Notas de la autora: La verdad no me esperaba tan buen recibimiento, así que mil gracias gente!. A todos los que leyeron, y a los que dejaron reviews, este cap va para ustedes ya que no les puedo responder uno a uno TwT Cada review me impulsó a escribir un poco más.
Ah!. Y si alguien necesita que traduzca las frases o palabras en inglés y japonés, por favor, háganmelo saber. De lo contrario, si no es necesario, tomaré el camino del perezoso y dejaré de traducir, je, je -.-U Sie, soy sexópata y perezosa ¬o¬
Agradecimiento especial a mi beta: mi hermosa y talentosa sis, Juny S. Tao! n.n Este capi con el lemon entre K y Hiro va para ti por introducirme en el mundo de Grav!
(Sin ti, este fic no habría visto la luz)
Declaimer: Gravitation no me pertenece. Pero la perversión es tooooda mía xD
Advertencias: Que, de plano, es un fic mío... Así que: Yaoi (relación amorosa chico-chico), Mpreg (embarazo masculino), personajes OOC, lemon gráfico, sado-maso leve, muy, muy malas palabras, etc, etc.
No se esperen una obra maestra de la literatura, ni mucha trama o profundización. Este fic tan solo trata de bishis bailando horizontalmente n.n
Parejas: Yuki x Shu, Tat x Ryu, K x Heero, Tohma x Suguru.
Género: Romance - Drama - Humor (¿?)
Raiting: M (por culpa de estos cachondos chicos malos)
Summary: Shuichi descubre que quedó embarazado accidentalmente luego de una romántica noche de aniversario con Yuki. Pese a estar feliz por la noticia, teme a la reacción de su pareja. El escritor deberá acostumbrarse por las malas a tener a un Shuichi mucho más emotivo y dramático de lo usual, y aceptar el hecho de que ya no es lo más importante en la vida del cantante.
Chapter summary: Shuichi regresa de su día de compras y se encuentra con un furioso Eiri que quiere correrlo de la casa. En el trabajo, K los explota para recuperar el tiempo perdido mientras se garcha furtivamente al guitarrista. En casa, Shu comienza a mostrar síntomas de su embarazo, los cuales son percibidos por un Yuki bastante irritado y confundido que no entiende que mierda pasa.
Lime Yuki x Shuichi (5 páginas), lemon explícito KxHiro (4 páginas), Tohma x Suguru.
Número total de páginas: 50 (pasa que como ya me tardé mucho en actualizar, decidí hacerlo más corto para así subirlo antes).
"Mi bello imprevisto"
By Nadesiko Takase
Capítulo dos:
"Desaliento"
Shuichi regresó exhausto al departamento esa noche, pero muy satisfecho con el día que había tenido. La sonrisa que había mantenido desde la mañana, impelida por la gran noticia del invitado sorpresa que esperaba, permanecía inmutable en su rostro. No podía esperar para echar una ojeada a las compras que había hecho para el bebé. Además estaba satisfecho porque habían logrado un gran avance en el trabajo esa tarde, enmendando así parcialmente sus fallas para con el equipo. Incluso K-san quedó satisfecho... Aunque lo notaba mucho más relajado los últimos días. Se preguntó qué andaría haciendo el rubio para estar en ese estado mas distendido.
Cerró suavemente la puerta detrás de sí infiltrándose en el departamento bañado en penumbras, dejando silenciosamente los zapatos en la puerta. Solo unos pálidos rayos de luz de luna atravesaban la ventana del balcón, aclarando tenuemente su camino. El silencio era absoluto y no alcanzaba a ver ningún fulgor de luz artificial, asumiendo que Yuki ya estaría plácidamente dormido; momento aprovechado por él para esconder las compras realizadas.
Se dirigía furtivamente al depósito -donde raras veces su novio entraba- cuando oyó una profunda voz monocorde que le heló la sangre súbitamente, deteniendo los latidos de su corazón. Shindou permaneció de una pieza mientras su mente giraba a mil revoluciones tratando de procesar la situación y recobrarse del susto.
- ¿Dónde diablos has estado todo el maldito día?.
Desgraciadamente para Shuichi, a Yuki no se le había pasado el enojo por el infructífero día de trabajo, ni por su irreverencia de la noche anterior, ni por no haber contestado el móvil cuando él lo llamó. Así que lejos de estar durmiendo plácidamente, como era de esperarse, Eiri aguardaba la llegada del chico.
Y a juzgar por la manera en que las palabras salían casi silbantes de sus labios, Shuichi pudo deducir, sin margen de error, que el escritor estaba bastante molesto...
No. Molesto era poco.
Estaba completa y totalmente ENCABRONADO.
El pequeño se giró rápidamente para plantarle rostro; su buen humor brindándole energías para lidiar con el perro rabioso en que se había convertido ahora su novio. Una cándida sonrisa se formó en sus labios, sin dar señales de temor. Y la verdad que poco le importaba que su Yuki estuviese enfadado... Él estaba más que feliz y ya hallaría la manera de contentarlo. Sus hormonas lo volvían loco: el día anterior había estado melancólico, esa mañana estaba extasiado y en ese momento, observando discretamente la expresión fiera de Eiri, se encontraba bien caliente.
Por su parte, el escritor se sorprendió al ver al cantante tan demencialmente delicioso. Parecía como si ahora poseyera una característica intangible que le proveía de un inusitado brillo que iluminaba su rostro. Le parecía que era sencillamente adorable, y se sintió tentado a olvidarlo todo para abrazarlo con fuerzas...
Pero su orgullo se lo impidió. Quedó atrapado en su habitual conducta; lo que se esperaba de él.
- Etto... - se delató instantáneamente el cantante al vacilar llevándose una mano a la nuca y sonreír tontamente. Verdaderamente era muy malo para mentir, y Yuki dejaba ver su impaciencia enarcando peligrosamente una ceja. - Pues tuve un imprevisto y no pude asistir a los ensayos esta mañana... Je, je.
- ¿Y no pudiste avisar a Nakano o alguien para que no estuvieran llamando aquí toda la mañana?. - preguntó retórico con severidad, pero sin alzar la voz. Hacerlo era muy inusual en él, sin mencionar que no necesitaba recurrir a ello para intimidar o amedrentar a alguien.
Se acercó unos pasos al niño que lucía una disimulada sonrisa en los labios que lo desconcertó un tanto. Shuichi solía ponerse serio y bajar la cabeza cuando él estaba molesto. Incluso a veces se ponía a lagrimear intentando ablandar su corazón, aunque nunca le sirvió para librarse de una buena bronca.
Ah... Pero si solo el mocoso supiese cuánto le afectaban esas cristalinas lágrimas cuando rodaban por sus pálidas mejillas... ¡Le perdería todo respeto!. ¡Así que al carajo!. Mejor seguía haciendo lo que el orgullo le dictaba, que le había ido muy bien hasta ahora...
O eso pensaba el muy tonto xD
- Es que el tiempo se me pasó... - replicó el pelirrosa, sin moverse de su lugar, mirando deseoso al rubio acercarse mientras ignoraba magistralmente su disgusto.
Tenía otros planes en mente para esa noche, y no incluían una pelea. Además, el que Eiri le hubiera permitido entrar al departamento, era señal de que se estaba ablandando. En otros tiempos lo habría dejado cruel y desconsideradamente afuera.
- ¿Qué imprevisto fue de todas maneras?. - insistió el novelista, en absoluto convencido por la obviamente falsa excusa brindada. Achicando los ojos con suspicacia ante el extraño comportamiento de Shuichi, lo escrutó intensamente, buscando inquietarlo. - No he podido trabajar en toda la mañana por culpa tuya, baka. - se paró a unos pasos del chico, clavando las refulgentes pupilas en el aniñado rostro del interpelado.
El vocalista apretó los labios en un esfuerzo por disimular la extraña sonrisa que afloraba en su rostro. No quería que el rubio pensara que estaba siendo condescendiente y se enfadara aún más. Noooo, eso no. Necesitaba hacer las paces lo antes posible para poder montarse a su endemoniadamente sexy novio. Y necesitaba hacerlo ¡ya!. El calor que recorría su cuerpo y hacía arder su rostro se había tornado bastante incómodo.
Involuntariamente una sensación acogedora envolvió el corazón del escritor. Esa tierna sonrisa disfrazada en el aniñado rostro del crío reflejaba su buen humor pese a la bronca que de seguro sabía se le avecindaba. Su mocoso era irritantemente adorable, para su propia conveniencia.
Una imperante necesidad de tenerlo entre sus brazos y cubrirlo de besos lo invadió, haciendo menguar un poco su rabia. Solo un poco.
Pero aún los planes de cobrar venganza rondaban su mente, convencido de que Shuichi comenzaba a perderle el respeto (léase: temor). No dejaría que el enano le pasara por encima, independientemente de cuanto lo extrañara -a su pesar- o cuanto deseara tenerlo con él (o debajo... o de costado... o arriba... o...)
A todo eso, ¿desde cuando mierda sentía esa necesidad hambrienta por el crío?. ¿En qué momento Shu se había convertido en imprescindible para él?. Pese a todos sus esfuerzos por mantenerlo alejado de su corazón, irrefutablemente el caprichoso cantante se había abierto paso y se había instalado para quedarse.
No podía negarlo: Lo amaba. Loca y desesperadamente...
Pero a su modo.
Alejó esos pensamientos de su mente, concentrándose en su papel de villano. El papel que le resultaba tan fácil y cómodo interpretar.
- Te quiero fuera del departamento, ¡ahora!. - improvisó, rememorando antiguas actuaciones. No usaba esa frase desde hacía un buen tiempo; y no por falta de oportunidades.
Para desconcierto de un prepotente Eiri, Shuichi parpadeó como si no comprendiese las palabras emitidas con énfasis amenazante. Luego conformó una curiosa expresión, mezcla de reticencia con un poco de diversión; cosa que le crispó los nervios al interpretarlo como irreverencia. Su ira se acrecentaba a cada minuto en conjunto contradictorio con un sentimiento de enternecimiento. Por un lado le regocijaba ver a Shu madurar y fortalecerse; pero por otro le crispaba los nervios el saber que le perdía el respeto.
Pero no tuvo tiempo de insistir, pues el pelirrosa sonrió abiertamente y pasó por su lado como si nada, dirigiéndose a la habitación, sus pasos lentos resonando en el departamento.
El novelista primero permaneció abrumado por el asombro. Rechinó los dientes, dispuesto a hacer rodar cabezas. A grandes zancadas y bastante airado al ver como perdía el control de la situación, alcanzó al insurrecto en la habitación que compartían mientras se desvestía alistándose para un baño y después, de seguro, la cama.
Antes de que el novelista tuviera la oportunidad de descargar su frustración y dar una lección a ese mocoso, el vocalista habló, dejándolo aún más perplejo debido a su osadía:
- Amor, ¿enciendes la luz por favor?. - pidió con toda naturalidad, como si no hubiese oído sus palabras o como si no recordara el desplante que le había hecho la noche anterior.
- ¡La luz un carajo!. - espetó el mayor, a punto de perder los estribos. Su tono firme y elevado retumbó en la habitación, logrando que el niño cesara lo que estaba haciendo y lo mirara ceñudo: - Te vas ahora o te saco yo. ¡No quiero ver tu cara un buen tiempo, no haces más que traerme problemas!. - el juego de Shuchi solo lograba enfadarlo más e incrementar su resolución de darle una lección.
El vocalista lo miró entre sorprendido y afectado por la última frase; sus labios conformando un sutil puchero involuntario.
Sí, verdaderamente violaba el acuerdo inicial de su relación: podría permanecer a lado de Yuki solo si no le traía problemas. Y vaya problema que se había traído: un bebé no planeado. Lo había convertido en padre. ¿Qué problema mayor podía traerle?.
"Olvida eso ahora, baka", refunfuñó mentalmente las palabras dichas por el padre del niño en aquella noche de pasión frenética, cuando lo vio buscando un preservativo mientras era acosado hambrientamente por el propio rubio.
Se mordió el labio inferior, súbitamente entristecido al recordarlo. Había evitado pensar en la posibilidad de que Yuki lo corriese del departamento y lo dejase en la calle, puesto que solo hacerlo lo ponía profundamente triste y las lágrimas comenzaban a caer. No podía imaginarse estar sin Yuki; mucho menos estando en estado y sin su apoyo. La idea lo aterraba. ¿Qué haría él sin el rubio, y con un bebé?. Apenas era un niño él mismo.
Pero se recobró velozmente, decidido a no dejarse abatir cuando tenía tanto por qué estar agradecido y feliz. (N/A: Hormonas u.u...). ¡No había motivos para estar triste cuando sabía que pronto sería papá! (o mamá? O.o)
Ideando velozmente un cambio de estrategia, bajó la cabeza simulando estar acongojado, cuando en realidad lo que quería hacer era ocultar una sonrisa aviesa. El novelista pareció complacerse con dicha actitud. Pero lo que no sabía era del deliciosamente maléfico plan que Shuichi urdía en su cabecita caliente, propulsada por las hormonas que lo estaban por volver loco. En ese momento lo que más deseaba era garcharse a Yuki; y lo lograría. Después de todo, el escritor era fácil de llevar a la cama.
- ¿Y bien?. ¡Largo!. - apremió, sintiéndose satisfecho de poder cobrar la deuda.
Shu permaneció en silencio, derramando finas lágrimas de cocodrilo, sus mejillas sonrojándose y sus labios apretados. Levantó el rostro y trató de lucir lo mas compungido posible. Pero como ya predecía, esto no inmutó un ápice Eiri, que estaba más que inmunizado contra sus lágrimas, berrinches y pataletas histéricas.
O eso pensaba él. La verdad que tan bien ocultaba el escritor era su gran debilidad por las lágrimas de su hermoso niño. Cada vez que lo veía entristecido y derramando lágrimas por su causa se le partía el corazón. Pero no tenía idea de cómo enmendar el daño que le hacía; no sabía como actuar en esas situaciones, así que pretendía no percatarse y perpetuar el daño que se hacía a ambos.
-¡Yuki...!. - gimoteó Shindou. El rubio lucía una expresión de exasperación que camuflaba sus verdaderos sentimientos:
- ¿Te vas tú o te saco yo?. - insistió, resoplando. Sentía que las fuerzas se drenaban de su cuerpo, debilitado por la clara expresión de padecimiento en ese rostro que tanto amaba. Una expresión de falso padecimiento, pero padecimiento al fin y al cabo u.u
Sin percatarse de lo que sucedía en la bizarra cabecita rubia deYuki, Shuichi prosiguió con la segunda parte del acto. Respiró ondo y comenzó a chillar lo más fuerte que podía, con intenciones de despertar a todo el edificio con las ondas sonoras producidas:
- ¡¡¡BUAAAAAAAAAAA!. ¡YUKIIIIII!. ¡No seas malo!. ¡Ya es muy tarde y estoy cansado!. - gritó desesperado, imitando a la perfección sus propios ataques dramáticos. - ¡Lamento haberte incomodado, pero no me di cuenta y el tiempo se me pasó y lo lamento!. ¡No me saques del departamento!. ¡Te juro que...!.
- ¡URUSAI!. - soltó Yuki con tono que imponía respeto, perdiendo la paciencia ante tan irritante espectáculo. Se llevó las manos a las sienes, sintiendo otra migraña avecinarse.
Shuichi cortó su acto al instante, muy obediente, cerrando la boca y mirando con disimulada expectación al hombre frente suyo. Un par de simpáticos lagrimones pendían de sus brillantes y inocentones ojos. Sorbió ruidosamente por la nariz, procurando lucir lo más lastimero posible.
Sabía que debía dejarle a Yuki creer que estaba asustado y que verdaderamente podía sacarlo del departamento. Aunque realmente si lo llegase a necesitar, sería Shuichi el que sacaría al novelista del departamento para vivir con el bebé. Esto en caso de que el escritor los rechazara y negara a su hijo. Shu comprendía que debía velar por el bienestar de un pequeño que dependía enteramente de él, y si Eiri no estaba dispuesto a compartir la dicha... Pues que pena. Debería pagar manutención y encargarse financieramente del bebé... Y de paso le quitaría su adorado mercedes como parte del pago y lo vendería pieza por pieza; solo por venganza.
