Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Advertencias: Para los primeros capítulos de este fic me basé en algunas escenas de los libros "Fifty Shades of Grey" de E.L. James y "Bared to You" de Sylvia Day. Sin embargo, esto no será una adaptación.
Evermore
Carpe Diem
No tenía idea de cuántos segundos habían transcurrido desde que me enteré de que Yamato Ishida era el CEO y dueño de las Industrias Evermore. Estaba bloqueada. En mi mente sólo resonaba su nombre una y otra vez. Yamato, ¡Yamato Ishida! ¿En serio era el mismo Matt que yo conocía? ¿Ese mismo chico que había dejado de ver hace un poco más de ocho años? Y mientras más lo miraba, menos duda me quedaba, ¡por supuesto que era él! Si sus ojos me habían resultado tan familiares, ¿por qué no lo reconocí al instante? ¡No había cambiado casi nada!
Bueno. Exceptuando que ahora se veía mucho más maduro. Maduro, misterioso y sexy. Oh, y poderoso. Demonios. La cabeza me estaba dando vueltas. ¿Qué acaso él no me reconoció tampoco? ¿Y cómo es que él era el dueño de todo el emporio Evermore? ¿En qué momento ocurrió? ¿Cuándo? ¿Él había hecho todo esto por su cuenta?
—Mimi, ¿todo bien? Estás muy pálida…
La voz de Kouji me devolvió al mundo real.
—Eh… yo… sí… es decir…
Lo que me faltaba. Mi cerebro parecía estar desconectado de mi garganta.
Miré a Yamato directo a los ojos. Él ya no sonreía, más bien me observaba, indiferente.
—Minamoto, tu asistente parece nerviosa —habló de pronto —. ¿Crees que pueda estar en la junta?
¿Eh?
—Mimi, si te sientes mal… —comenzó a decir Kouji.
—¡No! —le interrumpí de inmediato, sin apartar mis ojos de los de Ishida.
Ante mi repentina subida de tono, Kouji pareció inquietarse, y Yamato tan sólo arqueo una ceja. Maldije internamente mi poca capacidad de guardarme mis pensamientos y, aun sabiendo que lo que iba a decir era algo que podía esperar, no pude evitar que las palabras salieran casi a gritos de mi boca.
—¡Yamato! ¡Soy yo, Mimi Tachikawa!
Y si Kouji antes parecía nervioso, ahora lucía perplejo.
—O-oye, Mimi, un poco de respeto para el señor Ishida…
Pude escuchar su petición, pero decidí no prestarle atención.
—¿No me reconoces? ¡Llevábamos años sin vernos y…!
—Lo siento, pero no sé de que está hablando, señorita Tachikawa —espetó él, con una educación distante que no le conocía —. Y le agradecería que me llamara señor Ishida. Cuestiones de jerarquía, ya sabe.
Abrí la boca, completamente indignada y ofendida. ¿Yamato estaba de broma? Acepto que ambos lucíamos algo diferentes, ¡pero no era para tanto! Sí, puede que si no me hubieran dicho su nombre, yo habría tardado un poco de tiempo en darme cuenta de que era él. ¡Pero sé que lo habría reconocido eventualmente! No era posible que, con todo y mi nombre, no me recordara.
—Eh… —mi jefe intervino, notablemente incómodo —. Discúlpela, señor, seguramente lo confundió. Fue un malentendido…
Yamato se encogió de hombros.
—Sólo asegúrate de que no vuelva a ocurrir, Minamoto —sentenció.
Por Dios, ¿podría ser más odioso? Quería alegar, pero sabía que, como empleada, no estaba en posición para hacerlo. Tenía que calmarme, no iba a hacer un escándalo en mi segundo día de trabajo, y menos al ver que las demás personas citadas a la junta habían comenzado a llegar, todos saludando a Yamato con muchísimo respeto.
Entonces, la recepcionista —obviamente rubia y hermosa— que nos había indicado que entráramos, apareció detrás de nosotros.
—Señor Ishida, vi que iba a salir de la sala. ¿Se le ofrece algo?
—Tan eficiente como siempre, Megumi — contestó —. Sí, efectivamente iba a mi oficina a revisar algo, pero ya no tiene importancia.
—Bien, señor, estaré en mi lugar.
Ishida solamente le indicó que podía hacerlo con un movimiento de mano y después se giró sobre sus talones, entrando de vuelta a la sala de juntas. Se sentó en la silla de piel en la cabecera de la mesa, y de pronto me di cuenta de que ya estaban ocupados varios lugares. Kouji se encaminó hacia una de las sillas y yo lo seguí, sentándome con algo de duda a su lado.
En menos de un minuto la sala se llenó y Yamato comenzó a hablar con una seguridad impresionante. Tenía una dicción perfecta y todo el mundo parecía escucharlo con suma atención. Todos, menos yo. Estaba molesta, confundida e indignada. Y lo peor del caso, es que una parte de mí no podía dejar de pensar en lo atractivo que era. Sí, Yamato siempre había sido muy apuesto, pero este poderoso CEO que ahora estaba sentado en su silla ejecutiva, sobrepasaba los límites. Y no sólo eso, todo su cuerpo emanaba una vibra muy penetrante. El Yamato que yo conocía poco tenía que ver con este prepotente hombre.
Mas sin embargo, ahora que sabía que era él, no podía evitar sentir un poco de alegría.
