¡Hola!
Aquí les traigo el segundo capítulo de este nuevo proyecto que emprendí ^^ Agradezco de todo corazón a las personitas que me dejaron sus comentarios y alegraron mi día con ellos, animándome a seguir con este fic.
Espero que este capítulo sea de vuestro agrado, aunque el final es un poco brutal (?) jaja
¡Dejen sus comentarios! Saluditos.
Blind man: Capítulo II
En el departamento de la policía federal de Los Ángeles, un extraño grupo de personas analizaba las pruebas encontradas en la escena del crimen, aquélla en la que encontraron muerto a un joven prostituto, cuyo asesinato, por las condiciones en las que fue encontrado el cuerpo, era atribuido al famoso "ciego".
Uno de ellos, de nombre Hiroshi Nakano, leía el reporte que había echo la policía local al momento de encontrar el cadáver. Hiro, como le llamaban sus compañeros, era un muchacho de 26 años, de cabellos largos y de color rojo, alto y delgado. Sus ojos marrones le daban un aire sagaz y, como no, si él era muy inteligente y experto en analizar las conductas de los criminales, por lo que desde hacía varios años, pertenecía a la Unidad de Análisis de Conducta del FBI.
Su principal misión era encontrar pistas que los llevaran a encontrar al asesino más buscado de Estados Unidos y, aunque ya se sabía de memoria su modus operandi y podía entender a la perfección su comportamiento, no había logrado atraparlo. Poco a poco, capturar a The Blind man, se había convertido en un desafío personal.
A su lado, se encontraba el niño prodigio del lugar. Su nombre era Suguru Fujisaki, un muchacho de cabellos cortos y negros azabache, ojos castaños, tez pálida, delgado y de baja estatura. Aunque a penas tenía 20 años, había ingresado al cuerpo de policías simplemente porque su capacidad para resolver acertijos era fuera de este mundo. Su coeficiente intelectual superaba los de una persona normal y ya había ayudado al FBI a resolver algunos casos bastante complicados, por lo que hace algunas semanas se le había asignado evaluar el caso de Blind man para que ayudara en su captura.
La última persona del equipo era Noriko Ukai, la jefa del grupo, pues como policía con años de experiencia en crímenes seriales, se le había designado para que dirigiera a este selecto grupo de gente. Tenía 35 años y se caracterizaba por ser una persona muy jovial y con carácter. Sus cabellos teñidos de un color lila siempre iban atados porque, según ella, así se veía mejor, por lo que rara vez se le podía ver con el cabello suelto. Tenía unos expresivos ojos esmeraldas, tan perspicaces que ni el más mínimo detalle se escapaba de ellos.
Estas tres personas conformaban el especializado grupo que iba tras la pista del famoso criminal y, en ese momento, analizaban el caso de la víctima número catorce.
—¡No puedo creer que otra vez nadie lo haya visto!—ijo la mujer del grupo, indignada.
—Así es siempre, jefa—habló Hiroshi— A este tipo de gente no le gusta tener contacto con la policía, por ello prefieren mantenerse al margen y no cooperar. Creen que ello puede afectar sus labores e, incluso, pueden temer que la policía descubra los negocios sucios que llevan.
—Hiro tiene razón—intervino el menor—. En ese mundo, se cuidan las espaldas los unos a los otros; se cubren entre ellos a pesar que todos los dueños de los burdeles desean que se atrape al asesino porque afecta sus negocios. Prefieren ser encubridores que delatores, ya que la mayoría de ellos tienen otros oficios, además de la prostitución.
—Ya lo sé, pero en ese lugar transita mucha gente, y no me refiero sólo a los que trabajan allí, sino también a quienes frecuentan esos lugares—habló Noriko en un tono pensativo.
—¿Crees que Blind Man sea cliente frecuente de esos burdeles?—preguntó Suguru.
—Siempre he pensado que es algún cliente, pero… —Noriko se quedó meditando la pregunta que le había realizado el menor. Siempre había tenido presente la posibilidad de que el asesino frecuentara burdeles, no sólo para elegir a sus víctimas, sino que también para saciar sus deseos carnales. Sin embargo, hasta el momento, no tenían ninguna pista para afirmar aquello.
