Capítulo 2

El lunes, Hermione se arrastró hasta su trabajo.

Como era usual, su escritorio tenía pilas de trabajo pendiente. Gruesos expedientes y un montón de memos aquí y allá, desde crups extraviados, (cómo terminó eso en su escritorio, era un misterio), hasta la cría ilegal de unicornios, y los siempre presentes, supuestos avistamientos de mantícoras. La mayor parte del tiempo, aquello solo era trabajo, pero hoy, Hermione daba las gracias por estar tan ocupada y por tener una oficina en donde esconderse y llorar cuanto quisiera.

Se sentía como si estuviese ebria, aunque no había probado ni una gota de alcohol. Cada parte de su cuerpo dolía. Le latía la cabeza, los ojos estaban irritados… La castaña se había derrumbado en el instante que Severus había desaparecido. Se había acurrucado en su cama y se había aferrado a las sábanas para acercarlas a su empapado rostro y percibir el aroma de él. Su perfume estaba en todos lados. Las sábanas, las almohadas, su piel…dentro de ella.

¿Y qué había hecho ella? Porque él tenía razón. Él tenía toda la razón.

Severus Snape había sido su deliciosamente sucio secreto.

¿Cómo había aguantado él por dos años? Dos años en los que Severus había hecho todo lo que ella le había pedido. Él se había ofrecido a sí mismo por completo a los caprichos de ella. Y ella, como la jodida perra que era, no le había dado nada a cambio.

Hermione se limpió furiosamente las lágrimas del rostro. Y ahora, él podía ir a buscarse una mujer que llenara sus expectativas. Una que no solo lo usara para el sexo. No… podía buscarse una mujer que no lo usara en lo absoluto. Alguien que se sintiera orgullosa de ser vista con él, de su brazo. En la calle, en un restaurante, en la primera plana del Profeta.

Se le revolvieron las tripas. Sí. Y era producto de su cobardía. Se sintió asqueada de sí misma.

¿Qué pensarían los demás de la heroína de guerra, Hermione Granger, si fuera vista acompañada por el infame Murciélago de las Mazmorras? ¿Cómo pudo? ¿Acaso se acostaba con él también? ¿Cómo podría alguien acostarse con él?

Hermione se cubrió el rostro con las manos y trató de ahogar el llanto que regresaba una vez más. ¿Por qué su reputación era tan importante? ¿Acaso era tan importante lo que pensara de ella el Mundo Mágico? ¿Cuándo se había convertido en alguien tan…frívolo?

Se reclinó en su cómoda butaca, esa que había pensado que merecía, cuando su posición comenzó a ser más importante. Su trabajo. Su influencia…

Severus la había hecho feliz. Tan jodidamente feliz que pensó que el pecho le iba a estallar. Y ella había echado todo a perder por querer ser vista con baratijas. Esos atractivos y vacíos tipos, que tenían la cabeza tan hueca, y que la veían a ella de la misma forma que ella los veía a ellos. Como trofeos.

Carlos la había estado presionando para llegar hasta el final. Solía decir que un hombre tiene necesidades, y como todos pensaban que eran pareja, bien podían añadir el beneficio. Y ella había incluso pensado en acostarse con él, como para mantenerlo interesado y a su lado. Y casi ocurre, pero había pasado toda una noche con el viento a favor, para evitar tener que oler esa desagradable y sulfurosa peste que parecía emanar del tipo. Había algunas cosas que no se decían sobre los que trabajan con dragones…

No. Ella solo lo había visto como un arreglo de negocios. Egoísta. Qué perra egoísta.

Severus no merecía eso.

"¿Hermione?" Daphne Greengrass golpeó la puerta y asomó la cabeza, con un pesado y grueso archivo contra su pecho. "Tengo…" Se detuvo. "¿Estás bien?"

Hermione tomó un pañuelo desechable y se limpió los ojos que estaban de nuevo llenos de lágrimas. Tomó otro de la caja y se limpió la nariz. "No. La verdad es que no estoy bien."

"¿Problemas de pantalones?"

La castaña casi se rió. "¿Cómo te diste cuenta?"

"¿Carlos?" Preguntó Daphne arrugando la nariz. "Nunca me agradó. Demasiado presumido."

Hermione se volvió a limpiar los ojos. "Soy una maldita. Una hueca. ¿Quién hubiera pensado que la ratona de biblioteca y de pelo crespo, Hermione Granger, habría de atrapar a un magnífico ejemplar de hombre?"

Aquello había sido parte de su motivación también. Porque esa no era la forma en la que se movía el mundo, ¿verdad? La chica fea nunca se quedaba con el chico lindo. Y Carlos era tan, pero tan guapo. Alto, moreno, con la constitución física de un atleta nato. Y el acento no hacía más que añadirle moños al paquete. Pero él nunca hacía que su corazón se desbocara. Nunca. No de la forma en la que Severus lo hacía con tan solo tener que alzar una ceja.

Hermione sintió que se le contraía la garganta. ¡Qué idiota había sido! ¡Idiota!

Y ahora él no la querría de vuelta.

El llanto volvió a hacer acto de presencia.

Era su Severus.

"Hermione, ve a casa." La voz de Daphne era suave y delineada por el entendimiento y la simpatía. La castaña negó con la cabeza.

"Es peor si voy allá. Él…" Tomó una gran bocanada de aire. "Hay tantas cosas allí que me lo recuerdan." Miró a la otra mujer y la calidez de sus ojos hizo que quisiera llorar más.

"Él era el hombre perfecto, Daphne. Y ahora no sé qué voy a hacer."

La chica le sonrió. "¿Acaso Hermione Granger se está dando por vencida?"

Hermione bufó y se limpió las lágrimas por enésima vez. "En realidad, él se dio por vencido conmigo. Y con todo derecho." Se sentó muy derecha en su butaca. "Trabajo. Necesito trabajar hasta que me dé una hemorragia cerebral. Eso es lo que necesito."

"Deberías hablar con él."

Hermione negó con la cabeza. "Terminarlo… terminar con eso fue lo mejor. Yo estaba…" Decirlo en voz alta solo le causaba más dolor. Vio que Daphne tenía un archivo en la mano.

"¿Eso es para mí?"

Daphne revisó los documentos. "Avistamiento de mantícora en el Bosque Nuevo."

"¿Otra vez? Alguien de por ahí tiene una oculta, estoy segura."

El archivo cayó sobre el escritorio y Daphne le sonrió. "Entonces encuéntralo y tráelo frente a los jueces."

Hermione se quedó mirando la puerta una vez que la otra chica se fuera. Dejó escapar un largo suspiro. Ni siquiera podía admitir en público que tenía el corazón roto debido a Severus Snape. Aun cuando quería poder decirlo, ardía en deseos de poder hacerlo. Pero no. Ahora, él tenía derecho a su privacidad. Ahora que ya…habían terminado.

Abrió el archivo y vio una fotografía mágica borrosa que parecía haber capturado la imagen de una de las criaturas más mortíferas del mundo mágico.

Sí. Trabajo. Trabajar hasta que le diera una aneurisma.

N/T: Bueno, los capítulos son bastante cortitos, así que no demoraré demasiado en actualizar. Espero que les guste esta historia. La descubrí hace poco y me pareció muy realista. No digo que Hermione sea una perra, pero entiendo su punto de vista, así como entiendo el de Severus también…

Disfruten la lectura y nos vemos en el próximo capítulo.