Hola! Pues bien, ya que he actualizado mi otro fanfic, aprovecho para actualiza este también. :D

Este capítulo esta narrado por Duncan, y es más o menos lo que pasó en su vida el día de la discusión en el café.


Autorretrato

: Crónicas de un drogadicto

Duncan

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Estoy solo en mi casa, y son las 5:45 p.m., a las 7:00 debo verme con mi Princesa. Aún me queda tiempo.

Me levanto pesadamente de mi cama y abro sigilosamente mi cajón. No se porqué, pero cada vez que hago esto siento que alguien me vigila. Extraigo una caja de madera, la abro, y a su vez saco de ahí una cajita más pequeña. Volteo hacia todos lados, un poco angustiado. Le pido perdón interiormente a todo el mundo, pero es que necesito una dosis, aunque sea pequeña. Abro la mini caja y extraigo una bolsa transparente que contiene exactamente un gramo de cocaína.

Limpio con el dedo la superficie de mi mesa de noche, y hago una línea con el polvo blanco. Desesperadamente lo absorbo por mi nariz. Casi al instante siento el mágico efecto, mientras una gota de sangre cae al piso. Tal vez sí me he excedido esta semana. Voy rápidamente al baño y tomo un pedazo de papel higiénico, mientras limpio con cuidado mi nariz. Odio que pase esto.

Cinco minutos después, estoy haciendo pesas en el gimnasio trasero que tiene mi padre. Amo la cocaína, me activa en menos de dos minutos y me hace sentir que floto.

No sé con exactitud cuánto tiempo pasé haciendo ejercicio, pero cuando miro el reloj ya son las 6:35 p.m.

Me apresuro a sacar mi ropa y entro a la ducha. Aún siento ese delicioso efecto, aunque sé que dentro de poco vendrá la recaída… y yo la odio. Me pone triste y de mal humor. Tan sólo espero poder controlarme en nuestra cita.

Siento el agua caliente deslizarse por mis pectorales, y odio también este momento porque ante el más mínimo roce siento tensión. Tomo un poco de shampoo y lo esparzo por mi cabello y mohawk, y casi dos minutos después deslizo el jabón por mi cuerpo. Diez minutos más y salgo de la ducha. Ato la toalla a mi cintura y peino mi rebelde cabello con gel, mientras casi al mismo tiempo cepillo mis dientes y me pongo el pantalón. Observo el reloj. Mierda, son 5 minutos a las 7. Escupo la pasta dental y tomo enjuague bucal, mientras termino al mismo tiempo de ponerme los zapatos. Y casi salgo de la casa sin playera.

Corro como loco por las calles, suerte que el café sólo está a 20 minutos a pie.

Diez minutos después – gracias a mi maratón personal – ya estoy frente a la puerta. Tomo la manija y entro agitado, mientras busco a Courtney con la mirada, y, como lo supuse, aún no llega. Últimamente se demora demasiado.

Me siento en la última mesa y me distraigo con cualquier cosa. Saco mi celular y consulto la hora: las 7:17.

Pasan cinco minutos y mi Princesa no llega. El efecto reconfortante de la cocaína comienza a desaparecer y da paso a la ansiedad, la tristeza y el mal humor. Me siento irritado, así que saco un cigarrillo y lo fumó rápidamente. En menos de 2 minutos lo termino, y al ver que Court no llega saco otro. Apenas voy a la mitad de éste cuando ella aparece por la puerta.

Entra lentamente y camina por el pasillo, con su vista fija en mí. Yo le sonrío mientras la veo acercarse, y cuando llega me pongo de pie e intento abrazarla. Error, ella me retira y me trata de consolar con un pequeño beso. ¡Diablos, odio que haga eso! Tranquilo Duncan, no pasa nada. Prefiero evitar problemas y me vuelvo a sentar, y ella hace lo mismo en la silla frente a mí. Recorro con cuidado su rostro, y la noto demacrada. Lleva maquillaje excesivo y luce diferente. Trata de ocultar su delgadez con esa ropa, que no hace más que acrecentarla.

- ¿Qué vas a pedir Princesa? – pregunto haciéndome el loco.

- Un café con edulcorante – ella se dirige al mesero.

- Yo quiero un café bien cargado y unos muffin's de sabores – es hora de descubrirte Princesa. Si no comes uno de estos muffin's, comprobarás mis sospechas

- Enseguida regreso con su pedido.

Creo que ella sabe lo que me pasa también. La noto preocupada, sus ojos me lo dicen todo, aunque no sé exactamente si está preocupada por mí o por que la pueda descubrir.

No aguanto más, el maldito mesero no regresa con nuestra orden y esta ansiedad me está matando. Debemos hablar ahora. Coloco mi mano sobre la suya y la miro sonriendo.

- Courtney, tenemos que hablar – le digo seriamente.

- ¿Qué pasa Duncan? – medita un momento. Ella no sabe mentir.

- Tú sabes que pasa Princesa, te he notado más, mucho más delgada – le confieso preocupado. Sé lo que le ocurre, pero quiero que ella me lo diga.

- No sé a qué te refieres, yo sigo estando en mi peso normal –miente.

- Por favor, no quiero verte así, hace más de un mes que no me dejas abrazarte, y hace más de un mes que no quieres ir a cenar conmigo – y maldición, eso me hace sentir tan mal...

- ¿Y qué hay de ti, eh? ¿Tú crees que no me he dado cuenta? Siempre que nos vemos tus ojos están llorosos y tus manos temblando – ¡Diablos! ¡Está comenzando a sospechar!

- ¡No sé que rayos hablas Courtney! Comienzas a estar paranoica – Le grito enojado. ¡¿Cómo demonios lo sabe?

Me enojo demasiado, me levanto bruscamente, dejo el dinero en la mesa y me largo. Estoy tan irritado, que no quiero nada más que estar solo, así que ir a casa no es una opción.

Camino por las calles sin un punto en específico, llego hasta un parque y entro lentamente. El ambiente húmedo de los árboles logra relajarme un poco. Me siento en una banca y fumo otro cigarro. Quisiera que esta paz nunca se viera turbada. Enciendo mi celular para escuchar música de Papa Roach a todo volumen. Después de todo el parque está prácticamente desierto.

Pierdo la noción del tiempo, me siento totalmente relajado. Escuchar a tu banda favorita en un ambiente como este sí que te hace olvidar los problemas.

Entonces mi celular comienza a vibrar, y no precisamente por la música. Observo la pantalla, y es un mensaje de Courtney. Bah, no quiero saber de ella en este momento. ¡¿Por qué simplemente no me confía su problema? ¿Y cómo demonios sospecha del mío? Yo nunca me he drogado frente a ella, ni durante nuestras citas, ni jamás lo haría.

No quiero que ella lo sepa, porque sé que la lastimaré, y no quiero hacerle eso. Sé que la defraudaré. Después de todo, ¿quién quisiera estar con un maldito drogadicto? Tengo tanto miedo de perderla…

Al final me rindo y abro su mensaje. Lo leo detenidamente.

"Por favor perdóname, tenemos que hablar. En el café, mañana a las 7:00 p.m."

Y si ella pide perdón, es porque realmente tenemos que hablar.


Bueno, espero que les haya gustado, porque este otro "testimonio" es de mi novio, claro, escrito y narrado a mi manera. Él también fue drogadicto no hace demasiado tiempo.

Y mil gracias a la gente que se preocupa por mí, y sobre el punto de la anorexia, explicaré mejor lo que siento en un par de capítulos más, pero descuiden, no creo morir por ello x), y si muero, pueden solicitar algun aparato eléctronico para que lo ponga en mi testamento :P