Capítulo 2: Conflicto

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

NdelA: Un nuevo capítulo de esta historia. Muchas gracias a todos por sus comentarios. Me gusta mucho leerlos.

Ha sido un fin de semana intenso para los Love Livers particularmente para los que amamos a las Aqours. Espero que todos sigan con el hype. Fue genial ser parte de todo aunque fuera de lejitos y por medio de las redes sociales. Muero por verlo pero habrá que esperar un poco más. En cuanto al capítulo pues vamos dejando las bases de la historia. Es un KanaMari y DiaMaru. También tendremos YouRiko auspiciado por mi novia, beta y coautora de la historia Mag Max Bigotes, si encuentran parecido con su forma de escribir es por eso, ella me ayuda en más de un sentido. La otra pareja que pienso explorar será ChikaRuby. Ya se que esta medio raro y a lo mejor quedaba bien YohaRuby pero es que el personaje de Chika me gusta y odio cuando se queda sola porque pierde a Riko. Así que no divagaré más y vamos a lo que nos interesa.

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La primera clase de Kanan en el grupo de Ruby, las de segundo, fue un poco decepcionante. Ella siempre había sido una persona muy atlética e incluso en sus años de preparatoria amaba salir y hacer actividades al aire libre y disfrutaba sobre todo del tiempo en el agua y correr como el viento, no como parecía suceder con esta clase donde Ruby estaba.

Habian grupos que eran muy activos y disfrutaban las clases de deportes, pero existían otros, como el de segundo, que preferían las actividades académicas o culturales y para quienes el deporte era más que nada un requerimiento con el que debían de cumplir y nada más. No existía mucho entusiasmo en hacer ejercicio o algo que requiriera sudar un poco. Por lo que Kanan decidió que debía guardar todo su ánimo para couchear las actividades vespertinas con su nuevo equipo de natación.

El equipo de natación de Uranohoshi nunca ha sido un equipo de campeones, hasta ahora, sin embargo se mantenían en la competencia por los primeros lugares en la región, lo que hacía fácil el reclutamiento de nuevos miembros a pesar de que no ganaban muchas competencias. Eran regulares sin ser tan malos, pero aún así tendría bastante trabajo para volverlas un equipo de competición.

A la hora del almuerzo Kanan y Dia, como ya era su costumbre, se reunieron en la sala de profesores para intercambiar sus impresiones sobre su día. Existían días buenos como los había malos, aunque había otros que era mejor no levantarse de la cama por lo insulsos que resultaban para alguna de las dos.

—¿Qué tal tu mañana? —dijo Kanan mientras sacaba su obento para disponerse a iniciar su comida.

—Pues… —dudo un poco como comenzar—, poca participación de las alumnas del grupo de tercero —curvó su boca en señal de molestia—. Ya me lo esperaba, ellas son mas tu tipo de alumnas, no les gusta la literatura ni porque se las ponga más fácil —dio un suspiro profundo tratando de aliviar su decepción—, además, llegó una estudiante transferida —rodó sus ojos hacia arriba tratando de recordar su nombre— O'hara Mari y es… —volvió a ponerse dudativa—, un dolor en el trasero —el cambio en el tono de voz dejaba ver bastante fastidio— cualquiera pensaría que el hecho de cambiar de escuela hace que te esfuerces por encajar rápido, pero esta chica —hizo el gesto de querer ahorcar a alguien—, digamos que trae equipaje con ella, ya la conoceras, ella es mas tu tipo.

Kanan quien la escuchaba mientras comía, sintió extrañeza ante el comentario —¿Mi tipo? ¿A qué te refieres?— espetó contrariada dejando de lado lo que estaba haciendo.

—Bueno ya sabes —le resto importancia—, es complicado —levantó la vista de su bento para volver a regresarla—. Es de esas señoritas caprichosas con las que te gusta lidiar —Kanan curvo las cejas en disgusto por tal afirmación—. Además es muy bonita, una belleza occidental con ciertos rasgos orientales.

Por el tono que Dia estaba utilizando Kanan sabía que le estaba diciendo esto para fastidiarla por algunas viejas rencillas que aún parecían estar presentes.

—¡Ah! ¿Caprichosa? — dijo lentamente siguiendo la corriente para devolverle el comentario molesto—. Sí, sé a lo que te refieres —utilizó un tono juguetón estrechando la mirada sobre Dia—. Tuve una novia caprichosa una vez, la mandé a volar porque nunca se compuso y a la fecha sigue siendo igual de caprichosa y molesta como un dolor en el culo —concluyó divertida esperando su reacción.

