¿Podría ser?

—Joe, acaso ese animal…— Las orejas de Judy se levantaron al tope al ver al conejo nuevamente, éste la miraba fijamente, embelesado por la figura de la coneja bajo la luz de la luna, sus ojos, su cintura y aquellas llamativas orejas. Él estaba fuera de sí, admirando el singular mamífero que le había salvado la vida, sus orejas estaban bajas, el dolor en su pierna parecía haber desaparecido y sus ojos no podían apartarse del rostro de Judy, eso fue lo que más lo cautivo, la nariz rosada y los distintos tonos de gris en su cuello y en su cabeza, parecía no haber visto nada igual antes, nada igual a Judy.

—¿Señor Black?— Dijo Judy al notar el prolongado silencio y la imperturbable y algo molesta mirada del conejo, ésta situación se había tornado incómoda para Judy, aunque hacía su mayor esfuerzo en ignorarlo, aún tenía un par de cosas por las cuales preocuparse, en primera estaba asegurarse de llevar a la pantera al ZPD y la segunda, asegurarse de que su nuevo admirador no sucumbiera ante la pérdida de sangre.– Los paramédicos no deben tardar, solo espere aquí y…—

—No.— Interrumpió Joe, apoyando su brazo en la pared. —Aprecio mucho su interés oficial, pero estaré bien.— Por un momento parecía que otro conejo había reemplazado a Joe, ignoró por completo a Judy y salto a salto comenzó a alejarse, Judy por alguna razón no lo detuvo, solo se mantuvo estática, mirando a la nada, había algo en ese conejo, tal vez su suave pelaje, aquellas extrañas franjas negras recorriéndole el cuerpo o esos claros ojos azules, no se explicaba qué, cómo o por qué, pero la hacía sentir paz, era todo lo contrario a lo que tendría en unos momentos.

Judy se relajó, al fin todo había terminado, dicha tranquilidad se esfumó al mirar hacia el frente; un brillo incandescente la cegó por unos instantes, en cuanto sus ojos se acostumbraron a la luz logró distinguir las patrullas al final del callejón, las luces azules y rojas adornando las paredes y varios oficiales a la espera de órdenes, Judy tendría mucho que explicar.

Esa fue la noche más larga que hubieran vivido.

A la mañana siguiente el día no presagiaba ser mejor que el anterior, pero era prometedor, prometía ser extraordinario, distinto a todo lo que habían vivido en el pasado.

El cielo grisáceo anunciando la inminente lluvia dentro de algunas horas, el rocío matinal perlando pequeñas gotas de agua en las hojas de los árboles o en el césped de los jardines, una combinación alegre y lúgubre, pocos animales se encontraban en las calles, el mal clima era una excusa para dormir un poco más, era algo que Nick siempre aprovechaba, cualquier cosa que pudiese darle algunas horas más de descanso antes de tener que levantarse e ir al ZPD, ojalá fuera uno de esos días, ojalá fuera uno como cualquier otro, pero no era así.

La mañana fue callada, al igual que el viaje en tren; tal como se anunciaba, hubo lluvia, qué apropiado para un funeral, y éste aun ni siquiera daba inicio. En muchas ocasiones Nick había pensado en solicitar unas vacaciones, tenía suficientes días acumulados a lo largo de los años que llevaba trabajando en la estación, acumulados a causa de la inmarcesible adicción de Judy al trabajo, ella bien sabía que les hacía falta un tiempo lejos de todo eso, de todo el estrés, de todos los gritos y regaños sin sentido de Bogo, pero se sentía cómoda en el ZPD, ahora se sentía abrumada por los acontecimientos recientes, Nick la molestó con vacaciones durante mucho tiempo, ella siempre se negó, era triste saber que la madre de su compañero tuvo que morir para tenerlas, así no se imaginaba que serían sus primeras vacaciones juntos.

En el tren a penas y hablaron, solo preguntas completamente ajenas al motivo del viaje ¿Dónde están nuestros asientos? ¿Trajiste el equipaje? Solo cosas así, el resto fue solo silencio, de vez en cuando perturbado por los ronquidos de Nick o los tarareos de Judy. El mal clima permanecía en el exterior, las gotas de lluvia arremetían contra las ventanas distorsionando la vista del paisaje al otro lado del cristal, mientras Judy se repetía las mismas interrogantes una y otra vez ¿Tanto la amaba? ¿Por qué nunca habló de ella? Preguntas las cuales esperaba responder al llegar a su destino.

