Dos
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Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece, su propiedad es de Akira Toriyama
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Espero que les guste
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"—¡Lapis alcánzame! —exclamó Lázuli lanzándose con el trineo, más atrás, su hermano se lanzó en el suyo. Cubiertos completamente por abrigos, los gemelos se estrenaban su nueva casa en invierno. En sus cortos 7 años, ellos habían estado mudándose constantemente, esperaban que esa casa fuese permanente ¡Les gustaba mucho!
Recostada a la pared, Violet observaba a todos lados de forma discreta, al mismo tiempo que miraba a sus hijos. Se sentía un poco nerviosa, puesto, que Gero estaba siguiendo sus pasos, y la cercanía del científico provocó sus mudanzas pasadas.
Pronto, el dinero que había robado se le iba a terminar.
Ya había durado 7 años.
Ella quería borrar de forma definitiva todo lo que tuviese que ver con la Patrulla Roja, nada más había dos cosas de las que jamás de desharía, y que intentaría olvidar de la conexión que tenían ellos con su pasado.
Un golpe frío en su mejilla la hizo mirar en la dirección. Lapis, su pequeño bribón, la miraba con desafío, otra bola de nieve brincaba en su mano.
Violet sonrió ¿Con que quería una pelea? Pues una pelea iba a tener.
—¡Cavaste tu tumba, soldado! —le dijo recogiendo nieve.
—¡No! —exclamó el niño cuando su madre le lanzó el proyectil. Lázuli solo rio.
Lapis y Lázuli serán un gran recuerdo de sus días en la fuerza, pero ellos sacaban lo mejor de sí, y los amaba demasiado como para deshacerse de ellos.
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Durante el desayuno, Lázuli le informó a Amanda, la madre de Adam, que partirían enseguida.
—Pero querida…
—No se imagina como le agradecemos todo, pero no queremos ser más una molestia.
—No lo son, linda. Pero tu hermano aún está lastimado ¿Puedes caminar bien?
—Sí, no se preocupe —le respondió Lapis sonriéndole. Amanda miró a su hijo, Adam le devolvió la mirada de preocupación.
—¿Y en donde vivirán? —preguntó Adam.
—Tenemos un familiar en la capital del norte —mintió Lapis. No tenían ningún otro familiar, ni a su padre conocían. Pero no podían quedarse ahí, ser una carga para otra familia.
—Bien —suspiró Amanda—. Pero el viaje es largo, así que les empacaré algo de comida ¿Está bien? —Lapis miró a su hermana y ésta asintió.
—Por supuesto —terminaron de desayunar y enseguida se alistaron para partir. Amanda les empacó comida y los despidió en la puerta, mientras veía a los hermanos alejarse.
—¿Entonces? —Preguntó Lázuli— ¿A dónde piensas ir? No tenemos ningún familiar en la capital del norte —Lapis no respondió, solo abrió un mapa y lo inspeccionó.
—Estamos aquí —le señaló, encerró en un círculo el lugar—. La aldea que queda más cerca es ésta —le señaló, había que atravesar un espeso bosque—: La villa Jingle. ¡Andando! —Lázuli vio a su hermano andar, pero ella se quedó estática, había algo que la incomodaba, no sabía si del lugar, o la actitud de Lapis.
—¿Por qué no te importa? —preguntó Lázuli, un nudo se situaba en su garganta. Lapis se giró a verla con la ceja enarcada, esa mirada típica que había heredado de su madre.
—¿Qué es lo que se supone que no me importa? —Lázuli apretó los dientes.
—¡El que estemos solos! —le gritó— ¡El que mamá esté muerta con el resto de los ciudadanos del Este!
—¿Y que quieres que hagamos? —No sabía que le irritaba más, si la insensibilidad de Lapis, o su estúpido y tranquilo tono— ¡Los muertos no reviven! ¿Qué quieres que hagamos? ¿Qué busquemos unas tontas esferas y pidamos un deseo de que los muertos revivan? ¡¿Sabes lo estúpido que suena eso?!
—¡Es más estúpido querer cruzar todo un bosque lleno de animales salvajes para llegar a otra aldea! ¡Solos los dos! ¡Tenemos 13 años, Lapis! ¿Qué pasa por tu cabeza? ¿Crees que es un juego? ¡¿Por qué eres tan infantil?!