—El problema es que en cada una de las víctimas encontradas hasta ahora, no hay rastros de interacción sexual con el asesino. Además, como se trata de prostitutas es muy fácil encontrar rastros de semen pertenecientes a un sin fin de clientes, lo que hace más dificultoso encontrar a la persona correcta—explicó Hiro revolviendo los papeles en la mesa, en los cuales habían fotografías de las víctimas—. También cabe la posibilidad de que nuestro cliente asesino sea tan precavido, que use preservativo para tener sexo con sus "presas".
—Deberíamos mandar contingente policial para que vigilen los burdeles—sugirió Suguru.
—Tenemos a un agente infiltrado en esos lugares, pero últimamente no se ha contactado con el cuartel.
—¿Klaude Winchester? ¿Es él, no?—preguntó el pelirrojo.
—Está infiltrado en un burdel de la zona en la que ocurrió el asesinato, claro que él está tras los pasos de Tohma Seguchi. —Noriko buscó en su computadora los datos del agente infiltrado, para recavar toda la información sobre él, pensando en la posibilidad de que aquel hombre les fuese de ayuda.
—Curioso… —Con los ojos puestos sobre las negras letras del informe policial, Hiroshi cayó en cuenta de algo importante—. La víctima catorceava pertenecía a un burdel llamado "Sweet Pleasure", ¿no es ése el burdel de Tohma Seguchi? —Noriko le miró confundida.
—No lo sé… Déjame investigarlo—dijo yendo en busca de los archivos sobre el caso del famoso proxeneta y traficante de personas, esperando que lo dicho por Hiroshi fuese verdad. Eso sería ideal…
Lejos del cuartel policial, en un edificio de departamentos, dos jóvenes se hallaban en medio de una amplia sala, en completo silencio.
¿Cuánto tiempo llevan mirándose el uno al otro sin decir nada?, pensó el rubio profesor, mirando con miedo y confusión al extraño muchacho que se hacía llamar Shuichi y que, además, decía ser su hermano menor. Siendo sinceros, jamás en su vida lo había visto, pero algo en el interior del rubio parecía reconocer al muchacho. Si lo pensaba con detenimiento, había contemplado esos hermosos ojos violáceos en algún lado, pero ¿dónde?
Sin hallar respuestas a varias de las preguntas que llegaban a su mente, continuó contemplando al raro joven que se encontraba sentado en el único sillón de la sala de estar, mientras pensaba en una manera de obligarlo a responder sus dudas. ¿Qué debía preguntar primero? Pues, deseaba saber tantas cosas, que las preguntas se agolpaban en los rincones de su cabeza, impidiéndole lograr un cierto orden y coherencia entre ellas. Sentía demasiada curiosidad por el muchacho, pero no lograba encontrar coraje para encararlo y comenzar con un arduo interrogatorio.
Por su parte, Shuichi, quien había deseado tanto que ese momento llegara, se había quedado mudo debido a que las ansias le impedían pensar con claridad. No sabía a ciencia cierta qué decir ni cómo actuar, pues hace un rato había sido tan impulsivo que tenía miedo de sí mismo. Lo único que había conseguido era meterse en problemas y ahora, no sabía cómo salir de ellos. ¿Qué le diría a aquel hombre que le miraba con cara de pocos amigos?
—¿Quién eres?—preguntó de forma seca, decidiéndose por fin a enfrentar al chiquillo.
—Me llamo Shuichi—respondió mecánicamente.
—Eso ya lo sé—dijo con sorna y molestia—. ¿Qué quieres de mí?
—Yo… encontré algo que creo te pertenece y… sólo vine a devolvértelo—dijo al fin, comunicándole sus intenciones de forma no muy convincente, debido a su tono pensativo y su claro nerviosismo.
—¿Algo que me pertenece?—preguntó confundido. Una sutil sonrisa burlesca se formó en sus labios—. ¿Y se puede saber qué es?
—Este collar. —Shuichi metió su mano al bolsillo del short, sacando de él la correa con la figura de pececito—. ¿Esto es tuyo?—preguntó extendiéndole el objeto, el cual Eiri miró con cierto interés, viéndose obligado a acercarse al muchacho para coger el collar.
