Muchas gracias a quienes comentaron.
CipherDie: Gracias por el review y por leer a pesar de que estabas por dormir. Ichimatsu siempre sufre en mis fics :'D, lo siento. Los capítulos serán cortos, otro no tanto como la introducción. Espero verte por aquí de nuevo. Saludos.
Sushimatsu: Ciao~ Pensé en hacer un one-shot pero quería escribir tantas cosas inconexas que luego no tendrían sentido. Y cuando me di cuenta ya se había convertido en eso xD. ¡Quiero mi altar! Siempre y cuando no sea uno de muertos xD. Pero espera a ver si te gusta todo el fic. ¿Ok? Saludos.
Miyu-chin: muchas gracias por comentar :'D ya la continuación. Ojalá y te guste.
El capitán que se hunde con su barco.
Resumen: Ellos eran capitanes, líderes de sus barcos y sus navíos eran extensiones de sus cuerpos, es por eso que sí el barco se hundía, ellos desaparecían. [Au-Piratas]
KaraIchi. AtsuTodo. Osochoro. JyushiHomu
[Segundo viaje]
La tranquilidad después de una batalla, ésa tétrica destrucción que dejaba atrás un combate. Navegar por donde se había desarrollado una pelea siempre te ponía ansioso, aún si no habías participado no podías evitar volverte un poco melancólico.
Cuando las suaves olas de el océano te llevaban hasta los restos de un barco no cambiabas el rumbo, aún si lo que ibas a ver borraba tu sonrisa por días. Seguías navegando por los restos del desastre.
Tenías un ritual especial cuando eso pasaba (y habías tenido que crear uno porque muy a menudo llegabas a esos lugares, tenías como un imán hacia los desastres). Tu ritual consistía de tres pasos: primero, buscar sobrevivientes humanos. Segundo, en caso de encontrar alguno atenderlo de inmediato y por último, guardar un minuto de silencio por el camarada caído y dedicarle unas últimas palabras.
Y es que donde otros veían solo pedazos de madera de lo que alguna vez fue un barco, tú veías el final de una vida, el adiós de un capitán.
Sabías que no todos los barcos eran como tú, no todos los navíos que surcaban los mares eran parte de su capitán, de hecho, a parte de tu prestamista no conocías a otro igual a ti. Tal vez solo eran los dos en el mundo.
Cierta tarde tu instinto te hizo tomar una ruta diferente para llegar a tierra. Por largas horas que parecieron días no hubo nada más a la vista que agua, no importaba a donde voltearas la mirada no podías ver nada más que el mar. Por largas horas tuviste que escuchar los regaños de tu amigo.
Chibita; tu segundo al mando era un hombre pequeño, solía enojarse con facilidad y maldecirte por ser tan idiota, aún así a pesar de tener mal carácter era de hecho bastante noble y amable. Siempre estaba dispuesto a ayudarte y eso lo apreciabas más que el oro y tus cañones brillantes.
Cuando el sol amenazaba con ocultarse te encontraste con los rastros de una pelea, de inmediato buscaste sobrevivientes pero no había ninguno, más extraño aún era que no había tampoco cuerpos (muy comunes después de brutales combates). Sólo había un rastro de madera, mientras lo seguías te pasó por la cabeza la idea de que ese barco había buscado ser destruido... Descartaste la idea porque era muy loca.
Tuviste que rodear una de las afiladas rocas cerca de los arrecifes sólo para seguir el rastro y entonces lo encontraste...
Un barco a medio hundir, parecía que el navío se resistía a sumergirse ya que había quedado atorado de una gran roca. Estabas a punto de decir tus oraciones por un capitán caído cuando algo en el agua llamó tu atención. Parecía ¿una persona?
Rápidamente te quitaste el sombrero y el saco de color azul y, aún con los intentos por detenerte de tu segundo al mando, te lanzaste al agua.
Eras un buen nadador así que fue fácil llegar hasta aquella figura, era como si estuviera suspendido, sin poder salir a flote y sin poder hundirse del todo. Su pomposo traje estaba lleno de encaje y volantes blancos, su saco y las plumas en su ropa eran de color violeta. Era bastante vistoso para su suerte.
Lo tomaste entre tus brazos y lo sacaste a flote con algo de esfuerzo. Era como sí algo lo mantuviera hundido. Lograste sacarlo del agua cuando los últimos rayos del sol iluminaban el agua, con la poca luz lograste ver cómo sus ojos se abrían (al menos uno de ellos) y te encontraste con un enigmático color violeta que nunca antes habías visto en la mirada de nadie.
Y sin que él dijera nada lo entendiste, él era como tú.
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Al igual que su capitán el barco era más pequeño que el tuyo, fue toda una proeza que tu tripulación pudiera sacar a la nave del arrecife sin hacerle más daño. Con gran orgullo y con un largo suspiro de alivio podías decir que habían llegado a salvo a tierra.
Antes habías atendido las heridas del extraño chico, parecía una especie de momia cuando lo llevaste con el hombre que siempre te curaba, el profesor Dekapan. Al parecer tendría que usar un parche por un tiempo y era posible que sus huesos hicieran mucho ruido, pero el crujir de los huesos era igual al de los barcos era algo común después de todo. Tenías que ser positivo por el bien de ese nuevo camarada.
Casi dos semanas después de cuidarlo con mucho esmero por fin despertó. Parecía algo desorientado y se puso un poco agresivo pensando que lo ibas a atacar, se mantuvo atrincherado en una esquina de la habitación hasta que le dio hambre.
Por su comportamiento te recordaba a un gato. Te parecía adorable.
Su nombre era Ichimatsu, no dijo nada más así que estabas curioso.
—¿Cómo era tu tripulación? -le preguntaste curioso mientras comía. Ichimatsu se encogió de hombros haciendo un pequeño puchero, refunfuñó algo mientras miraba hacia el suelo.
—tos...
—¿Qué? No te entiendo
—¡Eran gatos! -gritó enojado, como eso sonaba extraño pensaste que se trataba de una broma y dijiste
—¿Qué clase de Idiota llevaría gatos como tripulación? Eso es muy estúpido. -estabas riendo con fuerza hasta que un molesto Ichimatsu te pateo la entrepierna.
Tu brillante cañón acababa de ser dañado.
Ese día aprendiste dos cosas;
Número uno:¡No molestes a Ichimatsu!
Número dos: ¡De verdad no molestes a Ichimatsu!
Su viaje juntos empezó así y terminó cuando sin decir nada él te abandono.
Espero que les guste.
Saludos.
