El degenerado del otro lado

Víctor Nikiforov tenía un vecino muy peculiar, se había dado cuenta de ello desde el primer día en que se mudó mientras desempacaba y se dio cuenta que había tomado una caja enviada a la casa de al lado ¿y cómo no notarlo? Bueno, para empezar no recordaba haber comprado en algún momento de su vida un consolador de gran tamaño color rosa.

Con toda la pena del mundo solo le resto volver a sellar la pequeña caja donde venía procurando ser lo más cuidadoso y dejarla a modo que no pareciera haber sido abierta alguna vez, con la fortuna de aun tener cinta adhesiva de la que uso para sellar sus cajas. No quería avergonzar a la chica que compro eso de buenas a primeras, tendría una mala relación de vecinos desde el comienzo.

Después de todo el día desempacando, se resignó a devolver aquella caja cuando escucho ruidos en la habitación que quedaba junto a la suya, respirando hondo mientras se daba un poco de valor para ver por primera vez a la chica ¿Seria linda? Si tomaba en cuenta que compraba esa clase de juguetes sería normal pensar que no tenía pareja, a menos que fueran una pareja de casados con fetiches bastante extraños y de ser así tendría que tener cuidado para no escuchar ruiditos por la noche.

Pero vaya sorpresa cuando le abrieron la puerta. No fue recibido precisamente por una chica, fue un adolescente japonés de ojos bonitos.

Más valía que su hermana llegara antes de que el chico abriera la caja o este terminaría con un trauma. Con el nerviosismo en mente, Nikiforov no pudo despegar la vista de la pared que unía ambos departamentos, tratando de imaginar la expresión del muchacho si llegaba a abrir ese paquete. No es como si a su edad no fuese a saber qué es lo que acababa de recibir y peor aún, lo había entregado el mismo, incluso podrían tacharlo de degenerado y acusarlo de ir a regalar ese objeto con el fin de excusarse de la compra bizarra.

¿Por qué no lo pensó antes? Después de entrar en pánico, Víctor estuvo recargando el oído a la pared tratando de escuchar algún ruido más, aunque era en vano. Lo único que consiguió fue encontrar un pequeño agujero entre ambos departamentos, no le daba mucho espacio visual pero por fortuna o desgracia las paredes que los dividían eran de un extraño material delgado que fue fácil de acabar de perforar con un lapicero.

Si, estaba mal lo que había hecho pero era inevitable, en caso de que le reclamaran sólo daría la excusa de haber clavado un clavo para colocar un retrato.

Después de buen rato espiando el departamento de al lado, sólo observo como el chico se sentó en su cama y abrió la caja, después sólo se echó hacia atrás, tomo el consolador y lo metió en un cajón dentro de su closet. Fin del cuento.

¿Esto era una puta broma?

Sin poder dormir bien, lo primero que hizo al día siguiente fue levantarse temprano a preparar una taza de café, salió del departamento y espero a que la persona de al lado también lo hiciera. Tenía intenciones bastante obvias que no pudo disimular en lo más mínimo, en cuanto lo vio salir se dirigió a saludar.

—Oha… Konni…— Mierda ¿Cómo se decía? ¿Era Konnichiwa u Ohayo por la mañana? Su japonés era bastante malo— Yoroshi… oh diablos…— Sus mejillas se tornaron rojizas al sentirse un total idiota ¿Cómo quería iniciar una conversación con alguien cuando no maneja el idioma? Lo peor del caso era ya haber llamado la atención de aquel sujeto.

— ¿Extranjero? — Pregunto el muchacho en inglés, entre agachando la mirada y con un leve rubor por las mejillas.

— ¿Sabes inglés? — Víctor se sorprendió al instante, sin saber en qué pensar. Estaba vagando entre alegrarse por poder entablar una conversación o analizar como la expresión de aquel joven delataba que si era el dueño de dichoso objeto.

—Si… entiendo algo…

—Gracias al cielo, bueno es un gusto poder hablar contigo. Mi nombre es Víctor Nikiforov, soy tu nuevo vecino. — Saludo cordialmente

— E-el gusto es mío… Mi nombre es Yuri… Yuri Katsuki, si me disculpas tengo que retirarme rápido. — Se apresuró tratando de pasarlo de lado.

— ¿Vas tarde a la escuela? — Pregunto mientras el chico negó con la cabeza.

—El trabajo

—Wow ¿No eres muy joven para trabajar? — Volvió a negarle.

—Tengo 24 años.

— ¿Qué…?

…..


Ok ok, recapitulando. Se acababa de mudar y tenía un bonito vecino de 24 años con apariencia de 16 o 17 el cual compra consoladores.

