CAPÍTULO 2

Candy Candy y sus personajes no me pertenecen

Después de esperar unos minutos a que la misteriosa joven apareciera, George Johnson se preguntaba cómo es que una mujer tan joven proveniente de una buena familia deseaba ir a un país tan lejano como Sudáfrica y encima de eso, completamente sola. Johnson era un hombre que hacía mucho tiempo manejaba una reserva natural en Pretoria, veterinario de profesión, era de los más destacados médicos en todo el mundo, y muchos veterinarios acudían a el en busca de consejos y experiencia en el manejo de la vida silvestre. Había pasado por muchas dificultades para convertirse en la persona que era, por lo que su carácter en ocasiones podía ser duro o hasta inflexible. Por eso, le sorprendió mucho que una carta proveniente de una joven veterinaria recién graduada de América llegara a su hogar, cerca de la reserva. En la carta, Candy explicaba un poco sobre sus orígenes y su ferviente deseo de trabajar como voluntaria en la reserva para adquirir experiencia.

George lo pensó mucho y le consultó a su socio, quien era su mejor amigo, sobre la decisión que había tomado. Éste no muy de acuerdo le dijo:

-George, esa es tu decisión. Déjame decirte que yo quizá no tenga tiempo para tratar con una jovencita deseosa de vivir una aventura. Pero si ya la tomaste, te apoyaré cuando así lo necesites.

-Muchas gracias Albert, sabía que me apoyarías. Pero no te preocupes, no creo que ella venga en busca de una "aventura" como tú le llamas, sino más bien de abrirse camino por el mundo sola.

Cuando el barco llegó, George comenzó a buscar a la chica, y cuando al fin la vio no supo por qué nació en él un instinto paternal, probablemente al verla tan joven y aparentemente frágil sintió que necesitaba protegerla.

Candy estaba algo temerosa por encontrarse en un lugar totalmente desconocido para ella y sentía la imperiosa necesidad de encontrar un rostro que le diera confianza, por eso, al ver al Dr. Johnson supo que había tomado la decisión correcta.

George ayudó a Candy con su equipaje y subieron al automóvil.

-Espero que el viaje desde América haya sido de su agrado Candy-dijo el moreno para romper el hielo.

-¡Oh si! Un poco pesado pero con una magnífica vista

-Cuando te esperaba en el puerto, me preguntaba cómo es que decidiste viajar hasta otro continente para trabajar en una reserva.

-Bueno, siempre me han apasionado los animales y sé que usted es de los mejores veterinarios en el mundo, así que decidí venir hasta acá para aprender todo lo necesario.

Con una sonrisa apenas visible, George le contestó:

-Siendo así Candy, espero enseñarte todo lo que sé, pero también quiero que pongas de tu parte, necesitarás mucha dedicación y esfuerzo para alcanzar lo que te propones.

Al llegar a la base ubicada en la reserva, fueron recibidos por la esposa de George y algunos empleados.

-Bienvenida a Sudáfrica querida, soy Rebeca Johnson-fue el cariñoso saludo de la mujer del doctor.

-Gracias señora Johnson, estoy muy feliz de estar aquí por fin.

Los demás empleados la observaron detenidamente y vieron que sus modales eran sencillos y agradables por lo que se sintieron más relajados y dispuestos a ayudar a Candy en lo que necesitara.

-¿Dónde está Albert?-fue la pregunta que hizo George al notar que su amigo y colega no estaba en la base.

-Surgió una emergencia doctor, parece que unas hienas estaban por salirse de los límites de la reserva y fue a verlas-contestó una señora de raza negra llamada Niara.

Niara era una mujer mayor que al morir su esposo y su único hijo había quedado prácticamente en la indigencia, como muchas personas en el pueblo le tenían mucho aprecio debido a la dulzura de su carácter y sabios consejos, fueron a ver a Albert Andrew, un joven que trabajaba en la reserva cercana, el cual se caracterizaba por ser una persona accesible y de buenos sentimientos. Al contarle del problema que tenía Niara, el consultó con George y ambos decidieron que Niara fuera acogida en la reserva como alguien de la familia. Albert rápidamente se puso a construirle una pequeña choza en donde ella pudiera acomodarse y quedarse.