La llegada a la estación fue igual de silenciosa, como el resto del día, únicamente adornada por la lluvia. Después de todo el alboroto del viaje, lo siguiente era acudir a la residencia de la fallecida, mera formalidad claro está, y Nick debía cumplir con ella, aunque para Judy era difícil ignorar la tensión que iba en aumento en su compañero, aquella ansiedad, aquél miedo que se había manifestado desde que se les fue dada la noticia, siempre había estado ahí, pero ahora, era más fuerte que antes, ella tenía miedo de hablar, temía que una palabra fuera de lugar empeorase el ánimo de Nick, temía romperlo, aquello de lo que el zorro tanto se resguardaba detrás de sus estafas, de sus sonrisas simplonas y de ese fastidioso sentido del humor, temía verlo herido, por lo tanto, el silencio era su mejor amigo.

Habían paraguas adornando las calles, todos los animales buscaban refugio de la lluvia, Nick y Judy no eran la excepción, estaban cerca de su destino, Nick miraba a su alrededor, los recuerdos de ese lugar, dormidos y ocultos por tanto tiempo en lo más profundo de su memoria empezaban a aflorar nuevamente, no eran buenos recuerdos, en su rostro podía verse; constantemente Judy lo miraba de reojo, vigilaba la estabilidad emocional de su compañero, aunque sin estar segura de lo que haría si se presentaba un problema, prefería no pensar en eso, solo debía seguir adelante.

Ambos debían mantener el contacto romántico al mínimo, era como todos los días al salir en público, estaba acostumbrados y tenían experiencia en ello, era lo único realmente familiar en ese lugar, el miedo de ser descubiertos.

Al fin llegaron, se detuvieron frente al despojo de lo que podría llamarse una casa; la casa era igual que el zorro la recordaba, su madre no se había esforzado en arreglar aquél hueco junto a la puerta que él causo cuando soñó con ser piloto de carreras. Se quedó congelado, el desasosiego sobre su persona era abrumador al contemplar su antiguo hogar, si es que aún podía llamarlo así, ahora llegaba la duda ¿Entrar o no entrar? En ese lugar había pasado tantas experiencias tan desagradables y otras muy difíciles de olvidar; la mujer a quien había ido a velar solía caminar en los pisos detrás de esos muros, la mujer que le permitió llegar a ese mundo, la misma que le dio la espalda años atrás. Nick sentía un gran nudo formándose en su garganta, sentía como si sus patas estuviesen fijas al suelo, privándolo de todo movimiento, se sentía vulnerable, pero ahí estaba ella, Judy, siempre a su lado, siempre apoyándolo en todo, era tiempo de afrontar los fantasmas de su pasado y seguir adelante.

Entraron por la puerta principal, ésta rechinó al abrirse, las viejas bisagras, oxidadas apenas lograban sostener la puerta, el aire a madera podrida llenó la nariz de ambos y una gran corriente de viento los golpeó al entrar, seguramente proveniente del fondo de la casa.

—¿Nick?— Dijo Judy una vez se encontraron dentro.

—Yo, necesito un tiempo a solas.— Solicitó sonriente, una sonrisa falsa, eso estaba claro.

—Está bien, te esperaré en la sala.— En cuanto la mano de la coneja lo abandonó, Nick se sintió desprotegido, pero no podía depender de ella para superar esto, debía hacerlo por sí mismo, aunque no por ello era más fácil, por el contrario, era más difícil.

Era como una pesadilla, el camino se alargaba tres pasos más cada vez que él avanzaba uno, los pasillos parecían no tener fin, la madera rechinaba bajo sus pies, los cuadros colgados en las paredes amenazaban con caer, pero en medio de toda su incertidumbre, lograba encontrar confort en cosas familiares, algo tan simple como una pequeña escultura con forma de dragón que en más de una ocasión le había causado pesadillas, una vieja radio, haciéndole compañía a un televisor, ambos llenos de polvo, daba la ilusión de que el lugar llevaba años vacío, no le sorprendería, pero eso era imposible, la notificación de su madre indicaba que su deceso había sido hace tan solo dos días, pero aun con todas esas capas de polvo y tierra adornando hasta el último rincón de la casa, todo seguía igual, todo estaba en su lugar, a excepción de un objeto, la lámpara de lava de mamá, el recuerdo lo golpeó con fuerza, las imágenes regresaron a su mente, arremetiendo como granizo en una noche lluviosa de invierno, pero no se permitiría colapsar, no mientras Judy estuviese en el edificio también, tenía que ser fuerte, por más dolorosos que pudiesen llegar a ser dichos recuerdos.

