Ranma 1/2 no me pertenece, y esta historia es solo para entretener sin obtener lucro alguno. En colaboración con la mente vivaz de Azari Calloway, Maya Shapiro presenta:

Cúrame.

Capítulo dos: Herido.

Cuando era un niño, creyó siempre que, al caminar solo por un cementerio, encontraría irremediablemente un monstruo acechando tras las lápidas o los árboles, ahora, a sus treinta años entendía que la vida te da motivos más reales para asustarte que espíritus de la imaginación.

Hacía seis meses que ella había partido, seis meses desde que lo había dejado solo, y desde ese día un profundo agujero se había abierto en su pecho, le dolía y lo hacía sufrir porque le recordaba lo solo que estaba en este mundo.

A pesar de ahora gozar de fama, fortuna y mujeres que se daba el lujo de escoger, se sentía solo y sabía que realmente lo estaba, no era necesario ser un genio para darse cuenta de lo que él era para esas mujeres.

Se arrodilló para arreglar la lápida, las flores de la semana pasada que él mismo había puesto en ese lugar ahora se veían marchitas, señal inequívoca de que nadie más que él la había visitado.

—Ni siquiera vino al funeral— pensó con enojo y tristeza — Aunque, para qué quería verlo, jamás nos ayudó en nada, por el contrario, mejor olvidarse de él como él se olvidó de nosotros—.

Sin embargo, le dolía, y al ver esas flores marchitas, recordó por primera vez en su existencia cómo había sido su vida junto a ella, sintió lo mucho que la amaba y la inmensa falta que le estaba haciendo ahora agolpándose en sus ojos y como una avalancha, el mundo de recuerdos se le vino encima:

—Bien hijo, ya llegamos, ¿Tienes hambre? — Preguntó su padre sonriéndole.

—Sí papá— Le contestó—.

Tenía siete años, y desde que aprendió a caminar su padre se lo había llevado del lado de su madre para entrenarlo en el arte del combate libre, cada año, regresaban a ver unos días a su madre que sin protestar los veía partir de nuevo hasta el siguiente año, sin embargo, ese día, su vida cambiaría para siempre.

Entraron a aquella pequeña casita en el barrio sur de Nerima, y encontró a su madre cruzando la sala en dirección al comedor, llevaba una bandeja de platos limpios en las manos y cuando sus preciosos ojos se encontraron con los ojos azul profundo de su hijo, los platos desaparecieron y ambos se perdieron en el abrazo del reencuentro.

Minutos después, Nodoka escuchaba maravillada las aventuras de su hijo al lado de su padre viajando alrededor del mundo para perfeccionar su entrenamiento como heredero del estilo de combate libre de la dinastía Saotome, pero entonces, alarmó a Nodoka que Ranma no sólo se veía en extremo delgado, sino que lo notaba muy pequeño para su edad, su cabello y piel estaban cetrinos y tenía ojeras, ella disimulaba su preocupación frente a Genma y todo rastro de duda sobre lo que iba a hacer desapareció cuando su hijo contó divertido que su padre, un día que no tenían nada qué comer, lo había cambiado por víveres, y que por su astucia y agilidad, Ranma había huido del extraño con quien lo habían cambiado, y encontrando después a su padre, ella al escuchar esto fulminó a su esposo con la mirada, obteniendo como respuesta por parte de Genma que se retiraba a tomar un baño.

—Ranma, cariño— Habló su madre suavemente distrayéndolo del plato de comida que devoraba con avidez— has crecido mucho y estoy orgullosa del caballero en el que te estas convirtiendo— Nodoka tomó la mano de su sonriente hijo y continuó tomando fuerzas— Pero, quiero saber si tú deseas seguir viajando, ¿Hijo, tú quieres irte de nuevo?

—Papá dice que el entrenamiento es importante— Contestó Ranma con inocencia.

—Sí mi cielo— Respondió Nodoka— Pero necesito que me digas si tú quieres irte, Ranma, yo podría ver la manera de que entrenaras aquí, podrías ir a la escuela con niños como tú, dormir en una cama todas las noches y tener siempre comida, ya no sería necesario que te fueras ¿Te gustaría hijo? —.

—¿Eso se puede? — Preguntó Ranma feliz.

—Claro que sí cariño, ¿Te quedarás conmigo? —.

—¡Sí mamá! —

—Bien cariño— Dijo su madre con urgencia y tomando una elegante catana que se encontraba colgada en la pared y saliendo de la casa— Te llevaré con la señora Musashi, es una linda vecina, su casa es aquí al lado ¿Es bonita no? —dijo, mientras caminaban rápidamente a la casa de junto—Ranma, escucha bien esto, te vas a quedar aquí hasta que yo venga por ti, no salgas, no importa lo que oigas, no te asustes, todo va a salir bien, pero necesito que no salgas aunque Genma te busque, no lo hagas, sólo así vas a quedarte conmigo, promete que lo harás amor—.