Después de todo, antes fue mi amigo. Bueno, no éramos muy cercanos, pero estaba segura de que por lo menos me apreciaba un poco, como yo a él. Y ahora que lo pensaba, tal vez él podría decirme cómo encontrar a los demás. !A Takeru! Dios, cómo extrañaba a Takeru…
—Mimi, ¿apuntaste eso?
Oh, mierda.
—Sí, claro —dije por inercia.
Él asintió y de nuevo posó sus ojos en Mister Evermore.
Uff, tenía que concentrarme. Primero estaba mi trabajo. Ya después me ocuparía de Ishida.
Claro está, si es que podía concentrarme en su presencia.
.
Había pasado ya una hora y la junta parecía estar llegando a su fin. Ciertamente, había sido sumamente interesante ver expuestas las ideas de cada departamento. Ahora entendía un poco más sobre el creciente éxito de Evermore. Todos eran muy buenos en lo que hacían. Incluido Yamato. Estaba completamente impresionada con él. ¿Quién habría pensado que tenía madera de magnate? Yo siempre le vi aires de rockero rebelde, con inclinaciones musicales. Me encantaba ir a sus conciertos cuando tan sólo teníamos catorce y quince años respectivamente. Ya habían pasado unos diez años de eso.
La curiosidad me estaba matando. ¿Cómo es que Yamato se había iniciado en este mundo? ¿Lo habría hecho sólo? No podía quitarle los ojos de encima. Su voz ronca inundaba la habitación, hablaba seguro de sí mismo y muy sereno, en tono imperativo. Y todo lo que decía lo hacía ver como un hombre brillante y competente.
¿Dónde había quedado ese niño rebelde?
Entonces Kouji tomó la palabra y todos los presentes lo escuchaban muy atentos. Yo decidí dejar de mirar a Ishida para poder concentrarme en tomar nota. Al parecer nuestro departamento pensaba en invertir en una compañía publicitaria pequeña y con mucho potencial, que carecía de presencia en el mercado. Me sorprendí por la pasión de mi jefe al hablar. Vaya, esta sí que era su vocación. De pronto sentí un poco de envidia, pero decidí reprimirla. Ya algún día me tocaría a mí hacer lo que me apasiona.
—Muy bien pensado, Minamoto —lo apremió Ishida —. Estaré esperando un informe del avance para la próxima semana.
—Sí, de hecho, la señorita Tachikawa me va a estar apoyando con eso.
Los ojos azules de Yamato se clavaron en los míos al instante. Por Dios, que intensos.
—¿Ah sí? —inquirió, sin dejar de mirarme —. Entonces, señorita Tachikawa, ¿qué concepto sugerido por Kouji le parece más acertado?
Oh, eso sí que me tomó por sorpresa.
—¿D-disculpe?
¡Se supone que yo venía de oyente!
—Lo que escuchó. ¿Qué concepto le parece el más acertado?
La intensidad de su mirada era punzante, como si lo único que viera fuera yo, lo cuál me hizo admirar aún más a Kouji, quién había tenido que sostenérsela por casi veinte minutos. Ahora llevaba si acaso medio minuto mirándome a mí y yo ya me estaba muriendo. Él tenía el brazo derecho sobre la pulida superficie de madera, y golpeaba suave y rítmicamente el tablero con los dedos, largos y elegantes.
—Todos son excelentes y muy bien pensados, señor Ishida —me limité a responder, tratando de ocultar mis nervios.
Demonios, yo no solía ser así. ¿Por qué Yamato me intimidaba tanto?
Su perfecto rostro se vio impasible por unos segundos, y después frunció levemente el ceño.
—Quiero que sea honesta, y si tengo que sacar a todos de la sala para que lo sea, no dudaré en hacerlo.
¿Estaba hablando en serio?
—Le estoy siendo honesta, señor. Pero, si insiste, creo que el que mejor podría funcionar es el que tiene un enfoque emprendedor. Así podríamos impulsar a la compañía a…
—Estoy de acuerdo —me interrumpió —. Quiero ese plan desglosado para la próxima junta.
Arqueé una ceja. ¿Si no me iba a dejar hablar para qué me preguntó?
—Nos pondremos a trabajar sobre él enseguida, señor Ishida —dijo Kouji de inmediato.
El rubio asintió.
—Con esto queda concluida la reunión de hoy. Vuelvan todos a sus respectivas labores.
Dicho esto, todos los presentes comenzaron a desalojar la oficina de Yamato a un paso tan rápido y ordenado que hasta lucía robótico y eficiente. Como todo en esta empresa. Fruncí el ceño, aún algo consternada por toda esta absurda situación. Bloqueé el iPad y me levanté de mi lugar. Mi jefe y yo éramos los únicos ahí aparte de Ishida. Kouji comenzó a caminar hacia la salida y yo lo seguí sin dudar, suspirando con alivio. Dios, ¿por qué estaba tan tensa?
Fuera lo que fuera, necesitaba aclarar mis ideas.
Pero mi objetivo se vio truncado en cuando sentí la mano de Yamato tomarme por el codo. Me detuve en seco y lo miré por encima de mi hombro. Madre mía.
—Necesito que te quedes un momento, Tachikawa —me dijo, autoritario —. Bajará en seguida, Minamoto.
Mi jefe parecía atónito, pero no pudo hacer más que asentir.
—Eh… sí, claro. Te espero abajo, Mimi.
En ese instante Kouji desapareció de mi campo de visión, cerrando la puerta tras de sí. Oh no. Estaba atrapada con Yamato Ishida —mejor conocido como el Dios Sexy— y ya podía sentir como el aire se me acababa. ¡Carajo! ¿Por qué era tan inquietante? Tranquila, Meems. Él era uno de mis más viejos amigos en el mundo, tenía que calmarme ahora mismo.