A como pudo logró mantener la calma y siguió adelante. Subió por las escaleras, éstas crujían en cuanto el zorro depositaba el peso sobre los escalones, frente a él se encontró una puerta, estaba entreabierta, lentamente Nick la abrió, era su habitación, la cama estaba tendida, la pequeña cómoda estaba intacta, con todos los juguetes que el recordaba, todos y cada uno de ellos en su lugar, y su uniforme de scout colgaba a lado del armario, era como ver una fotografía, no había nada fuera de lugar, su madre debió dejarlo así, depositando en aquella habitación vacía toda su esperanza en que algún día, su hijo regresaría, vaya ingenua, no estaba en sus planes volver, nunca lo pensó ni por un momento, solo una tragedia como esa podría obligarlo a regresar a tan amargos recuerdos.

El día que dejó su hogar fue el más difícil de toda su vida, sí, todo como si hubiese sido ayer, se veía a sí mismo regresando de la escuela, evitando a todos los animales en el camino, odiaba ser víctima de burlas y abusos, pero qué podía hacer, era un zorro después de todo, era algo natural, era algo que tendría que soportar por el resto de su vida. Era tarde, la posición del sol lo decía, su madre aguardaba por él en la sala, no había preocupación en su rostro, había ira, frustración, todo excepto compasión, todo excepto amor, así había sido desde que el padre de Nick murió, Luisa, su madre, había cambiado por completo, ya no era la compasiva y misericordiosa hembra que lo había consolado toda la noche después de la tragedia con los scouts, no, ahora era cruel, despiadada, podría decirse que había perdido interés en la vida misma; Nick temía regresar a su hogar, pero debía hacerlo pese a que su mejor y de hecho único amigo en ese entonces, Finnick, le había ofrecido un lugar en la gran ciudad, una cama, comida, y seguridad garantizada, todo por ayudarlo a conseguir dinero, sonaba bien, pero parte del pequeño zorro no quería alejarse de su madre, aunque dicho sentimiento, se desvanecía más y más con el pasar de los días. Finalmente Nick había llegado a casa, los gritos de su madre resonaron por toda la sala, el zorrito trató de huir hasta su habitación, aunque Luisa nunca lo dejaba escapar con tanta facilidad, Nick recordaba a la perfección cómo su madre tomó la lámpara de lava, aquél obsequio de cumpleaños que él tanto se esforzó en conseguir y lo arrojó con furia hacia él, recordaba los trozos de vidrio saltando y cortando su piel, era algo que jamás iba a olvidar.

Habían sido suficientes emociones por un día, era más de lo que podía soportar, el zorro se dispuso a regresar a la sala, no tenía intención de permanecer por más tiempo en el lugar en el que destruyeron su infancia, simplemente se alejó, una vez más, para nunca regresar.

Judy aguardaba por él, mirando hacia fuera; la lluvia había cesado, aunque el cielo permanecía con aquél tono grisáceo, presagiando una tormenta segura con el pasar del tiempo, veía varios animales a través de la ventana, en su mayoría zorros, los pequeños jugueteando por ahí, sin la menor idea de lo que estaba pasando, aun conservaban esa inocencia, por otro lado estaban los adultos, conversando entre ellos, seguramente nada importante, luego los familiares de Nick, era fácil diferenciarlos del resto, después de todo, eran los únicos que estaban llorando.

Escuchó entrar a su compañero, rápidamente giró la cabeza para corroborarlo, sonriendo ante tal hecho.

—¿Cómo va todo?— Preguntó Judy sonriente.

—Bien, la casa está completamente intacta, al parecer nadie ha tocado nada desde su deceso.—Respondió dejando descansar una de sus manos sobre su cabeza, a la par que examinaba los techos sobre ellos. –A decir verdad, dudo mucho que hayan tocado algo desde antes que ella muriera.— Bromeó dejando escapar una pequeña carcajada, a Judy le daba gusto que su buen humor regresara poco a poco, pero le resultaba de mal gusto el comentario. La coneja le dirigió una mirada reprochante y éste respondió con una sonrisa sarcástica, típico del zorro.

—¿No quieres ir a hablar con ellos?— Preguntó la coneja refiriéndose a los familiares del zorro en el exterior.