—¡No es un juego! ¡Es lo que Violet querría que hiciéramos! —Lázuli miró a su hermano, sus ojos azules brillaban de lágrimas contenidas, ella también estaba así, pues no quería dar rienda suelta al llanto—. Para eso ella nos enseñó toda esa mierda de supervivencia.
—No quiero estar sola ahí.
—No estarás sola —Lapis tomó la mano de su hermana—. Yo estoy contigo, y saldremos de esto pronto —Sin tenerlo previsto, el chico pronto se vio abrazado por su hermana. Puso los ojos en blanco, Lázuli era demasiado sensible—. Tengo algunas cápsulas —dijo Lapis revisando su mochila, después de soltarse del abrazo de Lázuli—. Tengo un arma, un arco y varias flechas, y cuerda para trampas. Al fin y al cabo vamos a tener ese campamento de supervivencia que mamá tanto quería que hiciéramos.
Lázuli no dijo nada, solo miró las cápsulas que Lapis le mostraba. Cuando su hermano las guardó, se adentraron en el bosque.
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—¿A dónde van esos niños? —preguntó Lázuli observando en la ventana a varios niños que iban tomados de la mano de su madre o padre, y se dirigían a algún lugar.
—Van a la escuela, a aprender. Ahora aléjate de la ventana, hija —respondió Violet tomando a la niña de 8 años de los hombros y alejándola de la ventana.
—¿Por qué nosotros no vamos a una escuela? —preguntó la niña.
—Porque ustedes son especiales, tienen una mente más brillante que ellos, y por eso prefiero enseñarles yo.
No, ella lo que no quería es que ellos se relacionaran tanto con los otros niños, que se encariñaran con alguien, puesto que en cualquier momento iban a mudarse, y a ellos les dolería romper sus lazos, por eso era mejor que no crearan ninguno.
Violet sentó a Lázuli en la sillita al lado de Lapis y le volvió a dar el libro que había estado leyendo, les estaba enseñando supervivencia, pues, si era necesario, en algún momento, se tendría que internar con ellos en el bosque.
—¿Cuándo aprenderé a disparar un arma? —preguntó Lapis con un brillo en los ojos, Violet soltó una risita.
—Tranquilo, soldado —le dio un golpecito en la nariz—. A los 12 te enseño.
—¿Esperar 4 años? —Violet asintió— ¿Por qué tanto?
—Porque sí, ahora, continúen leyendo, que les haré un breve examen de trampas en minutos —los gemelos asintieron y volvieron a sus lecturas.
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—Quieto… —Lapis puso su dedo en el gatillo.
—Lapis…
—Shhh… Lázuli, espantas la cena —el pequeño dinosaurio pastaba tranquilamente, no era un bebé, sino uno de esos animales de tamaño pequeño. Tirados boca abajo detrás de un arbusto, Lapis apuntaba a la cabeza del dinosaurio con una escopeta, mientras su hermana tenía el saco de lona donde seria metido el cadáver.
—Lapis… ¿Y si los rangers escuchan el disparo?
—Este no es un parque, Laz. Aquí no hay rangers —se pasó un mechón de cabello detrás de la oreja, ya le había crecido bastante, y Lázuli estaba segura que su madre se lo hubiese vuelto a cortar. Ella también tenía el cabello más largo, ya bajaba hasta su cintura.
—¿Pero tienes que dispararle? Lo vamos a comer —Lapis puso los ojos en blanco y volvió la mira a su presa.
—Le dispararé en la cabeza, no nos comeremos eso —Estaba a punto de apretar el gatillo—. Cúbrete los oídos, Lázuli —la rubia se cubrió los oídos y Lapis disparó. El pequeño dinosaurio cayó de inmediato con un agujero en su frente— ¡Sí! —exclamó Lapis levantándose y caminando hacia su presa. Lázuli se levantó detrás de él y se acercó con cuidado. Lapis levantó su presa de las patas trasera con una sonrisa— La cena —la rubia miró con espanto como la sangre goteaba del agujero de la frente, los ojos en blanco del dinosaurio parecían mirarla acusándola de aquel crimen.
No lo soportó, su estómago se revolvió y comenzó a subir por su garganta.
Vomitó. Y Lapis la miró con asco, después soltó una risa.
—Que sensible eres —tomó la bolsa de lona que Lázuli había dejado tirada y metió ahí a su presa. Esperó a que su hermana descargara todo.