Aunque claro, pensarlo hipotéticamente era mucho mas fácil que llevarlo a la práctica. Shuichi ni siquiera se atrevía a comunicarle la gran noticia al principal interesado. Pero, aún así, tenía las esperanzas de formar los tres una familia feliz.
- Baka, te lo repito: sales solo o te saco. - el tono inminente empleado por el rubio no dejaba lugar a negativas. Shuichi frunció levemente el ceño al ver que su plan no estaba resultando como lo había planeado. Sin saber qué hacer para salir del paso, quedó petrificado mirando los fieros ojos dorados de su koi.
Eiri, con expresión de hastío y ansioso por terminar ya con todo aquello, se acercó al niño con ademanes de alzarlo para llevarlo hasta la puerta y cerrarlo afuera. Pero el pelirrosa, muy mañoso, aprovechó el acercamiento para lanzar los brazos alrededor del cuello del mayor y unir sus labios en un desesperado beso, dando rienda suelta a las hormonas que lo estaban volviendo loco. Ese calor que recorría su cuerpo desde que vio al rubio tan furioso parecía anular su raciocinio dejando sus instintos primarios actuar. Tenía esa loca necesidad de sentir a Yuki de la forma mas salvaje y desenfrenada.
El escritor se tambaleó sorprendido ante el súbito peso recibido, pero logró recuperar el equilibrio sujetando inconscientemente a Shuichi, que logró introducirse fácilmente en la boca del rubio aprovechando su desconcierto. Las manos del contrario viajaron posándose en las estrechas caderas de su atacante, listo a romper el contacto y mandarlo afuera... Tan pronto reuniese la voluntad para hacerlo.
Notando que la inacción del escritor actuaba a su favor, el cantante rodeó la cintura del mencionado con ambas piernas sin separar de sus labios un solo instante. Sus pelvis entraron en íntimo contacto y se activaran choques eléctricos que recorrían el cuerpo de ambos, produciendo deliciosos escalofríos. Con deleite oyó a Yuki emitir un gemido grave cuando intencionalmente se frotó incitante contra él, sus miembros semi despiertos rozándose.
Su propuesta había quedado más que clara; tan solo faltaba que Eiri la aceptara. Y sabiendo lo insaciable que era, de seguro lo haría.
Y así fue. No transcurrió mucho tiempo para que el Uesugi respondiera a la invitación de manera favorable, estrechando con más fuerzas el cuerpo del ofrecido contra el suyo, acrecentando la tormenta de sensaciones placenteras que comenzaba a invadirlos mientras sus miembros excitados chocaban con ansiosa insistencia.
- Tal vez pueda enseñarte a comportarte debidamente... - rezongó contra los labios del pelirrosa, que sonrió con satisfacción. Ya no podía esperar para tener al arrogante novelista sobre él, repitiendo su nombre mientras alcanzaba la cúspide.
Los chillidos y gemidos deseosos del artista no se hicieron esperar, sabiendo que con eso lograría enardecer aún más a Yuki para que lo poseyera sin reparos, dura y salvajemente, olvidando por completo la pequeña disputa, en el mejor de los casos. En el peor, reincidiría en su capricho por correrlo después del coito. Si esto sucedía, lo montaría de nuevo... Y de nuevo, de ser necesario, hasta agotarlo. Él, por su parte, tenía pilas y hambre para rato. Todo su cuerpo ardía en deseo por tener a Eiri dentro de él, moviéndose febrilmente, gruñendo ronco de deseo y gimiendo.
Esperaba que el bebé no les saliera pervertido con todo aquello. Estaba seguro que ese embrión tenía mucho que ver con su repentino e irrefrenable deseo sexual. No se sentía tan caliente en mucho tiempo. Por lo general era Yuki el que iniciaba con los encuentros, y si él no tenía ganas, el rubio insistía hasta casi violarlo. Debido a esto Shuichi fingía desinterés en varias ocasiones: para tener a un Uesugui salvaje y desesperado arrancándole la ropa... Aunque para eso también estaba su cuñado, quién hasta no hace mucho tiempo insistía agarrarlo por lo fuerza. ¿Qué tenían los Uesugui con el sexo forzado?.
En fin: era el bebé quién lo ponía tan caliente. Seguramente era por el cambio hormonal que estaba sufriendo... Al parecer el niñito saldría como su tío Tatsuha n.n (N/A: Culpa al inocente bebé de su calentura ¬¬)
Claro, la súbita hambruna por parte de su usualmente tímido amante no pasó desapercibida por Yuki. El hombre se deleitaba con el concierto de gemidos, quejidos y chillidos que salían de los carnosos labios de su amante mientras sus manos recorrían el pequeño cuerpo hasta llegar a sus bien formadas nalgas para estrujarlas lascivamente.
Shuichi dejó escapar un jadeo ante tal acción, cerrando los ojos y sonriendo con deleite. Sentía su piel mucho más sensible, estremeciéndose como nunca antes bajo las caricias experimentadas del novelista. Un intenso calor se apoderaba de su cuerpo como si se viese aquejado por una súbita fiebre a la par que escalofríos dolorosamente placenteros le recorrían todo el cuerpo, concentrándose en la principal zona erógena con una extraña mezcla de dolor y placer. Tratando de aplacar la sensación, Shuichi se frotaba contra Eiri buscando alivio y liberando uno que otro resuello tremendamente excitante para un lascivo escritor de novelas de romance.
- ¿Qué comiste baka?. - interrogó ceñudo, refiriéndose al súbito deseo sexual del chico. La comisura de sus labios se elevó en una sutil sonrisa.
El pelirrosa solo sonrió satisfecho viendo su plan desarrollarse con éxito mientras su amante lo recostaba en la cama con suavidad para luego acomodarse sobre él.
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Ambos habían terminado exhaustos luego del intenso ejercicio. Sin duda había sido una de las sesiones de sexo más intensas que habían tenido en mucho tiempo. Y luego volvieron a repetirlo un par de veces mas bajo el incentivo de un cachondo pelirrosa, para sorpresa y gusto de Eiri. Sin duda estaba bastante intrigado por la manera insaciable con la que se comportaba el habitualmente pasivo vocalista. Se preguntaba si no se había tomado algún estimulante sexual. A pesar de ser hiperactivo, Shuichi casi siempre era sumiso en la cama, rindiéndose completamente a él.
Al finalizar la última ronda, Shuichi y Yuki se abrazaron para continuar acariciándose y besándose por un buen rato.
Finalmente Shu se quedó dormido, gimiendo suavemente en sueños y retorciéndose inconscientemente bajo la atenta mirada de un intrigado novelista que comenzaba a ponerse duro con solo observarlo desparramado en la cama, tan dulce, expuesto e indefenso. Un montón de preguntas revoloteaban por su cabeza, todas referentes al extraño comportamiento de su niño.
No es que se quejara... Nada más le extrañaba.
Permaneció despierto un buen rato, pensando en Shuichi, en su relación, en su última novela, en su padre... Se fumaba el tercer cigarrillo de la noche mientras aún trataba de recobrar el aliento, aprovechando que su pareja dormía angelicalmente a su lado, con una gran sonrisa de satisfacción en el rostro. El rubio lo observó nuevamente entre orgulloso -puesto que era gracias a él que Shuichi sonreía de esa manera- e intrigado.
"Tonto. ¿Quién diría al verlo dormir tan apacible que casi me mata esta noche?", pensó divertido, sonriendo involuntariamente.
Desechó la colilla del cigarrillo y acercó una mano sigilosa para acariciar suavemente las sonrosadas mejillas de su niño. El pelirrosa soltó un gemido quedo y se retorció en sueños, sin despertar. El escritor sintió que se endurecía nuevamente al contemplarlo tan sereno e inocente. Toda la humanidad del cantante le resultaba terriblemente atractiva y erótica hasta el punto de desearlo casi constantemente.
Alejó rápidamente esos pensamientos de su cabeza, desviando la mirada al frente. Y es que Shuichi lo había dejado agotado, pese a cuanto se negara a reconocerlo. Se negaba a aceptar que en esa oportunidad, los papeles se invirtieron. Normalmente era Shu quién pedía tregua.
Sintió al crío removerse a su lado, poniendo al escritor en alerta. A continuación, la cálida piel del vocalista sobre su pecho. Al fijar sus pupilas, se encontró con los inocentones y letárgicos ojos amatistas de Shuichi que lo observaba con una mezcla de emociones indescifrables; una mezcla que nunca antes había podido apreciar... Pero al final de cuentas, el mocoso tenía una amplia gama de emociones que él no comprendía y cuya intensidad hasta lo intimidaba.
"¿Cómo alguien puede ser tan expresivo?"
El escritor se tensó involuntariamente al percatarse en la sonrisa ladina poco usual en el rostro de Shuichi, pudiendo prever lo que éste planeaba:
- Yukiii... - lo llamó meloso, sonriendo encantadoramente mientras posicionaba una de sus esbeltas piernas sobre el cuerpo del rubio y lo acariciaba con incitadores movimientos de la misma. El interpelado lo miró con incredulidad, abriendo asombrado las orbes doradas.
- ¿De nuevo?. - indagó con falsa indiferencia, observando fijamente al chicuelo. Shu se sonrojó suavemente mientras asentía enfáticamente. Eiri frunció el ceño entre mórbidamente excitado y terriblemente exhausto ante la sola idea de una cuarta ronda. Soltó un suspiro de resignación. - De acuerdo, déjame fumar un cigarrillo antes... - era un disfrazado intento por ganar tiempo para recobrar el aliento antes de otra ronda.
Ante la sola mención del cigarrillo, una alarma sonó en la cabeza del vocalista, ordenándole buscar una escapatoria a dicha situación. No podía prohibirle al rubio fumar, puesto que le daría una contundente patada, sacándolo de la cama. Y tampoco podía largarle la razón por la cual no quería inhalar el humo nocivo de sus cigarrillos sin descubrir su estado...
Incrementando el número de sorpresas que había recibido en esa noche Eiri, Shuichi negó con la cabeza a su pedido antes de montarse impetuosamente sobre sus caderas, haciéndolo gemir impremeditadamente al sentir rozar sus pelvis; sus miembros tocándose y comenzando a despertar nuevamente.
- ¡Ima! - demandó el artista, con una sonrisa infantil que amenazaba con hacer perder a Yuki la razón.
El pelirrosa, al ver como el rubio cerraba los ojos y emitía un involuntario gemido de placer, prosiguió con los sugestivos movimientos de vaivén sobre las caderas de su amante, rozando deliciosamente sus miembros y logrando que el de Yuki despertara por completo.
Como era de suponerse, el rubio no resistió mucho más tiempo ese placer tortuoso, y, localizando ambas manos sobre las caderas del chico, lo bajó de su regazo y lo puso en la cama, boca abajo y listo para penetrarlo.
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Finalmente había logrado agotarlo... Aunque le había costado mucho esfuerzo. Yuki casi podía sentir a Shu ronronear con la cabeza apoyada sobre su pecho, luchando contra el sueño. No podía sentirse más satisfecho y feliz al contemplarlo en ese estado complacido. Sus joyas amatistas se cerraban lentamente mientras se rendían al sueño bajo la atenta mirada disimulada de su amante.
Poco después se le unió el rubio.
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No tardó en amanecer. Los rayos del sol ingresaron a la habitación a través de las cortinas para sorprender a la pareja profundamente dormida. El escritor, habituado a la disciplina, se dispuso a levantarse sin muchos preámbulos, pese al agotamiento. Todo su cuerpo le rogaba permanecer un poco mas en la cama, a lado del cantante.
Cuando sus ojos chocaron con la aniñada figura de vocalista durmiendo serenamente, Yuki no pudo resistirse a escrutarlo con mirada deseosa, decidiendo permanecer un rato más para disfrutar de la vista. Eran en esos calmos momentos en que podía contemplar fascinado a Shuichi sin pudor, sin temor a ser descubierto por el incauto niñato que no imaginaba la magnitud de sus sentimientos por él.
El delicado cuerpo de su pareja reposando plácidamente sobre las suaves sábanas; el cálido color de su piel resaltando contra el color claro de las mismas, así como sus deliciosos labios de fresa entreabiertos respirando pausadamente, sus párpados ocultando esos cristales púrpuras; todo esto incitó al escritor a deslizar lentamente los dedos por el cuerpo inconsciente, rozando su contorno de manera acariciante.
Nuevamente Eiri comenzó a calentarse, maldiciendo internamente a Shuichi por hacerlo reaccionar como un adolescente púber con hormonas alborotadas. No podía resistirse a esa fresca inocencia y pudor que poseía el chico... Aunque claro, la noche pasada no había sido tan inocente. Por poco lo deja en cama esa mañana por el agotamiento físico.
Eiri sonrió ante ese pensamiento mientras el crío comenzaba a despertar bajo sus caricias. El menudo cuerpo se movía inconscientemente bajo sus manos, buscando mayor contacto con esos dedos mágicos. Finalmente comenzó a abrir los ojos.
- ¡Buenos días, Yuki!. - lo saludó sonriente, sus ojos violetas iluminándose al ver al rubio.
- Buenos días... - replicó suavemente, con una leve sonrisa en los labios, producto del extraño gozo que le producía esa cándida admiración de Shuichi hacia su persona.
- ¿Por qué sonríes?. - le preguntó, algo extrañado por esa mueca poco frecuente en el serio semblante de su novio. Shu sonrió avieso. - Ya sé, ¡te gustó lo que te hice anoche!.
- Estuvo bueno. - repuso escuetamente el aludido, volviendo a su seriedad habitual con intenciones de torturar un poco a ese nada modesto cantante.
- ¿Solo bueno?. - inquirió con evidente duda el chico, sonriendo con picardía. - Tus gemidos decían mucho mas que eso. - le recordó.
- Estuviste muy extraño anoche, baka. - externó el novelista, achicando los ojos. El pelirrosa lo miró inocente.
- ¿A qué te refieres?. - interrogó, teniendo una leve sospecha de lo que le quería decir.
- ¿Desde cuando eres tan insaciable?.
El cantante se sonrojó al instante; sus mejillas ardiendo. El novelista sonrió nuevamente: ese era el Shuichi de siempre. Aunque no le molestaría en absoluto que su gemelo malvado e incansable los visitara más seguido.
- ¿Qué pasa?. ¿Acaso te forzó mucho, Yuki?. - zumbó el chico con una extraña sonrisa socarrona.
La clara insinuación provocó que los ojos del escritor rielaran unos instantes ante tan ofensiva intención. Ese Shuichi descarado debía aprender unas lecciones de modales. Así que se abalanzó sobre él, sujetándole de las muñecas con fuerza, situándolas sobre su cabeza, donde no podrían interferir. El cantante dejó escapar un respingo asombrado para luego reír ante la ocurrencia de su koi.
- Tienes que aprender a respetar a tus mayores, crío del demonio. - siseó sobre sus labios, antes de atacarlos con violencia, robándole el aire. Mordió el carnoso labio inferior para luego deslizar la húmeda lengua sobre éste, y después reclamar posesión sobre la boca, que se abrió rindiéndose sin condiciones.
Shuichi gimió con fuerza debido a la salvaje caricia, colocando una mano en el firme pecho de Eiri para tratar de alejarlo. Su tarea falló miserablemente, pues el rubio prosiguió, ahora sus manos recorriendo lascivamente los muslos tersos del niño. Sus labios no se separaban de los suyos, negándole el aire.
Cuando el cantante sintió algo duro oprimirse contra su vientre, emitio otro gemido que murió en la boca usurpadora de su pareja. Cerró los ojos rindiéndose a ese delicioso cosquilleo que lo recorría, sutilmente frotando sus caderas contra la erección del rubio.
Finalmente se separaron para respirar. Pero las exploradoras caricias sobre el cuerpo del sometido no cesaron. Las manos de Yuki subieron por los sensuales muslos, pasaron por las caderas y terminaron en el trasero del pelirrosa, apretándolo con fuerza y hambre. Posicionó ambas manos sobre las estrechas caderas y atrajo al cantante hacia su hombría ya dispuesta.