Dio un paso hacia mí.
Claro que mi viejo amigo antes no causaba este abrumador efecto en mi persona.
—¿Para que quería que me quedara… señor Ishida?
Iba a llamarlo por su nombre, pero por alguna extraña razón, mis palabras me traicionaron.
Él se cruzó de brazos, alzando una ceja.
—Quién iba a decirlo. Mimi Tachikawa.
¿Qué?
—¿Entonces sí me recuerdas?
—Oh por Dios, ¿cómo iba a olvidar a la niña más fastidiosa que he conocido jamás?
Fruncí el ceño. Sus palabras me habían pegado duro. ¿En serio eso pensaba de mí? Pero entonces reaccioné ante el hecho anterior y mi indignación volvió a salir a flote.
—¿Entonces sí me reconociste? —bufé —. ¿Por qué no lo aceptaste? ¿Querías hacerme quedar como una idiota en frente de mi jefe?
—Cuida tus palabras. Recuerda que yo soy el jefe de tu jefe.
—Claro, discúlpeme, señor —dije con notorio sarcasmo —. ¡No puedo creer que te hayas hecho el desentendido!
Él se encogió de hombros.
—Ayer no te reconocí. Y de no haber sabido tu nombre, probablemente no iba a enterarme de que eras tú.
Bueno, no puedo quejarme, me había pasado igual.
—Yo tampoco te reconocí el día de ayer, uhm… tú… has cambiado.
Una extraña sonrisa adornó su rostro. Oh, no… era de esas que derriten.
—Tú también has cambiado —dijo, dando dos pasos hacia mí.
Yo instantáneamente los retrocedí.
—Ya no queda nada de esa niña que conocía —ahora me estaba devorando con la mirada, tal y como en nuestro encuentro anterior —. Eres toda una… mujer.
Yo tragué saliva. ¿Por qué su voz sonaba como un sensual ronroneo?
—G-gracias, supongo —atiné a contestar, buscando cambiar rápido el rumbo de la conversación —. Y este… ¿para qué querías que me quedara?
—Quería preguntarte algo.
—¿Qué cosa?
El azul de sus ojos se hizo más oscuro.
—¿Te estás acostando con el tipo que te trajo esta mañana?
¿Qué?
—¿Disculpa? —juré no haber escuchado bien.
—Lo que oíste. ¿Estás teniendo sexo con ese sujeto?
¿Qué rayos…? ¡Eso había sido demasiado directo! ¿Sexo con quién? ¿La persona que me trajo esta mañana? Oh por Dios. ¿Yamato me acababa de preguntar si estaba teniendo sexo con Ken? ¿Y cómo sabía él que un "tipo", como él le había llamado, me había traído al trabajo? No me iba a quedar con la duda.
—¿Cómo sabes que me trajeron al trabajo?
—Tengo cámaras en todos lados. Este es mi edificio —contestó —. Pero no has respondido mi pregunta. ¿Sólo pasaste la noche con él o se acuestan de forma recurrente?
Hablaba de una manera tan casual que hasta me tomaba algo de tiempo procesar lo que estaba diciendo. ¿Acaso estaba loco? ¿Cómo se le ocurría soltar esas preguntas como si nada? No iba a contestarle. Independientemente de que me hubiera acostado con alguien o no, era asunto mío y no de él. No tenía derecho a exigirme respuestas de nada.
—¿Y eso a ti que te importa? —le respondí, molesta.
El me dedicó una mirada igual a la que vi el día de ayer. Irradiante de poder y control. Me sentí intimidada y di otro paso atrás. Al menos esta vez no me caí de sentón. Estaba progresando, creo.
—Me importa porque quiero acostarme contigo, Mimi. Y necesito saber si alguien me lo impide.
Sentí un repentino cosquilleo entre los muslos y casi pierdo el equilibrio, pero logré sostenerme en pie. ¿Qué demonios acababa de decirme? ¿Quería… acostarse conmigo? Ahora sí estaba indignadísima. ¿Cómo se atrevía a soltarlo tan descaradamente? Claro, era apuesto, más sexy que cualquier otro hombre que hubiera conocido. Y sí, lo acepto, una parte oscura de mí lo deseaba. ¡Pero esto era demasiado! Me sobrepasaba.
—La que te lo va a impedir soy yo. ¿Qué rayos te pasa? —solté esas palabras tan rápido como pude —. Y si eso era todo, me voy.
Tenía que escapar.
Él me volvió a sonreír, logrando lucir imposiblemente más atractivo.
—Hasta pronto, Mimi.
Sus palabras sonaron como una promesa y eso me causó escalofríos. Ya no pude sostenerle la mirada, por lo que me di la vuelta y abrí la puerta del salón de inmediato, saliendo disparada hacia los elevadores. Estaba casi corriendo a pesar de que sabía que él no me estaba siguiendo, y cuando al fin estuve dentro del ascensor, solté todo el aire que había estado contendiendo.
—¿Qué mierda fue eso? —susurré para mi misma.
Yamato Ishida, ese que solía ser mi viejo amigo, quería acostarse conmigo. Ese que ahora era irresistiblemente sexy. Ese que ahora era un importante empresario. Ese… que había cambiado tanto.
¡Y por Dios! ¡Quería acostarse conmigo!