Cuando las arcadas pararon, la rubia se limpió la boca con el dorso de la mano. Levantó su vista para ver a Lapis sonriendo de forma burlona, todo esto era como un juego de caza para él.
—¿Terminaste? Hay que arreglar esto —la niña miró con asco la bolsa.
—Yo no tocaré eso —su hermano asintió.
—Lo sé, hermana. Yo lo prepararé, no te preocupes.
—No lavaré tu ropa interior, si eso es lo que me vas a pedir —Lapis volvió a reír.
—Vamos al campamento —se dirigieron a donde estaban acampando desde hace una semana.
Ya llevaban casi dos meses andando por ese bosque, y no habían avanzado mucho, pues Lapis, insistía en acampar cada 10 kilómetros y durar aproximadamente 2 semanas ahí. Lázuli se estaba volviendo loca, la comida ya se les había acabado y habían tenido que empezar a cazar.
Lapis disfrutaba esto, era como un juego el cual él mismo ponía las reglas.
Apenas llegaron al campamento, Lázuli se tiró dentro de la carpa, dejando solo sus pies fuera. No había dormido nada, puesto a que el día anterior tuvo que hacer guardia.
—Yo preparo la cena hoy —informó Lapis, y ella decidió ignorarlo. Odiaba cazar, prefería ver la carne cuando estuviese en su plato, pero su hermano le insistía en que lo acompañara a cazar, y ella era muy sensible cuando de muerte se tratase.
Un dolor fuerte en su vientre bajo la hizo alertarse.
—No, no, no —pensó frunciendo el ceño y colocándose las manos ahí. Le había bajado el periodo y ya no le quedaban compresas.
—Maldición —Se dijo, ya es para que hubiesen estado en la villa Jingle, así hubiese sido más fácil comprar algo. Se levantó y salió, Lapis no estaba ahí. Supuso que como dijo que iba a limpiar al dinosaurio estaba en el lago. Caminó hasta ahí, aguantando las punzadas que eran un infierno.
Aguantó las ganas de vomitar cuando vio el agua correr manchada de sangre, y Lapis deshollejando al pobre animal.
—Lapis —lo llamó, su hermano se volteó a mirarla.
—Lázuli —le sonrió, y Lázuli quiso borrarle aquella sonrisa de un puñetazo— ¿Vienes a aprender como deshollejar un animal? Hay que lavarlo bien, para que no queden bacterias y…
—Debemos irnos —dijo con urgencia, la sonrisa de Lapis se borró, la preocupación inundó su rostro.
—¿Qué pasó? ¿Nos descubrieron? ¿Atacaron el campamento?
—No pasó nada de eso.
—¿Entonces? —las mejillas de Lázuli se colorearon de rojo ¿Qué podría saber su hermano de eso? ¡Era un chico!
—Una urgencia femenina —Lapis enarcó una ceja extrañado.
—¿Extrañas ir de compras?
—No… ¡No es esa clase de urgencia! —Lapis dejó su presa en el suelo y se levantó. Tomó una rama y empezó a golpear suavemente a Lázuli. Primero en las costillas, luego en las piernas, después en el estómago y al final en los senos. Mientras hacía eso, Lázuli lo miraba con la ira empezando a desbordarse, él era tan infantil.
—Yo te veo normal —la chica suspiró y puso los ojos en blanco.
—Es una urgencia de color rojo, Lapis.
—¿Rojo? —Lapis se puso a pensar ¿De que hablaba? ¿Por qué las mujeres siempre tenían el afán de hablar en clave? Lázuli se puso roja, Lapis era un idiota.
—¡Sangre, Lapis! —exclamó Lázuli, su hermano miró la presa, la sangre corriendo por el agua, siguió sin entender.
—Deja los acertijos —Más roja que nunca, Lázuli suspiró.
—Me bajó, Lapis —dijo con los dientes apretados.
—Aaah, habla bien —y volvió a su quehacer.
—Vámonos, Lapis —su hermano lo miró.
—¿Por qué habríamos de irnos? ¿El mes pasado no fue lo mismo?
—¡No tengo compresas! —le gritó, completamente harta de hablarle en clave a su hermano. Lo tomó del brazo y lo levantó con brusquedad— ¡Llevamos dos meses haciendo lo que tú quieres! ¡Ahora camina, nos largamos! —lo jaló.
