La advertencia para la historia se mantiene, espero les agrade la segunda parte de este Triptico.

Goza de mi lectura como yo Goce escribiendo.

Chica de Terry

"Aquella Sensación de Soledad"

Tríptico Perturbador

Parte ll

Patricia

Siento que el rubor en mis mejillas me quema, respirar su olor, estar constantemente envuelta en el como una bruma me atrapa y no puedo escarpar, que tortura…

Dentro del auto, en el asiento trasero o el como chofer ¡le encanta conducir! Y vaya que sabe conducir, los negocios, su vida, a mi… en la cabina del tren, en el Ferri, en el camarote del barco… ¿que excusa puedo darle para alejarme de el y mantener una respetuosa distancia? A excepción de cuando trabajamos en las juntas, estando a solas mientras revisamos los contratos, no puedo dejar de mirarle, de degustar su espigada figura, su saco oculta su firme trasero, entonces me muerdo los labios por no poderle admirar, soy consiente de mis indecentes pensamientos cuando vuelvo a sentir que mi cara parece estallar roja por el calor, comienzo a sudar y la sequedad en mi boca me hace levantarme del sillón y tomar un vaso grande y doble de limonada fresca, entonces aprovecho para abanicarme un poco, El parece no darse cuenta de mi palpito, de mi inquietud cuando estamos juntos, cerca, codo a codo y, solos… pero es mejor así…

Tengo que dejar de pensar en aquella noche cuando roce con mis caderas su miembro mientras bailábamos samba, no se como pude seguir hasta el final, me sentí envuelta y atrapada otra vez en esa fragancia, a bosque, a pureza, su piel sudaba, la camisa blanca se le pegaba al pecho y pude ver sendas ocasiones sus pezones oscuros, creo que esa noche me volví loca. Tenia la completa libertad de tocarlo con la línea de mi silueta, bailar vigorosamente mientras nos tomábamos de la mano y el tomaba mi cintura y me hacia girar, luego me envolvía con todo su cuerpo moviendo de aquel modo tan diabólico sus esbeltas caderas, quien lo dijera, tan alto, esbelto, esos hombros tan anchos, la cadencia de su baile perfecto, no era de admirarse que las brasileiras le formaran circulo y no perdieran oportunidad de menear el trasero de aquella forma desvergonzada, y mientras ellas agitaban de un lado a otro los exuberantes pechos frente a sus ojos, el sonreía luego estiraba la mano y me halaba hacia el para que no olvidaran esas mujeres que yo era su compañera.

Entonces en un momento mágico tomo mis caderas las ciño a las suyas, me giro al ritmo de la música y pegado a mis espaldas danzamos al ritmo de la música vigorosamente casi por una calle completa alejándonos con ese movimiento delirante de su cuerpo de aquellas mujeres que claramente querían seducirlo.

Yo me deje llevar por el ritmo de sus caderas ¿Qué otra cosa podía hacer? Me tenia ceñida a su cintura, me deje llevar recargue mi cabeza en su pecho y mis piernas pegadas a las suyas simplemente flotaron a su ritmo y antojo… Fue mágico, perturbador, no creí que tuviera tanta aptitud para el baile, mucho menos un baile como aquel, cuando la música paro, mi cuerpo estaba poseído por Brasil, por su música, por el cuerpo de Albert, espero que no se haya dado cuenta que baile a su antojo con los ojos cerrados, imaginando cada parte de su cuerpo por debajo de la ropa, no podía evitarlo, ya lo conocía y ese día pude sentirlo, Duro, firme, flexible, fuerte, muy fuerte, y muy duro…

Luego en la playa… fue demasiado para mi, si danzar brincando de derecha a izquierda con soltura me resulto diabólico, ahora bailar de frente con las piernas mezcladas y el cuerpo completamente pegado… seguro me hubiera corrido ahí delante de todos… Rezaba las oraciones del día y de la noche constantemente para alejar esos pensamientos de mi cabeza y rogando, que a el no se le ocurriera intentar bailar conmigo de esa forma o… no se que hubiera pasado.

