Instituto de Karakura.

Tan sólo llegar, me presentaron delante de la clase. De los nervios, no me atrevía a mirar al frente. No acostumbraba a ponerme nunca nerviosa, pero notaba las miradas clavadas en mí.

- Bueno, espero que tratéis bien a la nueva alumna Ann Urahara. Puedes sentarte donde veas que hay un sitio libre.

Tuve que levantar la cabeza a la fuerza. Entonces reconocí al chico de antes. Me estaba mirando con unos ojos desorbitados, mientras un chico con los cabellos anaranjados le susurraba algo al oído. Me fijé que el único sitio libre que había era al lado de una chica con los cabellos increíblemente largos y de un color naranja precioso.

- ¡Hola! Me llamo Orihime Inoue. Enca… -no acabó la frase. El chico de cabello anaranjado se encargó de interrumpirla.
- ¿Han dicho Urahara? ¿Ann Urahara? No me digas que… -sus ojos estaban abiertos de par en par, y su tono de voz parecía que tuviese un cierto tono de desesperación y miedo – Dime que tu padre no es Kisuke Urahara.
- ¿De qué conoces a mi padre? –era todo extremadamente confuso. Me pensaba que el primer día de instituto sería diferente, más reservado. Entonces caí en la cuenta de lo más posible que estuviera pasando– Tú debes ser Ichigo Kurosaki.
- Veo que te padre te ha hablado de mi… Porque es tu padre, ¿no? Pero podrías ser una especie de sobrina o algo así.
- No, tienes razón, soy su hija –me entraron ganas de poner los ojos en blanco. ¿Así que mi padre no les habló de mí? Bueno, lo encuentro "casi" normal. En realidad, no debería de haber vuelto de mis estudios en Tokio hasta el año que viene, pero quise regresar con Ururu y poder ser un poco más yo misma.
- Vaya, veo que el viejo se guarda alguna que otra sorpresa de última hora – Kurosaki ahora tenía las dos manos entrelazadas detrás de la cabeza y miraba hacia delante, pensativo. Tenía el entrecejo fruncido, pero no parecía preocupado por nada. Un chico extraño, la verdad.
- ¡Kurosaki, Inoue, Urahara! Creo que podríais dejar la charla para luego –la profesora que me había presentado ya nos estaba mandando a callar. Y encima, mala señal. Con sólo un día (no llegaba al día) de clase, se había aprendido mi nombre. Pero al mal tiempo buena cara.

Tienda de Urahara

- ¡Ann! ¿Cómo te ha ido el día? – papá volvía a estar con Tessai en la entrada de la tienda. Tessai iba cargado con una bolsa enorme verde en la espalda, y mi padre con el abanico colocado entre el viejo quimono que llevaba puesto – veo que por fin has conocido a Kurosaki y los demás. Pasad, pasad, tengo algo que contaros.

Oh, oh. Ichigo me miró con incertidumbre, y le devolví el mismo tipo de mirada. Orihime se puso a andar, despreocupada, seguida de Chad y de Ishida. Creo que no sabían muy bien dónde se estaban metiendo. Al pasar la segunda puerta, la que da directamente al recibidor de casa, mi padre se sentó y nos miró con cara de preocupación. Bueno, preocupación a su manera.

- Los Arrancar. Sé que con todo este tema estáis muy ocupados, pero hay algo del cual os quiero hablar: necesitan refuerzos en el Seretei. Están agotados con el tema de los ataques de Gillians, y con todo el…
- ¿Menos grande en el Seretei? Creo que esto se está complicando –el chico del pelo azul volvía a hablar-. Y Urahara, ¿qué intentas decir, que quieres que vayamos todos al Seretei a combatir esta plaga absurda?
- Sabes que no os puedo obligar a nada, sólo os lo comentaba. Pero creo que Kurosaki tiene ciertas ganas de ir. Y Orihime, ¿tú que piensas?
- Seguramente habrá gente herida. No sería de mala ayuda que fuese a echar un vistazo. Y Rukia-san seguramente estará por allí… -Orihime parecía que se estaba auto-convenciendo a sí misma. Ichigo estaba hablando con Chad sobre qué haría él al respecto, y después se unió Ishida a la conversación.

Al ver que el tema ya estaba zanjado, me levanté para irme. Aún no sabía ni porqué me había sentado con ellos. Pero con sólo adelantar un pie, mi padre abrió el dichoso abanico:

- ¿Dónde te crees que vas, Ann? Tú aún no has decidido que hacer –la cara de incertidumbre de Kurosaki e Ishida fueron épicas, pero la mía les superó con creces. ¿Yo en el Seretei? No me había dejado ir nunca, y no entendía el motivo por el cual tuviese que ir ahora. Mire a Ichigo, para ver cual fue su reacción. Se limitó a medio sonreírme, al igual que Orihime. Creo que me estaba a punto de desmayar.
-Eh… ¿Se me necesita en el Seretei? Supongo que tendría que pasar tarde o temprano… Bueno, entonces creo que les acompañaré.

En ese momento no me di cuenta de en qué lio me estaba metiendo.