- Yuki, llegaré tarde... - chilló Shuichi, retorciéndose sobre la cama al percatarse de lo que sucedería si no detenía al escritor.
El interpelado no respondió. Continuó su ataque en el cuello del cantante para descender hasta la clavícula y morderla, logrando que Shuichi pegase un grito y tratara de liberarse de su agarre.
- ¡Yuki...! - chilló con mas fuerzas el chico, comprendiendo que le era imposible liberarse de las manos que comprimían sus muñecas fuertemente, así como de los labios que atacaban su piel expuesta con vehemencia. - K-san se molestará conmigo... Ya estoy bastante atrasado con el trabajo...
- No es mi problema... - jadeó Eiri, completamente sumido en la pasión del momento. Se le hacía difícil pensar cuando estaba tan excitado que dolía. Y el forcejeo en conjunto con los chillidos del crío no hacía mucho a su favor.
Shuichi comenzó a retorcerse insistentemente, dificultándole al rubio alcanzar su anhelo. Rápidamente deslizó su mano entre las piernas del cantante para procurar que se quedase quieto. Tomó el semi despierto miembro de Shu entre sus dedos, consiguiendo sacarle un respingo, y comenzó a acariciarlo lentamente.
- No... ¡Yuki!. ¡No me toques ahí!. - gimoteó Shu, comenzando a excitarse. Su juicio empañado y su respiración errática mientras su miembro se endurecía velozmente en la mano experta de su novio. - Mmm... Tengo que ir al trabajo.
- Quédate quieto y terminaremos pronto. - susurró con voz ronca por el deseo que producía la resistencia de Shu. Eso lo ponía más caliente, anulando cualquier juicio o raciocinio.
- ¡Llegaré tarde!. - esta vez la protesta fue mas suave, casi como si realmente no quisiera ser liberado. El pelirrosa elevó las caderas para que hicieran mayor contacto con la mano de su koi.
- Yo te llevaré. - le prometió para terminar de convencerlo, sin pensar demasiado en las palabras que salían de su boca.
Finalmente Shu respiró profundo y se relajó bajo el cuerpo de Yuki, para luego sonreír más que feliz por la muestra de consideración.
- ¿Lo prometes?. - susurró, retorciéndose, ahora de placer.
- Si - gruñó el otro sin escucharlo realmente. La voz de Shuichi le llegaba muy lejanamente como para lograr desconcentrarlo.
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Tiempo después, Shuichi corría irremediablemente atrasado por los pasillos de los estudios. Pero, aún así, no lograba borrar la sonrisa de alegría que llevaba en el rostro. Yuki había sido muy amable con él (pese al intento de violarlo) y lo había dejado en las puertas del estudio dándole un beso de despedida. Shuichi creyó que se derretiría. En ese momento sintió el deseo de decirle al rubio que sería padre. Pero se abstuvo, ya que no era el momento propicio.
- Shindou-kun... You are dead! (estás muerto) - exclamó K apenas lo vió atravesar (o arremeter) la puerta del estudio de grabación en un frustrado intento por ahorrarse las amenazas de muerte de Claude K. Winchester: Manager de Bad Luck y psicópata armado.
Shuichi frenó su carrera en seco al encontrarse de lleno con la arma del gringo apuntando directamente a su cabeza. Sus ojos se abrieron de par en par y su rostro palideció abruptamente. Y es que la "compañera" de su manager solía ejercer ese efecto en él...
Sakano-san, Hiro y Suguru contemplaron la escena sin inmutarse, acostumbrados a ese pequeño teatro mañanero. Hiro ya estaba inmunizado contra las metidas de pata de su irresponsable compañero y Suguru se encontraba algo irritado por la pérdida masiva de tiempo. Sakano-san giraba frenéticamente gritando para que se pusieran a trabajar.
- ¡Gomennasai! ¡De verdad lo lamento! ¡No me mates, onegaishimasu! (por favor) - comenzó a lloriquear el vocalista de la banda armando un tremendo alboroto. Se dejó caer dramáticamente al suelo para dar mayor dramatismo y de paso, recobrar el aire perdido en la carrera.
- I don´t care how sorry you are... (no me interesa cuanto lo lamentas). - sacó el seguro de su Cobalt que brillaba mortíferamente, al igual que los bonitos ojos turquesas de su dueño
(N/A: acabo de inventar que los ojos de K son turquesas, corríjanme si me equivoco u.u).
El sonido metálico del arma heló la sangre de Shuichi, que permaneció petrificado en el suelo, mirando incrédulo la sanguinaria sonrisa del manager. Recordaba haber visto la misma mirada en los ojos de Tatsuha una vez que se había quedado dormido en el sofá y despertó con las manitas hurgonas de su cuñadín en sus pantalones.
- ¡No me mateeeeeees! TwT ¡Trabajaré el triple!. ¡Dormiré aquí si lo deseas!.
Ante esta propuesta tan tentadora, el americano pareció frenarse unos instantes mientras sopesaba velozmente los beneficios: Sí, recuperarían el tiempo perdido, Seguchi-san quedaría complacido, él habría cumplido con su trabajo y podría pasar el tiempo restante con su hijo... Pero no podría tener el placer de inaugurar su arma luego de la limpieza profunda y mantenimiento que le había hecho hace unos días.
Mm... Difícil, difícil.
El pelirrosa quedó arrodillado en el suelo con cascaditas cayendo de sus ojitos de cachorro, las manos juntas frente a su rostro a manera de plegaria y sus labios distorsionados en un adorable puchero.
Finalmente Hiroshi se compadeció de su amigo y contra todos sus instintos y sentido común decidió intervenir. Desde que se conocían, el pelirrojo había cuidado de Shuichi y lo había defendido en incontables ocasiones, sin importar que muchas veces el mocoso verdaderamente se merecía lo que le estaban dando.
Y ésta era una de esas ocasiones.
- Creo que Shu ya lo comprendió, K-san. - intercedió el guitarrista, tratando de sonar lo más desinteresado posible mientras hacía ver que afinaba su instrumento.
Aún así, miró de soslayo la reacción del rubio, que permaneció inmóvil sosteniendo el arma frente a Shuichi, como si no le hubiese oído. Ohhh, pero Hiro sabía que si lo había oído. Podía percibir esa pequeña arruga que se formaba en el puente de la nariz del rubio; claro gesto delator de que sí había escuchado la orden. Cada vez que el americano se ponía tenso, su nariz se arrugaba conformando una adorable mueca casi pueril, la ceja izquierda le temblaba imperceptiblemente y ese bello hoyuelo en su mejilla derecha se acentuaba o.o
¿Qué cómo Hiro lo sabía?. Pues no en vano se le quedaba mirando como lelo pretendiendo que le importaba un carajo la explicación del gringo sobre la prueba de rastros de pólvora en los casos judiciales. En realidad, todos los demás sentidos, a excepción del de la vista se desconectaban automáticamente cuando Nakano estaba frente a frente al manager.
El pelirrojo apretó los labios al notar la irresolución de su pareja... O lo que sea que Claude fuese de él. Más le valía que le obedeciera o tendrían otra pelea como la del día anterior.
"¿Es que no me quiere? TwT", se cuestionó al ver que K permanecía sin decidirse. "¡¿Por qué mierda no obedece la voz de su amo y señor?". Una vena comenzaba a palpitar en su frente, pasando velozmente de la tristeza a la rabia.
Por su parte, el yankee permanecía irresoluto. Quería hacer lo que el sexy y delicioso niño le había pedido (sobre todo porque estaba seguro de que después recibiría una sabrosa recompensa). Pero tampoco podía parecer blando frente al equipo o le perderían el respeto. Y más aún si dejaba dar la impresión de que el guitarrista tenía algún tipo de influencia sobre él... Lo cual era absoluta y completamente cierto u.u Pero nadie tenía por qué saberlo.
¡Rayos!. Todo se había vuelto tan difícil en el trabajo desde que comenzó a salir con Hiro. Y eso que nadie sabía aún de su relación. No quería imaginar lo complicado que sería todo cuando lo de ellos saliera a la luz.
Sonrió ladinamente.
El magnífico sexo que tenía con el pelirrojo lo valía.
- ¡K-san!. - apremió Hiroshi, dejando reflejar cierta impaciencia en la voz al percatarse que perdía poder. - Tenemos trabajo que hacer... - añadió el chico para disfrazar la situación, suavizando el tono al percatarse del dilema por que atravesaba el gringo.
Finalmente, y en vista que tenía planes para divertirse próximamente con el cuerpecito firme del guitarrista en más de tres maneras distintas, Winchester bajó el arma. Pero no sin lanzar una mirada de advertencia a Shuichi antes.
- Ok... Back to work! (vuelvan al trabajo).
El cantante soltó un pesado suspiro de alivio, feliz de poder conservar su vida y la de su bebé. Dedicó a su ángel salvador una mirada de absoluto agradecimiento, y Hiro le respondió con una sonrisa, sintiendo una pequeña punzada de culpabilidad. Su intervención en la disputa había tenido más que ver con su deseo de comprobar su poder sobre el rubio manager antes que ayudar a su pequeño amigo irresponsable.
Nakano lanzó una mirada disimulada al norteamericano que estaba de espaldas en ese momento. Sus ojos viajaron hasta el tonificado y firme trasero de su amante, sonrojándose levemente al pensar que tal vez alguien podía estar mirándolo mientras se excitaba con la espléndida humanidad de su del hombre, y de lo inapropiado que todo aquello resultaba.
Claude se giró, ignorante de los pensamientos lascivos que cruzaban la mente del guitarrista, para dedicarle una pequeña sonrisa que aceleró el pulso de Hiro, arrancándole una sonrisa de respuesta. Definitivamente, K tenía algo que lo volvía loco: ya fuese ese hermoso y sedoso cabello rubio, o esos extraños ojos turquesas, o esa sonrisa conquistadora, o esa profunda y sensual voz, o esa risa contagiosa, o lo buen padre que era para Michael, o... En fin, habían mil cosas que le encantaban de Claude, y deseaba explotarlas todas al máximo.
Rápidamente comenzaron a practicar para luego ir a grabar unas canciones para el nuevo álbum. El norteamericano parecía implacable, negándose a darles siquiera un respiro hasta el descanso para almorzar, a las dos de la tarde.
Suguru y Shuichi desaparecieron instantáneamente de la cabina de grabaciones sin dar tiempo al gringo de arrepentirse, seguidos por un -ahora mas relajado- Sakano. Hiroshi puso a un lado su guitarra y se disponía a alcanzar a los demás para almorzar, pero al parecer Claude Winchester (N/A: me encanta ese nombre! n.n) tenía otros planes. El hombre mayor apresó su cintura desde atrás con ambos brazos, acercándolo posesivamente a su cuerpo, enterrando el rostro en el cálido cuello del talentoso guitarrista.
- A ti no te di permiso para salir. - murmuró con posesividad mientras intercalaba mordidas suaves y besos húmedos en la delicada zona. El pelirrojo soltó un suspiro e inclinó la cabeza hacia el lado opuesto, exponiendo mayor extensión de piel para ser devorada. - I´ll send Michael over a friend´s house tomorrow night. (mandaré a Michael a la casa de un amigo mañana a la noche). - anunció suavemente, oprimiendo a Hiro con mayor intensidad.
Hubo una breve pausa en la que K besaba con ahínco al muchacho y éste soltaba pequeños suspiros de deleite.
- Mmm... ¿Quieres que pase la noche en tu casa?. - preguntó finalmente con fingida inocencia, sonriendo.
- Damn right!. - gruño el interpelado, deslizando ambas manos hacia las caderas de su amante, acariciándolas con creciente intensidad.
Hiro emitió un gemido ahogado al sentirse excitado por tal acción, pero luego guardó silencio unos instantes, meditando sobre la tentadora invitación. Sería la primera vez que pasaría la noche completa con el manager, lo que indicaba un nuevo nivel de intimidad. Y con mas razón si era en su hogar. En el tiempo que se llevaban viendo, sus encuentros amorosos eran rápidos y apasionados por los pasillos de la discográfica, o en algún hotel, si querían estar mas relajados. A parte del sexo y alguna que otra conversación respecto a asuntos relacionados con el trabajo, no compartían nada más. Parecía un buen momento para pasar al siguiente nivel.
Pero Hiro no estaba seguro de querer tal cosa. Si bien el norteamericano lo volvía loco, tanto con su... increíblemente bien dotado físico y su personalidad, habían otros factores que considerar; como Michael. El pequeño hijo de tan solo seis años de su amante recientemente había sido separado de su madre luego del divorcio de sus padres. La mujer había decidido que su carrera en la farándula era demasiado importante y no tendría tiempo para criar a su hijo, por lo que le cedió la custodia al padre. Las principales dudas del guitarrista eran respecto al niño; no quería que su incidir negativamente en la vida de éste debido a su relación (o lo que fuera que tuviese) Claude.
Las manos del rubio presionando sus caderas contra su propia pelvis despertaron a Hiro de sus pensamientos. Y al sentir algo duro presionar contra su trasero, el chico decidió que más tarde se preocuparía por Michael. Después de todo, ese era el trabajo de Claude. Él tan solo se dedicaría a disfrutar a gusto del maravilloso padre del niño.
Nakano dio media vuelta y arrojó los brazos alrededor del cuello del hombre para después acercarlo a su rostro y besarlo en los labios mientras las manos de éste se posaban ansiosas en su cintura.
- So...? (¿Entonces...?) - apremió, separando levemente sus labios.
- Está bien. - accedió el chico, sintiéndose algo tonto en replicarle en japonés por más que supiera hablar inglés. No sabía por qué lo hacía, por más que podía notar que al rubio le encantaba cuando le hablaba en su lengua.
El manager sonrió y lo abrazó con fuerzas antes de volver a besarlo con entusiasmo. Y es que le tenía unas ganas asombrosas a ese chiquillo, que por momentos se sentía como un corruptor de menores.
Pero si él era un asalta cunas, Nakano era un asalta féretros, porque no se quedaba atrás cuando tenían la oportunidad de estar solos.
- Entonces supongo que nos reservaremos para mañana a la noche. - alegó Hiroshi bromeando al percatarse que las caricias del hombre su volvieron mas atrevidas. Trató de mantener seriedad al ver la expresión horror de su amante.
- Mañana a la noche es otra cosa. - replicó con efusividad, empujando al chico con rapidez contra una pared, acorralándolo. - I want you now (Te quiero ahora). - y procedió a enterrar la lengua en la boca del divertido muchacho, mientras sus manitas curiosas recorrían la silueta a gusto. - You drive me crazy, Hiro. (N/A: Para los que no se les hace familiar esta frase: "Me vuelves loco") - suspiró el adulto con la respiración entrecortada mientras sus labios se perdían en un ataque sin piedad sobre el cuello, los hombros y los labios de Hiro.
Aprovecharía el momento y dejaría sus dudas e inseguridades para resolverlas después. Cuando Hiro estaba cerca, toda la mente se le nublaba y el raciocinio parecía inexistente en su cabeza. Tan solo podía pensar en el chico; en su cuerpo, en su risa, en su aroma... Y lo deseaba tanto que lo asustaba.
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Gracias al susto que K le había pegado, Shu trabajó con ahínco el resto de la tarde, tratando de compensar todo el tiempo que había hecho perder a la discográfica. Se reprochaba constantemente por no haber avisado al menos que faltaría al trabajo el día anterior. Aunque verdaderamente no se arrepentía por faltar: estuvo muy feliz haciendo las compras para el bebé. Mmm... Lo que le recordaba que mas tarde echaría una ojeada a los bienes adquiridos. Toda esa ropita y calzados diminutos lo volvían loco de felicidad al imaginarse que pronto estaría vistiendo a su niño o niña con ellos.
Lograron grabar tres canciones, dejando al vocalista agotado. Tenía la garganta áspera y podía sentir como el embarazo le drenaba las energías del cuerpo, si bien las ganas de hablar persistían. Y el primero en notarlo fue su mejor amigo (quién lucía sospechosamente satisfecho, relajado y hasta ostentaba una sonrisa de boludo realizado), y se acercó a hablarle en el descanso de la tarde. Shuichi se tragaba una hamburguesa y una botella de jugo de naranja de un litro, sentado en el sofá de la sala de ensayos.