Albert es demasiado caballero, afortunadamente para mi, lo es, creo que pensó que alguien como yo, mojigata y aburrida no daría el ancho para sus dotes de estupendo bailarín. Si, es mejor, no puedo quejarme, Albert me a tratado maravillosamente y he conocido muchos lugares gracias a el, ahora entiendo porque Candy confía tanto en su persona, es un verdadero hidalgo, honorable y bondadoso, demasiado; lo ha sido conmigo después de cómo me porte, de lo grosera que fui en su propia casa.

Que avergonzada me siento, como pude reclamarle tal cosa, como pude hacerlo "casi responsable" de la muerte de Stear, que injusta fui, pero no era yo quien hablaba, si no mi dolor, mi desesperación, me sentí defraudada, en aquel momento tuve tantos cuestionamientos sobre el, y estalle.

Que casualidad que hubiera desaparecido, y que justamente apareciera para evitar el funesto compromiso de Candy con el tarado de Neal, puso en su lugar a la tía abuela que siempre se mostro tan majadera con ella, que decir de los Legan, bien merecido se lo tenían, Archie, Anie y yo estábamos felices disfrutando la escena, ninguno había caído en la cuenta de que el, el Sr. Albert, el vagabundo desamparado, era el dueño y señor de la fortuna Adley, era el padre adoptivo de Candy y tío de Archivald y Alistear. No hubo tiempo para reaccionar hasta que rápidamente así como apareció poniendo todo en su lugar, así se desvaneció sin dar mayor explicación, era su costumbre ya me la conocía bien.

Y eso fue lo que causo mi shock, era el, el que se hacia pasar por vagabundo, el que perdió la memoria, el que aconsejo a Stear pero no pudo disuadirlo… ¿Cuándo le regreso la memoria? ¡¿Cuándo?¡ y si fue antes de que Stear muriera, si pudo haberlo traído de vuelta aunque fuera empaquetado en una caja a la fuerza, ¿por que no lo hizo? Mi alma se lleno de coraje, de impotencia, de furia, le espere a que volviera y al verlo llegar de nuevo con Candy, tan felices y sonrientes yo me abalance sobre el y le reclame su descaro, su engaño.

Como me avergüenzo de semejante escena, el se quedo mirándome, trato de abrazarme pero no se lo permití, salí corriendo y detrás de mi, Candy. Luego esa noche lo vi, y su imagen me perturbo, a la mañana siguiente salí de Lakewood como alma que lleva el diablo, ni siquiera me despedí, no podía mirarlo a la cara, no podía siquiera estar en su presencia.

Paso un largo tiempo, casi tres años de la muerte de Stear y yo… no tenia ninguna meta que me ilusionara, me carteaba con un inesperado amigo, sus misivas eran la única grata sorpresa que podía esperar, hablábamos de trivialidades al principio como simple cortesía pero luego comenzamos a interesarnos en nuestras vidas de verdad, alentándonos en la distancia a no decaer, pero sin meternos nunca donde no nos incumbía, el viajaba tanto que no sabia en que momento me respondería, cuando desesperaba una carta de el llegaba dándome un poco de momentánea felicidad mas por saber de el que por mi misma.

Escribía poemas depresivos para mi perdido amor, de pronto un intruso se colaba en mis pensamientos y escribía también sobre el, sintiéndome traidora desaparecía aquella evidencia, me saciaba escribir sobre el de vez en cuando, no sabia porque pero calmaba algo en mi al haberle visto en aquel rio con el agua chorreando su cuerpo desnudo, plasmaba aquella escena con Stear de protagonista me reunía con el y realizábamos nuestro amor, me da vergüenza admitirlo pero la idea de seguirlo a su ultima morada paso por mi cabeza varias veces, escribir sobre aquel incidente en el portal de agua pero con mi adorado Stear y yo de amantes calmaba un poco mis ansias suicidas, era tan ardiente nuestra entrega en el papel que lograba acalorarme, obligándome a salir de la biblioteca que se había vuelto mi santuario y refugio privado para refrescarme con limonada, no azucarada, me gustaba mas bien un tanto acida.