Por esta razón y otras más, Niara le tenía un cariño especial a Albert y lo trataba como si fuera su hijo.

-Está bien, espero que esté aquí para la cena, pues quiero que le de la bienvenida a la doctora Candy y se conozcan-dijo George.

-Ven hija, debes de estar muy cansada, te enseñaré tu cuarto para que descanses y te refresques-le dijo Rebeca.

-Estoy muy agradecida por todo y con todos, con permiso-contestó Candy.

Dicho esto, Candy fue a su habitación que estaba en la reserva dispuesta a descansar un poco y escribirles a sus padres de que estaba bien y que pronto les contaría del lugar. Después de darse un buen baño, Candy se preguntaba quién sería el tal Albert, si se podrían llevar bien o si era alguien difícil, todas estas preguntabas asaltaban la mente de Candy cuando sus pensamientos fueron interrumpidos por un leve golpe en la puerta.

-Doctora Candy, la cena está lista, si gusta ya puede bajar-dijo Niara

-No me llame doctora señora Niara, solo dígame Candy-dijo la joven al abrir la puerta.

-Está bien, pero lo cumpliré solo si me llamas Niara-contestó con un guiño la amable señora.

-Jajaja-rió Candy, cómo usted diga Niara

Juntas bajaron hacia el comedor, Candy pudo observar a los señores Johnson y a otro hombre que estaba de espaldas.

-Espero que estés más relajada Candy, mira el es Albert Andrew, mi mano derecha y mi mejor amigo-dijo George

En seguida el hombre que estaba de espaldas se volteó y con una sonrisa le dijo a Candy:

-Mucho gusto doctora, espero que podamos formar un buen equipo de trabajo.

-Haré lo necesario para que así sea señor Albert-contestó Candy.

-¿Señor? Tan viejo me veo jajaja, acabo de cumplir 30 años, así es que sólo dime Albert

-Lo siento, no quise ofenderlo, era una forma respetuosa de dirigirme a usted.

-No importa, pero bueno no deseo entretenerla más tiempo, debe usted comer para recuperar fuerzas ya que mañana comenzará a practicar con nosotros.

Cuando terminaron de cenar, Candy se disculpó y dijo que iría a dormirse pues no quería levantarse tarde y empezar mal.

Ya en su cama, Candy pensaba en Albert, no pudo evitar sentirse admirada por su imponente físico, tenía unos ojos azules tan claros como el cielo, su cabello era ondulado y rubio, era muy alto y con porte atlético.

-Deja de pensar tonterías Candy, viniste a trabajar no a ver hombres-se recriminaba la pequeña rubia. Lo que no sabía es que ella era el centro de conversación entre Albert y George.

-Qué te pareció Candy, ¿verdad que es muy agradable?-preguntó George.

-Pues eso parece, a ver que tal se comporta, sigo creyendo que está un poco loca por venir desde América.

-Eso no es ser loca, es ser valiente Albert. Mañana me gustaría mucho que te la llevaras a recorrer la reserva para que la conozca y se vaya familiarizando con ella. Solo en ti confío.

-Ya sabes que puedes contar conmigo George, siendo así, mañana nos vemos.

Mientras iba conduciendo hacia su humilde hogar no muy lejos de la base de la reserva, Albert recordaba la intensa mirada esmeralda de Candy, no negó que le parecía una mujer muy hermosa, pero tampoco se dejaría engañar por las apariencias, ella de seguro estaba acostumbrada a lujos y aquí no los tendría, sería en ese momento entonces que el podría descubrir su verdadero carácter y la conocería realmente.

Nota:Muchísimas gracias a Lucero y a Pauli, las dos chicas lindas que me dejaron un review, por lo pronto aquí les dejo este capítulo. Pronto estaré de vacaciones así que tendré más tiempo para escribir jeje. Todos sus comentarios, críticas o sugerencias son bien recibidos. Gracias nuevamente, hasta pronto!