- ¿No es esa la tercera hamburguesa hoy?. - inquirió con cierto asombro, dejándose caer cansadamente en el sofá, a lado del pelirrosa. Al instante en que se sentó emitió un respingo de dolor, que pasó desapercibido para su glotón acompañante.
- ¿Yn ti qmwn imasdak? (¿Y a ti que te importa?). - replicó algo irritado el aludido, sin saber bien por qué. Nuevamente achacó su comportamiento errático a las hormonas. Tragó con fuerza y le dedicó una mirada suspicaz a Hiro. - Además, ¿cómo lo sabes?. No estuviste en el almuerzo, ¿dónde te metiste?.
- ¡Ah!. ¡Claude!. - gritó mientras el rubio lo embestía desde atrás a la par que él luchaba por mantener las manos firmes en la pared y evitar estrellarse contra ésta debido a la fuerza de la arremates del rubio
- ¡Shhh!.
El norteamericano soltó una risita divertida para luego llevar la mano antes posada en su cadera a los labios del pelirrojo, sellándolos para que no hiciera tanto escándalo. Aunque debía admitir que le encantaba cuando lograba hacer que el chico gritara su nombre de esa forma.
Cortos quejidos amortiguados por la firme mano de K escapaban de los labios de Hiro, cada vez con mayor intensidad a medida que los embates del rubio se hacían más furiosos. El manager apoyó la otra mano sobre la de su amante, en la pared, mientras besaba su cuello.
- Eres delicioso, Nakano-kun.
- ¡Ah...!
- Tuve algo que hacer. - respondió al fin, con las vívidas imágenes del encuentro con K revoloteando por su cabeza. Rápidamente las alejó, de lo contrario lograría despertar a alguien que ya estaba muy cansado.
- Hmmm...
- Te ves cansando, Shu. - soltó el guitarrista con suavidad. Durante las grabaciones había reparado en la palidez del cantante y en las ojeras bajo sus ojos. Además había estado relativamente tranquilo todo el día, permitiendo avanzar todo el trabajo atrasado.
Pero pese al cansancio casi palpable en su amigo, Hiro también podía notar que Shu-chan parecía muy feliz, cosa que despertó su curiosidad, porque cada vez que Shu tenía una buena noticia, corría a contársela. Veía cierta luz irradiando del rostro cansado de su amigo y no podía evitar sentir una inmensa curiosidad.
- Lo estoy. - contestó Shu luego de tomar casi un tercio del jugo de un trago. - Pero no es nada por lo que dabas preocuparte. Estoy muy feliz, a pesar de todo. - agregó con una seriedad muy rara en él. Hiro captó la gran honestidad con la que habló su amigo. Sorprendiéndose un tanto, parpadeó un par de veces antes de interrogar con picardía:
- ¿Tiene Eiri-san algo que ver en esto?.
Shuichi casi se atraganta con la comida al comprender el significado oculto en las palabras de su amigo, que ahora reía divertido ante su reacción tan obvia.
- Je, je. Hai, bastante. - respondió al fin una vez que se recuperó, sin poder evitar sonrojarse al recordar que el bebé que llevaba dentro de él fue hecho por su hermoso Yuki.
- Mmm... Ya veo. - sonrió ladino, lanzándole una mirada elocuente.
Shuichi se sonrojó aún más, sabiendo bien lo que penaba el pervertido pelirrojo, y continuó comiendo. Empezaba a creer que su amigo debía buscarse alguien para descargar todas esas hormonas contenidas y así ver si se le sacaba lo mal pensado.
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Esa noche la pasarían trabajando en el nuevo disco, puesto que el baka pelirrosa había tenido la genial idea de decirle a K que lo haría si no lo mataba (-.-U).
- Siéntanse libre de agradecérselo a Shindou-kun. - dijo el norteamericano luego de dar la noticia, con ambas manos en las caderas y una sonrisa socarrona. Shuichi miró de soslayo a Suguru y Hiro, que parecían querer fulminarlo con la mirada.
- Ano... ¡Tengo que hacer una llamada!. - largó de pronto, buscando una escapatoria del trágico destino que lo aguardaba si permanecía más tiempo cerca de sus compañeros de banda.
El cantante salió disparado del salón, corriendo al baño. Sacó su celular del bolsillo de sus pantalones holgados y llamó a su koi, sonriendo de oreja a oreja al recordar la noche que habían pasado.
Sin poder contener su entusiasmo, oyó repicar el teléfono numerosas veces, anhelando oír la hermosa voz de su rubio. Pero el vocalista se vio tumbado de su nube cuando oyó la fría y levemente exasperada voz del otro lado de la línea, brindándole un poco grato recibimiento.
- ¿Que quieres?.
- ¡¡Hola Yuki!. - se oyó un gruñido en respuesta que fue ignorado por el entusiasta niño. - ¿Estás trabajando?. ¡Te extraño!. No puedo esperar para verte, ya quiero tenerte entre mis brazos como anoche... - a recordarlo, Shindou se sonrojó un poco. Imágenes de su sensual novio gimiendo y sudando mientras se movía sobre su cuerpo acudieron a su mente. - La pasé muy bien, Yuki, gracias. - susurró bastante avergonzado. - ¿Me extrañaste?. - hubo una pausa en la que el chico podría hacer jurado que su koi le había cortado la comunicación de no ser por el sonido del aire con humo al ser expulsado de los pulmones. - ¡¡Yuki!. ¡Dime que me extrañaste!.
- ¿Esta llamada tiene algún objetivo?. - rezongó con clara irritación el novelista. Shuichi sintió que el estómago le dio vuelta al oírle hablarle de ese modo. ¿Qué no la habían pasado bien la noche anterior y esa mañana?. ¿Entonces por qué Yuki actuaba así con él?.
El cantante se tragó el malestar y el nudo que se le formó en la garganta, fingiendo perfectamente su usual tono despreocupado. - ¡Hai!. Hoy nos quedaremos a trabajar toda la noche, así que no volveré hasta mañana de tarde, si K-san nos lo permite... ¡Estoy tan cansado!. ¡Ya no puedo más!. La garganta me duele, creo que debería descansar porque...
- ¿Algo más?. - interrumpió el otro, ahora oyéndose el sonido continuo del teclado de fondo. El chico sintió que ardientes lágrimas punzaban sus ojos y que la voz lo abandonaba. ¿Por qué Yuki actuaba así con él?.
- Iie... Oyasumi... - el sonido de la línea cortada interrumpió su despedida.
El vocalista de Bad Luck sentía que se convertía en presa de la tristeza y frustración. Luego de todo el tiempo que llevaba saliendo con Yuki ya había logrado aceptar y hasta sobrellevar su personalidad fría y uno que otro desplante. Se decía que lo amaba por como era, incluyendo esos aspectos negativos que tanto lo hacían sufrir. Al aceptarlo, logró ser más feliz a lado del escritor. Después de todo eso no quería decir que Yuki no lo quisiera, sino que esa era su forma de ser.
Pero ahora que se encontraba tan vulnerable no podía evitar preguntarse si había hecho lo correcto. Tendría un hijo de Yuki, y no sabía si éste estaría ahí para apoyarlo o lo mandaría a volar. ¿Qué no se supone que la pareja debe brindarte apoyo y seguridad?. Se preguntaba si tan solo había estado engañándose a sí mismo todo ese tiempo, y si el novelista sería realmente la persona indicada para ser padre, y estar a su lado cuando necesitara de él.
Unas lágrimas rebeldes escaparon de esos tristes ojos violetas mientras el adolescente se encogía en el suelo, llevando una mano a su vientre. ¿Estarían solos el bebé y él?. Solo pensarlo removía mas lágrimas de sus ojos. No podría hacerlo sin Yuki, y mucho menos podría vivir sin él.
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Hiroshi y Suguru se daban un receso, sentados en los sofás del área de descanso mientras S K-san y Sakano-san conversaban con el presidente de la discográfica, que había venido a supervisar unos instantes, sobre los ensayos y demás temas relacionados con el trabajo.
Fujisaki se sonrojó hasta las orejas al ver al rubio tecladista cruzar el umbral de la puerta, acudiendo a su mente los sórdidos recuerdos de lo sucedido hace unos días. Desde entonces, el adolescente había tratado -cabe decir con nulos resultados- evitar al increíblemente atractivo primo suyo.
Tohma ingresó al salón con total naturalidad, luciendo esa expresión suave y afable que lo caracterizaba, así como la perpetua sonrisa, demasiado perenne para ser verdadera; y Suguru lo sabía.
Seguchi saludó formalmente a los dos chicos en el sofá. El más joven clavó los ojos en el suelo, rehuyendo el rostro del hombre, respondiendo débilmente al saludo. Afortunadamente su comportamiento había pasado desapercibido, pues el empresario se dirigió donde al americano y el productor, para alivio del chico.
Aún no podía creer lo que había sucedido entre él y su objeto de adoración. Su primo Tohma había sido su máximo ídolo de la infancia y hasta el presente, Suguru lo admiraba. Por él comenzó a practicar el teclado, anhelando seguir sus pasos y tal vez, llegar a ser tan buen cuanto su pariente para así ser digno de su afecto. El adolescente sabía que su primo siempre lo había querido mucho; pero sentía que debía probarse merecedor de tal honor.
Desde niño Tohma había sido su primo favorito debido a la calidez que desprendía y a la atención que le prestaba cada vez que se veían. Suguru se sentía como alguien importante cuando estaba con su primo; y éste siempre lo consentía ejecutando bellas melodías en el piano, solo para él. Cuando Tohma tocaba el piano, los ojos encantados del -en aquél entonces- infante Suguru seguían encantados el deslizamiento de aquellos ágiles y elegantes dedos sobre las teclas blancas.
Incluso guardaba con deleite el recuerdo de la primera vez que había podido tocar las mismas teclas de aquél instrumento: Fue luego de que el rubio había terminado de ejecutar la más sublime melodía que había oído en su corta vida. El mayor, alagado por la infantil admiración que los ojos de su pequeño primo translucían, sonrió encantadoramente y le acarició la mejilla, arrancando una cálida sonrisa al infante. Tomándolo entre sus brazos, el mayor lo sentó sobre su regazo para posar los pequeños dedos niño sobre las teclas y así iniciar la primera lección de piano que Fujisaki había recibido en su vida.
Ahora, el moreno apenas podía creer que ese cálido y encantador primo que tanto admiraba, que lo llenaba de atenciones y mimos cuando niño, era el mismo que le hizo todo aquello hace unos días. Sí, las relucientes e intensas esmeraldas de sus ojos eran las mismas, era el mismo cabello dorado y brillante como hilos de oro. La acariciante voz poseía la misma entonación alegre y cantarina, y la eterna sonrisa en el hermoso rostro persistía. Tan solo que ahora, ya mayor y más sabio, Suguru comprendía que no todas las sonrisas de su primo eran sinceras, y que algo se había roto. Y todo había sucedido en esa época en la que su primo se ausentó a causa de su viaje a los Estados Unidos.
Algo que cambió golpeó duramente la vida del rubio había sucedido en esas tierras lejanas; Suguru lo sabía.
Ya no era el su primo Tohma de antes.
El joven tecladista alzó los ojos disimuladamente para atisbar la posición del empresario. Y para su martirio, descubrió que no podía apartar los ojos de él, aprovechando que todos se hallaban demasiado distraídos como para reparar en su mirada persistente. No podía evitarlo; había algo en Seguchi que lo atraía como la gravedad.
Al entrar en la adolescencia (recientemente, es decir), el muchacho se había percatado que su adorado primo era tremendamente atractivo. Si, Tohma siempre le había parecido hermoso. Suguru solía pensar que era un ángel. Pero ahora, sin proponérselo, la manera en que percibía a su pariente había cambiado un tanto, y sus pensamientos respecto a él se habían tornado... Impúdicos. Veía a su primo como todo un hombre; y uno muy hermoso.
La estrecha relación que había mantenido con él durante su infancia se había enfriado a causa de ésto. Al moreno avergonzaban demasiado sus pensamientos como para soportar estar frente a su primo por mucho tiempo, ni que decir de sostener una charla. Y ciertamente nunca había pensado que el rubio también lo veía a él de otra manera...
Pero se había llevado una gran sorpresa hacía unos días...
Finalmente Seguchi se despidió y K, quién fue para un rincón del salón a hacer una llamada telefónica, seguido por la atenta mirada de Hiroshi. No es que estuviese celoso... Sino que esos pantalones con esa camisa tan formales resaltaban el maravilloso físico del norteamericano. Su largo y lustroso cabello rubio se balanceaba sobre su espalda con cada paso que daba. Y después de todo, el pelirrojo era tan solo de carne y hueso.
- Fujisaki-kun, necesito hablar contigo. - dijo la suave voz de Tohma. El interpelado levantó rápidamente el rostro para encontrarse con la bella sonrisa de ese magnífico hombre.
Pasó saliva con dificultad, mirando al rubio frente al él con los ojos abiertos de par en par. Maldecía internamente, pues sabía que su rostro de seguro ostentaba en esos momentos un brillante color rojo ante la sola cercanía de ese... ese... ese hombre tan perfecto que le había todas hecho todas esas cosas hacía unas noches.
Definitivamente un primo de debería tocar esas partesdel cuerpo que Tohma le tocó. Y él, encantando, pero al mismo tiempo escandalizado, no tuvo la voluntad y ni las ganas de alejar el contacto de su primo; por más aberrante que fuese lo que sucedió mas tarde entre ellos.
- Hai... - murmuró finalmente, bastante avergonzado por su reacción. Bajó la cabeza, rehuyendo la maravillosa mirada que le dedicaba el dueño de la empresa. Una mirada que Suguru, a su corta edad y prácticamente nula experiencia (al menos hasta hace unos días), no supo interpretar.
El mayor se hizo a un lado, permitiendo al chiquillo que saliera primero del salón, para después seguirlo de cerca. Cuando se encontraron en el pasillo desértico, Seguchi tomó a su primo de los hombros y lo apoyó suavemente contra la pared para plantarle uno de esos besos devoradores con los que lo saludaba y despedía cada día a hurtadillas, sorprendiendo al niño.
Por unos instantes, el chico no supo cómo reaccionar. Aunque no era la primera vez que el rubio lo tomaba por sorpresa, la mente siempre se le quedaba en blanco cuando sentía esos tersos y expertos labios presionar tan sensual y excitantemente contra los suyos, para luego comenzar a moverse lentamente, acariciándolo con ellos.
Unos quedos resuellos se le escaparon para morir ahogados en la boca del adulto que lo acosaba. Suguru puso algo renuente las manos en su pecho para empujarlo con sutileza, temeroso de que alguien los viese; temeroso de lo que sucedía y de lo que podría volver a ocurrir. Aún no había tenido tiempo de resolver mentalmente toda esa situación con su primo: su cabeza le decía una cosa y su cuerpo otra.
Se separaron, respirando agitadamente, mirándose con intensidad el uno al otro. El, prácticamente niño, lucía aún mas sonrojado que antes, para el deleite de Tohma. El mayor acunó ese inocente rostro con ambas manos, sonriéndole genuinamente, provocando un estremecimiento en el chico.
Suguru sintió su corazón estremecerse al reconocer esa sonrisa de ensueño, y al identificarla como sincera. Seguchi se había vuelto un hombre calculador e inescrupuloso, Fujisaki lo sabía. Todo había empezado hace varios años, en América. Pero también sabía cuando las sonrisas que éste le daban eran verdaderas, y no una lentejuela más en su máscara de carnaval.
- Vamos a mi oficina... - susurró el adulto, para luego besarlo nuevamente, pero esta vez con suavidad. Un tierno roce de labios. - Quiero despedirme de ti. - ronroneó.
- Tohma... - gimoteó Fujisaki, tratando de liberarse del agarre del hombre que lo sostenía tan posesivamente de la cintura. - Esto no...
Pero el presidente de la discográfica calló sus protestas con otro beso lento y tierno mientras sus manos acariciaban el contorno de la figura del chico. Sabía que si quería convencerlo, tenía que refrenar sus ansias y actuar con premura hasta que lo tuviera donde quería y pudiera dar rienda suelta a sus deseos.