—¿Perdón? ¿Qué tu qué? —expresó Dia con indignación—. ¡Así no fueron las cosas señorita! —levantó la voz más de lo necesario y algunos maestros que habían llegado también a comer voltearon a verlas pero ellas no se dieron por enteradas—. ¡Hasta donde yo recuerdo tú eras la señorita caprichitos! —mantuvo su tono de voz alto.

—¡Shhhh! —fueron interrumpidas por uno de los maestros que se encontraban en la sala, estaban tan entretenidas en la conversación que nunca notaron en qué momento dejaron de estar solas.

Kanan rió por lo bajo viendo el ridículo que estaba haciendo su amiga. Dia se acercó a ella y le dijo en un murmullo —¿De qué te ríes?

Kanan no dejaba de sonreír lo que evidentemente elevaba la molestia en Dia.

—Es que yo nunca dije que fueras tú —trataba de contener su risa pero la cara de Dia no le ayudaba en nada a hacer eso—. Te apropiaste del título tú sola —siguió riendo y Día le dió un codazo en las costillas para callarla.

~•~

La hora del almuerzo terminó y las clases prosiguieron. La última clase del día para Kanan era precisamente con el grupo del que habían estado platicando previamente. Dia deliberadamente había plantado la semilla de la curiosidad en ella y ahora quería conocer a su nueva estudiante transferida y saber si realmente era como Dia la había descrito.

La primera clase de educación física siempre era en el salón porque daba la oportunidad de conocer a sus alumnas y leer el ambiente del grupo. Lo que facilitaba la elección de las actividades a realizar durante el año para cada grupo.

Kanan vestía el uniforme deportivo escolar para distinguirse de los demás profesores pero más que nada porque amaba la comodidad que éste le proporcionaba, típico de todo maestro de educación física. A pesar de ser tarde, el salón se encontraba en aparente calma por lo que cuando entró, no generó un cambio en el ambiente.

—¡Buenas tardes! —se aproximó al escritorio en donde depositó la lista de asistencia y se acercó al pizarrón para escribir su nombre—. Soy la profesora Matsuura Kanan, estaré a cargo de la asignatura de educación física con ustedes.

Se desplazó hacia el centro del salón una vez escribió su nombre en la pizarra y empezó a hablarles con una voz serena a todas durante su breve presentación.

—En el primer día de clases me gusta conocer al grupo, de ésta manera facilitamos las actividades con las que las estaremos evaluando —vió a Watanabe You tratando de llamar su atención con pequeños gestos para darle un disimulado saludo silencioso, a lo que no respondió, se debía mantener en su papel de sensei con esta chica—. Sé que la mayoría de ustedes toma mi clase como un juego o un requerimiento o mero trámite, pero quiero que hagamos de ella un espacio ameno en donde podamos pasar un momento divertido.

Se desplazaba entre los pasillos del amplio salón mientras iba haciendo contacto visual breve con cada una de sus alumnas, la mayoría prestaba atención a lo que decía o al menos fingían hacerlo, todas menos una, esa debía ser O'hara Mari. Ella no se molestaba en fingir que estaba escuchandola, la chica tenía el teléfono celular en el pupitre mientras se colocaba los audífonos descaradamente.

—Disculpe, ¿qué cree que está haciendo? —Kanan se colocó a un lado de la chica y le habló poniéndose en modo maestro.

—¿Qué te parece que estoy haciendo? —la chica le respondió utilizando un tono altanero y despreocupado mientras elevaba el volumen de la música que estaba escuchando sin prestarle más atención.

Kanan sintió su molestia elevarse de manera efervescente, y por lo que You pudo notar desde donde estaba, la manera en como la vena de la sien de su amiga palpitaba así como su cara se ponía roja y tragó pesado, Kanan podía ser demasiado transparente a veces. Con un rápido y ágil movimiento retiró los audífonos de los oídos de Mari.

—Estamos en clase, ¿señorita…? —dejó que fuera la chica quien contestara, pero no obtuvo respuesta por parte de ella quien sólo la miraba con desprecio.

—O'hara Mari —escuchó una voz proveniente del frente del salón reconociendo a You.

—O'hara —mencionó su apellido para llamar su atención—. Muy bien, señorita O'hara, tal parece que mi clase le aburre demasiado por lo que una visita a la oficina de la directora sería de gran entretenimiento para usted —la molestia iba en aumento y la falta de interés de la chica solo hacía que se acrecentara.