—¡Pero, Laz! ¡La cena! —A la chica no le importó, estaba harta de todo eso. Quería irse y darse un baño caliente. Volvieron al campamento y ella empezó a empacar sus cosas, Lapis gruñó y se dispuso a hacer lo mismo. Cuando ya todo estuvo empacado, la carpa y las armas en una cápsula, Lapis miró a su hermana que miraba el mapa con el ceño fruncido.
—Estamos muy lejos —suspiró, Lapis sonrió triunfante—. Empecemos a caminar si queremos llegar pronto —la sonrisa del chico se borró, Lázuli estaba más que decidida. Comenzaron a caminar al norte, la rubia guiando.
—Tengo hambre —se quejó el chico, la rubia lo ignoró. Se estrelló contra la espalda de su hermana cuando ésta se detuvo— ¿Qué pasa, Laz?
—Este camino no está en el mapa —Lapis notó el camino que se abría paso, Lázuli tenía razón, no se situaba en el mapa.
—Es posible que nos lleve a un pueblo —comentó Lapis.
—¿Lo seguimos? —su hermano asintió.
Se dirigieron al este caminando por la orilla del camino, éste era lo suficientemente grande para que pasara un camión. Sin embargo, no pasó ninguno en la hora que caminaron. Lázuli se estaba quemando, y ya estaba oscureciendo, temió ir por el lado contrario.
—Lapis —tomó el brazo de su hermano señalándole lo que veía a tan solo unos metros.
—Parecen casas —su hermana le sonrió asintiendo. Caminaron más rápido hasta llegar, y notar que el lugar estaba desértico.
—Parece abandonado —la naturaleza parecía estar tomando el lugar que le quitaban, algunas ramas de árboles salían de unas ventanas, algunas malas hierbas consumían otras casas.
—¡Hola! ¡¿Alguien aquí?! —Llamó Lapis, más no obtuvo respuestas.
—Entremos —dijo Lázuli acercándose a la casa más grande, su hermano la siguió.
—Parece el cuartel de un ejército —dijo Lapis al ver la casa: había armas colgadas, cápsulas marcadas con nombres de autos y al fondo, enmarcaba en grande un símbolo: un lazo de color rojo, con una R en cada lado—. Genial —dijo Lapis con una sonrisa tomando una cápsula de un auto, a su corta edad, ya su madre le había enseñado a conducir, y él amaba nos vehículos, así como las armas.
—Lapis… —la voz cortada de Lázuli lo hizo girarla a ver. Su hermana tenía la vista clavada en una fotografía en la pared, Lapis se acercó, no entendía la mirada de su hermana.
—¿Qué pasa? —Lázuli le señaló la foto, el chico miró: Eran soldados, algunos hombres, otros animales y pocas mujeres. Fue en una de las mujeres que su mirada se detuvo, puesto que la reconoció de forma inmediata ¿Cómo no reconocer ese cabello púrpura? Si Lázuli solía decir que deseaba que el suyo fuese de ese color. ¿Cómo no reconocer aquellos ojos azules? Eran tan idénticos a los suyos y a los de su hermana. Esos ojos lo habían visto con amor, con reproche, con rabia, con cariño. Habían visto en esos ojos tristeza, nostalgia, y ellos no entendían.
Ambos tenían una pregunta en su garganta, la misma pregunta, y fue Lázuli la que la formuló.
—¿Por qué hay una fotografía de mamá con un ejército?
De todas formas, ella siempre les había ocultado su pasado.
Para mi querida Soph...
Mi vida, por favor, sonríe.
Nota: Me uno al tren de los feels junto a Syad XD ¡Maldita! ¡Que hermoso capítulo!
Espero que este capítulo haya sido de su agrado, dentro de un rato respondo los reviews del cap anterior... Sólo quería decirles que agradezco un otón su apoyo, y disculpenme si los caps les parecen cortos, no me gusta mucho dar muchas vueltas... A veces, siento que este fic no tiene que darse vueltas, pues es muy significativo para mí.
Aquí tenemos nuestro primer salto... Que es los gemelos viviendo en el bosque ya dos semanas.
Quise agregar cosas más humanas, y de ahí el horrible periodo de Lázuli XD
En verdad espero que les haya gustado mucho el capítulo :3 :3
Besos!