Cuando volvía con mi vaso a la biblioteca con la firme intención de quemar el escrito antes de que alguien lo pudiera leer, llamaron a la puerta, estaba muy cerca así que me dirigí hacia allá mientras bebía de mi limonada acida raspando un poco mi garganta.

-Buenas tardes Patricia.

Casi me atraganto cuando la acida limonada se me va por el lado incorrecto, frente a mi estaba el mismísimo William Albert Adley con una cálida sonrisa y vestido de traje negro con el cabello en un largo perfecto, dándole ese aire de rebelde que siempre le caracterizo, ni el cabello tan corto como lo acostumbran los caballeros, ni exageradamente largo como si fuera un vagabundo maleante.

La visión frente a mi me dejo pasmada, no podía ni toser aunque la acides estaba quemándome no se que parte de la garganta, creo que hasta por evitar toser y escupirle la limonada en su fino traje me olvide de respirar hasta ponerme azul, no pude ni contestarle.

Tampoco pude evitar recorrerlo de pies a cabeza y la imagen de su magnifico cuerpo masculino desnudo me golpeo como una patada en el estomago y al fin solté el aire contenido, lanzando un ligero gemido de ahogo. ¿Cómo era posible que el estuviera en la puerta de mi casa después de tanto tiempo? La visión se me borro, la respiración ceso, estuve a punto del desmayo si no fuera porque el me tomo entre sus brazos, regresándome la vida que se me iba en un suspiro.

-Señorita Obrien ¿se encuentra bien?

-¡Albert! ¡Albert querido! ¡Que alegría!

Mi abuela Martha saludo afectuosamente al recién llegado, al que ni siquiera había saludado y mucho menos le había dado el pase de entrada a nuestra casa, seguía parado en el umbral presenciando como se me iba la vida.

Entonces dejando de lado las buenas costumbres, se adentro me tomo de la cintura y los hombros justo antes de que me desvaneciera, oí en la lejanía su voz preguntándome si me encontraba bien, yo ya no podía contestarle, tenia los ojos empañados de lagrimas, entonces me alzo en vilo y me soplo en el rostro y por arte de magia mis pulmones se abrieron, antes negados a aceptar el casi nulo aire que intentaba jalar por la nariz.

-¿Pero Patricia que te sucede? ¡Ay niña te estabas ahogando! por aquí por favor Albert.

De repente me sentí flotar entre nubes, entre suaves y deliciosas nubes, un olor a maderas, a bosque húmedo, a limpio frescor de otoño, era el quien me llevaba en sus brazos y me deposito en el diván de la sala sumamente preocupado por mi, y por si eso no era suficientemente patético, yo no soltaba el maldito vaso de limonada.

Ahora sonrió cuando lo recuerdo, tantas sensaciones que me provoco el, enojo, coraje, ira, asombro, inquietud, lujuria, deseos, me sentí sin vida al verlo causa de la limonada, y me sentí en las nubes en sus brazos, segura, ese soplo de vida que inyecto a mis pulmones… Cuando me creía muerta, el apareció… haciéndome sentir toda clase de emociones nuevas, desconocidas para mi, dándome oportunidades, libertades, decisiones pero también recelo.

¿Por qué lo haría? No tenía porque tomarse tantas molestias conmigo, o ¿Acaso se lo pediría Candy? No me atrevo a preguntárselo, mucho menos ahora que me basta con esto, con perderme en su aroma y en su presencia, me basta con mirarlo de cerca y acariciarlo con mis ojos, de colgarme de su brazo de vez en cuando, de bailar, de montar, de cenar, de crear en mi cabeza la tonta fantasía de… pero soy tan poca cosa para el, vamos no soy tampoco un adefesio ya me di cuenta y mi querido amigo por carta me lo decía siempre pero, al lado de el me siento tan pequeña y frágil, como si al momento en que me tocara me quebraría de la emoción.

