Muy buenas a todos! Aquí estoy nuevamente con otro capítulo! Me alegra mucho ver que el fic ha tenido visitas, eso siempre se agradece!
Conejoluigi: Muchísimas gracias por tu review! La verdad que me resultó muy útil e interesante tus recomendaciones y tu punto de vista, siempre se agradecen los consejos y las opiniones! He de decirte que este fic avanzará lento, pero es para profundizar un poco más en los sentimientos de los personajes y tendrá algunas diferencias en cuanto a la trama original, pero que sirven para darle sentido a mi fic. De nuevo, MIL GRACIAS por tu review! Y espero otro tuyo sobre este capitulo! Besitos!
Y a los demás, les animo a comentar también. Siempre son bienvenidos! ^^
Capítulo 2 - Cloud
El muchacho de cabellos rubios y alborotados clavó su espada en la tierra y se dejó caer de rodillas, mientras respiraba pesadamente. Frente a él, otro chico de su misma edad, volvía a alzar su espada de nuevo con una sonrisa pícara a la vez que juguetona.
-Espera…dame…un…respiro - jadeaba el rubio, mirando los cortes pequeños que tenía en sus brazos.
-Oh, vamos, ¡Cloud! - decía el moreno, burlón - No me digas que estás cansado. Ríndete.
Entonces el rubio que respondía al nombre de Cloud alzó sus decididos y brillantes ojos azules y los clavó en el moreno, dibujando en su rostro una media sonrisa.
-¿Rendirse? ¡Jamás! - dijo Cloud y, levantando su espada con la rapidez de un rayo, se lanzó contra el moreno, quien respondía a sus embestidas, esta vez con menos agilidad. - ¿Qué pasa, Zack? - preguntaba Cloud, divertido - ¿Es que ya no puedes conmigo?
Los dos se detuvieron un momento y rieron, como niños pequeños.
-Bueno, hasta aquí el entrenamiento - dijo Zack, mientras dejaba su espada en el suelo y se sentaba junto a ella a descansar. El moreno soltó un largo suspiro mientras cerraba los ojos y dejaba que el sol de aquella mañana acariciase sus finos rasgos.
-¿Cómo? ¿Tan pronto? - dijo Cloud, sentándose también a su lado y mirando a su compañero.
-Shin - Ra no quiere soldados cansados - contestó Zack, entre risas. - Además, hoy quiero estar despierto para una cosa importante que quiero hacer.
El rubio se mantuvo un rato en silencio ante las misteriosas palabras del moreno.
-¿Una cosa importante? - comentó él. Los ojos de ambos, de color azul intenso, se miraron.
-Sí. Y tú te vienes conmigo - dijo Zack, divertido.
-¿Yo? ¿Y qué pinto yo en tus planes? - inquirió Cloud, frunciendo el ceño.
-Mucho. Eres mi mejor amigo. Y quiero enseñarte a alguien que es importante para mí. - contestó el moreno, volviendo a cerrar los ojos y dejándose embelesar por el cálido sol, algo que era muy extraño en la ciudad de Midgar.
-No estarás hablando de… una chica, ¿verdad? - preguntó Cloud.
Entonces, Zack rió con fuerza y Cloud no pudo hacer otra cosa que extrañarse todavía más. Lo cierto era que su compañero de trabajo, su gran amigo, se había levantado diferente aquella mañana.
-Sí, estoy hablando de una chica. ¿Qué me dices, Cloud? ¿Te vienes al Séptimo Cielo hoy a tomar algo conmigo?
-¿El Séptimo Cielo? ¿La cantina?
-Sí. ¡Venga, vamos! Es viernes… y hasta el presidente Shin-Ra y su hijo van a ir. - dijo Zack, intentando convencer a Cloud poniendo un tono aniñado en su voz.
Lo cierto era que la idea de despejarse un rato de tanto entrenamiento y de SOLDADO le resultaba más que tentadora al rubio, que llevaba unas semanas sin pisar suelo urbano. Quizá necesitaba un ambiente más tranquilo y pensar en otras cosas, ya que les habían informado que dentro de pocos días tendrían que realizar algunas misiones fuera de la ciudad, y tendrían que tener las fuerzas al máximo.
-Está bien. ¡Vamos! - dijo Cloud finalmente, guiñándole un ojo.