Pude sentir algo parecido a ira recorrer mis venas. Definitivamente estaba ofendida. ¡Era un desvergonzado! ¡No tenía respeto por las mujeres! ¿Quién va por ahí haciendo ese tipo de proposiciones? Eso sólo me hacía llegar a una conclusión: Yamato era un playboy. Uno de esos hombres que creían tener a cualquier chica a sus pies. De esos que usaban a las mujeres para sexo casual de una sola noche.
Volví a fruncir el ceño. Que horror.
Entonces las puertas del ascensor se abrieron en el piso diecinueve. Y para mi sorpresa, Kouji estaba ahí, caminando en círculos en el área de recepción, y en cuanto me vio, vino de inmediato a mi dirección. Yo salí de la cabina.
—Dios, Mimi, ¿qué fue eso?
—No tengo ni la más remota idea.
Bueno, eso era verdad.
—¿Qué te dijo?
Más bien, ¿qué no me dijo?
—No mucho. S-sólo quería saber un poco más sobre lo que opinaba del proyecto —me encogí de hombros —. Parecía bastante convencido con tus propuestas.
Él sonrió, algo aliviado.
—Eso espero.
—Ya verás que sí.
.
A la hora de la comida, salí a un restaurante japonés que se encontraba a algunas cuadras. Yolei ya me estaba esperando ahí. La había llamado hace media hora por teléfono, alegándole que tenía que hablar con ella. Por supuesto, mi pelimorada amiga no me cuestionó. Ella supo, por mi tono de voz, que de verdad tenía que venir. Y cuando entré al lugar, la divisé en una de las esquinas, sentada en una mesa para dos.
—Volvemos a la normalidad. ¿Ahora quién hizo esperar a quién? —me saludó.
Yo puse los ojos en blanco.
De inmediato me senté con ella y una amable mesera vino a atendernos. Pedimos una bandeja enorme de sushi de todas las variedades existentes y una limonada rosa para acompañar. Miyako no espero un segundo después de que nos dejaron solas, y comenzó con el interrogatorio. Yo no me resistí, y le narré mi día, procurando no olvidar los pequeños detalles. Ni mucho menos los grandes…
—¿Qué? —exclamó, con la mandíbula desencajada —. ¿Tu jefe es Yamato Ishida? No, no, no, ¿Mister Evermore es Yamato Ishida? —sus palabras derrochaban asombro e incredulidad.
Yo asentí, dándole un sorbo a mi limonada.
—Es él, Yolei, yo tampoco podía creerlo…
—¿Y cómo es que ayer no lo reconociste?
—¿Yo? ¡Tú vives aquí! Dices que es muy conocido en los medios, ¿qué nunca viste una foto? ¿Por qué no sabías quién era? —le pregunté, casi reclamándole. Ciertamente, me habría ahorrado una situación bastante incómoda.
—Hey, no te pongas así, ¡sabes que soy una despistada de lo peor! —contestó —. Y ahora estoy comenzando a creer que Ken tiene razón, vivo perdida en mi propio universo lleno de ponies y arco iris, ¡la vida me pasa por delante y yo no me entero! —exclamó, lamentándose.
—Bueno, bueno, no exageremos... —dije, dándole una palmadita en el hombro —. Centrándonos en el tema de Yamato...
—¡Cierto! —interrumpió, recuperándose de inmediato —. ¿Realmente ayer no lo reconociste? —me volvió a preguntar.
—¡No! Bueno, sí se me hizo familiar. Es sólo que... está diferente.
—¿Cómo diferente? ¿Le cambió la cara? ¿Trae el pelo corto?
Negué con la cabeza.
—No me refiero a diferente físicamente. Aunque es definitivo que las facciones de su rostro han madurado. Ahora se ve… más hombre. Y su cabello no es corto, aún tiene ese toque rebelde de siempre…
—Entonces no me explico por qué no lo reconociste, amiga. ¿Qué es lo que está diferente en él?
Me encogí de hombros.
—Su presencia —dije sin pensarlo mucho —. Toda su esencia es distinta. No es la del Matt que conocíamos. Ahora evoca mucho poder. Es tan… intimidante…
Yolei frunció el ceño, no parecía entenderme nada.
—¿Y él tampoco te reconoció?
—No, y peor aún, el muy cabrón fingió que no me conocía.
—¿Hablas en serio? —exclamó —. ¡Qué descarado!
—Oh, no, Yolei. No has escuchado nada aún.
Proseguí contándole lo que sucedió después. Sobre la junta y todas las cosas interesantes que se vieron ahí. Obvio a Miyako parecían sólo interesarle las partes en las que mencionaba a Ishida, y no la culpaba, ya quería contarle la razón por la que la cité. Conforme seguí con mi relato, la boca de mi amiga se fue abriendo más y más, hasta que no pudo evitar soltar un grito agudo.
—¡No es cierto! ¿Te pidió QUÉ?
Todas las personas dentro del restaurant ahora nos miraban y un silencio incómodo inundó el lugar.
—Eh… ¿podrías mantener la calma? —le susurré a mi amiga —. No armes un escándalo.
Yolei sacudió su cabeza, conteniéndose.
—Es que no me lo puedo creer. ¿Literalmente te pidió que tuvieras sexo con él? —preguntó, ahora sí, moderando el volumen de su tono de voz.
Yo asentí.
—Sí, primero me preguntó si tenía pareja, aunque usó otras palabras para hacerlo. Yo le dije que eso no le incumbía y luego me soltó la pregunta, ¡casual!