—No, puede esperar a mañana.— Respondió con frialdad, la cual se encargó de disfrazar al instante con una falsa sonrisa. —Mejor hay que ir a conseguir algo de comer, ¿Te parece?, Muero de hambre.—

Judy no protestó, se esforzaba en entender las múltiples emociones que experimentaba en ese momento, entendía que no era fácil para él, tal vez caminado un poco, lograría apartar su mente de todo eso.

Por el camino, aunque siempre separados uno el otro, siempre asegurándose de no levantar ninguna sospecha, sobre todo con tantos zorros merodeando. Nick se encargó de mostrarle a Judy todos sus lugares favoritos de la infancia, la mayoría solían tener que ver con comida, por desgracia, ya ninguno era como en el pasado, pero el zorro recordaba bien donde se suponía que debían estar, era deprimente, Nick esperaba tomar uno que otro bocadillo, era una pena que ya nada siguiera como antes, afortunadamente, había algo que al parecer no había cambiado, un pequeño mercado, siempre abundante en fruta y comida para depredadores, era mejor que nada.

Judy tenía la intención de preparar algo para Nick, y ya que era una experta para seleccionar verduras y ese tipo de cosas, sabía bien qué debía buscar, el zorro, por otro lado, logró conseguir una manzana, suficiente para saciar su hambre, al menos por un tiempo. El ambiente ahí no era tan lúgubre como en casa de su difunta madre, aun había algo de alegría, toda esa dicha y tranquilidad, se desvanecieron en cuanto logró divisar una figura conocida, un castor ¿Por qué sería importante? Él era Barry, el mismo que lideró el abuso en su intento fallido por unirse a los exploradores, el que le colocó el bozal y lo hizo perder fe en el mundo, el que le hizo perder fe en sí mismo. Dejó caer la manzana, pero no se quedó petrificado, buscó a Judy y disimuladamente la tomó del brazo.

—¡Hey! ¡¿Qué haces?!— Protesto confundida.

—Se hace tarde, debemos irnos.— Respondió tirando de ella nuevamente, hasta que una voz detrás de ellos los detuvo.

—¡Pero si es Nicholas Wilde! El zorro que quiso entrar en los exploradores, qué tiempos.— Un escalofrío recorrió el cuerpo de Nick, aun a pesar de la edad, sabía bien de quien era esa voz. Lentamente se dio la vuelta, soltando a Judy de la manera más discreta que pudo, y así, encaró al castor.

"Maldita sea"

—Hola Barry.— Saludó con seriedad, aunque también ansioso.

—Oye, lamento mucho lo de tu madre, era una gran persona.—

—Sí, igual yo.— "No tienes ni la menor idea de lo que estás hablando"

—Y creo que es algo tarde pero, también quería disculparme por lo que pasó aquella vez, éramos niños, y no sabíamos lo que hacíamos- Explicó bajando la mirada, de alguna manera logró que Nick bajara la guardia.

—No, no hay problema, todo está en el pasado- Respondió el zorro, sorprendido por la actitud del castor, no era nada de lo que recordaba. Judy trataba de entender algo, pero era simplemente imposible, hasta que Nick respondió con un ademán "Te lo contaré luego"

—No, escúchame, lo he pensado, ha pasado mucho tiempo, y la verdad es que te lastimé demasiado, no tenía razón alguna para hacerlo, tú solo eras un niño con un sueño, debimos pensar antes de actuar, y si me lo permites, quiero hacer algo para arreglar las cosas.— Palabras honestas, así sonaban aquellas, Nick quedó en shock, no esperaba nada así en ese viaje, jamás lo admitiría, pero aun en ese momento en el que volvió a ver a Barry, tenía miedo, miedo por todo lo que pasó, pero ahora, parecía ser que en verdad todo había quedado en el pasado.

—Vaya, no sé qué decir.—Soltó el zorro con incredulidad.

—No tienes que decir nada... ¡Acabas de caer en la broma más antigua del libro! ¡Por Dios Nick! ¡Vamos!— El castor empezó a reír de manera desagradable —¡Fue lo más emocionante que hice de niño! Aun me recuerdan como el que le puso el bozal a Nicholas Piberius Wilde.— Nick apretó su puño con gran ímpetu, la fuerza había sido suficiente para que sus garras se incrustasen en su propia mano, pero con la sangre que brotó de las heridas, logró liberar la tensión acumulada, abrió la mano, la sangre goteó hasta el suelo, se dio media vuelta y con la dignidad que le quedaba se marchó. —Bienvenido de vuelta, zorro.— Soltó el castor antes de seguir con su camino.