—Gracias—dijo secamente una vez que tuvo el objeto en sus manos—. Es el collar que compré para mi gato Azrael. Se me debió caer en el algún lado—explicó resumidamente, aunque más bien parecía que el rubio hablaba consigo mismo.
—No vayas tan rápido. —La voz del menor se escuchó seria—. Hay algo más… Yo sé quién eres. —Sus ojos violetas le dirigieron una mirada fulminante al mayor, quien le miró aterrado. ¿Podría ser que su más temible secreto hubiese sido descubierto?
—No sé a qué te refieres—dijo haciéndose el desentendido como si tratara de atrasar su fin lo más que se pudiera, estando dispuesto a soportar una larga agonía. Shuichi sonrió.
—Sabía que lo negarías, pero hagamos algo—le propuso—. Veámonos esta noche en el lugar que te indicaré, si no llegas… te denunciaré a la policía. ¿De acuerdo?
Eiri se quedó mudo mirando aterrado al muchacho que tenía enfrente. Lo que más temía se había vuelto realidad y, por fin, había logrado atar todos los cabos sueltos. Ya entendía por qué el chico se le había familiar, recordando rápidamente el lugar en dónde se habían visto, como si se tratase de una profecía que le alertaba de su inminente final. Todo se había acabado para su inocente imagen de profesor de primaria. Su fin era inminente.
"No puede ser", pensó nervioso, desesperado. Saberse descubierto por un muchacho le había caído como un balde de agua fría. Su mente se había bloqueado, ya que el temor por tener que enfrentar a la justicia era algo que no le dejaba ni dormir. ¿Qué haría si el niño lo denunciaba con la policía? ¿Arrancaría? ¿Se mataría? ¿Se entregaría?
El no poder hallar una escapatoria a todo ese lío, le hizo entrar en una desesperación tal, que todo atisbo de raciocinio se esfumó por unos momentos. ¿Cuál era la mejor solución?
Resignado a su inminente ocaso, pensó que tal vez la mejor opción era seguirle el juego al muchacho y así, tarde o temprano, cuando tuviera la más mínima oportunidad, se desharía de él.
—Éste es el lugar—dijo Shuichi, entregándole al rubio un hojita de papel, en la cual escribió la dirección—, espero verte por allí. Creo que te conviene ir.
—¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué no fuiste a la policía y me denunciaste? ¿Por qué viniste a verme primero? ¿Por qué arriesgas tu vida viniendo a mí sabiendo lo que soy? ¿Por qué me chantajeas?—escupió, haciendo todas la preguntas que tenía atoradas en la garganta.
—Deja de preguntar por qué. ¡Es molesto!—le regañó—. Si vine aquí es porque quiero que me ayudes. Tú eres mi única salida, el único que me puede ayudar. —El rubio le miró confundido, siendo incapaz de entender las intenciones del chico.
—¿Por qué debería ayudarte?
—Porque tu suerte está en mis manos—sentenció—. El asunto es bien simple, hermano Eiri: si me ayudas, no te denuncio a la policía; si me traicionas, te pudres en la cárcel. ¡Tú decides!—explicó, poniendo los puntos sobre las íes.
—No entiendo por qué lo haces. ¿Sabes que puedo matarte cuando yo quiera?— dijo en tono victorioso, pero Shuichi rió burlón.
—Si algo me llegase a pasar, un amigo mío te denunciará—mintió—. No tienes escapatoria… Blind man.
El profesor le vio directamente a los ojos con terror. El muchacho tenía razón, su vida estaba ahora en sus manos y lo peor es que el dichoso mocoso se atrevía a chantajearlo. ¿Qué haría ahora? Su más grande secreto estaba a punto de ser revelado a todo el mundo, su castillo de arena se desmoronaba como si una ola lo hubiese arrasado, la vida pacífica que había logrado llevar a pesar de los horrorosos asesinatos que cometía estaba llegando a su fin.
Su única salida era confiar en aquel muchacho, pero ¿podría confiarle su secreto a alguien que acababa de conocer?
Respirando de forma agitada, intentó calmar sus nervios y ordenar sus pensamientos, mientras escuchaba débilmente el suave maullido de su gato. Shuichi se quedó en silencio como si esperara una respuesta, dejando sus esperanzas puestas en una afirmación por parte del rubio.