Mientras Cloud se daba una ducha para prepararse, comenzó a pensar en como había sido su vida hasta ahora, desde que había ingresado en SOLDADO. Recordaba que, en un principio, a su madre no le había hecho mucha gracia que quisiera abandonar Nibelheim, su pueblo natal, para unirse a los militares y, mucho menos, dejarla sola, ya que el padre de Cloud había fallecido años atrás. Sin embargo, Cloud tenía una gran facilidad de convicción y logró que su progenitora accediese a la idea.
Seguía manteniendo el contacto con ella a través de las numerosas cartas y dulces que su madre le envíaba cada mes, puntualmente. Aunque Cloud echaba mucho de menos su pueblo, no podía evitar pensar que la vida le había sonreído desde que había tomado la decisión de alistarse en SOLDADO. Además, gracias a dicha decisión, había conocido al que era su único mejor amigo en toda su vida: Zack. Gracias a él, había pasado de ser un simple soldado raso a un soldado de primera clase y había conocido mundo debido a las diversas misiones que había llevado a cabo.
Pero lo que le molestaba a Cloud era que la gente nunca reconocía el trabajo de los soldados. Ellos salvaban vidas arriesgando las suyas propias, pero para las gentes nunca existían nombres concretos. Siempre eran soldados en general. Sin embargo, Cloud había aprendido a vivir con ello y ya no buscaba la fama y la gloria, sino disfrutar de los combates y de ayudar a la gente.
Cuando terminó de ducharse, Cloud miró su torso desnudo en el espejo y vislumbró todas y cada una de las cicatrices que este tenía. A cualquier otra persona le habrían dado grima esas marcas en su cuerpo, pero al rubio le gustaban personalmente, puesto que cada una de ellas contaba una historia diferente y eran símbolo de experiencia.
Se puso un jersey azul oscuro y unos pantalones negros y se peinó un poco los cabellos dorados, aunque sin éxito, ya que estos siempre habían sido alborotados y Cloud los había dado por perdidos. Antes de salir a su encuentro con Zack, Cloud se miró al espejo nuevamente para comprobar que todo estaba en orden, poniendo especial interés en sus ojos azules, que tenían un brillo especial y diferente.
Aquellos ojos habían visto demasiadas cosas en sus 21 años de vida. Crueles batallas, hijos sin familia, gloria y tristeza. Todo al mismo tiempo. Cloud recordaba que, al principio, las diferentes misiones que hacían por el mundo no lo dejaban dormir, pues era tal la crudeza de estas que lo dejaban sin sueño. Pero con el paso de los años, se fue acostumbrando cada vez más.
Un toque en su puerta lo despertó de sus pensamientos profundos.
-¿Cloud? ¡Vamos! Se nos hará tarde. - era la voz de Zack a través de la puerta. Cloud sonrió ligeramente aunque su moreno amigo no pudiera verlo y salió a su encuentro.
Durante el camino, Cloud y Zack hablaron de las misiones que tendrían lugar proximamente y de que tenían que estar preparados para lo que pudieran encontrarse. Aunque el rubio lo intentó varias veces durante el trayecto, Zack no soltaba prenda de aquella misteriosa chica a la que el moreno tenía tantas ganas de ver y que era tan importante en su vida, así que, finalmente, desistió.
Cuando llegaron al restaurante Séptimo Cielo, se encontraron con una larga cola de personas que esperaban ansiosas para entrar. Zack emitió un silbido de impresión mientras observaba el barullo de personas que se arrinconaban frente a la puerta.
-¡Guau! Cuanta gente… otras veces suele estar más tranquilo - comentó Zack, mientras se colocaba en la cola despreocupadamente.
Cloud hizo lo mismo. Ambos jóvenes esperaron en silencio, mientras escuchaban las conversaciones de las demás personas, que se entremezclaban. Pero Cloud centró su atención, sin saber por qué, en la conversación de dos chicos de su edad que estaban frente a él.
-Hoy toca ella… Creo que estoy enamorado - dijo uno de ellos, con un pelo de intenso color marrón.
-¿La pianista Aeris? - comentó el otro, con una ligera sonrisa en los labios. - Sabes que es un sueño, ¿no?
El de pelo castaño suspiró lentamente, mientras agachaba la mirada.
-Lo sé…pero dicen…que no parece ser feliz con su novio. - dijo, repentinamente ilusionado.