—¡Es un cretino! —exclamó.
Las personas ya no nos miraban.
—Lo sé, ¡lo sé! —coincidí —. Yo aún no puedo digerirlo por completo. Estoy pensando que tal vez aluciné toda la conversación por estarlo mirando embobada.
—¿Y le dijiste que no?
—No puedo creer que me lo preguntes. ¡Por supuesto que me negué!
Yolei suspiró.
—Pues… no lo sé. Digo, es obvio que te gusta y…
—Hey —la frené de golpe —. Sí, es atractivo. Si no me gustara, estaría ciega o no sería mujer. ¡Pero no por eso me voy a acostar con él! ¡Apenas le conozco!
—Eso no es cierto, ¡lo conoces desde que tienes diez años!
—Pero ha cambiado, Yols. Ha cambiado muchísimo, se nota a leguas.
—Todos hemos cambiado, Meems —hizo una pausa —. Y a lo que voy es a que, si la vida te da limones…
Alcé mi mano para frenarla.
—Ya. No hables.
—Por Dios, Tachikawa. ¡No será el fin del mundo si te acuestas con él! Es sexy, rico, y ya dio el primer paso.
Fruncí el ceño.
—A veces pienso que eres una pésima mejor amiga…
—No, te lo digo por tu bien. ¡Recuerda… carpe diem! —exclamó —. Estos últimos años han sido difíciles para ti. Estás aquí para volver a empezar, para disfrutar. La vida es muy corta como para detenernos a pensar en pequeñeces.
Suspiré.
—Sí, pero…
—¿Recuerdas lo que tu psiquiatra te dijo sobre tomar riesgos? ¡A veces resulta sanador! Si lo deseas aunque sea un poco, arriésgate. Podrás soportarlo. Yamato y tú ya son adultos. Ambos saben lo que están haciendo.
—¿Q-quién dijo que lo deseaba?
—No te servirá de nada negarlo conmigo, mujer. Lo puedo ver en tu cara.
De pronto me sentí atrapada. También muy disgustada conmigo misma.
—No lo negué…
Yolei tan sólo asintió.
—Ya no tienes novio, Mimi. No tiene nada de malo disfrutar de forma segura. Eres una mujer joven y muy hermosa, es normal que los hombres te deseen. Además, por un acostón de una noche no te va a pasar nada. Ambos estarán consientes de lo que van a hacer y si usan protección, no correrán riesgos.
—Pero… siento que fue muy grosero. No tuvo nada de sutileza… —dije, afligida —. Como si pensara que soy una chica fácil. Además… yo nunca he tenido sexo con alguien que no sea mi pareja…
Y al fin, mi amiga se serenó un poco. Tal vez ya había entendido mi punto.
—Creo que lo estás viendo desde una perspectiva muy negativa, Mimi. Pero en parte tienes razón, perdona si me vi muy insistente, yo sólo quiero que sigas con tu vida y no medites tanto las cosas…
Asentí.
—Lo sé. Y tú también tienes algo de razón, ambos somos adultos y en todo caso, sabemos lo que hacemos —le concedí —. Y no es como si quisiera que me hubiera invitado a salir, pero tiene que haber un mejor modo de decirle a una chica que quieres llevártela a la cama.
Ella pareció meditarlo, y una gran sonrisa se posó en su rostro.
—¿Sabes qué? Hazlo a tu manera. Es obvio que el hombre cree que tiene el mundo a sus pies —exclamó —. Ignóralo y te va a desear tanto, que va a terminar reprimido —y soltó una carcajada.
No pude evitar imitarla.
—Créeme que no podría imaginármelo reprimido. Aunque me da risa de sólo pensarlo…
—Bah, por mientras déjalo por la paz. Ya el tiempo dirá…
Arqueé una ceja, y ella se encogió de hombros.
—Oye, tengo que irme, quedé de verme con Ken en quince minutos.
—Sí, de todos modos, yo tengo que volver a trabajar.
Pedimos la cuenta y Miyako decidió invitarme, por lo que yo puse la propina. Ambas salimos del restaurante y, a pesar de que Evermore quedaba relativamente cerca, ella insistió en llevarme en su Honda hasta la puerta. Algo me decía que estaba esperanzada en ver a Ishida merodeando por ahí. Yo hasta dudaba que él usara la entrada principal. Quién sabe.
Me despedí de ella y entré al edificio, sintiéndome mucho mejor que hace una hora. En definitiva, las sesiones con mi mejor amiga siempre eran de ayuda. Presioné el botón del ascensor y enseguida se abrió uno que venía completamente vacío. Me introduje en la cabina y seleccioné el botón del piso diecinueve. Me recargué en una de las paredes de espejos ahumados mientras éste subía, y justo en el piso cinco, hizo una parada.
Las puertas se abrieron y revelaron frente a mí a Yamato Ishida hablando con otro hombre.
Demonios. Como de costumbre, dejé de respirar en cuanto lo vi. ¡Que ansias! ¿Por qué tenía ese efecto en mí? Es tan sólo un hombre guapo, es tan sólo un hombre MUY guapo. Por más que me lo repetía, mi cuerpo no parecía captarlo.
El subió la mirada y sus ojos de inmediato se detuvieron en los míos. Oh no. Una peligrosa sonrisa se formó en sus labios. Genial. Seguramente me he convertido en una especie de reto para él.
—Hablaremos en otro momento, Himura —le dijo al hombre que estaba con él.