Nodoka no esperó una respuesta de su hijo, tocaba sin piedad la puerta de la casa vecina, segundos después, acudió a su llamado una dulce señora entrada en años que miró con preocupación a la joven mujer.

—¿Nodoka? ¿Qué pasa niña? —.

—Señora Musashi, no tengo tiempo de explicarle ahora, él es mi hijo Ranma y necesito que lo esconda unos momentos por favor, sólo serán unos minutos, lo prometo, su padre quiere llevárselo y no puedo permitirlo ¡Por favor, ayúdeme! —.

—Te ayudaré niña, pero llamaré a la policía sin dudarlo si ese hombre te toca, vamos Ranma, entra ya hijo—.

—Gracias— Contestó con alivio Nodoka— Ranma, hijo te amo, escóndete— Le dio un beso en la frente y giró sobre sus pies, mientras caminaba rumbo a la casa desenfundando la catana, ambos la miraron un segundo y entraron a la casa, cerrando la puerta con llave.

Ranma estaba asustado y confundido, minutos antes devoraba un plato de arroz y ahora se escondía de su padre en la casa de una extraña, miró a la mujer con precaución, la señora Musashi notó en seguida que el niño estaba tan confundido como ella, ni siquiera sabía que Nodoka tenía un hijo, sintió el temor del niño y tratando de calmarlo le dijo:

—¿Sabes Ranma? Supongo que no debemos asomarnos a la ventana, pero, si nos escondemos con cuidado tras este peldaño y nos tapamos con la cortina, podremos ver todo y no nos verá nadie—Dijo la mujer sonriendo y tratando de mostrarse divertida—.

Ambos caminaron hacia el peldaño, pero no fue necesario esperar tanto, a los diez minutos Genma Saotome salía de la casa lanzando improperios en contra de su mujer, quien lo seguía con la catana en la mano y en clara posición defensiva.

—¡Dime dónde está Nodoka, no quieres conocerme enojado! ¡Más te vale que me digas dónde demonios está! ¡Ranma! ¡Ranma ven aquí! ¡Él es mi hijo! — Gritó a todo pulmón Genma.

Al escuchar su nombre Ranma apretó el vestido de la Señora Musashi ¿Qué debía hacer ahora? Quería salir, un sentimiento de protección hacia su madre no lo dejaba tranquilizarse, tenía miedo por ella, y si salía y Genma lo obligaba a irse con él, ¿Le debía obediencia a su maestro? La señora Musashi supo que el niño se debatía en una guerra interna y entonces puso su mano sobre sus cabellos y le dijo:

—Tu madre, es una mujer muy valiente Ranma, sé valiente también y obedécela, confía en ella, todo saldrá bien—.

Ranma asintió y puso atención cuando escucho la voz de su madre.

—No vas a llevártelo Genma —Afirmó Nodoka con fuerza y aparente calma— ¡Y también es mi hijo!, ¡Lo has alejado de mí todos estos años y jamás protesté! ¡Jamás Genma!, pero vas a matarlo si continúas así y no voy a dejarte, ¡Primero te mato antes de permitir que te lo lleves! —.

La catana cortó el aire y el espacio entre Genma y Nodoka, la delicada hoja del arma acarició el rostro del hombre y le hizo sangrar el pómulo, el arma se levantó de nuevo ante los ojos asustados de Genma, jamás había visto tal decisión y fiereza en los ojos de su esposa, esa firme convicción lo convenció de que, de no irse, ella de verdad le arrancaría la vida sin dudarlo.

Genma se limpió la mejilla y amenazó a Nodoka:

—Sabes que regresaré por él, tú no puedes evitarlo—.

—Y ten la certeza de que siempre estaré aquí esperándote Genma— Contestó Nodoka con calma.

Ranma, escondido en la cortina, miró como su padre se iba hasta que desapareció en el horizonte.

Esa fue la última vez que lo vio, lamentablemente no fue la última vez que supieron de él y eso, a lo largo de la vida con su madre los llenaba de vergüenza, pero eso no era nada comparado con el giro que dio la vida de Ranma desde ese momento, todo cambió por completo, pasó de ser un niño que casi no sabía ni hablar a ser un joven educado, su madre, una mujer que descendía de un antiguo linaje de samuráis era tan culta y de modales tan agradables que costaba mucho creer que Genma era el padre de su hijo, debido a su educación ella trabajaba como secretaria en una de las mejores escuelas de educación básica en Japón, un Instituto privado para varones, por lo tanto, aseguró la instrucción de Ranma con su empleo, le enseñó además el uso de la catana, a comer apropiadamente, a hablar con soltura, le enseñó de arte y literatura, y a pesar de apenas contar con lo suficiente para sobrevivir, Nodoka le entregó la mejor versión de sí misma a su hijo.