—Te veré allá—avisó con la voz apagada—. Ahora, vete—le ordenó fríamente sin siquiera mirarle a los ojos, puesto que de hacerlo, sería capaz de estrangularlo ahí mismo.
—Te veo a las 10, entonces—sonrió.
Quedándose estático, Eiri observó cómo el muchacho salía de su departamento, dejándolo sumido en una desesperante atmósfera llena de confusión, temor y rabia. Parado en medio de la sala, se cuestionaba si acaso había tomado la decisión correcta, temiendo haber firmado su sentencia de muerte. Tal vez, el hecho de que Shuichi hubiese ido primero con él en vez de ir directamente a la policía, le brindaba un cierto atisbo de confianza, pero que no era suficiente como para dejar en sus manos el curso de su destino.
El fuerte maullido de Azrael, le obligó a poner los pies en la tierra y dirigir su atención hacia el minino de pelaje atigrado con tonos grisáceos, el cual restregaba su cuerpo en las piernas del rubio en busca de su atención.
—¿Tienes hambre, Azrael?—le preguntó en tono cariñoso, sobando el lomo del gato. Éste maulló. Ven a comer.
Como si el minino le entendiera, lo siguió hacia la cocina en donde el rubio le dio comida, echando en un pote azul el alimento para gatos que el profesor compraba sagradamente.
Así, observando a su mascota, Eiri no pudo evitar sumirse en sus pensamientos e, inesperadamente, se encontró pensando otra vez, en el hermoso muchacho de cabellos rosados. ¡Un momento! ¿Desde cuándo era "hermoso"?
Una extraña mueca se formó en sus labios al caer en cuenta que aquel chiquillo tenía un cierto atractivo que le obligaba a desearlo. Había estado tan aterrado pensando que ése sería el fin de su existencia, que ni siquiera se había fijado bien en las facciones de Shuichi y, ahora, que estaba más tranquilo, no podía evitar sonrojarse al saberse fascinado con aquellos ojos amatistas. Lo bueno de todo eso, es que podría verlo otra vez…
En las oficinas del FBI, Noriko por fin había logrado dar con la información requerida. En ese instante, iba de camino hacia su oficina, para comunicarle a su equipo sobre el descubrimiento que había hecho. Hiroshi y Suguru se encontraban charlando sobre cosas cotidianas mientras bebían chocolate caliente, cuando la jefa llegó para interrumpir su amena conversación.
—Les tengo buenas noticias, chicos—dijo animada, tomando asiento junto a ellos.
—¿Qué encontraste?—le preguntaron al unísono.
—Descubrí que el agente Klaude se encuentra trabajando en el burdel "Sweet Pleasure"—informó emocionada mientras sus ojitos esmeraldas brillaban con intensidad.
—¿Eso quiere decir que posiblemente Klaude sepa algo sobre nuestro asesino? —Hiro le miró con aire vivaz.
—Es posible, pero por lo menos conoció a la víctima y a sus clientes. —El dúo de muchachos le miraron confundidos. Noriko sonrió triunfante.
—¿A qué te refieres, Noriko?—preguntó Suguru.
—Es simple, pequeño. "Sweet Pleasure" es un burdel exclusivo en donde los clientes deben inscribirse para estar con una prostituta en especial. Digamos que los potenciales clientes deben pedir una hora y pagar la mitad por adelantado—explicó—, lo que quiere decir, que no cualquiera puede entrar al burdel.
—Pero es posible que los clientes entreguen nombres falsos—indicó el pelirrojo.
—No, porque Klaude es el encargado de recibir a los clientes. Lo más seguro es que verifique la identidad de éstos antes de dejarlos ingresar.
—¿Podrías comunicarte con Klaude? —Hiro le preguntó un tanto esperanzado, pensando que aquel agente policial podría ser la clave que necesitaban para resolver el caso.
—Por supuesto, le llamaré enseguida.
Tras unos largos minutos en los que la jefa recorrió medio cuartel buscando el número celular del agente Winchester y, luego, pidiendo permiso para comunicarse con él; marcó el número con evidente ansiedad y esperó pacientemente a que le contestaran. El molesto sonido del teléfono sólo hacía aumentar sus ganas por hablar con el policía infiltrado, siendo invadida, incluso, por un nerviosismo incontrolable.
