EL ESCAPE

"Estas no son las personas que están buscando," dijo el joven piloto mientras sostenía su mano frente a la cara del capitán.

Como en una especie de trance, el capitán repitió lo que le dijo el muchacho: "Estas no son las personas que estamos buscando"

"Diles a tus soldados que solo encontraste cajas," dijo el joven repitiendo la acción con la mano.

"¡Solo hay cajas!," gritó el capitán a los soldados que se encontraban fuera de la nave.

"Toma a tu compañero y vete," le dijo el joven al soldado y este tomó en brazos a su compañero que se encontraba inconsciente y bajo de la nave.

El piloto cerró la puerta y encendió el motor, la muchacha se sentó en el asiento del copiloto y empezó a encender los controles. Que el motor se caliente tomaba tiempo y los controles se demoraban en encender, después de todo era una nave antigua. No tenía mucho tiempo para escapar. Los otros soldados se darían cuenta del engaño; era bastante obvio que unos de sus compañeros había sido noqueado.

De repente escuchó gritos fuertes desde afuera, "¡Oye, maldito!, ¡Espera! ¡Están en la nave!," era el capitán. Había recuperado la cordura y recordaba a quién había visto en la nave; a la princesa y los caballeros Jedi.

"¡Debemos largarnos!," grito el joven piloto mientras apretaba el acelerador y salía disparado del hangar.

Los blasters trataron de alcanzar la nave, pero el joven piloto realizaba maniobras increíbles para evitarlos. Parecía como si pudiera leer cada escenario a la perfección. Casi como… casi com un Jedi.

"¿Cómo hiciste eso?," le preguntó Obi Wan mientras salía del armario donde se habían escondido junto con Padme y Qui-Gon. No podía creer lo que había presenciado. A él le había tomado casi cinco años aprender el control mental de los Jedi mientras que este joven lo podía hacer sin ningún esfuerzo y sin aparente entrenamiento.

"¿Quién eres?," preguntó Obi Wan, aún sorprendido de lo que acababa de presenciar. No podía creer que existiera alguien así fuera del Templo Sagrado.

"Anakin Skywalker, esta es mi hermana, Reyla," dijo el joven piloto mientras se concentraba en esquivar los laser.

"Eres un jedi," mencionó Qui-Gon, absolutamente admirado de haber conocido una persona con las capacidades que demostraba ese joven.

"¿Qué? No. Solo es bueno con esos trucos," mencionó su hermana. Se notaba que se encontraba nerviosa con la afirmación que había hecho el maestro. Su reacción no pasó desapercibida por Obi Wan ni por Qui-Gon.

De repente un movimiento sacudió la nave bruscamente, "Nos dieron," gritó Anakin mientras trataba de alzar los escudos de la nave y maniobrar para tratar de librarse de los rebeldes que los acechaban.

"Nos están persiguiendo. ¿Puedes perderlos?," preguntó Qui-Gon, aunque estaba muy seguro de la respuesta que le daría Anakin.

"No es por alardear, pero está hablando con el mejor piloto del universo," mencionó el muchacho, con una sonrisa característicamente pícara.

Los laser llegaban de todas partes. Los perseguían de cerca los rebeldes y parecía cuestión de tiempo hasta que alguno de ellos destruyera los escudos, pero Anaki los perdía a cada momento.

"¡Cuidado!," gritó Padme cuando en medio del escape vio una de las torres del castillo colapsar sobre sí misma.

La torre del castillo…

Donde se había criado, donde había dado sus primeros pasos, donde su padre le había contado tantas historias; ahora ardía en llamas. Todo aquello que había conocido estaba perdido y no había vuelta atrás. Al ver su hogar arder, lo supo, su padre estaba muerto.

Obi Wan reconoció la expresión de dolor en el rostro de Padme por lo que sostuvo su mano con firmeza, de tal manera que ella pudiera sentir que todo estaría bien, que mientras estuvieran juntos, todo sería mejor.

Pero no había tiempo para la tristeza o el dolor, debían escapar. Debían buscar ayuda en el Senado Galáctico.

"Toma esa salida," dijo Qui-Gon, señalando una apertura en las defensas de los rebeldes.