Ese chiquillo lo había inquietado desde siempre. Claro, era su primo. Pero eso no le molestaba en absoluto. Su perpetua inocencia y ese cuerpo tan delicado lo excitaban más allá de su comprensión, logrando ganarse espacio en sus pensamientos a diario. Incluso desde niño, Suguru tenía un perturbador efecto sobre él; el cuál había decidido ignorar con todas sus fuerzas hasta que finalmente pudo huir de la tentación, cuando fue a los Estados Unidos.
Entonces sucedió lo de Yuki. Y se sintió ahogado por la culpa.
Al regresar, se encontró con un adolescente Suguru. Y para su sorpresa, el efecto que antes el niño ejercía sobre él, se había multiplicado y reproducido vertiginosamente atentando contra su sanidad mental. ¿Cómo un crío que apenas salía de los pañales podía tener ese efecto en él?. Iba más allá de su comprensión.
Pero también se percató, entre miradas tímidas y mejillas arreboladas, que la admiración y el afecto que su primito le profesaba también habían cambiado y ahora iban mucho más allá que el simple y llano amor fraternal. Lo podía ver en sus ojos; aunque inocentes, Tohma veía un poco de sí mismo en ellos.
Y como todo lo que quería lo obtenía, el empresario estaba decidido a tener a ese muchachito. La moral, el pudor y los escrúpulos no significaban absolutamente nada en la conquista que se había propuesto realizar. Había decidido, luego de casi una vida de represión, dar rienda suelta a su deseo. La mejor manera de superar esa enferma obsesión que había desarrollado por el cuerpito de su primo era satisfaciéndola.
Recordó aquél excitante día en que finalmente sucumbió a sus deseos. Una mañana bien temprano había encontrado al adolescente solo en la sala de ensayos, practicando con el teclado. Tohma no supo resistirse pese a haber superado la etapa impulsiva y hormonal de la adolescencia. Una inmensa urgencia de tenerlo creció en él, renaciendo con ingentes fuerzas luego de haber sido ignorada tanto tiempo.
El adulto no pensó en nada ni en nadie cuando se acercó a su primo predadoramente, tomándolo de la cintura para pegarlo a su cuerpo violentamente y luego plantarle un beso demandante en la boca.
Sencillamente se veía tan... puro, inocente, inocuo. Casi como una visión; un niño o un ángel. El rubio se sentía como su amo y señor al ver la ingente admiración en esos inocentones y amplios ojos castaños.
Aprovechó que aún no había nadie en el edificio para poder conseguir lo que hacía tiempo deseaba del niñato. Si bien al principio Suguru parecía aterrado y renuente, como se lo había esperado, al final parecía bastante cooperador y satisfecho...
Aunque luego se echó a llorar bajo la sorprendida mirada de Tohma, que permanecía inmutable.
Aún así, no se arrepentía de nada.
Pero para su asombro, su deseo no acabó ahí, como predicho. El saberse el primero para el chico, el haber visto esa mirada de adoración en esos cálidos ojos, el ser el primero en oír esos gemidos eróticos salir de sus labios; haber sido el primero en mancillar algo tan virgen e inmaculado era un vicio completamente adictivo. Y quería más.
- Seguchi-san... - murmuró el chico cuando logró separar sus labios de los del hombre. Pero nuevamente fue interrumpido, a la par que el rubio tomaba una de sus manos y besaba cada uno de sus dedos con una ternura calculada que era traicionada por la intensidad de su mirada. Luchaba por contener sus instintos y no asustar al chiquillo nuevamente, pero se le hacía difícil cuando lo veía tan vulnerable como en ese momento.
- Ya te dije que me llames Tohma, pequeño. - la lengua rosada emergió de sus labios para lamer los largos dedos de Suguru, uno a unos, sobresaltando al chico y haciendo encender su rostro más aún.
- Yo... yo... No creo que... - tartamudeó el adolescente, completamente desconectado de sus pensamientos, incapaz de unir las ideas al tener de esa forma tan íntima a su propio primo.
- ¿Hmm...?
La cálida y húmeda lengua del rubio viajando a lo largo de todos y cada uno de sus dedos de esa manera tan sensual lo dejaba embobado. Y la mirada hambrienta que veía en esos ojos verdes lo inquietaban.
- Creo que debo regresar... - murmuró, haciendo además de retirarse. Tohma interrumpió lo que hacía para clavar los ojos en Fujisaki, situando ambas manos en las caderas del chico para mantenerlo inmóvil en ese sitio.
- ¿Es que no me quieres?. - recurrió al punto frágil de su primo, el lugar exacto que estaba seguro le brindaría la victoria.
Suguru miró reticente al rubio, vacilando. Sabía que lo estaba engatusando... ¡Pero como resistiese a ese hombre!. Por más que fuera su primo, no podía negar la increíble atracción sexual que sentía hacia él. Moría por estar en el lugar de Mika y poder estar con él siempre; pero no de esa manera. Habían tantas cosas que estaban mal con lo que hacía...
Omitiendo lo de la homosexualidad, estaba mal hacerlo con tu propio primo... y más aún estando tu primo casado... Y más aún si tu primo era tu jefe... ¡Y más aún siendo él es menor de edad!. ¡Tohma podía ir a prisión si alguien se enteraba!.
- S-sí. - asintió finalmente, con un hilo de voz. El empresario acentuó aún más su sonrisa, arrimándose más al cuerpo del otro.
- ¿Y no dijiste que harías lo que fuera por complacerme?.
Suguru frunció el ceño. Sí, había dicho tal cosa... Pero se refería al trabajo, aquel día en que Seguchi le pidió formar parte de la nueva banda que había firmado. Le resultaba bastante conveniente de parte del rubio distorsionar así el sentido de sus palabras y encima añadirle esa connotación impúdica.
- Estás casado... - bajó la voz hasta susurrar, mirando si no había nadie alrededor.
- Me importas tú. - replicó, tomando sus mejillas con ambas manos para mirarlo directamente a sus ojos.
Y no era mentira. Su pequeño primo ejercía una gran influencia en él, sin siquiera proponérselo. No recordaba sentir ninguna atracción tan intensa con anterioridad por nadie, excepto Ryuichi. La atracción física era inmensa, pero también estaban esos aspectos tanto enternecedores e infantiles como contradictorios del serio tecladista que le encantaban y no sabía como definir.
Así, lentamente, Seguchi condujo a un irresoluto chico hasta su oficina, donde lo poseyó con mucha mayor suavidad que la primera vez.
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Los arreglos, las letras, los ensayos, las notas musicales, los sonidos, las palabras, los acordes, las miradas asesinas de K, las visitas sorpresivas de Seguchi para supervisar... ¡Ninguno daba más!. Hiroshi tenía los dedos hinchados y a Shu le dolía la garganta. Suguru también estaba agotado, pero difícilmente haría saber de su incomodidad. Era una persona muy profesional e increíblemente serio y responsable para ser apenas un adolescente.
Finalmente, luego de que Shuichi prácticamente colapsara, K decidió darles descanso a las cinco de la mañana para que durmieran unas horas antes de seguir. Los tres integrantes de la banda cayeron sobre los sofás y la alfombra del área de descanso.
Cuando todos se quedaron dormidos, K los cubrió con las mantas dispuestas para dicho propósito. No era inusual que a veces las personas pasaran la noche trabajando en la empresa. La misma facilitaba toallas, despertadores, pijamas, frazadas, utensilios de higiene personal desechables y todo lo que los empleados pudiesen necesitar para unas horas de descanso.
El manager se inclinó sobre Hiro antes de cubrirlo con la manta, apartando un mechón de cabellos de su dulce rostro y luego posó un casto besos sobre sus labios, preguntándose a dónde le llevarían sus sentimientos por el guitarrista, y la disposición que tendría el mismo.
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Después de haber trabajado todo el día, Shuichi pasó por la farmacia para comprar algunas vitaminas y el ácido fólico que el médico le había recetado para el embarazo, diciendo que era de vital importancia que lo tomara para evitar daños en el bebé.
Ya era de noche cuando llegó al departamento. No se había molestado en llamar a su koi a avisar, puesto que no soportaría nuevamente la fría indiferencia del mismo. Con cierto dolor constató al ver su celular que tampoco lo había llamado ni mandado ningún mensaje.
Soltando un suspiro de resignación, ingresó al departamento completamente agotado y arrastrando los pies. Apenas tenía fuerzas para seguir caminando y para mantener los ojos abiertos; además moría de hambre, pese a todo lo que se había comido en la discográfica. Aún así, agradecía que el cansancio era el único síntoma de embarazo que había experimentado hasta el momento... Y un poco de náuseas... Y claro, los súbitos cambios de humor.
Debía contárselo a Yuki pronto. No veía como podía seguir manteniendo el secreto por mas tiempo, con todos los cambios hormonales que sufría. Y eso que apenas estaba empezando.
Sonrió levemente al recordar como pasaba de estar feliz, a llorar desesperadamente y luego a estar furioso en menos de un minuto. Pero había leído sobre casos en los que los síntomas eran peores, como constantes vómitos, náuseas, antojos bizarros, apetito o desapego sexual excesivo... Si, decididamente, su bebé no le traía muchos problemas.
Eso creía él.
- ¡Tadaima Yuki!. - saludó alegre, pero sin su característico entusiasmo. El desplante que le había hecho su amante y al agotamiento físico y emocional le pesaban.
Shuichi había pasado por muchas cosas en los últimos días, y los cambios que sufría su cuerpo lo dejaban tanto sorprendido como encantado y exhausto. Y todo esto sin tener una persona que lo reconfortara y sirviera de apoyo.
"Uf, así deben sentirse las madres solteras", pensó en un breve momento de tristeza. Pero rápidamente alejó ese pensamiento de su mente.
Su saludo fue recibido por la hiriente indiferencia del rubio, que apenas le había gruñido en respuesta sin apartar los ojos de la pantalla de la computadora para dignarse a ver a su novio cuando éste se acercó a la puerta de la oficina. Estaba en medio de un torrente de ideas y no quería desperdiciarlo.
Shuichi soltó un suspiro, luchando por no sentirse mal. "Así es él... No quiere decir que no se alegre de verte", aunque estaba lejos de tragarse su propio consuelo. Para él, que era tan expresivo y entusiasta, no le cabía en la cabeza como alguien podía ser tan cerrado e introvertido como Eiri.
Con pasos lentos se dirigió a la cocina para hundir el rostro en las sobras de la comida china de hace unos días atrás, a riesgo de sufrir indigestión. Cualquier cosa comestible era bienvenida por su hambriento niño o niña.
Al terminar tomó una rápida ducha de agua tibia que pareció arrastrar levemente los síntomas del cansancio, relajándolo magistralmente para el momento en que se metió a la cama. Sus últimos pensamientos dirigidos a su bebé mientras se acariciaba suavemente el aún plano vientre, preguntándose si su hijo podría sentir sus caricias. Tendría que preguntárselo al doctor la semana siguiente... Tenía una cita... Estaba tan contento que casi no podía esperar...
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En media hora el pelirrosa había quedado profundamente dormido, para sorpresa del novelista. Al terminar la redacción del capítulo en que trabajaba, Eiri decidió buscarlo por el departamento al percatarse del sobrenatural silencio reinante. En realidad esperaba encontrarlo en el sofá, aguardando a que terminara de escribir para saltar sobre él y comenzar a hablar sin cesar. Pero se extrañó al encontrarlo acurrucado en la cama. Se acercó al mocoso preguntándose en silencio si Shuichi se sentía mal o si le había sucedido algo en el trabajo... O tal vez estaba molesto por la conversación telefónica de la noche anterior; aunque lo dudaba. Shu había dejado de lloriquear y recriminarle su frialdad luego del primer año de noviazgo, si bien a veces regresaba a esa fase para llamar su atención si lo ignoraba por mucho tiempo continuado.
Se maldijo internamente por no haberle prestado más atención cuando fue a saludarlo al escritorio. Tal vez habría notado si algo estaba mal en ese momento. Pero es que se encontraba súbitamente inspirado... Todo el día había escrito sin descanso, favorecido por el inmaculado silencio impregnado en el departamento en ausencia del enano escandaloso.
Se subió a la cama, con cuidado de no despertar a Shuichi, para luego pegarse con suavidad a ese delicado cuerpo, abrazándolo por la espalda. El chico siempre dormía desparramado en la cama, abarcando la mayor cantidad de espacio posible; pero en esa oportunidad dormía en una posición poco usual en él: hecho una bolita, con una mano sobre su vientre. Tal vez eso indicaba que alguna tristeza lo aquejaba. (N/A: No me culpen por leer libros de psicología 9.9).
Se pateó mentalmente por haberlo tratado tan mal. Después de todo, el enano lo había aceptado y lo amaba con todo su pasado y todos sus defectos. Lo mínimo que podía hacer era retribuirle el favor con un poco de atención para demostrarle lo mucho que significaba en su vida, por más difícil que le fuera reconocerlo.
Yuki abrazó con más fuerzas la pequeña figura, estrechándolo contra su pecho y hundiendo el rostro en el cálido cuello del niño, percibiendo su fragancia. Posó sus labios para realizar un camino de castos besos desde la mejilla hasta la base del cuello, logrando que el vocalista se retorciera en sueños. Finalmente se incorporó a medias, sentándose en la cama y apoyándose en el respaldo del mueble para acariciar con suavidad los fragantes cabellos rosados del niño.
"Baka. Sólo a él se le ocurre teñirse el cabello de rosa"
Lentamente Shu fue arrancado de su sueño al sentir la persistente presencia de otra persona cerca suyo, y las tiernas caricias sobre su cuerpo. Abrió los ojos con pesadez, tratando de enfocarlos en la obscuridad, para luego girarse y encontrarse con su novio a lado suyo, mirándolo de una manera tan cariñosa y enternecida que hizo a Shu olvidar su resentimiento contra él.
- Konnbawa. - lo saludó Eiri, con una pequeña elevación en la comisura de sus labios, sin dejar de acariciar sus cabellos mientras el niño se frotaba los ojos perezosamente.
- Konnbawa, Yuki-kun. - le sonrió inocentemente, provocando un estremecimiento en el rubio. - ¿Por qué me miras así?. - preguntó levemente inquietado por la penetrante mirada dorada que le dirigía su novio.
- Porque eres mío y puedo mirarte todo lo que quiera. - susurró en respuesta, inclinándose un poco para dejar un beso en sus labios.
Shuichi no pudo evitar sonreír con satisfacción ante las posesivas palabras del rubio. Era la primera vez que le decía tan claramente que le pertenecía, y era lo más cercano a una declaración de amor que había recibido de su pareja.
Pero a pesar de la profunda satisfacción que le llenaba oírlo, dadas las circunstancias actuales, no parecía ser suficiente. Shu necesitaba oír de Yuki que lo amaba, que no podía estar sin él, que siempre estaría a su lado, que lo apoyaría en todo... Que serían una familia.
Sus anhelos estaban lejos de concretarse en vista del pequeño avance que habían tenido en dos años de noviazgo. "Eres mío" tan solo indica posesión, no sentimientos profundos ni compromiso. Shuichi le había dicho cientos de veces "eres mío" a los pastelitos de vainilla, a las tortas de fresa, a los caramelos, a las malteadas...
- Y yo soy tuyo... - añadió Yuki al percatarse del silencio del niño, para luego besar la punta de su nariz.
Shuichi tan solo sonrió en respuesta; reacción totalmente diferente a la que se esperaba el rubio. Se imaginaba que el crío saltaría sobre él chillando de alegría, como normalmente hacía ante la más mínima atención de su parte. Jamás se habría imaginado que el baka recibiría sus palabras con casi indiferencia.
- ¿Pasa algo, Shu?. - inquirió con suavidad, acurrucando el frágil cuerpo contra el suyo. Shuichi hundió la cabeza en el amplio pecho de Yuki y negó escuetamente con la cabeza.