—¿Diga?—dijo la voz al otro lado del teléfono.
—Klaude, soy la Teniente Noriko Ukai. ¿Tienes unos minutos? Necesito hacerte unas preguntas.
—En este momento, no puedo hablar con libertad. Haz la pregunta y te diré sí o no—le dijo en voz baja.
—¿El chico asesinado por Blind man trabajaba en ese burdel?
—Sí—respondió parcamente.
—¿Pudiste ver al asesino?
—No.
—¿Sabes si alguien lo vio?—preguntó ansiosa, teniendo la esperanza de que la respuesta fuese afirmativa. Klaude se quedó en silencio—. ¿Pasa algo?
—No es nada. —La voz del agente se escuchó algo apagada como si alguna pregunta hubiese afectado su ánimo.
—Pero no me has respondido. ¿Sabes si alguien vio al asesino?
—Sí.
—¡No puede ser!—exclamó impactada—. ¿Y por qué no habló con la policía?—le preguntó, pero no hubo respuesta—. Klaude, necesito que hables con aquella persona y la convenzas de hablar con nosotros. Por lo menos, averigua algo sobre lo que vio—rogó.
—Descuida, déjalo en mis en manos. Cualquier cosa que averigüe, te avisaré apenas pueda.
—Está bien. Adiós.
—Adiós.
Cortó la llamada, quedando con el alma en un hilo. Estaba en shock. Por fin tenían un testigo, pero para mala suerte de ellos, no sabían quién era y no podían interrogarlo. Noriko confiaba en que el agente Winchester pudiera averiguar algo para poder dar con el escurridizo criminal, aunque sabía que el policía estaba más concentrado en su misión de infiltrado que en capturar a un asesino "justiciero".
Ya más calmada, volvió a la oficina con su equipo de trabajo para darle las buenas nuevas y, con ello, idear un plan para atrapar de una vez por todas al asesino.
En otro lugar de la ciudad, cierto rubio miraba la hora, impaciente. Aún era temprano, pensaba.
Buscando que el tiempo pasara más rápido, se dio un baño, comió y luego, encendió el televisor esperando encontrarse con un buen documental o una película de acción. Sin embargo, los canales de televisión abierta lo único de lo que hablaban era del nuevo asesinato cometido por The Blind man.
Tragó duro al ver que los noticieros hablaban de él. Su respiración se agitó y, por momentos, su cuerpo se agitaba. ¿Cuánto tiempo más podría soportar ese calvario? ¿Por qué seguía matando a esos inocentes jóvenes? ¿Por qué lo hacía?
Enojado, apagó el aparto y estrelló el control en la pantalla, a modo de deshacerse de su ira. Respiró hondo hasta calmarse y al notar que la hora del encuentro se aproximaba, decidió salir rumbo al lugar que Shuichi le había indicado.
A eso de las 10 de la noche, el joven profesor rondaba por los mismo callejones que había visitado el día anterior, aunque en esta ocasión estaba allí por un motivo diferente. Su cuerpo estaba cubierto por una gabardina mostaza, la que a penas permitía divisar el cuello de la blanca camisa que traía puesta. El viento nocturno susurraba en sus oídos una suave canción, meciendo con gracia sus finos cabellos de oro. Sus pasos lentos, carentes de ánimo, daban la impresión de que aquel hombre de mirada amable y pacífica, caminaba hacia el cadalso.
Asustado, perseguido, temeroso, miró a su alrededor buscando el burdel que Shuichi le había indicado: se llamaba "Sweet Pleasure". Suspirando apesadumbrado, se decidió a preguntar en otro burdel dónde quedaba el lugar que buscaba y, allí, le indicaron cómo llegar. Sus pasos le dirigieron hacia un sector del callejón, que se caracterizaba por ser más oscuro y por estar lleno de gente, albergando todo tipo de personas, desde drogadictos hasta pedófilos.
Se adentró al lugar y un guardia lo detuvo, un hombre alto, de cabellos largos y rubios y de ojos azulinos: Mr. K.
—¿Qué se le ofrece?—le preguntó.