Sin dejar de mirarme, se adentró en la cabina, dejando al pobre Himura un poco confundido y con la palabra en la boca. ¿Y ahora qué? Sin pensarlo mucho, decidí que lo mejor para mi sanidad mental era salir de ahí antes de que las puertas se cerraran, pero tan pronto como di un paso al frente, Yamato ya me había tomado del brazo.
Y entonces… las puertas se cerraron frente a mí.
—¿Qué rayos te pasa? —le pregunté, soltándome bruscamente de su agarre.
—No me pasa nada. Por otro lado, tú pareces muy contrariada. ¿Tienes algún problema?
Oh, que si no…
—Tú —espeté.
—¿Yo?
—¿Qué no tuviste suficiente con la amena charla de esta mañana? —le pregunté. No sabía de donde estaban saliendo las palabras, pero ya había tomado vuelo, así que no iba a detenerme —. Y créeme que tratar de retenerme en el ascensor no va a funcionar. Ya casi llego a mi piso.
Él sonrió de medio lado.
—Te olvidas de que este edificio me pertenece.
En ese momento, sacó una solitaria llave de su bolsillo, se acercó al panel de botones y la insertó en éste. La cabina dejó de moverse en ese instante al tiempo en que las luces se atenuaron. ¿Es en serio?
—¿Acabas de detener el ascensor?
—Me parece que eso es evidente —respondió con simpleza.
—¡Debes estar de broma! ¡No puedes retenerme contra mi voluntad!
—Tachikawa, créeme que lo que menos deseo es retenerte en contra de tu voluntad.
Bufé, incrédula. Este hombre estaba demente. Y yo estaba nerviosa, incómoda y molesta. ¿Cómo era posible? Hace menos de cinco minutos venía relajada y hasta contenta. ¡Era su culpa que ahora estuviera enojada! Sólo que no estaba segura del porqué…
—Será mejor que pongas esta cosa en marcha. No estoy de humor para tus juegos…
—Eso lo puedo arreglar… —dijo en tono sugerente.
Y entonces me di cuenta de porqué estaba tan molesta. La respuesta era obvia, ¡seguía ofendida con él!
—No estoy interesada, Ishida. Déjalo ya.
Él me dedicó una mirada glaciar que casi me noquea. Incluso bajo la oscuridad, sus irises azules resplandecían.
—No me mientas, Mimi. Nunca me mientas.
Patética. Así me sentí cuando casi me desmayo al escucharle decir mi nombre con esa intensidad.
—N-no te estoy mintiendo —mi voz flaqueó, pero no me dejaría de él —. ¿Qué tiene que sienta atracción por ti? Estoy segura de que todas las mujeres están igual. La única diferencia es que yo no pienso hacer nada al respecto.
Él dio un paso hacia mí. Yo no retrocedí. Firmeza, tenía que mostrar firmeza.
—¿Atracción? —inquirió —. Interesante elección de palabra. Pero sí, creo que podríamos llamarle así.
Puse los ojos en blanco.
—¿No habías dicho que no coqueteabas con nadie nunca?
Una risa incrédula salió de su garganta.
—¿Realmente piensas que estoy coqueteando contigo? Mimi, esas son cosas de universitarios que creen estar enamorados —contestó —. Yo no me ando con sutilezas y cursilerías, voy directo al grano.
Bien, tenía un punto. Lo que él estaba haciendo era mucho más agresivo que un simple coqueteo. Pero aun así, no me iba a dejar.
—Escucha, Ishida. Imagino que para ti es muy fácil engatusar a cualquier mujer con todo tu dinero y tus encantos, pero tan siquiera deberías tenerme un poco de respeto. Un poco —enfaticé —. ¡Soy tu amiga de la infancia! ¿No te da vergüenza?
—¿Y qué importa que seas mi amiga de la infancia? Las cosas han cambiado y ahora somos casi unos extraños —dijo, sin perder su porte —. Además, no me da vergüenza exteriorizar mis deseos. Quiero acostarme contigo. Es sólo sexo sin compromiso, no sé porqué te pones tan histérica.
¡Y se atrevía a repetirlo!
—Pues llámame histérica, no me importa. Yo necesito querer a la persona con la que me voy a acostar.
—Comprensible —me concedió —. Pero yo no tengo ni el tiempo ni las ganas de un noviazgo.
Le sonreí.
—Genial, ya somos dos. Que bueno que lo hemos dejado claro.
Él no dijo nada. Comenzó a acercarse a mí con lentitud, aniquilándome con la mirada. Ahora sí tuve que retroceder, y así lo hice, hasta que mi espalda topó con la pared. Atrapada. Ishida colocó sus manos entre mi cabeza, aprisionándome. Me forcé a mi misma a no dejar de mirarlo. No iba a darle la satisfacción de verme intimidada.
Comenzó a bajar su cabeza, aproximándose a mí. Tuve que contener la respiración cuando sentí su exquisito aliento rozándome los labios. Dios. Quería moverme, apartarlo, pero mis piernas eran de gelatina. Y como una tonta, cerré los ojos. Vive la vida. Carpe diem.
Entonces lo escuché soltar una risita arrogante, y abrí los ojos de golpe. Su rostro ya no estaba cerca del mío.
—¿Ves como tú también me deseas? —dijo, con una sonrisa triunfal.
¿Qué? Oh, mierda. Ahora estaba mareada. ¿Acaso estaba jugando conmigo el muy cínico?
—Eres un cretino.
—Vaya, las mujeres sólo suelen llamarme así después del sexo...