Es tan distinto a lo que sentía por Stear, no es que quiera compararlos, en aquel tiempo éramos muy jóvenes e inexpertos, bueno aun lo soy pero Albert, el, es un ser tan esplendido que dudo siquiera que me tome en cuenta como mujer, o como una posibilidad de algo… siquiera.

Seguramente seré eternamente la amiga de su hija adoptiva. Otra chiquilla acomplejada y nada más. Seguro que esta haciendo por mi lo que hizo por Candy todos esos años pero a un nivel profesional, me he ganado el respeto del gremio, se me llama con admiración y orgullo, se me pide consejo, siendo que al principio no me aceptaban e incluso Albert tuvo que luchar por el derecho de tomar un lugar como su asesora en las juntas de las empresas Adley.

Sentada en la antesala, frente a la secretaria que me miraba como bicho raro quizás por mi aniñada vestimenta y mi peinado pasado de moda, lo escuche hablar fuerte, defenderme y hablar de que la mujer es un acierto y no un estorbo, que es mas que decoración, o una belleza hueca, "el bello sexo tiene mucho que ofrecer, solo hay que darle una oportunidad" -había dicho con gran vehemencia a los ortodoxos personajes con pensamiento del siglo pasado.

Me conmoví hasta las lagrimas al oírlo decir todo eso de mi, incluso me causo pavor, que tal si no estaba a su altura me había marcado expectativas tan altas que ni siquiera yo estaba segura de poder alcanzarlas, quería salir huyendo de ahí, pero antes de que reuniera el valor para hacerlo, la puerta se abrió, el sonrió ofreció su mano y me llevo dentro.

Así comenzó nuestra relación de trabajo y compañeros, en mis cartas le cuento a Candy y a mi querido amigo lo que he estado haciendo, he conseguido un empleo y que me va de maravilla, pero no he dicho quien es mi jefe. Quiero que sea una sorpresa, una grata sorpresa la nueva Patricia Obrien, al menos mi vida no estará desperdiciada, si bien mi corazón no podrá alcanzar su anhelo, al menos mi mente se sentirá realizada.

Sigo aquí trabajando a su lado, recordando como el fue mi inspiración para decidirme a montar otra vez, que tino de la instructora Kelly dejarme sola unos momentos mas con "Tormenta" aquella tarde en la cuadra, el paseo que dimos dentro del corral me recordó aquellas memorias de mi niñez, se asombro al verme hacerlo con soltura, no necesite tanta guía, me convencí que lo bien aprendido, jamás se olvida.

Luego cuando dijo que iría a hacer una llamada y me dejo sola, afiance el caballo y me asegure de que estuviera sola lejos de miradas extrañas… no lo pude evitar, tenia deseos, deseos muy fuertes que saciar, ya era demasiado la tortura en mis sueños y el suplicio de que mi sueño se materializara casi al alcance de mi mano.

Stear ya se había convertido en un bello recuerdo y Albert estaba despertando todas y cada una de mis pasiones, con tantos años de mantener un bajo perfil, de estudiarlo y llevarlo a cabo como buena dama, podía disimular muy bien la atracción que el me producía, pero cuando el menciono "montar" el recuerdo de aquella noche de luna llena en Lakewood me torturaba constantemente dejando de ser un recuerdo lubrico privado para convertirse en tortura diaria al verlo tan cerca de mi.

Aquella tarde en la cuadra, completamente sola me sorprendí lo que Albert provoco en mi, su presencia, el recuerdo de su cuerpo desnudo, su cuerpo delineado por sus impecables trajes oscuros que lo cubrían de mi vista, su elegancia, su sencillez, todo el me ponía a temblar de los pies y la cabeza, así mareada de su presencia que casi podía olerlo, me hizo estallar ferozmente, gemí su nombre no lo pude evitar, por primera vez en mucho tiempo me sentí saciada en una parte de mi de la que ni siquiera tenia conciencia.