Anakin realizó una maniobra abrupta que tiró a todos de sus asientos, incluyendo a Padme, quien terminó sobre Obi Wan. Los movimientos de la nave y la agilidad mental del piloto permitieron que atravesar el bloqueo sin problema.

"Wo hoo!", gritó el muchacho al ver lo magnífica que había sido esa escapada.

"Impresionante," pensó Qui-Gon mientras evaluaba las habilidades del muchacho. Parecía como si pudiera predecir el futuro, predecir cada movimiento al más mínimo detalle.

De repente, estuvieron rodeados por dos gigantescas naves que bloqueaban su salida. Estaban perdidos, no había manera de escapar. Se convertirían en prisioneros o peor… morirían.

"Se que suena loco, pero voy a activar la velocidad luz," dijo el muchacho mientras movía los botones del panel de controles. Su hermana hizo lo mismo.

"¿Estás demente?," gritaron Obi Wan y Padme al unísono. Si activaban la velocidad luz en esas circunstancias, la nave se desintegraría al golpear contra las naves rebeldes.

"Confía", dijo el joven y activó la velocidad luz mientras viraba la nave de manera vertical. El movimiento hizo que la moléculas de la nave se distorsionen, y por un breve momento, atravesaron las naves enemigas como un fantasma.

A esa velocidad, lograron alejarse de Naboo sin problema, lejos de los rebeldes que buscaban destruirlos.

Escaparon... casi ilesos.

Una figura sombría recorría el salón del Palacio Real que se encontraba en ruinas, las llamas habían consumido todo el interior de la edificación. La figura se movía de una manera tan extraña, que parecía como si flotara por encima de los escombros.

"Encontramos a la muchacha, está muerta," le dijo uno de los soldados rebeldes.

"Que bueno verte Darth Maul," dijo un hombre con un tono casi insolente. Era Dorian Marlow, el líder del ejército mercenario más importante de la Galaxia, Los Contras, una afiliación militar que solía involucrarse en casi todos los conflictos inter-planetarios. Se rumoraba incluso que, en algunos casos, la agrupación había sido la responsable detrás de dichos conflictos.

Pero la agrupación no tenía únicamente el control militar, sino también el económico. Controlaban las mineras más grandes de la Galaxia y su influencia se podía sentir en todos los rincones.

A pesar de su gran estatura y complexión física, Marlow se movía con gran agilidad entre las ruinas del castillo, teniendo cuidado de no ensuciar su pulcros zapatos.

"Con que muerta, ¿eh?", dijo Marlow mientras examinaba el cuerpo de la muchacha con detenimiento. Analizando cada parte de manera minuciosa.

"Sí señor," dijo el soldado orgulloso.

"¿Seguro?," mencionó Marlow lentamente, a manera de burla, mientras levantaba un pedazo de tela roja que se encontraba entre los restos de la joven.

"¿Disculpe señor?," preguntó el soldado rebelde algo confundido.

"La tela roja es característica de las doncellas de esta zona. Dime, ¿cómo es posible que una princesa tenga una tela tan poco elegante como esta?," le dijo Marlow mientras le lanzaba al soldado el pedazo de tela en la cara.

"No me percaté," mencionó el soldado con temor. Sabía que Marlow no era un hombre con el que uno quisiera meterse a discutir. Después de todo su reputación de torturador era conocida.

"No te percataste," dijo Marlow y soltó un suspiro de resignación, "¿Por qué tengo a gente tan incompetente?"

"¿Disculpe?," dijo el soldado con temor. De repente dos grandes manos se agarraron de su cuello, sacando el poco aire que tenía.

"Contrólate," dijo Darth Maul con una voz casi imperceptible, como un suspiro.

Marlow arrojó al muchacho contra los escombros, con una fuerza tal, que le rompió el cuello.

"Tienes razón," dijo Marlow mientras limpiaba sus manos con un pañuelo, "perdóname"

Darth Maul era un hombre escalofriante, no se distanciaba tanto de Marlow. Su mirada penetrante podía perforar el acero y los tatuajes de su cara, sin mencionar los cuernos en su cabeza, eran suficientes para espantar a cualquiera.