Judy corrió detrás de Nick, la ira en su pequeño ser la hacía sentir que explotaría en cualquier momento, pero no era el lugar adecuado para hacer una escena de ese tipo, al igual que Nick, tuvo que guardarlo para sí misma.

La coneja no tardó en alcanzarlo, pero una vez más, Nick no parecía él mismo, en esta ocasión, Judy no considero que el silencio pudiera ser lo mejor, temerosa e insegura, logró juntar el valor suficiente para hablar.

—¿Estás bien?— Preguntó inocente.

—Sí, solo —Suspiró— Sabes lo que me hicieron, y cómo me afectó.—Respondió bajando la velocidad de su paso, la melancolía en sus palabras era clara.

—Al menos ahora tienes alguien con quién desahogarte.— Señaló la coneja, dirigiéndole una sonrisa comprensiva.

—No sé qué habría hecho si no estuvieras aquí conmigo.—

—Nick, sabes que yo siempre estaré para ti.—

—Y te lo agradezco más de lo que te puedes imaginar, pero, Judy, mañana sepultaran a mi madre, mi familia estará ahí y seguramente querrán saber quién eres.—

—Les diré que eres mi mejor amigo y mi compañero de trabajo, todo sin rodeos.— Respondió golpeando el hombro del zorro, entendía bien la angustia de Nick, ella también la sentía después de todo, pero no por ello dejaría de darle soporte a su pareja, jamás dejaría de hacerlo.

—Exacto, coneja muy astuta.—

—Torpe zorro.—


Notas de Terra:

Como siempre, la redacción de este capítulo pertenece 99% a Apheront, así como la trama me pertenece un 99%. Fuera de eso no tengo nada qué decir, el capítulo habla por sí mismo, salvo que este quizá sea uno de los capítulos más largos. Y bueno, pequeños, responderé algunos de los reviews, si gustan dejarme alguna nota pueden hacerlo con el hashtag #TerraIsLoveTerraIsLife. (?) No me crean -inserte cara de trol aquí.- solo tiene que decir "Para Terra.":

Anna Frozen Free: También tenemos una excelente competencia contra ustedes, veremos si la crueldad le gana al romance o viceversa ;).

Terra: No te preocupes, qué guapa por cierto 7u7 (?)

JudyHopps28: Las leyes tienen el propósito de proteger a los ciudadanos así como asegurar el bienestar de la natalidad y la pureza de las especies. Algo así como, en nuestro mundo, una sociedad racista u homofóbica (Digo homofóbica porque al incluir las leyes que prohíben el ínter-especie pensé en que la homosexualidad antes estaba prohibida).

SavageWaiter: Bueno, fue un sueño, la verdad es que la ley solo le permite a las masas hacer lo que quieran por 20 minutos con los criminales, y ya que se les ha enseñado que el ínter-especie es malo, deciden golpearlos. Algunos hasta morir, como en el sueño de Judy.

SpyTaku299: De hecho yo tuve un sueño parecido, y todo era muy violento aunque parecía realidad, en el fondo de mi sabía que se trataba de un sueño, aunque no estaba muy convencida. Quise plasmar algo similar aquí, pero recuerda que si en tu sueño te matan, despiertas (He... Claro que no lo aprendí de "El origen"... ¿Cómo podrías pensarlo? :v). Así que el primero en morir debía ser Nick.

ThePhantomPain02: ¡No puedes acusarme de nada! (?) En realidad, como ya te dije, solo leo el primer capítulo de eclipse, es que son muchos y yo muy floja :c. Jaja, de hecho, el equipo funciona así, soy la de la historia y Apheront hace la magia. Sin él, la historia no tendría gracia.

A los que les rompimos el corazón: No esperen que sea la única vez en la que somos así de cueles, esperen, aún hay más ;D.

Notas de Apheront:

Bueno creo que con lo de arriba es más que suficiente, mi enérgica compañera se encarga de responder los comentarios, así que, empiezo a preguntarme por qué sigo apareciendo aquí al fondo, meh, supongo que me gusta andar de fastidioso, bueno, esperamos les haya gustado, entretenido, o al menos les haya dado algo qué hacer, escribir este fic en particular es especialmente divertido, y agradeceríamos que pudiesen comentar, no cuesta nada, es gratis, y por cada comentario Terra comerá una moneda (Mentira) Ojalá puedan comentar, así sabremos si les gustó, les encantó... O si ya perdimos el poco respeto que teníamos c:

Paz.