—¿Eso sería todo? —Mari ni siquiera le dirigía la mirada y le hablaba con un notorio desdén como retandola.

Se levantó de su pupitre y caminó pasando a un lado de ella ignorandola, dejando a una muy exasperada Kanan. Salió caminando del salón con pasos lentos generando un silencio incómodo. Para finalizar y darle más dramatismo a la escena, azotó la puerta tras ella.

Kanan tomó unos segundos para recuperarse antes de dirigirse al grupo de nuevo. "Esta chica es peor de lo que imaginé" pensó, "Dia tenia razón." Dió un suspiro y reinició su clase como si nada hubiera pasado.

Las chicas expresaron sus expectativas para el año, contaron cuáles eran sus planes a futuro, la mayoría de ellas buscaría una carrera universitaria y estaban enfocadas en lo que querían lograr. De no ser por el terrible incidente del inicio, hubiera sido una clase excelente con las chicas de último año.

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Por fin había llegado la hora más esperada para ambas, tanto Dia como Kanan estaban muy emocionadas por sus respectivos clubes.

Dia llegó con media hora de antelación al salón en donde se reunía el club de literatura. Preparó un círculo con algunas sillas, sentándose en el centro y estaba terminando de reunir citas literarias de interés cuando se abrió la puerta dejando ver a Kunikida Hanamaru, a quien se le iluminó la mirada al ver a Dia sentada al centro del salón.

—¡Buenas tardes Dia-sensei! —dijo de manera respetuosa haciendo una ligera reverencia.

—Buenas tardes Kunikida-san, me da gusto verte de nuevo por aquí —el entusiasmo se reflejaba en su voz—, toma asiento, esperemos a las demás para poder iniciar —señaló la silla adyacente a la suya para que se sentara.

Hanamaru se apresuró a sentarse a su lado y Dia notó un poco de nerviosismo de parte de la joven que se le hizo bastante gracioso.

—¿Estas emocionada? —dijo gentilmente para romper el silencio—. A mi me encanta el club de literatura, siempre es bueno discutir un buen libro y compartirlo con los demás —expresó mientras le mostraba el libro en sus manos—. Mira con lo que vamos a trabajar ésta semana —le ofreció el libro.

Hanamaru lo tomó entre sus manos revisando la tapa y su contenido como si de un tesoro se tratara, cosa que complació a Dia provocando una amplia sonrisa en su rostro. La chica apreciaba del mismo modo que ella la literatura.

—Parece que te gusta lo ves —dijo refiriéndose al libro, pero al dirigir la mirada al rostro de su joven pupila vió que la chica se había sonrojado escandalosamente.

—S...sí, me encanta zura~ —llevó las manos a su boca cubriendo lo que ella reconocía como una indiscreción—. Ha… habló del libro Dia-sama —se corrigió apenada y Dia sonrió al verla así.

No tuvo oportunidad de preguntar más, ya que un coro de voces anunciaba la llegada del resto de las integrantes del club de literatura. Tenía la esperanza que Ruby se uniera al club nuevamente éste año pero sabía que con las actividades del consejo estudiantil difícilmente tendría tiempo para estar en un club, al menos en los primeros meses y al ver que Hanamaru llegó sola tuvo que abandonar toda esperanza.

Se sintió un poco decepcionada cuando vio que el coro de voces pertenecía solo a tres chicas más. A una de ellas ya la conocía porque le había dado clases el año pasado pero no había sido parte del club de literatura, las otras dos chicas eran ambas de primer año. Le llamó la atención que Hanamaru se fuera sobre ella con gran emoción sentandola a su lado. Según recordaba su nombre era Tsushima Yoshiko. La acción de Hanamaru hizo que sintiera incomodidad que no supo de donde provenía, pero no la dejó disfrutar la sesión del todo.

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El primer día del entrenamiento del equipo de natación fue francamente decepcionante para Kanan. Ella ansiaba tener al menos 10 aspirantes esperando para las pruebas de ingreso, sin embargo tuvo escasamente 2 participantes y una de ellas era la ya anunciada Sakurauchi Riko, novia de You.

Su desempeño no fue nada malo pero se quedaba por debajo del nivel de You Watanabe, aun así Kanan no tuvo dudas en dejarla unirse al equipo. La otra chica que hizo la prueba tuvo un desempeño bastante mediocre, Kanan dudaba si realmente quería pertenecer al equipo o sólo lo había visto como la oportunidad una visita primaveral a la piscina. Como sea, no tenía muchas opciones.