"No se debe utilizar la fuerza para cosas tan insignificantes," mencionó Darth Maul mientras cubría con su capa los cadáveres, del Rey y la doncella. No lo hizo porque sintiera pena por ellos, no, jamás haría eso. Sentía admiración por quien había sido antes el Rey, lo hizo por respeto.

"Búscalos. Si llegan a la capital, toda esta operación será en vano. Necesitamos este planeta para probar nuestra teoría y si la República se llega a enterar… bueno, será mejor que no se entere," le dijo Maul a Marlow, quien inmediatamente salió del salón seguido de cerca de sus soldados.

"Necesitamos encontrar un lugar seguro," dijo el maestro Qui-Gon mientras observaba los mapas en la computadora central de la nave.

Todos se encontraban nerviosos. Al parecer durante la maniobra casi suicida de Anakin, uno de los motores entró en contacto con una de las naves y se encontraba descompuesto. Eso solo podía significar que parte del combustible se estaba filtrando.

"Tuvimos suerte de que la nave no se despedazara," mencionó Obi Wan mientras ponía una venda en la mano de Padme. Durante el brusco movimiento durante el escape se había lastimado la muñeca.

"Podemos encontrar refugio en Tatooine. No estamos lejos de allí," dijo Padme mientras revisaba con su mano sana el resto de mapas.

"No iremos a Tatooine," dijo Anakin de manera brusca, causando desagrado en Obi Wan.

"Es el lugar más cercano y no nos encontrará. Es tierra de nadie," dijo el joven Padawan mirando a Anakin directamente a los ojos. Se notaba su enojo en las pupilas.

"Tierra de nadie. Exacto. Significa que es peligroso. Además quienes son ustedes para decidir. Es mi nave," dijo Anakin igual de molesto, "Además, ustedes pueden ser criminales, y yo aquí ofreciéndoles refugio."

"Tienes razón. Hemos sido descorteses. Mi nombre es Qui-Gon Jinn, ellos son Obi Wan Kenobi y Padme," dijo el maestro de manera cordial. Sin embargo, Obi Wan se percató que omitió premeditadamente el apellido de la princesa. "si, aún no sabían si podía confiar en ellos," pensó.

"Agradecemos su ayuda," dijo Padme de manera amigable, tratando de romper la tensión que se formaba entre Obi Wan y Anakin.

"Un placer," dijo Reyla, igual de consiente de la situación entre los dos muchachos.

"Tatooine es nuestra única esperanza. Con el combustible que nos queda, ir a cualquier otro lugar, sería peligroso. Por favor Anakin, no te pediría esto sino fuera nuestra única opción," dijo Padme.

Anakin no pudo resistir la lógica de lo que decía. Tampoco podía negarse. Era la chica más bellas que había visto, "puedo dejarlos ahí. Pero apenas tenga como partir, me iré. No quiero involucrarme"

"Me parece justo Anakin," dijo Qui-Gon mientras colocaba su mano en el hombro del muchacho.

"Disculpen a mi hermano. Se pone nervioso con la idea de regresar, somos esclavos fugitivos de Tatooine," dijo Reyla mientras pasaba una botella de agua a Obi Wan.

"¡REYLA!," gritó Anakin. Él no quería compartir esa información con extraños.

"Nos necesitan tanto como nosotros los necesitamos a ellos Anakin y para que todo funcione necesitamos ser sinceros con ellos. Además yo tomo las decisiones, ¿recuerdas?," el muchacho no pudo decir nada en contra de su hermana. Tenía razón, debían ayudarse mutuamente para sobrevivir en Tatooine.

De repente escucharon la alarma del motor. Ahora era imposible mantenerse en el aire. Debían aterrizar lo antes posible. "No hay opción," dijo Obi Wan.

"Si, no hay opción," dijo Anakin, "Tatooine." Le dolía en el alma regresar. Si los descubrían estaban muertos, pero si no aterrizaban, de seguro estaban muertos.

La muerte segura superaba a la muerte posible.

…...…

El aterrizaje fue relativamente calmado. Escondieron la nave afuera de la ciudad principal y caminaron por el desierto. Padme tuvo una idea para ocultar la identidad de Anakin y Reyla. Tomó dos cascos que se encontraban en la nave y creó máscaras, una negra y una blanca.