Ya no podía seguirlo escuchando. Simplemente no.
—Pon en marcha el maldito elevador, Ishida —siseé. Ahora estaba más que molesta.
—Escucha, Mimi. Nunca me verás siendo romántico, no es lo mío, pero sé cómo darte placer, ¿por qué no simplemente aceptas? Te aseguro que no te vas a arrepentir.
—Quiero salir de aquí.
—No, hasta que aceptes.
¿Y esté imbécil quién demonios se creía?
—Podrás ser el dueño de Evermore y de una cuarta parte de Japón, ¡pero no tienes derecho a hacerme esto! ¡Prácticamente me estás obligando!
Él pareció ofenderse.
—Ya te lo dije. No pienso hacer nada contra tu voluntad.
—Entonces déjame salir.
—Bien, tal vez sí tenga que retenerte contra tu voluntad. Pero no voy a obligarte a acostarte conmigo. Necesito que tú aceptes.
Ya me estaba frustrando esta situación. ¡Era demasiado abrumador! El ambiente estaba tenso y pesado. Y él… él estaba endemoniadamente sexy. Era oficial, quería darme a mí misma una cachetada.
—¿Por qué tanta insistencia? ¿Por qué no vas y se lo pides a cualquier otra tipa? ¿Por qué yo?
Mi pregunta pareció incomodarlo, pues pareció quedarse en blanco.
—¿Yamato?
—No lo sé —habló ahora al instante —. Nunca me habían hecho esa pregunta. No sé que decirte.
Pues claro que no le habían hecho esa pregunta. Probablemente todas eran mujeres urgidas y sin una pizca de dignidad. De esas que se alborotan por un rostro bonito. Que diga bonito, la palabra era perfecto. Entendía que no le hubieran hecho esa pregunta. Era fácil imaginar a las tipas saltándole encima antes de que él terminara de hacerles la proposición.
—Ya. ¿Ves? No soy más que un capricho pasajero —exclamé —. Mejor ve a intentarlo con alguna de tus secretarias platinadas, estoy segura de que estarán encantadas.
No supe por qué mis palabras sonaron tan venenosas. Lo cierto es que me arrepentí un poco de haberlas dicho.
—No soy de los que se tiran al personal.
—Pues te recuerdo que, teóricamente, trabajo para ti.
—Serás la primera excepción.
—Hablas como si lo estuvieras dando por hecho cuando ya te dije que no —exclamé, más frustrada si era posible —. Yo no estoy para estos jueguitos. Y si yo puedo ser la primera excepción, cualquier otra mujer que trabaje aquí lo puede ser. Ve a buscarte una que no te ponga tantas trabas.
—No. Te lo pedí a ti.
—No me lo pediste, Yamato.
—Ahora te estoy pidiendo.
Suspiré.
—No —sentencié —. ¿Y qué no tienes que trabajar? Tal vez el gran CEO no tenga prisa, pero yo trabajo para ganarme la vida.
—Yo también trabajo para ganarme la vida.
Me quedé callada por unos segundos. Vaya, pues eso era cierto.
—Está bien, Mimi, te dejaré salir —dijo, no muy convencido —. Pero no voy a rendirme tan fácilmente.
Oh, genial, estaba en lo cierto. Me veía como un reto.
—Yamato, yo…
—Mañana, a la hora de la comida, en mi oficina. Vamos a hablar.
—¿Eso fue una orden?
Negó con la cabeza.
—Velo como una pregunta, ¿quieres o no?
Me tensé un poco, de nuevo sintiéndome incómoda. Bien, sólo tenía que negarme. Me estaba dando la oportunidad de elegir y yo tenía que decirle que no. ¿Tenía? Es decir, quería decirle que no. No. Sí, eso. Tal vez esta vez si lo captaba y me dejaba en paz. Niégate, solo tienes que decirle que NO. Bien. Le diría que no. No, Yamato, gracias. Eso sonaba exactamente como necesitaba que sonara. No. No…
—Sí.
Él sonrió.
—Pensé que ibas a decir que no. Es lo único que te escucho decir.
¡Eso era precisamente lo que iba a decir! ¡Que no!
Estaba petrificada. Era la primera vez en mi vida que me sentía traicionada por mí misma. ¡Esto era un boicot! Mi cuerpo había traicionado a mi mente. Sentía como si me hubieran tendido una emboscada.
Yamato me dio la espalda y giró la llave del panel, sacándola de ahí. Las luces del elevador volvieron a intensificarse y la cabina enseguida comenzó a moverse. Faltaban tres pisos para el diecinueve, pero a mi me parecieron tres mil. Cuando al fin se abrieron las puertas, salí casi a tropezones, avanzando hacia la recepción con urgencia. Necesitaba alejarme de él. Necesitaba estar en terreno seguro.
—Mañana a la hora de la comida, Tachikawa. No lo olvides.
Fue lo último que lo escuché decir, y las puertas se cerraron delante de él.
Mierda.
.
Notas de la autora:
¿Ven cómo sí cumplo? HAHAHA. Les dije que el viernes actualizaba, y aquí lo tienen, mis amores. ¡Espero que les haya gustado este capítulo! No tengo demasiado qué comentar al respecto, salvo... ¿se esperaban eso por parte de Yamato? XD. Fue algo crudo y muy directo en su petición, pero ya verán como evoluciona ese asunto, las cosas se van a poner muy hot (?). UY. Mimi está ofendida y enojada, pero todos aquí sabemos que lo desea, la pobre lucha por lo desmayarse ante su presencia.