Antes de retirarse You se acercó para darle ánimos, ya que su decepción era bastante evidente, en verdad podía llegar a ser como un libro abierto. La chica le dejó ver que apenas era la semana de inducción y que probablemente en los siguientes días tendrían más movimiento.

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Hoy tocaba visita al hospital, así que después de despedir a todas sus alumnas se dirigió hacia allá. Tenía la esperanza de que esto mejorará su pésimo humor del día. Al llegar a la habitación de su padre fue recibida por el ya conocido aroma hospitalario. Se había hecho ya tan familiar a él que había dejado de molestarle como al inicio.

—Kanan-chan —la recibió su padre con una gran sonrisa abriendo los brazos para darle un abrazo. La chica se transformaba ante la presencia de su padre, dejaba caer los muros que había levantado a su alrededor y se relajaba para disfrutar su compañía.

—Ya te extrañaba mucho papá —le dijo atrapada entre sus brazos. Era de los momentos que esperaba con más emoción durante la semana, los días en que podía disfrutar de su compañía.

Matsuura-san había enfermado durante el último año universitario de Kanan, pero no quiso informar nada a su hija para no desviar su atención de los estudios. Sin embargo, ya casi al final del año escolar, su estado de salud empeoró, lo que hizo que cayera hospitalizado y lógicamente precipitó el regreso de su hija a la ciudad.

Al llegar, los médicos le informaron a Kanan sobre la gravedad de su condición. Su padre padecía una rara enfermedad de los riñones que había hecho que dejaran de funcionar casi por completo, lo que lo obligaba a estar bajo un régimen de diálisis. Se mantuvo por un tiempo así pero eventualmente su cuerpo rechazó el procedimiento, obligando a los médicos a iniciar tratamiento de hemodiálisis. El procedimiento era más delicado y lo obligaba a quedarse en el hospital durante temporadas más largas.

Kanan tomó las riendas de la economía familiar, ya que su padre enfermo no podía hacer ya nada de esto, y al ser la única familia de él, tuvo que asumir control sobre todo.

Ya se habían acostumbrado a la rutina, generalmente Matsuura-san pasaba d semanas continuas antes de poder salir a casa, pero no duraba tanto esa mejoría puesto qu semanas después tenía que regresar al hospital. En los últimos meses se veía más fuerte, pero los médicos advirtieron que aún se encontraba delicado, así que Kanan se mantenía a la expectativa de que cualquier cosa llegara a suceder.

—¿Cómo está mi hija favorita? —bromeó con ella.

—¡Papá, soy la única hija que tienes! —respondió Kanan con algo de molestia revelando su estado de humor a su intento de broma—. ¿Cómo estás papá?

Acercó la silla que permanecía en la habitación y se sentó junto a su cama.

—Bien hija, hoy me siento muy bien. Ya sabes que los días en que te puedo ver son los días que me siento el hombre más feliz del mundo —tomó algunos mechones del cabello de Kanan y lo empezó a trenzar.

—Ya no tienes que hacer eso padre, ya no soy una niña —explicó Kanan recargando su cabeza en la cama mientras tomaba la mano de su padre para detenerlo.

—Yo sé que ya no eres una niña, hija mía —tocó su barbilla con cariño—. Es por eso que lo hago, para recordarte que para mi siempre serás mi pequeña nena.

Kanan disfrutó el contacto sintiendo gran melancolía y dejó que su padre terminara de peinarla.

—¿Cómo nos fue en la escuela? —preguntó su padre emocionado mientras sus manos continuaban trabajando con su cabello—. ¿Ya tuviste tu primera práctica con el equipo? —el rostro de Kanan se iluminó al recordar que tenía muchas novedades por contarle.

—¡Si! Ya tuvimos la primera práctica y fue... —sus ojos perdieron un poco de brillo—, fue decepcionante —vió que en la cara de su padre se formaba una gran interrogante—. No me malentiendas, es genial ser la entrenadora —trató de sonar más animada—, es sólo que esperaba tener muchas aspirantes para el equipo y sólo tuve dos —terminó su explicación con un hondo suspiro.