Sollozó con orgullo cuando vino a su mente el recuerdo de su madre trabajando horas extras para que él pudiera tomar las clases de artes marciales con los mejores maestros, recordaba la disciplina, la limpieza, y el honor que su madre le enseñaba en cada tarea ordinaria día a día, se sentía tan agradecido con ella, sin embargo, las memorias lo golpeaban sin piedad en su mente, y él ya no quería soportarlo, ya no podía más, tenía que salir de ahí.

Se levantó despacio intentado calmarse, pasó su fuerte y largo brazo por su rostro empapado y en el trueno que era su voz, en un susurro dijo:

—Te amo mamá—.

Ranma Saotome salió del cementerio, y sólo podía pensar en un lugar a donde ir antes de llegar a casa, lo necesitaba, y aunque sentía que le fallaba a su madre, porque ella jamás le enseño un comportamiento tan cobarde, era lo único que lo acompañaba en su dolor… Perderse en alcohol.

Subió a su motocicleta y salió directo a las calles que lo llevarían al barrio sur de Nerima, estaba atardeciendo pero no sentía frío, la tarde era agradable y aun así no lograba sentirse del todo tranquilo, mientras conducía, reflexiono en el hecho de que desde el día en que su madre murió él se había comportado como un redomado y completo imbécil, no había llorado, hasta hoy, simplemente no había podido, pero ese no era el problema, sino que todos los días excepto el que iba al cementerio, se encontraba completamente borracho, nunca fue mujeriego y ahora lo era, siempre había un bar, siempre había una mujer a la que llevarse a su cama, el primer mes se embriagaba solo en el día, ahora, ni dormido podía estar sobrio y le daba miedo el pensar que era un buen hombre solo porque su madre estaba viva, sentía terror de aceptar que tenía mucho más de su padre de lo que quería creer, no, él no era como su padre, el cinismo, el exceso, el aprovecharse de otros era tan típico de su padre.

—No, yo no soy él—.

Quería convencerse, pero entonces ¿Por qué seguía yendo en dirección a una licorería? Había sido tan fácil caer en el vicio, la lujuria y sobre todo en esa frivolidad que ahora lo caracterizaba, era cínico con todas las mujeres, no disimulaba su deseo y ni siquiera sabía el nombre de quien despertaba con él al otro día, lo peor era que les hacía saber con nula amabilidad que no significaban nada en su vida, y aunque sabía que no era correcto, no podía ni quería cambiarlo.

Jamás el pentacampeón internacional de combate estilo libre había protagonizado escándalos ni líos de faldas y recordaba claramente que apenas días atrás le rompió la nariz a un pobre tipo por una bailarina exótica que sólo le hizo el favor de robarle una importante suma de dinero, y ese era otro punto, las sumas cuantiosas de dinero que estaba despilfarrando todos los días por su alcoholismo y sus excesos, ni siquiera quería imaginarse lo que su madre diría de verlo así ahora, bien podría ser el perfecto compañero de parranda de su padre.

—¡Yo no soy él, no soy él! —

Y cuando estaba a punto de afirmar para sí mismo con resignación que él era peor que su padre, cayó en la cuenta de que seguía manejando por las calles de Japón y el terror se apoderó por completo de su mente al observar una inocente pelota de vistosos colores que se cruzó por su camino, él sabía lo que venía detrás de ese juguete, ni siquiera vio al precioso y sonriente niño que se encontraba delante de la motocicleta, en lo único en lo que pensó fue en esquivarlo, con brusquedad giró el manubrio de la moto, fue una lástima que no se percatara del automóvil que estaba a su lado y que cuando lo impactó hizo que saliera disparado contra una pared, para él fue tan lento que miró todo a su alrededor y vio su mundo de cabeza, rogó en silencio a quien estuviera cuidando su alma que no fuera tan doloroso su encuentro con esa pared, sintió su espalda tronar, un golpe seco seguido de un crujido tan fuerte e inhumado que lo estremeció, cayó sobre su lado izquierdo y sintió que su pierna estaba inundada por lava ardiente y el dolor de su cuerpo roto le arrancó desde sus entrañas un grito desgarrador pidiendo ayuda, entonces, todo se volvió negro, todo era lejano y Ranma Saotome cerró los ojos.