Gracias por los comentarios! me han animado a seguir con la historia.

Es la primera vez que escribo algo sin planearlo de principio a fin; pero espero en otros dos capítulos terminar todo este arco que no entiendo muy bien de donde salió; pero que me esta gustando mucho.

Disclaimer: Bleach no me pertenece, yo solo me divierto con sus personajes.


Capitulo 2: Murmullos

Su aroma era el de flores perfumadas, esa piel tan blanca se deslizaba con frescura y los labios finos rogaban atención. Era demasiado, su aura magnifica se volcaba sobre él con premura, con una prisa y una desesperación incorrecta, con ansia de saciar el dolor. Ese dolor reflejado en los ojos vidriosos y las mejillas rosadas.

- Espere, por favor- rogaba el muchacho entre alaridos

- No – murmuro aquel hombre en su oreja –

- Pero yo no… no quiero

- No me mientas – dijo Byakuya con sus ojos rasgados clavados en la avergonzada mirada de su teniente.

- No lo hago - Los ojos de Renji se mantuvieron firmes mientras su pecho subia y bajaba.

- Explica esto entonces- respondió el otro bajando su mano hasta aquella parte del cuerpo del pelirojo, aquella señal recién despierta que no podía ocultar.

- Esto es un abuso de su parte.

Byakuya se aparto. Su semblante altanero con el pelo lacio y negro cayendo hasta sus hombros y esa bata a medio deshacer le daban un aire tétrico entre las sombras del candelabro.

- Y entonces ¿Qué pretendías llegando así a mi habitación? Ofreciéndome licor y un hombro para llorar. Eres un hipócrita.

- No cambie el tema – respondió Renji tratando de recuperar el aliento.

- ¿Qué pretendes con todo esto Renji? – murmuro Byakuya mientras acariciaba el bronceado rostro del muchacho, deleitándose al verlo flaquear con tan simple gesto.

A Renji la confusión lo estremecía, se sabía indefenso ante el Kuchiki, tan sólo su aroma, su andar, y su voz. Para él observarle era una rutina, una necesidad apremiante; pero tocarle, besarle; no, no podía ser, menos en esas circunstancias. Ese frente a él, ese hombre de ojos hinchados y gestos desesperados no era su capitán, era la sombra oculta de Kuchiki Byakuya, un error; uno que él mismo había provocado.

- Se arrepentirá por la mañana– Dijo el teniente.

- No me importa – respondió Byakuya casi a punto de besarle.

- Me imagino que Rukia pensó algo similar.

El riatsu del capitán se elevo haciendo que Renji se desplomara nuevamente sobre la suave cama, sudaba y se estremecía cuando sintió un peso sobre él.

- Ella no te ama – reclamó el pálido hombre – acéptalo.

Los ojos se encontraron en el inmenso silencio de la habitación. El olor del alcohol derramado casi borraba el perfume de flores que emanaba el noble. Entre el sudor en las manos y el inconfundible olor del calor húmedo Renji vio en los ojos turbados frente a él un dolor extraño, pero familiar que reconocía al recordar los propios en el espejo. Una furia no dicha, un estaca clavada que se cierne sobre todo hombre abandonado.

- Usted… usted ¿estaba celoso de ella? ¿Por eso la ah obligado a irse?

- Es en ella en quien piensas todo el tiempo – murmullos en su oreja- ella te abandono y es contra mí con quien tomas represarías; a penas y ella se aparta de mi lado y tú me renuncias. Si no soy estúpido.

- No es así.

- ¿Entonces por qué te me niegas? Yo podría ordenártelo llanamente y no podrías negarte, podría arrinconarte y obligarte a hacer cualquier cosa y lo sabes.

- Sólo vaya a verla y yo… no me le negare nunca.

- No – sentencio el Kuchiki con el semblante serio- por compasión no quiero nada.

Se separó de Renji con brusquedad, señalo la puerta y ató de nuevo el kimono sobre su cintura.

- ¡Lárgate!

Que fría palabra, que distante del anterior beso. Renji camino hacia la puerta, pasó junto a él con fingida indiferencia, sin que ninguno se mirara a los ojos. Se heló su sangre al recordar aquel primer día en que fue Byakuya quien pasó a su lado sin mirarlo, el día que perdió a su hermana, a su única familia y donde todos esos sentimientos y sueños cambiaron para convertirse en el anhelo por un solo hombre. Desde entonces le siguió, le persiguió y le aulló todas las noches. Pudo seguir sin Rukia, podría seguir sin él. Si, abriría esa puerta y se iría, después le diría a Rukia y a Ichigo que no pudo hacer cambiar de opinión a Kuchiki Byakuya y se juraría a si mismo que sería la última vez que pronunciaría ese nombre.

La casa estaba en silencio; pero la noche murmullaba canciones de amor, palabras de valor mal escuchadas. El sueño febril del abandono. ¿Qué pretendía con todo eso? ¿Convencer al Kuchiki de perdonar a su hermana? ¿Recuperar su puesto de Teniente? ¿Poder observarle estupefacto mientras se quebraba? ¿Tal vez encontrar una debilidad en el perfecto hombre? No, la verdad es que era más egoísta que eso. Quería consuelo, llanamente, llorar junto a él, quebrarse juntos, compartir algo.

De alguna forma dio la vuelta, Renji apagó algo dentro de él, acerco a Byakuya contra la pared manchada de vino y lo besó en la boca. Byakuya gemía entre sus brazos, pasando sus manos blancas sobre el rojo cabello, ansioso por desatar las prendas y encontrar el camino hacia, lo que sabía, sería su perdición.