—Jajaja, ¡ay hija, claro! Hasta donde tus estudiantes sabían, el equipo se quedaría sin entrenador este año —dijo comprensivamente entornando los ojos, su hija podía ser un tanto despistada en ocasiones—, pero ahora que sepan que tú serás la entrenadora se amontonarán las chicas queriendo estar en tu equipo. No por nada te llaman el delfín de Benten —concluyó ceremoniosamente con orgullo.

—Padre... —hizo una pausa dramática, golpeándose la frente—, sólo tú usas ese ridículo apodo.

—Será ridículo, pero yo te lo puse Kanan-chan —le acarició la cabeza para anunciarle que había terminado su peinado.

El mal humor con el que había llegado poco a poco se fue disipando, sin embargo regresó cuando llego a ese nuevo tema.

—Tengo una nueva estudiante de fuera que es… —el tono de su voz cambió y fue notado de inmediato por su padre que se preocupó un poco—, horrible —finalizó sin mucho entusiasmo.

—¿Horrible cómo que está muy fea o es una horrible persona por su carácter? —preguntó con curiosidad.

Kanan soltó una pequeña risita tratando de imaginar a Mari O'hara como una joven fea pero su imaginación no pudo con tanta exigencia, debía reconocer que era linda fisicamente, pero solo eso.

—Una horrible persona definitivamente —dijo fijando la mirada en la ventana, el evento de su pelea seguía repitiendose en su mente, aún se preguntaba si había manejado la situación correctamente o había reaccionado de manera exagerada—. Su nombre es O'hara Mari.

—¿O'hara? ¿Cómo el O'hara dueño de la mitad de la ciudad? —cuestionó el hombre levantando una ceja incrédulo.

—Bueno eso no lo sé, no dijo mucho realmente —los gestos de su cara denotaban molestia por la situación—, tuve que sacarla de mi clase antes de saber más. Es una chica rubia muy altanera con acento americano, no podría decir más sobre ella aunque quisiera.

Kanan no quería seguir con el tema pero su padre parecía querer hablar más al respecto y no lo quiso cortar.

—Sí, sin duda alguna, la chica que describes es la hija de O'hara-dono —rodaba los ojos de un lado al otro tratando de recordar más sobre la chica—, me parece que tú ya la conocías, ella estuvo una temporada por aquí en su infancia, antes de perder a su madre en el terrible accidente en el que se vieron involucrados.

La información generó gran interés en Kanan quien ahora demandaba saber todo lo que su padre recordará y que ella no lo hacía porque probablemente había pasado hace mucho tiempo.

—¿Y qué pasó después? ¿Sólo se fueron? Yo no la recuerdo ni un poco —Kanan trataba de exprimir sus recuerdos pero nada venía a su mente.

—Sería difícil que lo hicieras, ella apenas era una bebé y tú tendrías escaso años. No fue mucho tiempo el que vivieron aquí de cualquier manera —tomó un vaso que se encontraba en la mesita de servicio y dió un pequeño sorbo—, pero si es esa misma chica entonces debes tener paciencia con ella hija, la pobre debe haber sufrido mucho cuando perdió a su madre.

—Yo también perdí a la mía, padre, y no soy una niña caprichosa que va por la vida queriendo joder a todos los demás —el enojo que contuvo en la mañana amenazaba con salir de nuevo.

—Tranquila hija, sé por lo que tu pasaste, pero también sé que tuviste buena guia y es por eso que eres una buena mujer, ella tal vez no tuvo tan buena suerte —tosió un poco al concluir la frase, alertando a Kanan.

—¿Estás bien padre? Llamaré al doctor —ya se había levantado cuando sintió un tirón en su ropa deteniendo su carrera.

—Espera hija, estoy bien, sólo me cansé, ya sabes que a veces acumulo liquidos en los pulmones, además ya casi es hora de las pruebas vespertinas de todas formas —se enderezó de la cama para tranquilizarla—, es mejor que te vayas ahora antes de que sea más noche para que no regreses tan tarde a casa. Me preocupo cuando andas sola por las calles.

—Mejor esperaré a que vengan por ti para las pruebas y después me iré —regresó para sentarse a su lado cruzando los brazos para dar por concluida la discusión.

Kanan podía ser una persona tan terca y si como parecía, Mari O'hara la hacía perder los estribos tan fácil, la chica se convertiría en su talón de Aquiles y eso preocupaba a su padre quien conocía muy bien a su hija para saber que seguramente terminaría metiéndose en problemas por esa razón. Tendría que tener un ojo extra sobre su niña delfín para asegurarse que todo fuera bien entre ellas.