Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.
AIR
Capitulo dos – Espumoso
Sus ojos eran intensos, en ningún momento apartó la mirada mientras hablábamos
Carmen era una chica agradable. Una chica atractiva.
Pero intensa.
También era inteligente, más inteligente que yo. En ese momento estaba trabajando en su Doctorado.
Sus ojos parecían casi negros.
Nuestras familias eran cercanas; yo conocía a Carmen de casi toda la vida. Yo le gustaba, pero era sutil; y paciente, aparentemente.
Me gustaba, solo que no de la misma forma que yo le gustaba a ella.
Kate la llamó y yo me terminé mi cerveza, asegurándome de tirarla en el contenedor de reciclaje adecuado. Mi hermana era muy consistente en lo referido a esas cosas y yo no iba a ponerme a rebuscar en la basura en medio de la noche porque algún gilipollas hubiera mezclado el papel con el vidrio o el vidrio con la basura.
Sería peor aún si yo era ese gilipollas.
Kate acababa de cumplir treinta y dos. La mayoría de sus amigos estaban allí, y también la mayoría de los míos; es lo que sucede cuando has vivido en la misma ciudad toda tu vida. No me importaba. La zona de la Bahía era grande y polifacética -era imposible aburrirse. Además, siempre había caras nuevas. Si te aburrías de la gente que conocías de toda la vida, siempre había gente llegando o simplemente yéndose.
Me estaba encargando de la barbacoa, poniéndome al día con el prometido de Kate, Garrett, cuando escuché una risa estridente que solo podía pertenecer a Jacob Black. Mirando sobre mi hombro, vi al grupo con el que él acababa de llegar. Mi chico, Jasper Whitlock, pegado a esa mona y pequeña chica con la que se veía. Sam y Jacob. Y dos chicas que no reconocí.
Parecían jóvenes, como la chica de Jasper -seguramente fueran sus amigas. Siempre le habían gustado las chicas más jóvenes que él.
A mí no. No era aversión, simplemente salía con chicas que estaban a mi alrededor y la mayoría eran de mi edad. Como Carmen. O Lauren. Pero, no quería pensar en ella; no había tenido problema en superar los dos años que habíamos estado juntos y yo también había llegado al punto en que lo había superado.
Sin embargo, había pasado bastante tiempo.
Así que... Jasper. Tenía que reconocérselo, siempre encontraba a las guapas.
Reí para mí, devolviendo mi atención a Garrett y la barbacoa, volviendo a encargarme de las hamburguesas y las brochetas.
* . *
―Lo estás haciendo mal, ―comenté, mirando a Riley echarse la cerveza de su botella―. Si no inclinas el vaso, se llenará de espuma.
―Cállate, Edward, ―dijo con una risa. Pero me hizo caso.
Mis ojos vagaron hacia las dos chicas que estaban en la hamaca. En ese momento estaban solas, se habían separado de Jacob y Sam. Entonces, a lo mejor era que no estaban juntos. Había sido difícil saberlo al principio, ya que habían llegado emparejados.
―¿Quieres otra? ―preguntó Riley.
Me encogí de hombros. ―Claro. En botella.
Hablamos un rato. Yo le sacaba cuatro años, pero nos habíamos hecho más cercanos al hacernos mayores. Cuando empecé con mi propia compañía de construcción hacía varios años, él había sido el primero en apoyarme, defendiendo mis decisiones frente a mis padres. Ellos me querían, pero siempre habían tenido fantasías de que me convirtiera en médico como mi padre, Siobhan y Kate. Llevó un tiempo y varias discusiones, pero al final se habían hecho a la idea.
Riley me dio mi cerveza. ―¿Has visto a Jake?
―Sí. Ha venido antes con Jasper.
―¿Qué pasa con eso, qué crees?
―¿Qué? ¿Las chicas?
Él asintió, cogiendo un brownie.
―No lo sé.
―Voy a ir a hablar con esa, ―dijo, soltando la cerveza y el brownie sin comer, y limpiándose las manos. Miré, divertido, como se movía entre la multitud, deteniéndose a veces para hablar antes de seguir. Riley no tenía problema para conseguir chicas, pero esta era excepcionalmente guapa.
―¿Tienes fuego?
Jasper.
―No tío, lo he dejado.
―Yo también. ―Suspiró, sacudiendo la cabeza―. Me ha parecido verte fumar antes.
Sonreí satisfecho. ―Lo has hecho.
Él rio. ―Sé cómo va, empeora cuando bebo.
Asentí, apoyándome contra un árbol. ―¿Cómo van las cosas con tu chica?
―Alice es genial. Muy fácil estar con ella, ¿sabes?
―Eso está bien. Ya era hora de que sentaras la cabeza.
―No todos somos monógamos en serie, ―dijo con un resoplido―. Lo siento.
―Aparentemente, ―dije, sonriendo. Era cierto. Yo no tenía citas, o estaba en una relación o no; siempre había sido así―. Creo que te está buscando.
Alice estaba cerca, con su mirada buscando en la débil luz.
―Ah bueno, nada de cigarros para mí. Hasta luego, tío. ―Me dio una palmadita en el hombro y se marchó.
La castaña que había llegado con Jacob se acercó al bar. Era una chica preciosa, mi tipo. Definitivamente joven, pero no sabía cuánto. Largo y brillante pelo marrón, y ojos oscuros; piel pálida y mejillas rosas, seguramente debido a la bebida.
A las chicas les gusta mantenerse juntas. Lo sé porque tengo dos hermanas mayores y lo había notado en el segundo en que la castaña vio su asiento cogido y que su amiga no estaba en ninguna parte. Vaciló, con un vaso rojo en cada mano.