—Vengo a ver a una persona—respondió un tanto nervioso, pues era la primera vez que entraba a un lugar como ese.
—Dígame su nombre—pidió.
—Eiri Uesugi. —El rubio pelilargo miró un cuaderno en donde había una larga lista con nombres.
—Lo siento, pero no tengo su nombre en la lista de invitados—le dijo de forma amable.
—Pero, Shuichi me dijo que lo viera aquí—explicó urgido, pues tenía miedo de lo que podía pasar si no veía al joven, tal y como le había dicho.
—¿Shuichi?—preguntó extrañado. Al ver que Eiri asentía con cierta energía, decidió dejarlo pasar y llevarlo hasta el muchacho—. Sígame
Haciéndole caso al temible rubio, Eiri le siguió por los pasillos del lugar, mirando cohibido su entorno. Se trataba de un burdel bastante peculiar, en donde las prostitutas y los prostitutos se exhibían como mercancía y se remataban al mejor postor, mientras las drogas y diversas sustancias de la misma índole, se introducían en el cuerpo de los clientes. Sesiones de sexo ha vista y paciencia de todos los que allí estaban era el paisaje más común que el rubio pudo distinguir, sintiendo repugnancia por ese lugar. Ahora entendía por qué aquel extraño joven que lo chantajeaba deseaba escapar de allí.
—¡Shuichi!—llamó el guardia, deteniéndose frente a una puerta luego de caminar varios minutos por pasillos y escaleras—. Tienes un cliente. —La puerta se abrió enseguida.
—Profesor Eiri, me alegra que haya venido—le saludó con un falso tono de sorpresa—. Gracias por traerlo hasta aquí, Mr. K. —El mencionado asintió levemente y, tras asegurarse de que el rubio entrara al cuarto privado del muchacho, se retiró.
—Heme aquí, ¿qué harás ahora?—le preguntó el rubio impaciente, observando con repugnancia su alrededor, aunque la habitación de Shuichi no era tan desagradable como el resto del burdel. Aquel lugar olía rico, a un dulce y placentero aroma que invadía sus sentidos y que le hacía sentirse relajado.
—Tranquilo, Eiri. Recuéstate en la cama y relájate—sugirió con voz calmada.
—Escúchame, mocoso. No tengo tiempo para perderlo contigo, así que dime de una vez qué diablos quieres de mí—exclamó exasperado.
—Libérame. Sácame de este lugar. Llévame lejos, a un lugar en donde Tohma no me encuentre.
—¿Tohma?—preguntó confundido, desconociendo completamente al dueño de aquel nombre.
—Es mi medio hermano, el dueño de este lugar. Él me obliga a estar aquí— explicó con la voz rasposa—. He intentado escapar muchas veces, pero es imposible. Tohma es muy poderoso en esta región, ni siquiera la policía ha podido atraparlo. Si escapo, él verá la manera de encontrarme y de traerme aquí otra vez. Soy su prisionero.
Aquellos ojos violáceos que mostraban aflicción, brillaban debido a las cientos de lágrimas que se acumulaban en ellos, dándole un aspecto tan frágil que incluso derritió la enorme capa de hielo que el asesino había formado a su alrededor. Eiri se sintió algo conmovido por la historia del menor, pues siempre había pensado que quienes ejercían ese indecoroso trabajo lo hacían por gusto, pero se había equivocado: Shuichi era obligado a prostituirse y no tenía escapatoria. Era una especie de esclavitud moderna de la que jamás saldría. ¿Qué podía hacer por él? Si ya había intentado escapar, sin éxito, ¿por qué esta vez sería distinto? ¿Por qué él era el único que podía ayudarle?
—Déjate de tonterías, yo no puedo ayudarte. ¡Soy un asesino! ¡La policía me busca! ¿No me temes acaso?—le dijo en tono desesperado. Eiri ya se estaba hartando del jueguito del muchacho. Shuichi se quedó en silencio—. Si quieres dinero sólo tienes que pedírmelo, al fin y al cabo, la gente que chantajea siempre busca eso, ¿no? —Revolvió sus bolsillos con cierto nerviosismo, bajo la mirada atónita del menor—. Ahí tienes—le dijo lanzándole un fajo de billetes, los que cayeron al suelo, esparciéndose—. Eso es todo lo que tengo. ¡Ahora, déjame en paz!—le gritó airado.