El escritor optó por dejar las cosas como estaban, sin saber con certeza como actuar en esa situación. Estaba seguro que algo aquejaba a Shuichi, pero tampoco tenía la paciencia para sacárselo a tirabuzón, ni certeza de cómo debía conducirse sin meter la pata y terminar empeorándolo todo.
Continuó acariciándolo, trazando pequeños círculos en su espalda a la par que buscaba los rosados labios con los suyos para iniciar una larga sesión de besos. A Yuki se le antojaba estar tendido en la cama, a lado de su baka, acariciándose y besándose por horas. Tal vez ayudaría a que Shu se sintiese mejor.
Sus labios se encontraron y se unieron en un beso lento y perezoso, investigándose mutuamente con la lengua, redescubriendo la placentera y sosegada intimidad que habían perdido hace un tiempo entre los encuentros de sexo salvaje, el trabajo y las fechas tope. Hacía tiempo que no se sentaban juntos para simplemente disfrutar de la presencia y compañía del otro. Hacía tiempo que no se acariciaban y besaban sin que esto fuese el preámbulo de un encuentro sexual.
La lengua experta del mayor acariciaba la comisura de los labios del cantante, así como el labio inferior, mordiéndolo suavemente. Shuichi dejaba escapar uno que otro suspiro acompañados de algunos temblores incontenibles. La sola cercanía del novelista hacía que un cosquilleo lo invadiera y olvidara todo a su alrededor excepto el cuerpo del otro.
Eiri parecía que no lograba saciarse de Shuichi, sin importar la necesidad con la que lo besara, o el amor con el que lo abrazaba, o la pasión con la que le hacía el amor. Nunca tenía suficiente del crío, nunca estaba lo suficientemente unido a él, sin importar la fuerza con la que lo embestía para llegar a lo mas profundo. Sentía que su pecho estallaba al verlo, incapaz de contener la magnitud de sus sentimientos por él.
Así, la lengua del escritor invadió la boca del vocalista en búsqueda de una mayor unión e intimidad. El húmedo trozo de carne investigó lenta y parsimoniosamente esa cavidad que ya conocía tan bien, pero que resultaba tremendamente adictiva. Abrazó con más fuerza al cuerpo a su lado, una mano en los hombros y la otra en la cintura del cantante, acercándolo más a su propio cuerpo.
Shuichi se abrazó a su novio, sintiendo que estaba en el cielo. Entre sus cálidos brazos, disfrutando de sus besos, aroma y caricias, el mundo parecía ser el lugar perfecto. En ese momento podía ver a los tres juntos viviendo como una familia feliz, compartiendo sin fin de momentos de grato sosiego como ese.
La mano del rubio se deslizó hasta el firme trasero del adolescente, provocando que este soltara un respingo y Eiri sonriera ladino sobre sus labios, para luego seguir besándolo mientras se deleitaba con esa parte encantadora de la anatomía del cantante. Lentamente la mano pasó por la cadera, los muslos, e hizo su parada en el plano y tibio vientre de Shuichi. El cantante se congeló unos instantes mientras Yuki acariciaba la zona. Los besos pasaron de los labios al cuello y del cuello a la clavícula, para luego recostar a Shuichi sobre el colchón y pasar a dedicarse enteramente besar su vientre.
El cantante contuvo la respiración sin percatarse siquiera, pero a medida que el rubio repartía besos alrededor del ombligo comenzó a relajarse para disfrutar. Uesugi jugueteó largo rato en la tersa área; la respiración de ambos incrementándose gradualmente. Finalmente se abrazó a la cintura de su pequeño, apoyando la cabeza en su vientre. Shuichi lo recibió acariciando las doradas hebras de cabello.
Así permanecieron largo rato, hasta que finalmente ambos se quedaron dormidos con el cálido y reconfortante contacto del otro.
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Claude K. Winchester y Hiroshi Nakano llegaron juntos al departamento del primero para inmediatamente dejarse caer en el sofá de la sala. Hiro ni se preocupó por echar un vistazo al lujoso departamento de su, err... amante. Claro, tener la lengua de otra persona en tu esófago tiende a atraer toda tu atención. Así que nadie podía acusarlo a él, Hiroshi Nakano de sexópata, no señor. Si alguien era el sexópata, era ese endemoniadamente caliente y sexy americano del demonio. Sip, ese mismo, con sus tiernos ojos turquesas y su largo y sedoso cabello rubio dorado, y ese atlético físico que despertaba sus más primitivos instintos, y esa arma tan... ¡Ejém!. En fin...
Las fuertes manos del manager comenzaban a desprenderlo de sus estorbosas ropas para dejarlo a merced de su mirada y caricias mientras sus labios lo ahogaban a besos. Primero desabotonando la camisa y deslizándola con lentitud incitadora por los hombros del chico.
Velozmente se incrementó el pulso y la respiración de ambos, así como el calor que desprendían sus cuerpos. Habían iniciado el asalto al cuerpo del otro desde el elevador, y luego de haberse limitado todo el día a miradas insinuantes y sonrisas provocativas, estaban listos para devorarse mutuamente.
Ahora era el norteamericano el que llevaba las riendas de la situación, cubriendo al pelirrojo con besos hambrientos, tratando de saciar el hambre que aquel cuerpo despertaba. Hiro Emitía suspiros cada vez mas audibles a medida que las cosas se ponían mas calientes y ciertas partes de su cuerpo comenzaban a despertar. Manos jugueteando en la pretina de sus pantalones y besos en sus labios, en su cuello, en la clavícula, en el pecho, en el ombligo... Si... Sigue... Sigue... ¡No!. ¡¿Qué rayos?. ¿Por qué se detiene?.
El guitarrista observó algo atontado e incrédulo como el rubio se erguía para luego ponerse de pie y sonreírle mientras se apartaba unos mechones de cabellos del hermoso rostro masculino. Ambos respiraban pesadamente y tenían las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes.
"Si, muy lindo gringo del demonio. ¡Ahora vuelve a poner tus labios donde pertenecen, mierda!". Bueno, o al menos eso era lo que pensó el buen Nakano. Pero lo que salió de sus castos labios fue totalmente distinto:
- ¿Qué sucede?. - dicho sea de paso, en un intensamente acaramelado tono. Faltaba agregar un batir de pestañas y Nakano pasaría a ser la prostituta de N.C Records.
- Sorry, honey. I´m acting like an animal. Can I get you something?. (Lo siento, cariño. Estoy actuando como un animal. ¿Puedo traerte algo?).
"Si. ¿Qué tal tu °! en mi /()?¡". Pero una vez más, lo que salió de sus castos labios fue:
- Una cerveza estaría bien. - pidió con la voz ronca debido al intenso deseo que se forzaba a contener. Y claro, no quería que K pensara que era un ninfómano o un Tatsuha vulgar y corriente. Aunque no estaba seguro del estatus de su relación con Claude, sabía que no quería arruinarlo quemando todas sus posibilidades de tener algo serio más adelante mostrándose demasiado necesitado.
Aunque lo suyo con su manager era absoluta y completamente inapropiado, el guitarrista no podía evitarlo. Al principio por el magnífico sexo salvaje que tenían; K realmente era insaciable. Siempre esperaba encontrarlo solo para comenzar a asaltarlo con besos irresistibles, a los cuales, Hiro, en su santa inocencia, se resistía a responder (pese a haber sido él quién calentó la pava al americano hasta hacerlo reaccionar). Más tarde se entregó de lleno a los avasallantes ataque estratégicos del hombre, permitiéndole ver cuánto disfrutaba con ellos.
A medida que pasaba el tiempo y la emoción inicial de la "relación" seguía tan intensa como el primer día e incluso se incrementaba, el guitarrista tuvo que reconocer que K, para él, era más especial que un simple compañero de trabajo con el que gozaba de sexo increíble. No. El rubio tenía mucho más que ofrecer a parte de un MUY bien dotado... equipo. Claude tenía un encanto especial que lo atraía, no solo físicamente. Algo que lo llamaba a gritos.
Pero habían demasiados puntos en contra de la relación como para decidir involucrarse seriamente con él. Por una lado, estaba el factor de estar recientemente divorciado; y de seguro, con un montón de traumas encima que afectarían las posibilidades de tener una relación duradera. Porque si el pelirrojo decidía arriesgar su carrera y su imagen por una relación... ¡¡Mas valía que durara para SIEMPRE!.
Otro punto en contra era el hermoso hijo de Claude; tan bello y carismático como el increíblemente masculino y sensual padre. No es que no le gustara el mocoso... Sino que involucrarse seriamente con K significaría pasar a formar parte de la vida del niño, y él no estaba seguro de poder lidiar con tanto compromiso. ¡Él mismo apenas era una adolescente!.
Además, el americano era su manager, sin mencionar que a Seguchi-san no le agradaría nada la idea de que... ¡Arg!. ¡Habían tantas cosas que considerar!.
El adolescente observó como el rubio se dirigía a lo que suponía era la cocina sin apartar la mirada del firme trasero dentro de esos pantalones de vestir. La vestimenta tan formal de camisa, corbata y pantalones de K lo excitaban de sobremanera. Sin mencionar el arma que siempre cargaba consigo (N/A: Interprétenlo como quieran, jojojo!).
Cuando la excelente figura se perdió en las penumbras del departamento, Hiro se recostó nuevamente en el sofá, soltando un pesado suspiro y pasándose las manos por el cabello, mirando el techo. ¿Qué estaba haciendo?. Bueno, esa era fácil de responder: estaba en el departamento de su manager para que el rubio le diera pa´que tenga.
Nuevamente su conciencia comenzaba a trabajar, recordándole que su poco aconsejable relación con su manager no era solo inapropiada, sino también peligrosa. Peligrosa para él, para K, para Michael, para Bad Luck...
Hiroshi emitió un leve gruñido al exhalar pesadamente, tratando de acallar el raciocinio de su cerebro. Toda su vida había sido una persona racional y lógica, lo cual le había servido para no terminar como Shuichi -.-U Pero en ese momento, su pensamiento frío y calculador mas bien comenzaba a irritarlo y confundirlo.
Miles de pensamientos comenzaron a bombardearlo. Pero Nakano aún se hallaba bajo el hechizo de los besos y caricias de Claude como para pensar con otra cosa que no fuera su libido. Así que apartando de su mente todo lo que no estuviese relacionado con el tremendo culo que se mandaba el rubio, se puso de pie y se dirigió al balcón con intenciones de fumarse un cigarrillo. Sus pantalones desabrochados y la ausencia de su -hacía tan solo instantes- presente camiseta no le molestaron en absoluto.
Abrió la puerta de vidrio y al instante el frío viento de Tokyo lo recibió, dándole un escalofrío. Encendió parsimoniosamente un cigarrillo con algo de dificultad debido al viento, disfrutando de las luces de la gran ciudad y pensando que K sí que tenía muy buen gusto. Lo poco que había logrado ver del departamento en penumbras le parecía magnífico. Mucho mejor que su típico departamento japonés de un ambiente. Pero como casi nunca estaba, no necesitaba nada más amplio. La mayor parte de su tiempo ahora la pasaba en los estudios o con el rubio.
Y no se quejaba.
La bella humanidad de su amante no tardó en hacerse presente con dos latas de cerveza. El normalmente pulcro y formal hombre llevaba la camisa arrugada y con los cuatro primeros botones abiertos por las manos ansiosas del artista, minutos atrás. Unos mechones de cabellos dorados enmarcaban su rostro dándole un aire despreocupado. Así lucía mucho mas atractivo... Aunque también lucía bastante bien con sus trajes. Pero a Hiroshi le parecía que lucía sencillamente magnífico completamente desnudo y sobre él.
El guitarrista sonrió un tanto avieso ante ese pensamiento y tomó la bebida que se le ofrecía con una sonrisa. Soltó el humo del cigarrillo con lentitud antes de darle un sorbo a la cerveza helada. Esto ayudó a calmar un poco el inquietante calor que bullía dentro suyo.
- Tienes muy buena vista desde aquí. - comentó casualmente el mas joven, admirando desde su lugar en el balcón todas las luces y la vida que desprendía la cuidad.
- Si, muy buena... - susurró sensualmente el aludido. Nakano giró el rostro hacia él, sonrojándose levemente al percatarse de la elocuente mirada que le dirigía el americano.
Bueno, no era una hormonal colegiala que se sonrojaba y reía como tonta por cualquier cosa. ¡Pero bueh, como hombre no estaba acostumbrado a recibir esas indirectas tan directas y halagadoras. Y el rubio se las arreglaba de alguna manera para no hacerle sentir demasiado uke. ¡Si, bueno!. Disfrutaba de las atenciones, los cumplidos y del papel de sumiso en la relación... ¡Pero al menos déjenle pensar que aún era hombre!. ¡Chh!. El que disfrutara como loco con cierta parte del rubio entrando y saliendo de cierta parte de su cuerpo no lo convertía en la hembra... ¿Verdad?. ¿¡VERDAD?.
Gracias u.u
Antes de que Hiro pudiese proseguir con su discusión consigo mismo, la maestras manos de Claude se posaron en su cintura desde atrás, atrayendo el cuerpo del muchacho hacia el amplio pecho del hombre mayor. El rubio deslizó la helada lata de cerveza con lentitud a través del cálido vientre desnudo del pelirrojo, arrancándole un respingo de sorpresa y provocándolo un estremecimiento mientras dejaba caer su cigarrillo.
Hiroshi emitió un gruñido de contrariedad ante tal desperdicio de nicotina, y pudo sentir a su torturador sonreír a lado de su oreja, así como su respiración caliente sobre su cuello descubierto.
Otro estremecimiento lo recorrió, pero esta vez de excitación y anticipación.
El guitarrista, que ya había estado excitado con los besos y caricias previas, retomó el hilo del asunto inconcluso rápidamente.
Cuando empezó a involucrarse sexualmente con el gringo descubrió que, muy a su pesar, cuando se trataba del rubio, se excitaba tan rápido como un virgen puberto. Solo unos besos y roces descuidados de parte del rubio y él ya estaba más que listo. Cosa que era endemoniadamente jodida y dolorosa, ya que al maldito Winchester le gustaba prolongar el juego previo cuando disponían del tiempo; y para el colmo no le permitía tocarse para obtener alivio.
Los suspiros se incrementaron de parte del más joven a medida que las manos frías se movían por su cuerpo, acariciando su pecho y su vientre con lentitud a la par que numerosos besos eran repartidos en la extensión de piel que iba desde la base del cuello hasta la mandíbula y las mejillas. Besos húmedos y lentos, parsimoniosos. Si, esos malditos besos que K utilizaba cuando sabía que él ya estaba excitado y se moría por más.
El chico emitió un resuello deseoso y buscó mayor contacto con el cuerpo de su pareja, restregándose lascivamente contra la hombría del rubio que comenzaba a despertar, logrando arrancarle un suave gruñido en respuesta. Hiro sonrió y puso mayor ahínco en su tarea, comenzando a gemir y suspirar sensualmente con mayor intensidad mientras frotaba su trasero contra el miembro despierto de K. Su plan era de excitar al hombre lo suficiente como para que lo tomara de una buena vez. Sabía que si se lo pedía al rubio, éste lo seguiría torturando con besos y caricias solo para ver su expresión de padecimiento.
El pelirrojo se percató de que la respiración de su amante aumentaba, emitiendo uno que otro suave suspiro debido al roce que imponía tan impúdicamente entre sus zonas erógenas. Su sonrisa se acentuó al ver como una de las manos del mayor se detenía en su cadera para unirlos más, y la otra bajaba por su terso vientre hasta perderse dentro de sus pantalones desabrochados.
- You shouldn´t wear underwear (No deberías usar ropa interior) -susurró en su oído Claude, la voz áspera por el deseo.
El adolescente rió bajo por el comentario, satisfecho de lograr ese efecto en su amante. Soltó un ondo suspiro, reclinándose cómodamente en el firme pecho de su pareja con los ojos cerrados y sonriendo mientras sentía los dedos del hombre recorrer la goma de su ropa interior.
- Mmm... Hazlo de una vez... - imploró en tono graciosamente quejoso. Y como por arte de magia e ingente crueldad, la mano se retiró instantáneamente. - ¡¿Qué diablos...? - maldijo ofuscado el guitarrista, tratando de girarse para mirar a rubio. Pero las manos de éste presionando sobre sus caderas y atrayéndolo con fuerzas hacia su pelvis se lo impidieron.