Era un gran momento para reflexionar de su vida y sus aventuras. Tomando como conclusión que esto realmente era inesperado pero no debería afectarle, es decir, sólo vive al lado de una persona así. No es como si estuviera tan mal de la cabeza como para intentar espiarlo ¿O sí?

Bueno, así es como una nueva parte de su rutina empezó, y si, termino espiando a su adorable vecino Yuri Katsuki mientras fingía no conocer aquellos gustos que tenía. No fue tarea fácil, incluso estuvo a punto de rendirse. El japonés no hacía nada fuera de lo normal en sus rutinas, sólo cenaba, se ponía a leer e iba a la cama directo a dormir. Fue lo mismo durante varios días, demasiados como para que Víctor se fastidiase y dejase a un lado la idea de estar metiéndose donde no lo llaman.

Sin embargo, un viernes término despertándose de sobre salto por la noche cuando el molesto sonido de la televisión al lado se hizo presente. No era normal que Yuri viera televisión con volumen tan alto y mucho menos a esas horas. Por obvias razones termino asomándose por el pequeño agujero que había hecho y por primera vez tuvo el deleite de conocer ese lado que el azabache no le mostraba a nadie.

Tras aquella pared, yacía aquel adorable chico travieso acariciando su cuerpo, deslizando lentamente sus pantalones para dejar sus piernas claras al descubierto y comenzando a sujetar una con fuerza mientras que con la otra tocaba su entrepierna. Sus mejillas elevaban su tonada rojiza al paso de los segundos mientras intensificaba los movimientos de sus manos, se mordía los labios para no emitir algún sonido, mientras Víctor imitaba este mismo gesto, mordiéndose como si esto pudiese hacer que contuviera el golpe de calor que lo azoto repentinamente.

Era inesperado, se había dedicado a tener charlas momentáneas con él para darse cuenta de que era una persona reservada y dedicada. Como para incluso llegar a pensar que esos consoladores fuesen una broma de mal gusto a la que estuviese acostumbrado, pero ahora comprobaba su primer hipótesis. Estaba solo y saciaba sus bajos instintos cuando nadie lo observaba.

¿Por qué lo haría? Podía apostar que Yuri era capaz de conseguir pareja con quien hacer esa clase de cosas y mucho más, no era lo mismo actuar solo y acariciarse a sí mismo que recibir caricias ajenas. Necesitaba conocer esa emoción, recibir palabras de amor, ser sujetado de la mano, sostenido entre brazos, algo más…

Necesitaba revelar el misterio de aquel principito japonés. Entender porque estaba tan solo.

Pero antes que nada disfrutar de la buena vista que brindaba y sus habilidades tocándose, realmente era tan erótico… La manera en que temblaba, su rostro agitado, su cuerpo arqueándose al llegar al clímax y como finalmente no pudo evitar emitir un leve gemido. Era un chico bastante apetecible y la nueva obsesión de Nikiforov.

Al pasar de las semanas sólo terminaba orgulloso de saberse suficientemente capaz de contener los impulsos de ir tras el en sus ratos de lujuria, aunque una vez casi falla. Terminando por tocar su puerta en bóxer y arrepintiéndose al sentirse indigno de tocar su piel sin permiso, el hecho de que el terminara igual de caliente no significaba que Yuri lo quisiese como pareja. Sólo resto fingir demencia mientras pedía una taza de azúcar.

Poco a poco entendió que apreciaba a Katsuki como persona y no le gustaría ser odiado, tal vez debía empezar por intentar alargar sus conversaciones, darle unos cuantos halagos más, invitarlo a salir más frecuentemente, como sería un romance más natural. Estaba seguro que sus intenciones no acabarían en sólo tener sexo porque le resulte atractivo sino que pretendía significar algo más…

Conteniéndose cada día hasta que un viernes cualquiera como aquellos donde Yuri encendía la televisión a volumen alto, un "Víctor" se escapó de sus rosados labios mientras sumergía dentro de su vientre uno de los tantos juguetes que tenía. Sólo hasta ese entonces, aquel ruso se sintió con la libertad de ofrecerse como compañero de intimidad, alegrías y amor.

¿Pero para que negar sus ganas de asustarlo desde hace tiempo?

…..


N/A: Escribo esto para decir que pucha… se supone que esto no iba a continuar, de hecho no debí escribir continuación pero gaaahhh, tatakae… en si esta "obra" sólo era para dejar trozos de ideas que no avanzarían mucho, tenía la intención de escribir drabbles pero no tengo la facilidad de escribir cosas de menos de 500 palabras… pero bueeno esto es un intento. Subiré variado no precisamente esta misma historia :'D