Sin darle oportunidad de rechazar el dinero, el prófugo asesino salió de la habitación como alma que se la lleva el diablo. Estaba furioso, pero su ira no era otra cosa más que el reflejo del temor que sentía. No quería que lo atraparan y odiaba tener que depender de un muchachito que se las daba de sabelotodo, así que tendría que buscar la manera de deshacerse de ese mocoso chantajista. ¡Así es! Si era necesario, lo mataría. Total, cargar con una muerte más o una muerte menos, no hacía la diferencia.
En su camino a la salida, el guardaespaldas de Tohma le siguió con la mirada, observando atentamente sus reacciones. Por alguna razón, aquel sujeto que había ido a ver a Shuichi se le hacía conocido y podría jurar que lo había visto varias veces en esos callejones buscando prostitutas, tanto hombres como mujeres. Tal vez, se trataba de algún pervertido, pero curiosamente y si no mal recordaba, las veces en que lo había visto, el famoso "ciego" había atacado. ¿Coincidencia, mera paranoia o una real conexión?
—¿Qué relación tiene Shuichi con ese tipo?—susurró como si algo no le calzara, ya que era la primera vez que el joven Shuichi traía a ese "cliente" al burdel. Estaba claro que el tal Eiri Uesugi no había estado ahí para tener sexo con el muchacho, pues ese no era el trabajo que el delgado chiquillo solía ejercer, es más, estaba seguro que el hermano menor del dueño era virgen. Lo más raro de todo es que no cabían posibilidades de que fuera un cliente, no sólo porque se notaba de lejos que nunca había entrado al burdel, sino que también porque Shuichi ni siquiera le había avisado que un cliente vendría a verle—. Aquí hay algo raro…—se dijo en tono pensativo, perdiendo de vista al rubio una vez que éste salió del lugar.
Con pasos rápidos y ágiles, el joven profesor se alejó de aquel antro de perdición, con el alma en un hilo, rabioso, nervioso y, a la vez, aterrorizado. Su mente trabajaba de forma veloz maquinando un plan para deshacerse del entrometido muchacho, creando una serie de pasos a seguir para conseguir su objetivo.
Mientras el viento nocturno golpeaba su rostro con suavidad y su corazón y respiración recuperaban lentamente su ritmo habitual, pudo divisar en la lejanía, una sutil y curvilínea silueta femenina, que se contorneaba seductoramente como si, de adrede, lo estuviera incitando.
En aquel momento, su mente se nubló y se olvidó por completo del maravilloso plan que había ideado. No contaba con esa mujer en sus planes, pero ya que se le ofrecía en bandeja, aprovecharía de desestresarse un poco. Era repugnante para él tener que pagar por una ronda de sexo, pero ¿quién dijo que pagaría? Sigiloso, se acercó a la mujer con la intención de sorprenderla, pero el eco de sus pasos la alertaron.
—Hola, guapo, ¿te puedo ayudar en algo? No cobro caro—le dijo, abriendo un poco su escote para que el rubio pudiera admirar mejor la mercancía.
—No te preocupes por eso… Haz lo que sabes…—le dijo, mirándola detenidamente con sus ojos gatunos, analizándola de pies a cabeza como si fuera su presa. Aquellos ojos fieros y seductores brillaron sedientos, hechizando a su próxima víctima como si se tratara de un domador de serpientes, dejando que ella cayera en las redes de su trampa.
Adentrándose en la oscuridad del callejón, apartado de toda la muchedumbre que por ahí circulaba, la mujer comenzó con su rutina de trabajo, dejando que el rubio tocara todo su cuerpo con sumo descaro, mientras ella hacía lo suyo, masajeando el flácido miembro de su cliente. La temperatura de sus cuerpos iba en aumento, hasta que envueltos en un torbellino de pasión desenfrenada, con las estrellas y el silencio como únicos testigos de aquello, unieron sus cuerpos en una danza de mero placer carnal.