No era nada parecido a mi sentimiento erótico por Stear donde siempre terminaba llorando porque sabia que nunca podría ser y el deseo momentáneo era remplazado por una amargura constante; pero Albert, Albert lo tengo tan cerca, tan, tan cerca que… mi ropa interior se humedece mas rápido de lo que me concentro en tratar de evitarlo.

Desde aquel día en Oregón tengo que desahogarme casi a diario en mi lecho para poder hacerle frente al día siguiente, pero no se si eso es una solución porque en lugar de apaciguar mis ansias, el deseo crece mas y mas, me cuesta disimular que le acaricio con la mirada, que me embobo cuando el habla, cuando se apasiona y muestra ese lado salvaje y aventurero que yo se que posee. Termina convenciendo a la junta de conciliación y arbitraje de sus novedosas y locas propuestas estudiadas por ambos. Mientras los ortodoxos lo felicitan yo ya estoy húmeda por el. Mi cuerpo también lo felicita, lastima que no se lo pueda hacer saber mas que con un, "Bien hecho, los conquistaste"… y a mi también.


Mi único consuelo ahora es soñar con el y la forma en como mancille su intimidad por el deseo de disculparme por mi abrupto comportamiento aquella mañana en Lakewood cuando volvió con Candy, de quien sabe donde.

Estaba tan aturdida aquel día, ni siquiera yo misma me reconocida, ¿como había sido capaz de confrontarlo de esa forma? A el, al dueño de este basto imperio, yo una chiquilla mutilada por el dolor. Me la pase en vela, salí de la casa y recorrí el jardín de rosas cultivado por el primer amor de Candy, el joven guapo del retrato que se encuentra en el comedor, Anthony Brown.

En la oscuridad de la noche nublada, una sombra espigada se dirigió hacia el bosque, sabia de quien se trataba su figura esbelta era inconfundible, le seguí a la distancia, no encontraría otra mejor ocasión para disculparme de forma que nadie lo supiera, me sentía sumamente avergonzada después de armar semejante escena aquella mañana.

El bosque estaba oscuro y silencioso, el viento era fresco pero el calor del verano se imponía, por cuidarme las espaldas perdí de vista la sombra a la cual perseguía, me encontré sola en medio de la oscuridad y el silbido del viento, comencé a temblar, como se me había ocurrido seguirle así, antes de que el terror se apoderara de mi mente, escuche un chapuzón y fui consiente del sonido de la caída de agua, las nubes dejaron filtrar los rayos de luna y el rio se dejo ver no muy lejos. Camine de prisa hacia el cuerpo de agua, entonces entendí que estaba muy cerca del portal de agua de Stear, al menos allí podría mantenerme a salvo, eso creí.

Camine por la vera, y el sonido de chapoteo en el agua volvió a escucharse, alguien nadaba, me quede paralizada, ¿seria Albert? O seria algún guardabosque cumpliendo con su ritual de aseo.

Me acerque sin hacer ruido, en la oscuridad no podía distinguir de quien se trataba, alguien nadaba vigorosamente contra corriente y luego se dejaba llevar flotando por ella, repitió aquella acción tres veces, ajuste mis anteojos pero aun así no podía ver bien, entre los arbustos pude divisar la ropa y las botas en la orilla, hincada me escabullí un poco mas cerca, "Patricia, Patricia, que estas haciendo" - me repetía - en verdad no lo sabia pero era demasiada mi curiosidad y el morbo.