-Es que él es un sabelotodo. Normal que no sea feliz…
Los jóvenes empezaron a hablar de otras cosas y Cloud no pudo evitar sentir pena por aquella pianista llamada Aeris. Supuso que debía de ser famosa en Midgar, por la forma en que hablaban de ella.
"Pero a veces la fama no lo es todo. Seguro que no es para tanto, aunque la pobre…" pensó Cloud, recordando la conversación de los dos jóvenes, aunque sentía cierta curiosidad por ver a la pianista.
Cuando por fin consiguieron entrar, el camarero los acompañó hacia una mesa que se encontraba muy cerca de un piano de cola situado sobre una tarima. La banqueta que lo acompañaba se encontraba vacía.
-Son los clientes número 100 y 101. Así que tendrán la suerte de estar en primera fila. Hoy toca nuestra pianista más querida, la señorita Aeris. Que lo disfruten. - dijo el camarero, marchándose a atender otras mesas.
-Parece que es bastante famosa, esa chica - comentó Zack, con una ligera sonrisa.
-Sí, eso parece. - Cloud iba a decir algo más cuando notó que su amigo ya no le prestaba atención, pues sus ojos zafiro se encontraban observando a una joven camarera de cabello largo y negro y grandes ojos rubí, bastante bonita. Cloud vió como su amigo comenzaba a enrojecer y de repente, descubrió quien era esa chica tan importante que Zack quería ver.
-Así que es ella - dijo Cloud, pícaro, mientras un sobresaltado Zack lo volvía a mirar de nuevo, rojo como un tomate.
-Sí…- admitió Zack, agachando la mirada. - Se llama Tifa. Siempre me sirve una copa cuando vengo.
-¿Cuando vienes? Y, ¿por qué nunca estoy yo? - dijo Cloud, extrañado.
-Tú nunca quieres ir a ninguna parte. - le reprochó Zack, fingiendo una exagerada tristeza- Hasta me ha parecido raro que quisieras venir hoy.
Los dos rieron ligeramente, pero la sonrisa de Zack se esfumó repentinamente al ver que la joven Tifa se acercaba a ellos con alegría en su rostro.
-¡Buenas noches! - saludó y, al reparar en Zack, ella también enrojeció ligeramente, algo que pasó desapercibido para el moreno, pero no para Cloud. Zack evitaba mirar a la muchacha, pero le costaba. - ¿Qué les sirvo?
-Yo quiero un poco de vino - contestó Cloud, con firmeza.
-Vino, perfecto. ¡Le traeremos el mejor de la casa! Y…usted, ¿lo de siempre, no? - dijo Tifa, refiriéndose a Zack mientras le guiñaba un ojo. Zack abrió mucho los ojos y se llevó la mano al pelo, mientras reía a carcajadas.
-¡Por… por supuesto! - dijo, notablemente nervioso - ¡El brandy es mi bebida favorita! - volvió a reír. Tifa lo miró con una sonrisa y tras un "marchando" se esfumó entre la gente.
Cloud miró a Zack intentando contener la risa, mientras que Zack lo miró enfurecido.
-¿Qué? - le espetó el moreno.
-Nada - rió ligeramente Cloud - Oye, si esa chica no se ha dado cuenta de que le gustas, es por que esta ciega…
-¿Tanto se me nota? - preguntó Zack, abriendo mucho los ojos.
-Qué va… -ironizó Cloud.
-Uf… me quedo más tranquilo. Es… preciosa, ¿no crees? Algún día la invitaré a salir. Perderé mi miedo y se lo diré.
Cloud sonrió. En el fondo le gustaba ver a su mejor amigo en aquella situación tan vergonzosa, pues Zack siempre iba de "chico guay" que conquistaba con una sonrisa a todas, pero la realidad era distinta.
De repente, se hizo el silencio en el Séptimo Cielo y todo el mundo se levantó de sus sillas, aplaudiendo sonoramente al paso de dos personas que acababan de llegar al restaurante. Una de ellas se trataba de un hombre alto y musculoso, con el pelo largo y plateado y los ojos de color turmalina, que tenía un semblante serio e imponía bastante. Cloud lo conocía de revistas y de habladurías, era el gran maestro Sephiroth, un virtuoso del piano, famoso en todo Midgar. Y la mujer que lo acompañaba dejó al rubio simplemente sin palabras.