No sé si alguien se lo haya preguntado pero se los digo de una vez. Sí, en este fic idealizo a Yamato. ¿A qué me refiero? A que, como nosotras estamos dentro de la cabeza de Mimi y ella lo ve perfecto, constantemente lo estará mencionando (en sus pensamientos, claro). Así que si creen que exagero con lo bello y sensual que es Yama, sepan que lo hago apropósito, es completamente intencional :). De hecho, esa fue una de las características que tomé de los libros que leo, las protagonistas lo ven a él como alguien sumamente apuesto, tanto, que terminan convenciéndonos de que lo es, haha. Aunque vamos, no hay que negar que no le estoy haciendo ningún favor a Yama, ese hombre ya es demasiado hermoso por sí solo XD.
Oh, una cosa que me preguntaron mucho es sobre los otros digielegidos, sí, sí van a salir, paciencia XD. No serán demasiado importantes en la trama, pero saldrán. Igual quién sabe, tal vez conforme vaya escribiendo, algún personaje vaya agarrando importancia. También entraron muchas dudas sobre el pasado de Mimi. En el próximo episodio habrá una plática que revelará parte importante sobre éste, pero no lo primordial, sino la "base" para que lo entiendan todo. Hehe, y les adelanto que el pasado de Yama también será algo interesante de leer.
Y bueno, el próximo capítulo también se viene el viernes. Ya está escrito y blablabla. Por cierto, para este capítulo y el que viene, me basé en algunas escenas de Bared to You de Sylvia Day. El enfoque en mi fic será muy distinto, pero quiero que todo esté en claro con ustedes desde un inicio, así nos evitamos malentendidos :).
¡OH! ¡Y sobre el primer capítulo en POV de Yamato! Sí, sí lo voy a publicar. Estaba pensando en hacerlo en el capítulo 10, o cuando lleguemos a los 100 reviews (ya saben, como agradecimiento). Y hablando de reviews, quiero agradecerles a todos por éstos :'D. Me han hecho muy feliz, tanto los que ya me seguían desde antes y las nuevas personitas que llegaron. ¡Gracias por tomarse el tiempo de escribirme! Realmente no importa si su comentario es muy corto, yo aprecio cada cosa que me dicen :'). Ya les contesté a todos los que tienen cuenta, y a los que no, les contesto abajo.
Eso es todo por ahora, escríbanme, ¿sí? Los amaré forever.
Atto. Rolling Girl
aka: Gravi ~
RR's sin cuenta:
Mag: ¡Qué bueno verte por aquí! ¿Ya ves? No tardé con el capítulo XD. Espero te haya gustado, love. ¡Gracias por el review! Un abrazo.
Ana: ¡Que gran halago! Gracias, yo realmente espero que pueda a llegar a ser una de tus historias favoritas :'). Agradezco que te tomaras el tiempo de escribirme. Besos.
Rach: ¡AAH! ¡Estás aquí! Hola de nuevo, Rach bonita :D. Huhuhu, veo que tienes muchas dudas, pero todas serán resueltas conforme avancen los capítulos, y también sabremos qué piensa Matt eventualmente XD, tal y como mencioné en mis notas de autora. Y sí, mientras escribía, yo también me compadecí de la pobre de Meems XD, pero bueno, ya verás lo que le espera. ¡Gracias por tu review!
RyooAsakura: ¡Vaya, gracias! Sí, prometo traer el POV de Matt para nuestro deleite, huhu. ¡Gracias por escribirme!
Ashee Amirah: OW, mil gracias por tus palabras tan bonitas :'). Que bueno que te pude hacer sentir tantas cositas en el estómago. Prometo esforzarme porque la trama siga interesante. Ahora, ¡gracias por leer Dream High! Siempre es lindo que las lectoras invisibles hagan aparición. Y uff, entiendo lo del cel, a mí también me daba flojera escribir RR's cuando leía por ahí XD, pero créeme, por más pequeñito que sea el review, la autora siempre, SIEMPRE lo apreciará :'). ¡Espero seguirte viendo por aquí! Un beso.
Tity: UY, Tity bella, ¡gracias por seguirme hasta acá (tú sabes, bien lejos que estaba (?), haha)! Me encanta que te pongas a especular :D, puede que en algunas cosas tengas razón, pero ya te irás enterando, huhuhu. ¡Y sí! Mimi metió la pata XD, dijo cada babosada, pero bueno, en este capítulo no le fue mucho mejor, ¡le esperan muchas cosas a la pobre! Este rubio sexy no es de los que se rinden tan fácil ;9. Oh, y sobre los capítulos en POV de Matt, tal y como dije arriba, ¡sí los haré! Yo creo que para agradecer cuando esto llegue a 100 reviews (que bueno, no sé si llegará, pero yo espero que sí xD). Y don't worry por escribirme algo cortito, lo que cuenta es que te tomes el tiempo para hacerlo. ¡Un abrazo!
Guest: ¡Personita sin nombre! Qué bueno que te gustó, espero pronto saber quién eres o cómo puedo llamarte :). ¡Gracias por escribirme!
Darkgirl: YAY, sí, prometo que será interesante, ya quiero seguir escribiendo para llegar a la parte que me urge (?). Haha, mil gracias por tu review, te mando un beso.
Luhamdo: ¡Actualicé pronto, tal y como lo pediste! Espero te haya gustado este capítulo :). Mil gracias por escribirme, no tienes idea de cuánto lo aprecio. ¡Abrazos para ti!