Tras alcanzar el ansiado clímax, sus cuerpos temblorosos y sudados se separaron para volver a la normalidad. La respiración agitada del rubio se escuchaba suavemente, confundiéndose con el lento soplar del viento. Sin que la mujer se percatara, buscó entre sus ropas el dinero para pagarle, claro está que sus intenciones, en realidad, no eran esas; pues, para empezar, todo su dinero se lo había arrojado al tal Shuichi, así que ¿qué otra cosa podría hacer él? La respuesta era bastante simple.
Mientras la mujer acomodaba sus ropas, Eiri se acercó a ella con sigilo, escondiendo en su mano derecha una muy afilada navaja. Abordándola por la espalda, tapándole la boca con su mano libre para evitar que gritara por ayuda, le enterró el cuchillo en el cuello y la degolló sin piedad, dejando que el líquido carmesí—que emanaba de la carne desgarrada de la prostituta—escurriera por toda su mano hasta manchar la tela de gabardina de su abrigo.
Con una escalofriante crueldad, arrojó el cadáver al suelo, rasgó la ropa de su víctima y con ella, tapó sus ojos abiertos. Odiaba que aquellos ojos vacíos y repugnantes, privados del milagro de la vida, le miraran…
Escondiendo la navaja y quitándose el abrigo para cubrir su mano manchada con sangre, se alejó de la escena del crimen como si nada hubiese pasado, volviendo a él la infalible faceta de profesor dedicado y amable.
Con ayuda de un espejo que traía, se miró para verificar que ni su rostro ni su ropa estuviesen manchados y así, siguió su camino calmadamente, con la esperanza de poder llegar pronto a su departamento.
Mañana, cuando la luz del día alumbrara aquel oscuro callejón, el mundo se enteraría del nuevo crimen que Blind man había cometido…
Continuará…
Love-girl2015: Jajaja sí, fuiste la primera ^^ Me alegra mucho que te haya gustado este fic hasta el momento. Espero seguir viéndote por aquí. Saludos!
Hiimeko Angel Kamiikaze: Seee, es un asesino, pero no cualquiera, es un asesino en serie jaja Qué bueno que te gusto el primer capi =) Estaré actualizando más o menos, una vez al mes. Todo depende de cómo ande de tiempo para escribir u.u Gracias por tu comentario.
Mandy: Mandy, querida! Jaja Por qué te da miedo? Debo aceptar que este fic es algo "dark" y un tanto brutal, pero del próximo capi en adelante veremos la relación de Shu y Yuki y las investigaciones que está realizando la policía para dar con el asesino jaja No, chica, Shu no es prostituto. Sólo vive en un burdel =3 Boys next door fue uno de los primeros mangas yaoi que leí y me gustó mucho la trama. Llevo años intentando plasmar esa historia en un fic y, pues, esto fue lo que resultó jaja. Gracias por leer! (Te quedo debiendo el fic sobre los no videntes, pero espero que pronto pueda subirlo) Besos!
Mariuki-chan: *v* Mari-chan (puedo decirte así?) No esperaba que aparecieras por este fic, me llevé una grata sorpresa al leer tu comentario =) Jajaja Y para qué quieres la dirección? Pervertida ¬¬ jaja Sí, Yuki es super tierno xD Lástima que yo no crea en el crimen perfecto, sino el pobre fic no tendría sentido jeje No puedo responder tus preguntas, aunque la primera fue respondida en este capi y la segunda, también xD, pero sólo en parte. No, nena, no eres rara, sólo algo loca, pero creo que todas lo estamos jaja (rara por mi? Eso debo tomarlo como un halago o es algo malo? Jaja) ^/^ Tus comentarios me hacen tremendamente feliz, de verdad, me animan muchísimo para escribir. Te agradezco que te tomes la molestia de leer y comentar mis humildes historias =) A qué te refieres con el modo de actualización de Madness? Te refieres a si actualizaré una vez por mes o algo así? Pos la verdad no sé. Yo creo que actualizaré una vez al mes aprox. Este fic ya tiene 5 capis, pero estoy atorada en el 6°, así que iré viendo cada cuanto tiempo lo subiré. Saludiños! =)
Hacchiko: =) Genial! Me alegra que ta haya encantado jaja Espero lograr que el fic siga siendo interesante ^^ Muchas gracias por leer!