K presionó las estrechas caderas del chico contra su duro miembro, mordiéndose el labio inferior para contener cualquier vocalización. Acercó los labios al oído del muchacho para susurrarle con cierta mofa:
- Amor... Sabes que me gusta cuando me hablas en inglés... - Y era cierto... Pero también amaba la expresión de contrariedad mezclada con placer en el hermoso rostro del chico cuando se veía obligado a realizar sus pedidos sexuales en otro idioma.
Hiroshi no replicó, demasiado caliente como para recordar las lecciones de inglés con el miembro erecto de K presionando excitantemente contra su trasero. Su propio miembro estaba tan duro y sensible que la prisión de la tela de sus vaqueros era una tortura.
Liberó un suspiro, apoyando completamente la cabeza en el pecho de K y tomando las caderas del mismo con ambas manos para obligarlo a presionar más su pelvis contra su trasero, restregándose contra la erección punzante.
- You´re a horney little thing, are´t ya?. - ronroneó divertido el americano ante tal acción, subiendo las manos hasta la pequeña cintura del chico, hundiendo los dedos en la carne.
- Mmm... - suspiró, también divertido por el comentario. - K... Por favor...
- In english, my love (En inglés, mi amor) - insistió.
- Shimatta... (mierda) (N/A: eso es japonés, por las dudas) - maldijo por lo bajo.
- I won´t help you unless you ask me in english (No te ayudaré al menos que me lo pidas en inglés).
Se oyó un quejido de protesta proveniente de los labios de un muy excitado Hiro. ¿Cómo rayos K esperaba que pensara estando así de caliente?. Lo único que podía pensar era en tener al maldito sádico dentro suyo; fuerte y duro. De lo contrario se volvería loco.
Su miembro pugnaba por ser liberado de la regia tela de sus pantalones. Estaba tan excitado que dolía, y al parecer el maldito yankee del demonio estaba decidido a jugar con él. Así que decidió arreglárselas por su cuenta de manera clandestina.
Pero para su mala suerte, K le dio una fuerte palmada en la mano cuando se percató que trataba de aliviarse él mismo.
Nuevamente Hiro emitió otro quejido de protesta.
Entonces el adulto lo giró rápidamente, atrapando su boca con un furioso beso que robó a ambos el aire. La lengua del mayor recorría su labio inferior, mordisqueándolo suavemente para luego explorar el interior de esa húmeda cavidad.
Las manos de Claude bajaron hasta las pequeñas y firmes nalgas del joven, apretándolas con fuerza y haciendo que sus cuerpos se unieran más, sus erecciones rozándose y enviando placenteros escalofríos por el cuerpo de ambos.
Se separaron jadeantes. Las mejillas de Nakano estaban sonrojadas y sus hermosos ojos entrecerrados por el placer lucían un encantador brillo.
- ¿Estás listo para rogar?. - se sonrió con seguridad el americano. Aunque estaba bastante convencido de que se violaría al chico aún si no lograba hacerlo hablar en su lengua. Después de todo, ya estaba bastante excitado; ahora solo trataba de fastidiarlo.
El aludido tardó un momento en responder, buscando las palabras en su cabeza. Pero nada salía de su boca a parte de gemidos ahogados y resuellos mientras K embestía suavemente contra su pelvis haciendo que sus miembros se tocaran.
Si el rubio no paraba con eso, terminaría en sus pantalones ahí mismo.
Perdiendo la paciencia, K tomó al chico de la cintura y lo besó furiosamente arrastrándolo dentro del departamento, con dirección a la habitación. Estaba tan caliente que sentía se podía coger al guitarrista toda la noche; le hablase en inglés o no. Tan solo sus gemidos y suspiros eran afrodisíaco suficiente para disparar su excitación al límite.
Cuando llegaron al cuarto lo empujó sin mucho cuidado sobre la cama y procedió con ímpetu a desabotonarse la camisa sin apartar la mirada del sensual cuerpo que descansaba desparramado sobre su cama, devolviéndole la misma mirada deseosa.
Hiroshi respiraba aceleradamente, evocando toda su fuerza de voluntad para no correrse mientras se deleitaba con la masculina silueta de su amante desnudándose frente a él.
Cuando Claude procedió a desabotonarse los pantalones, el guitarrista emitió un corto gemido, creyendo que no duraría mucho más. Los imponentes músculos del rubio tensándose mientras se desvestía, su cálida piel reluciendo bajo la intrusa luz de luna, su firme pecho al descubierto, ese torso tan masculino, la sensual hendidura de su pelvis, sus hermosos ojos fijos y deseosos clavados en él.
Así, la sensual anatomía del americano quedó totalmente expuesta ante sus ojos. Y aunque Hiro lo había visto numerosas veces con anterioridad, nunca antes con tal amplitud. Generalmente estaban muy apurados haciéndolo en algún baño o pasillo. O a veces con mas lentitud en hoteles. Pero Hiroshi nunca había tenido la oportunidad de deleitarse de esa manera tan directa y sin restricciones con el cuerpo de su amante.
Y debía admitir que se había ganado la lotería.
Sin preámbulos, el rubio se recostó a lado del guitarrista y comenzó a besarlo hambrientamente recibiendo instantáneamente la misma respuesta. Las manos de ambos se deslizaba por el cuerpo del otro, tratando de apretar y acariciar la mayor extensión de carne posible.
El manager deslizó una mano por la curva de la cintura de su amante, deteniéndose al encontrarse con el borde de los vaqueros desabrochados de chico.
- ¿Aún tienes esto?. - bufó, arrebatándoselos antes de que el pelirrojo pudiese chistar, rozando su sensible miembro en el proceso.
Quedaron ambos completamente desnudos, tocándose y besándose de manera frenética, sintiendo cada centímetro de sus pieles en ese íntimo y erótico contacto.
- Eres hermoso, Hiro... - murmuró con voz ronca el hombre, entre beso y beso.
Sus cálidos labios viajaron por su rostro, bajaron por su delicado cuello y se posaron en la hendidura de la clavícula para luego continuar pasando por el pecho hasta el terso vientre. Ahí se detuvo a acariciarlo, repartir besos y a jugar con la lengua en su ombligo, haciendo que el sometido se retorciera emitiendo suaves resuellos mientras se aferraba a las sábanas de la cama.
- Hmm... K...
- Eres delicioso, darling...
Claude dejó el vientre del chico para dirigirse a su entrepierna, besando los muslos internos hasta llegar el miembro dolorosamente listo de Hiro, que brillaba húmedo. El pelirrojo se aferró con más fuerzas a las sábanas de la cama, temblando con anticipación. Un magnífico estremecimiento de placer recorría todo su cuerpo hasta terminar en su miembro.
Winchester optó por no darle alivio... aún. Quería que terminaran al mismo tiempo para disfrutar de las mismas sensaciones con la misma intensidad. Así que tuvo cuidado de no tocar ni rozar el miembro del chico, porque estaba seguro que con la mínima estimulación Hiro se correría, quedando exhausto y dejándolo a él con las ganas.
El rubio se dirigió nuevamente a los labios del muchacho, separando sus piernas con las rodillas para situarse entre ellas. Se acomodó sobre el delicado cuerpo del guitarrista, que lo recibió gustoso, ambos disfrutando de ese contacto tan íntimo y delicioso entre sus cuerpos.
- Claude... ah... - suspiraba mientras el americano embestía suavemente contra él, empujando eróticamente sobre su cuerpo.
El adolescente podía sentir la hombría del hombre presionando deseosa contra su vientre; y se estremeció de placer, creyendo que se volvería loco si K no lo tomaba en ese momento. No sabía cuanto tiempo más podría aguantar.
- ¡Ah, Claude!. - gimió más alto. El aludido sonrió avieso: Hiroshi solo lo llamaba por su nombre de pila cuando estaba completamente excitado.
- Yes, love?. - inquirió con fingida inocencia sin detener el suave vaivén sobre ese hermoso cuerpo, acompañado con unos mordiscos en el lóbulo de la oreja del guitarrista.
- ¡Ah!. ¡Por favor...!
- Yes...? - preguntó, prosiguiendo a torturar los pezones del chico con los dientes para luego lamerlos.
- Please... mmm... - ¡Diablos!. No encontraba las palabras en su mente confusa para formular su pedido. En su cabeza tan solo se repetía una y otra vez: "¡¡HÁZMELO YA, MIERDA!"
El hombre, sabiendo que estaba a punto de lograr lo que quería del chico, tomó un mechón de esos finos cabellos rojizos entre sus manos, estirándolos con algo de rudeza para así asaltar el cuello expuesto con un sin fin de besos cortos hasta llegar nuevamente a esos carnosos y ardientes labios.
- ¿Quieres pedirme algo, honey?. - murmuró.
- Ah... Yes...
- What is it...? (¿Qué es?) - apremió en tono sensual, deslizando dos dedos entre los labios del chico, destinados a prepararlo posteriormente para la penetración.
La cálida lengua de Hiroshi envolvió los dedos, lamiéndolos eróticamente al mismo tiempo que el rubio los metía y sacaba suavemente, imitando el tan deseado movimiento de vaivén.
- You know damn well...! (Lo sabes muy bien!) - soltó quejumbroso, frunciendo levemente el ceño. Alejó los dedos de K de sus labios, ansioso por ir de una vez al punto. ¡Al diablo la preparación!. - Stop playing and just do it! (Deja de jugar y solo hazlo!)
Ahogó un fuerte gemido al sentir la manera en que K rozaba sus miembros calientes y húmedos, sonriendo de manera ladina.
- Quiero oírte pedirlo. - se movió un poco, arrancando un jadeo al muchacho. - Sabes que me excita la forma tan sucia con la que lo gritas.
Claude tomó su erección con una mano y la introdujo entre las nalgas del adolescente para presionar alrededor de la carnosa abertura. Ante tal acto, el chico emitió un fuerte gemido que fue incapaz de ahogar, y se frotó contra el cuerpo del hombre, completamente sonrojado y jadeando.
- Dilo... - apremió a punto de reír ante la expresión de contrariedad del guitarrista.
- ¡Oh, Claude...! Mmm... Do me... (Házmelo...) - susurró, a punto de volverse loco con los movimientos del manager sobre él.
- Mm... That´s clouse... But not it. (Cerca... Pero no es eso)- besó sus labios al mismo tiempo que localizaba su hombría sobre la estrecha entrada, presionando para que Hiro sintiera la punta palpitante. El apretado anillo no cedió en absoluto ante el contacto, excitando aún más al hombre ante tal estrechez.
- ¡Cómo diablos se supone que pueda pensar contigo haciendo eso!.- protestó enérgicamente, aferrándose a los fuertes brazos de su torturador.
El americano sonrió ante su desesperación y continuó incitándolo con suaves embestidas que rozaban torturadoramente la deseosa entrada del artista, arrancándole gemidos impacientes y suspiros. Sus labios recorrían con lentitud su rostro y sus ojos se deleitaban con el ceño fruncido de Hiroshi.
El americano apoyó una mano en el colchón, a lado del rostro sofocado el guitarrista, y la otra a lado de la cintura del mismo, separándose un poco para ver la expresión de su rostro con una sonrisa. Hiro tenía los ojos cerrados, las mejillas sonrojadas por la pasión, los labios hinchados, húmedos y entreabiertos, jadeando. Abrió sus bonitos ojos y los enfocó en el americano de manera implorante.
Claude ensanchó aún más su sonrisa al verlo de esa manera.
- Ok. I¨ll help you. (Está bien. Te ayudaré). - accedió finalmente cuando se percató que se había excitado tremendamente fastidiando al niño y que no aguantaría mucho más tiempo.
Así que tomó los tersos muslos del adolescente, subiéndolos hasta la altura de sus hombros para levantar levemente las caderas del muchacho y acomodarla cerca de su miembro.
- Claude... - gimoteó ansioso al ver que el americano no lo penetraba de una vez.
- What do you want me to do, my love?. (¿Qué quieres que haga, mi amor?) - le preguntó con voz ronca mientras restregaba la nariz en la mejilla del chico, impaciente por sentirse en el angosto pasaje, abriéndose paso entre la carne caliente.
- Ah...! Fuck me, Claude!. - prácticamente gritó al recordar las palabras. ¿Cómo era posible que se le hubiera olvidado esa palabra TAN clave y de suprema relevancia?. - Fuck me hard!. Oww... Hurry!.
El gringo sonrió aliviado al oír finalmente lo que sus oídos habían deseado. Y es que esos ritos impacientes del guitarrista, implorando de manera tan vulgar y clara, lo volvían loco.
- Take me now!. (Tómame ahora). - al parecer el chico había recibido la divina inspiración para el idioma, e imploraba de todas la maneras habidas y por haber. - ¡Oh, fuck!. - volvió a gritar, maldiciendo, pero esta vez fue de dolor al sentir la intromisión dentro de su cuerpo.
El manager presionó con ímpetu el anillo de músculos, atravesándolo con cierta dificultad por la falta de preparación. Una vez dentro, deslizarse completamente introduciendo toda su longitud fue más fácil gracias al fluido de pre eyaculación que lo cubría la cabeza de su miembro.
Gimió ronco al sentir como el pasaje del guitarrista se ajustaba a él a la perfección; las paredes dilatándose a su paso, envolviendo su hinchada y palpitante erección en un cálido y húmedo abrazo que lo volvía loco. Se hundió en él hasta alcanzar el tope, viendo desaparecer su miembro completo dentro del guitarrista.
Al sentirlo hasta el final, Hiroshi arqueó la espalda, emitiendo un gemido quedo. Luego suspiró y se relajó, abrazándose a la cintura de Calude. El mayor mantenía sus muslos separados a la par que lentamente comenzaba con los movimientos de vaivén, haciéndolo respingar con cada embestida. Podía sentir ese prominente miembro dentro suyo, entrar y salir, quemándolo por dentro, empujando la carne para abrirse paso, dilatándolo dolorosamente.
El americano se movía maravillosamente sobre él, y se deslizaba gustosamente dentro suyo. Podía sentir su caliente miembro palpitar mientras lo penetraba, acelerando el ritmo paulatinamente cuando sus cuerpos demandaron más poder y comunión. Sentía que no lograba saciarse del chico, por más profundo que estuviese clavado en él.
No tardaron en oírse fuertes gemidos y quejidos quedos en la habitación, al igual que el continuo y rítmico golpeteo de la cama contra la pared. El nombre del amante en los labios del otro se emitía constantemente al igual que los suspiros.
La velocidad e intensidad de las embestidas rápidamente se aceleraron, haciéndose más fuertes a medida que los cuerpos de ambos exigían mayor rigor, acercándose vertiginosamente al punto de culminación. Un perturbador pero agradable cosquilleo recorría sus cuerpos, concentrándose dolorosamente en sus miembros, anunciando que el orgasmo estaba por llegar.
- Harder! (Más duro!) - gimoteó el pelirrojo, aferrándose a las sábanas. El manager separó aún más sus muslos, acomodándose mejor entre sus piernas y embistió con más ímpetu. - ¡Oh...! ¡Claude!.
- You like that, don´t ya? (Te gusta eso, ¿no?) - murmuró Claude luego de emitir un excitante sonido gutural al sentir la cavidad contraerse debido a los espasmos del orgasmo muy próximo, apretando su hombría.
- Oh, yes!. Ah...!
- Oh my... You really are noisy, you konw that?. (Realmente eres muy ruidoso, ¿lo sabías?) - lo fastidió, temblando a punto de llegar al punto culminante, arremetiendo con más bríos. - - Mm... Harder, Claude!. - ignoró el comentario, demasiado extasiado como para pensar en una respuesta mordaz.
El rubio honró la petición, obedeciendo al instante, arremetiendo esa cavidad con furia; su miembro hundiéndose profundamente entre la carne caliente para salir nuevamente y hundirse otra vez con mayor fuerza. Podía sentir el interior del pelirrojo calentarse por la fricción entre su hombría y las paredes del canal, lo que hacía las penetraciones más placenteras. Hiro se quejaba con cada embestida, empujando al rubio al límite.