―Hay un sito vacío justo ahí, si quieres.
Se giró hacia mí, apenas mirándome a los ojos antes de apartar la mirada. ―Oh... está bien. Me gusta estar de pie.
En ese momento me estaba mirando. Me gustaba su cara, su boca.
―A mí también, ―dije, rompiendo el contacto visual. A Riley parecía estar yéndole bien, la amiga le estaba sonriendo; estaban cada vez más cerca.
―Así que, ¿eres amigo de Kate? ―preguntó la castaña.
Escondí una sonrisa; se estaba fijando en mí.
―Es mi hermana.
―Oh, venga ya... ―Me miró de arriba a abajo.
―¿Buscas un parecido familiar? ―bromeé.
Sus mejillas se pusieron de color rosa y sonrió. ―Sí.
Suficiente de eso. ―Soy Edward, ―dije, extendiendo la mano.
―Bella. ―Nos dimos un apretón de manos―. Hemos venido con Jasper, Jake y Sam.
―Ah, Jasper. Es todo un personaje. ―Y de verdad lo era. No creces con alguien sin conocer sus sucios secretos.
Justo entonces, Carmen se acercó y sacó una botella de agua de la nevera.
―Creo que vamos a irnos pronto, ―dijo, mirándome significativamente―. Mañana es el treinta aniversario de mis padres, así que vamos a salir...
Sus palabras se desvanecieron al fondo. Me había gustado hablar con la castaña y quería seguir. Esperaba que no se fuera.
Por primera vez, encontré la insistencia de Carmen en conversar conmigo irritante. No oí la mitad de lo que dijo. Me bebí la mitad de otra cerveza, colocando mi cuerpo apartado de ella. Hablando de cerveza... aquello era una mierda. ¿Quién había comprado cerveza light? Seguramente alguna de las amigas de Kate; estaban obsesionadas con las calorías. Miré a la castaña de reojo; tenía un buen cuerpo, y un culo genial. Me imaginé deslizando la mano en su bolsillo trasero, ahuecándola en una de sus nalgas...
―...pero le dije que eso no era justo. ¿Por qué tendríamos que comprarle a papá su favorito y no a mamá? ¿Sabes? Es su aniversario, es como que los dos...
Desconecté de nuevo. La castaña parecía incómoda ahora; había visto a mi hermano hablando con su amiga.
―Bueno, diviértete con eso. Salúdales de mi parte, ―dije diplomáticamente, apretando la mano de Carmen.
Carmen sonrió ampliamente; no había parecido notar la forma abrupta en que había terminado nuestra conversación. ―Vale, Edward. Te veré pronto.
Me volví hacia la castaña, dándome cuenta de que me había olvidado de su nombre.
―Perdona, ¿cómo te llamabas?
―Bella.
―Bella. ―Me aseguré de acordarme―. Bueno, Bella, parece que tu amiga ha encontrado a mi hermano.
Ella volvió a mirar a Riley, sorprendida. ―¿Tu hermano? ¿Cuántos sois?
―Cuatro. Dos chicos y dos chicas.
―Y, ¿estáis todos aquí esta noche?
―Todos excepto Siobhan. Ella vive en Maine.
―Oh, vale.
De repente parecía aburrida y se me ocurrió que a lo mejor me estaba aguantando de la misma forma que yo lo había hecho con Carmen. Tenía el teléfono en la mano.
Un amigo me sonrió y me llamó con un movimiento de la mano, así que dejé a Bella con sus mensajes.
* . *
Era tarde.
Garrett daba vueltas, mezclándose con todos y soplando velas mientras Kate y yo nos relajábamos en la hamaca, hablando sobre los viejos tiempos.
Riley pasó por allí, deteniéndose e inclinándose para abrazar a Kate.
―¿Te vas?
―Sí, me han... pedido que vaya a alguna parte, ―dijo, sonriendo ampliamente.
Miré hacia la chica con la que había estado toda la noche, la amiga de Bella. Estaba esperando cerca, sonriendo con timidez.
Bastardo afortunado.
―Diviértete, tío, ―dije, chocando el puño con el de él―. ¿Vas a conducir?
―Nah, vamos andando. Viven a unas manzanas de aquí.
―Llámame si necesitas que te lleve después, ―dije, preguntándome cómo mi hermano pequeño se metía siempre en estas situaciones ideales. Era ridículo.
Habría estado bien hablar con Bella un poco más. Nos habíamos cruzado toda la noche, hablando aquí y allí; nada sustancial, solo una de esas cosas. Seguramente no volvería a verla.
Riley volvió a aparecer unos minutos después.
―Edward.
Levanté la mirada a él, deteniendo el movimiento de la hamaca con el pie.
―Quieren que vengas. ―Sonrió satisfecho.
Bella quería que fuera.
Bueno, bueno.
Ayudé a mi hermana a levantarse conmigo.
―Compórtate. ―Suspiró, besándome en la mejilla.
Seguí a Riley fuera del jardín, a través del camino oscuro que daba a la calle.
Bella estaba apartada de su grupo de amigos, retorciéndose el pelo. Se lo soltó cuando me vio y vino hacia mí, con los ojos oscuros y enormes. Como si se hubiera dado una orden silenciosa, todos empezamos a caminar por la calle.
Ella tenía muy buen aspecto. Y, por la forma en que me estaba mirando, ella pensaba lo mismo de mí.
¡Hola!
Me ha encantado la respuesta a esta historia en el primer capítulo. Aquí teneis el segundo, que espero que también os guste.
Estoy deseando leer vuestras opiniones.
¡Hasta el próximo finde!
-Bells :)