Luego la figura masculina salió del agua chorreando por todas partes, trepo por las rocas y se sentó muy cerca de la cascada, parecía perdido en sus pensamientos descansando sus antebrazos sobre las rodillas o seria quizás que solo estaba cansado de nadar, me acerque un poco mas y me escondí detrás de las piedras del portal, estaba demasiado cerca casi podía escuchar su agitada respiración, y el como maldecía por no poder, ¿acaso escuche bien? Por no poder poseer a una mujer… Un sonido algo extraño comenzó a escucharse, estaba tan preocupada de que no me fuera a descubrir que no caí en la cuenta que estaba efectivamente espiando a Albert mientras nadaba creyéndose en total privacidad.

Volví a echar un vistazo y el hombre estaba contraído echado ligeramente hacia atrás, como si lo torturara una terrible apendicitis, podía notar su espalda y cadera desnuda y las largas piernas apoyadas contra las rocas, el cabello sobre la cara por el efecto del agua y su mano en un cadencioso y enérgico vaivén justo en su…

¡Oh señor de los cielos!

Volví a pegarme a las rocas, cherre los ojos por instinto pero la imagen de perfil de Albert haciendo… eso… no desapareció de mi mente, comencé a escuchar sus gemidos, y el sonido de su mano que parecía reventar mis oídos.

¿Qué pretende? ¿Arrancárselo? Decía para mi, pero la curiosidad de seguir viendo fue mucho mas poderosa, a gatas volvió a rodear hasta quedar de frente al portal oculta por la maleza, justo atrás de sus ropas.

Atisbe lentamente entre el alto follaje, las nubes esparcieron los rayos de luna como reflectores sobre el portal, la imagen de Albert se volvió plateada cubierta de gotas de agua, estaba aferrado a su mismo con tanta furia que en lugar de causarme desagrado, me pareció muy bello, un dios en medio del portal de agua dándose placer bajo la cascada, su mano acariciaba suave arriba y abajo, la otra acariciaba mas abajo ahuecando y jalando.

De pronto volvía a contraer todo su cuerpo provocando que se marcaran los músculos, de sus brazos, en su marcado abdomen, en sus muslos… resplandecía bajo la luz de la luna el agua que escurría por su anatomía, avivado volvía furiosamente al ataque con ese sonido rápido y seco provocado por su mano, el delirio le hizo echarse hacia atrás dejando que la corriente le callera directamente sobre su miembro erecto, el gemía, podría jurar que salía vapor de su cuerpo caliente, se levanto de pronto, me asuste.

Me escabullí pecho tierra por temor a que me encontrara ahí fisgoneando pero sus gemidos y blasfemos por no poseer a aquella mujer que lo tenia delirante y caliente llenaron la soledad del bosque, levante la cabeza solo para presenciar como se tomaba el duro miembro jalándolo con fuerza y echando su simiente a chorros hacia la corriente del rio.

Lo dicho, un Dios arrogante, haciendo gala de la belleza de su masculino cuerpo erguido sobre las rocas echado hacia adelante mientras terminaba con su tormento derramándose en éxtasis, como un lobo que aúlla su placer a la luna.

La venida fue mutua para los dos sin que el lo supiera, no pude evitar mis propias contracciones intimas al verlo de pie sobre las rocas halándose y corriéndose de aquella manera tan lasciva, húmedo, duro, salvaje, apasionado, muy excitante.

Como podía mirarlo a la cara después de presenciar sus ardores, ¿Cómo? Por mucho tiempo pensé quien seria aquella mujer afortunada que lograba ponerlo en ese estado de locura, seguramente alguna amante que dejo en uno de esos tantos lugares que visito, el era un hombre, como podría fijarse en una muchachita tonta e inexperta, como yo. Preferí huir doblemente avergonzada, primero por haberlo enfrentado y segundo por haber mancillado la intimidad de su momento privado y volverme participe en mi indigna acción.

Y heme aquí, el fue a buscarme y ahora duermo a una pared, tan cerca de el pero sola, sintiéndome mas sola que nunca, conformándome con mirarle desnudo en mis sueños, deseando que sea yo a quien llama.

Comtinuara...