- Honey, you feel amazing. - gruñó el adulto, echando la cabeza hacia atrás y empujando rudamente las caderas del chico contra su miembro.
Un escalofrío recorrió el cuerpo del americano, así como un fuerte estremecimiento que anunciaba el punto pico. Su mente se nubló, borrando cualquier pensamiento o idea, sumiéndolo en un grato vacío en donde tan solo experimentaba ese fuerte orgasmo que estaba llegando.
Con un grito que más bien asemejaba a un rugido, Winchester sostuvo las caderas de Hiro con firmeza alrededor de su pene mientras eyaculaba fuertemente dentro del estrecho pasaje que estaba invadiendo, arrancándole al chico un sonoro quejido en respuesta mientras se arqueaba.
Todo lo que Hiroshi necesitó para alcanzar el orgasmo fue sentir al americano venirse dentro de él, llenándolo con su cálida esencia. Emitió un grito al mismo tiempo que se corría, bañando el vientre de ambos con su semilla.
El rubio lo embistió bruscamente un par de veces más mientras se desvaciaba completamente dentro de él, logrando robar al chico unos últimos quejidos callados antes de desplomarse sobre él. Ambos jadeando, exhausto y sudoroso. Los espasmos del fuerte orgasmo que los sacudió bañando cada fibra de sus cuerpos menguaban lentamente, dejando atrás y calmo vacío y sensación de serenidad.
- You were great, love (Estuviste genial, amor). - ronroneó K una vez que recuperó el aire, abrazándose al chico, quién le respondió con un rápido beso en los labios.
El hombre retiró su húmedo miembro del interior el adolescente, oyendo un gemido por parte del mismo ante la súbita sensación de vacío y el dolor agudo en su intimidad al ser evacuada. Sentía los fluidos del rubio deslizarse en su interior, saliendo de su pasaje y recorriendo la parte interna de sus muslos.
Winchester se recostó a lado de su pareja, lo besó suavemente y lo envolvió con sus brazos.
- Descansa un rato, que dentro de un rato querré otra ronda. - susurró en la oreja de un agotado guitarrista, que se removió sorprendido.
- Mmm... Eres un abusivo... - comenzó a protestar, pero fue callado por los labios del americando. - Y un corruptor de menores... - añadió frunciendo el ceño cuando esos labios abandonaron los suyos.
- Hum... ¿Lo soy...? - polemizó, dejando una mano alcanzar el miembro dormido de Hiro para acariciarlo, arrancando un respingo al pelirrojo.
- Ah... Si... Y un explotador en el trabajo... Uh...Basta, K, por favor. ¡Estoy agotado!. - se quejó, removiéndose apenas bajo el tacto del mayor, que sonrió antes de empezar a besar el cuello de su contraparte.
- Oh, my love, pero tu mismo lo dijiste; soy un explotador. Así que date vuelta antes que te obligue.
- ¡Claude!.
- Now!.
- Te denunciaré con la policía por violación y explotación de menores...
- Ok... But ´till then, your ass is mine ( Ok. Pero hasta entones, tu trasero es mío). Y aprovechando que Michael no está en casa, tengo intenciones de cogérmelo toda la noche hasta que sangres. Así que date vuelta. - insistió, incorporándose sobre un codo para ayudar al adolescente a ponerse boca abajo.
- Ush, está bien. Pero luego me dejas llegar dos horas mas tarde al trabajo. - gruñó, cambiando de posición.
- Olvídalo. - denegó el rubio, situándose detrás del chico y comenzando a acariciar su glúteos.
- ¡K!. - protestó irritado. ¿Cómo el americano podía ser tan adicto al trabajo?. Siempre estaba antes de hora en todos los compromisos, siempre planeando alguna cosa para la banda, siempre amenazándolos con su artillería cuando ya estaban exhaustos de tanto trabajo...
Bueno, al menos el mismo empeño que ponía en el trabajo, ponía en la cama.
Hiroshi sonrió con satisfacción.
- Ok, ok. Cuarenta minutos más tarde. Now shut up and spred your legs furder (Ahora cállate y separa mas tus piernas).
El pelirrojo soltó una risa divertida ante la reticencia del rubio y obedeció, dedicándole una mirada agradecida. El americano le sonrió en respuesta de una manera que le sacó el aliento y aceleró su corazón.
"Diablos... ¿Cómo le hace para hacerme sentir de esta manera?"
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Shuichi tenía la sensación de haber cerrado los ojos hacía apenas unos instantes cuando Yuki lo despertó para ir a la discográfica.
- ¡Vamos, Shu!. - le susurró el rubio al oído al mismo tiempo que hundía el rostro en el cuello del somnoliento chico. - Pensé que ya habías despertado hace tiempo...
Shuichi podía percibir el suave aroma de la colonia para después de afeitar de su novio como desde hace tiempo no lo hacía, pues usualmente se veía opacada por el olor a cigarrillos y cerveza. Inhaló profundamente ese perfume que tantos recuerdos y sensaciones le traía; todos gratos y felices. Posó las manos sobre los brazos opresores de su novio, disfrutando de su cercanía y calidez, preguntándose la razón por el repentino interés del novelista en su rutina. Normalmente apenas si reparaba cuando él salía del departamento.
Lentamente el pelirrosa se desperezó cual gato bajo la mirada divertida de su novio. De mala gana se sentó y con dificultad logró ponerse de pie, percatándose al instante de que algo no estaba bien.
- ¿Pasa algo?. - interrogó la profunda voz del mayor, apoyado en un codo sobre el colchón y con los ojos fijos en la expresión de incomodidad del cantante.
Shuichi no sabía bien qué responder. Un dolor punzante en la sien imposible de ignorar y un extraño malestar que no podía definir lo aquejaban. Se preguntó si tendría que ver con el cansancio o con el embarazo... O con ambos.
- No... Nada. - replicó finalmente con un hilo de voz.
El Uesugi apretó los labios, levemente irritado por la pequeña mentira de Shuichi. Toda esa situación con su pareja comenzaba a molestarle. Sentía que algo pasaba, pero no podía hacer nada si el mocoso insistía en que todo andaba bien. ¡Rayos!. Y el no tenía perra idea de qué podía ser lo que acongojaba a Shu... Al menos no algo concreto.
- Ve al bañarte y yo te prepararé el desayuno. - ordenó con sequedad, en un poco usual arranque de generosidad. Shuichi era quien siempre preparaba el desayuno para ambos, por mas atrasado que estuviese. Si no fuera por el estricto control de su salud a manos del enano, el escritor se la pasaría días a base de cigarrillos y cerveza.
Sin mirar por segunda vez al novelista, Shindou se dirigió al baño arrastrando los pies, sosteniéndose de las paredes disimuladamente. Parecía que no hubiera descansado en absoluto la noche anterior, pese a que durmió profundamente. Sentía los párpados pesados y el cuerpo sin energías, rogando por permanecer descansando.
"Tal vez sería mejor quedarme a descansar por el bebé...", dudó mientras cerraba la puerta del baño y comenzaba a desvestirse con pereza. "Pero ya no puedo fallar en el trabajo... Y además Yuki comenzará a hacer preguntas si me quedo".
Se metió a la ducha, esperando que el agua se llevara un poco del cansancio y lo despabilara lo suficiente.
Continuó con su rutina matutina por inercia, arrastrado por sus pies, sin procesar mentalmente lo que estaba haciendo. Su cabeza permanecía en blanco, como si siguiese durmiendo. Se vistió con lo primero que encontró y salió del cuarto. El dolor de cabeza parecía haber menguado con la ducha, pero esa extraña sensación de incomodidad se había incrementado.
Al salir del baño pudo percibir el aroma del desayuno que Yuki preparaba en la cocina, impulsando el acto de aparición de las náuseas por primera vez. Sintió el estómago removerse, cada vez con mayor intensidad con cada paso que daba hacia el origen del aroma. "¿Qué me está pasando?", chilló mentalmente, alarmado. Al entrar a la cocina, el aroma del omelette y del tocino incrementaron el malestar hasta el punto de hacerlo intolerable.
Sentía que el estómago le daba vueltas y que el aire le faltaba, así como el dolor punzante en la cien reapareció con mayor intensidad. Llevó una mano a la boca y la otra al vientre, apoyándose en el marco de la puerta para no caer. Sentía la cabeza caliente y el resto del cuerpo frío y su respiración se había tornado errática, lo que hacía muy difícil contener las náuseas.
Yuki reparó en su expresión de asco, arqueando una ceja con intriga. Antes que pudiera preguntarle que sucedía, Shuichi salió disparado de la cocina con dirección al baño seguido por la preocupada mirada dorada.
Rato después, el novelista fue a buscarlo al baño, curioso por la reacción del vocalista. Se encontró con él en el pasillo y al instante notó que algo no estaba bien. Shuichi lucía pálido, sudoroso y respiraba agitadamente.
Nuevamente, antes de que pudiese preguntar algo, Shu bajó la cabeza con nerviosismo y pasó por su lado como si no lo hubiese visto, dejándolo perplejo. Eiri frunció el ceño contrariado por todo ese silencio y lo siguió hasta la sala resuelto a descubrir qué estaba pasando con el niño.
Juntando paciencia para hablar de buen modo al mocoso malcriado, respiró profundo, frotándose el rostro con ambas manos en un gesto desesperado mientras Shuichi preparaba sus cosas con una apariencia de muerto más que de vivo.
- ¿Pasa algo?. ¿Te sientes mal?. - preguntó en su típico tono monocorde, sin que su preocupación se viese reflejada. "Y no me digas que todo está bien porque te mato", pensó, clavando la mirada escrutadora en la pequeña silueta, cuyos ojos lo rehuían.
- Todo está bien, Yuki. - murmuró en respuesta su pareja con voz aguda.
"¡¡Grrr!. ¡¡Mocoso del demonio!. ¡Lo mato!"
Shuichi luchaba por esconder su malestar. Sentía un nudo en la garganta, el corazón agitado, el dolor en la cien se le hacía insoportable y para el colmo, las pocas energías que había reunido con el relajante baño las perdió en el inodoro junto con todo lo que había comido durante la semana..
Pasó una mano por sus cabellos a la par que tomaba aire, buscando relajarse. Daría lo que fuera por quedarse en la cama... Tal vez era hora de decir lo del embarazo. No podía poner en riesgo la salud del bebé; no se perdonaría si algo le pasaba.
- Como quieras. - cedió a regañadientes el rubio ante la terquedad del niño, logrando arrancarlo de sus pensamientos. - Ven a desayunar. - añadió en tono cortante.
El vocalista permaneció parado donde estaba, con la vista fija en el suelo y abrazando su bolsón contra su pecho, ignorando olímpicamente al malhumorado escritor mientras trataba de tomar una resolución.
Eiri soltó un gruñido de exasperación antes de dirigirse a la cocina. Pero a medio camino oyó la vocecita del niño que lo llamaba.
- Yuki... - el aludido detuvo sus pasos y lo miró con severidad y clara irritación. Shu no separó la vista del suelo. - ¿Me llevarías a la discográfica?. - antes de darle la oportunidad al rubio de comenzar a protestar y maldecir, añadió con voz quebrada. - Por favor... De verdad no te lo pediría si no lo necesitara.
El novelista contuvo las palabras que pugnaban por salir de su boca en ese momento al ver a Shu tan afligido y enfermo. El persistente comportamiento anormal del cantante había movido ideas en su cabeza para tratar de averiguar qué podía haberlo provocado y por qué no quería discutirlo con él, como siempre lo hacía.
No tenía idea de lo que estaba sucediendo, pero presentía que era algo importante, y que él debía estar al tanto para ayudar a su koi, pues era obvio que éste no podía manejarlo solo. ¿Estaría enfermo?. ¿O estaba molesto con él?. ¿Estaba relacionado con el trabajo?.
Su incomodidad e irritación crecían vertiginosamente como resultado de su incapacidad por averiguar lo que le sucedía al pelirrosa. Pero no quería presionarlo (por más que lo estuviera sacando de quicio con toda esa actuación melodramática) y se tragó la rabia, respirando hondo.
Soltó pesadamente el aire sostenido en sus pulmones, emitiendo un leve gruñido de frustración. Se restregó nuevamente el rostro con las manos, reuniendo la suficiente serenidad para no ahorcar al crío del demonio.
- Está bien. - respondió finalmente; su voz emitida en un bajo siseo. - Ven a desayunar...
Nuevamente, el pequeño cantante permaneció quieto en su lugar, sin alzar los ojos. Eiri rodó los suyos, a punto de perder los estribos y cometer asesinato... Pero se contuvo una vez mas al recordar lo acongojado que veía al chico los últimos días.
- ¿Y ahora que?. - zumbó con impaciencia.
- No tengo hambre, Yuki. - murmuró el otro, su voz apenas audible.
El novelista comenzó a desarrollar ese tic nervioso en la ceja... Sip, ese que le alerta que está próximo a alcanzar su límite. Cerró los puños con fuerza, respirando hondo.
- ¡Y para eso me hiciste prepararte toda esa comida!. - ladró. Shu pegó un respingo, encogiéndose.
- Lo siento Yuki... No me siento bien...
- ¡Pero acabaste de decir que no pasaba nada!. - rebatió con brusquedad, su ira creciendo a medida que le daba rienda suelta. Pero al procesar lo último dicho por Shuichi, cerró la boca antes de empeorar la situación. - Hmm... ¿Y qué te pasa?. - trató de suavizar su tono, pero fracasó miserablemente al oírse hablar con la misma sequedad de siempre. Se pateó mentalmente por sus nulas habilidades diplomáticas.
- Estoy cansado, nada más. - contestó con un tanto de nerviosismo, sin mirarlo.
El mayor aceptó esa explicación, por el momento. Después indagaría mas a fondo lo que sucedía, ya que tenía el presentimiento de que era algo mucho más relevante que solo "cansancio". Shu había estado actuando de manera muy reservada, lo cual era demasiado raro para ese enano que no podía mantener la boca cerrada. Además estaba más emotivo (para desgracia del novelista) y también se percató en ese momento de que el vocalista lucía muy desmejorado -lo cual podía deberse al cansancio-.
Pero no. Lo conocía lo suficiente como para saber que el cansancio no detenía al tornado con patas. Y su instinto le decía que había muy importante detrás de todo ese despliegue de comportamiento bizarro.
- De acuerdo. - accedió en un susurro. Quiso pedirle que esa noche, al volver del trabajo, le contara qué le sucedía exactamente. Pero su orgullo se lo impidió. ¿Desde cuándo rogaba él para que Shu le hablara?. ¡Normalmente rogaba para que se callara!. Además, sospechaba que el cantante no largaría prenda como en las oportunidades anteriores.
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El trayecto hasta la discográfica se realizó en el más absoluto silencio. El ambiente era tan tenso que podía cortarse con un cuchillo.
Eiri estaba demasiado abrumado como para siquiera dirigirle la palabra a su koi. Se sentía frustrado, furioso, preocupado, triste, desilusionado, traicionado... ¡Y todo al mismo tiempo!. La cantidad de emociones lo avasallaba, nublando su raciocinio. El estado y la actitud de Shuichi lo dejaban tanto sorprendido como preocupado y molesto, sin saber exactamente por qué. ¿Cuándo el niño se había vuelto tan importante para él?. ¿Cuándo había perdido el control de la situación y se había enamorado?.
Continuará...
N/A: Se acerca el momento en que Shu le da la noticia a Yuki... Todo depende de los reviews para saber si sigo el fic o me pongo a dormir el resto de las vacas.
Disculpas si hay algún error, sobre todo en mi inglés 9.9. No se les hace divina la pareja KxHiro?. Siempre me pregunté por qué no hay mas fics de ellos... A ver si este fic alienta a alguien a hacer uno!.
Siéntanse libre de hacer cualquier pedido de escenas o situaciones!. Trataré de satisfacerlos con mucho gusto. No pido críticas constructivas porque este fic es un chiste cruel a mi amor por la literatura u.u
Pero claro, reviews alentando a no cortarme los dedos y de plano dedicarme a hacer algo productivo son siempre bien recibidos.