Para Cloud, se trataba de una de las mujeres más hermosas que había visto en su vida. No era una belleza imponente, sino sencilla y delicada. Sus grandes ojos verde esmeralda se paseaban por todo el Séptimo Cielo y sus pequeños labios rojos sonreían a todos y cada uno de los presentes. El rubio la miró sin pestañear en ningún momento. Aquella joven, que parecía ser de su edad, debía de ser la pianista Aeris.
Tanto Sephiroth como Aeris llegaron a la altura de la mesa donde Cloud y Zack estaban sentados. Sephiroth ni siquiera dirigió una mirada hacia ellos, caminaba con cierta altanería y sintiéndose importante. Sin embargo, la joven Aeris si los miró, primero a Zack, al que lanzó una sonrisa y después a Cloud.
Ambos se miraron por unos instantes. Cloud no recordaba haber visto una sonrisa tan dulce como la de aquella muchacha, y se sintió embobado. Reaccionando rápidamente, le sonrió y la joven se mostró alegre y complacida, mientras que Cloud enrojeció levemente.
Aeris se situó frente al piano y miró a los presentes, nuevamente sonriendo. Todos le prestaban atención.
-Buenas noches a todos y bienvenidos - dijo ella, con una voz suave. - Quisiera darles las gracias por venir, es una noche muy especial para mí. Espero que disfruten.
Nuevamente, el restaurante estalló en aplausos. La joven se sentó al piano y tomó aire, cerrando los ojos y empezando a tocar.
Una hermosa pero triste melodía sonó en todo el restaurante. Las parejas se miraban entre sí, los que estaban solos daban un par de tragos a su bebida mientras observaban, embelesados a Aeris y Cloud no podía apartar sus ojos de ella. Era como si tuviese una magia extraña a su alrededor que le impedía mirar hacia otra cosa o persona.
Cuando la canción terminó, todos volvieron a aplaudir y Aeris hizo una reverencia como gesto de agradecimiento.
Las horas pasaron mientras Aeris seguía tocando el piano, esta vez, como música de fondo, pues todos empezaron a hablar animadamente entre sí. El presidente Shin - Ra y su hijo, Rufus, observaban la escena desde un pequeño palco que tenía el restaurante, mientras charlaban animadamente con otros hombres que parecían ser importantes.
La pianista decidió descansar un poco y se acercó hasta Tifa, quien también descansaba.
-Lo has hecho de maravilla - dijo Tifa, con una pequeña sonrisa y dándole un abrazo a su amiga.
-Gracias. La gente parece muy contenta hoy y eso me gusta. - comentó Aeris, también sonriente. La noche parecía avanzar estupendamente y eso era algo a agradecer. La pianista recorrió con sus ojos verdes todo el restaurante, observando como la gente hablaba alegremente y disfrutaban de la velada. Pero sus ojos se detuvieron en el joven de pelo rubio y alborotado que había visto justamente antes de empezar a tocar y el cual se encontraba observándola fijamente. Al darse cuenta de que ella lo miraba, el rubio centró su vista en su acompañante y comenzó a hablar con él.
-Oye…- dijo Aeris - ¿lo conoces? - preguntó a la morena, señalando a ambos jóvenes.
-Oh, el moreno suele venir mucho aquí, es muy alegre…pero el rubio, no lo he visto nunca antes. Supongo que son amigos. - comentó Tifa. - ¿Te gusta? - preguntó, con picardía, refiriéndose al rubio de ojos azules.
-Oh, no no - dijo Aeris, restándole importancia - es sólo que me ha llamado la atención. Tiene una forma muy intensa de mirar.
-Bueno, lo cierto es que no ha parado de mirarte desde que entraste al restaurante - dijo la morena, con cierta alegría.
-¿De verdad? - se interesó la de ojos verdes , algo sonrojada.
Tifa asintió, convencida.
-¿Cómo se llamará? - se preguntó en voz alta Aeris. De repente, a Tifa se le ocurrió una idea.
-Espera aquí. Voy a hacer algo bonito por tí. - dijo la de ojos rubíes, mientras se alejaba de Aeris.
-¿Cómo? ¿El qué? Eh, Tifa, ¡espera! - dijo Aeris.
La morena se acercaba hacia los dos hombres con paso decidido. Aeris intentó alcanzarla, pero ya era demasiado tarde.
FIN DEL CAPÍTULO