"De esta manera, si alguien los ve, no los reconocerá," dijo la joven princesa mientras entregaba la máscara negra a Anakin.

"Gracias," dijo el muchacho mientras sujetaba la máscara en sus manos. Era particularmente aterradora e intimidante, con grandes ojos negros y rejas en vez de una boca. Sintió una fuerte premonición al colocarsela, como si fuera una maldición el tener que usarla.

Padme le entregó la blanca a Reyla, que solo cubría la mitad de su cara y ambos hermanos se cubrieron la cabeza con telas que combinaban con la ropa que usaban.

"Ok. Necesitamos buscar la tienda de Watto. Ahí podremos encontrar los repuestos que necesitamos", dijo Anakin mientras pagaba el peaje para entrar por las puertas de la ciudad, "Debemos ser imperceptibles. Todo los rumores corren como fuego en esta maldita ciudad."

"Lo sé. Por favor confía en nosotros. Jamás pondremos en riesgo tu vida o la de tu hermana," dijo Obi Wan tratando de aliviar las asperezas de hace un momento atrás.

"Gracias," dijo Anakin. Podía notar la sinceridad en las palabras de Obi Wan.

"Y bueno, ¿cómo vamos a pagar por los repuestos?," dijo Reyla. De repente, todos en el grupo empezaron a mirarse el uno al otro con cara de incredulidad.

"¡¿Solo ahora se acaban de percatar que estamos quebrados?!," gritó Anakin. De repente la furia que se había calmado hace un momento volvió a nublar su cabeza. Sabía que al aterrizar la nave sería casi imposible volver a despegar.

"¡Sabía que tenía que botarlos a su suerte! ¡Maldición!," dijo Anakin mientras golpeaba una de las paredes.

"Anakin tranquilízate. Respira. Ya sabes lo que sucede cuando pierdes la cabeza," dijo Reyla mientras sostenía la mano de su hermano.

Qui-Gon pudo fijarse que el agua que se encontraba en uno de lo jarrones cercanos a donde se encontraban empezó a hervir y el cristal de uno de los vehículos reventó.

"¡Hermano, basta!," dijo Reyla. De repente Anakin salió de su trance y se tranquilizó.

"Interesante," pensó Qui-Gon.

"Perdón, no se lo que me pasó," dijo Anakin mientras se levantaba la mascara y limpiaba el sudor de su frente.

"Entonces… ¿cuánto dinero tenemos?," preguntó Padme. Nadie respondió.

"Ok. Entonces venderemos esto," dijo Padme. Era el collar de su madre, aquel que nunca retiraba del cuello.

"No puedes hacer eso," dijo Obi Wan. Sabía lo que ese pendiente significaba para ella. No podía permitirle venderlo.

"Es nuestra única opción. Yo sé lo que estás pensando, pero es todo lo que tenemos. Mi madre habría querido que lo usemos para salvar a Naboo," dijo Padme mientras sujetaba la mano de Obi Wan.

"Podemos vender mi sable de luz," dijo Obi Wan con dolor en el rostro.

"¡No!," dijo Qui-Gon molesto. Era la primera vez que Obi Wan lo había escuchado levantar la voz.

"Necesitamos nuestras armas para protegerla," dijo el maestro. Obi sabía que esa no era la verdadera razón detrás de su sorpresivo enojo. Un Jedi no podía separarse de su sable de luz de ninguna manera ya que este representaba una parte de su alma.

"Perdón por ser insolente maestro," dijo Obi avergonzado.

"No será suficiente incluso si vendemos tu juego de luces, Jedi," dijo Anakin en tono burlón.

"Aún no es un Jedi," dijo Qui-Gon. La rigidez del tono de voz del maestro hizo que Anakin se sintiera un poco mal por Obi Wan. Se notaba que aún estaba molesto con la afirmación del sable de luz.

"El precio es muy alto. No podremos pagarlo," dijo Reyla. Estaba empezando a pensar que todo esto había sido una terrible idea cuando de repente algo llamó su atención.

"Esperen, lo tengo," dijo Reyla arrancando un afiche de la pared, "las carreras de Pods. Dinero rápido, mucho dinero"